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26 Días de Fe – Día 16

En esta lección empezaremos a ver la enseñanza “Siete Pasos Hacia la Clase más Elevada de Fe”.

26diasdefe16

Lección 16 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 1)

Textos Bíblicos: Colosenses 1:12-14; 1°Corintios 6:19-20.

Verdad Central: Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos liberados del poder de las tinieblas, y somos trasladados al Reino de Su amado Hijo.

En esta próxima serie de lecciones de fe tengo un doble propósito en mente. Ya hemos cubierto la mayoría de estos siguientes puntos en una forma u otra, pero quise ponerlos juntos para que puedas ver el progreso que estás haciendo. Si has estudiado estas lecciones de fe y ellas han formado parte de tu vida, el diablo va a tratar de vencerte. El Señor quiere que estés preparado para el futuro, y a través del poder de la Palabra de Dios puedes estar listo para cualquier emergencia que se presente.

Paso 1 – La Integridad De La Palabra De Dios

Lo primero que necesitamos saber es que la Palabra de Dios es realmente lo que declara ser. Es una revelación de Dios a nosotros. Es Dios hablándonos ahora, No es solamente un libro del pasado y un libro del futuro, es también un libro del ahora. Este libro tiene el aliento de Dios, es habitado por Dios, y es un mensaje inspirado por Dios. “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). La traducción de Moffat de este versículo (traducida del inglés) dice así, “Porque la Palabra de Dios es una cosa viviente“. La Palabra de Dios está viva. Pero solamente se hará viva para ti cuando la uses y actúes en ella.

Así que vemos que el primer paso hacia la clase más elevada de fe es aceptar y entender la integridad de la Palabra de Dios. La Palabra es de gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les da gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les ha hablado a ellos a menos que tengan un mensaje en lenguas o profecía. Pero la Palabra de Dios es Dios hablándonos. El don de profecía, lenguas e interpretación de lenguas no sobrepasan a la Palabra. La Palabra viene primero. Estos dones orales inspiracionales nos son dados para inspirarnos en línea con la Palabra de Dios, pero si dicen algo aparte de la Palabra, no es el Espíritu Santo el que está hablando; esa persona está hablando de su propio pensamiento. Siempre debemos juzgar estas cosas a la luz de la Palabra de Dios.

También hay algunos que tratan de hacer que la Palabra diga ciertas cosas porque quieren que diga lo que ellos creen. Están tratando de adaptar la Palabra a sus propias creencias en vez de adaptar sus creencias a la Palabra. Algunas gentes tratan de pasar desapercibidos ciertos pasajes o explicarlos de manera que les roban su valor. Pero debemos aceptarlos por lo que dicen y caminar en su luz. Debemos creer lo que la Palabra dice, no lo que pensamos que dice. Cuando empieces a estudiar la Palabra en esta luz, aceptándola como es, te sorprenderás al darte cuenta que algunas de las cosas que siempre has creído no se encontraban en la Palabra. Te preguntarás por qué creíste algunas cosas como lo hiciste.

Esto ocurrió en mi propia experiencia. Mientras pasé muchos meses en el lecho de aflicción, estudié la Biblia y vi en ella verdades de la fe y de la sanidad. Pero mientras más estudiaba la Palabra de Dios, más vela que era verdad.

A pesar de las enseñanzas de mi iglesia, decidí que iba a andar a la luz de la Palabra de Dios porque creí que esta Palabra era Dios hablándonos a nosotros hoy en día. Cuando tomé ese paso, la mayor parte de la batalla fue ganada.

Para creer realmente la Palabra de Dios tuve que ir en contra, no solo de las enseñanzas de mi iglesia, sino también de mi familia. Es sorprendente como podemos hacerle más caso a lo que enseñan en una iglesia que a la misma Biblia. Y algunas veces nuestros amados, pensando que ellos saben lo que mejor nos conviene, se opondrán a que caminemos en la luz completa de la Palabra de Dios. Aun así, yo tomé la determinación de seguir la Palabra de Dios, sabiendo que ésta es Dios hablándome a mí hoy.

Paso 2 – Nuestra Redención En Cristo

Lo segundo que necesitamos saber es la realidad de nuestra redención en Cristo; no como doctrina, filosofía o credo de algún tipo, sino como una redención real de la autoridad de Satanás. Por el nuevo nacimiento hemos sido trasladados al reino de Su Hijo, al reino de Dios. En otras palabras, hemos nacido dentro de la misma familia de Dios.

Colosenses 1:12-14 dice: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

Qué maravilloso que podemos entrar a nuestra herencia en Cristo. Dios nos ha capacitado para poder tener parte de esta herencia, como acabamos de leer.

El versículo 13 continúa diciendo, “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. La palabra griega traducida “potestad” aquí, quiere decir “autoridad“. “El cual nos ha librado de la AUTORIDAD de las tinieblas…”. Se refiere al reino de Satanás. Nota también que la escritura no dice que Él nos va a librar. Dice, “El cual nos HA librado…”.

El versículo 14 nos dice el precio de la redención. “En quien tenemos redención por su sangre…”. En conexión con esta escritura leemos en Apocalipsis 12:11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…”. La versión revisada Americana de este versículo dice: “por la sangre del Cordero y por la palabra del su testimonio”.

La sangre de Jesús es la base de nuestra victoria. Pero tenemos que agregarle nuestro testimonio, nuestra confesión. Tenemos que defender nuestra posición en contra del enemigo. Ya que Satanás es el dios de este mundo, él tratará de ejercer autoridad sobre ti. Pero no tiene que ser el que gane, porque tú has sido librado a través de la sangre de Jesucristo del poder de las tinieblas, de la autoridad de Satanás. Por la virtud del nuevo nacimiento has sido trasladado al reino de Su amado Hijo. En toda batalla con Satanás puedes ganar, no importa la clase de prueba que sea, porque tienes redención a través de la sangre del Cordero y por la palabra de tu testimonio.

¡Hay Poder En Su Sangre!

El dominio de Satanás sobre nosotros como nuevas criaturas en Cristo terminó. Jesús es el Señor y Cabeza de este nuevo cuerpo. Las escrituras se refieren a Él como a la Cabeza de la Iglesia. La Iglesia, la cual es todos los creyentes nacidos de nuevo, es llamada el Cuerpo de Cristo. Satanás no tiene derecho de gobernar sobre el Cuerpo de Cristo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo. Él es quien debe gobernar y dominar el Cuerpo.

Algunas personas aceptan la derrota en la vida porque no entienden la Palabra en su plenitud. Ellos me han dicho que no triunfaron porque no era la voluntad de Dios. Me han dicho: “Nuestros espíritus pertenecen al Señor, pero nuestros cuerpos no han sido redimidos todavía. Por eso, ahora debemos sufrir enfermedades en el terreno físico. Pero viene el tiempo cuando no tendremos que hacerlo”. En respuesta a esto vayamos a 1 Corintios 6.

1 Corintios 6:19-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Este pasaje nos dice que no solamente nuestro espíritu, sino nuestro cuerpo también fue comprado por un precio. Por lo tanto, debes “glorificar a Dios en tu cuerpo y en tu espíritu, los cuales son de Dios“. ¿Recibe Dios alguna gloria cuando Satanás nos domina físicamente? ¿Podría Dios obtener alguna gloria de un cuerpo, templo del Espíritu Santo, que está deformado o desfigurado con enfermedad? Ciertamente que no. Necesitamos entender esto claramente y aprender a tomar una posición firme contra el diablo cuando ataca nuestros cuerpos; tal y como lo haríamos cuando ataca nuestros espíritus.

