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26 Días de Fe – Día 17

En esta lección seguiremos compartiendo 7 pasos para alcanzar la clase más elevada de fe.

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Lección 17 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 2)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:17; 1 Juan 1:3-4,7; Juan 14:13-14.

Verdad Central: La comunión es la madre de la fe. Es la madre del gozo. Es la fuente de la victoria.

A medida que perseveramos en nuestro estudio de la Palabra de Dios hacia un entendimiento más profundo del significado de la fe, en esta lección veremos tres pasos más hacia la clase más elevada de fe. Estos pasos van a imprimir en nosotros la realidad de (1) la nueva creación, (2) nuestra comunión con el Padre, y (3) la autoridad del nombre de Jesús.

Paso 3 – La Realidad De La Nueva Creación

2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Para lograr la clase más elevada de es necesario que sepamos la realidad de la nueva creación. Necesitamos saber que en la mente de Dios, fuimos creados en Cristo Jesús cuando Él fue hecho pecado como nuestro sustituto. Deberíamos saber que en el momento en que aceptamos a Cristo como a nuestro Salvador y lo confesamos como Señor, fuimos recreados. Ahí es cuando el aspecto legal se volvió una realidad en nuestra vida.

Tenemos hoy en nuestros espíritus la misma vida y naturaleza de Dios. Esto no es una experiencia, no es una religión, no es unirse a una iglesia. Es un nacimiento real de nuestro espíritu. Somos los hijos e hijas de Dios. Él es nuestro Padre. Sabemos que hemos pasado del dominio de Satanás y muerte espiritual al reino de la vida a través de Jesucristo. “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14). Sabemos que estamos en la familia de Dios, somos hijos de Dios. Uno no puede unirse a esta familia, debe nacer dentro de ella.

¿Cómo nos afecta esto en la vida diaria? Si Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos. Tenemos tanta libertad y comunión con el Padre como tuvo Jesús en su andar sobre la tierra, ¡porque el Padre nos ama tanto como amó a Jesús! “Para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos COMO TAMBIEN A MI ME HAS AMADO“.

Colosenses 1:18 dice: “Y Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia: El que es el principio, el primogénito de los muertos; para que en todo tenga la preeminencia“. Jesús es el primogénito, pero nosotros también hemos nacido de los muertos. Pedro dijo, “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Somos engendrados por Dios, somos nacidos de Dios. Somos hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo.

Cuando decimos esto, no nos estamos magnificando a nosotros mismos, estamos magnificando a Dios y lo que Él ha hecho por nosotros a través del Señor Jesús. No nos hicimos nosotros mismos nuevas criaturas. Él es el autor y consumador de nuestra fe. “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras...” (Efesios 2:10). Nosotros mismos no nos hicimos quienes y lo que somos, Dios lo hizo.

Cuando una persona se achica a sí misma, en realidad está achicando la misma hechura de Dios. Está criticando algo que el Señor ha hecho. Debemos dejar de mirarnos desde un punto natural y mirarnos como Dios nos ve, como creados en Cristo Jesús. El Padre no nos ve como cualquier otro nos ve, Él nos ve en Cristo. Muchos cristianos son derrotados porque se ven a sí mismos desde el punto de vista natural cuando podrían ser victoriosos mirándose a sí mismos como Dios lo hace.

Un cristiano que estaba teniendo serios problemas en su vida me dijo una vez: “Creo que estoy pagando por la vida que viví antes de ser salvo. Fui tan pecador“. Sin embargo, cuando nacemos de nuevo, somos redimidos no solamente del pecado, sino también de la paga del pecado. No tenemos que pagar por nuestros pecados porque Cristo ya lo ha hecho por nosotros. Ni siquiera nos es posible pagar por ellos.

Muchas personas no saben la diferencia entre el arrepentimiento y el hacer penitencia. Si los acusaras de seguir las enseñanzas de cierta otra religión, lo negarían acaloradamente. Pero eso es exactamente lo que están haciendo; están tratando de hacer penitencia por su vida pasada.

Cuando un hombre se arrepiente entonces Dios no tiene conocimiento de que ese hombre haya hecho algo malo alguna vez. “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mi mismo, y NO ME ACORDARE DE TUS PECADOS” (Isaías 43:25). Si Dios no se acuerda, ¿por qué debes hacerlo tú?

Si después de ser salvo un hombre tuviera que cosechar lo que había sembrado como pecador, entonces tendría que ir al infierno al morir, porque eso también es parte de la pena. Si va a cosechar cualquier parte de la pena, va a cosecharla toda completa. Pero, somos redimidos no solo del, poder, sino también de la paga del pecado. Jesús tomó nuestro lugar. El sufrió la paga de nuestro pecado. Él nos ha capacitado para disfrutar de la herencia de los santos en luz, como vimos en nuestra última lección.

Paso 4 – La Realidad De Nuestra Comunión Con El Padre

La razón principal de la redención es la comunión. “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9). Nota que fuimos llamados a “la comunión con su Hijo”.

1 Juan 1:3-4,7: “Lo que hemos visto y oído, eso anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido… Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.

El honor más alto que el Señor nos ha conferido es el de tener comunión con El, con Su Hijo, y con el Espíritu Santo en la realización de su sueño de la redención de la raza humana. La relación sin comunión es una cosa insípida. Es como un matrimonio sin amor o sin compañerismo. La comunión es la madre de la fe. Es la madre del gozo. Es la fuente de la victoria. Y Él nos ha llamado individualmente para tener comunión con su Hijo.

Si tenemos comunión con Él y andamos en luz, entonces la oración se convierte en uno de los privilegios más dulces y grandiosos que heredamos en Cristo. Al oír a algunas personas hablar, uno pensaría que la oración es un trabajo penoso. Los oímos hablar de luchar y pelear; de tratar de creer. Pero nunca ha sido un problema o una lucha para mí el orar. El orar nunca me ha sacado algo, más bien ha puesto algo en mí. Yo a menudo oro cinco horas o más al día.

El problema con la gente que tiene tal dificultad con la oración es que en vez de dejar que el Espíritu Santo los ayude y ore a través de ellos, están tratando de hacer todo por sí mismos, con su propia energía. Naturalmente esto los va a extenuar. Dios quiere que vengamos al lugar de descanso en El. “Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo. A los cuales Él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio” (Isaías 28:11-12). Podemos encontrar un tiempo de refrigerio en el Señor mientras oramos en otras lenguas.

Paso 5 – La Realidad De La Autoridad Del Nombre De Jesús

Juan 14:13-14 dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.

Supón que un hombre rico te diera un documento firmado diciendo que te ha conferido el derecho para usar su nombre y así recibir cualquier cosa que necesites para vivir cómodamente. Supón que ése fuera un documento legal, dado ante testigos, por el cual cada una de tus necesidades pudieran ser suplidas para el resto de tu vida. ¿Suena esto demasiado bueno para ser verdad? ¡Lo más maravilloso de ello es que es verdad!

Dios nos ha hecho “apoderados” para usar el nombre de Jesús para suplir toda necesidad; espiritual, física o financiera. Él nos ha dado poder sobre las fuerzas satánicas. Él ha dicho que “todo lo que pidiereis en mi nombre” nos lo dará. Tenemos autoridad para usar su nombre. El hecho de que muchos no lo hagan no es por falta de fe, sino por no saber cuáles son sus derechos legales en Cristo. Debemos tomar el lugar de hijo o hija y aprovecharnos de nuestros derechos como hijos de Dios. Debemos saber lo que nos pertenece y hacer lo que la Palabra dice.

Texto Para Memorizar:Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9).

Tomado y editado del Capítulo 17 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 16

En esta lección empezaremos a ver la enseñanza “Siete Pasos Hacia la Clase más Elevada de Fe”.

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Lección 16 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 1)

Textos Bíblicos: Colosenses 1:12-14; 1°Corintios 6:19-20.

Verdad Central: Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos liberados del poder de las tinieblas, y somos trasladados al Reino de Su amado Hijo.

En esta próxima serie de lecciones de fe tengo un doble propósito en mente. Ya hemos cubierto la mayoría de estos siguientes puntos en una forma u otra, pero quise ponerlos juntos para que puedas ver el progreso que estás haciendo. Si has estudiado estas lecciones de fe y ellas han formado parte de tu vida, el diablo va a tratar de vencerte. El Señor quiere que estés preparado para el futuro, y a través del poder de la Palabra de Dios puedes estar listo para cualquier emergencia que se presente.

Paso 1 – La Integridad De La Palabra De Dios

Lo primero que necesitamos saber es que la Palabra de Dios es realmente lo que declara ser. Es una revelación de Dios a nosotros. Es Dios hablándonos ahora, No es solamente un libro del pasado y un libro del futuro, es también un libro del ahora. Este libro tiene el aliento de Dios, es habitado por Dios, y es un mensaje inspirado por Dios. “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). La traducción de Moffat de este versículo (traducida del inglés) dice así, “Porque la Palabra de Dios es una cosa viviente“. La Palabra de Dios está viva. Pero solamente se hará viva para ti cuando la uses y actúes en ella.

Así que vemos que el primer paso hacia la clase más elevada de fe es aceptar y entender la integridad de la Palabra de Dios. La Palabra es de gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les da gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les ha hablado a ellos a menos que tengan un mensaje en lenguas o profecía. Pero la Palabra de Dios es Dios hablándonos. El don de profecía, lenguas e interpretación de lenguas no sobrepasan a la Palabra. La Palabra viene primero. Estos dones orales inspiracionales nos son dados para inspirarnos en línea con la Palabra de Dios, pero si dicen algo aparte de la Palabra, no es el Espíritu Santo el que está hablando; esa persona está hablando de su propio pensamiento. Siempre debemos juzgar estas cosas a la luz de la Palabra de Dios.

