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¿Amoldar la mente al mundo o amoldarla a la Palabra de Dios?

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Hoy mucha gente habla de contracultura, el ir en contra de los valores tradicionales de la sociedad, y tomando la malo convirtiéndolo en bueno, y lo bueno en malo.

Desde el aborto hasta la homosexualidad, el callar a los que se levantan en contra de ello, ¿como creyentes debemos asentir y decir amén? ¿Debemos amoldar nuestras mentes a lo que dice el mundo?

Romanos 12:2, en nuestra querida Reina Valera 1960, dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Veamos otras versiones para entender más claramente este pasaje:

(Arcas y Fernández)  No os amoldéis a los criterios de este mundo. Dejaos transformar; renovad vuestro interior de tal manera, que sepáis apreciar lo que Dios quiere, es decir, lo bueno, lo que le es agradable, lo perfecto.

Aquí nos dice que no nos amoldemos a los criterios de este mundo. El mundo tiene sus criterios, lo que ellos llaman “ser politicamente correctos“,  pero como digo siempre: “El cristianismo es políticamente incorrecto“,

Hablaba con una hermana en el Facebook que defendía el matrimonio homosexual entre cristianos y me preguntó: “¿Pero acaso es malo ser gay?” Yo le respondí: “El asunto no es si el ser gay sea bueno o malo, sino que dice la Biblia al respecto.

No debemos amoldar nuestra mente a lo que piensa el mundo sino comprobar en la Palabra de Dios que es lo que dice Dios al respecto.

(Biblia Amplificada) No te conformes con este mundo (esta era), [creado y adaptado a sus costumbres externas, superficiales], sino transfórmate (cambiando) por la [completa] renovación de tu mente [por sus nuevos ideales y su nueva actitud] , para que pruebes [por ti mismo] cuál es la voluntad buena, aceptable y perfecta de Dios, incluso lo que es bueno, aceptable y perfecto [a los ojos de Dios].

El mundo tiene costumbres externas y superficiales, que van en contra de la Palabra de Dios, y son cambiantes. Siempre llegan modas nuevas que nos alejan de Dios.

No debemos conformarnos a ellas, sino transformarnos por medio de la renovación de la mente, y de ese modo comprobar lo que es bueno, agradable y perfecto a los ojos de Dios.

(Nueva Biblia Latinoamericana Hoy)  Y no se adapten (no se conformen) a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable (agradable) y perfecto.

Me gusta esta versión, dice que no nos adaptemos, lo mas fácil es escondernos o enterrar nuestra cabeza como un avestruz y aceptar las cosas que el mundo dice.

El cristiano debe ser radical en su forma de pensar y no dejarse vencer por el mundo y sus criterios, modas y formas de pensar.

(Dios Habla Hoy 2002)  No viváis conforme a los criterios del tiempo presente; por el contrario, cambiad vuestra manera de pensar, para que así cambie vuestra manera de vivir y lleguéis a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.

No vivamos conforme a los criterios del mundo actual, el cristianismo va contra la corriente, es la verdadera contracultura, porque no vive según los criterios del mundo, sino conforme a lo que dice la Palabra de Dios.

Vivimos diferente, pensamos diferente porque llegamos a conocer la voluntad de Dios al pasar tiempo con Su Palabra.

(Palabra de Dios para Todos)  No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios cambie su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán saber lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él.

El mundo tiene su modelo de vida que no es el referente del cristiano, basta con ver los periódicos o pasarse por el Facebook para darse cuenta como piensa y vive el mundo; pero, ese no es nuestro modelo, nuestro modelo es lo que Dios piensa, y Dios se encargó de dejarnos su pensamiento en Su Palabra.

(The Message) No te adaptes tan bien a tu cultura como para que encajes sin siquiera pensar. En cambio, fija tu atención en Dios. Serás cambiado de adentro hacia afuera. Reconoce pronto lo que Él quiere de ti y responde rápidamente. A diferencia de la cultura que te rodea, siempre arrastrándote hacia su nivel de inmadurez, Dios saca lo mejor de ti, desarrolla una madurez bien formada en ti.

Que interesante esta versión; la gente se encaja rápidamente a su cultura sin siquiera pensarlo. Eso tu lo vez en los jóvenes fácilmente, si sale un nuevo tipo de música, todos la escuchan, si se pone de moda un peinado o tipo de ropa todos están iguales. Sin siquiera pensarlo están en medio de ello.

Debemos poner nuestra atención en lo que Dios quiere, lo que Él nos dejo escrito en Su Palabra, y Él nos cambiara de adentro hacia afuera.

Pasemos a otro pasaje Romanos 55:8-11 en la Versión Reina Valera 1960: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié“.

Los pensamientos, la cultura, las modas del mundo, son formas pequeñas de pensar, no llegan a la manera de pensar de Dios, que son pensamientos altos.

Pensemos como Dios piensa, sigamos sus caminos en vez de los nuestros, tomemos Su Palabra y dejemos que produzca su efecto en nosotros, y que sea prosperada en aquello para lo cual la envió, en darnos vida, y vida en abundancia.

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26 Días de Fe – Día 13

En esta clase aprenderemos la importancia de conocer y confesar los privilegios que tenemos por el hecho de estar en Cristo.

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Lección 13 – La Confesión Del Creyente De Sus Privilegios En Cristo

Textos Bíblicos: 2°Corintios 5:17; Efesios 1:7-8; Hechos 17:28.

Verdad Central: Cuando sabemos lo que somos en Cristo y pensamos de acuerdo con ello; cuando lo creemos y lo confesamos, entonces no pueden haber fracasos para nosotros.

Brevemente tocamos las cinco partes de la confesión en nuestra última lección, pero lo veremos con más detalle en nuestro estudio de hoy para intentar aprender más acerca de lo que debemos confesar. Nuestra confesión se centra alrededor de estas cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de la Palabra y del Espíritu Santo, ha creado para nosotros en el nuevo nacimiento y la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo ahora a la diestra del Padre, donde El vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer a través nuestro, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

Descubriendo Nuestros Privilegios En Cristo.

Como dijimos, la confesión es testificar de algo que nosotros sabemos. Es imposible testificar de algo que no sabemos. Y es lo que sabemos personalmente acerca del Señor Jesucristo y lo que somos en Él lo que cuenta. Primero que nada, lo podemos conocer a Él personalmente. Es de primordial importancia el ser nacido de nuevo. Pero solamente porque alguien ha nacido de nuevo, no significa necesariamente que es un cristiano victorioso. También debe saber quién es él en Cristo Jesús. Cuando sabemos lo que somos en Él y pensamos de acuerdo con ello, lo creemos y lo confesamos, entonces no hay fracaso para nosotros.

Para descubrir lo que somos en Cristo, debemos mirar a la Palabra de Dios. Ve al Nuevo Testamento, especialmente las epístolas escritas a la iglesia y subraya con lápiz rojo cada una de las escrituras que tengan la expresión “en El”, “En Cristo”, y “En Quien“. Aún mejor, toma varias hojas de papel y escribe todas estas escrituras.

En el momento en que las encuentres, empieza a confesar que esto es lo que eres y lo que tienes en Cristo. Si haces esto, yo te garantizo que tu vida será diferente dentro de unos cuantos días.

Ya que ni tiempo, ni espacio nos permiten ver todas estas escrituras aquí, veamos algunas de ellas.

