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26 Días de Fe – Día 25

En esta lección veremos la importancia de nuestras palabras, como es que ellas muestran lo que creemos y de ese modo pueden llevarnos a la derrota o a la victoria.

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Lección 25 – Tú Puedes Tener Lo Que Dices

Textos Bíblicos: Marcos 11:23; Números 13:17-18, 25, 27-28,30-32; Números 14:6-9.

Verdad Central: No fueron los gigantes de la tierra de Canaán los que mantuvieron a los israelitas afuera, sino los gigantes del temor en sus corazones.

Nuestro texto para esta lección, Marcos 11:23, es uno que hemos usado muchas veces en nuestra serie de estudios acerca de la fe, porque en él vemos la “fórmula de la fe” para mover cualquier montaña que se presente en nuestras vidas. Ya sea que tu montaña particular sea enfermedad, seres queridos inconversos, dificultad financiera o problemas familiares, puedes encontrar la solución en este versículo de escritura.

Marcos 11:23 dice: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

La última frase de nuestro texto dice: “…lo que diga le será hecho“. En otras palabras, puedes tener lo que tú dices que puedes tener. Lo que dices es tu fe hablando. Esto obra en una forma negativa así como en una forma positiva, como vemos en la historia del Antiguo Testamento de los doce espías que fueron enviados a Canaán a reconocer la tierra.

Un Reporte De Temor

Números 13:17-18,25,27-28,30-32 dice: “Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso… y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días… Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac… Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.Y hablaron mal entre los hijos de Israel de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de gran estatura”.

De los doce espías que fueron a Canaán a reconocer la tierra, solamente dos, Caleb y Josué eran hombres de fe y visión. Ellos dijeron: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella, porque más podremos nosotros que ellos“.

Los otros diez regresaron con un reporte negativo, lleno de temor de los gigantes de la tierra. La Biblia dice de su reporte, que “…hablaron mal…” ¿Por qué? Porque era un reporte de duda y de temor. ¿Cuál es entonces un buen reporte? Un reporte de fe.

Los diez espías temerosos eran la mayoría y el pueblo de Israel aceptó el informe de la mayoría. Al hacerlo, ellos estaban diciendo que no podrían tomar la tierra. Y obtuvieron exactamente lo que dijeron. Estos espías y el resto de aquella generación de los israelitas, con excepción de Josué y Caleb, nunca vieron la Tierra Prometida. Creyeron que no podrían tomarla y no lo hicieron. Anduvieron en el desierto hasta que murieron. ¡Lo que dijeron, sucedió!

El de ellos, es un ejemplo de fe al revés. Después de todo, ¡aun cuando dudas, estás creyendo algo! Estás creyendo en derrota. Estás creyendo en lo incorrecto.

Siempre obtienes en tu vida aquello por lo que crees y lo que dices. Si no lo que estás diciendo, entonces no debes decirlo, porque si continúas diciendo algo durante un tiempo suficientemente largo, esas palabras eventualmente se registrarán en tu espíritu. Y una vez que estén registradas en tu espíritu, controlarán tu vida.

Un Reporte De Fe

Números 14:6-9: “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare en nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis el pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis”.

Nota el buen informe de Josué y Caleb. Su confianza estaba en el Señor y sus corazones estaban llenos con la fe que Dios era capaz de llevarlos a la tierra que les había prometido a sus padres. Dos veces en el versículo nueve, ellos amonestaron a la gente para que no tuvieran temor. ¿Y cuál fue el resultado de su informe de fe? ¡Ellos fueron los únicos dos hombres de su generación que entraron a la Tierra Prometida! Tú puedes tener lo que dices.

Muchas personas me preguntan por qué no se pueden sanar. Yo siempre sonrío y le digo que ya han dicho que no pueden. Sus palabras les delatan. Puedes ubicar a la gente por lo que dice.

Antes de orar por la gente, generalmente trato de que hagan algún tipo de confesión de fe. Les pregunto si serán sanos cuando imponga mis manos sobre ellos y ore. Si ellos contestan que esperan que sí, yo les digo que no se sanarán, porque ellos están en esperanza y no en fe.

Otros hacen una confesión con alguna vacilación, pero esa vacilación los derrota. Aquellos que tienen una pronta confesión llena de fe reciben casi instantáneamente (Son las “pequeñas zorras las que dañan las viñas“).

