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26 Días de Fe – Día 7

En esta lección veremos como la fe es contraria a lo que dicen nuestros sentido físicos. Mucha gente guía su vida por como se siente, por lo que puede ver, oír, tocar, pero como creyentes nos guiamos por lo que dice la Palabra de Dios. La fe que recibe de Dios no se basa en lo que sentimos sino en lo que creemos.

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Lección 7 – La Fe contra los Sentimientos

Textos Bíblicos: Juan 20:24-29; 2°Corintios 5:17.

Verdad Central: Una fórmula para la fe es: (1) Encuentra una promesa en la Palabra de Dios para cualquier cosa que estés buscando, (2) Cree la Palabra de Dios, (3) No consideres las circunstancias contradictorias, y (4) Alaba al Señor por la respuesta.

El amado hombre de fe, Smith Wigglesworth, dijo en cierta ocasión: “No puedo entender a Dios a través de mis sentimientos. No puedo entender a Dios el Padre y a Jesucristo a través de mis sentimientos. Solamente puedo entender a Dios el Padre y a Jesucristo a través de lo que la Palabra de Dios dice acerca de ellos. Dios es todo lo que la Palabra dice que es. Necesitamos conocerlo a través de la Palabra“. Muchísimas veces muchos tratan de conocer a Dios a través de sentimientos personales. Cuando se sienten bien, piensan que Dios ha escuchado sus oraciones. Si no se sienten particularmente bien, piensan que Él no les ha escuchado. Su fe está basada en sus sentimientos cuando debería estar basada en la Palabra de Dios.

Una Fe Cómo la de Tomás

En Juan 20:24-29 dice: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron”.

Tomás era alguien que basaba su fe en sus sentimientos, en lo que sus sentidos le decían. Él dijo que no creería a menos que pudiera ver con sus propios ojos la señal de los clavos en las manos de Jesús, y tocarlas con sus propias manos. El confiaba en lo que podía ver y tocar, no en lo que Dios tenía que decirle. Tenemos muchos “cristianos como Tomás” hoy día, aquellos que creen solamente lo que sienten, ven, oyen o tocan. Pero la fe real en Dios está basada en la Palabra de Dios. La fe verdadera en la Palabra dice: “Si Dios dice que es verdad, lo es“. Creer en Dios es creer en Su Palabra. Si la Palabra de Dios dice que Él me oye, entonces yo sé que me oye porque Él lo dice y Su Palabra no puede mentir.

Si tu fe está basada en sentimientos, entonces estás usando una fe humana natural. No podemos obtener resultados con la fe humana natural. Tenemos que usar la fe de las escrituras, la fe de la Biblia, creyendo en la Palabra de Dios.

En cierta ocasión oré por una señora, quien había estado en muchas filas de sanidad, y nunca había recibido su sanidad. Después de orar por ella, me dijo inmediatamente: “Todavía no la tengo, ore otra vez“. Oré otra vez y cuando terminé, dijo lo mismo. Después de orar por tercera vez al parecer sin resultados, le pregunté: “¿Cuándo vas a empezar a creer que estás curada?

Bueno“, me dijo ella, “cuando esté sana“. “¿Para qué quieres creerlo entonces? Me parece que entonces ya lo sabrás“, le dije.

Cualquiera puede creer lo que puede sentir, oír o ver. Nosotros vivimos y operamos en el reino físico la mayor parte del tiempo y obviamente entonces tenemos que caminar por la vista. Pero cuando se trata de las cosas de la Biblia, de las cosas espirituales, entonces no andamos por vista; andamos por fe.

La Sanidad es Espiritual

La sanidad de Dios es una sanidad espiritual. Si la ciencia médica sana, sana a través de lo físico. La Ciencia Cristiana sana a través de la mente. Pero cuando Dios sana, sana a través del espíritu.

En 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La sanidad espiritual, o sanidad divina, se recibe de Dios de la misma manera que el nuevo nacimiento, el cual es un renacimiento del espíritu. Cuando naces de nuevo, no es tu cuerpo el que nace de nuevo, porque todavía tienes el mismo cuerpo que siempre has tenido. Cuando Pablo dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”, él no se estaba refiriendo al cuerpo del hombre hecho nuevo. El nuevo nacimiento no cambia lo físico de ninguna manera. Por supuesto  que después de ser salvo, el hombre interior domina al hombre físico, pero es el hombre de adentro, el hombre interior el que nace de nuevo.

El nuevo nacimiento es el renacimiento del espíritu humano. Jesús dijo “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Lo que ha sucedido en el interior de la persona, no puede verse inmediatamente, ya que toma lugar en el espíritu humano. Pero a medida que la persona camina en la luz de lo que tiene, con el transcurso del tiempo se volverá evidente.