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Nota la expresión “en Cristo“. ¡Qué cosa más revolucionaria es para los creyentes creer y confesar!

Somos nuevas criaturas en Cristo Jesús. No solamente somos pecadores perdonados. No somos débiles, pobres, vacilantes, viviendo con las justas, miembros de iglesia. Somos nuevas criaturas, creados por Dios en Cristo Jesús. Somos nuevas criaturas con la vida de Dios, la naturaleza de Dios y la habilidad de Dios en nosotros.

Siendo un nuevo convertido a la edad de 17 años, nunca tuve los problemas que muchos tienen porque era pronto a decirles a todos, “soy una nueva criatura“. Era pronto a dar testimonio de la gracia salvadera de Jesús en mi vida, dondequiera que iba. Encontré que mientras más hablaba de ello, más real se volvía para mí la nueva creación, porque eso es lo que somos y quienes somos.

Yo era activo en salvar almas predicando en las cárceles, en las calles y trabajando en la iglesia. Mientras estaba parado en la esquina de una calle, un día, un chico que conocía se me acercó y me pidió que le hiciera un favor. “No te pediría que hicieras esto,” me explicó, “pero ya se me ha hecho tarde y le prometí a mi novia que le traería un amigo para su prima, quien ha venido de otra ciudad a visitarla. ¿Vendrías conmigo y me ayudarías a salir de esa dificultad? Te estaré agradecido para siempre, y te prometo que no estaremos más de 30 o 40 minutos, y que no fumaremos, beberemos, ni bailaremos mientras tu estés ahí“. Vacilando un poco fui con él para sacarle de ese aprieto.

Cuando llegamos a la casa de su novia, ella me presentó a su prima. Acabábamos de sentarnos cuando pusieron un disco en el fonógrafo y empezaron a bailar. Cuando la prima de la novia de mi amigo me pidió que bailara, le dije, “no, gracias, yo no bailo“.

Ella me miró como si yo acabara de venir de Marte y me dijo: “¿No bailas? ¿Por qué?” “Porque soy una nueva criatura”, le contesté. “¿Qué quieres decir con que eres una nueva criatura?” Entonces le cité 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Hubo un tiempo cuando yo estaba interesado en cosas como el bailar, pero ahora mi vida es diferente. He sido hecho una nueva criatura en Cristo, con nuevos intereses y nuevos deseos“. Mientras el disco continuaba tocando y la otra pareja bailaba, yo seguí dándole a la chica mi testimonio de fe en Cristo. Las palabras empezaron a golpear su corazón con convicción y empezó a llorar. Cuando el disco terminó, el chico vio lo que estaba pasando. Él se dio la vuelta hacia mí y me dijo, “vámonos“, y me llevó a mi casa.

No importaba donde estuviera; en las cárceles, en las calles, en la escuela o en la iglesia, siempre estaba listo para dar mi testimonio a toda persona con la que tuviera contacto, de que había nacido de nuevo y que era una nueva criatura en Cristo Jesús. Y si confesamos esto, hará una gran diferencia en nuestras vidas. Yo no era tentado por las cosas del mundo porque constantemente confesaba que era una nueva criatura en Cristo Jesús.

Redención De La Maldición De La Ley.

En Efesios 1:7-8 dice: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia”.

Observa las palabras “en quien tenemos redención…“. Qué agradecidos debemos estar porque no estamos tratando de alcanzarla, ya la tenemos. No la tendremos algún día, sino que ya la tenemos. El dominio de Satanás ha sido roto, él perdió su dominio sobre nuestras vidas en el mismo momento en que nos volvimos nuevas criaturas. Recibirnos un nuevo Señor. Jesucristo reina sobre nosotros. Satanás era nuestro Señor, pero ahora Jesús es nuestro Señor (Romanos 10:9 dice, “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor...” o a Jesús como Señor). El dominio de Satanás terminó, el dominio de Jesús empezó en el momento en que lo aceptamos como Señor y nacimos de nuevo.

¿De qué y de quién somos redimidos? Cuando esta pregunta es hecha, mucha gente dice: “Soy redimido del pecado“. Y esa es parte de la respuesta, pero ni siquiera está cerca de ser toda la respuesta. Gálatas 3:13 dice, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)“. Somos redimidos de la maldición de la Ley. Para averiguar qué es la maldición de la ley, debemos regresar a los cinco primeros libros de la Biblia. Ahí vemos que la maldición de la ley o el castigo por quebrantar la Ley de Dios es tripartita: pobreza, enfermedad y la segunda muerte. Dios nos ha redimido de la maldición de la pobreza, de la maldición de la enfermedad, y de la maldición de la muerta; de la muerte espiritual ahora y de la muerte física cuando Jesús venga otra vez. No debemos temer de la muerte segunda.

Hechos 17:28 dice: “Porque en El vivimos, y nos movemos, y somos…”.

¡Qué almacén tan vasto de poder pasamos desapercibido muchas veces! En Él, en Cristo nuestro Salvador y Señor, tenemos vida, energía, fuerza para las tareas imposibles. No dice que podemos hacer estas cosas en nosotros mismos, sino a través de Él, a través de Su poder, porque “en El vivimos, y nos movemos, y somos”.

Liberación Del Poder De Satanás.

Vamos a ver dos escrituras que, aunque no contienen las palabras “en Él”, “en quien” o “en Cristo“, llevan algo del mismo mensaje de lo que tenemos en Él. “Quien (Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y tras al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Este versículo dice que somos libres de la autoridad de las tinieblas, del poder de Satanás.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). La contraparte de este versículo en el Antiguo Testamento se encuentra en Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia“.

Luego en el Nuevo Testamento encontramos, “Qué, pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Podemos tomar esto como un mensaje personal para nosotros. Porque estamos bajo el nuevo pacto, podemos decir, “Gracias a Dios. Él está en nosotros“. Esta es la mejor razón en la que puedo pensar para no tener miedo.

Una mujer me dijo: “Pero no es así en mi vida, yo sé que no lo es“.

Yo le respondí: “Dios dice que es así; tú dices que no. Por lo tanto, o tu o Dios está mintiendo al respecto. Si tú fueras a pararte delante de tu madre y la llamaras mentirosa, te sentirías muy mal, ¿no es así? Entonces, ¿cómo puedes esperar sentirte bien cuando te paras delante de Dios y dices: ‘Tu Palabra no es verdad, no es cierta. Tú eres un mentiroso’? Para remediar esta situación tienes que empezar a confesar que es así, aunque pienses que no es así en tu vida. Entonces se volverá una realidad“.

Tenemos que poner nuestro pensar en línea con la Palabra de Dios, entonces nuestro creer será correcto. Cuando nuestro creer sea correcto, podremos empezar a confesar; decir, afirmar, dar testimonio, testificar, de la Palabra de Dios. Entonces tendremos éxito. ¡Entonces la vida será diferente para nosotros!

Texto Para Memorizar: “Porque en El vivimos, y nos movemos, y somos…” (Hechos 17:18)

Tomado y editado del Capítulo 13 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 12

En esta lección veremos como la confesión de la Palabra de Dios edifica nuestra fe, pues declara lo que la Palabra de Dios dice de nosotros.

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Lección 12 – La Confesión De La Palabra de Dios Edifica La Fe

Textos Bíblicos: Marcos 16:15-20; Isaías 41:10; Salmos 119:28,130.

