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26 Días de Fe – Día 26

Cerrando esta serie de enseñanzas aquí les dejo una muy importante para nuestra vida de fe, como entrenar nuestro espíritu, de modo que podamos ser guiados por Dios en cada área de nuestra vida.

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Lección 26 – Cómo Entrenar El Espíritu Humano

Textos Bíblicos: Josué 1:8; Santiago 1:22; Proverbios 4:20-22.

Verdad Central: Dios usará nuestros propios espíritus para guiamos.

Así como la mente humana puede ser educada y entrenada intelectualmente, también el espíritu puede ser entrenado espiritualmente. Puede ser edificado en tu espíritu al igual que en tu cuerpo. En esta lección veremos las cuatro maneras por las cuales se puede alcanzar esto.

  1. Meditando en la Palabra de Dios.
  2. Practicando la Palabra de Dios.
  3. Dándole a la Palabra de Dios el primer lugar.
  4. Obedeciendo instantáneamente la voz de nuestro espíritu.

Aplicando estos cuatro principios a nuestra vida diaria, podemos llegar a conocer la voluntad de Dios aun en los menores detalles de la vida

Dios se comunica con nuestro espíritu y no con nuestras facultades de razonamiento. Al obedecer instantáneamente a nuestro espíritu, encontraremos que le estamos obedeciendo al Espíritu Santo. Dios dijo en Su Palabra: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón” (Proverbios 20:27). Esto significa que Dios usará nuestro propio espíritu para guiarnos. El espíritu del hombre es la lámpara del Señor.

Regla 1 – Meditando en la Palabra de Dios

Josué 1:8 dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.

Después de la muerte de Moisés, cuando Dios ungió a Josué para guiar a los hijos de Israel, Dios le dijo al principio de su ministerio la importancia de meditar en la Palabra. Otra traducción de la última frase de Josué 1:8, citado anteriormente dice: “Tú podrás tratar sabiamente en las cosas de la vida“. Ciertamente, no tendríamos éxito si no pudiéramos tratar sabiamente en las cosas de la vida. Dios le dijo a Josué que meditara en la Palabra, y que si lo hacía, Dios haría prosperar su camino y todo le saldría bien.

Los hombres y mujeres más profundamente espirituales que he conocido son los que dedican tiempo a la meditación. Uno no puede desarrollar sabiduría espiritual sin meditar en la Palabra de Dios.

Un pastor una vez me dijo que él había estado tratando de hacer de su iglesia un éxito. Voló por todas partes de la nación visitando muchas de las iglesias más grandes, estudiando sus métodos y tratando de averiguar qué era lo que las hacía triunfar. Traía a su iglesia sus programas e ideas, pero parecía que no funcionaban.

Después de oírme enseñar sobre la meditación en la Palabra de Dios, decidió tratarlo. En vez de pedirle a Dios por nada, diariamente dedicaba un tiempo para meditar en la Palabra de Dios. Después de treinta días, al final de su sermón matinal del domingo, un gran número de almas acudieron al altar. Más personas fueron salvas en ese culto, que las que habían sido salvas en los últimos dos o tres años en esa iglesia. Su gente recibió un avivamiento y el pastor empezó a tener buen éxito.

Su testimonio puede ser el de cualquier creyente que siga su ejemplo y dedique tiempo a meditar en la Palabra de Dios. Enciérrate solo con tu espíritu, y deja al mundo afuera. Si tienes ambiciones de hacer algo que valga la pena, te sugiero que empieces tomando diez o quince minutos diariamente para meditación. Comienza a desarrollar tu espíritu.

Regla 2 – Practicando la Palabra de Dios

Santiago 1:22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”.

El practicar la Palabra es lo que Santiago llamó ser un “hacedor de la Palabra“. Algunas personas piensan que ser un hacedor de la Palabra es seguir los Diez Mandamientos. Sin embargo, bajo el nuevo pacto tenemos un mandamiento; el mandamiento del amor. Si amas a alguien, no le robarás. No dirás mentiras acerca de él. Pablo dijo que el amor es el cumplimiento de la ley. Si andas en amor, no quebrantarás ninguna ley que haya sido dada para restringir al pecado.

