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El Pacto de Sangre – Capítulo 13

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Capítulo 13

Tres grandes palabras

Remisión

Esta es una de las grandes palabras del nuevo pacto. Es limpiar algo de tal forma como si nunca hubiera ocurrido. Cuando se disuelve un ejército, queda remitido, deja de existir. Cuando Dios remite nuestros pecados, también son borrados, como si nunca hubieran sucedido.

La palabra remisión nunca se usa en las Escrituras a menos que sea en conexión con el nuevo nacimiento. Al convertirnos y hacernos cristianos, nuestros pecados fueron perdonados sobre la base de nuestra relación con Cristo y su intercesión por nosotros. Cuando acudimos a Cristo como pecadores, le aceptamos como Salvador y le confesamos como Señor, todos los pecados que hubiéramos cometido son borrados. En el nuevo nacimiento, todo lo que habíamos sido deja de ser y se produce una nueva creación en lugar de la antigua.

La palabra para remisión se traduce siete veces en las Epístolas como “perdón” o “redención”. En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. (Efesios 1:7, énfasis añadido)

Podemos encontrar casos similares en Lucas 24:47, Hechos 2:38; 26:18 y Colosenses 1:13–14.

La remisión de nuestros pecados toma el lugar del chivo expiatorio que desaparecía con los pecados de Israel una vez al año bajo el antiguo pacto.

Gracias a la sangre de Cristo, nuestros pecados son remitidos, y nosotros somos recreados.

Perdón

Perdón es una palabra de relación. Ahora estoy hablando desde el punto de vista de un nuevo pacto.

Cuando el pecador acepta a Cristo como Salvador, su espíritu es recreado y sus pecados son remitidos, pero si se es ignorante, se puede permanecer con una conciencia de pecado. Sobre la base de su relación como hijo de Dios, y sobre la base del ministerio de Jesús a la diestra del Padre, encontramos el fundamento para el perdón de cualquier pecado que hayamos cometido.

Los primeros dos capítulos de 1 Juan tratan este gran asunto del perdón. Cuando un hijo de Dios comete pecado, no rompe su relación con Dios; simplemente rompe la comunión, del mismo modo que lo hacen un esposo y una esposa cuando se dicen palabras hirientes. Se rompe la armonía del hogar pero no la relación de matrimonio. En la mayoría de los casos, esta ruptura se puede restaurar pidiendo perdón. Estamos tan constituidos legalmente que podemos perdonar.

Lo mismo es cierto entre un cristiano y Dios Padre.

En el momento en que pecamos, nuestra comunión con el Padre se rompe. Pero “si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1)

Esa notable expresión “el justo” está envuelta con el maravilloso don de la gracia.

Expiación

El antiguo pacto tenía la ley, la cual llamamos la ley mosaica (el sacerdocio, los sacrificios y las ordenanzas). Cuando se quebrantó la ley (como era obvio que sucedería, ya que Israel estaba espiritualmente muerta), se ordenó el sacerdocio para hacer una “expiación” (o una cobertura) para ellos.

Los israelitas no tenían vida eterna. Eso no llegaría hasta que Jesús los redimiera (y a nosotros) mediante su encarnación, crucifixión y resurrección. La llegada de la vida eterna es el mayor acontecimiento en la experiencia de cualquier ser humano.

En el gran día de la expiación ocurrían dos cosas destacadas.

En primer lugar, rodeado de extremas precauciones, el sumo sacerdote llevaba la sangre de un animal inocente al Lugar Santísimo, donde la rociaba sobre el propiciatorio que cubría el arca del pacto que contenía la ley quebrantada. Al hacerlo, hacía que Israel estuviera cubierta por la sangre durante otro año.

Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.(Levítico 17:11)

Era la vida de un animal inocente rociada sobre la espiritualmente muerta Israel.

En segundo lugar estaba el chivo expiatorio. Aarón traspasaba los pecados de Israel sobre la cabeza del chivo expiatorio, el cual era liberado al desierto para ser devorado por las bestias salvajes. Durante otro año, Israel era libre (cubierta por la sangre) y sus pecados eran borrados.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 7

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Capítulo 7

Israel, el pueblo del pacto de sangre

Quiero que preste atención a varias cosas milagrosas que tienen conexión con Israel, el pueblo del pacto de sangre.