Verdad Central: La confesión es el modo que la fe tiene de expresarse. La confesión de la fe crea realidades.

Siempre es posible saber si una persona está creyendo de forma correcta por lo que dice. Si su confesión es incorrecta, su creer es incorrecto, si su creer es incorrecto, su manera de pensar es incorrecta. Si su pensar es incorrecto, es porque su mente aún no ha sido renovada con la Palabra de Dios. Los tres; creer, pensar, decir, van juntos. Dios nos ha dado Su Palabra para corregir nuestro pensar. Nosotros podemos pensar de acuerdo con la Palabra de Dios.

En nuestros estudios sobre el tema de la confesión hemos tratado con tres tipos de confesión: la confesión de los pecados de los judíos, la confesión del pecador de hoy, y la confesión del creyente que está fuera de comunión con Dios. En esta lección veremos la confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

Como ya lo mencionamos en una de las lecciones previas, siempre que la palabra “confesión” es usada, nosotros instintivamente pensamos en el pecado y en el fracaso. Pero ese es el lado negativo. Eso es importante en su lugar, claro, pero hay un lado positivo y la Biblia tiene mucho más que decir acerca del lado positivo que del negativo.

Las Cinco Partes De La Confesión

Confesar es afirmar algo que creemos. Es testificar de algo que nosotros sabemos. Es dar testimonio de una verdad que nosotros hemos abrazado. Nuestra confesión debe centrarse en cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de Su Palabra y del Espíritu Santo, ha creado en nosotros en el nuevo nacimiento y en la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo por nosotros ahora a la diestra del Padre donde vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer por nosotros, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

La Confesión En Marcha – Predicando La Palabra

Marcos 16:15-20: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas. Tomarán en las manos serpientes y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”.

Dios obra a través de nosotros por su palabra a través de nuestros labios. Jesús dijo, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura“. Esa es la manera en que Dios obra a través nuestro. Nosotros llevamos la Palabra a los perdidos. Si no llevamos la Palabra al mundo, entonces perdemos el tiempo, orando para que Dios haga algo. En otras palabras, sería inútil orar por alguien que está perdido sino le lleváramos también el evangelio de la salvación. Si con solo orar pudiéramos conseguir que la gente se salvara, no tendríamos que mandar misioneros por todo el mundo. Sólo tendríamos que orar para que todos entraran al reino. Sin embargo, el Espíritu Santo obra solamente en conexión con la Palabra.

En obediencia al mandato de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el evangelio, los discípulos fueron predicando la Palabra por todas partes y el Señor trabajó con ellos y confirmó Su Palabra con señales. Dios no hizo nada hasta que los discípulos predicaron la Palabra. Entonces las señales les seguían.

Hablando de las señales que les seguían, éstas no siguen a un individuo, sino que siguen a la Palabra. Di la Palabra y las señales se encargarán de seguirla. Tú no sigues las señales, las señales siguen la Palabra.

En la última iglesia que pastoreé, llegué a preocuparme porque no sucedían muchas señales en mi ministerio. Me encerré a orar por varios días, pidiéndole a Dios por más señales. Finalmente el Señor me habló y dijo: “Tú has estado orando para que yo confirme mi Palabra y hayan señales. Pero todo lo que tienes que hacer es predicar la Palabra y yo la confirmaré. Si tú predicas la Palabra, las señales la seguirán. Si las señales no están sucediendo, entonces no estás predicando la Palabra”.

Yo me sorprendí de esto, pero al examinar más cuidadosamente mi predicación, descubrí que era cierto. Había mezclado mucha tradición y muchas opiniones personales en mis sermones. Y Dios no va a confirmar tradiciones con señales.

A medida que empecé a predicar más de la no diluida, pura Palabra de Dios, comencé a ver que seguían más señales. ¡Mientras más predicaba la Palabra más señales tenía!

Dios se mueve solamente de acuerdo con Su Palabra. Él ha magnificado Su Palabra por encima de Su nombre. Y no podemos esperar recibir ayuda de Dios si nos ponemos en contra de Su Palabra, aunque éste sea un acto inconsciente por nuestra parte. Deberíamos tratar la Palabra de Dios con la misma reverencia que le demostraríamos a Jesús si él estuviera presente en el mundo natural.

La Confesión Dispersa El Temor

Isaías 41:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

¿Has notado alguna vez, al leer la Biblia cuántas veces Dios le dice a Sus hijos “No temas“? Cuando Jairo pidió a Jesús que sanara a su hija, el Señor le dijo, “…no temas. Cree solamente, y será salva” (Lucas 8:50). Cuando Cristo les estaba enseñando a Sus discípulos, les dijo, “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” (Lucas 12:32).

Cuando el Señor se le apareció a Isaac, renovando el pacto que había hecho con su padre Abraham, el Señor le dijo, “…No temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré…” (Génesis 26:24). Si Dios sólo hubiera dicho, “No temas“, y nos hubiera dejado ahí, podríamos decir ‘sí, pero no puedo evitar el tener miedo’, pero El no dijo solamente, “No temas”, también dijo, “Porque yo estoy contigo“. ¿Podemos creer que Él está con nosotros y aún tener miedo? No. Si tenemos miedo, es porque le estamos dudando. “Pero“, alguien podría decir, “yo soy tan débil“. Dios dijo, “Yo te esfuerzo“. “Pero soy tan indefenso“, alguien podría decir. Dios dijo, “Yo te sustentaré“.

Salmos 119:28,130: “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra… La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”.

Es cierto que en nosotros mismos podemos ser débiles e indefensos, cargados de ansiedades y problemas. Pero en nuestra debilidad miramos Su Palabra para recibir fuerzas, porque “La exposición de tus palabras alumbrar hace entender a los simples“.

Nuestra confesión puede ser, “Dios está conmigo“. Podemos decir, “Mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). “…Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Puedes estar enfrentándote a un problema que parece imposible. En vez de hablar acerca de lo imposible que es, míralo a Él, que está dentro de ti y di, “Dios está en mí ahora“. Te encontrarás con que tu confesión de fe hará que Él obre a tu favor. Él se levantará dentro de ti y te dará el éxito. ¡El Maestro de la Creación está en ti! Puedes enfrentarte a la vida sin temor porque sabes que mayor es el que está en ti, que cualquier fuerza que pueda ser organizada en contra tuya. Esta debería ser tu confesión continua.

La Confesión Aumenta La Fe

Sin confesión no hay fe. La confesión es el modo en que la fe se expresa a sí misma. La fe, como el amor, es del corazón, del espíritu. Y sabemos que no hay amor sin palabra o acción.

Con el razonamiento no podemos meter el amor dentro de las personas ni lo podemos sacar tampoco con el razonamiento. Es algo del corazón. Como la fe también es del espíritu o corazón, podemos decir con seguridad que no hay fe sin confesión. La fe crece con la confesión.

La confesión del creyente hace varias cosas en él. Primero, lo ubica. Segundo, arregla las fronteras de su vida. Nunca tendrás más de lo que confiesas.

Marcos 11:2 dice3: “Porque de cierto os digo que CUALQUIERA QUE DIJERE a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino CREYERE QUE SERA HECHO LO QUE DICE, LO QUE DICE LE SERA HECHO”.