No es algo grande lo que impide que los hijos de Dios sean sanos. No fueron los gigantes de la tierra de Canaán los que mantuvieron a los hijos de Israel afuera. No fueron los gigantes los que los derrotaron. Si hubieran sido los gigantes, éstos hubieran derrotado a Josué y Caleb también. La gente se derrotó a sí misma por su propio pensamiento, su propia incredulidad, su propia declaración de incredulidad.

No son los gigantes en la vida los que te derrotan. No son las tormentas de la vida las que te derrotan. Si eres derrotado, es porque tú mismo te has derrotado. Te has derrotado a ti mismo con el pensar erróneo. Te has derrotado a ti mismo con el hablar erróneo. Tú puedes tener lo que digas.

Caleb y Josué dijeron que ellos eran capaces de vencer a los gigantes. Después de cuarenta años de vagar en el desierto, y que toda la gente de esa generación que habían aceptado el informe maligno de los diez espías se murieron, Josué se convirtió en el líder de la gente, y él y Caleb los guiaron a la victoria.

Cuando Caleb vino a Josué y dijo “Dame esta montaña“, Josué miró hacia atrás varios años, y se dio cuenta que su hablar correcto les había hecho ganar la victoria antes. Él quería ubicar a Caleb, así que le preguntó si era capaz de tomar la montaña. Josué quería oír su confesión de fe. Le dijo a Caleb que había gigantes en la montaña. Pero Caleb, lleno de fe, dijo que él era capaz de tomarla; y lo hizo.

Muchas cosas pasan porque esperamos que pasen de cierta manera. Pasan porque las creemos y las hablamos, hasta que suceden. Yo he encontrado que esto es verdad en mi propia experiencia. Hace algún tiempo leí acerca de un científico que dijo que cuando uno se envejece, las arterias del cerebro no son tan suaves como cuando uno era joven; se van endureciendo gradualmente. Había llegado al lugar donde no podía recordar cosas tan bien como una vez lo hice. Seguí así por un tiempo hasta que me di cuenta que no había necesidad de esto. La mente es parte de mi ser interior y espíritu, y nunca se envejece. El mismo momento en que empecé a creer correctamente y a hablar correctamente, pude citar todas las escrituras que siempre había sabido, y mi memoria en realidad mejoró. Fallamos muchas veces porque nos preparamos a perder. Nos disponemos a perder. Lo pensamos y lo creemos y entonces lo hacemos. Como creyentes, sin embargo, no tenemos por qué hablar duda o derrota.

 

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

 

Tomado y editado del Capítulo 25 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 21

En esta clase aprenderemos acerca de la clase de fe de Dios, que es y como aplicarla a nuestra vida.

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Lección 21 – La Clase De Fe De Dios

Textos Bíblicos: Marcos 11:12-14,20-24; Romanos 10:13-14,17.

Verdad Central: La clase de fe que habló trayendo al universo a la existencia es repartida a nuestros corazones.

Hay dos cosas que se deben notar acerca de la clase de fe de Dios. Primero, el hombre cree en su corazón. Segundo, él cree con sus palabras. No es suficiente el creer con el corazón. Para conseguir que Dios obre para ti, tienes que creer con tus palabras también. Jesús dijo: “Cualquiera que dijere…y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice; lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23). Esta es la inalterable ley de la fe.

Marcos 11:12-14,20-24 dice: “Al día siguiente cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera; nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos… Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.  Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá”.

Vamos a enfocar nuestra atención en la afirmación, “Tened fe en Dios“, o como dice al margen, “tened la fe de Dios“. Los eruditos del griego nos dicen que esto debería traducirse: “Tened la clase de fe de Dios“. Jesús demostró que tenía la clase de fe de Dios. De lejos, Jesús vio que la higuera tenía hojas. Pero cuando se acercó, buscando fruto, vio que era estéril. Algunos preguntan por qué buscó Jesús higos en este árbol cuando no era tiempo para que tuviera fruto. Sin embargo, en aquel lugar, los árboles que retenían sus hojas generalmente también tenían fruto.

Al no encontrar fruto en el árbol, Jesús dijo: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“.

Al día siguiente, cuando Jesús y Sus discípulos pasaron otra vez por ahí encontraron el árbol seco desde las raíces. Sorprendido Pedro dijo: “Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.” Fue entonces cuando Jesús hizo la afirmación, “Tened fe (tened la fe de Dios, o la clase de fe de Dios). Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (vs. 22-23).

