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Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) – Entradas 1-10

dostiposdejusticia

Recientemente empece a traducir el libro “Dos Clases de Justicia” de E. W., uno de los mejores libros acerca de la justificación.

En este libro nos enseña de una manera poderosa como es que hemos sido hechos justos por la obra de Cristo en la cruz.

Los invito a ver las primeras 10 entradas donde están los 8 primeros capítulos del libro, tan solo sigan los enlaces:

Parte 1 Introducción

Parte 2 Por qué hemos fallado

Parte 3 La Revelación de la Justicia
Parte 4 Estudio de la Conciencia de Pecado

Parte 5 Lo que la Justicia Significa

Parte 6 Cómo Dios nos hace Justos
Parte 7 ¡Dios Mismo es nuestra Justicia!

Parte 8 La Justicia Legalmente Nuestra
Parte 9 La Nueva Creación
Parte 10 La Justicia Restaurada

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Una Nueva Forma de Ver las Cosas

abraham creyó a Dios
Romanos 4:1-5 (Biblia Expandida de Fe)
1 ¿Y desde el punto de vista humano qué diremos que halló Abraham, nuestro antepasado y padre según la carne?
2 Si él hubiera sido justificado (declarado inocente y hecho justo) por las obras tendría de qué enorgullecerse y jactarse, pero no delante de Dios.
3 Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham le creyó a Dios y esto le fue atribuido, imputado y tomado en cuenta como justicia (fue declarado inocente y hecho justo).
4 Ahora bien, al que trabaja no se le paga el salario como un regalo, sino como una obligación que se le debe, es decir, no se le reconoce como gracia sino como deuda.
5 En cambio, al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica (declara inocente y hace justo) al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación (ser declarado inocente y hecho justo).
En este pasaje encontramos una gran realidad en cuanto a la gracia de Dios y es que es gratis.
Pablo pregunta: “¿Que consiguió Abraham con la carne o sus propios esfuerzos humanos?
La Biblia The Message (El Mensaje) lo pone así: “Entonces, ¿cómo encajamos lo que conocemos de Abraham, nuestro primer padre en la fe, en esta nueva forma de ver las cosas?”
El hombre esta acostumbrado a conseguir las cosas por sus propios esfuerzos; inclusive la salvación la intentan obtener por un sistema de obras a través de la ley o las buenas acciones.
Pero que nos muestra Abraham con esta “nueva forma de ver las cosas.”
Si él se hubiera justificado ante Dios por su propio esfuerzo, hubiera conseguido la salvación por sus propios méritos y podría jactarse de haberlo logrado por si mismo.
Pero como vemos en Efesios 2:9: “No por obras para que nadie se gloríe.”
 
En la parábola del fariseo y el publicano vemos esto más claramente:
Lucas 18:9-14
9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
El fariseo pensaba que el cumplimiento de la ley y sus propios esfuerzos le darían los méritos necesarios para ser justificado; pero el justificado fue el publicano que no se acercó basado en sus propios méritos sino en la justificación que solo Dios puede dar.
La justificación no depende de nosotros sino de Dios.
¿Que dice la Biblia? “Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia.”
Luego nos da una analogía del trabajo; ninguno de los que trabajamos lo hacemos gratis, esperamos recibir el sueldo pactado con el empleador.
Si la salvación fuera por nuestras obras entonces lo que recibiríamos sería un pago de Dios por nuestras buenas acciones; y si pudiéramos pagar por nuestra salvación, ¿por qué murió Cristo?
Ya no sería salvación por gracia sino salvación por deuda.
El versículo 5 dice: En cambio, al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica (declara inocente y hace justo) al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación (ser declarado inocente y hecho justo).”
En esta nueva forma de ver las cosas que nos muestra Abraham, no tenemos que hacer nada para ser justificado; no tenemos que cumplir la ley ni seguir un sistema de obras para ser justificados, lo único que tenemos que hacer es lo que hizo Abraham, sencillamente creerle a Dios.
Nuestras acciones no nos dan mérito ante Dios, lo que nos da mérito es la obra de otra persona, la de Jesús.
Jesús tomo nuestro lugar en esa cruz como nuestros sustituto; se hizo pecado por nosotros, aunque nunca había pecado, y ahora nosotros podemos recibir la salvación sin que tengamos que hacer nada, de pura gracia.
Una nueva forma de ver las cosas, no es lo que tu haces, es lo que Dios hizo por ti por medio de la obra terminada de Cristo.