También hay algunos que tratan de hacer que la Palabra diga ciertas cosas porque quieren que diga lo que ellos creen. Están tratando de adaptar la Palabra a sus propias creencias en vez de adaptar sus creencias a la Palabra. Algunas gentes tratan de pasar desapercibidos ciertos pasajes o explicarlos de manera que les roban su valor. Pero debemos aceptarlos por lo que dicen y caminar en su luz. Debemos creer lo que la Palabra dice, no lo que pensamos que dice. Cuando empieces a estudiar la Palabra en esta luz, aceptándola como es, te sorprenderás al darte cuenta que algunas de las cosas que siempre has creído no se encontraban en la Palabra. Te preguntarás por qué creíste algunas cosas como lo hiciste.

Esto ocurrió en mi propia experiencia. Mientras pasé muchos meses en el lecho de aflicción, estudié la Biblia y vi en ella verdades de la fe y de la sanidad. Pero mientras más estudiaba la Palabra de Dios, más vela que era verdad.

A pesar de las enseñanzas de mi iglesia, decidí que iba a andar a la luz de la Palabra de Dios porque creí que esta Palabra era Dios hablándonos a nosotros hoy en día. Cuando tomé ese paso, la mayor parte de la batalla fue ganada.

Para creer realmente la Palabra de Dios tuve que ir en contra, no solo de las enseñanzas de mi iglesia, sino también de mi familia. Es sorprendente como podemos hacerle más caso a lo que enseñan en una iglesia que a la misma Biblia. Y algunas veces nuestros amados, pensando que ellos saben lo que mejor nos conviene, se opondrán a que caminemos en la luz completa de la Palabra de Dios. Aun así, yo tomé la determinación de seguir la Palabra de Dios, sabiendo que ésta es Dios hablándome a mí hoy.

Paso 2 – Nuestra Redención En Cristo

Lo segundo que necesitamos saber es la realidad de nuestra redención en Cristo; no como doctrina, filosofía o credo de algún tipo, sino como una redención real de la autoridad de Satanás. Por el nuevo nacimiento hemos sido trasladados al reino de Su Hijo, al reino de Dios. En otras palabras, hemos nacido dentro de la misma familia de Dios.

Colosenses 1:12-14 dice: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

Qué maravilloso que podemos entrar a nuestra herencia en Cristo. Dios nos ha capacitado para poder tener parte de esta herencia, como acabamos de leer.

El versículo 13 continúa diciendo, “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. La palabra griega traducida “potestad” aquí, quiere decir “autoridad“. “El cual nos ha librado de la AUTORIDAD de las tinieblas…”. Se refiere al reino de Satanás. Nota también que la escritura no dice que Él nos va a librar. Dice, “El cual nos HA librado…”.

El versículo 14 nos dice el precio de la redención. “En quien tenemos redención por su sangre…”. En conexión con esta escritura leemos en Apocalipsis 12:11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…”. La versión revisada Americana de este versículo dice: “por la sangre del Cordero y por la palabra del su testimonio”.

La sangre de Jesús es la base de nuestra victoria. Pero tenemos que agregarle nuestro testimonio, nuestra confesión. Tenemos que defender nuestra posición en contra del enemigo. Ya que Satanás es el dios de este mundo, él tratará de ejercer autoridad sobre ti. Pero no tiene que ser el que gane, porque tú has sido librado a través de la sangre de Jesucristo del poder de las tinieblas, de la autoridad de Satanás. Por la virtud del nuevo nacimiento has sido trasladado al reino de Su amado Hijo. En toda batalla con Satanás puedes ganar, no importa la clase de prueba que sea, porque tienes redención a través de la sangre del Cordero y por la palabra de tu testimonio.

¡Hay Poder En Su Sangre!

El dominio de Satanás sobre nosotros como nuevas criaturas en Cristo terminó. Jesús es el Señor y Cabeza de este nuevo cuerpo. Las escrituras se refieren a Él como a la Cabeza de la Iglesia. La Iglesia, la cual es todos los creyentes nacidos de nuevo, es llamada el Cuerpo de Cristo. Satanás no tiene derecho de gobernar sobre el Cuerpo de Cristo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo. Él es quien debe gobernar y dominar el Cuerpo.

Algunas personas aceptan la derrota en la vida porque no entienden la Palabra en su plenitud. Ellos me han dicho que no triunfaron porque no era la voluntad de Dios. Me han dicho: “Nuestros espíritus pertenecen al Señor, pero nuestros cuerpos no han sido redimidos todavía. Por eso, ahora debemos sufrir enfermedades en el terreno físico. Pero viene el tiempo cuando no tendremos que hacerlo”. En respuesta a esto vayamos a 1 Corintios 6.

1 Corintios 6:19-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Este pasaje nos dice que no solamente nuestro espíritu, sino nuestro cuerpo también fue comprado por un precio. Por lo tanto, debes “glorificar a Dios en tu cuerpo y en tu espíritu, los cuales son de Dios“. ¿Recibe Dios alguna gloria cuando Satanás nos domina físicamente? ¿Podría Dios obtener alguna gloria de un cuerpo, templo del Espíritu Santo, que está deformado o desfigurado con enfermedad? Ciertamente que no. Necesitamos entender esto claramente y aprender a tomar una posición firme contra el diablo cuando ataca nuestros cuerpos; tal y como lo haríamos cuando ataca nuestros espíritus.

Veamos de nuevo Colosenses 1:12, “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz“. Esto es parte de tu herencia como hijo de Dios cuando andas en la luz. Tenemos autoridad sobre el diablo a través de la sangre de Jesús. Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos librados del poder de las tinieblas y somos trasladados al reino de su amado Hijo.

Observa las palabras, “Dando gracias al Padre, que nos hizo APTOS para participar de la herencia…”. Puedo tomar de mi herencia ahora mismo. No tenemos que relegarla al futuro. Tenemos una herencia ahora. Estamos libres de la autoridad de las tinieblas ahora. Hemos sido trasladados al reino de Su amado Hijo ahora. Tenemos libertad y redención de la mano de Satanás ahora Podemos vencerlo ahora por la sangre del Cordero y por la palabra de nuestro testimonio. Podemos glorificar a Dios ahora en nuestros cuerpos y en nuestros espíritus, los cuales son de Dios.

Texto Para Memorizar: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…” (Apocalipsis 12:11).

Tomado y editado del Capítulo 16 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 12

En esta lección veremos como la confesión de la Palabra de Dios edifica nuestra fe, pues declara lo que la Palabra de Dios dice de nosotros.

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Lección 12 – La Confesión De La Palabra de Dios Edifica La Fe

Textos Bíblicos: Marcos 16:15-20; Isaías 41:10; Salmos 119:28,130.

Verdad Central: La confesión es el modo que la fe tiene de expresarse. La confesión de la fe crea realidades.

Siempre es posible saber si una persona está creyendo de forma correcta por lo que dice. Si su confesión es incorrecta, su creer es incorrecto, si su creer es incorrecto, su manera de pensar es incorrecta. Si su pensar es incorrecto, es porque su mente aún no ha sido renovada con la Palabra de Dios. Los tres; creer, pensar, decir, van juntos. Dios nos ha dado Su Palabra para corregir nuestro pensar. Nosotros podemos pensar de acuerdo con la Palabra de Dios.

En nuestros estudios sobre el tema de la confesión hemos tratado con tres tipos de confesión: la confesión de los pecados de los judíos, la confesión del pecador de hoy, y la confesión del creyente que está fuera de comunión con Dios. En esta lección veremos la confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

Como ya lo mencionamos en una de las lecciones previas, siempre que la palabra “confesión” es usada, nosotros instintivamente pensamos en el pecado y en el fracaso. Pero ese es el lado negativo. Eso es importante en su lugar, claro, pero hay un lado positivo y la Biblia tiene mucho más que decir acerca del lado positivo que del negativo.

Las Cinco Partes De La Confesión

Confesar es afirmar algo que creemos. Es testificar de algo que nosotros sabemos. Es dar testimonio de una verdad que nosotros hemos abrazado. Nuestra confesión debe centrarse en cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de Su Palabra y del Espíritu Santo, ha creado en nosotros en el nuevo nacimiento y en la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo por nosotros ahora a la diestra del Padre donde vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer por nosotros, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

La Confesión En Marcha – Predicando La Palabra

Marcos 16:15-20: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas. Tomarán en las manos serpientes y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”.

Dios obra a través de nosotros por su palabra a través de nuestros labios. Jesús dijo, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura“. Esa es la manera en que Dios obra a través nuestro. Nosotros llevamos la Palabra a los perdidos. Si no llevamos la Palabra al mundo, entonces perdemos el tiempo, orando para que Dios haga algo. En otras palabras, sería inútil orar por alguien que está perdido sino le lleváramos también el evangelio de la salvación. Si con solo orar pudiéramos conseguir que la gente se salvara, no tendríamos que mandar misioneros por todo el mundo. Sólo tendríamos que orar para que todos entraran al reino. Sin embargo, el Espíritu Santo obra solamente en conexión con la Palabra.

En obediencia al mandato de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el evangelio, los discípulos fueron predicando la Palabra por todas partes y el Señor trabajó con ellos y confirmó Su Palabra con señales. Dios no hizo nada hasta que los discípulos predicaron la Palabra. Entonces las señales les seguían.

Hablando de las señales que les seguían, éstas no siguen a un individuo, sino que siguen a la Palabra. Di la Palabra y las señales se encargarán de seguirla. Tú no sigues las señales, las señales siguen la Palabra.

En la última iglesia que pastoreé, llegué a preocuparme porque no sucedían muchas señales en mi ministerio. Me encerré a orar por varios días, pidiéndole a Dios por más señales. Finalmente el Señor me habló y dijo: “Tú has estado orando para que yo confirme mi Palabra y hayan señales. Pero todo lo que tienes que hacer es predicar la Palabra y yo la confirmaré. Si tú predicas la Palabra, las señales la seguirán. Si las señales no están sucediendo, entonces no estás predicando la Palabra”.

