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El Pacto de Sangre – Capítulo 3

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Capítulo 3

El pacto en África

Una ilustración de Henry Stanley podría ayudarnos a entender el significado del pacto.

Cuando Stanley estaba buscando a Livingstone, contactó con una poderosa tribu africana. Eran agresivos y guerreros, y Stanley no estaba en condición de luchar contra ellos. Finalmente, el intérprete de Stanley preguntó por qué simplemente no hacía un pacto con ellos. Le dijeron que eso conllevaba beber la sangre el uno del otro. A Stanley no le agradaba mucho una práctica así, pero sus circunstancias seguían empeorando hasta que finalmente el intérprete le volvió a preguntar una vez más por qué no cortaba el pacto con el jefe de la tribu.

Cuando Stanley preguntó cuáles serían los resultados de hacer un pacto así, el intérprete le respondió: “Todo lo que tiene el jefe será tuyo si lo necesitas”.

Esto llamó la atención de Stanley, y decidió investigar más.

Tras varios días de negociaciones, Stanley y el jefe llegaron al pacto. Primero hubo una consulta en la que el jefe le preguntó a Stanley cuáles eran sus motivos y su posición, así como su capacidad para cumplir el pacto. Después, hubo un intercambio de regalos. El jefe quería la cabra blanca de Stanley. Stanley había tenido una salud delicada, y la leche de cabra era lo único que podía tomar para alimentarse, así que fue muy difícil para él tener que entregarla, pero el jefe era insistente. Finalmente, Stanley le entregó la cabra, y el jefe le ofreció a cambio su gran lanza de cobre de más de dos metros. Stanley supuso que había salido perdiendo en el intercambio, pero más adelante descubrió que dondequiera que iba en África con esa lanza, todos se postraban y se sometían a él.

Después el jefe trajo a uno de sus príncipes. De igual forma, Stanley trajo a uno de sus hombres de Inglaterra. Un sacerdote avanzó con una copa de vino, hizo una incisión en la muñeca del príncipe y dejó que unas gotas de su sangre cayeran en la copa de vino. De igual modo, hizo una incisión en la muñeca del joven inglés y dejó que unas gotas de su sangre cayeran en el cáliz. Removió el vino, mezclándolo con la sangre. El sacerdote le entregó la copa al inglés, quien bebió una parte. Después se la entregó al príncipe, el cual se terminó lo que quedaba. Después, los dos hombres juntaron sus muñecas para mezclar sus sangres.

Ahora, se habían convertido en hermanos de sangre. Esos dos hombres sirvieron como sustitutos, pero habían atado a Stanley y al jefe de la tribu, así como a los hombres de Stanley y a los soldados del jefe, en una hermandad de sangre que sería indisoluble.

Frotaron con pólvora sus heridas para que quedara una marca negra al cicatrizar, indicando con ello a todo el que los viera que eran hombres de pacto. Esas heridas servían como una tarjeta de visita de su pacto.

Finalmente, se plantaron árboles que eran conocidos por su larga vida.

El monumento conmemorativo

Parece que siempre que se celebra un pacto de sangre en un país donde crecen árboles, se realiza algún tipo de ceremonia de plantación. A menudo, se les llama “árboles del pacto”.

En lugares donde no crecen árboles, se suele alzar una montaña de piedras o un monumento para recordar tanto a las partes implicadas en el pacto como a todos sus descendientes su contrato indisoluble.

Cuando Abraham y Abimelec hicieron un pacto, Abraham apartó siete corderas.

Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos pacto. Entonces puso Abraham siete corderas del rebaño aparte. Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has puesto aparte? Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo. (Génesis 21:27–30)

Estas corderas eran el monumento conmemorativo. Al crecer y reproducirse, los rebaños serían un recordatorio continuo del pacto que habían cortado estos dos hombres.

Después de plantar los árboles en la ceremonia del corte del pacto entre Stanley y el jefe, el jefe dio un paso al frente y gritó: “Vengan, compren y vendan con Stanley, porque es nuestro hermano de sangre”.

Unas horas antes, los hombres de Stanley habían estado en un continuo estado de alerta para proteger sus balas de prendas de algodón y baratijas de los miembros de la tribu. Ahora, Stanley pudo abrir las balas y dejarlas en la calle sin protección alguna, ya que nadie las tocaría. Si alguien decidiera robarle algo a Stanley, ahora un hermano de sangre, tal delito traería con él la pena de muerte.

Ahora, el jefe haría cualquier cosa por su nuevo hermano. Stanley no llegó a entender del todo lo sagrado que era ese pacto. Incluso años después, aún seguía dándole vueltas. En el momento que se solemniza un pacto de sangre, todo lo que cada una de las partes del pacto posee en el mundo queda a disposición de su hermano de sangre. Al mismo tiempo, este hermano nunca pediría nada a menos que se viese absolutamente forzado a necesitarlo.

Algunas de las historias más bellas que conozco en el mundo son historias de hermanos de pacto de sangre.

Maldiciones y bendiciones

Hay un detalle importante que no he incluido en el relato de esta ceremonia. En el momento en que los dos sustitutos bebieron de la copa que contenía la sangre del otro, un sacerdote procedió a anunciar las maldiciones más horribles que Stanley jamás había oído, maldiciones que le ocurrirían a cualquiera de las partes que rompiera el pacto.

Cuando Moisés repartió la tierra a las diferentes tribus de Israel, les hizo ver las montañas de bendiciones y de maldiciones que recaerían sobre ellos si dejaban de permanecer en su pacto con Dios (véase Deuteronomio 11:27). Entonces Dios proclamó que cada año tenían que pronunciar las bendiciones desde el monte Gerizim y las maldiciones desde el monte Ebal (véase Deuteronomio 11:29).

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