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26 Días de Fe – Día 18

Una de las verdades más importantes de la Biblia es que hemos sido justificados; es decir, Dios nos declaró inocentes y nos hizo justos por la obra de Jesucristo en la cruz. 

En esta clase veremos que si queremos tener la clase más elevada de fe debemos entender nuestra justicia en Cristo

26diasdefe18

Lección 18 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 3)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 6:14-16; Romanos 3:23-26; Salmos 32:1-2.

Verdad Central: Podemos acercarnos a Dios con completa seguridad porque hemos sido hechos la justicia de Dios en Cristo Jesús.

Esta lección nos trae al paso 6 en nuestro estudio de la clase más elevada de fe. En ella queremos ayudarte a ganar una nueva comprensión dentro del significado de las palabras “justo” y “justicia“, tal y como se muestra en las Escrituras.

Paso 6 – La Realidad De Nuestra Justicia En Cristo

En 2 Corintios 6:14-16 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

Leyendo la escritura anterior, mucha gente ve en ella solamente la enseñanza de la separación del mundo. Y ellos inmediatamente practican la segregación pensando que eso es lo que la separación quiere decir. Piensan que no pueden tener nada que ver con el mundo o con nadie del mundo. Hasta se segregan de otros cristianos si no están completamente de acuerdo con ellos. Sin embargo, Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Para poder ser la sal y la luz del mundo, debemos permanecer en el mundo, haciendo nuestro trabajo para el Señor.

Quiero que notes algo más en esta escritura, igualmente importante: los creyentes son llamados “creyentes” y los incrédulos son llamados “incrédulos“. El creyente es llamado “justicia” y el incrédulo es referido como a “injusticia“. El creyente es llamado “luz” y el incrédulo “tinieblas“. Para muchos, la idea de llamarse a sí mismos “justicia” suena egoísta. Aún así estas mismas personas no objetan a llamarse a sí mismas “creyentes” o “luz“. Esta escritura usa los tres términos para referirse a los creyentes. En el versículo 15 vemos a la iglesia, a los creyentes, referidos como a Cristo, porque Él es la Cabeza y nosotros somos el cuerpo. Y por supuesto, la cabeza no va a ser llamada por un nombre, y el cuerpo por otro. La iglesia es Cristo, y nosotros somos el cuerpo de Cristo.

Romanos 3:23-26 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué nos está enseñando Dios a través de esta escritura? Que Dios a través de Jesús declaró Su justicia. Que Dios mismo es justo, y que Dios es mi justicia. Él es “el que justifica“, o la justicia del que es de la fe de Jesús.

Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La mayoría de la gente ha pensado que justicia es algo que uno logra viviendo correctamente. La justicia, sí quiere decir rectitud, o recto, pero esta escritura dice que es un don, no algo que podamos ganar haciendo buenas obras y viviendo limpiamente. Un don es algo que nosotros recibimos instantáneamente; un estado de desarrollo espiritual es el fruto. Si la justicia fuera un fruto, la escritura leería: “Y del fruto de la justicia“. Sin embargo, dice: “Y del don de la justicia“.

Cada uno de los amados hijos de Dios tiene la misma justicia y el mismo derecho para con Dios. El no ama a uno más que a otro. El no escuchará las oraciones de uno más que las de otro. Cuando esta verdad te haya penetrado completamente, ¡Tus oraciones obrarán resultado! ¡Tus oraciones serán contestadas!

Mucha gente lucha en el terreno de la autocondenación, dejando que el enemigo les robe la herencia que es de ellos en Cristo Jesús. Creen que sus oraciones no obrarán resultado y que Dios no los escuchará. Piensan que si pudieran encontrar a un hombre justo para orar por ellos, las oraciones de él sí que obrarían resultados.

Qué triste es que ellos no hayan visto la verdad en las escrituras que acabamos de leer. Dios es nuestra justicia. Él se convirtió en nuestra justicia cuando nos impartió su naturaleza, su vida eterna, cuando nacimos de nuevo. Él se volvió nuestra justicia en el momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y lo confesamos como Señor.

Yo descubrí las verdades de estas escrituras por primera vez siendo un joven cristiano, cuando por 16 meses pasé acostado en cama sin poder moverme de ella por mí mismo. No las entendí entonces. Al principio eran como un rayito de luz en una esquina obscura. Estaba sosteniendo las mismas luchas que muchos de ustedes sostienen para salir de algún problema en su vida o para obtener salud.