Después de decirles a sus discípulos que tuvieran la clase de fe de Dios, Jesús prosiguió explicando en el versículo 23, lo que eso significaba: la clase de fe de Dios es la clase de fe en la cual un hombre cree con su corazón y dice con su boca lo que cree en su corazón, y sucede.

Jesús mostró que tenía esa clase de fe, porque creyó que lo que dijo sucedería. Él dijo a la higuera: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“. Esta es la clase de fe que habló al mundo a existir. “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). ¿Cómo lo hizo? Dios creyó que lo que dijo sucedería. Él habló la Palabra y se hizo la tierra. Él habló al reino vegetal para que exista. Habló al reino animal para que exista. Habló para que existan los cielos así como también la tierra, la luna, el sol, las estrellas y el universo. Él lo dijo y fue así. Esa es la clase de fe de Dios. El creyó que lo que dijo sucedería y sucedió.

La Medida De Fe

Jesús demostró la clase de fe de Dios a sus discípulos, y entonces les dijo que ellos también tenían esa clase de fe; la fe que un hombre cree con su corazón, dice con su boca lo que cree, y sucede. Alguien puede decir: “Yo quiero esa clase de fe. Voy a orar para que Dios me la dé“. Sin embargo, no necesitas orar por eso; tú ya la tienes. “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí mismo que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

Nota que Pablo escribió esto a creyentes, porque él dice: “A cada cual que está entre vosotros“. La epístola a los Romanos no fue escrita a los pecadores en el mundo, es una carta para los cristianos. Él dirige esta carta “A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos” (Romanos 1:7). Y en ella les dice que Dios ha dado a “cada uno la medida de fe“. Pablo también dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Pablo está diciendo aquí que esta fe no es tuya. Él no se estaba refiriendo a la gracia, porque todos saben que la gracia es de Dios. Él está diciendo que la fe por la cual somos salvos no es nuestra. No es una fe humana natural. Fue dada por Dios a los pecadores. Y ¿cómo le dio Dios fe a los pecadores para ser salvos? Romanos 10:17 dice: “Así que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios“. En estos versículos Pablo ha dicho que la fe: (1) es dada, (2) es repartida, y (3) viene.

Creer y Decir – La Clave Para La Fe

Nota otra vez las palabras de Romanos 10:8: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos“. ¿Cómo se compara esto con las palabras de Jesús en Marcos 11:23?  Los escritos de Pablo a los Romanos concuerdan exactamente con lo que Jesús les dijo a sus discípulos cuando dijo: “Cualquiera que diga…y no dudare en su corazón, sino creyere…lo que diga le será hecho“. Vemos aquí el principio básico inherente a la clase de fe de Dios: el creer con el corazón y decirlo con la boca. Jesús lo creyó y lo dijo. Dios lo creyó y lo dijo, creando la tierra en existencia a través de palabras.

Los versículos 9 y 10 de este mismo capítulo 10 de Romanos dice: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Una medida de fe es repartida al pecador por el oír de la Palabra. Entonces él la usa para crear la realidad de la salvación en su propia vida.

Cuando se les pregunta a los cristianos: “¿Cuándo fuiste salvo?“, con frecuencia, contestan algo así: “Alrededor de las nueve de la noche del 10 de Julio“. Están equivocados, sin embargo, porque Dios los salvó hace cerca de 2,000 años. Sólo se volvió una realidad cuando ellos lo creyeron y lo confesaron. La salvación le pertenece a todos. Todo hombre y mujer en este mundo tiene derecho legal a la salvación. Jesús murió por todo el mundo, no solo por ti y por mí. Cuando la verdad es predicada al pecador, esto causa que la fe venga. Cuando él cree y confiesa, él crea la realidad de ello en su propia vida a través de su fe.

Romanos 10:13-14,17 dice: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”.

Así como la fe viene por el oír la Palabra de Dios, es también con todo lo que recibimos de Dios. La clase de fe de Dios viene por el oír la Palabra de Dios. En otras palabras, Dios hace que la clase de fe de Dios venga a los corazones de aquellos que la oyen. Con razón Jesús dijo: “Mirad pues, como oís” (Lucas 8:18). No puedes dejarlo entrar por un oído y salir por el otro, porque eso no haría ningún bien. La fe no vendrá así. Si actúas como si la Palabra de Dios fuera una leyenda, la fe no va a venir así. Pero cuando la aceptas reverentemente, cuando actúas sobre ella, la fe viene.