Yo me sorprendí de esto, pero al examinar más cuidadosamente mi predicación, descubrí que era cierto. Había mezclado mucha tradición y muchas opiniones personales en mis sermones. Y Dios no va a confirmar tradiciones con señales.

A medida que empecé a predicar más de la no diluida, pura Palabra de Dios, comencé a ver que seguían más señales. ¡Mientras más predicaba la Palabra más señales tenía!

Dios se mueve solamente de acuerdo con Su Palabra. Él ha magnificado Su Palabra por encima de Su nombre. Y no podemos esperar recibir ayuda de Dios si nos ponemos en contra de Su Palabra, aunque éste sea un acto inconsciente por nuestra parte. Deberíamos tratar la Palabra de Dios con la misma reverencia que le demostraríamos a Jesús si él estuviera presente en el mundo natural.

La Confesión Dispersa El Temor

Isaías 41:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

¿Has notado alguna vez, al leer la Biblia cuántas veces Dios le dice a Sus hijos “No temas“? Cuando Jairo pidió a Jesús que sanara a su hija, el Señor le dijo, “…no temas. Cree solamente, y será salva” (Lucas 8:50). Cuando Cristo les estaba enseñando a Sus discípulos, les dijo, “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” (Lucas 12:32).

Cuando el Señor se le apareció a Isaac, renovando el pacto que había hecho con su padre Abraham, el Señor le dijo, “…No temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré…” (Génesis 26:24). Si Dios sólo hubiera dicho, “No temas“, y nos hubiera dejado ahí, podríamos decir ‘sí, pero no puedo evitar el tener miedo’, pero El no dijo solamente, “No temas”, también dijo, “Porque yo estoy contigo“. ¿Podemos creer que Él está con nosotros y aún tener miedo? No. Si tenemos miedo, es porque le estamos dudando. “Pero“, alguien podría decir, “yo soy tan débil“. Dios dijo, “Yo te esfuerzo“. “Pero soy tan indefenso“, alguien podría decir. Dios dijo, “Yo te sustentaré“.

Salmos 119:28,130: “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra… La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”.

Es cierto que en nosotros mismos podemos ser débiles e indefensos, cargados de ansiedades y problemas. Pero en nuestra debilidad miramos Su Palabra para recibir fuerzas, porque “La exposición de tus palabras alumbrar hace entender a los simples“.

Nuestra confesión puede ser, “Dios está conmigo“. Podemos decir, “Mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). “…Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Puedes estar enfrentándote a un problema que parece imposible. En vez de hablar acerca de lo imposible que es, míralo a Él, que está dentro de ti y di, “Dios está en mí ahora“. Te encontrarás con que tu confesión de fe hará que Él obre a tu favor. Él se levantará dentro de ti y te dará el éxito. ¡El Maestro de la Creación está en ti! Puedes enfrentarte a la vida sin temor porque sabes que mayor es el que está en ti, que cualquier fuerza que pueda ser organizada en contra tuya. Esta debería ser tu confesión continua.

La Confesión Aumenta La Fe

Sin confesión no hay fe. La confesión es el modo en que la fe se expresa a sí misma. La fe, como el amor, es del corazón, del espíritu. Y sabemos que no hay amor sin palabra o acción.

Con el razonamiento no podemos meter el amor dentro de las personas ni lo podemos sacar tampoco con el razonamiento. Es algo del corazón. Como la fe también es del espíritu o corazón, podemos decir con seguridad que no hay fe sin confesión. La fe crece con la confesión.

La confesión del creyente hace varias cosas en él. Primero, lo ubica. Segundo, arregla las fronteras de su vida. Nunca tendrás más de lo que confiesas.

Marcos 11:2 dice3: “Porque de cierto os digo que CUALQUIERA QUE DIJERE a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino CREYERE QUE SERA HECHO LO QUE DICE, LO QUE DICE LE SERA HECHO”.

Si decimos que no podemos hacer algo, entonces por supuesto no podemos. Pero si decimos que podemos, entonces podemos. De acuerdo con Marcos 11:23, podemos tener cualquier cosa que digamos, o confesemos, sea creencia o incredulidad, éxito o fracaso, enfermedad o salud.

La razón por la que la mayoría de los cristianos, aunque sean sinceros, son débiles, es que nunca se han atrevido a hacer una confesión de lo que son en Cristo. Deberían averiguar cómo los ve Dios y luego confesarlo. Estos privilegios se encuentran mayormente en las epístolas del Nuevo Testamento, ya que fueron escritas a la iglesia. Cuando tú descubras todo lo que Dios tiene para ti, entonces confiesa con confianza lo que la Palabra de Dios declara que eres en Cristo. A medida que hagas esto, tu fe va a abundar.

La razón por la cual tu fe es ahogada y detenida en cautiverio es porque nunca te has atrevido a confesar lo que Dios dice que eres. Recuerda, la fe nunca crece más allá de tu confesión. Tu confesión diaria de lo que el Padre es para ti, de lo que Jesús está haciendo por ti ahora a la diestra del Padre, y de lo que el Espíritu Santo está haciendo en ti edificará una vida sólida de fe positiva.

No tendrás temor de ninguna circunstancia. No tendrás temor de ninguna enfermedad. No le temerás a ninguna situación. Enfrentarás la vida sin temores, serás un vencedor. Y para ser un vencedor, debes confesar que lo eres. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Viendo de nuevo la escritura en Romanos 10:10, vemos en forma de cápsula la Ley de Dios de la fe: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Para conseguir algo de Dios, primero debemos creer en nuestro corazón lo que la Palabra dice. Luego debemos confesar con nuestra boca que es así. Por ejemplo, para ser salvo un hombre debe creer en su corazón y entonces confesar con su boca que Jesús murió por él de acuerdo a las Escrituras, y que fue levantado de los muertos para su justificación. Como resultado, recibirá (o verá) la respuesta a su oración. Creerlo, confesarlo, recibirlo. “…Cualquiera que CREYERE que será hecho lo que DICE, LO QUE DIGA LE SERA HECHO” (Marcos 11:23).

A medida que estudias la Palabra de Dios y aprendes lo que la Palabra dice que eres, quien eres, y lo que tienes en Jesucristo, aunque no te parezca real al principio, empieza a confesar, “Sí, es mío, de acuerdo a la Palabra de Dios“. Entonces averiguarás que la confesión de fe crea realidad.

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 11

Aunque no estoy muy de acuerdo en este punto con el autor del libro, aquí les dejo lo que escribió, en especial porque muchos creyentes piensan como él.

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Lección 11 – La Confesión Restaura La Comunión Rota

Textos Bíblicos: Salmo 137:1-4; 1°Juan 1:3-10; Santiago 5:14-15; Hebreos 10:1-4

Verdad Central: La fe no tiene cántico cuando la comunión está rota.

En nuestros estudios sobre el tema de la Confesión hemos cubierto los primeros dos tipos: la confesión de los judíos, y la confesión del pecador de hoy en día. En esta lección trataremos sobre la confesión del creyente que está fuera de la comunión con Dios.

En el Salmo 137 vemos un ejemplo dramático de comunión rota. Como resultado del pecado, Israel había sido llevado a Babilonia.

El Salmo 137:1-4 dice: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos acordándonos de Sión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: cantadnos algunos de los cánticos de Sión. ¿Como cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?”.

En este pasaje Israel lamenta su cautividad. El pueblo de Dios recordaba a Sión, pero ahora están tristes y sus arpas estaban colgadas sobre los sauces. Ellos no podían cantar “cántico de Jehová en tierra de extraños“. La fe no tiene cántico cuando la comunión está rota. Nosotros perdemos nuestro testimonio en el mismo momento en que pecamos. El pecado siempre apaga la luz. La fe tiembla en la oscuridad de la comunión rota.

La Confesión Trae Perdón

1 Juan 1:3-10 dice: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él y os anunciamos: Dios es la luz y no hay ningunas tinieblas en El. Si decimos que tenemos comunión con El, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado le hacemos a El mentiroso, y su Palabra no está en nosotros”.

Observa que la palabra “comunión” es mencionada cuatro veces en estos versículos. Estas palabras, las cuales son escritas para el creyente y no para el pecador, fueron dadas, primero, como una advertencia contra la comunión perdida, y segundo, para mostrar el camino para regresar a la comunión con el Señor.

El versículo 6 dice: “Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad“. En otras palabras, si estamos fuera de comunión y declaramos que andamos bien, no estamos diciendo la verdad. Pero Él dice que si nosotros confesamos los pecados, Él es “fiel y justo para perdonar pecados, y para limpiamos de toda maldad“.

Un punto que debemos aclarar aquí es que si has pecado, lo sabrás. En el mismo instante en que hagas algo malo, algo dentro de ti te lo dirá. El Espíritu Santo, el cual habita dentro del creyente instantáneamente te hará saber que has cometido pecado. Si no damos en el blanco en alguna manera, es importante que no esperemos, que nos detengamos ahí mismo y pidamos al Señor Su perdón. Él nos perdonará, y continuaremos andando en comunión con Él.

El Perdón Restaura La Comunión

Cuando tú has confesado tus pecados, Él te perdona en ese mismo momento y tú estás ante Su presencia como si nunca hubieras pecado. No es necesario continuar confesando esos mismos pecados una y otra vez, porque esto acrecienta la debilidad, la duda y la conciencia de pecado dentro del espíritu.

Si lo confesaste una vez, Él lo perdonó y lo olvidó. Él no se acuerda de eso. “Yo, Yo soy el que borra tus rebeliones por amor de mi mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). Y en Jeremías 31:34 leemos: “…Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado“.

Si Dios no se acuerda más de ese pecado que rompió tu comunión con Él, ¿por qué debes recordarlo tú? No es el Espíritu Santo el que te está condenando. Es Satanás tratando de abusar de ti. El Salmo 103:1-3 dice: “Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios: Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias“.