En este versículo, Santiago estaba incitando a los creyentes a hacer primeramente lo que está escrito en las epístolas, a actuar en la Palabra. Por ejemplo, Pablo les escribió a los Filipenses: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6). La Versión Amplificada en inglés dice: “No te preocupes ni tengas ansiedad por nada. Sino que en todas las cosas deja que sean conocidas delante de Dios tus peticiones por oración y mego, con acción de gracias“. Generalmente practicamos solamente parte de esto. No nos importa practicar la parte que nos dice que oremos, pero si solamente practicamos una parte y no la otra, no estamos practicando la Palabra. No somos hacedores de la Palabra.

Primero que nada, el Señor dijo que no nos preocupáramos. Si vamos a preocuparnos y a tener ansiedades, entonces no nos hará ningún bien hacer peticiones. Si Dios dijo que no nos preocupáramos, entonces esto quiere decir que podemos abstenernos de hacerlo. Dios es un Dios justo y Él no nos va a pedir que hagamos algo que no podamos hacer.

Hubo un tiempo en el que yo creía que podía hacer mis peticiones conocidas delante de Dios, pero tenía dificultad en creer que no podía dejar de preocuparme. Sin embargo, Dios dijo que no tenemos que preocuparnos. Así que digo: “Yo rehúso preocuparme o tener alguna ansiedad por cualquier cosa“. Le traigo al Señor mis peticiones, y luego le doy las gracias. Esto apacigua y pacifica el espíritu preocupado que el diablo trata de que yo tenga. Si este malestar interno persiste, simplemente regreso a este versículo y lo leo otra vez. Continúo reclamándolo.

Si seguimos el consejo de Pablo y “no nos preocupamos ni tenemos ninguna ansiedad por nada“, podemos creer en Dios por la promesa del versículo que sigue: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Mucha gente quiere lo que dice este versículo siete, pero no quieren hacer lo que el versículo seis dice hacer para alcanzarlo. Sin embargo, para recibir esta “paz…que sobrepasa todo entendimiento“, tenemos que hacer lo que dice el v.6. “Por nada estéis afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (versículo 6).

La paz de Dios…fortificará y montará guardia“, es la versión amplificada de este versículo siete. Mantendrá guardia sobre tu corazón y sobre tu espíritu.

La educación de nuestros espíritus viene al practicar la Palabra de Dios. ¿Puedes recibir los resultados y tener paz sin ser un hacedor de la Palabra? No, realmente no podemos. Sé un hacedor de la Palabra y crecerás espiritualmente.

Regla 3 – Dando el Primer Lugar a la Palabra

Proverbios 4:20-22 dice: “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”.

Con tantas voces diferentes rodeándonos, es a menudo difícil detenernos y oír la voz de la palabra de Dios. La familia y los amigos están siempre listos para darnos sus opiniones y consejos. Sin embargo, parte esencial del entrenamiento del hombre espiritual es aprender a escuchar lo que la Palabra de Dios nos dice a nosotros. Es dar el primer lugar a la Palabra en nuestras vidas.

En los versículos citados anteriormente, Dios nos dice que hagamos tres cosas con Su Palabra: (1) Escucharla; (2) leerla; y (3) memorizaría. En el versículo 20 leemos, “…inclina tu oído a mis razones“. Siempre que la Biblia es leída en voz alta; en la iglesia, en los devocionales familiares, el evangelio radiado o televisado, dale especial atención a Sus palabras.

El versículo 21 nos dice: “No se aparten de tus ojos…”. En otras palabras, dedica tiempo a la lectura de la Palabra, permite que se meta dentro de tus pensamientos y en tu corazón. Memorízala, como la segunda parte del versículo 21 dice: “…guárdalas en medio de tu corazón“.

Si hacemos estas tres cosas encontraremos que la Palabra de Dios es “…vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo” (versículo 22). Entraremos en una vida más abundante en Cristo Jesús. Encontraremos sanidad física para nuestros cuerpos. Todo lo que necesitamos hacer es darle a la Palabra de Dios el primer lugar en nuestras vidas.