Pablo escribió a la iglesia de Corinto: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito. Creí por lo tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Corintios 4:13).

Pablo dijo que tenemos el mismo espíritu de fe. Y lo que le perteneció a la iglesia de Corinto, le pertenece a la iglesia de hoy. En ninguna ocasión Pablo o alguno de los apóstoles escribieron para animar a la gente a creer; nunca les dijeron que tuvieran fe. Nuestra necesidad de animar a los creyentes a creer o a tener fe es resultado directo de que la Palabra de Dios ha perdido su realidad en nosotros. ¡Somos creyentes! Cuando nuestros hijos están lejos, no tenemos que decirles: “Acuérdense de continuar respirando“. Ellos seguirán respirando mientras estén vivos. Tampoco tenemos que animar a los creyentes a creer porque esto es lo que son; creyentes. ¿Cuántos de nosotros nos damos cuenta de que nuestras palabras nos dominan? “Te has enlazado con las palabras de tu boca…” (Proverbios 6:2). Otra versión dice: “Vosotros habéis sido tomados cautivos con las palabras de vuestra boca“. Un joven una vez me dijo que nunca fue vencido hasta que confesó que lo era. Un ministro bautista lo puso de esta manera: “Dijiste que no tenías fe y la duda se levantó como un gigante y te ató. Eres aprisionado con tus propias palabras. Tú hablas fracaso y el fracaso te mantiene en cautiverio“.

La derrota y el fracaso no le pertenecen al hijo de Dios. ¡Dios nunca hizo un fracaso! Dios nos hizo nuevas criaturas. No somos nacidos de la voluntad de la carne o del hombre, sino de la voluntad de Dios. Somos creados en Cristo Jesús. Los fracasos son hechos por el hombre. Son hechos por el creer erróneo y el pensar erróneo. 1 Juan 4:4 dice: “Mayor es El que está en ti, que el que está en el mundo“. Aprende a confiar en el que es Mayor que está en ti. Él es más poderoso que cualquiera en el mundo.

¡Dios creó el universo con palabras! Las palabras llenas de fe son las cosas más poderosas del mundo.

La clave para la clase de fe de Dios es creer con el corazón y confesar con la boca.

Nuestros labios pueden hacernos millonarios o mantenernos pobres.

Nuestros labios nos pueden hacernos vencedores o mantenernos cautivos.

Podemos llenar nuestras palabras con fe o podemos llenar nuestras palabras con duda.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que derretirá el corazón más frío, o podemos llenar nuestras palabras con odio y veneno.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que ayudará al desanimado y al de corazón quebrantado, con fe que conmoverá el cielo.

Podemos hacer nuestras palabras respirar la misma atmósfera del cielo.

Nuestra fe nunca se levantará por encima de las palabras de nuestros labios. Jesús dijo a la mujer con el flujo de sangre que su fe la había hecho salva.

Pueden venir pensamientos y persistir en quedarse. Pero si rehusamos poner esos pensamientos en palabras, ¡se mueren sin haber nacido!

Cultiva el hábito de pensar en cosas grandes. Aprende a usar palabras que reaccionarán sobre tu propio espíritu.

Las confesiones de fe crean realidades. La realización sigue a la confesión. La confesión precede a la posesión.

Texto Para Memorizar: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Romanos 10:8).

Tomado y editado del Capítulo 21 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 13

En esta clase aprenderemos la importancia de conocer y confesar los privilegios que tenemos por el hecho de estar en Cristo.

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Lección 13 – La Confesión Del Creyente De Sus Privilegios En Cristo

Textos Bíblicos: 2°Corintios 5:17; Efesios 1:7-8; Hechos 17:28.

Verdad Central: Cuando sabemos lo que somos en Cristo y pensamos de acuerdo con ello; cuando lo creemos y lo confesamos, entonces no pueden haber fracasos para nosotros.

Brevemente tocamos las cinco partes de la confesión en nuestra última lección, pero lo veremos con más detalle en nuestro estudio de hoy para intentar aprender más acerca de lo que debemos confesar. Nuestra confesión se centra alrededor de estas cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de la Palabra y del Espíritu Santo, ha creado para nosotros en el nuevo nacimiento y la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo ahora a la diestra del Padre, donde El vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer a través nuestro, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

Descubriendo Nuestros Privilegios En Cristo.