Veamos de nuevo Colosenses 1:12, “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz“. Esto es parte de tu herencia como hijo de Dios cuando andas en la luz. Tenemos autoridad sobre el diablo a través de la sangre de Jesús. Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos librados del poder de las tinieblas y somos trasladados al reino de su amado Hijo.

Observa las palabras, “Dando gracias al Padre, que nos hizo APTOS para participar de la herencia…”. Puedo tomar de mi herencia ahora mismo. No tenemos que relegarla al futuro. Tenemos una herencia ahora. Estamos libres de la autoridad de las tinieblas ahora. Hemos sido trasladados al reino de Su amado Hijo ahora. Tenemos libertad y redención de la mano de Satanás ahora Podemos vencerlo ahora por la sangre del Cordero y por la palabra de nuestro testimonio. Podemos glorificar a Dios ahora en nuestros cuerpos y en nuestros espíritus, los cuales son de Dios.

Texto Para Memorizar: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…” (Apocalipsis 12:11).

Tomado y editado del Capítulo 16 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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Prueba concluyente que en la cruz Jesús no solo nos salvo sino también sanó nuestros cuerpos

En su libro “La Sanidad del Cuerpo y la Expiación”,  T. J. McCrossan nos da la prueba concluyente de que en Su obra terminada Jesús no solo perdonó nuestros pecados sino que también sanó nuestros cuerpos.

Usando innumerables pasajes de la Biblia, el significado y tiempos gramaticales de las palabras griegas y los trabajos de otros eruditos, no solo responde a los que dudan de este importante hecho, sino demuestra sin lugar a dudas que ya fuimos sanados por las llagas de Jesús.

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De nuevo, todos los cristianos deben esperar que Dios cure sus cuerpos hoy, porque Cristo murió para expiar nuestras enfermedades, así como nuestros pecados.

Los principales oponentes de la curación en la Expiación estarían de acuerdo en las siguientes afirmaciones: “¿Acaso nuestro Señor Jesucristo, por Su muerte en la cruz, expió la enfermedad y la enfermedad corporal?”

Ellos dirían: “La doctrina de que nuestro Señor Jesucristo, cuando murió en la cruz, hizo expiación por las enfermedades y enfermedades del cuerpo, es una doctrina falsa, una doctrina que no se puede encontrar desde un extremo de la Santa Escritura al otro”.

También, “La enseñanza de que Cristo murió por nuestras enfermedades como Él murió por nuestros pecados es una invención humana, y no una doctrina bíblica“.

Dejemos ahora de lado todos los prejuicios y examinemos la enseñanza bíblica sobre este tema tan importante. El escritor es escocés canadiense, y no puede creer en ninguna doctrina hasta que haya encontrado las mejores razones bíblicas posibles para hacerlo.

(1) Isaías es nuestro testimonio de esta gran verdad.

En Isaías 53: 4 leemos: “Ciertamente llevó él [Cristo] nuestras enfermedades [kholee, enfermedades], y sufrió nuestros dolores [makob, dolores]”.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Kholee (enfermedad) viene de chalah, ser débil, enfermo o afligido. En Deuteronomio 7:15 leemos, “El Señor quitará de ti toda enfermedad [kholee]”. Esta palabra se traduce “enfermedad” en Deuteronomio 28:61, 1 Reyes 17:17, 2 Reyes 1: 2, 2 Reyes 8: 8, y otros lugares.

Makob se traduce “dolor” en Job 33:19, “Él es castigado también con dolor [makob]”. En Jeremías 51: 8 leemos: “Toma el bálsamo para su dolor [makob]”.

Entonces Isaías 53:4 debería decir: “Ciertamente él [Cristo] ha llevado nuestras enfermedades, y ha sufrido nuestros dolores“. Todo erudito hebreo sin prejuicios debe admitir que ésta es la traducción correcta.

Examinemos ahora los verbos de Isaías 53: 4, “llevado” (nasa) y “sufrió” (sabal).

(A) El verbo hebreo nasa significa llevar en el sentido de “sufrir castigo por algo“. Levítico 5: 1, “Y si un alma pecara… entonces llevará su iniquidad.” En Isaías 53:12 tenemos el verdadero significado de la nasa establecido: “Y él [Cristo] fue contado con los pecadores, habiendo llevado [nasa] el pecado de muchos”.

Ahora, ¿cómo Cristo llevó nuestros pecados? Vicariamente, como nuestro Sustituto. Pero este es el mismo verbo usado en Isaías 53: 4, “Ciertamente él [Cristo] llevó [nasa] nuestras enfermedades“.

Todos admitimos que este verbo (nasa) en Isaías 53:12 nos enseña que Cristo llevó nuestros pecados vicariamente; así que todas las mentes sin prejuicios deben admitir que este mismo verbo (nasa) en Isaías 53:4 nos enseña que Él (Cristo) soportó nuestras enfermedades de manera vicaria. Sí, el mismo verbo (nasa) es usado para llevar nuestros pecados en Isaías 53:12, como se usa en Isaías 53:4 de llevar nuestras enfermedades. La enseñanza clara, por lo tanto, es que Cristo llevó nuestras enfermedades de la misma manera que llevó nuestros pecados. No puede haber otra conclusión.

(B) “Y sufrió [sabal] nuestros dolores.” Este verbo sabal (sufrió) también significa “llevar algo como una pena o castigo“.

Lamentaciones 5: 7, “Nuestros padres han pecado… y hemos dado [sabal] sus iniquidades.” Isaías 53:11, “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho… Porque llevará [sabal] las iniquidades de ellos.”

Ahora, ¿cómo Cristo llevó nuestras iniquidades? Vicariamente, como nuestro substituto. Entonces Él soportó o llevó nuestros dolores de la misma manera, porque Isaías declara (Isaías 53: 4), “Ciertamente él ha llevado nuestras enfermedades, y ha sufrido nuestros dolores.”

Lector, cuando recuerdes que las palabras en Isaías 53:4 para “enfermedades” (kholee) y “dolores” (makob) significan literalmente “enfermedades” y “dolores“; y cuando recuerdes que los verbos de Isaías 53: 4, “llevó” (nasa) y “sufrió” (sabal), son los mismos dos verbos usados ​​en Isaías 53:12 e Isaías 53:11 para expresar el tremendo hecho de que Cristo llevó vicariamente nuestros pecados y nuestras iniquidades, ¿cómo puedes escapar de la conclusión lógica de que Cristo murió por nuestras enfermedades de la misma manera que murió por nuestros pecados? Para todos los eruditos del hebreo sin prejuicios no hay otra conclusión.

Aquí escuchamos la traducción de Young (pág. 452): “Ciertamente nuestras enfermedades ha llevado y nuestros dolores las ha tomado” (Isaías 53: 4). Young, el autor de Young’s Concordance, fue un gran hebraísta.

Escuche la traducción de Isaías 53: 4 del Dr. Isaac Leeser: “Pero sólo nuestra enfermedad la cargó él sí mismo, y nuestros dolores llevó“.

Otra vez escuchen a Alexander McLaren, ese príncipe de los comentaristas (Volumen sobre Isaías, pág. 98): “Debe tenerse en cuenta que las penas, que el Siervo (Cristo) aquí se describe como portadoras, son literalmente enfermedades, y que los dolores pueden ser dolencias.” Mateo en su referencia a este versículo (Mateo 8:17) toma las palabras para referirse a dolencias corporales – y esa interpretación es parte de toda la verdad, pues el pensamiento hebreo no dibujó una línea tan aguda de distinción entre las enfermedades del cuerpo y las del alma, como estamos acostumbrados a hacer. Toda enfermedad fue tomada como consecuencia del pecado.