Regla 4 – Obedeciendo Instantáneamente a la Voz de Nuestro Espíritu

El espíritu humano tiene una voz. Nosotros le llamamos a esa voz, la conciencia. Algunas veces se le llama intuición. O le llamamos una voz interior que nos guía. Es nuestro espíritu hablándonos.

El espíritu de todos los hombres tiene una voz, ya sean salvos o no. Pero el nuevo nacimiento es un renacer del espíritu humano. Tu espíritu recibe información a medida que meditas en la Palabra de Dios. Aprende a obedecer a tu espíritu.

Tu espíritu tiene la vida y la naturaleza de Dios en él, porque el Espíritu Santo mora dentro de ti. El diablo no puede estar dándote la información porque él no está en ti. Él está fuera de ti. Dios tiene que comunicarse contigo a través de tu espíritu porque ahí es donde está. Tu espíritu obtiene su información a través de él. Aprende a obedecer a tu espíritu.

Algunos dicen que la conciencia no es una guía segura, pero eso no es siempre cierto. La conciencia es una guía segura en el creyente lleno del Espíritu Santo porque Dios está morando dentro de él. La conciencia del creyente, la voz de su espíritu, se vuelve la voz de Dios. Dios le está hablando. Pablo dijo que él obedecía a su conciencia (Hechos 23:1).

Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre…” (Proverbios 20:27). Dios usará tu espíritu para guiarte. Lo usará para alumbrarte. A medida que tu espíritu se alimente y medite en la Palabra, se convertirá más y más en una guía segura; está entrenado en la Palabra.

El Espíritu Santo habla un poquito diferente con aquellos de nosotros que tenemos ciertos dones del ministerio. Pero como regla en las vidas de los creyentes, la voz interior es la voz del espíritu hablando; no el Espíritu Santo. El Espíritu Santo con frecuencia me habla acerca de otros, pero nunca lo oigo para mi propio beneficio. El ministerio de un profeta no le es dado a uno para su propio beneficio, sino para el beneficio de otros. Yo tengo que recibir guía para mí mismo a través de mi propia voz interior.

Cuando aprendamos a oír la voz de nuestro espíritu, llegaremos al lugar donde sabremos qué hacer en todas las fases de la vida. El Señor nos guiará. “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:6).

Texto Para Memorizar: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón” (Proverbios 20:27).

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26 Días de Fe – Día 25

En esta lección veremos la importancia de nuestras palabras, como es que ellas muestran lo que creemos y de ese modo pueden llevarnos a la derrota o a la victoria.

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Lección 25 – Tú Puedes Tener Lo Que Dices

Textos Bíblicos: Marcos 11:23; Números 13:17-18, 25, 27-28,30-32; Números 14:6-9.

Verdad Central: No fueron los gigantes de la tierra de Canaán los que mantuvieron a los israelitas afuera, sino los gigantes del temor en sus corazones.

Nuestro texto para esta lección, Marcos 11:23, es uno que hemos usado muchas veces en nuestra serie de estudios acerca de la fe, porque en él vemos la “fórmula de la fe” para mover cualquier montaña que se presente en nuestras vidas. Ya sea que tu montaña particular sea enfermedad, seres queridos inconversos, dificultad financiera o problemas familiares, puedes encontrar la solución en este versículo de escritura.

Marcos 11:23 dice: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

La última frase de nuestro texto dice: “…lo que diga le será hecho“. En otras palabras, puedes tener lo que tú dices que puedes tener. Lo que dices es tu fe hablando. Esto obra en una forma negativa así como en una forma positiva, como vemos en la historia del Antiguo Testamento de los doce espías que fueron enviados a Canaán a reconocer la tierra.

Un Reporte De Temor

Números 13:17-18,25,27-28,30-32 dice: “Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso… y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días… Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac… Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.Y hablaron mal entre los hijos de Israel de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de gran estatura”.