Hemos estado equivocados muchas veces cuando hemos visto a personas venir al altar, orar, llorar, saltar y abrazar a todos a su alrededor, actuando muy felices. Después no se les vuelve a ver más. Realmente pensamos que habían recibido algo maravilloso de Dios. Pero era solamente algo emocional, y no el nuevo nacimiento. Otras veces hemos visto a gente venir al altar por salvación, que no han demostrado emoción alguna, y nos hemos preguntado si habían recibido algo del Señor. Pensamos que no habían estado en el altar el tiempo suficiente para recibir algo. Sin embargo, muchos de estos se vuelven cristianos sobresalientes durante toda su vida. Este es otro ejemplo de fe basada en los sentidos físicos.

Yo creo en los sentimientos, pero los pongo en último lugar. La Palabra de Dios viene primero, la fe en la Palabra de Dios en segundo lugar, y los sentimientos al último. Muchísimas personas lo hacen al revés y ponen los sentimientos primero, la fe en sus sentimientos segundo, y la Palabra de Dios al final. Esta gente nunca va a tener éxito en nada.

Al andar en el ámbito natural, tenemos que guiarnos por nuestros sentidos físicos (Por ejemplo, si estamos cruzando la calle y nuestros ojos nos dicen que vienen autos, tenemos que esperar hasta que los autos pasen). Pero lo que mucha gente trata de hacer es creer en Dios con esa fe física o natural, y si sus sentidos físicos les dicen que no es así, entonces creen que no es así. Pero nuestros sentimientos físicos no tienen nada que ver con la Biblia. La Palabra de Dios es la verdad, no importa lo que nuestros sentimientos o las circunstancias nos digan. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu Palabra en los cielos” (Salmos 119:89).

Fórmula Para la Fe

Aquí hay una fórmula de fe que puedes hacer que obre resultado para ti. Primero, ten la Palabra de Dios para cualquier cosa que estés buscando; segundo, cree la Palabra de Dios; tercero, rehúsa considerar las circunstancias contrarias, o lo que tus sentidos físicos te puedan decir acerca de eso; y cuarto, agradece a Dios por la respuesta. Sigue estos cuatro pasos, y siempre obtendrás resultados. Estos son cuatro pasos seguros para liberación, sanidad, oraciones respondidas o cualquier cosa que estés buscando del Señor.

Texto Para Memorizar: “Para siempre, Oh Jehová, permanece tu Palabra en los cielos” (Salmos 119:89).

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26 Días de Fe – Día 3

En este tercer día veremos la diferencia entre lo que es la fe y la esperanza.

Mucha gente no recibe de Dios porque cree que está en fe cuando en realidad está en esperanza; ¿cómo poder diferenciarlas?

Leamos esta lección para saberlo:

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Lección 3 – La Fe Contra la Esperanza

Textos Bíblicos: 1°Corintios 13:13; Efesios 2:8-9; Romanos 10:9-10,13.

Verdad Central: Se requiere una fe positiva – una fe de ahora – para obtener resultados positivos.

Cuando Pablo, escribiendo a los corintios, dijo: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1°Corintios 13:13), él no estaba diciendo que la esperanza y la fe no son importantes. Cada una tiene su lugar, y una no puede ser sustituida por la otra. No podemos sustituir el amor por la esperanza. Tampoco podemos sustituir la esperanza por la fe. Sin embargo, muchas personas tratan de recibir de Dios basados en la esperanza en vez de en la fe.

La Fe Es Ahora

La esperanza mira hacia el futuro. Está siempre en tiempo futuro. La fe es ahora. La fe dice: “Recibiré la respuesta ahora mismo. La tengo ahora“. No es por el esperar que el trabajo es hecho, sino por el creer. Alguien dijo: “Bueno, yo creo algún día que recibiré mi sanidad“. Eso no es fe, eso es esperanza, porque está viendo a un tiempo futuro indefinido. La fe dice: “Recibo mi sanidad; ¡ahora!“. En una traducción moderna del Nuevo Testamento, el conocido versículo Hebreos 11:1 dice “La fe es dar sustancia…a las cosas esperadas”. Si necesitas sanidad, no la quieres en el futuro; la quieres ahora mismo, especialmente si padeces dolor. Si estás buscando el Bautismo del Espíritu Santo, quieres recibirlo ahora; no en un tiempo futuro indefinido. Si necesitas salvación, no la puedes dejar para el futuro, porque entonces puede ser demasiado tarde. He hablado con gente que me decían que esperaban ser salvos. Sin embargo, algunos de ellos están muertos. Dejaron el mundo sin ser salvos, porque la salvación que está basada en esperanza nunca se realiza.