De estas dos palabras que expresan que el Siervo toma su carga sobre Sus hombros (nasa y sabal), la primera implica no sólo la toma de ella, sino el retiro de ella, y ésta enfatiza el peso de la carga“. Y ahora escuche el comentario de Mateo sobre Isaías 53: 4. Mateo 8: 16-17: “ Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

Debido a este verso 17, “Para que se cumpliese, plerothe [1 º Aorist pasiva, subjuntivo, 3 ª persona singular de pleroo lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias“, un erudito pregunta: “¿Cuándo nuestro Señor soportó estas enfermedades y llevó estos dolores? … Fue antes de que Él viniera a la cruz y no mientras Él estaba en la cruz que esta predicción fue cumplida”. De Mateo 8:17, “Para que se cumpliese [plerote]…”, otros eruditos argumentan: “Entonces esta profecía de Isaías se cumplió en el día en que nuestro Señor Jesucristo sanó a la gran multitud. Años antes de que el Señor muriera en la cruz. La profecía de Isaías se cumplió en Su divino ministerio de sanación, y no cuando Él fue colgado en la cruz”.

La mayoría, si no todos, los oponentes de la curación en la Expiación declaran hoy que Mateo 8:16 fue completamente cumplido antes de que Cristo muriera en la cruz, y mientras aún estaba vivo; por eso, esa predicción no tiene nada que ver con nosotros hoy. Era una predicción sólo para la gente de Cristo.

Veamos ahora algunas de las terribles conclusiones que nos veríamos obligados a extraer si este razonamiento estúpido y no científico fuera correcto.

Mateo 12:14 habla de una reunión del Consejo Judío para destruir a nuestro Señor. El Maestro entonces se retiró silenciosamente de la ciudad, pero una gran multitud lo siguió, y Él los sanó. Entonces Mateo nos dice por qué se apartó silenciosamente de estos fariseos enojados.

Mateo 12:17-21, “Para que se cumpliese, [la misma palabra que en Mateo 8:17] lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará [apag-gelei, declarará]  juicio. No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles“.

Esta maravillosa predicción se encuentra en Isaías 42:1-4. Isaías predicó aquí, como Mateo afirma (Mateo 12:17): (1) Que Dios pondría Su Espíritu sobre Cristo. (2) Que Cristo entonces declararía el juicio (krisis) a los gentiles. (3) Que Cristo sería amable, paciente y amoroso hacia el más débil de los hombres, porque “No romperá la caña cascada, y no apagará el lino humeante“. (4) Que Cristo aún lanzará (ekbale) el juicio a la victoria. Esto se refiere, por supuesto, a los horrores de la Tribulación, y al tiempo en que Cristo saldrá para destruir a todos sus enemigos y establecer su reino. (5) “Y en su nombre esperarán los gentiles“.

Aquí, pues, es una gran predicción de Isaías que en el futuro, (1) las naciones gentiles escucharían el Evangelio y encontrarían esperanza en Cristo, y (2) que Cristo lanzaría juicio hasta la victoria (refiriéndose a Su venida En venganza para destruir a todos sus enemigos); Y sin embargo – maravilloso para narrar – Mateo aquí declara que esta profecía de Isaías entonces se cumplió, incluso antes de que los gentiles hayan oído el Evangelio; y usa la misma palabra para expresar este cumplimiento que él usa en Mateo 8:17; Pterothe, el 1er Aorist pasivo, subjuntivo, 3ª persona singular del verbo pleroo, yo cumplo.

Mateo afirma en Mateo 12:17 que Cristo hizo lo que hizo en esta ocasión, “para que se cumpla [plerothe], que fue dicho por Isaías el profeta”, y aquí utiliza la misma palabra para “cumplido” (Pterothe) que él usa en Mateo 8:17 con respecto al cumplimiento de Isaías 53:4. ¿Por qué Mateo declaró en Mateo 12:17 que esta gran profecía de Isaías 42:1-4 se cumplió en este tiempo cuando no se cumpliría hasta que Jesús estableciera Su reino milenial? Porque, desde el punto de vista de Dios, realmente se cumplió tan pronto como Cristo estuvo aquí en la tierra, y comenzó Su ministerio de salvación. Pero, alguien pregunta: “¿Es el tiempo aoristo, que indica una acción pasada y momentánea completada, alguna vez usada para expresar eventos futuros?” Sí. Vea la Gramática Griega de Jelf, vol. 2, página 65. Aquí leemos: “El Aoristo, como el perfecto, también se usa para expresar eventos futuros que ciertamente deben suceder“. Sabía que estas profecías de Isaías, Mateo sabía, con toda seguridad serían cumplidas por Dios, por lo que aquí utiliza el tiempo aoristo, sacando así la gran verdad de que su cumplimiento estaba asegurado. Aunque Mateo aquí declara que esta predicción de Isaías 42:1-4 había sido cumplida, ¿quién es tan estúpido como para decir que Cristo todavía no está declarando juicio a los gentiles? ¿Que Él todavía no es paciente, amable, amoroso y perdona a los más débiles de los hombres? ¿Acaso Cristo ha arrojado (ekbale) juicio hasta la victoria? ¡No! ¿Están todavía todas las naciones gentiles confiando en Su Nombre? ¡No! Sin embargo, Mateo afirma que esta gran predicción se había cumplido tan pronto como Cristo comenzó Su bendito ministerio mirando con este fin, y usa la misma palabra para “podría ser cumplido” (pterothe) que emplea en Mateo 8:17.

Esto es, pues, una prueba positiva para todos los verdaderos eruditos griegos y para todas las mentes sin prejuicios de que Mateo 8:16-17 es una predicación de que no se cumplirá completamente hasta el final de esta Era de la Iglesia.

Lector, ¿por qué los oponentes de la curación en la Expiación dan un significado a este verbo (puede ser cumplido) en Mateo 12:17 y otro significado totalmente a la misma palabra (plerote) en Mateo 8:17? Porque el deseo es el padre del pensamiento. “O consistencia, tú eres una joya.”

Nuevamente examinemos Lucas 4: 17-21, “Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.”

“Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” Esta predicción se encuentra en Isaías 61: 2. Cristo no dio toda esta profecía, ya que Isaías 61:2 dice: “A proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados“.

Cristo se detuvo y no dio la última parte de esta predicción porque Él no había venido entonces en venganza, y no vendría hasta la Tribulación.

Aquí hay, entonces, una maravillosa predicción que cubre toda la Era de la Iglesia. Cristo sigue predicando el Evangelio a los pobres a través de Sus discípulos. Él todavía está predicando la liberación a los cautivos (los atados por Satanás). Él todavía está curando a los quebrantados de corazón. Todavía está dando vista a los ciegos; y todavía está poniendo en libertad a los que están cautivos, o, más literalmente, “a los que han sido debilitados.” (El enfermo, tethrausmenous, el participio perfecto pasivo de thrauo, quebrantado).

Aunque esta predicción no se cumplirá completamente hasta que Jesús venga, Cristo declara (Lucas 4:21), ” Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” Literalmente dice esto: “Hoy se ha cumplido \ peplerotai \ esta Escritura se ha esta Escritura delante de vosotros“.