De los doce espías que fueron a Canaán a reconocer la tierra, solamente dos, Caleb y Josué eran hombres de fe y visión. Ellos dijeron: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella, porque más podremos nosotros que ellos“.

Los otros diez regresaron con un reporte negativo, lleno de temor de los gigantes de la tierra. La Biblia dice de su reporte, que “…hablaron mal…” ¿Por qué? Porque era un reporte de duda y de temor. ¿Cuál es entonces un buen reporte? Un reporte de fe.

Los diez espías temerosos eran la mayoría y el pueblo de Israel aceptó el informe de la mayoría. Al hacerlo, ellos estaban diciendo que no podrían tomar la tierra. Y obtuvieron exactamente lo que dijeron. Estos espías y el resto de aquella generación de los israelitas, con excepción de Josué y Caleb, nunca vieron la Tierra Prometida. Creyeron que no podrían tomarla y no lo hicieron. Anduvieron en el desierto hasta que murieron. ¡Lo que dijeron, sucedió!

El de ellos, es un ejemplo de fe al revés. Después de todo, ¡aun cuando dudas, estás creyendo algo! Estás creyendo en derrota. Estás creyendo en lo incorrecto.

Siempre obtienes en tu vida aquello por lo que crees y lo que dices. Si no lo que estás diciendo, entonces no debes decirlo, porque si continúas diciendo algo durante un tiempo suficientemente largo, esas palabras eventualmente se registrarán en tu espíritu. Y una vez que estén registradas en tu espíritu, controlarán tu vida.

Un Reporte De Fe

Números 14:6-9: “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare en nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis el pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis”.

Nota el buen informe de Josué y Caleb. Su confianza estaba en el Señor y sus corazones estaban llenos con la fe que Dios era capaz de llevarlos a la tierra que les había prometido a sus padres. Dos veces en el versículo nueve, ellos amonestaron a la gente para que no tuvieran temor. ¿Y cuál fue el resultado de su informe de fe? ¡Ellos fueron los únicos dos hombres de su generación que entraron a la Tierra Prometida! Tú puedes tener lo que dices.

Muchas personas me preguntan por qué no se pueden sanar. Yo siempre sonrío y le digo que ya han dicho que no pueden. Sus palabras les delatan. Puedes ubicar a la gente por lo que dice.

Antes de orar por la gente, generalmente trato de que hagan algún tipo de confesión de fe. Les pregunto si serán sanos cuando imponga mis manos sobre ellos y ore. Si ellos contestan que esperan que sí, yo les digo que no se sanarán, porque ellos están en esperanza y no en fe.

Otros hacen una confesión con alguna vacilación, pero esa vacilación los derrota. Aquellos que tienen una pronta confesión llena de fe reciben casi instantáneamente (Son las “pequeñas zorras las que dañan las viñas“).

No es algo grande lo que impide que los hijos de Dios sean sanos. No fueron los gigantes de la tierra de Canaán los que mantuvieron a los hijos de Israel afuera. No fueron los gigantes los que los derrotaron. Si hubieran sido los gigantes, éstos hubieran derrotado a Josué y Caleb también. La gente se derrotó a sí misma por su propio pensamiento, su propia incredulidad, su propia declaración de incredulidad.

No son los gigantes en la vida los que te derrotan. No son las tormentas de la vida las que te derrotan. Si eres derrotado, es porque tú mismo te has derrotado. Te has derrotado a ti mismo con el pensar erróneo. Te has derrotado a ti mismo con el hablar erróneo. Tú puedes tener lo que digas.

Caleb y Josué dijeron que ellos eran capaces de vencer a los gigantes. Después de cuarenta años de vagar en el desierto, y que toda la gente de esa generación que habían aceptado el informe maligno de los diez espías se murieron, Josué se convirtió en el líder de la gente, y él y Caleb los guiaron a la victoria.

Cuando Caleb vino a Josué y dijo “Dame esta montaña“, Josué miró hacia atrás varios años, y se dio cuenta que su hablar correcto les había hecho ganar la victoria antes. Él quería ubicar a Caleb, así que le preguntó si era capaz de tomar la montaña. Josué quería oír su confesión de fe. Le dijo a Caleb que había gigantes en la montaña. Pero Caleb, lleno de fe, dijo que él era capaz de tomarla; y lo hizo.