Como ya he mencionado, este pacto garantizaba la protección física de Israel, protección tanto de sus enemigos como de la pestilencia y la enfermedad.

Israel viajó a Egipto y, a pesar de su esclavitud, se convirtió en una gran nación de más de tres millones de personas. Dios les sacó mediante una serie de milagros que hace temblar la razón humana. Lo hizo porque estaba en una relación de pacto de sangre con Israel; Él había prometido protegerles.

Cuando los israelitas estaban a orillas del mar Rojo después de haber sido liberados de su esclavitud, Dios dijo: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26).

Dios era su Médico de pacto de sangre. A nosotros nos cuesta entender del todo lo que esto significaba. Sabemos que tras la liberación de Israel de Egipto, vagaron por el desierto durante cuarenta años. Durante ese periodo, Dios les dio una columna de nube para protegerles del ardiente sol del desierto y una columna de fuego durante la noche para darles luz y calor (véase Éxodo 13:21). Les dio comida y agua, y suplió todas sus necesidades.

La ley y el sacerdocio

Después, Dios les dio la ley de pacto de sangre. Lo llamamos la ley mosaica porque Moisés fue el instrumento mediante el cual llegó a Israel. Esta ley era para separarles de todas las demás naciones de la tierra. Era para hacerles un “especial tesoro” (Éxodo 19:5) sobre el que Dios pudiera derramar bendiciones poco frecuentes, todo ello sobre la base de su pacto de sangre.

El pacto era el centro sobre el que giraba toda la vida israelita.

Por supuesto, la ley fue quebrantada casi en el mismo instante en que fue dada. Así, se estableció el sacerdocio. Antes de ello, Israel nunca había tenido un sacerdocio señalado de forma divina; pero ahora, Dios escogió a los sacerdotes, y un sumo sacerdote que les guiara. Junto con el sacerdocio llegaron también las ofrendas de expiación. Nunca antes Israel había experimentado un día de la expiación.

Todas las ofrendas que Israel había conocido habían sido ofrendas de paz u ofrendas de holocaustos. Ahora, Dios señaló un sacrificio especial en el cual la sangre actuaría como una cubierta de protección por haber quebrantado la ley. Era una cubierta para la nación que les permitía habitar con Dios en medio de ellos.

En hebreo, la palabra usada para expiación significa “cubrir”. Debido a su desobediencia al quebrantar la ley, Israel no era apta para estar al descubierto en la presencia de Dios. Por tanto, Él les dio el concepto de la expiación, simbolizado por la ofrenda de sangre que servía como una cobertura para el estado de muerte espiritual de la nación.

Una vez al año, el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo para hacer expiación, situándose entre Dios y su pueblo como una garantía del pacto. A menos que se produjera un pecado de extrema gravedad entre el pueblo, esta era la función principal del oficio de sumo sacerdote. En el día de la expiación, él depositaba los pecados del pueblo sobre dos machos cabríos. Uno de ellos era sacrificado, y el otro (el chivo expiatorio) era liberado en el desierto para ser destruido.

El oficio de sumo sacerdote se hizo necesario para poder mantener la comunión de Israel y su posición correcta delante de Dios y para asegurar su protección.

Con la expiación y el sacerdocio llegaron también otros sacrificios de pacto de sangre. Las cinco grandes ofrendas mencionadas en los primeros siete capítulos de Levítico son: los holocaustos, la ofrenda de comida, la ofrenda de paz, ofrendas por el pecado y la ofrenda expiatoria. Estas ofrendas tenían que ver con la comunión y la ruptura de la comunión con Dios. Tenían que ver con la vida cotidiana del pueblo.

Cuando un israelita estaba en comunión, podía llevar el holocausto, la ofrenda de comida o la ofrenda de paz. Otras ofrendas tenían que ver con las relaciones rotas. Cuando un hombre había pecado contra su hermano, tenía que llevar una ofrenda por el pecado. Cuando había pecado contra las cosas santas de Dios, llevaba una ofrenda de expiación.