Si decimos que no podemos hacer algo, entonces por supuesto no podemos. Pero si decimos que podemos, entonces podemos. De acuerdo con Marcos 11:23, podemos tener cualquier cosa que digamos, o confesemos, sea creencia o incredulidad, éxito o fracaso, enfermedad o salud.

La razón por la que la mayoría de los cristianos, aunque sean sinceros, son débiles, es que nunca se han atrevido a hacer una confesión de lo que son en Cristo. Deberían averiguar cómo los ve Dios y luego confesarlo. Estos privilegios se encuentran mayormente en las epístolas del Nuevo Testamento, ya que fueron escritas a la iglesia. Cuando tú descubras todo lo que Dios tiene para ti, entonces confiesa con confianza lo que la Palabra de Dios declara que eres en Cristo. A medida que hagas esto, tu fe va a abundar.

La razón por la cual tu fe es ahogada y detenida en cautiverio es porque nunca te has atrevido a confesar lo que Dios dice que eres. Recuerda, la fe nunca crece más allá de tu confesión. Tu confesión diaria de lo que el Padre es para ti, de lo que Jesús está haciendo por ti ahora a la diestra del Padre, y de lo que el Espíritu Santo está haciendo en ti edificará una vida sólida de fe positiva.

No tendrás temor de ninguna circunstancia. No tendrás temor de ninguna enfermedad. No le temerás a ninguna situación. Enfrentarás la vida sin temores, serás un vencedor. Y para ser un vencedor, debes confesar que lo eres. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Viendo de nuevo la escritura en Romanos 10:10, vemos en forma de cápsula la Ley de Dios de la fe: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Para conseguir algo de Dios, primero debemos creer en nuestro corazón lo que la Palabra dice. Luego debemos confesar con nuestra boca que es así. Por ejemplo, para ser salvo un hombre debe creer en su corazón y entonces confesar con su boca que Jesús murió por él de acuerdo a las Escrituras, y que fue levantado de los muertos para su justificación. Como resultado, recibirá (o verá) la respuesta a su oración. Creerlo, confesarlo, recibirlo. “…Cualquiera que CREYERE que será hecho lo que DICE, LO QUE DIGA LE SERA HECHO” (Marcos 11:23).

A medida que estudias la Palabra de Dios y aprendes lo que la Palabra dice que eres, quien eres, y lo que tienes en Jesucristo, aunque no te parezca real al principio, empieza a confesar, “Sí, es mío, de acuerdo a la Palabra de Dios“. Entonces averiguarás que la confesión de fe crea realidad.

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Dias de Fe – Día 10

En esta lección empezaremos a definir lo que es la confesión de la Palabra de Dios

Lección 10 – La Confesión: Llave Para Abrir La Fe

Textos Bíblicos: Mateo 3:5-6; Juan 16:7-11; Mateo 10:32-33.

Verdad Central: La confesión del Señorío de Jesucristo es el verdadero corazón del evangelio.

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Muy pocos cristianos se dan cuenta del lugar que la confesión ocupa en el esquema de las cosas de Dios. Y es deplorable el hecho de que cada vez que usamos la palabra “confesión“, invariablemente la gente piensa en la confesión de pecados, debilidades y fracasos. Ese es el lado negativo de la confesión, pero hay un lado positivo. Y la Biblia dice más acerca de los aspectos positivos de la confesión que de los negativos.

El diccionario dice que confesar es “admitir o apropiarse, admitir la fe interna“. Confesar, de acuerdo con el diccionario, significa hacer confesión de las culpas de uno.

Hay cuatro clases de confesiones de las que se habla en el Nuevo Testamento: (1) Las enseñanzas de Juan el Bautista acerca de la confesión de pecados de los judíos; (2) La confesión del pecador de hoy en día; (3) La confesión de Pecados del creyente cuando está fuera de comunión con Dios; y (4) La confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

La Confesión de los Pecados De Los Judíos.

Es importante que sepamos distinguir entre los pecados de los judíos bajo el primer pacto, a quienes Jesús y Juan el Bautista estaban hablando, y los pecados del no creyente de hoy, quien nunca ha conocido a Cristo.

Mateo 3:5-6: “Y salía a él Jerusalén y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán. Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”.

Aquí tenemos un cuadro del pacto de Dios confesando sus pecados y siendo bautizados por Juan. Este no es el bautismo del cristiano. Jesús no había muerto y resucitado. Juan no bautizaba en el nombre del Padre. Esta gente eran judíos bajo la Ley.

La Confesión Del Pecador De Hoy.

Juan 16:7-11: “Pero yo os digo la verdad: Oí; conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere os lo enviaré. Y mando él venga, convencerá el mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mi; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más. Y de juicio, por manto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

Observa las palabras de Jesús en el versículo 9: “De pecado, por cuanto no creen en mí“. Jesús nos muestra que el pecador será convencido por el Espíritu Santo de un solo pecado, y ese es “por cuanto no creen en mí“. Cuántas veces hemos insistido en que el pecador confesara todos los pecados que había cometido para poder ser salvo. Sin embargo, no podía confesar todos los pecados que había cometido. No podía recordar todo lo que había hecho. La principal confesión que el pecador puede hacer es el señorío de Jesús.

En Hechos 19:18 leemos, “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos“. Estos eran gentiles. No dice lo que confesaron, pero es evidente según el versículo siguiente que ellos estaban confesando las artes mágicas que practicaban. “Asimismo, muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos...” (v. 19). No estaban confesando estas cosas para ser salvos, porque ellos ya eran salvos. Las trajeron porque eran salvos. Después de ser salvos, fue más fácil hacerlo. Muchas veces la gente ha tomado la carreta antes que el caballo. Le dicen a la gente que todavía no es salva, “tú vas a tener que dejar esto y vas a tener que renunciar esto o aquello antes que puedas ser salva“. Pero lo más importante es que acepten el señorío de Jesús. Entonces esas cosas se ocuparán de sí mismas.

Había una familia en la última iglesia que pastoreé, en la que la esposa era salva pero el esposo no. Cuando les visité e invité al esposo a venir a la iglesia, me dijo, “no, no quiero ir a la iglesia, porque cuando lo hago me siento incómodo. Me siento bajo culpabilidad. Recientemente esta mañana, mi esposa me preguntó por qué no dejaba esto o aquello para ser salvo. Ella no lo sabe, pero hace semanas que llevo tratando de dejar estas cosas, pero siempre vuelvo a ellas. Lo he intentado, y he fallado. No tiene sentido que yo vaya a la iglesia. Simplemente no puedo vivirlo“.

Aquí hay un ejemplo de confesión al revés. Él estaba tratando de limpiar su vida y dejar todos sus malos hábitos. Estaba tratando de hacerlo por sí mismo para poder alcanzar la salvación. Pero lo que él tenía que hacer era simplemente confesar el señorío de Jesús. “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

El pecador ha servido a Satanás. Es culpable solamente de un pecado ante los ojos de Dios y ése es el rechazar a Jesús como Salvador y Señor. Dios requiere que el pecador confiese el señorío de Jesús. El requerir que el pecador confiese sus pecados antes que Dios pueda hacerle una nueva criatura no tiene más sentido que si el gobernador de un estado le dijera a un convicto en prisión, “yo te absolveré si confiesas que estás en prisión“. Es un hecho autoevidente que está en la cárcel. Del mismo modo es un hecho autoevidente que el pecador es un hijo del diablo. Lo que debe confesar es el señorío de Cristo. Debe estar realmente arrepentido de los pecados del pasado y apartarse de ellos, abandonándolos por completo, y admitiendo su necesidad de un Salvador. Entonces debe permitir que Jesús domine su vida diaria.