Pepterotai es el perfecto pasivo, el 3º singular del verbo pleroo, yo cumplo, el mismo verbo que encontramos en Mateo 8:17.

¿Quién es tan tonto como para declarar, que porque Cristo dijo que esta profecía había sido cumplida, por lo tanto no necesitamos esperar que su Evangelio sea predicado más a los pobres; y no necesitamos esperar que Cristo cure a los ciegos y los quebrantados de corazón, ni proclame libertad a los oprimidos, ni libertad a los cautivos (de Satanás)? Eso sería absurdo.

Ahora bien, la gran predicción en Isaías 53:4, “Ciertamente llevó él [Cristo] nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” se ha cumplido exactamente igual que Isaías 42:1-4 y Isaías 61:1-2 se han cumplido, y se mantendrá firme, alabado sea Dios, mientras estas grandes profecías sean buenas; es decir, hasta que Jesús venga.

Y por qué no, ya que Jesús predijo (Juan 14:12): ” De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre“. Debemos esperar que Cristo siga realizando Su ministerio u obras de sanidad, porque Él dijo (Mateo 28:20), “… yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo“.

Sabemos que Cristo, como la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, está ahora a la diestra de Dios. (Mire Hechos 7:56, Romanos 8:34, Efesios 1:20, Colosenses 3:1, Hebreos 1:3 y Hebreos 10:12).

Pablo nos ha explicado cómo Cristo puede ahora estar a la diestra de Dios y al mismo tiempo estar aquí con Su Iglesia. 2 Corintios 3:17 dice: “Ahora el Señor es el Espíritu” (traducción literal). Nuevamente leemos en 2 Corintios 3:18, “Pero todos nosotros… somos transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor” (traducción literal). Sí, Cristo está ahora aquí con Su Iglesia en la Persona del Espíritu Santo, el mismo Espíritu Santo que trabajó todos los milagros de Cristo como se registra en Mateo 8:16. Después de la Ascensión de Cristo, Él, como el Señor, por el Espíritu (2 Corintios 3: 17,18), continuó sanando a los enfermos para todos sus discípulos. (Véase la nota I, Notas de la Addenda)

  1. A) Lo hizo por Pedro. En Hechos 3:16, Pedro explica la cura del hombre que nació cojo diciendo, ” Y por la fe en su nombre [Cristo] ha dado a éste esta completa sanidad“.

De nuevo Pedro dice de esta misma maravillosa curación (Hechos 4: 9-10, traducción literal): “Si hoy examinamos la buena acción que se ha hecho a este enfermo, por qué medio ha sido curado [sesostai, salvo]; sea conocido por todos vosotros… que por el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificaste… por él [touto, por éste] este hombre está aquí delante de vosotros sano“. Por medio del uso de touto, el caso dativo del pronombre demostrativo houtos (el dativo del instrumento), Pedro nos declara que este milagro fue realizado directamente por el Señor, por el Espíritu, como todos los milagros registrados en Mateo 8:16.

Recuerde, cada milagro que Cristo realizó mientras estuvo aquí en la carne fue realizado por el poder del Espíritu (Hechos 10:38).

En Hechos 9:34, Pedro le dice a Eneas, que había estado en cama durante ocho años con parálisis: “Cristo Jesús te sana [iatai]”. Sí, Cristo Jesús hizo todos los milagros de Pedro, exactamente de la misma manera que hizo los milagros registrados en Mateo 8:16.

(B) Nuevamente Cristo, por el Espíritu Santo, realizó todos los milagros de Pablo. Romanos 15: 18-19 dice: “Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios”. Nota, Pablo aquí declara que el Señor Jesús mismo realizó todos sus milagros (de Pablo) por el poder del Espíritu Santo. Recuerde, esta es la manera en que todos los milagros registrados en Mateo 8:16 fueron realizados. Véase Hechos 10:38.

En Hechos 16:18, Pablo dice al espíritu maligno en una mujer: “Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella“. Sí, Cristo, por el Espíritu Santo, hizo todos los maravillosos milagros de Pablo.

(C) Una vez más sabemos que Cristo, por el Espíritu, realizó todos los milagros de todos los discípulos después de Pentecostés. Cuando los amenazaron de muerte si volvían a predicar el Evangelio, los discípulos fueron a la oración y clamaron al Señor diciendo (Hechos 4:29-30): “ Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades [eis iasin].” Esta es una traducción literal exacta y demuestra claramente que Jesucristo, el Señor, por el Espíritu, continuó curando a los enfermos después de Pentecostés, tal como lo había hecho antes de morir en la cruz.

Ahora, el Señor Jesús, por el Espíritu, es exactamente el mismo hoy. En Romanos 8:11 dice: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros“.

Como hoy tenemos el mismo Espíritu Santo que habita en nosotros, (1) que resucitó a Cristo de entre los muertos, (2) que hizo todos los milagros de Cristo (Hechos 10:38), (3) que hizo todos los milagros de Pablo y todos los milagros de Pedro y de los demás discípulos, ¿por qué no esperar que el mismo Jesús, el Señor, por el Espíritu, continúe Su obra milagrosa?

Justo aquí citemos las palabras de Delitzsch en su maravillosa exposición de Isaías 53:4. Delitzsch fue, sin lugar a dudas, el mayor erudito hebreo de Alemania. Enseñó hebreo en Rostock, Erlangen y Leipzig. Como Hebraista hoy no hay ningún opositor de la sanidad en la Expiación que pueda llegar a compararse con Delitzsch. Además de ser el más grande de todos los hebraístas, también era un hombre profundamente espiritual.

En cuanto a Isaías 53:4, Delitzsch dice: El Evangelio de Mateo, libre pero fielmente, traduce este texto: “Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras enfermedades“. La ayuda que Jesús prestó en todo tipo de enfermedades corporales se toma en Mateo como un cumplimiento de lo que en Isaías se profetiza del Siervo de Jehová. Los verbos hebreos del texto, cuando se usan del pecado, significan asumir como una pesada carga y llevar la culpa del pecado como propia, es decir, llevar el pecado como mediador para expiarla, pero aquí donde el objeto no son nuestros pecados, sino nuestras enfermedades y dolores, el sentido mediador sigue siendo el mismo.

No quiere decir que el siervo de Jehová simplemente entró en la comunión de nuestros sufrimientos, sino que tomó sobre sí los sufrimientos que tuvimos que soportar y merecíamos llevar, y, por lo tanto, no sólo los llevó, sino que también en su propia persona los soportó para poder librarnos de ellos. Ahora bien, cuando uno toma sobre sí los sufrimientos que otro llevar, y no sólo en comunión con él, sino en su lugar, lo llamamos Sustitución“.

Aquí, entonces, Delitzsch, tal vez el más grande de todos los hebraístas modernos, declara que el llevar y quitar nuestras enfermedades y dolencias; tan claramente enseñado en Isaías 53:4, es una parte integral de la obra redentora de Cristo; o, en otras palabras, que la curación corporal está en la Expiación. Esto concuerda con los ya citados Young, Leeser, y McLaren.

Los mismos dos verbos “llevar” (nasa) y “sufrir” (sabal) de Isaías 53:4; donde nos dice: “Cristo llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores“, son los mismos dos verbos usados ​​en Isaías 53:11-12 para expresar la gran verdad que Cristo llevó vicariamente nuestros pecados y nuestras iniquidades.

A la vista de un hecho tan estupendo, cómo decir con tan profunda falta de erudición que la sanidad en la Expiación no es una doctrina bíblica; “una mera invención humana“.