Para mantener una buena posición con las distintas obligaciones y privilegios, los sacrificios de pacto de sangre de Israel se convirtieron en una práctica continua de su fe.

Bendición del pacto

Dios tenía ciertas obligaciones que cumplir como parte de su pacto. Tenía la obligación de proteger a Israel de los ejércitos de las naciones que les rodeaban, de hacer que su tierra produjera cosechas, y de asegurarse de que sus rebaños crecieran y se multiplicarán.

La mano de Dios estaba sobre el pueblo de Israel dando bendición. Ellos crecieron en estatura y en riquezas. Se irrigaron sus montes; sus valles se llenaron de materias primas muy valiosas. No había ninguna otra nación como ellos. Dios era su Dios; ellos eran su pueblo de pacto. Él era su Conquistador y Protector.

Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo. (Josué 23:9–10).

Otro ejemplo de protección se encuentra en uno de los mayores guerreros que jamás ha existido en el mundo. Sansón tenía protección divina, así como una gran fortaleza física y destreza.

Y Sansón descendió… a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él. Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. (Jueces 14:5–6)

Se decía que uno de los hombres fuertes del rey David fue capaz de matar a ochocientos enemigos en un solo combate (véase 2 Samuel 23:8).

Israel era el “especial tesoro” de Dios. Era el tesoro del corazón de Dios.

El juicio

Uno de los eventos más trágicos en la historia de la humanidad fue la destrucción de la ciudad de Jerusalén, cuando la mayor parte de la nación de Israel fue llevada en cautiverio a Babilonia por haber pecado contra el pacto.

Dios les había advertido de las maldiciones que vendrían sobre ellos si rompían el pacto con Él.

Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas. Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra.(Deuteronomio 28:22–25)

Jerusalén estaba en ruinas, y el templo fue destruido por completo, todo debido a que Israel había roto su relación de pacto de sangre con Dios.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 4

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Capítulo 4

Jehová corta el pacto con Abram

Antes de que Dios entrara en un pacto formal con Abram, había hecho una promesa.

Y [Dios] lo llevó fuera [a Abram], y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. (Génesis 15:5–6, énfasis añadido)

La palabra “creyó” significa que Abram hizo un compromiso incondicional de sí mismo, de todo lo que era y podría llegar a ser, a Dios. En hebreo, la palabra traducida como “creyó” significa “estar firme, confiar”, pero también significa “establecer, ser fiel, llevar a cabo, hacer firme”. Abram se entregó a Dios en un abandono total de sí mismo. Después, Dios le pidió que hiciera un sacrificio animal, un sacrificio de sangre (véase versículo 9). Abram obedeció.

Cortar el pacto

El pacto abrahámico, que es la base tanto del judaísmo como del cristianismo, es quizá el contrato más maravilloso que jamás se haya promulgado. Ató a Abram (o Abraham, tras su cambio de nombre) y a sus descendientes con ataduras indisolubles con Jehová, y ató a Jehová y a Abraham y sus descendientes con la misma solemnidad.

Cuando Dios entró en un pacto formal con Abram, ocurrieron varias cosas sorprendentes. La Escritura dice que cuando Abraham tenía noventa y nueve años de edad, Dios se le apareció como “Dios Todopoderoso” (en hebreo, El Shaddai), y le dijo: “anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera” (Génesis 17:1–2).

Entonces, Abraham se postró sobre su rostro mientras Dios seguía hablándole, diciendo: “He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (versículos 4–5).

Este pacto fue para todo Israel, los hijos de Abraham, y tras de él estaban la promesa y el juramento de Dios. “Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones” (versículos 8–9).

Finalmente, Dios estableció su pacto, diciendo: “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (versículos 10–11).

Cuando eso fue hecho, Dios y Abraham habían entrado en pacto.

Significaba que todo lo que Abraham poseía (o llegaría a tener) había sido puesto sobre el altar. También significaba que Dios sostendría y protegería a Abraham y a sus descendientes mientras vivieran cumpliendo el pacto.