Observe también las palabras, “Si confesores con tu boca...”. Tiene que haber una confesión oral. Los labios deben enmarcar las palabras. La confesión no es solamente algo que hacemos para nosotros, sino también para el mundo alrededor nuestro y para Satanás, quien ha gobernado nuestras vidas.

Mientras dirigía una reunión en Dallas, Texas, hace unos cuantos años, varios hombres en la iglesia se me acercaron pidiendo oración por cierto hombre que todavía no era salvo, aunque había estado viniendo a sus reuniones de oración matutinas cinco días por semana, durante seis meses.

Cuando lo conocí unas noches después en un estudio bíblico del sábado por la noche que yo estaba dirigiendo especialmente para los hombres que trabajaban y no podían asistir a nuestras reuniones diurnas, el Señor inmediatamente me habló al corazón y me mostró cual era el problema. Tuvimos algunos testimonios en esta reunión, entonces le pedí a este hombre que se levantara y diera su testimonio. Sorprendido, vaciló y dijo, “¿Por qué? Yo no puedo. Todavía no soy salvo“. Entonces le pedí que buscara en su Biblia Romanos 10:9-10 y leyera estos versículos en voz alta. El leyó, “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación”.

Cuando le pedí que leyera la última frase otra vez, él repitió, “Pero con la boca se confiesa para salvación“.

Yo dije, “Ciertamente usted no puede ser salvo hasta que confiese. Es con la boca que la confesión se hace para salvación, de acuerdo a las escrituras que usted acaba de leer. Ahora póngase en pie y confiese que usted es salvo“.

Pero yo no me siento que soy salvo“, respondió.

Tal vez no“, le dije, “pero usted ha estado viniendo a esta iglesia muy temprano cada mañana por seis meses orando para ser salvo“.

Sí, yo me he arrepentido y he orado, llorado y suplicado a Dios por perdón“, dijo él. “Entonces todo lo que le falta es mantenerse firme en este versículo“, le dije. Entonces, algo vacilante, él se puso en pie y dijo, “Bien, yo creo en estos versículos, que Jesús murió por mis pecados y fue resucitado de los muertos, y que Dios lo levantó para mi justificación. Así que lo tomo como mi Salvador y lo confieso como mi Señor“. Entonces rápidamente se sentó.

Para dirigir la atención lejos de él, llamé a otro hombre para testificar. Varios otros también testificaron.

Mirando de nuevo a aquel hombre noté que su rostro estaba brillando con la gloria de Dios. Me volví a él y le dije, “¿Ahora le gustaría testificar otra vez?”

El saltó sobre sus pies y dijo, “Cuando hice aquella declaración, cuando confesé a Jesús como mi Señor, algo pasó dentro de mí“, y continuó alabando al Señor con gozo.

Yo le dije, “¡Claro que algo le pasó a usted! Vida eterna fue impartida a su espíritu!”

Confesión En Público.

Mateo 10:32-33: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Observe que en estos versículos Jesús establece que nuestra confesión debe ser pública. La confesión pública es realmente el rompimiento con el mundo. Define nuestra posición. Muestra nuestro cambio de señorío. La confesión del señorío de Jesús nos pone inmediatamente bajo supervisión, cuidado y protección. Antes de esto Satanás era nuestro señor, pero ahora Jesús es nuestro Señor. No solamente nos confesamos esto a nosotros mismos y al mundo, sino que se lo confesamos al diablo. De esta manera nos salimos de su sujeción y obtenemos la victoria a través de Jesús.

Texto Para Memorizar: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 9

En esta lección continuamos viendo lo que significa el creer con el corazón; que es sencillamente creer de nuestro espíritu en lugar de creer con nuestra alma o con lo que nos dicen nuestros sentidos físicos.

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Lección 9 – Lo Que Significa Creer Con El Corazón (Parte 2)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:1,6-8; Proverbios 3:5-7.

Verdad Central: Creer con todo el corazón es creer con nuestro espíritu, creer independientemente de nuestra mente o nuestro cuerpo.

Las cosas espirituales son tan reales como las cosas materiales. Dios es una persona tan real como si tuviera cuerpo físico, aunque no lo tiene. Él es Espíritu. Jesús tiene un cuerpo físico ahora, un cuerpo de carne y hueso, pero no carne y sangre. Después de la resurrección, se apareció a sus discípulos, y ellos pensaron que era un espíritu (o un fantasma). Jesús les dijo. “…palpad y ved…porque un espíritu no tiene carne ni huesos…” (Lucas 24:39).

En otra ocasión mientras Pedro y algunos de los otros discípulos estaban pescando, ellos vieron a Jesús en la ribera. Él los llamó, y ellos fueron donde estaba y comieron con Él el pescado que había cocinado en el fuego. Así que Él tiene un cuerpo físico ahora, un cuerpo de carne y hueso, resucitado. Y Jesús, quien está ahora en el cielo con su cuerpo físico, no es más real que el Espíritu Santo o que Dios el Padre.

Observa que no decimos que Dios es espíritu, pero sí que es un Espíritu. Algunos piensan que Dios es espíritu, tomándolo como cierta influencia impersonal. Aunque decimos que Dios es un Espíritu, eso no quiere decir que no tenga una figura o forma en el terreno espiritual, porque sí lo tiene. Los ángeles son espíritus, aun así los ángeles tienen forma o un cuerpo espiritual.

En una ocasión cuando los israelitas habían sido sitiados por el ejército sirio, el sirviente del profeta Eliseo estaba lleno de temor al ver las huestes enemigas de caballos y carros, rodeando la ciudad. Eliseo simplemente le dijo: “No temas: Porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos. Y Eliseo oró, y dijo, Señor abre sus ojos, para que él pueda ver. Y el Señor abrió los ojos del joven y él vio: y, he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo“. (2 Reyes 6:16-17). Algunas veces, según Dios lo quiera, ángeles pueden tomar una forma en el terreno material donde pueden ser vistos.

En Éxodo 33 leemos que Dios habló con Moisés “cara a cara” (versículo 11), aunque Moisés no vio la cara de Dios porque había una nube. “No podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre, y vivirá” (v. 20). Entonces le dijo Dios a Moisés: “Y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano y verás mis espaldas, mas no se verá mi rostro“. Aunque Dios es un Espíritu, nosotros sabemos que tiene rostro y manos; algún tipo de forma, Él no es menos real por ser un Espíritu, de lo que sería si tuviera un cuerpo físico. Las cosas espirituales son tan reales como las materiales.

2 Corintios 5:1,6-8 dice: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciera, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos… Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor. (Porque por fe andamos, no por vista). Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes en el Señor”.

Cuando nuestro cuerpo es puesto en la tumba, todavía tenemos un edificio de Dios, no hecho de manos y viviremos eternamente en los cielos. ¿Quién estará ausente del cuerpo? Nosotros; el hombre real, el hombre interior.