De nuevo citamos Mateo 8: 16-17, “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”

De nuevo, estamos absolutamente seguros de que esta predicción es para esta era de la Iglesia, debido a esta palabra “nuestras” en Isaías 53:4 y 5. En Isaías 53:4 leemos: “Ciertamente él ha llevado nuestras dolencias, sufrido vicariamente [sabal] nuestros dolores.” En el versículo 5 leemos: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados“.

La palabra para “nuestros” en Isaías 53: 5 (que se refiere a nuestros pecados) se expresa en el hebreo por el mismo sufijo que expresa esta misma palabra en Isaías 53:4, donde se refiere a nuestras enfermedades. Por lo tanto, se refiere a las mismas personas, y desafiamos a cualquier erudito hebreo a demostrar lo contrario. Ya que estamos incluidos en el “nuestros” de Isaías 53:5: “Él herido fue por nuestras rebeliones,“, también debemos ser incluidos en el “nuestro” de Isaías 53: 4, “Ciertamente él ha cargado nuestras enfermedades y ha llevado nuestro esfuerzos.”

Nuevamente, estamos muy seguros de que el “nuestros” de Isaías 53: 4 y Mateo 8:17 nos incluye hoy, debido a la forma en que Mateo se expresa en el griego: “Él mismo tomó nuestras enfermedades“. “Nuestras enfermedades” lee en griego, tas astheneias hemon (las enfermedades de nosotros).

 

Pasa ahora a 1 Corintios 15: 3 y lee: “Cristo murió por nuestros pecados“. “Por nuestros pecados” se lee en el griego uper ton hamartibn hemon (por los pecados de nosotros). En 1 Pedro 2:24, se usa la misma palabra para “nuestro” (hemón): “El cual su propio ser llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero“. “Nuestros pecados” aquí se lee en el griego tas hamartias hemon (los pecados de nosotros). Juan nos da la misma bendita verdad en 1 Juan 4:10, “… y envió a su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados“. “Por nuestros pecados“, se lee en el griego per ton hamartion hemon (por los pecados de nosotros). Ahora bien, como Mateo declara (Mateo 8:17): “Él mismo [Cristo] tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias [las dolencias de nosotros]” y usa la misma palabra para “nosotros” (Hemón) que Pablo, Pedro y Juan emplean al decirnos que Cristo murió por nuestros pecados; hemón, sólo podemos concluir que el uso de la misma palabra griega para “nosotros” (hemón) en Mateo 8:17, Primera Corintios 15: 3, Primer Pedro 2:24 y Primer Juan 4:10 debe significar Que Cristo tomó las enfermedades y las dolencias de las mismas personas por cuyos pecados murió. Cualquier otra conclusión es falto de erudición  y da un significado falso enteramente al texto griego. El griego es un lenguaje tan exacto que si se tratara de diferentes personas, este hecho seguramente habría sido indicado por alguna palabra o frase de diferenciación.

Tratando de hacer que Isaías 53: 4 y Mateo 8:17 se refieran sólo a la gente del día Cristo y no a nosotros es tan absurdo y falto de erudición como tratando de persuadirnos que el Libro de Santiago no es para esta Era de la Iglesia, pero sólo Para las doce tribus dispersas, o los judíos del período de la Tribulación. Más adelante revelaremos el absurdo total de esta enseñanza. Para sustentar nuestras conclusiones de Isaías 53:4 y Mateo 8:17, citemos aquí las palabras de tres grandes eruditos bíblicos llenos del Espíritu.

(A) AJ Gordon (Ministerio de Sanidad, páginas 16,17), “El yugo de Su cruz por la cual Él levantó nuestras iniquidades, tomó también de nuestras enfermedades, El que entró en la compasión misteriosa con nuestro dolor; que es el Fruto del pecado, también se puso debajo de nuestro dolor, que es la pena del pecado. En otras palabras, el pasaje parece enseñar que Cristo sufrió vicariamente nuestras enfermedades, así como nuestras iniquidades. Esto coincide exactamente con la conclusión de Delitzsch, el gran hebraista.

(B) Escuche a Andrew Murray (Curación Divina, páginas 99 y 119): “No se dice solamente que el siervo justo del Señor había llevado nuestros pecados, sino también que Él ha soportado nuestras enfermedades. Parte del trabajo del Redentor, así como llevar nuestros pecados. El cuerpo y el alma han sido creados para servir juntos como una morada de Dios: la condición enfermiza del cuerpo es (como la del alma) una consecuencia de Pecado, y eso es lo que Jesús ha venido a soportar, a expiar y a derrotar”.

(C) Escuche también a AB Simpson (El Evangelio de la Curación, pág. 17): “Por tanto, así como llevó nuestros pecados, Jesucristo también ha llevado y llevado nuestras enfermedades, sí, y nuestras penas, En Él podemos ser liberados por completo de la enfermedad y del dolor, y así por Sus rayas somos curados, bendito y glorioso Portador de la Carga.

(2) Nuevamente Pedro es nuestro testigo de este gran hecho de que la sanidad corporal está en la Expiación.

En Primera de Pedro 2:24 leemos las benditas palabras: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el maderoy por cuya herida [molopí, magulladura] fuisteis sanados”.

Pedro aquí dice (1) que Cristo llevó nuestros pecados en la cruz, y (2) que por Sus llagas (literalmente magulladuras) fuimos sanados.

Esto coincide exactamente con Isaías 53:5, que lee en la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento), “Pero él fue herido por nuestros pecados, y molido por nuestras iniquidades: el castigo de nuestra paz estaba sobre él y por su magulladura [al molopi autou, por la magulladura de Él] somos curados”.

Aquí se señalan dos hechos: (1) Que la palabra para “curado” aquí, tanto en la Septuaginta y el Nuevo Testamento griego, es iaomai, un verbo que siempre habla de curación física en el Nuevo Testamento. Se usa 28 veces en el Nuevo Testamento, y siempre en conexión con la curación física. La palabra griega para “médico” es iatros, un sustantivo derivado de este mismo verbo iaomai. Por lo tanto, podemos estar plenamente seguros de que cuando Pedro declara: “Por [sus] llagas [magulladuras] fuimos sanados“, se refiere a nuestra sanidad corporal, y no a ninguna curación espiritual. (2) Notemos en segundo lugar que tanto Isaías como Pedro usan la palabra singular “magulladura” o “llaga” (molopi) y no “magulladuras” o “llagas“. ¿Por qué?

En Mateo 27:26 leemos acerca de Pilato: “… y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado“. Esto literalmente lee, “y después de azotar a Jesús, lo entregó para ser crucificado”. Marcos 15:15 nos da la misma información.

Ahora, ¿por qué Isaías (en la Septuaginta) y Pedro usan la palabra molopi (dativo singular de molops), y no molop-si (magulladuras, dativo plural)?

La palabra molops significa “la marca de un golpe” o “una magulladura“. Si Cristo hubiera sido tan azotado que la marca de cada golpe pudiera haberse visto claramente en su espalda, entonces la regla de la gramática griega habría exigido aquí el uso de molopsi (magulladuras), y no el molopi singular (magulladura).

El uso del dativo singular aquí, molopi (el dativo del instrumento), nos dice, tan claramente como el lenguaje puede expresarlo, que la espalda de nuestro querido Salvador había sido tan terriblemente azotada que ningún golpe podía distinguirse del otro. Cada punto de Su espalda estaba tan magullado y lacerado que era como una gran llaga. Si hubiera habido un cuarto de pulgada de espacio entre dos de las contusiones, el griego aquí deberá haber leído molopsi (llagas) y no molopi (llaga).