Muchas cosas pasan porque esperamos que pasen de cierta manera. Pasan porque las creemos y las hablamos, hasta que suceden. Yo he encontrado que esto es verdad en mi propia experiencia. Hace algún tiempo leí acerca de un científico que dijo que cuando uno se envejece, las arterias del cerebro no son tan suaves como cuando uno era joven; se van endureciendo gradualmente. Había llegado al lugar donde no podía recordar cosas tan bien como una vez lo hice. Seguí así por un tiempo hasta que me di cuenta que no había necesidad de esto. La mente es parte de mi ser interior y espíritu, y nunca se envejece. El mismo momento en que empecé a creer correctamente y a hablar correctamente, pude citar todas las escrituras que siempre había sabido, y mi memoria en realidad mejoró. Fallamos muchas veces porque nos preparamos a perder. Nos disponemos a perder. Lo pensamos y lo creemos y entonces lo hacemos. Como creyentes, sin embargo, no tenemos por qué hablar duda o derrota.

 

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

 

Tomado y editado del Capítulo 25 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

Lee también:

26 DÍAS DE FE – DÍA 1

26 DÍAS DE FE – DÍA 2

26 DÍAS DE FE – DIA 3

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26 Días de Fe – Día 22

No basta tener fe, debemos actuar en lo que creemos, la fe siempre actúa en las cosas que hemos creído.

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Lección 22 – Acciones Que Corresponden Con La Fe

Textos Bíblicos: Santiago 2:14-22; Mateo 7:24-27.

Verdad Central: Las acciones de un hacedor de la Palabra coinciden con su confesión.

Uno de los errores más grandes que muchos creyentes cometen es confesar su fe en la Palabra de Dios y al mismo tiempo contradecir su confesión con acciones incorrectas.

Decimos que estamos confiando en que Dios provee para nuestras necesidades financieras, pero al mismo tiempo nos estamos preocupando de cómo vamos a pagar nuestras cuentas. En un momento confesamos que la Palabra de Dios es verdadera, y el minuto siguiente repudiamos todo lo que dijimos con acciones incorrectas. Nuestras acciones tienen que corresponder con nuestro creer, si hemos de recibir de Dios.

La Fe Hecha Perfecta

Santiago 2:14-22 dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovecha si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras y que la fe se perfeccionó por las obras?”.

La traducción de Weymouth de los versículos 14 y 22 dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si un hombre profesa tener fe y, sin embargo, sus acciones no corresponden?…Notas que su fe estaba cooperando con sus acciones, y por sus acciones su fe fue perfeccionada“.

Algunos han pensado que el libro de Santiago fue escrito acerca de la salvación y dirigido al no creyente. Sin embargo, Santiago no estaba escribiendo a los que no eran salvos, sino a los creyentes, él dijo: “¿De qué aprovechará, HERMANOS MIOS…“. Él estaba escribiendo a sus hermanos y hermanas en Cristo, señalando que la fe sin las correspondientes acciones no funcionará para ellos, aunque sean creyentes.

Santiago también dijo: “Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). Otra traducción dice: “…burlándoos a vosotros mismos“.

Hay muchos que se engañan a sí mismos y le achacan sus problemas al diablo o a algunos individuos, cuando realmente ellos se engañan a sí mismos. Esto es porque ellos no son hacedores de la Palabra.

¡Las acciones de un hacedor de la Palabra coinciden con su confesión!

Las Tormentas De La Vida

Mateo 7:24-27: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplan vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.

Las tormentas de la vida nos vienen a todos. Pueden ser tormentas de enfermedad, dificultad financiera, problemas familiares, o cualquier otra prueba. No son las tormentas de la vida las que nos derrotan, sin embargo. Si las tormentas fueran las que nos derrotaran, derrotarían a todo el mundo. No, es nuestra reacción a las tormentas lo que nos derrota.