En 1 Pedro 3:4 nuestro espíritu es llamado “el interno, el del corazón“. Aquí vemos la palabra “corazón” otra vez. El hombre interior, nuestro espíritu, es llamado el interno. Él es un hombre del corazón, del espíritu. Es interno del hombre físico o natural. En Romanos 7:22 el espíritu es llamado el “hombre interior” (“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios“). Así que este “hombre interior” cómo el “hombre interno” nos dan la definición de Dios del espíritu humano.

El hombre real es espíritu, tiene un cuerpo y un alma. Con su espíritu hace contacto con el mundo espiritual. Con el alma hace contacto con el área intelectual. No podemos hacer contacto con Dios con nuestra mente. Tampoco podemos tener contacto con Dios con nuestro cuerpo. Podemos tener contacto con Dios solamente con nuestro espíritu.

La Palabra De Dios – Llave Para La Fe Del Corazón

Cuando oímos la Palabra de Dios predicada, la oímos con nuestra mente natural (Antes de ser cristianos, el Espíritu Santo, a través de la Palabra, habló a nuestro corazón o nuestro espíritu). Leemos en 1 Corintios 2:14, “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios…”. Una traducción dice: “El hombre natural o la mente natural no puede entender las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son tontería. Tampoco puede saberlas porque son discernidas espiritualmente“.

No entendemos la Biblia con la mente, la entendemos espiritualmente. La entendemos con el espíritu o corazón. Esta es la razón por la que podemos leer ciertos pasajes docenas de veces y no entender su significado verdadero. Luego un día de repente vemos lo que Dios nos está mostrando a través de Su Palabra. Es en ese momento que lo entendemos con el corazón. Tenemos que tener la revelación de la Palabra de Dios en nuestro corazón. Por eso, tenemos que depender del Espíritu de Dios para que nos abra y nos descubra el velo de la Palabra.

Por lo tanto, creer con el corazón significa creer con el espíritu. ¿Cómo es que nuestro espíritu alcanza fe que nuestro intelecto no puede obtener? La respuesta es: a través de la Palabra. Cuando Jesús dijo: “…No sólo de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4), estaba hablando de alimento espiritual. El usó un término natural para enseñar un pensamiento espiritual. Nuestros espíritus se llenan de seguridad y confianza a medida que meditamos en la Palabra. La Palabra es el alimento del espíritu y de la fe. La Palabra de Dios es el alimento que fortalece nuestros espíritus.

Creer con el corazón significa creer sin tomar en cuenta lo que nuestro cuerpo físico nos pueda decir o lo que nuestros sentidos físicos puedan indicar. Esto es porque el hombre físico cree lo que ve con sus ojos físicos o lo que oye con sus oídos físicos, o lo que su sentir físico le diga. Pero el espíritu, o corazón, cree en la Palabra sin prestar atención a lo visto, oído o sentido.

Proverbios 3:5-7 dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal”.

La mayoría practica el versículo 5, pero lo hace al revés. Ellos se fían de toda su prudencia y no se apoyan en su propio corazón. Santiago 1:19 dice: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse“. Este es otro versículo que estamos inclinados a practicar al revés. Somos prontos a hablar, prontos para airarnos, pero tardos para escuchar.

Luego el versículo 6 en el pasaje de escritura mencionado anteriormente dice: “No seas sabio en tu propia opinión“. En otras palabras: “No seas sabio con conocimiento humano natural, el cual te hará actuar independientemente de la Palabra de Dios“.

En el Nuevo Testamento encontramos la contraparte de esta escritura. “Porque las armas de nuestra milicia no son camales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos (razonamientos) y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4-5).

Paz – Un Resultado De La Fe Del Corazón

Si queremos andar por fe, la Palabra debe estar por encima de cualquier otra cosa. Y mientras confiamos en Dios con todo nuestro corazón, una tranquilidad y paz vienen a nuestro espíritu. “Pero los que hemos creído entramos en el reposo…” (Hebreos 4:3). “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Sabemos en nuestro espíritu que todo lo que necesitamos será suplido. No nos preocupamos. No tenemos ansiedad. Si nos estamos preocupando, entonces no estamos creyendo. Nuestro corazón se llena de valor al leer la Palabra. A medida que vamos meditando en esta Palabra, nuestra seguridad se hace más profunda. Esta seguridad en nuestro espíritu es independiente de nuestro razonamiento humano o evidencia física. Pero creer en Dios con el corazón significa creer aparte de nuestro cuerpo.

La doctora Lilian Yeomans dijo: “Dios se deleita cuando Sus hijos atraviesan el doloroso vacío sin nada más debajo de sus pies que la Palabra de Dios“.

La razón por la que muchas personas son vencidas es que lo aceptan. Pero la Palabra de Dios dice: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). El Espíritu Santo se levanta dentro de nosotros y sabemos que no podemos ser vencidos. ¡Nosotros sabemos porque creemos!

Texto Para Memorizar: “Fíate de Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).

Tomado y editado del Capítulo 9 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 7

En esta lección veremos como la fe es contraria a lo que dicen nuestros sentido físicos. Mucha gente guía su vida por como se siente, por lo que puede ver, oír, tocar, pero como creyentes nos guiamos por lo que dice la Palabra de Dios. La fe que recibe de Dios no se basa en lo que sentimos sino en lo que creemos.

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Lección 7 – La Fe contra los Sentimientos

Textos Bíblicos: Juan 20:24-29; 2°Corintios 5:17.

Verdad Central: Una fórmula para la fe es: (1) Encuentra una promesa en la Palabra de Dios para cualquier cosa que estés buscando, (2) Cree la Palabra de Dios, (3) No consideres las circunstancias contradictorias, y (4) Alaba al Señor por la respuesta.

El amado hombre de fe, Smith Wigglesworth, dijo en cierta ocasión: “No puedo entender a Dios a través de mis sentimientos. No puedo entender a Dios el Padre y a Jesucristo a través de mis sentimientos. Solamente puedo entender a Dios el Padre y a Jesucristo a través de lo que la Palabra de Dios dice acerca de ellos. Dios es todo lo que la Palabra dice que es. Necesitamos conocerlo a través de la Palabra“. Muchísimas veces muchos tratan de conocer a Dios a través de sentimientos personales. Cuando se sienten bien, piensan que Dios ha escuchado sus oraciones. Si no se sienten particularmente bien, piensan que Él no les ha escuchado. Su fe está basada en sus sentimientos cuando debería estar basada en la Palabra de Dios.

Una Fe Cómo la de Tomás

En Juan 20:24-29 dice: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron”.

Tomás era alguien que basaba su fe en sus sentimientos, en lo que sus sentidos le decían. Él dijo que no creería a menos que pudiera ver con sus propios ojos la señal de los clavos en las manos de Jesús, y tocarlas con sus propias manos. El confiaba en lo que podía ver y tocar, no en lo que Dios tenía que decirle. Tenemos muchos “cristianos como Tomás” hoy día, aquellos que creen solamente lo que sienten, ven, oyen o tocan. Pero la fe real en Dios está basada en la Palabra de Dios. La fe verdadera en la Palabra dice: “Si Dios dice que es verdad, lo es“. Creer en Dios es creer en Su Palabra. Si la Palabra de Dios dice que Él me oye, entonces yo sé que me oye porque Él lo dice y Su Palabra no puede mentir.