Algunas veces hay personas que me piden que ore por ellas y dicen: “No sé si el Señor me va a oír o no, porque he pecado y fallado“. Sin embargo, si ellos le han pedido perdón a Dios, Él no se acuerda de que ellos hayan hecho algo malo. Así que, ¿por qué deben ellos recordarlo? Sin necesidad, se han hablado a sí mismos saliéndose de la fe. El creyente debe estar dispuesto a perdonarse a sí mismo, tal y como Dios desea perdonarle. Muchísimas personas se han robado de fe a sí mismas porque no estaban dispuestas a perdonarse a sí mismas.

El Perdón En Sanidad

Santiago 5:14-15: “¿Hay alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”.

Estos versículos son frecuentemente usados en conexión con la oración para sanidad y está bien. Pero no debemos pasar desapercibida la última parte: “…Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados“.

Muchas veces al ver que alguien se ha enfermado que nosotros sabemos está fuera de comunión con el Señor, pensamos: “Él ha hecho algo malo; ahora va a recibir los resultados de su mala actuación. Está enfermo por causa de su pecado“. Algunas veces la comunión rota causará enfermedad. Pero la Palabra de Dios dice: “Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados“.

Yo he conocido a personas quienes han pensado que tenían que quedarse en el lecho de aflicción indefinidamente y que habían fallado y pecado. Sin embargo, esto no es necesario porque la escritura dice: “La oración de fe salvara al enfermo, y el Señor lo levantará, Y SI HUBIERE COMETIDO PECADOS, LE SERAN PERDONADOS“. Hay Perdón en la sanidad.

Hebreos 10:1-4 dice: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”.

Esta es la historia del fracaso de la sangre de los toros cabríos para quitar los pecados. Su sangre solamente podía cubrirlos. El pecado lo dejaba en el corazón de los hombres. Y con el pecado había conciencia de pecado. Pero en nuestra redención en Cristo, Jesús nos ha redimido de la conciencia de pecado. “Si nosotros confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Tú no debes tener más conocimiento de tu pecado. Dios no lo tiene, ¿por qué deberías tenerlo tú? Así puedes ver con qué confianza y seguridad puedes acudir a él en oración, sabiendo con certeza que Él te escucha.

Texto Para Memorizar: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

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26 Dias de Fe – Día 10

En esta lección empezaremos a definir lo que es la confesión de la Palabra de Dios

Lección 10 – La Confesión: Llave Para Abrir La Fe

Textos Bíblicos: Mateo 3:5-6; Juan 16:7-11; Mateo 10:32-33.

Verdad Central: La confesión del Señorío de Jesucristo es el verdadero corazón del evangelio.

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Muy pocos cristianos se dan cuenta del lugar que la confesión ocupa en el esquema de las cosas de Dios. Y es deplorable el hecho de que cada vez que usamos la palabra “confesión“, invariablemente la gente piensa en la confesión de pecados, debilidades y fracasos. Ese es el lado negativo de la confesión, pero hay un lado positivo. Y la Biblia dice más acerca de los aspectos positivos de la confesión que de los negativos.

El diccionario dice que confesar es “admitir o apropiarse, admitir la fe interna“. Confesar, de acuerdo con el diccionario, significa hacer confesión de las culpas de uno.

Hay cuatro clases de confesiones de las que se habla en el Nuevo Testamento: (1) Las enseñanzas de Juan el Bautista acerca de la confesión de pecados de los judíos; (2) La confesión del pecador de hoy en día; (3) La confesión de Pecados del creyente cuando está fuera de comunión con Dios; y (4) La confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

La Confesión de los Pecados De Los Judíos.

Es importante que sepamos distinguir entre los pecados de los judíos bajo el primer pacto, a quienes Jesús y Juan el Bautista estaban hablando, y los pecados del no creyente de hoy, quien nunca ha conocido a Cristo.

Mateo 3:5-6: “Y salía a él Jerusalén y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán. Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”.

Aquí tenemos un cuadro del pacto de Dios confesando sus pecados y siendo bautizados por Juan. Este no es el bautismo del cristiano. Jesús no había muerto y resucitado. Juan no bautizaba en el nombre del Padre. Esta gente eran judíos bajo la Ley.

La Confesión Del Pecador De Hoy.

Juan 16:7-11: “Pero yo os digo la verdad: Oí; conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere os lo enviaré. Y mando él venga, convencerá el mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mi; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más. Y de juicio, por manto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

Observa las palabras de Jesús en el versículo 9: “De pecado, por cuanto no creen en mí“. Jesús nos muestra que el pecador será convencido por el Espíritu Santo de un solo pecado, y ese es “por cuanto no creen en mí“. Cuántas veces hemos insistido en que el pecador confesara todos los pecados que había cometido para poder ser salvo. Sin embargo, no podía confesar todos los pecados que había cometido. No podía recordar todo lo que había hecho. La principal confesión que el pecador puede hacer es el señorío de Jesús.

En Hechos 19:18 leemos, “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos“. Estos eran gentiles. No dice lo que confesaron, pero es evidente según el versículo siguiente que ellos estaban confesando las artes mágicas que practicaban. “Asimismo, muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos...” (v. 19). No estaban confesando estas cosas para ser salvos, porque ellos ya eran salvos. Las trajeron porque eran salvos. Después de ser salvos, fue más fácil hacerlo. Muchas veces la gente ha tomado la carreta antes que el caballo. Le dicen a la gente que todavía no es salva, “tú vas a tener que dejar esto y vas a tener que renunciar esto o aquello antes que puedas ser salva“. Pero lo más importante es que acepten el señorío de Jesús. Entonces esas cosas se ocuparán de sí mismas.

Había una familia en la última iglesia que pastoreé, en la que la esposa era salva pero el esposo no. Cuando les visité e invité al esposo a venir a la iglesia, me dijo, “no, no quiero ir a la iglesia, porque cuando lo hago me siento incómodo. Me siento bajo culpabilidad. Recientemente esta mañana, mi esposa me preguntó por qué no dejaba esto o aquello para ser salvo. Ella no lo sabe, pero hace semanas que llevo tratando de dejar estas cosas, pero siempre vuelvo a ellas. Lo he intentado, y he fallado. No tiene sentido que yo vaya a la iglesia. Simplemente no puedo vivirlo“.

Aquí hay un ejemplo de confesión al revés. Él estaba tratando de limpiar su vida y dejar todos sus malos hábitos. Estaba tratando de hacerlo por sí mismo para poder alcanzar la salvación. Pero lo que él tenía que hacer era simplemente confesar el señorío de Jesús. “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

El pecador ha servido a Satanás. Es culpable solamente de un pecado ante los ojos de Dios y ése es el rechazar a Jesús como Salvador y Señor. Dios requiere que el pecador confiese el señorío de Jesús. El requerir que el pecador confiese sus pecados antes que Dios pueda hacerle una nueva criatura no tiene más sentido que si el gobernador de un estado le dijera a un convicto en prisión, “yo te absolveré si confiesas que estás en prisión“. Es un hecho autoevidente que está en la cárcel. Del mismo modo es un hecho autoevidente que el pecador es un hijo del diablo. Lo que debe confesar es el señorío de Cristo. Debe estar realmente arrepentido de los pecados del pasado y apartarse de ellos, abandonándolos por completo, y admitiendo su necesidad de un Salvador. Entonces debe permitir que Jesús domine su vida diaria.

Observe también las palabras, “Si confesores con tu boca...”. Tiene que haber una confesión oral. Los labios deben enmarcar las palabras. La confesión no es solamente algo que hacemos para nosotros, sino también para el mundo alrededor nuestro y para Satanás, quien ha gobernado nuestras vidas.

Mientras dirigía una reunión en Dallas, Texas, hace unos cuantos años, varios hombres en la iglesia se me acercaron pidiendo oración por cierto hombre que todavía no era salvo, aunque había estado viniendo a sus reuniones de oración matutinas cinco días por semana, durante seis meses.

Cuando lo conocí unas noches después en un estudio bíblico del sábado por la noche que yo estaba dirigiendo especialmente para los hombres que trabajaban y no podían asistir a nuestras reuniones diurnas, el Señor inmediatamente me habló al corazón y me mostró cual era el problema. Tuvimos algunos testimonios en esta reunión, entonces le pedí a este hombre que se levantara y diera su testimonio. Sorprendido, vaciló y dijo, “¿Por qué? Yo no puedo. Todavía no soy salvo“. Entonces le pedí que buscara en su Biblia Romanos 10:9-10 y leyera estos versículos en voz alta. El leyó, “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación”.

Cuando le pedí que leyera la última frase otra vez, él repitió, “Pero con la boca se confiesa para salvación“.

Yo dije, “Ciertamente usted no puede ser salvo hasta que confiese. Es con la boca que la confesión se hace para salvación, de acuerdo a las escrituras que usted acaba de leer. Ahora póngase en pie y confiese que usted es salvo“.

Pero yo no me siento que soy salvo“, respondió.

Tal vez no“, le dije, “pero usted ha estado viniendo a esta iglesia muy temprano cada mañana por seis meses orando para ser salvo“.

Sí, yo me he arrepentido y he orado, llorado y suplicado a Dios por perdón“, dijo él. “Entonces todo lo que le falta es mantenerse firme en este versículo“, le dije. Entonces, algo vacilante, él se puso en pie y dijo, “Bien, yo creo en estos versículos, que Jesús murió por mis pecados y fue resucitado de los muertos, y que Dios lo levantó para mi justificación. Así que lo tomo como mi Salvador y lo confieso como mi Señor“. Entonces rápidamente se sentó.

Para dirigir la atención lejos de él, llamé a otro hombre para testificar. Varios otros también testificaron.

Mirando de nuevo a aquel hombre noté que su rostro estaba brillando con la gloria de Dios. Me volví a él y le dije, “¿Ahora le gustaría testificar otra vez?”

El saltó sobre sus pies y dijo, “Cuando hice aquella declaración, cuando confesé a Jesús como mi Señor, algo pasó dentro de mí“, y continuó alabando al Señor con gozo.

Yo le dije, “¡Claro que algo le pasó a usted! Vida eterna fue impartida a su espíritu!”