Algunos hechos del pacto

El sello del pacto entre Dios y Abraham fue la circuncisión. Todo niño varón fue circuncidado a los ocho días de edad, simbolizando la entrada en el pacto abrahámico. Cuando un niño entraba en el pacto, se convertía en heredero de todo lo relacionado con el pacto. Si el padre y la madre del niño morían, otro israelita estaba obligado a cuidar de ese niño. Si sólo el padre moría, entonces otro israelita cuidaría de la viuda. Esto era parte de la ley del pacto.

Obligaciones del pacto

Y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. (Génesis 17:13)

La marca de la circuncisión en sus cuerpos era el sello de su lugar en el pacto. Mientras Israel guardara este pacto, que se volvió a renovar con Moisés, ningún enemigo extranjero en todo el mundo podía conquistar ni tan siquiera una de sus aldeas.

Cuando Dios sacó a Israel de Egipto, no tenían ni ley ni sacerdocio. Finalmente, Dios les dio los Diez Mandamientos, el sacerdocio, la expiación, los sacrificios y ofrendas en el templo, el chivo expiatorio y la adoración en el templo. Todo estaba disponible para Israel a través del pacto.

Este pacto no provino de los Diez Mandamientos, como insisten algunos de los cristianos contemporáneos. Por el contrario, el pacto fue la razón de que existieran los mandamientos y la ley.

Cuando Dios cortó el pacto con Abraham, la nación israelita se convirtió en un “pueblo de pacto”.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 3

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Capítulo 3

El pacto en África

Una ilustración de Henry Stanley podría ayudarnos a entender el significado del pacto.

Cuando Stanley estaba buscando a Livingstone, contactó con una poderosa tribu africana. Eran agresivos y guerreros, y Stanley no estaba en condición de luchar contra ellos. Finalmente, el intérprete de Stanley preguntó por qué simplemente no hacía un pacto con ellos. Le dijeron que eso conllevaba beber la sangre el uno del otro. A Stanley no le agradaba mucho una práctica así, pero sus circunstancias seguían empeorando hasta que finalmente el intérprete le volvió a preguntar una vez más por qué no cortaba el pacto con el jefe de la tribu.

Cuando Stanley preguntó cuáles serían los resultados de hacer un pacto así, el intérprete le respondió: “Todo lo que tiene el jefe será tuyo si lo necesitas”.

Esto llamó la atención de Stanley, y decidió investigar más.

Tras varios días de negociaciones, Stanley y el jefe llegaron al pacto. Primero hubo una consulta en la que el jefe le preguntó a Stanley cuáles eran sus motivos y su posición, así como su capacidad para cumplir el pacto. Después, hubo un intercambio de regalos. El jefe quería la cabra blanca de Stanley. Stanley había tenido una salud delicada, y la leche de cabra era lo único que podía tomar para alimentarse, así que fue muy difícil para él tener que entregarla, pero el jefe era insistente. Finalmente, Stanley le entregó la cabra, y el jefe le ofreció a cambio su gran lanza de cobre de más de dos metros. Stanley supuso que había salido perdiendo en el intercambio, pero más adelante descubrió que dondequiera que iba en África con esa lanza, todos se postraban y se sometían a él.

Después el jefe trajo a uno de sus príncipes. De igual forma, Stanley trajo a uno de sus hombres de Inglaterra. Un sacerdote avanzó con una copa de vino, hizo una incisión en la muñeca del príncipe y dejó que unas gotas de su sangre cayeran en la copa de vino. De igual modo, hizo una incisión en la muñeca del joven inglés y dejó que unas gotas de su sangre cayeran en el cáliz. Removió el vino, mezclándolo con la sangre. El sacerdote le entregó la copa al inglés, quien bebió una parte. Después se la entregó al príncipe, el cual se terminó lo que quedaba. Después, los dos hombres juntaron sus muñecas para mezclar sus sangres.

Ahora, se habían convertido en hermanos de sangre. Esos dos hombres sirvieron como sustitutos, pero habían atado a Stanley y al jefe de la tribu, así como a los hombres de Stanley y a los soldados del jefe, en una hermandad de sangre que sería indisoluble.