Como dijimos, la confesión es testificar de algo que nosotros sabemos. Es imposible testificar de algo que no sabemos. Y es lo que sabemos personalmente acerca del Señor Jesucristo y lo que somos en Él lo que cuenta. Primero que nada, lo podemos conocer a Él personalmente. Es de primordial importancia el ser nacido de nuevo. Pero solamente porque alguien ha nacido de nuevo, no significa necesariamente que es un cristiano victorioso. También debe saber quién es él en Cristo Jesús. Cuando sabemos lo que somos en Él y pensamos de acuerdo con ello, lo creemos y lo confesamos, entonces no hay fracaso para nosotros.

Para descubrir lo que somos en Cristo, debemos mirar a la Palabra de Dios. Ve al Nuevo Testamento, especialmente las epístolas escritas a la iglesia y subraya con lápiz rojo cada una de las escrituras que tengan la expresión “en El”, “En Cristo”, y “En Quien“. Aún mejor, toma varias hojas de papel y escribe todas estas escrituras.

En el momento en que las encuentres, empieza a confesar que esto es lo que eres y lo que tienes en Cristo. Si haces esto, yo te garantizo que tu vida será diferente dentro de unos cuantos días.

Ya que ni tiempo, ni espacio nos permiten ver todas estas escrituras aquí, veamos algunas de ellas.

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Nota la expresión “en Cristo“. ¡Qué cosa más revolucionaria es para los creyentes creer y confesar!

Somos nuevas criaturas en Cristo Jesús. No solamente somos pecadores perdonados. No somos débiles, pobres, vacilantes, viviendo con las justas, miembros de iglesia. Somos nuevas criaturas, creados por Dios en Cristo Jesús. Somos nuevas criaturas con la vida de Dios, la naturaleza de Dios y la habilidad de Dios en nosotros.

Siendo un nuevo convertido a la edad de 17 años, nunca tuve los problemas que muchos tienen porque era pronto a decirles a todos, “soy una nueva criatura“. Era pronto a dar testimonio de la gracia salvadera de Jesús en mi vida, dondequiera que iba. Encontré que mientras más hablaba de ello, más real se volvía para mí la nueva creación, porque eso es lo que somos y quienes somos.

Yo era activo en salvar almas predicando en las cárceles, en las calles y trabajando en la iglesia. Mientras estaba parado en la esquina de una calle, un día, un chico que conocía se me acercó y me pidió que le hiciera un favor. “No te pediría que hicieras esto,” me explicó, “pero ya se me ha hecho tarde y le prometí a mi novia que le traería un amigo para su prima, quien ha venido de otra ciudad a visitarla. ¿Vendrías conmigo y me ayudarías a salir de esa dificultad? Te estaré agradecido para siempre, y te prometo que no estaremos más de 30 o 40 minutos, y que no fumaremos, beberemos, ni bailaremos mientras tu estés ahí“. Vacilando un poco fui con él para sacarle de ese aprieto.

Cuando llegamos a la casa de su novia, ella me presentó a su prima. Acabábamos de sentarnos cuando pusieron un disco en el fonógrafo y empezaron a bailar. Cuando la prima de la novia de mi amigo me pidió que bailara, le dije, “no, gracias, yo no bailo“.

Ella me miró como si yo acabara de venir de Marte y me dijo: “¿No bailas? ¿Por qué?” “Porque soy una nueva criatura”, le contesté. “¿Qué quieres decir con que eres una nueva criatura?” Entonces le cité 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Hubo un tiempo cuando yo estaba interesado en cosas como el bailar, pero ahora mi vida es diferente. He sido hecho una nueva criatura en Cristo, con nuevos intereses y nuevos deseos“. Mientras el disco continuaba tocando y la otra pareja bailaba, yo seguí dándole a la chica mi testimonio de fe en Cristo. Las palabras empezaron a golpear su corazón con convicción y empezó a llorar. Cuando el disco terminó, el chico vio lo que estaba pasando. Él se dio la vuelta hacia mí y me dijo, “vámonos“, y me llevó a mi casa.

No importaba donde estuviera; en las cárceles, en las calles, en la escuela o en la iglesia, siempre estaba listo para dar mi testimonio a toda persona con la que tuviera contacto, de que había nacido de nuevo y que era una nueva criatura en Cristo Jesús. Y si confesamos esto, hará una gran diferencia en nuestras vidas. Yo no era tentado por las cosas del mundo porque constantemente confesaba que era una nueva criatura en Cristo Jesús.