Confesión En Público.

Mateo 10:32-33: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Observe que en estos versículos Jesús establece que nuestra confesión debe ser pública. La confesión pública es realmente el rompimiento con el mundo. Define nuestra posición. Muestra nuestro cambio de señorío. La confesión del señorío de Jesús nos pone inmediatamente bajo supervisión, cuidado y protección. Antes de esto Satanás era nuestro señor, pero ahora Jesús es nuestro Señor. No solamente nos confesamos esto a nosotros mismos y al mundo, sino que se lo confesamos al diablo. De esta manera nos salimos de su sujeción y obtenemos la victoria a través de Jesús.

Texto Para Memorizar: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 9

En esta lección continuamos viendo lo que significa el creer con el corazón; que es sencillamente creer de nuestro espíritu en lugar de creer con nuestra alma o con lo que nos dicen nuestros sentidos físicos.

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Lección 9 – Lo Que Significa Creer Con El Corazón (Parte 2)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:1,6-8; Proverbios 3:5-7.

Verdad Central: Creer con todo el corazón es creer con nuestro espíritu, creer independientemente de nuestra mente o nuestro cuerpo.

Las cosas espirituales son tan reales como las cosas materiales. Dios es una persona tan real como si tuviera cuerpo físico, aunque no lo tiene. Él es Espíritu. Jesús tiene un cuerpo físico ahora, un cuerpo de carne y hueso, pero no carne y sangre. Después de la resurrección, se apareció a sus discípulos, y ellos pensaron que era un espíritu (o un fantasma). Jesús les dijo. “…palpad y ved…porque un espíritu no tiene carne ni huesos…” (Lucas 24:39).

En otra ocasión mientras Pedro y algunos de los otros discípulos estaban pescando, ellos vieron a Jesús en la ribera. Él los llamó, y ellos fueron donde estaba y comieron con Él el pescado que había cocinado en el fuego. Así que Él tiene un cuerpo físico ahora, un cuerpo de carne y hueso, resucitado. Y Jesús, quien está ahora en el cielo con su cuerpo físico, no es más real que el Espíritu Santo o que Dios el Padre.

Observa que no decimos que Dios es espíritu, pero sí que es un Espíritu. Algunos piensan que Dios es espíritu, tomándolo como cierta influencia impersonal. Aunque decimos que Dios es un Espíritu, eso no quiere decir que no tenga una figura o forma en el terreno espiritual, porque sí lo tiene. Los ángeles son espíritus, aun así los ángeles tienen forma o un cuerpo espiritual.

En una ocasión cuando los israelitas habían sido sitiados por el ejército sirio, el sirviente del profeta Eliseo estaba lleno de temor al ver las huestes enemigas de caballos y carros, rodeando la ciudad. Eliseo simplemente le dijo: “No temas: Porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos. Y Eliseo oró, y dijo, Señor abre sus ojos, para que él pueda ver. Y el Señor abrió los ojos del joven y él vio: y, he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo“. (2 Reyes 6:16-17). Algunas veces, según Dios lo quiera, ángeles pueden tomar una forma en el terreno material donde pueden ser vistos.

En Éxodo 33 leemos que Dios habló con Moisés “cara a cara” (versículo 11), aunque Moisés no vio la cara de Dios porque había una nube. “No podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre, y vivirá” (v. 20). Entonces le dijo Dios a Moisés: “Y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano y verás mis espaldas, mas no se verá mi rostro“. Aunque Dios es un Espíritu, nosotros sabemos que tiene rostro y manos; algún tipo de forma, Él no es menos real por ser un Espíritu, de lo que sería si tuviera un cuerpo físico. Las cosas espirituales son tan reales como las materiales.

2 Corintios 5:1,6-8 dice: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciera, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos… Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor. (Porque por fe andamos, no por vista). Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes en el Señor”.

Cuando nuestro cuerpo es puesto en la tumba, todavía tenemos un edificio de Dios, no hecho de manos y viviremos eternamente en los cielos. ¿Quién estará ausente del cuerpo? Nosotros; el hombre real, el hombre interior.

En 1 Pedro 3:4 nuestro espíritu es llamado “el interno, el del corazón“. Aquí vemos la palabra “corazón” otra vez. El hombre interior, nuestro espíritu, es llamado el interno. Él es un hombre del corazón, del espíritu. Es interno del hombre físico o natural. En Romanos 7:22 el espíritu es llamado el “hombre interior” (“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios“). Así que este “hombre interior” cómo el “hombre interno” nos dan la definición de Dios del espíritu humano.

El hombre real es espíritu, tiene un cuerpo y un alma. Con su espíritu hace contacto con el mundo espiritual. Con el alma hace contacto con el área intelectual. No podemos hacer contacto con Dios con nuestra mente. Tampoco podemos tener contacto con Dios con nuestro cuerpo. Podemos tener contacto con Dios solamente con nuestro espíritu.

La Palabra De Dios – Llave Para La Fe Del Corazón

Cuando oímos la Palabra de Dios predicada, la oímos con nuestra mente natural (Antes de ser cristianos, el Espíritu Santo, a través de la Palabra, habló a nuestro corazón o nuestro espíritu). Leemos en 1 Corintios 2:14, “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios…”. Una traducción dice: “El hombre natural o la mente natural no puede entender las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son tontería. Tampoco puede saberlas porque son discernidas espiritualmente“.

No entendemos la Biblia con la mente, la entendemos espiritualmente. La entendemos con el espíritu o corazón. Esta es la razón por la que podemos leer ciertos pasajes docenas de veces y no entender su significado verdadero. Luego un día de repente vemos lo que Dios nos está mostrando a través de Su Palabra. Es en ese momento que lo entendemos con el corazón. Tenemos que tener la revelación de la Palabra de Dios en nuestro corazón. Por eso, tenemos que depender del Espíritu de Dios para que nos abra y nos descubra el velo de la Palabra.

Por lo tanto, creer con el corazón significa creer con el espíritu. ¿Cómo es que nuestro espíritu alcanza fe que nuestro intelecto no puede obtener? La respuesta es: a través de la Palabra. Cuando Jesús dijo: “…No sólo de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4), estaba hablando de alimento espiritual. El usó un término natural para enseñar un pensamiento espiritual. Nuestros espíritus se llenan de seguridad y confianza a medida que meditamos en la Palabra. La Palabra es el alimento del espíritu y de la fe. La Palabra de Dios es el alimento que fortalece nuestros espíritus.

Creer con el corazón significa creer sin tomar en cuenta lo que nuestro cuerpo físico nos pueda decir o lo que nuestros sentidos físicos puedan indicar. Esto es porque el hombre físico cree lo que ve con sus ojos físicos o lo que oye con sus oídos físicos, o lo que su sentir físico le diga. Pero el espíritu, o corazón, cree en la Palabra sin prestar atención a lo visto, oído o sentido.

Proverbios 3:5-7 dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal”.

La mayoría practica el versículo 5, pero lo hace al revés. Ellos se fían de toda su prudencia y no se apoyan en su propio corazón. Santiago 1:19 dice: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse“. Este es otro versículo que estamos inclinados a practicar al revés. Somos prontos a hablar, prontos para airarnos, pero tardos para escuchar.

Luego el versículo 6 en el pasaje de escritura mencionado anteriormente dice: “No seas sabio en tu propia opinión“. En otras palabras: “No seas sabio con conocimiento humano natural, el cual te hará actuar independientemente de la Palabra de Dios“.

En el Nuevo Testamento encontramos la contraparte de esta escritura. “Porque las armas de nuestra milicia no son camales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos (razonamientos) y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4-5).

Paz – Un Resultado De La Fe Del Corazón

Si queremos andar por fe, la Palabra debe estar por encima de cualquier otra cosa. Y mientras confiamos en Dios con todo nuestro corazón, una tranquilidad y paz vienen a nuestro espíritu. “Pero los que hemos creído entramos en el reposo…” (Hebreos 4:3). “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Sabemos en nuestro espíritu que todo lo que necesitamos será suplido. No nos preocupamos. No tenemos ansiedad. Si nos estamos preocupando, entonces no estamos creyendo. Nuestro corazón se llena de valor al leer la Palabra. A medida que vamos meditando en esta Palabra, nuestra seguridad se hace más profunda. Esta seguridad en nuestro espíritu es independiente de nuestro razonamiento humano o evidencia física. Pero creer en Dios con el corazón significa creer aparte de nuestro cuerpo.

La doctora Lilian Yeomans dijo: “Dios se deleita cuando Sus hijos atraviesan el doloroso vacío sin nada más debajo de sus pies que la Palabra de Dios“.

La razón por la que muchas personas son vencidas es que lo aceptan. Pero la Palabra de Dios dice: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). El Espíritu Santo se levanta dentro de nosotros y sabemos que no podemos ser vencidos. ¡Nosotros sabemos porque creemos!

Texto Para Memorizar: “Fíate de Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).

Tomado y editado del Capítulo 9 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 8

En esta clase aprenderemos lo que es el hombre, veremos que el hombre es un espíritu, que posee un alma y habita en un cuerpo.

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Lección 8 – Lo Que Significa Creer Con El Corazón (Parte 1)

Textos Bíblicos: 1°Tesalonicenses 5:23; Romanos 12:1-2; Lucas 16:19-25.

Verdad Central: El hombre es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo.

Por años busqué una explicación satisfactoria de lo que significa creer con el corazón. Leí en Marcos 11:23 donde dice: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en SU CORAZON, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho“. Romanos 10:10 también habla de creer con el corazón. “Porque CON EL CORAZON se cree para justicia…“.

La palabra “corazón” que es usada en estas escrituras no se refiere al órgano físico que hace circular la sangre a través de nuestro cuerpo y nos mantiene vivos. Eso sería creer en Dios con nuestro cuerpo. No podríamos creer con nuestro corazón físico más de lo que podríamos creer con nuestra mano o nuestro dedo. La palabra “corazón” es usada para transmitir un pensamiento.