Frotaron con pólvora sus heridas para que quedara una marca negra al cicatrizar, indicando con ello a todo el que los viera que eran hombres de pacto. Esas heridas servían como una tarjeta de visita de su pacto.

Finalmente, se plantaron árboles que eran conocidos por su larga vida.

El monumento conmemorativo

Parece que siempre que se celebra un pacto de sangre en un país donde crecen árboles, se realiza algún tipo de ceremonia de plantación. A menudo, se les llama “árboles del pacto”.

En lugares donde no crecen árboles, se suele alzar una montaña de piedras o un monumento para recordar tanto a las partes implicadas en el pacto como a todos sus descendientes su contrato indisoluble.

Cuando Abraham y Abimelec hicieron un pacto, Abraham apartó siete corderas.

Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos pacto. Entonces puso Abraham siete corderas del rebaño aparte. Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has puesto aparte? Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo. (Génesis 21:27–30)

Estas corderas eran el monumento conmemorativo. Al crecer y reproducirse, los rebaños serían un recordatorio continuo del pacto que habían cortado estos dos hombres.

Después de plantar los árboles en la ceremonia del corte del pacto entre Stanley y el jefe, el jefe dio un paso al frente y gritó: “Vengan, compren y vendan con Stanley, porque es nuestro hermano de sangre”.

Unas horas antes, los hombres de Stanley habían estado en un continuo estado de alerta para proteger sus balas de prendas de algodón y baratijas de los miembros de la tribu. Ahora, Stanley pudo abrir las balas y dejarlas en la calle sin protección alguna, ya que nadie las tocaría. Si alguien decidiera robarle algo a Stanley, ahora un hermano de sangre, tal delito traería con él la pena de muerte.

Ahora, el jefe haría cualquier cosa por su nuevo hermano. Stanley no llegó a entender del todo lo sagrado que era ese pacto. Incluso años después, aún seguía dándole vueltas. En el momento que se solemniza un pacto de sangre, todo lo que cada una de las partes del pacto posee en el mundo queda a disposición de su hermano de sangre. Al mismo tiempo, este hermano nunca pediría nada a menos que se viese absolutamente forzado a necesitarlo.

Algunas de las historias más bellas que conozco en el mundo son historias de hermanos de pacto de sangre.

Maldiciones y bendiciones

Hay un detalle importante que no he incluido en el relato de esta ceremonia. En el momento en que los dos sustitutos bebieron de la copa que contenía la sangre del otro, un sacerdote procedió a anunciar las maldiciones más horribles que Stanley jamás había oído, maldiciones que le ocurrirían a cualquiera de las partes que rompiera el pacto.

Cuando Moisés repartió la tierra a las diferentes tribus de Israel, les hizo ver las montañas de bendiciones y de maldiciones que recaerían sobre ellos si dejaban de permanecer en su pacto con Dios (véase Deuteronomio 11:27). Entonces Dios proclamó que cada año tenían que pronunciar las bendiciones desde el monte Gerizim y las maldiciones desde el monte Ebal (véase Deuteronomio 11:29).

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El Pacto de Sangre – Capítulo 2

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CAPÍTULO II

EL ORIGEN DEL PACTO DE SANGRE

El Pacto de Sangre, o lo que llamamos Mesa del Señor, tiene su origen en el más antiguo pacto que se conoce entre la familia humana. Con toda seguridad comenzó en el Jardín del Edén.

Es evidente que Dios corto el pacto o entró en un pacto con Adam desde el principio.

La razón que me asiste para creerlo, es que no existe un solo pueblo primitivo en el mundo, hasta donde sepamos, que no haya practicado el Pacto de Sangre en alguna forma; demostrando así que tuvo su origen en Dios, y el hombre ha practicado el pacto a través de los siglos.

Hoy en día, cientos de tribus en el África ecuatorial cortan el pacto.

Stanley corto el pacto cincuenta veces con diferentes tribus. Livingston corto el pacto.

Los misioneros han visto que se practica, pero no han entendido su significado, pensando que era algún rito pagano; no se han dado cuenta de que el pacto de sangre practicado en África hoy día abriría puertas en cada tribu para el Evangelio de Cristo.