Los judíos tenían una ley que ninguna persona debería recibir más de 40 golpes al azotar, pero los romanos no tenían tal ley, por lo que a menudo azotaban a su víctima hasta que moría sangrando.

Pero además de azotar a Cristo en la espalda hasta que Su espalda fue sólo una gran contusión, los crueles Romanos arrancaron Sus bigotes por las raíces y le escupieron. Lea Isaías 50:6: “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos“.

Justo aquí citemos de la Vida de Cristo de Geikie, al describir la flagelación de Cristo: “Las víctimas condenadas a la cruz sufrieron la horrible tortura del azote, y esto fue inmediatamente infligido a Jesús. Cerca y después de haber sido desnudado hasta la cintura, estaba atado en una postura inclinada, sus manos detrás de la espalda, a un poste, o una cuadra, cerca del tribunal, y luego fue golpeado a placer de los soldados, con nudos de Cuerdas o correa de cuero trenzado, armados en los extremos con gotas de plomo en forma de bellota o pequeños huesos afilados puntiagudos En muchos casos no sólo el dorso de la persona golpeada se abría en todas direcciones, sino que incluso los ojos, la cara, Y el pecho se rompió, y los dientes no rara vez se derrumbó. En la furia de los innumerables latigazos, las víctimas a veces se hundían (entre gritos, saltos convulsivos y distorsiones) como una masa sin sensaciones, a veces muriendo en el acto Una irreconocible Masa de carne sangrante, para encontrar la liberación en la muerte, de la inflamación y la fiebre, la enfermedad y la vergüenza.

“La flagelación de Jesús fue de lo más severo, pues los soldados desfogaban con mucho gusto con cualquier judío el rencor que tenían por esa nación, y sin duda lo intentarían si no pudieron forzar la confesión que su silencio había negado al gobernador. Además, Él iba a ser crucificado, y cuanto más dura la flagelación, menos vida les quedaría para detenerlos después en la guardia en la cruz. ”

Eusebio, el primer historiador de la Iglesia, describe una flagelación romana de algunos mártires así: “Todos alrededor estaban horrorizados al ver los mismos músculos y tendones internos, e incluso sus entrañas, estaban expuestas.”

Sobre la espalda quebrada del pobre de Cristo ahora ponían la pesada cruz (Juan 9:17). Lector, ahora entiende por qué Pedro afirma con Isaías, que “por su herida [no heridas], fuimos sanados“, refiriéndose, como hemos demostrado claramente del uso de este verbo “sanado” (iaomai), a la sanidad corporal. Sin duda, gran parte de su preciosa sangre fue derramada mientras recibía esa horrible magulladura para nuestra sanidad física, pero el resto de Su sangre preciosa estaba reservada para ser derramada en la cruz por nuestros pecados. Sí, Pedro aquí enseña claramente (1 Pedro 2:24) que Cristo no sólo sufrió, sangró y murió por nuestros pecados, sino también por nuestra sanidad física.

(3) Una vez más Pablo, así como Isaías y Pedro, es nuestro testigo de este mismo gran hecho que la curación corporal está en la Expiación.

En 1 Corintios 6:19-20, Pablo dice: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?20 Porque habéis sido comprados por precio [egorasthete]; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios“. Mira que nuestro cuerpo es tanto de Dios como nuestro espíritu.

La construcción griega aquí se lee hatina estin toutheou (que son de Dios), Hatina es el nominativo plural, neutro del pronombre relativo hostis, y así incluye tanto el cuerpo como el espíritu. Theou es el genitivo singular de theos (Dios), el genitivo de la fuente u origen, La gracia de que nuestros cuerpos son de Dios por la misma razón que nuestros espíritus son suyos, es porque ambos proceden de Él. Siendo esto verdad, no nos sorprende leer aquí que ambos han sido comprados con un precio. ¿Cuál fue el precio pagado para comprar nuestro cuerpo y nuestro espíritu? La sangre del Señor Jesucristo ¿Cómo podemos estar absolutamente seguros de esto?

La palabra para “comprado” aquí nos da la clave. Esta palabra es egorasthete, el 1 º Aorist pasivo, 2º plural de agorazo, lo compro o redimo. Pasa ahora a Apocalipsis 5: 9: “Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.”

La palabra “redimido” aquí es egorasas , El 1er Aoristo, 2da persona singular de agorazo, yo compro, la misma palabra que Pablo usa en 1 Corintios 6:20, donde afirma que tanto nuestro cuerpo como nuestro espíritu fueron comprados o redimidos con un precio. Pedro también usa esta misma palabra (agorazo) para expresar la obra redentora de Cristo (2 Pedro 2:1).

Ahora Juan afirma (Apocalipsis 5:9) que Cristo nos redimió a Dios (o nos compró) con Su sangre. Pablo afirma (1 Corintios 6:19-20) que el “nosotros” de Apocalipsis 5:9 incluye tanto nuestros cuerpos como nuestros espíritus, y usa la misma palabra para “comprado” o “redimido” que Juan usa.

Luego, estos dos pasajes juntos enseñan claramente la bendita verdad de que, cuando Cristo derramó Su sangre en la espantosa flagelación y en la cruz, Él redimió nuestros cuerpos y nuestros espíritus por Su sangre, el precio pagado. Ningún erudito griego sin prejuicios puede extraer otra conclusión mientras estudia de cerca Primera Corintios 6:19-20 y Apocalipsis 5: 9. Sí, alabado sea Dios, Pablo enseña claramente en 1 Corintios 6:19-20 que la sanidad corporal está en la Expiación.

“Pero”, dice alguien, “si Pablo enseña que Cristo murió para redimir tanto nuestro cuerpo como nuestra alma, ¿por qué dice en Romanos 8:23:” … nosotros gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción… la redención de nuestro cuerpo? ¿No enseña aquí Pablo que nuestro cuerpo aún no ha sido redimido?”

Mira la nota de la Biblia de Scofield en Romanos 3:24. Aquí muestra el significado de los tres verbos del Nuevo Testamento traducidos como “redimidos“; A saber, agorazo, exagorazo y lutroo.

En Romanos 8:23, Pablo usa la palabra apolutrosis. Esto se deriva de apo, de, y de lutroo, “soy hecho libre después que se haya pagado un rescate.” Entonces apolutrosis (redención) en Romanos 8:23 significa “el estado libre de algo que ya ha sido rescatado“.

En 1 Corintios 6: 19-20 Pablo declara que ya han sido “redimidos” (agorazo), el cuerpo y el espíritu, al haber sido pagado el precio por nosotros. En Gálatas 3:13 afirma que hemos sido “redimidos“, o “comprados de debajo” (exagorazo) de la maldición de la ley; pero todavía no hemos experimentado la “redención” (Apolutrosis, Romanos 8:23) en el sentido de que no estamos completamente liberados de todos los malos resultados de nuestra antigua esclavitud a Satanás. Nuestros cuerpos todavía están sujetos al dolor, la enfermedad y la muerte, y serán hasta que recibamos nuestros cuerpos glorificados, la redención que Pablo llama apolutrosis (Romanos 8:23).

Recuerda que Pablo afirma aquí (1 Corintios 6:20) que hemos sido comprados, cuerpo y espíritu, por un precio, y utiliza el mismo verbo para “comprado” (agorazo) que se traduce “redimido” en Apocalipsis 5:9, donde nos dice que el precio pagado era “la sangre de Cristo.”