Redención De La Maldición De La Ley.

En Efesios 1:7-8 dice: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia”.

Observa las palabras “en quien tenemos redención…“. Qué agradecidos debemos estar porque no estamos tratando de alcanzarla, ya la tenemos. No la tendremos algún día, sino que ya la tenemos. El dominio de Satanás ha sido roto, él perdió su dominio sobre nuestras vidas en el mismo momento en que nos volvimos nuevas criaturas. Recibirnos un nuevo Señor. Jesucristo reina sobre nosotros. Satanás era nuestro Señor, pero ahora Jesús es nuestro Señor (Romanos 10:9 dice, “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor...” o a Jesús como Señor). El dominio de Satanás terminó, el dominio de Jesús empezó en el momento en que lo aceptamos como Señor y nacimos de nuevo.

¿De qué y de quién somos redimidos? Cuando esta pregunta es hecha, mucha gente dice: “Soy redimido del pecado“. Y esa es parte de la respuesta, pero ni siquiera está cerca de ser toda la respuesta. Gálatas 3:13 dice, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)“. Somos redimidos de la maldición de la Ley. Para averiguar qué es la maldición de la ley, debemos regresar a los cinco primeros libros de la Biblia. Ahí vemos que la maldición de la ley o el castigo por quebrantar la Ley de Dios es tripartita: pobreza, enfermedad y la segunda muerte. Dios nos ha redimido de la maldición de la pobreza, de la maldición de la enfermedad, y de la maldición de la muerta; de la muerte espiritual ahora y de la muerte física cuando Jesús venga otra vez. No debemos temer de la muerte segunda.

Hechos 17:28 dice: “Porque en El vivimos, y nos movemos, y somos…”.

¡Qué almacén tan vasto de poder pasamos desapercibido muchas veces! En Él, en Cristo nuestro Salvador y Señor, tenemos vida, energía, fuerza para las tareas imposibles. No dice que podemos hacer estas cosas en nosotros mismos, sino a través de Él, a través de Su poder, porque “en El vivimos, y nos movemos, y somos”.

Liberación Del Poder De Satanás.

Vamos a ver dos escrituras que, aunque no contienen las palabras “en Él”, “en quien” o “en Cristo“, llevan algo del mismo mensaje de lo que tenemos en Él. “Quien (Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y tras al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Este versículo dice que somos libres de la autoridad de las tinieblas, del poder de Satanás.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). La contraparte de este versículo en el Antiguo Testamento se encuentra en Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia“.

Luego en el Nuevo Testamento encontramos, “Qué, pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Podemos tomar esto como un mensaje personal para nosotros. Porque estamos bajo el nuevo pacto, podemos decir, “Gracias a Dios. Él está en nosotros“. Esta es la mejor razón en la que puedo pensar para no tener miedo.

Una mujer me dijo: “Pero no es así en mi vida, yo sé que no lo es“.

Yo le respondí: “Dios dice que es así; tú dices que no. Por lo tanto, o tu o Dios está mintiendo al respecto. Si tú fueras a pararte delante de tu madre y la llamaras mentirosa, te sentirías muy mal, ¿no es así? Entonces, ¿cómo puedes esperar sentirte bien cuando te paras delante de Dios y dices: ‘Tu Palabra no es verdad, no es cierta. Tú eres un mentiroso’? Para remediar esta situación tienes que empezar a confesar que es así, aunque pienses que no es así en tu vida. Entonces se volverá una realidad“.

Tenemos que poner nuestro pensar en línea con la Palabra de Dios, entonces nuestro creer será correcto. Cuando nuestro creer sea correcto, podremos empezar a confesar; decir, afirmar, dar testimonio, testificar, de la Palabra de Dios. Entonces tendremos éxito. ¡Entonces la vida será diferente para nosotros!