Si un misionero que entienda el idioma de alguna de las tribus, les explicara la Mesa del Señor, haciéndoles ver lo que significa, y de dónde parte su origen, abrirían inmediatamente las puertas al Evangelio de Cristo y ellos lo escucharían.

Todo el plan de la Redención gira en torno a los Dos Pactos.

Recuerda que tenemos el Antiguo y el Nuevo Pacto.

Quizá es mejor que yo te explique lo que este Antiguo Pacto significa, porque prácticamente es el mismo entre todos los pueblos.

RAZONES PARA CORTAR EL PACTO

Hay tres razones por las que los hombres cortan el pacto unos con otros.

Si una tribu poderosa vive junto a una tribu mas débil, y existe el peligro de que la tribu mas débil sea destruida, la tribu más débil procurará “cortar el Pacto” con la tribu mas poderosa para que sea preservada.

Segundo, dos hombres de negocios que entren en sociedad pueden cortar el Pacto para asegurarse de que ningún de los dos tome ventaja al otro.

Tercero, si dos hombres se aman mutuamente de manera tan afectuosa como David y Jonatan, o como Damón y Pitias, ellos cortaran el pacto a causa del tal amor.

EL MÉTODO DE CORTAR EL PACTO

El método de cortar el pacto es prácticamente idéntico en el mundo entero; aunque por supuesto existen sus diferencias.

En algunos lugares ha degenerado en un rito muy horrible y grotesco, pero con todo es el mismo pacto de sangre.

Lo que se practica por las tribus aborígenes del África, por los árabes, por los sirios y balcanos es así:

Si dos hombres desean cortar el pacto; se allegan el uno al otro en compañía de sus amigos y un sacerdote.

Primero se intercambian regalos. Por medio de este intercambio de presentes indican que todo lo que uno tiene, el otro puede poseerlo si es necesario.

Después del intercambio de dadivas, ellos traen una copa de vino, el sacerdote hace una incisión en el brazo de uno de ellos y la sangre gotea sobre el vino.

Se hace otra incisión en el brazo del otro individuo y su sangre gotea sobre la misma copa.

Entonces se agita el vino, y la sangre de ambos es mezclada. Después se pasa la copa a uno de ellos para que beba una parte, luego se pasa al otro para que ingiera el resto.

Cuando ambos han tomado de aquella bebida, frecuentemente frotan sus muñecas una con otra para que sus sangres se mezclen, o bien ambos se tocan mutuamente con sus lenguas las heridas.

EL CARÁCTER SAGRADO DEL PACTO DE SANGRE

EI Sr. Stanley dijo que jamás supo que este pacto fuese quebrantado en África, no importa cual haya sido la provocación.

El Dr. Livingston también testifica que nunca supo que el pacto fuese quebrantado.

En otras partes del mundo se asegura que dicho Pacto de Sangre jamás ha sido quebrantado.

Es un pacto que se tiene por muy sagrado entre todos los pueblos primitivos.

En África, si alguno tratase de quebrantar el pacto, su propia madre o esposa, o sus parientes mas cercanos procurarían su muerte, y lo entregarla en manos del vengador para su destrucción. Nadie que quebrante el pacto puede vivir en África porque aun la propia tierra por donde camina es maldita.

Los mas encarnizados enemigos se convierten en amigos íntimos tan pronto como cortan el pacto.

Ninguno ha de aprovecharse del pacto ni tampoco tratara de violarlo.

Es tan sagrado que aun los hijos de la tercera y cuarta generación lo veneran y guardan.

En otras palabras, es un pacto perpetuo e indisoluble, que no puede ser anulado.

 

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El Pacto de Sangre – Capítulo 1

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A partir de esta entrada empezaré a compartir el libro de Kenyon “El Pacto de Sangre”, estoy convencido que nos ayudará a entender acerca del Nuevo Pacto que tenemos en Cristo.

Capítulo 1

El nuevo pacto en la sangre de Jesús

Durante años, viví convencido de que había algo en la maravillosa práctica de la comunión, también conocida como la cena del Señor o la Santa Cena, que yo no entendía.