Leyendo mi Biblia me encontró un día con la escritura en Santiago 5:14-15, “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados le serán perdonados“. Pero mientras leía, cualquier fe que momentáneamente flameara, era extinguida rápidamente por el pensamiento de que yo sabía que mi iglesia no creía en sanidad o en la unción con aceite. Yo no tenía a nadie a quien llamar para oración, como decía esta escritura.

Entonces el Señor me habló y me dijo, “Es la oración de fe la que sana a los enfermos. Tú puedes hacer esa oración tú mismo como cualquier otro podría hacerlo“.

Yo era simplemente un bebé en Cristo. Sólo tenía 16 años de edad, y hacía pocos meses que había sido salvo, ¡aún así el Señor me dijo que yo podía hacer esa oración de fe! Inmediatamente mi pensar erróneo me derrotó. Pensé: “Sí, podría; si fuera justo” (Yo me daba cuenta de todos mis errores y sabía que no era justo, por lo menos según mi entendimiento de la Palabra). Leyendo más adelante en el libro de Santiago, leí donde Elías es puesto como ejemplo de un hombre justo orando: “Elías era un hombre sujeto a pasiones como nosotros, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Santiago 5:17).

Al estudiar acerca de Elías, determiné que él no era mi idea de hombre justo. Cuando la mano del Señor estaba sobre él, podía correr más rápidamente que el carro del rey. Pero cuando se dio cuenta que la reina Jezabel lo quería matar, corrió y se escondió debajo de un árbol de enebro y le rogó al Señor que lo dejara morirse. Entonces gimió al Señor: “Todos han apostatado, menos yo. Yo soy el único que te está sirviendo, Señor“. Semejante inconsistencia no podía ser la marca de un hombre justo, yo pensé, “¿Cómo pudo Santiago haberlo puesto como ejemplo de un hombre justo orando? ¡Él no era más justo que yo!

Entonces recordé que Santiago dijo que Elías era un “hombre sujeto a pasiones como nosotros“. Y no solamente estaba sujeto a estas pasiones, sino que también se rindió a ellas. Aunque permitió que el desánimo dominara sus acciones, fue llamado un hombre justo.

Un Mejor Pacto

Salmos 32:1-2 dice: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.

Bajo el antiguo pacto, la sangre de animales inocentes cubría el pecado. Dios no le atribuyó iniquidad a la gente aunque habían hecho maldad. Él lo encubrió y lo perdonó y les imputó justicia. Ante El ellos eran justos. “Y veré la sangre, y pasaré de vosotros…” (Éxodo 12:13). Si Dios hizo esto por sus hijos bajo el pacto de le Ley, ¿cuánto más hará lo el por nosotros? Bajo la gracia tenemos un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. La sangre de Jesucristo no solamente cubre nuestros pecados, sino que nos limpia “de toda maldad“. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5).

Cuando leí esta escritura vi que cuando nací de nuevo todos mis pecados fueron perdonados y mi vida pasada dejó de ser. Vi que me había convertido en nueva criatura en Cristo, y yo sabía que Él nunca hacía nuevas criaturas no justas.

Inmediatamente el diablo estaba ahí diciéndome: “Eso no puede ser verdad, pero, ¿y desde entonces? No hace mucho tiempo te enojaste mucho. Esa ciertamente no es la manera de actuar de un hombre justo“. Hizo que mirara a lo natural de nuevo en vez de a la Palabra de Dios.

Entonces leí 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (Esta escritura no fue escrita a pecadores, sino a creyentes). Esto significaba que yo me había convertido en la justicia de Dios en Cristo cuando nací de nuevo. Si había pecado desde entonces; y lo había hecho, sólo tenía que confesar mis pecados y Él me perdonaba y limpiaba de toda maldad (Si estoy limpio de maldad, entonces soy justo de nuevo).

Antes, cuando había leído Santiago 5:16: “La oración del justo puede mucho” había pensado que si algún día me pudiera volver justo, entonces sí tendría una vida de oración tremenda y vería respuestas prominentes a mis oraciones. Ahora yo veía que mis oraciones obrarían resultado, porque Dios me escucharía tan pronto como Él escucha a cualquier otro. En mi Biblia al lado de esta escritura en Santiago 5:16 escribí estas palabras: “Yo soy ese hombre justo“. Esto no es jactarme de nada que yo haya hecho, es jactarme de lo que soy en Cristo. Es alabar a Dios por lo que Él ha hecho posible para nosotros en Cristo.