Ten en cuenta que Pablo usa el tiempo aoristo de este verbo en 1 Corintios 6:20; Egorasthete, que nos dice, tan claramente como las palabras pueden expresarlo, que la redención del espíritu y del cuerpo era entonces algo ya realizado.

Pero, aunque el precio de nuestra redención ya había sido pagado, Pablo dice en Efesios 4:30: “Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual habéis sido sellados hasta el día de la redención [apolutrosis de Rom. 8:23].” Esta es una prueba positiva de que esta “redención” de Romanos 8:23 (apolutrosis) se refiere a algo que tiene lugar después de esa redención que salva nuestras almas, cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, como Aquel que derramó Su sangre para redimirnos en cuerpo y alma.

Nuestros espíritus también, como nuestros cuerpos, todavía están esperando esta misma “redención” (apolutrosis), porque Pablo dice (Romanos 8:23, “… nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos“. “Nosotros mismos” Aquí se refiere a nuestros espíritus, que habitan y controlan nuestros cuerpos, estamos absolutamente seguros de esto, porque el pronombre “nosotros” (hemeis) es la misma palabra que encontramos en Apocalipsis 1:5, “… y nos lavó [hemas, Accusative of hemeis] de nuestros pecados.” Nuestros espíritus redimidos, que han sido lavados del pecado, así como nuestros cuerpos redimidos, ahora pueden gemir y sufrir dolor. La palabra “gemido” (stenazo) Significa suspirar profundamente, o gemir con dolor y angustia, ya sea mental o física.

Sí, nuestros espíritus, así como nuestros cuerpos, ahora pueden sufrir dolor, dolor y angustia.

Todo cambiará, sin embargo, cuando se produzca esta redención, llamada apolutrosis (el estado libre de). Cuando ocurra esta apolutrosis (Romanos 8:23), tanto nuestros espíritus como nuestros cuerpos estarán completamente libres de la pena, del dolor, del llanto y de todas las consecuencias de la esclavitud del pecado de la cual Cristo ya ha Nos redimió por Su terrible flagelo y muerte. Mira Apocalipsis 21: 4. (Veala nota II, Notas de addenda.)

De nuevo, Pablo enseña esta misma gran verdad, que Cristo murió tanto por nuestras enfermedades como por nuestros pecados, en Gálatas 3:13: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndonos maldición por nosotros“.

La palabra griega aquí para “redimir” no es agorazo, sino exagorazo, y significa “comprar o redimir fuera de o lejos de“. La palabra para “maldición” aquí es katara. Tenga en cuenta esta palabra.

Pasa ahora a Deuteronomio 28:15-47, y verás que toda clase de enfermedad y dolencia está incluida en la maldición de la ley. En Deuteronomio 28:1 leemos: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra“. Los versículos 2 a 14 exponen entonces las maravillosas bendiciones de Dios, si tan sólo obedecen sus mandamientos.

Ahora lee Deuteronomio 28: 15,21,22,27,28, “Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones [katarai], y te alcanzaránJehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consumaJehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardorJehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón de que no puedas ser curadoJehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu.”

Recuerda que Deuteronomio 28:15 llama a todas estas enfermedades que seguirían la desobediencia a la ley de Dios, “maldiciones” (katarai en la Septuaginta). Ahora bien, este es el plural nominativo de la misma palabra que Pablo usa cuando dice (Gálatas 3:13): “Cristo nos redimió de la maldición [katara] de la ley, haciéndose [genomenos, convertido en] maldición [katara ] por nosotros.”

Puesto que la enfermedad era una de las maldiciones (katara) de la ley, y Cristo murió para redimirnos de la maldición (katara) de la ley, convirtiéndose en una maldición (katara) por nosotros (sustitución de Expiación); por lo tanto, según la enseñanza de Pablo, la sanidad corporal está en la Expiación. A la luz de Isaías 53:4 y de Isaías 53:11 y 12, esto es lo que esperaríamos que Pablo enseñara.

(4) Una vez más sabemos que la curación está en la Expiación debido a ciertos tipos encontrados en el Antiguo Testamento.

(A) La limpieza del leproso.

En Levítico 14:1-7 encontramos que cuando Dios quiso limpiar a un leproso, ordenó al sacerdote que tomara dos pájaros vivos. Mató a uno de estos pájaros sobre agua corriente y tomó su sangre en un recipiente de barro. El ave viva fue sumergida en la sangre del ave muerta. Después de que el sacerdote roció siete veces al pobre leproso con la sangre del pájaro muerto, puso el ave viva, que había sido sumergida en la sangre del pájaro muerto, libre, y voló hacia el cielo.

Este fue un tipo de limpieza y sanación corporal a través de la muerte y resurrección de nuestro Señor. El pájaro muerto era un tipo del Cristo crucificado; El pájaro vivo un tipo del Cristo resucitado. No hay otra explicación que parezca adecuada.

(B) Otro tipo de curación corporal en la Expiación se encuentra en el cordero pascual.

En Éxodo 12:7,13, leemos: “Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comery veré la sangre y pasaré de vosotros.”

Pero ¿qué hicieron con la carne de ese cordero muerto en esa sagrada ocasión?

Éxodo 12: 8 nos informa: “Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura.”

La sangre, entonces, debía ser rociada en los postes de la puerta para salvarlos de la ira de Dios, pero la carne de ese primer cordero pascual debía ser comida por sus beneficios físicos.

Lee ahora 1 Corintios 5:7: “Porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros“. Entonces el cordero pascual era un tipo del Cristo crucificado, el Cordero de Dios.

Como Cristo es nuestro cordero de Pascua, debemos concluir: (1) que Su sangre, como la sangre del cordero pascual, fue derramada para salvarnos de la ira de Dios; y (2) que Su carne; como la carne del primer cordero pascual, fue quebrada por nuestros beneficios físicos; o, como dice Pedro, (1 Pedro 2:24) “… por cuya herida fuisteis sanados [sanados físicamente, iaomai]”.

En Números 9:12 leemos que ni un solo hueso del cordero de la Pascua podría ser quebrado, y Juan 19:36 nos informa que, debido a esta predicción, no se rompió ni uno de los huesos de Cristo.

Lector, siendo que Dios fue tan específico que Cristo, nuestro cordero pascual, debía cumplir así el “tipo” en el más mínimo detalle, y puesto que la carne de cada cordero pascual era siempre usada para bendecir a los hombres físicamente, ¿no tenemos un perfecto derecho para concluir (como afirma claramente Primera de Pedro 2:24), que la carne de Cristo, nuestro cordero pascual, se quebró por nuestros beneficios físicos, y que la curación corporal está por lo tanto en la Expiación?

 

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(Lecciones 1-10) Curso Avanzado de la Biblia – E. W. Kenyon

kenyon 2

E W Kenyon fue un gran maestro de la Biblia, fue pastor bautista y abrió varias Escuelas Bíblicas. Su influencia fue tal es que es considerado el padre de la doctrina de las Asambleas de Dios.

Recientemente empecé a traducir su libro Advanced Bible Course (Curso Avanzado de la Biblia) y empece a publicar las clases en mi blog La Palabra de Fe.

Este estudio es espectacular como para darlo en una escuela dominical, grupo de estudios o grupo celular, ya que no solo viene la clase sino una serie de preguntas que pueden ser discutidas al final.