Si tu fe está basada en sentimientos, entonces estás usando una fe humana natural. No podemos obtener resultados con la fe humana natural. Tenemos que usar la fe de las escrituras, la fe de la Biblia, creyendo en la Palabra de Dios.

En cierta ocasión oré por una señora, quien había estado en muchas filas de sanidad, y nunca había recibido su sanidad. Después de orar por ella, me dijo inmediatamente: “Todavía no la tengo, ore otra vez“. Oré otra vez y cuando terminé, dijo lo mismo. Después de orar por tercera vez al parecer sin resultados, le pregunté: “¿Cuándo vas a empezar a creer que estás curada?

Bueno“, me dijo ella, “cuando esté sana“. “¿Para qué quieres creerlo entonces? Me parece que entonces ya lo sabrás“, le dije.

Cualquiera puede creer lo que puede sentir, oír o ver. Nosotros vivimos y operamos en el reino físico la mayor parte del tiempo y obviamente entonces tenemos que caminar por la vista. Pero cuando se trata de las cosas de la Biblia, de las cosas espirituales, entonces no andamos por vista; andamos por fe.

La Sanidad es Espiritual

La sanidad de Dios es una sanidad espiritual. Si la ciencia médica sana, sana a través de lo físico. La Ciencia Cristiana sana a través de la mente. Pero cuando Dios sana, sana a través del espíritu.

En 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La sanidad espiritual, o sanidad divina, se recibe de Dios de la misma manera que el nuevo nacimiento, el cual es un renacimiento del espíritu. Cuando naces de nuevo, no es tu cuerpo el que nace de nuevo, porque todavía tienes el mismo cuerpo que siempre has tenido. Cuando Pablo dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”, él no se estaba refiriendo al cuerpo del hombre hecho nuevo. El nuevo nacimiento no cambia lo físico de ninguna manera. Por supuesto  que después de ser salvo, el hombre interior domina al hombre físico, pero es el hombre de adentro, el hombre interior el que nace de nuevo.

El nuevo nacimiento es el renacimiento del espíritu humano. Jesús dijo “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Lo que ha sucedido en el interior de la persona, no puede verse inmediatamente, ya que toma lugar en el espíritu humano. Pero a medida que la persona camina en la luz de lo que tiene, con el transcurso del tiempo se volverá evidente.

Hemos estado equivocados muchas veces cuando hemos visto a personas venir al altar, orar, llorar, saltar y abrazar a todos a su alrededor, actuando muy felices. Después no se les vuelve a ver más. Realmente pensamos que habían recibido algo maravilloso de Dios. Pero era solamente algo emocional, y no el nuevo nacimiento. Otras veces hemos visto a gente venir al altar por salvación, que no han demostrado emoción alguna, y nos hemos preguntado si habían recibido algo del Señor. Pensamos que no habían estado en el altar el tiempo suficiente para recibir algo. Sin embargo, muchos de estos se vuelven cristianos sobresalientes durante toda su vida. Este es otro ejemplo de fe basada en los sentidos físicos.

Yo creo en los sentimientos, pero los pongo en último lugar. La Palabra de Dios viene primero, la fe en la Palabra de Dios en segundo lugar, y los sentimientos al último. Muchísimas personas lo hacen al revés y ponen los sentimientos primero, la fe en sus sentimientos segundo, y la Palabra de Dios al final. Esta gente nunca va a tener éxito en nada.

Al andar en el ámbito natural, tenemos que guiarnos por nuestros sentidos físicos (Por ejemplo, si estamos cruzando la calle y nuestros ojos nos dicen que vienen autos, tenemos que esperar hasta que los autos pasen). Pero lo que mucha gente trata de hacer es creer en Dios con esa fe física o natural, y si sus sentidos físicos les dicen que no es así, entonces creen que no es así. Pero nuestros sentimientos físicos no tienen nada que ver con la Biblia. La Palabra de Dios es la verdad, no importa lo que nuestros sentimientos o las circunstancias nos digan. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu Palabra en los cielos” (Salmos 119:89).

Fórmula Para la Fe

Aquí hay una fórmula de fe que puedes hacer que obre resultado para ti. Primero, ten la Palabra de Dios para cualquier cosa que estés buscando; segundo, cree la Palabra de Dios; tercero, rehúsa considerar las circunstancias contrarias, o lo que tus sentidos físicos te puedan decir acerca de eso; y cuarto, agradece a Dios por la respuesta. Sigue estos cuatro pasos, y siempre obtendrás resultados. Estos son cuatro pasos seguros para liberación, sanidad, oraciones respondidas o cualquier cosa que estés buscando del Señor.

Texto Para Memorizar: “Para siempre, Oh Jehová, permanece tu Palabra en los cielos” (Salmos 119:89).

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26 Días de Fe – Día 4

En la lección de hoy veremos “La fe ve la respuesta” Durante años he visto un problema en la iglesia y es que la gente pone sus ojos en el problema, en las imposibilidades, en las circunstancias negativas, cuando deberían colocarla en la Palabra de Dios. Ahí encontramos la respuesta nuestras dificultades, en la Palabra de Dios

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Lección 4 – La Fe Ve La Respuesta

Textos Bíblicos: Proverbios 4:20-22; Hebreos 13:5-6; 4:14; Marcos 11:23

Verdad Central: Mirando continuamente a la Palabra, la fe ve la respuesta.

En nuestras lecciones anteriores sobre la fe, hemos estado aprendiendo que la fe no es algo que nosotros tenemos sino algo que hacemos. Hemos visto que la fe no es esperar que veremos la respuesta en el futuro. La fe es creer que tenemos la respuesta ahora. Los ojos de la fe ven la respuesta como si ya hubiera sucedido.

En Proverbios 4:20-22 dice: “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que la hallan, y medicina a todo su cuerpo”.

Observa que esta escritura dice: “No se aparten (mis palabras) de tus ojos…“. Mucha gente fracasa porque se ven a sí mismos fracasar. Si están enfermos, piensan de sí mismos como si estuvieran muriéndose. La Palabra de Dios dice: “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias“. (Mateo 8:17). Si esa Palabra no se aparta de tus ojos, tendrás que verte a ti mismo sin enfermedades. Sin embargo, si no te ves a ti mismo como si estuvieras sano, entonces esa Palabra se ha apartado de tus ojos. Y aunque Él quiera hacer de la salud una realidad en tu vida, no puede porque tú no estás actuando en Su Palabra.

Observa también en el versículo 22, “Porque (mis palabras) son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”. La palabra hebrea traducida “medicina” aquí es también la palabra salud. En otras palabras: “Mis palabras son salud a todo su cuerpo“. Los primeros dos versículos de este pasaje nos dan las instrucciones para tomar la medicina de Dios. ¿Cuáles son estas instrucciones? (“Está atento” o estudia la Palabra de Dios, y obedece esta Palabra, “guárdala en medio de tu corazón“)

¿Y cuál es la medicina de Dios? “Mis palabras son vida a los que las hallan y medicina a todo su cuerpo“. Pero la medicina debe ser tomada según las instrucciones para que tenga resultado, y una de las instrucciones es: “No se aparten (mis palabras) de tus ojos“. Mantente mirando a lo que la Palabra dice.