Piense, por ejemplo, en el silencio de los discípulos cuando Jesús les habló de ella, cuando tomó el pan y dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26:26), y cuando tomó la copa y dijo: “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (versículo 28). El silencio de los discípulos me indica que entendieron lo que Él quería decir con eso.

Yo no lo entendía, y me sentía confuso.

Durante mucho tiempo me hice la pregunta: ¿Cuál es el principio subyacente que contiene esta excepcional práctica?

El mismo lenguaje de Jesús, cuando dijo: “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53), aún me confundía más.

¿Qué quiso decir con eso?

Entonces, llegó a mis manos un libro del Dr. H. Clay Trumbull, antiguo editor de The Sunday School Times, en el que mostraba que había habido un “pacto de sangre” que muchas culturas primitivas habían practicado desde tiempos inmemoriales. De hecho, este pacto de sangre es la base de muchas de aquellas religiones.

El Dr. Trumbull aportaba datos provenientes de todas las partes del mundo que mostraban que en África, India, China, Borneo y muchas otras islas, la gente seguía practicando un pacto de sangre muy similar a nuestra Santa Cena. En muchos casos, había degenerado hacia otros significados y, sin embargo, las marcas de esta original revelación de Dios continuaban.

En los libros de Henry Morton Stanley de exploración en África, nos cuenta cómo “cortó el pacto” más de cincuenta veces con diferentes tribus de la zona. El misionero escocés David Livingstone citaba la misma práctica durante sus viajes, como también lo han hecho otros que han trabajado como exploradores y misioneros en África.

Quizá nos ayudaría a entenderlo si mirásemos la palabra hebrea para pacto, cuyo significado literal es “cortar”. Sugiere una incisión de la que fluye sangre. Prácticamente en todos los lugares donde se usa la palabra pacto en las Escrituras, su significado literal es “cortar el pacto”.

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Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) – Entradas 1-10

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Recientemente empece a traducir el libro “Dos Clases de Justicia” de E. W., uno de los mejores libros acerca de la justificación.

En este libro nos enseña de una manera poderosa como es que hemos sido hechos justos por la obra de Cristo en la cruz.

Los invito a ver las primeras 10 entradas donde están los 8 primeros capítulos del libro, tan solo sigan los enlaces:

Parte 1 Introducción

Parte 2 Por qué hemos fallado

Parte 3 La Revelación de la Justicia
Parte 4 Estudio de la Conciencia de Pecado

Parte 5 Lo que la Justicia Significa

Parte 6 Cómo Dios nos hace Justos
Parte 7 ¡Dios Mismo es nuestra Justicia!

Parte 8 La Justicia Legalmente Nuestra
Parte 9 La Nueva Creación
Parte 10 La Justicia Restaurada

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(Lecciones 1-10) Curso Avanzado de la Biblia – E. W. Kenyon

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E W Kenyon fue un gran maestro de la Biblia, fue pastor bautista y abrió varias Escuelas Bíblicas. Su influencia fue tal es que es considerado el padre de la doctrina de las Asambleas de Dios.

Recientemente empecé a traducir su libro Advanced Bible Course (Curso Avanzado de la Biblia) y empece a publicar las clases en mi blog La Palabra de Fe.

Este estudio es espectacular como para darlo en una escuela dominical, grupo de estudios o grupo celular, ya que no solo viene la clase sino una serie de preguntas que pueden ser discutidas al final.

Aquí te dejo los enlaces de las 10 primeras clases:

  1. LA INTEGRIDAD DE LA PALABRA
  2. LA PALABRA PREVALENTE
  3. ACTUANDO LA PALABRA
  4. LO QUE LA IGLESIA HA FALLADO EN VER
  5. LA PALABRA VIVIENDO EN NOSOTROS
  6. LA REALIDAD DE LA REDENCIÓN
  7. NUESTRO SÓLIDO FRENTE
  8. LA LEY DE LA PROSPERIDAD
  9. LA MENTE DIRIGIDA POR LOS SENTIDOS
  10. LA VICTORIA TRIPLE DE JESÚS SOBRE SATANÁS

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