Efesios 2:8-9 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe”.

Romanos 10:9-10,13: “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación… Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

Los versículos anteriormente citados apuntan al hombre hacia el plan de salvación. Vemos que es por la fe; no por la esperanza, que somos salvos. Jesús prometió que no echaría fuera a nadie que viniera a Él, sino que salvaría a todo aquel que “invocare el nombre del Señor“. Por lo tanto, no necesitamos esperar que Él nos salvará. Él dijo que lo hará

¿Cómo Obtenemos Fe?

La fe, sabemos, nace de la Palabra de Dios. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Otra traducción de este versículo dice: “La fe es la garantía de que lo que has estado esperando tanto es finalmente tuyo“.

La fe es “la convicción de lo que no se ve“, como leemos en Hebreos 11:1. Para ilustrar, tú puedes esperar conseguir dinero para cumplir con cierta deuda, pero la fe te da la seguridad de que tendrás el dinero cuando lo necesites. Puedes esperar obtener fortaleza física para hacer un trabajo que debes hacer, pero la fe dice: “El Señor es la fortaleza de mi vida” (Salmos 27:1). En otras palabras, la fe dice lo mismo que la Palabra de Dios dice.

La incredulidad en realidad es el tomar lugar contra de la Palabra de Dios. Hay algunos que hablan incredulidad y toman el lugar contra de la Palabra de Dios y luego se preguntan por qué la Palabra de Dios no funciona para ellos. Si queremos que la Palabra de Dios trabaje para nosotros, tenemos que estar del mismo lado que ella.

Muchas veces cuando le pregunto a la gente que viene por oración a mis reuniones, si ellos creen que serán sanados, responden: “Bueno, yo espero que sí“. Yo simplemente les digo que no se sanarán porque nosotros recibirnos de Dios por fe, y no a través de la esperanza. Inclusive otros contestan a mi pregunta diciendo: “Bueno, yo quiero“. Pero yo les digo: “Podrías querer un Cadillac nuevo, pero eso no significa que lo tendrás. Verás, el querer solamente, no producirá resultado”.

No es por esperar o por querer, es la fe la que hace la obra. Tú no recibirás de Dios porque tengas esperanza. En ninguna parte de la Biblia dice que cuando oremos, recibiremos aquello que tenemos esperanza de recibir. Sin embargo, la Palabra de Dios dice: “Todo lo que pidiereis en oración, CREED que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). Jesús también dijo, “Y todo lo que pidiereis en oración, CREYENDO, lo recibiréis” (Mateo 21:22). No esperando, sino creyendo.

Mira la definición de fe en Hebreos 11:1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve“. El verbo usado está en tiempo presente. Recuerda, si no es ahora, no es fe. La fe es tiempo presente; la esperanza es tiempo futuro, entonces no está creyendo, está esperando. Para que obre resultado, debe estar en el tiempo correcto; el tiempo presente. Algunas personas siempre están creyendo que Dios hará algo por ellas, pero la fe cree que Él ya lo ha hecho, y que lo está haciendo.

Hace algunos años mientras estaba predicando en el estado de Oklahoma, una mujer que no había dado un paso en cuatro años, fue traída al servicio una noche por oración. Ella era una mujer mayor de unos setenta y tantos años, y los doctores le habían dicho que no volvería a andar. Al terminar el culto, cuando nos preparamos para orar por los enfermos, sus amigos la trajeron al frente y la sentaron en el altar. Me arrodillé en frente de ella, puse mis manos sobre ella y oré. Entonces le dije: “Ahora levántate y anda en el nombre del Señor Jesucristo“.

Ella hizo lo que pudo para levantarse, pero todo el tiempo estuvo llorando y orando, “Oh, querido Jesús, por favor, sáname, por favor, déjame caminar, ¡oh, por favor…por favor!“. Ella continuó de esa manera por algún tiempo hasta que por fin pude hacer que callara lo suficiente para hablarle. Le pregunté: “Hermana, ¿sabías que estás sana?

Sorprendida, me miró y me dijo: “Oh, ¿lo estoy?

“, le dije, “estás sana, y te lo probaré en la Biblia“. Entonces abrí mi Biblia en 1 Pedro 2:24, se la di y le pedí que leyera el versículo en voz alta. Ella leyó: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuisteis sanados“.

Entonces le pregunté, “¿’Fuisteis’ es tiempo pasado, tiempo futuro, o tiempo presente?