Texto Para Memorizar: “Porque en El vivimos, y nos movemos, y somos…” (Hechos 17:18)

Tomado y editado del Capítulo 13 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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Cambiando Tu Destino

Introducción

Marcos 5:25–34
25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,
26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,
27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y toco su manto.
28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.
29 Y enseguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
30 Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?
31 Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta y dices: ¿Quién me ha tocado?
32 Pero él miraba alrededor para ver quien había hecho esto.
33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad
34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote.
Esta es la historia de una mujer cuyo destino estaba escrito.
Era una mujer que tenia una enfermedad que la había empobrecido. Después de doce años de ir a los médicos y comprar todo tipo de medicinas había gastado todo lo que tenia.
Su cuerpo estaba debilitado, había sufrido mucho de muchos médicos y en lugar de mejorar había empeorado.
Era una persona rechazada por la sociedad. La ley decía que cada vez que se presentase delante de gente debía gritar ¡Soy inmunda!, para que la gente se aleje de ella.  El castigo por no hacerlo era el apedreamiento.
Estaba pobre, enferma y sin amigos; su destino era una muerte penosa.
Pero ella en lugar de dejarse morir, tomó ciertos pasos que la llevaron cambiar su destino.
Si tu sigues esos pasos, tu también podrás cambiarlo.
Sigue los siguientes enlaces para conocer los pasos a seguir

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La Alegre Confesión – Parte 1

DEFINIENDO LA CONFESIÓN

Uno de los secretos más grandes que he descubierto en mi vida cristiana es “la alegre confesión”.
¿De qué hablamos cuando estamos diciendo “la alegre confesión”?
Sabemos que mucho se ha hablado acerca de la confesión de fe durante años y como que hay mucha confusión en este tema.
Mucha gente ha hablado de la confesión positiva, y ese punto nunca me ha agradado mucho ya que la gente nos ha acusado de ser metafísicos.
Hace un tiempo coloqué en el facebook  una serie de fotos de un milagro que ocurrió en la ciudad de Mala en la costa peruana mientras tuve la campaña “Cosas buenas pasan en Mala”.
En las fotos se ve como le creció la pierna a un niño de 7 años, que no podía caminar bien porque la tenía más corta que la otra, en la foto final se ve a este niño corriendo.
Una hermana que no veía hace años colocó este comentario: “¿El poder de la fe o el poder de la mente?”
Yo le respondí: “No es el poder de la mente, ¡es el poder de la Palabra de Dios!”.
¡No me gusta el término “confesión positiva”! No le encuentro una base bíblica. El término correcto es  “confesión de la Palabra de Dios”. Que la Palabra de Dios sea siempre positiva eso es otro asunto.
Pero estamos hablando de “la alegre confesión”; ¿que es eso?
Definamos lo que es la palabra confesión en la Biblia.
Veamos lo que dice Romanos 10:8-10 en la Biblia Textual: “Pero ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esto significa la palabra de la fe que predicamos. Si con tu boca confiesas a Jesús como Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación.”
En este pasaje encontramos el término confesión 2 veces; confesión viene de la palabra griega homologeo, que viene de homos que significa “lo mismo” y logeo que significa “decir”; así que podemos definir la confesión como “decir lo mismo.”
Entonces, al confesar la Palabra de Dios estamos diciendo lo mismo que la Palabra de Dios dice.
Mucha gente no entiende este principio y se burla de la gente de fe diciendo que somos los “nombralo y tenlo” sin darse cuenta de que han estado utilizando este principio desde el mismo inicio de su vida cristiana.
Cuando recién conocí al Señor uno de los primeros versos que conocí fue  Filipenses 4:13, que dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
Y escuchaba a todos los creyentes cuando tenían que hacer algo que era difícil para ellos decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. No se daban cuenta que estaban confesando la Palabra de Dios.
Luego  cuando les sucedía algo que no entendían repetían Romanos 8:28, que dice: “A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien.”
Y los escuchaba repetir: “A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien.”
Los creyentes muchas cosas están diciendo las cosas automáticamente sin saber lo que hacen.
Volviendo a nuestro pasaje de Romanos 10:8-10; aquí nos habla acerca del papel de la confesión en nuestra salvación.
Dice en primer lugar que cerca de ti está la Palabra en tu boca y en tu corazón, la Palabra de Dios debe estar en tu boca y en tu corazón.
Debemos guardar la Palabra de Dios en   nuestros corazones para que salga de nuestra boca.
Escuchaba a una muy sabia pastora compartir acerca de Josué 1:8 donde dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”
Decía que el secreto para que todos nos vaya bien no solo era el meditar la Palabra de Dios, sino que según este verso también debíamos hablarla con nuestra boca.
La Palabra de Dios debe estar cerca de nosotros, en nuestra boca y en nuestro corazón.
Ahora hemos definido que la confesión de la Palabra de Dios sencillamente es decir lo mismo que ella dice.

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