Nótese como usamos la palabra “corazón” hoy en día. Cuando hablamos del corazón de un árbol, nos referimos al centro, el mismo núcleo. Cuando hablamos del corazón de un tema, nos referimos a la parte más importante de ese tema, al mismo centro, la parte principal alrededor de la cual gira el resto del tema. Y cuando Dios habla del corazón del hombre, Él se está refiriendo a la parte principal de él, al mismo centro de su ser, el cual es su espíritu.

El Hombre Es Un Espíritu

1 Tesalonicenses 5:23 dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, ESPIRITU, ALMA y CUERPO, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Los términos, “espíritu del hombre” y “corazón del hombre“, son usados intercambiablemente en toda la Biblia. Sabemos que el hombre es un espíritu porque es hecho a la imagen y semejanza de Dios, y Jesús dijo: “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). Nuestros cuerpos físicos no son los que se asemejan a Dios, porque la Biblia dice que Dios no es un hombre. Recuerda que hay un hombre interior y un hombre exterior. El hombre es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo. Pablo dijo en su carta a los Romano: “Pues no es judío, el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la CIRCUNCISION ES LA DEL CORAZON, EN EL ESPIRITU, no en la letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28-29). Según este texto, el corazón es el espíritu.

Hablándole a Nicodemo, Jesús le dijo, “…Es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Nicodemo, siendo humano, sólo pudo pensar en lo natural, y por eso le preguntó: “… ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo siendo vicio? ¿Puede acaso entrar por segunda vez al vientre de su madre y nacer?” (Versículo 4). Jesús le contestó “Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (versículo 6). El nuevo nacimiento es un renacimiento del espíritu humano.

En el capítulo 4 del evangelio según San Juan también leemos donde Jesús le dijo a la mujer en el pozo de Samaria: “Dios es Espíritu, y los que le adoraran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). No podemos ponernos en contacto con Dios con nuestro cuerpo o con nuestra mente. Solamente podemos tener contacto con Dios con nuestro espíritu.

1 Corintios 14:14 dice: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto“. El espíritu no es la mente. Algunas personas creen erróneamente que la mente es el espíritu. Sin embargo, como lo indica este versículo sabemos que cuando hablamos en lenguas, esto no viene de nuestras mentes, o de nuestro propio pensar humano, sino de nuestro espíritu, de lo más profundo de nuestro ser, del Espíritu Santo en nuestro interior. Pablo siguió diciendo, “¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento…” (Versículo 15). En otras palabras, Pablo estaba diciendo que su espíritu era el verdadero él.

El Hombre Interior

Pablo también dijo: “Por tanto, no desmayamos, antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). Pablo señaló que hay un hombre exterior y un hombre interior. El hombre exterior es el cuerpo. El hombre interior es el espíritu, y el espíritu tiene un alma.

En 1 Corintios 9:27 Pablo dijo: “Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado“. Si el cuerpo fuera el hombre real, Pablo hubiera dicho: “Yo me golpeo y me pongo en servidumbre“. Él se refiere a su cuerpo como “lo“. “Yo” es el hombre de adentro, el hombre interior que ha renacido. Con nuestro cuerpo hacemos algo: lo ponemos en servidumbre. El hombre al que miramos no es el hombre verdadero, es solamente la casa donde vivimos.

Ahora podemos entender más fácilmente los escritos de Pablo a los santos en Roma:

Romanos 12:1-2 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

En esta epístola Pablo no les estaba escribiendo a los incrédulos sino a los creyentes. El dirige la carta de esta manera: “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos…” (Romanos 1:7). Aunque estaba escribiéndoles a hombres y mujeres nacidos de nuevo, él dijo que necesitaban hacer algo con sus cuerpos y sus mentes. El nuevo nacimiento no es un renacimiento del cuerpo humano sino un renacimiento del espíritu humano, y la plenitud del Espíritu Santo no es una experiencia física sino una experiencia espiritual.

Pablo dijo que tenemos que hacer algo con nuestros cuerpos físicos. Tenemos que presentarlos a Dios en sacrificio vivo. Tenemos que renovar nuestras mentes con la Palabra. Observa que esto es algo que nosotros hacemos, no Dios. Dios da vida eterna. Nos ofrece Su Espíritu. Pero Dios no hace nada con nuestro cuerpo. Si algo hay que hacer con nuestro cuerpo, tenemos que hacerlo nosotros. La Palabra dice que tú debes ser “transformado por medio de la renovación de tu entendimiento“. Nuestras mentes son renovadas a través de la Palabra de Dios.

Sabemos que el hombre es un espíritu, hecho a la imagen y semejanza de Dios. Algunas personas creen que el hombre solamente es un animal. Sin embargo, si eso fuera verdad, nos daría lo mismo matar a un hombre y comérnoslo que matar a una vaca y comérnosla. El hombre tiene un cuerpo físico en el que vive, pero no es un animal. Él es algo más que solamente una mente y un cuerpo. Él es espíritu, alma y cuerpo. Él es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo.

Los animales tienen almas, pero ellos no son espíritus. No hay nada en ellos que sea como Dios. Dios tomó algo de sí mismo y lo puso en el hombre. El hizo el cuerpo del hombre del polvo de la tierra, pero puso en las fosas nasales del hombre el aliento de la vida. La palabra “aliento“, significa en hebreo, aliento o espíritu, y es traducido “Espíritu Santo” muchas veces en el Antiguo Testamento. Dios es Espíritu, así que tomó algo de sí mismo, lo cual es espíritu, y lo puso dentro del hombre. Cuando hizo eso, el hombre se volvió alma viviente. No estaba vivo hasta entonces, pero se volvió un alma viviente. Se volvió consciente de sí mismo porque el cuerpo estaba muerto sin el espíritu.

El alma posee cualidades intelectuales y emocionales, y los animales las tienen. Pero cuando sus cuerpos físicos mueren, están muertos. Nuestras almas, nuestras cualidades intelectuales y emocionales, no están basadas en lo físico, sino en el espíritu, y cuando el cuerpo muere ellas todavía existen.

Lucas 16:19-25: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el hades alzó sus ojos, estando en tormento, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entones él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí y tu atormentado”.

En este pasaje de escritura tenemos una ilustración vívida de las tres partes del hombre – espíritu, alma y cuerpo. Observa que el versículo 22 dice, “…murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham“. ¿Quién fue llevado? (El mendigo. No su cuerpo, sino él) Su espíritu es la persona real. Su cuerpo fue puesto en la sepultura, pero él estaba en “el seno de Abraham“.

El hombre rico también murió, su cuerpo fue puesto en la sepultura, pero “en el hades alzó sus ojos“. Aunque el cuerpo de Abraham había estado en la tumba por muchos años, el hombre rico lo vio. También reconoció a Lázaro. Por lo tanto, en el reino espiritual, el aspecto del hombre es muy similar al de esta vida. El hombre rico le suplicó a Abraham: “Ten misericordia de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham dijo, hijo, recuerda…“. El hombre es un espíritu, y tiene un alma. Vemos en esta escritura que su alma está todavía intacta. Todavía puede recordar. Tiene emociones. Estaba atormentado. Estaba preocupado por sus cinco hermanos que aún vivían (versículos 27,28).

Dios es un espíritu. Él se volvió hombre, ya que Jesús era Dios manifestado en la carne, viviendo en un cuerpo humano. Él tomó un cuerpo físico y cuando lo hizo no fue menos Dios de lo que era antes.

Sabemos que el hombre deja su cuerpo físico cuando muere, y cuando lo hace, no es menos hombre de lo que era cuando tenía su cuerpo físico, como lo comprueba la historia del hombre rico y Lázaro.

No podemos conocer a Dios a través de nuestro conocimiento humano, a través de nuestra mente. Dios solamente se revela al hombre a través de su espíritu. Es el espíritu del hombre el que hace contacto con Dios, porque Dios es un Espíritu.

Texto Para Memorizar: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Tomado y editado del Capítulo 8 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 7

En esta lección veremos como la fe es contraria a lo que dicen nuestros sentido físicos. Mucha gente guía su vida por como se siente, por lo que puede ver, oír, tocar, pero como creyentes nos guiamos por lo que dice la Palabra de Dios. La fe que recibe de Dios no se basa en lo que sentimos sino en lo que creemos.

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Lección 7 – La Fe contra los Sentimientos

Textos Bíblicos: Juan 20:24-29; 2°Corintios 5:17.

Verdad Central: Una fórmula para la fe es: (1) Encuentra una promesa en la Palabra de Dios para cualquier cosa que estés buscando, (2) Cree la Palabra de Dios, (3) No consideres las circunstancias contradictorias, y (4) Alaba al Señor por la respuesta.

El amado hombre de fe, Smith Wigglesworth, dijo en cierta ocasión: “No puedo entender a Dios a través de mis sentimientos. No puedo entender a Dios el Padre y a Jesucristo a través de mis sentimientos. Solamente puedo entender a Dios el Padre y a Jesucristo a través de lo que la Palabra de Dios dice acerca de ellos. Dios es todo lo que la Palabra dice que es. Necesitamos conocerlo a través de la Palabra“. Muchísimas veces muchos tratan de conocer a Dios a través de sentimientos personales. Cuando se sienten bien, piensan que Dios ha escuchado sus oraciones. Si no se sienten particularmente bien, piensan que Él no les ha escuchado. Su fe está basada en sus sentimientos cuando debería estar basada en la Palabra de Dios.

Una Fe Cómo la de Tomás

En Juan 20:24-29 dice: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron”.

Tomás era alguien que basaba su fe en sus sentimientos, en lo que sus sentidos le decían. Él dijo que no creería a menos que pudiera ver con sus propios ojos la señal de los clavos en las manos de Jesús, y tocarlas con sus propias manos. El confiaba en lo que podía ver y tocar, no en lo que Dios tenía que decirle. Tenemos muchos “cristianos como Tomás” hoy día, aquellos que creen solamente lo que sienten, ven, oyen o tocan. Pero la fe real en Dios está basada en la Palabra de Dios. La fe verdadera en la Palabra dice: “Si Dios dice que es verdad, lo es“. Creer en Dios es creer en Su Palabra. Si la Palabra de Dios dice que Él me oye, entonces yo sé que me oye porque Él lo dice y Su Palabra no puede mentir.