Aquí te dejo los enlaces de las 10 primeras clases:

  1. LA INTEGRIDAD DE LA PALABRA
  2. LA PALABRA PREVALENTE
  3. ACTUANDO LA PALABRA
  4. LO QUE LA IGLESIA HA FALLADO EN VER
  5. LA PALABRA VIVIENDO EN NOSOTROS
  6. LA REALIDAD DE LA REDENCIÓN
  7. NUESTRO SÓLIDO FRENTE
  8. LA LEY DE LA PROSPERIDAD
  9. LA MENTE DIRIGIDA POR LOS SENTIDOS
  10. LA VICTORIA TRIPLE DE JESÚS SOBRE SATANÁS

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La Superioridad Absoluta de la Fe en Jesucristo sobre la Ley (Estudio Completo de Gálatas 3)

En este estudio veremos el Capítulo 3 de Gálatas versículo por versículo.

En este capítulo Pablo nos muestra la insensatez de querer justificarse ante Dios por medio de la Ley cuando Dios nos dio justificación gratuita por medio de la redención que nos dio Cristo en la cruz.

Nos muestra también que los verdaderos hijos de Abraham y herederos según la promesa no son los de la ley sino los de la fe en Jesucristo.

Les invito a seguir los siguientes enlaces para que puedan ver este estudio

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La Sanidad y la Redención – Parte 4

3. LUTROOLutroo significa simplemente el pagar un rescate.

Wuest dice de esta palabra: “La tercera palabra (para redención) es lutroo (1 Pedro 1:18, Tito 2:14). El sustantivo teniendo misma la raíz quiere decir “el dinero del rescate usado para liberar a un esclavo”. El verbo quiere decir: “liberar por el pago de un rescate.” El esclavo del Señor Jesús ha sido liberado de su primera esclavitud para pecar, para lograr en su vida aquello que para lo cual fue creado por Dios, para glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre.”

En 1 Pedro 1:18-19 dice: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir,  la cual recibisteis de vuestros padres,  no con cosas corruptibles,  como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo,  como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (Reina Valera 1960).

En Tito 2:14 dice: “Que se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y para purificar para sí un pueblo escogido, celoso por hacer el bien” (EUNSA).

Jesús nos redimió de toda iniquidad, para que pasemos de nuestro antiguo amo el diablo a nuestro nuevo amo Jesucristo, y podamos así tener comunión y servir a Dios.

4. APOLUTROSIS

Apolutrosis significa rescatar completamente, liberación, salvación, redención total.

Wuest nos dice de esta palabra: “La palabra redención es apolutrosos que Thayer define como sigue: ‘el redimir a uno pagando un precio, hacer que uno salga libre por recibir un precio’; el sustantivo, ‘la liberación efectuada por el pago de un rescate, liberación, liberación procurada por el pago de un rescate.’”

En Efesios 1:7 dice: “En quien tenemos redención (liberación, salvación y rescate) a través de su sangre, la remisión (perdón y libertad) de nuestros pecados (faltas y transgresiones), según las [abundantes] riquezas de su gracia (el favor y la buena voluntad de Dios hacia nosotros)” (Biblia Expandida de Fe).

En Romanos 3:24 dice: “Justificándose gratuitamente por su gracia, por la redención la en Cristo Jesús” (La Biblia de las Américas).

Hemos sido justificados gratuitamente por la gracia de Dios por medio de la redención que tenemos en Cristo Jesús.

Esto mismo es lo que hizo Jesús. Cuando Adán pecó, le dio todo el dominio a Satanás, y trajo el pecado, la enfermedad y la muerte al mundo. Pero Dios nos compró por la sangre de Jesucristo, y al aceptar la obra que Jesús hizo por nosotros somos hechos libres.

continuará. . .

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La Sanidad y la Redención – Parte 2

1. AGORAZO

El término agorazo significa sencillamente comprar en un mercado; de manera más específica un mercado de esclavos; donde estos eran tratados peor que animales, siendo pateados, golpeados, molestados, comprados y vendidos; se les maltrataba para determinar cual era su temperamento.

Wuest dice acerca de esta palabra: “La primera (palabra para redención) es agorazo (1 Corintios 6:20), que significa comprar en un mercado de esclavos). Éramos esclavos del pecado. El precio de nuestro rescate fue pagado por Jesús, Su preciosa sangre. Pedro dice en su primera epístola (1:18) que no fuimos redimidos con las pequeñas monedas de plata y oro que se usaban para comprar un esclavo y sacarlo de la esclavitud, sino con sangre preciosa y grandemente honrada, de un cordero sin sangre ni contaminación, la sangre de Cristo. Además, los creyentes se han vuelto esclavos de nacimiento del Señor Jesús por derecho de compra. La palabra doulos, esclavo de nacimiento en Romanos 6:18, se refiere a uno nacido en esclavitud.”

Antes de venir Jesús, Satanás tenía el control del mercado de esclavos; ahora hemos sido redimidos; pero las personas que rechazan a Jesús siguen en ese mercado.

Veamos Romanos 6:17-20 para ver esto de manera más clara: “Pero gracias a Dios, ustedes, después de haber sido esclavos del pecado, han obedecido de corazón a la regla de doctrina que les ha sido transmitida y ahora, habiendo liberados del pecado, han llegado a ser esclavos de la justicia. Voy a hablarles en términos humanos, teniendo en cuenta la debilidad natural de su carne. Si antes entregaron sus miembros físicos, haciéndolos esclavos de la impureza y de la iniquidad cada vez mayor, pónganlos ahora al servicio de la justicia que lleva a la santificación. Porque cuando eran esclavos del pecado, ustedes estaban libres con respecto de la justicia” (Biblia Expandida de Fe).

Este pasaje nos da una idea muy clara de lo que pasaba antes de conocer a Jesús, estábamos en ese mercado de esclavo; esclavizados completamente al pecado; pero al recibir a Jesús y nacer de nuevo hubo un cambio; fuimos quitados de ese mercado y dejamos de ser esclavos del pecado; ahora somos esclavos de la justicia.

Como dice en 1 Corintios 6:20 ya hemos sido comprados: “Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios” (Nueva Biblia de los Hispanos).

La Biblia en Lenguaje Sencillo lo coloca de esta manera: “Cuando Dios los salvó, en realidad los compró, y el precio que pagó por ustedes fue muy alto. Por eso deben dedicar su cuerpo a honrar y agradar a Dios.”

Hemos sido comprados y rescatados del pecado; ahora tenemos un nuevo amo, al cual debemos honrar, agradar y glorificar, a Dios.

En Efesios 2:2 vemos cual era nuestra condición antigua: “En los cuales anduvisteis [de manera continua] en otro tiempo, siguiendo las corrientes y modas de este mundo [están bajo el vaivén de las tendencias de esta edad], conforme al príncipe de la autoridad del aire (la atmósfera inferior), [son obedientes y están bajo el control de] el espíritu [demoníaco] que ahora está operando en los hijos de desobediencia [los indiferentes, rebeldes, e incrédulos que están en contra de los planes y propósitos de Dios]” (Biblia Expandida de fe).

Ya no vivimos bajo las corrientes ni modas de este tiempo, ni tampoco esclavizados bajo el dominio de Satanás ya hemos sido hechos libres.

Ya hemos sido comprados y hecho libres.

Como dice en 1 Corintios 7:23: “Ustedes fueron comprados por un precio;  no se vuelvan esclavos de nadie” (Nueva Versión Internacional).

Somos libres por el pago de la Sangre de Jesús hace 2000 años por nosotros, así que no nos dejemos esclavizar por nadie.

continuara. . .

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