Muchísimas personas oran y oran, pero nunca se ven a sí mismas con la respuesta. Lo ven todo peor. Se mantienen mirando a lo incorrecto – a los síntomas, a las condiciones, a sí mismos – así que caminan en incredulidad y destruyen los efectos de su oración. Pon tu mente en la respuesta. Mírate a ti mismo como si ya hubieras recibido. Constantemente afirma, aun frente a la evidencia contradictoria, que Dios ha escuchado tu oración porque la Palabra así lo dice. Entonces verás resultados.

Debemos creer que lo tienes antes de que lo puedas recibir. “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). El creer viene antes del recibir.

Hay algunos que dicen: “No voy a creer nada que no pueda ver“. Pero en lo natural creemos un montón de cosas que no podemos ver. El mundo entero se alarmó cuando iban a explotar las bombas atómicas dejando salir material radioactiva dentro de la atmósfera. No lo puedes sentir, pero aun así es un poder destructivo.

La Fe Contradice A Las Circunstancias

Hebreos 13:5-6 dice: “Porque Él dijo: no te desampararé, ni te dejaré. De manera que podemos decir confiadamente: el Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”.

¿Estamos diciendo confiadamente que el Señor es nuestro ayudador? Esto es lo que deberíamos estar diciendo. “Bueno, oren por mí. Me siento como si el Señor me hubiera desamparado“, lloraba una pobre hermana. Sin embargo Dios dijo: “No te desampararé, ni te dejaré“. “No sé si podré o no, espero poder lograrlo. Oren por mí para que pueda mantenerme fiel hasta el final“, es una petición muy familiar en las reuniones de oración y testimonios. Pero eso no fue lo que Dios nos dijo que dijéramos confiadamente.

Muchísima gente está diciendo confiadamente: “Estoy abatida, estoy derrotada. El diablo me tiene atada“. Pero en ninguna parte de la Biblia encontramos nosotros que Dios nos dijo que dijéramos confiadamente eso. Dios dijo: “No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador“.

Dejemos de decir lo incorrecto y empecemos a decir lo correcto. Di que el Señor es tu ayudador. Di que el Señor es tu sanador. Di que el Señor tomó tus enfermedades y sufrió tus dolores. Debes mantenerte hablando lo correcto. Debes mantenerte creyendo lo correcto.

Lo que abate a las personas es simplemente el pensar lo incorrecto, el creer lo incorrecto y el hablar lo incorrecto. El diablo no te puede derrotar porque Jesús ya ha derrotado al diablo por ti. Satanás no te vence, tú te vences a ti mismo. O si lo hace es porque tú se lo permites. Es un consentimiento de ignorancia. Dios nos ha dado Su Palabra para que nos dirija de manera que nuestro creer sea correcto. Y si nuestro pensar es correcto y nuestro creer es correcto, entonces nuestro hablar será correcto. “El Señor es mi ayudador“. “El Señor es mi fortaleza“.

La Fe ‘Dice’ La Respuesta

La fe verdadera en la Palabra dice que si Dios dice que es así, entonces así es. Si Él dice que “Por cuya herida fuisteis sanados” (1°Pedro 2:24), entonces somos sanos. Si Él dice que, “Mi Dios suplirá todas vuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19), entonces Él lo hace. Si la Palabra dice: “El Señor es la fortaleza de mi vida” (Salmos 27:1), entonces lo es. En otras palabras, la fe verdadera en Dios simplemente dice de uno lo que la Palabra dice. Tenemos lo que la Palabra dice. Somos lo que la Palabra dice que somos. Si Dios dice que somos fuertes, entonces lo somos. Si Él dice que tiene cuidado de mí, entonces es así.

Hebreos 4:14 dice: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión”.

Como Jesús es nuestro sumo sacerdote y está sentado a la diestra de Dios en el cielo, haciendo intercesión por nosotros, podemos tener las respuestas a nuestras peticiones ahora mismo. Buscando la palabra griega aquí traducida “profesión” me enteré que debería decir: “Retengamos el decir las mismas cosas“.

Jesús está en el cielo, representándonos ante el trono de Dios. Él está diciendo, “Yo tomé su lugar, o morí por y ellos como su sustituto“. Jesús no murió por sí mismo. No necesitaba redimirse a sí mismo porque no estaba perdido. Él murió por nosotros. Él se volvió nuestro sustituto. El tomó nuestros pecados, tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias. Él murió por nosotros, se levantó de los muertos por nosotros, y ascendió a los cielos por nosotros. Él está allá arriba ahora diciendo: “Yo hice eso por ellos,” y nosotros debemos mantenernos diciendo las mismas cosas aquí abajo.

Marcos 11:23 dice: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

No es solamente un asunto de fe saliendo de tu corazón hacia Dios, sin que tú digas nada. Eso no obrará resultado. En ninguna parte de la Biblia leemos que eso es lo que debemos hacer. La fe mantenida en el corazón solamente, nunca traerá sanidad a tu cuerpo o la plenitud del Espíritu Santo, o una respuesta a la oración. Pero la fe en tu corazón, que es soltada a través de tus labios, traerá resultados.

Texto para Memorizar: “No se aparten (mis palabras) de tus ojos…” (Proverbios 4:21).

Tomado y editado del Capítulo 3 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

Lee también:

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26 Días de Fe – Día 2

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(Lecciones 1-10) Curso Avanzado de la Biblia – E. W. Kenyon

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E W Kenyon fue un gran maestro de la Biblia, fue pastor bautista y abrió varias Escuelas Bíblicas. Su influencia fue tal es que es considerado el padre de la doctrina de las Asambleas de Dios.

Recientemente empecé a traducir su libro Advanced Bible Course (Curso Avanzado de la Biblia) y empece a publicar las clases en mi blog La Palabra de Fe.

Este estudio es espectacular como para darlo en una escuela dominical, grupo de estudios o grupo celular, ya que no solo viene la clase sino una serie de preguntas que pueden ser discutidas al final.

Aquí te dejo los enlaces de las 10 primeras clases:

  1. LA INTEGRIDAD DE LA PALABRA
  2. LA PALABRA PREVALENTE
  3. ACTUANDO LA PALABRA
  4. LO QUE LA IGLESIA HA FALLADO EN VER
  5. LA PALABRA VIVIENDO EN NOSOTROS
  6. LA REALIDAD DE LA REDENCIÓN
  7. NUESTRO SÓLIDO FRENTE
  8. LA LEY DE LA PROSPERIDAD
  9. LA MENTE DIRIGIDA POR LOS SENTIDOS
  10. LA VICTORIA TRIPLE DE JESÚS SOBRE SATANÁS

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Estudio Bíblico: 5 Cosas Que Debemos Confesar

En esta entrada veremos 5 cosas que debemos confesar.

Esta es la segunda parte de nuestro estudio acerca de la confesión de fe

En esta estudio compartiremos  5 lecciones en las que veremos las cosas que debemos confesar.

 

También vas a querer ver:

Estudio Bíblico Acerca de la Oración

Estudio Bíblico Acerca de la Fe – Primera Parte

Estudio Bíblico: Lo Que es la Fe – Segunda Parte

Estudio Biblico: La Confesión de la Palabra de Dios

 

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Estudio Biblico: La Confesión de la Palabra de Dios

En esta ocasión voy a compartir una serie de enseñanzas acerca de la confesión de la Palabra de Dios.

Los animo a seguir los enlaces e ir a cada una de las enseñanzas para que puedan comprender lo que es la confesión de la Palabra de Dios

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