Si tu fe está basada en sentimientos, entonces estás usando una fe humana natural. No podemos obtener resultados con la fe humana natural. Tenemos que usar la fe de las escrituras, la fe de la Biblia, creyendo en la Palabra de Dios.

En cierta ocasión oré por una señora, quien había estado en muchas filas de sanidad, y nunca había recibido su sanidad. Después de orar por ella, me dijo inmediatamente: “Todavía no la tengo, ore otra vez“. Oré otra vez y cuando terminé, dijo lo mismo. Después de orar por tercera vez al parecer sin resultados, le pregunté: “¿Cuándo vas a empezar a creer que estás curada?

Bueno“, me dijo ella, “cuando esté sana“. “¿Para qué quieres creerlo entonces? Me parece que entonces ya lo sabrás“, le dije.

Cualquiera puede creer lo que puede sentir, oír o ver. Nosotros vivimos y operamos en el reino físico la mayor parte del tiempo y obviamente entonces tenemos que caminar por la vista. Pero cuando se trata de las cosas de la Biblia, de las cosas espirituales, entonces no andamos por vista; andamos por fe.

La Sanidad es Espiritual

La sanidad de Dios es una sanidad espiritual. Si la ciencia médica sana, sana a través de lo físico. La Ciencia Cristiana sana a través de la mente. Pero cuando Dios sana, sana a través del espíritu.

En 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La sanidad espiritual, o sanidad divina, se recibe de Dios de la misma manera que el nuevo nacimiento, el cual es un renacimiento del espíritu. Cuando naces de nuevo, no es tu cuerpo el que nace de nuevo, porque todavía tienes el mismo cuerpo que siempre has tenido. Cuando Pablo dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”, él no se estaba refiriendo al cuerpo del hombre hecho nuevo. El nuevo nacimiento no cambia lo físico de ninguna manera. Por supuesto  que después de ser salvo, el hombre interior domina al hombre físico, pero es el hombre de adentro, el hombre interior el que nace de nuevo.

El nuevo nacimiento es el renacimiento del espíritu humano. Jesús dijo “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Lo que ha sucedido en el interior de la persona, no puede verse inmediatamente, ya que toma lugar en el espíritu humano. Pero a medida que la persona camina en la luz de lo que tiene, con el transcurso del tiempo se volverá evidente.

Hemos estado equivocados muchas veces cuando hemos visto a personas venir al altar, orar, llorar, saltar y abrazar a todos a su alrededor, actuando muy felices. Después no se les vuelve a ver más. Realmente pensamos que habían recibido algo maravilloso de Dios. Pero era solamente algo emocional, y no el nuevo nacimiento. Otras veces hemos visto a gente venir al altar por salvación, que no han demostrado emoción alguna, y nos hemos preguntado si habían recibido algo del Señor. Pensamos que no habían estado en el altar el tiempo suficiente para recibir algo. Sin embargo, muchos de estos se vuelven cristianos sobresalientes durante toda su vida. Este es otro ejemplo de fe basada en los sentidos físicos.

Yo creo en los sentimientos, pero los pongo en último lugar. La Palabra de Dios viene primero, la fe en la Palabra de Dios en segundo lugar, y los sentimientos al último. Muchísimas personas lo hacen al revés y ponen los sentimientos primero, la fe en sus sentimientos segundo, y la Palabra de Dios al final. Esta gente nunca va a tener éxito en nada.

Al andar en el ámbito natural, tenemos que guiarnos por nuestros sentidos físicos (Por ejemplo, si estamos cruzando la calle y nuestros ojos nos dicen que vienen autos, tenemos que esperar hasta que los autos pasen). Pero lo que mucha gente trata de hacer es creer en Dios con esa fe física o natural, y si sus sentidos físicos les dicen que no es así, entonces creen que no es así. Pero nuestros sentimientos físicos no tienen nada que ver con la Biblia. La Palabra de Dios es la verdad, no importa lo que nuestros sentimientos o las circunstancias nos digan. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu Palabra en los cielos” (Salmos 119:89).

Fórmula Para la Fe

Aquí hay una fórmula de fe que puedes hacer que obre resultado para ti. Primero, ten la Palabra de Dios para cualquier cosa que estés buscando; segundo, cree la Palabra de Dios; tercero, rehúsa considerar las circunstancias contrarias, o lo que tus sentidos físicos te puedan decir acerca de eso; y cuarto, agradece a Dios por la respuesta. Sigue estos cuatro pasos, y siempre obtendrás resultados. Estos son cuatro pasos seguros para liberación, sanidad, oraciones respondidas o cualquier cosa que estés buscando del Señor.

Texto Para Memorizar: “Para siempre, Oh Jehová, permanece tu Palabra en los cielos” (Salmos 119:89).

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26 Dias de Fe – Día 6

En esta clase veremos como se relacionan nuestras acciones de fe con el hecho de recibir el bautismo con el Espíritu Santo.

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Lección 6 – La Fe En Acción (Parte 2)

Textos Bíblicos: Hechos 19:1-6; 1°Corintios 14:14

Verdad Central: La fórmula de la fe en acción puede aplicarse para recibir el Espíritu Santo al igual que para recibir cualquier don de Dios.

En la lección anterior hablamos de cómo la fe es un hecho, es poner la Palabra de Dios en práctica. Muchos milagros de sanidad han sucedido cuando la gente ha actuado en fe, han dado un paso en las promesas de Dios, y han recibido de Dios. Lo mismo es aplicable para recibir el Bautismo con el Espíritu Santo. Para recibir esta potente dotación del poder de Dios debemos también dar un paso en fe y reclamar la promesa del Padre.

El Don Del Espíritu Santo: Ya Fue Dado

Hechos 19-1-6: “Y aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban”.

A medida que estudiamos el libro de los Hechos, notamos que después del día de Pentecostés, los discípulos siempre les hacían a los creyentes la pregunta: “¿Has recibido el Espíritu Santo?” Ellos no decían, “¿Te ha dado Dios el Espíritu Santo?” Dios no te va a dar el Espíritu Santo. Según Él, ya te lo ha dado. Depende de ti el recibirlo. Eso es algo que tú mismo haces.

Algunos dicen: “Como me gustaría que recibir el Bautismo del Espíritu Santo fuera tan fácil como tú lo dices“. Pero ¿qué difícil es recibir un regalo? Si un hombre me pidiera un libro que tuviera en mis manos, se lo daría. Le estaría dando el libro de regalo. Pero supongamos que él entonces empezara a llorar y a suplicar “Por favor, oh, por favor, hermano Hagin, ¡por favor, démelo!” Por supuesto, la gente pensaría que aquel hombre no estaba bien. La gente pensaría y se preguntaría por qué no extendía la mano y lo tomaba.

Las cosas espirituales son tan reales como las cosas materiales, Dios nos ofrece el don del Espíritu Santo. No tenemos que llorar y suplicar que nos lo dé. Dios dice: “Aquí está el don del Espíritu Santo. ¡Si eres nacido de nuevo, no tienes que esperar, estás listo para recibir ahora mismo al Espíritu Santo!” “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17).

Tenemos Su promesa en la Palabra. La fe es actuar en la Palabra

Durante una reunión que estaba dirigiendo en un pueblo en Texas, una señora pasó adelante para recibir oración para recibir el Espíritu Santo. Le impuse las manos y oré, el Espíritu santo vino sobre ella, pero ella no respondió. Abrí mi Biblia en Hechos 2:4, y le pedí que leyera ese versículo de escritura en voz alta. Ella leyó “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen“.

“¿Quién dice esta escritura que habló en lenguas?” le pregunté.

Dice que el Espíritu Santo lo hizo“, contestó ella.

Le dije que lo leyera otra vez. Por fin, después de leerlo cuatro veces, ella vio lo que no había visto antes. Sorprendida, me miró y dijo, “Caramba, ¡ellos hablaron en lenguas! Yo siempre pensé que el Espíritu Santo fue el que habló“. Entonces le dije: “Vamos a leer otras escrituras para no tomar solamente ésta“, y le señalé Hechos 10:44-46, “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios“.

Luego leímos en Hechos 19:6, “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban“.

Ahora quiero hacerle una pregunta“, le dije, “Cuando yo le impuse las manos, ¿vino sobre usted el Espíritu Santo? ¿Sintió el poder de Dios sobre usted?

Absolutamente“, contestó.

“¿Quería su lengua decir algo que no era en inglés?” le pregunté. ““, me dijo ella: “Casi no podía mantenerme sin hacerlo“.

Usted no debe mantenerse sin hacerlo“, le dije, “debe cooperar con ello“. Algunos parecen pensar que deben luchar contra esa necesidad tanto como puedan y finalmente el Espíritu se apoderará de ellos. Cuando el Espíritu Santo te da lenguaje, debes tener fe para actuar.

Hace algún tiempo yo estaba hablando con un hombre que había estado esperando recibir durante unos quince años. Él me dijo, “Yo sé todo lo que hay que saber acerca de buscar a Dios“. Él sabía todo acerca de buscar, pero nada acerca de recibir. Y hay una gran diferencia entre las dos cosas.

Un ministro amigo mío me contó acerca de un hombre que le dijo: “He estado buscando el Espíritu Santo durante diecinueve años“. El ministro le respondió: “Tú no has hecho eso. Jesús dijo, ‘buscad, y hallaréis’ (Mateo 7:7). Si hubieras estado buscando, habrías encontrado. Todo lo que has estado haciendo, ha sido solamente ir al altar“. Parece que esto es todo lo que muchos hacen. Es hora ya de dejar de perder el tiempo y empezar a actuar en la Palabra de Dios, porque la fe es actuar.