Es tiempo pasado“, contestó.

Si fuiste sanada por la herida de Jesús, entonces estás sana ahora, ¿no es verdad?“, le dije. Una sonrisa se extendió en su rostro y sus ojos se iluminaron con un nuevo entendimiento. Entonces le dije: “Levanta las manos y míralo a Él. Comienza a alabarlo porque estás sana, en el tiempo presente. Porque estás sana; no es que vas estarlo, lo estás ahora“.

Con fe como la de un niño, miró hacia arriba y dijo “Querido Señor Jesús, estoy tan contenta de estar sana“. No había dado un paso, y por lo tanto no tenía evidencia física de sanidad. Aun así dijo: “Estoy tan feliz de estar sana“.

Di la vuelta hacia ella y le dije: “Ahora mi hermana, levántate y camina en el Nombre de Jesús“. Inmediatamente ella saltó del altar como si tuviera dieciséis años, y caminó, saltó, corrió y alabó a Dios.

Ves, tuvimos que ayudarla a ponerse en el tiempo correcto; porque la fe es tiempo presente. Mientras estemos luchando para poder recibir, esperando ver la respuesta algún día, no resultará. Eso es solamente esperanza. La fe dice: “Es mío, lo tengo ahora“.

La esperanza, por supuesto, usada apropiadamente es muy bendecida y bella. Tenemos una esperanza bendita en el pronto regreso de nuestro Señor Jesucristo, la resurrección de los justos muertos, el rapto de los santos en vida, la esperanza del cielo, la esperanza de ver a nuestros seres amados y amigos. Damos gracias a Dios por esa esperanza. Pero todo eso es en tiempo futuro. Jesús viene, lo creamos o no. El viene porque la Palabra lo dice. La resurrección se llevará a cabo tengamos fe en ello o no. Los muertos en Cristo se levantarán para unirse con Él en aire, lo creamos o no. Nuestra fe, o falta de fe, no afectará estos acontecimientos. Jesús viene otra vez, porque la Palabra lo dice. Esta es la esperanza bendita que todos los cristianos esperamos.

Pero es la fe, no la esperanza, la que puede cambiar lo imposible a lo posible. Es la fe, no la esperanza, la que trae sanidad y victoria.

La esperanza es buena en esperar, pero pobre en recibir. Muchas veces he oído gente decir: “Estoy esperando y orando…” o “Todo lo que podemos hacer es esperar y orar“. Si eso es todo lo que estás haciendo, estás derrotado. Se necesita una fe positiva; una fe de ahora, para obtener resultados positivos.

Texto Para Memorizar: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1°Corintios 13:13).

Tomado del Capítulo 3 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

Lee también:

26 Días de Fe – Día 2

26 Días de Fe – Día 1

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Las Siete Cosas Más Importantes que Debes Saber de la Oración

Las Siete Cosas Más Importantes que Debes Saber de la Oración

En esta enseñanza veremos las siete cosas mas importantes que un creyente debe saber acerca de la oración.

Número 1

Aprende la Diferencia entre las Diversas Clases de Oración

Muchas personas creen que solo existe un tipo de oración en la Biblia, pero si hacemos un estudio detallado acerca de la oración veremos que no solo hay una clase, sino que hay varias.
Está la oración de petición en la pedimos por nuestras necesidades y la oración de intercesión en la que oramos por otras personas.
Está la oración de entregar nuestras cargas al Señor cuando pasamos por angustias y ansiedades, y la la oración de alabanza en la que le agradecemos a Dios por las cosas buenas que Èl ha hecho por nosotros.
Para ver los diversos tipos de oraciones te invito a que sigas este enlace:

Número 2

Ora al Padre en el Nombre de Jesús

Juan 16:23-24
23 En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.
24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
Cuando Jesús dijo estas palabra, todavía estaba en la tierra. Como aún no había muerto, ni resucitado, de nada le hubiera servido a nadie orar en el nombre de Jesús.
Él estaba hablando de un nuevo día, en el cual sus seguidores podrían orar al Padre en su nombre. Este es el día en el cual vivimos.
Todo lo que le pedimos al Padre en el nombre de Jesús nos lo da para que nuestro gozo sea cumplido.
Nuestro gozo no puede cumplirse si pasamos necesidades o si nuestro cuerpo está enfermo. Nuestro gozo se cumple cuando Dios nos da las cosas que necesitamos, cuando Dios responde nuestras oraciones.
La clave para esto la encontramos en el verso 23: Pedir al Padre en el nombre de Jesús.
Para conocer más acerca de como orar en el Nombre de Jesús te invito a seguir el siguiente enlace:

Número 3

Cree Que Recibes

Marcos 11:24
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
La clave para la respuesta a nuestras oraciones se encuentra en creer que recibimos lo que pedimos antes de verlo.
Muchas personas quieren recibir primero y luego creer; pero jesús nos dijo que debemos hacer todo lo contrario.
Una hermana dijo: “No voy a creer que estoy sana hasta que lo sienta en mi cuerpo.” Un ministro le respondió: “Si ya tiene su sanidad, no es necesario que crea por ella.”
Para poder recibir respuesta a nuestras oraciones debemos creer que Dios ya nos las concedió al momento de hacerlas.