Esto significa que podemos estar en la presencia de Dios sin ningún sentimiento de culpa, condenación o inferioridad. Esto quiere decir que el problema de la oración está resuelto. Ya no necesitamos ir ante su presencia con la lengua atada por la condenación o llenos de temor por la ignorancia. Podemos entrar en su presencia en completa seguridad porque hemos sido hechos justicia a través de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Texto Para Memorizar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21).

Tomado y editado del Capítulo 18 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

Lee también:

26 DÍAS DE FE – DÍA 1

26 DÍAS DE FE – DÍA 2

26 DÍAS DE FE – DIA 3

26 DÍAS DE FE – DÍA 4

26 DÍAS DE FE – DÍA 5

26 DIAS DE FE – DÍA 6

26 DÍAS DE FE – DÍA 7

26 Días de Fe – Día 8

26 Días de Fe – Día 9

26 Dias de Fe – Día 10

26 Días de Fe – Día 11

26 Días de Fe – Día 12

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26 Días de Fe – Día 15

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26 Días de Fe – Día 17

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Enseñanzas acerca de la Justificación

En mi blog gracia extrema he estado colocando enseñanzas acerca de la justificación, les dejo aquí los enlaces para que puedan leerlos

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La Superioridad Absoluta de la Fe en Jesucristo sobre la Ley (Estudio Completo de Gálatas 3)

En este estudio veremos el Capítulo 3 de Gálatas versículo por versículo.

En este capítulo Pablo nos muestra la insensatez de querer justificarse ante Dios por medio de la Ley cuando Dios nos dio justificación gratuita por medio de la redención que nos dio Cristo en la cruz.

Nos muestra también que los verdaderos hijos de Abraham y herederos según la promesa no son los de la ley sino los de la fe en Jesucristo.

Les invito a seguir los siguientes enlaces para que puedan ver este estudio

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Tres Enseñanzas de la Justificación en Romanos 10

Romanos 10 es uno de los capítulos más impresionantes de la Biblia.

En esta ocasión les dejo tres enseñanzas acerca de la justificación basadas en este capítulo.

No entendiendo como Dios nos hace justos

Pues desconociendo e ignorando la justicia de Dios (por no entender la manera de Dios para alcanzar Su favor y aprobación) y procurando establecer su propia justicia por medio de las obras de la ley (es decir, aferrándose a sus propios medios para lograrlo), no se sometieron ni se sujetaron a la justicia de Dios (que es Su manera para alcanzar Su favor y aprobación).
– Romanos 10:3 (Biblia Expandida de Fe)
En este pasaje vemos como es que Israel no entendió cual era el plan de Dios para la justificación del hombre.

La Sentencia 

Foto: La Sentencia </p>
<p>Porque el propósito, la finalidad y el término de la ley (es decir, la meta a la que apunta) es Cristo, para que todo aquel que crea en Él sea justificado, alcance la aprobación y sea declarado justo ante los ojos de Dios (Romanos 10;4 - Biblia Expandida de Fe).</p>
<p>Como resultado de nuestra fe en Cristo, Dios nos ha declarado justos
Porque el propósito, la finalidad y el término de la ley (es decir, la meta a la que apunta) es Cristo, para que todo aquel que crea en Él sea justificado, alcance la aprobación y sea declarado justo ante los ojos de Dios (Romanos 10;4 – Biblia Expandida de Fe).
Pablo está discutiendo dos sistemas exclusivos para obtener nuestra justificación, es decir, para ser declarados justos, uno (la ley) está basado en el hacer, el otro (la fe) en el creer.

Dos Clases de Justicia

Romanos 10:5-8
5 Porque Moisés, haciendo referencia a la justicia que se obtiene por medio del cumplimiento de la ley, escribió: El hombre que practique y cumpla cabalmente todas las disposiciones y mandamientos de la ley, vivirá por ellas.
6 Pero la justicia que procede de la fe afirma: No digas (ni tengas este mal pensamiento) en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para hacer bajar a Cristo),
7 Ni tampoco digas, ¿quién bajará al abismo? (Esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos).
8 Pero, ¿Qué afirman entonces las Escrituras? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que anunciamos (por ser el núcleo mismo de nuestra predicación).
En este pasaje nos encontramos con dos clases de justicia, la justicia que se obtiene por cumplir con las obras de la ley y la justicia que se obtiene por medio de la fe en Cristo.

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