El Don Del Espíritu Santo: Una Experiencia Espiritual

En 1 Corintios 14:14 dice: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto”.

El recibir el Espíritu Santo es una experiencia espiritual, no una experiencia mental o física. El Espíritu Santo viene a morar en tu espíritu y tu cuerpo se convierte en el templo del Espíritu Santo. La razón por la cual tu cuerpo se convierte en el templo del Espíritu Santo, es porque tu cuerpo es el templo o la casa de tu propio espíritu. El Espíritu Santo está morando en tu espíritu. Tú no puedes establecer contacto con Dios con tu mente. Dios no es una mente. Números 23:19 dice: “Dios no es hombre…” que quiere decir que no es un ser físico. Él es un espíritu.

Nótese que Él no es “espíritu“, sino que Él es “un espíritu“. La palabra “espíritu” para muchas personas significa una influencia o una atmósfera. Pero Dios no es espíritu. Jesús dijo: “Dios es un Espíritu…” (Juan 4:24 Biblia King James). Él es una personalidad divina. No podemos establecer contacto con Dios con nuestras mentes; tampoco podemos hacerlo con nuestros cuerpos. Nos ponemos en contacto con Dios a través de nuestro espíritu, porque Él es espíritu. Y aquí es donde muchos tienen dificultad tratando de recibir el Espíritu Santo. Tratan de recibir el Espíritu Santo mentalmente o físicamente. Quieren una experiencia física, y es una experiencia espiritual. La única parte física de ello es el hecho de hablar en lenguas. Él te dará el denuedo, pero ese denuedo sale de tu espíritu, y tú hablas las palabras.

Pablo dijo: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto” (1 Corintios 14:14). La traducción Amplificada dice: “Mi espíritu (por el Espíritu Santo en mí) ora“. En otras palabras, es el Espíritu Santo dentro de ti quien te da la habilidad para hablar en otras lenguas.

Jesús dijo, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). El viene a vivir y a morar en ti, y tú debes aprender a responderle. Él te dará el lenguaje. Muchas veces las personas fallan aquí porque confían sus sentidos naturales; lo que pueden ver, oír o sentir. No creen que tienen el Espíritu Santo hasta que hablan en lenguas. Sin embargo, uno cree y recibe el Espíritu Santo primero, luego habla en otras lenguas como resultado de haberlo recibido.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo…” (Hechos 2:4). Observa que esta escritura dice que ellos fueron llenos. Entonces después que fueron llenos, comenzaron a hablar en otras lenguas. Esta es la cosa con la que mucha gente tropieza. Quieren hablar en lenguas primero, y después creer que tienen el Espíritu Santo. Pero tienes que creer primero. Para recibir el don del Espíritu Santo, así como para recibir cualquier cosa de Dios, tienes que dar un paso en fe poniendo tu fe a trabajar. Entonces tendrás fe en acción.

Texto Para Memorizar: “…Vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban“. (Hechos 19:6).

Tomado y editado del Capítulo 6 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 5

En esta lección veremos como la fe se manifiesta a través de nuestras acciones. La fe siempre actúa en lo que cree.

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Lección 5 – La Fe En Acción (Parte 1)

Textos Bíblicos: Josué 6:2-5,16,20; Lucas 5:18-20;24,25.

Verdad Central: Grandes milagros son realizados por aquellos que actúan en la Palabra de Dios.

En ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento vemos ejemplos de cómo el pueblo de Dios, poniendo su fe en acción, fueron capaces de realizar hechos grandiosos. Grandes milagros fueron llevados a cabo por hombres humildes, quienes en simple fe crédula, actuaron en la Palabra de Dios.

La Fe En Acción En El Antiguo ‘Testamento

Josué 6:2-5,16,20: “Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero, delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá, entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante… Y cuando los sacerdotes tocaron las la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad… Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron”.

En el versículo 2 leemos que Dios le dijo a Josué que Él había entregado la ciudad de Jericó “en su mano”. Esto no significaba, sin embargo, que Josué y el pueblo de Israel podían sentarse y relajarse mientras la ciudad automáticamente llegaba a ser suya. Tuvieron que hacer algo.

Dios les dio instrucciones específicas de cómo ir a tomar posesión de la tierra que Él ya les había dado, pero ellos tenían que creer esa Palabra y actuar en ella. Su actuación en la Palabra fue su fe en acción.

Tenían que marchar alrededor de los muros de la ciudad una vez al día por seis días. En el séptimo día, tenían que marchar alrededor de la ciudad siete veces. Luego cuando los instrumentos musicales sonaran, tenían que gritar. Observa que ellos gritaron mientras los muros todavía estaban en pie. Cualquiera puede gritar cuando los muros se han derrumbado; para hacer eso no se necesita fe. Pero ellos pusieron su fe en acción. Ellos “gritaron con gran vocerío“, y el muro se derrumbó.

Muchísimas personas están sentadas esperando que algo les suceda. Ellos están más o menos inertes con una fe pasiva en vez de una fe activa, esperando que algo suceda. Conocí a un hombre así hace algunos años en Colorado. No tenía trabajo. Tenía una esposa y cinco hijos, y estaba esperando que algo sucediera. Pero lo único que sucedía eran más cuentas que pagar. El necesitaba ponerse a trabajar. Todos tenemos ciertas obligaciones y no podemos quedarnos en casa y esperar que algo nos venga a nosotros. Pero si oramos, creemos y entonces actuamos, algo sucederá.

La Fe En Acción En El Nuevo Testamento

Lucas 5:18-20,24-25: “Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados… Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios”.

Mientras Jesús estaba en una casa enseñando, unos hombres trajeron a su amigo donde Jesús para que lo sanara. El hombre era paralítico y estaba postrado en cama. La multitud era tan grande que estos hombres no podían llegar donde Jesús estaba. Pero en vez de rendirse, ellos tomaron la determinación de encontrar un medio de llevar a su amigo a Jesús. Se subieron al techo y por una abertura del tejado, bajaron al hombre con el lecho dentro del cuarto delante del Señor.

¿Por la fe de quién se realizó este milagro – el hombre en el lecho, o los amigos que lo trajeron a Jesús?  La escritura dice, “al ver él la fe DE ELLOS…“. La palabra “ellos” es plural. Fue la fe de todos ellos. Hubiera sido fácil para los amigos del hombre, al ver la gran multitud rodeando a Jesús, haberse encogido de hombros, rendirse y haber regresado a casa diciendo, “Bueno, por lo menos hemos tratado. Hicimos lo que pudimos“. Pero ellos no se dieron por vencidos tan fácilmente. Ellos encontraron una manera de llevar a su amigo a Jesús.

El hombre enfermo demostró tener una gran fe también, porque ¿cuántos inválidos permitirían ser subidos a un tejado? Más aun, cuando Jesús le dijo que se levantara y caminara, él no estaba mejor. Él estaba ahí acostado tan indefenso como siempre. Pudo haber dicho: “¿Levántate y anda? ¿Es que no has visto que estos hombres me han traído hasta aquí? Yo no me puedo levantar. Tendrás que sanarme primero“. Pero no, cuando Jesús le dijo que se levantara, él comenzó a moverse y al hacerlo, el resultado fue la sanidad. Si él se hubiera negado a actuar en la Palabra del Maestro, no hubiera recibido la sanidad. Pero como actuó, recibió.

La Fe En Acción En El Siglo Veinte

En los tempranos días del movimiento pentecostal, una mujer evangelista estaba ministrando a cuatro personas en sillas de ruedas. En un tono muy bajo les dijo: “Levántense y anden en el Nombre de Jesús“. Tres de ellos se levantaron y caminaron. El cuarto dijo, “No puedo caminar“.

Los otros no podían caminar tampoco“, dijo la evangelista, “pero lo hicieron“. “Ya sé que lo hicieron“, dijo la mujer inválida, “pero yo no puedo. Hace años que no he caminado“. Y la evangelista tuvo que irse y dejarla allí sentada. Los otros actuaron su fe y cosecharon los resultados.

En una iglesia donde yo estaba ministrando había un hombre que se había quemado la parte inferior de su cuerpo, quedando imposibilitado para caminar. Sólo deslizaba los pies sobre el suelo. Durante el servicio de sanidad una noche este hombre pasó adelante para recibir oración. El Señor me había dicho qué hacer, y cuando llegué a él le dije: “¿Puedes correr?” Sorprendido ante tal pregunta, me dijo: “Oh no, ni siquiera puedo caminar, mucho menos correr“.

Entonces le dije: “El Señor me ha dicho que te diga que corras“. El hombre no lo pensó dos veces, se dio la vuelta y empezó a deslizarse por el pasillo tan rápidamente como pudo. Hizo esto tres o cuatro veces alrededor de la iglesia, y cuando regresó al frente estaba caminando normalmente. ¡El hombre estaba perfectamente curado! El activó su fe.

En el servicio de la noche siguiente vimos otro milagro como resultado del primero. Dos caballeros ancianos respondieron a la invitación para ser salvos algo que no se ve con frecuencia. Supe más tarde que esos hombres eran hermanos, de setenta y dos y setenta y cuatro años de edad. Parece que estos hermanos eran vecinos del hombre que había sido sanado la noche anterior. Cuando vieron al hombre inválido afuera trabajando en su jardín el día siguiente, pensaron que había salido afuera a gatas. Pero entonces lo vieron levantarse en pie y derecho, y caminar alrededor de la casa. Se apresuraron para ver lo que había sucedido, y él les contó sobre la sanidad y lo que el Señor había hecho por él. Como resultado los dos hombres vinieron al servicio esa noche y dieron sus corazones al Señor.

Una de las mejores definiciones de la fe es: Si crees, vas a actuar. Si crees la Palabra de Dios, actuarás como si fuera verdad. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe es dar sustancia a las cosas por las que se espera.

Texto Para Memorizar: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Tomado y editado del Capítulo 5 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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