Número 4

Al Orar, Perdona

Marcos 11:25-26
25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
Si no estamos recibiendo respuesta a nuestras oraciones debemos examinar si estamos caminando en perdón.
La falta de perdón es el mayor obstáculo para nuestra fe. Un corazón rencoroso no recibe respuesta a la oración.
Estaba ministrando a una hermana que tenía artritis y el Señor me dijo que tenía falta de perdón. Cuando le dije esto ella me dijo que nunca había podido perdonar a su esposo, que la había abandonado con dos hijos pequeños, a los cuales ella tuvo que educar y pagar por todos sus gastos.
Cuando ella tomó la decisión de perdonarlo, ella recibió al instante su sanidad.
Si tienes falta de perdón decide caminar en amor y perdonar a la persona que te ofendió, le abrirás la puerta a Dios para que pueda responder tus oraciones.

Número 5

Depende del Espíritu Santo en tu Vida de Oración

Romanos 8:14
14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Los hijos de Dios somos guiados por el Espíritu Santo.
Dios quiere que dependamos del Espíritu Santo en cada área de nuestras vidas y eso incluye nuestra vida de oración.
Romanos 8:26-27
26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
El Espíritu Santo nos ayuda a orar de manera eficaz.
A veces no sabemos como o por que orar, por eso necesitamos del Espíritu Santo para que nos enseñe el motivo y la manera en que debemos orar.
Juan 14:15-17
15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
La palabra Consolador es la palabra griega parakletos (parakletos), que entre otras cosas significa ayudador.
El Espíritu Santo es nuestro ayudador, es quien nos ayuda  a tener oraciones exitosas.
Una traducción literal de Romanos 8:26 es esta: “El Espíritu mismo hace intercesión por nosotros en lenguaje que no puede expresarse con lenguaje articulado.”
1 Corintios 14:2,14-15
2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.
14 Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.
15 ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.
En el verso 2 vemos que la persona que ora en lenguas esta orando misterios por el Espíritu Santo. Es decir habla por el Espíritu Santo.
Los versos 14 y 15 nos dicen que no debemos conformarnos con orar únicamente intelectualmente; debemos orar también con el Espíritu Santo.
Otro motivo para orar en lenguas lo encontramos en Romanos 8:26, donde dice que no sabemos pedir como conviene. Nosotros no sabemos, pero el Espíritu Santo si lo sabe y quiere ayudarnos a orar correctamente.
Dependamos del Espíritu Santo para poder orar de manera eficaz.

Número 6

Haz la Oración de Intercesión

1 Timoteo 2:1-4
1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres;
2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
La oración de intercesión no es una oración que hacemos para nuestro beneficio personal, es una oración en beneficio de otras personas.
Cuando intercedemos tomamos el lugar de otro; te pones en medio de Dios y la persona, abogando a favor la persona.
Tu oración puede ser por salvación, sanidad o cualquier otro motivo.
Gálatas 6:2
2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
Al interceder tomas la carga de otro como si fuera tuya, para que así esa persona pueda alcanzar victoria.
Para saber más acerca de como interceder por otros sigue el siguiente enlace:

Número 7

Edifícate a ti Mismo Orando en el Espíritu

Judas 20
20 Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo
1 Corintios 14:4
4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
El orar en lenguas nos ayuda espiritualmente, nos hace percibir la presencia del Espíritu Santo y nos edifica.
La palabra edificar es la misma que se usa para recargar.
Cuando era niño un amigo vino con la novedad que tenía un recargador de pilas; así que cuando una pila se descargaba íbamos donde él para recargar nuestras pilas.
Lo mismo sucede con el hablar en lenguas; cuando sentimos como que algo nos falta, es tiempo de orar en lenguas y recargarnos del poder de Dios.
El orar en lenguas tiene un valor triple: Nos ayuda a orar por lo que no sabemos; nos ayuda a interceder y nos edifica espiritualmente.
Oremos continuamente en lenguas para estar siempre llenos del poder de Dios.

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