Los vientos soplan y las inundaciones llegan pero aquel que es un hacedor de la Palabra se aferrará a su confesión de fe, porque él sabe que Dios no puede fallar. Si la enfermedad viene, se mantiene firme y rehúsa aceptarla. Otros pueden ser derrotados con la misma prueba.

Aquellos que no son derrotados por las tormentas de la vida actúan según la Palabra de Dios. Aquellos que son derrotados, pueden ser verdaderamente salvos, pero sus acciones no corresponden con su fe.

El mismo viento y la misma tormenta vinieron contra las dos casas de nuestro texto. La razón por la cual una fue destruida y la otra no, es que el hombre sabio fue hacedor de la Palabra, y el insensato no.

Muchos profesan a Cristo y declaran que creen en la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, pero no son hacedores de la Palabra. Son habladores de la Palabra. Eso es diferente.

Los “habladores” han asentido mentalmente simplemente que la Palabra de Dios es verdad, pero no les hace ningún bien, porque no la están haciendo suya. No están reclamando sus promesas.

Confiar en Dios es Confiar en Su Palabra

La manera de hacer la Palabra de Dios tuya es actuando sobre ella. Haz lo que ella dice. “Confía en el Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5).

No puedes confiar en el Señor sin confiar en Su Palabra. Dios y Su Palabra son uno, así como tú y tu palabra son uno. Si tu palabra no puede confiarse, entonces tú tampoco. Si la Palabra de Dios no sirve, El tampoco. Pero Su Palabra es de confiar. El vigila sobre Su Palabra. “Entonces me dijo el Señor: Bien has visto; porque yo apresuro mi Palabra para ponerla por obra” (Jeremías 1:12). Otra versión lee: “Yo vigilo sobre mi Palabra para ponerla por obra“.

Si no tomas la Palabra y la haces tuya, Él no tiene nada para poder usar para traer bien a tu vida. Él quiere que tengas lo que Su Palabra promete. Pero si no actúas sobre Su Palabra, entonces Él no tiene nada con lo que trabajar para traer bien a tu vida.

Cuando confío en la Palabra con todo mi corazón y dejo de apoyarme en razonamientos humanos y dejo de mirar a la gente para recibir liberación, entonces tengo acciones que corresponden con mi fe. Mis acciones están en completa comunión con mi confesión de fe.

A algunos de nosotros nos ha costado mucho tiempo aprender esto; y a otros les costará más tiempo porque han estado caminando en el camino equivocado. Sus mentes están tan estancadas con razonamientos humanos que les costará algún tiempo renovar sus mentes con la Palabra de Dios hasta que tengan acciones que correspondan con su confesión de fe.

Hasta que haya acciones correspondientes, habrá continuo fracaso en la vida. Yo puedo confesar y decir que Dios es la fortaleza de mi vida, pero si al mismo tiempo continúo hablando acerca de mi debilidad y falta de fe, seré derrotado porque no hay acción correspondiente. El acudir a métodos humanos en vez de confiar en el Señor, trae confusión a mi espíritu. Trae debilidad y derrota a mi vida. Solamente hay una cosa que podemos hacer: Volver a la Palabra de Dios y actuar sobre ella.

Nuestro peor enemigo es la carne. La carne y el razonamiento humano natural nos limitarán a nuestra propia habilidad. Vemos las circunstancias, los problemas, las pruebas y tormentas y decimos que no podemos. El lenguaje de la duda, la carne y los sentidos es: “No puedo, no tengo la habilidad, la oportunidad o la fortaleza. Estoy limitado“. Pero el lenguaje de la fe dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Pablo no dijo que podía hacerlo todo porque era un apóstol y tenía poder especial o gracia. Él dijo: “Todo lo puedo en Cristo…” y nosotros tenemos el mismo acceso a Cristo, Pablo dijo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Tú eres una nueva criatura en Cristo también. Cristo no le pertenece más a Pablo de lo que te pertenece a ti.

El lenguaje de la fe dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Nuestro Padre me fortalece. No puedo ser conquistado y no puedo ser derrotado“.

Si vienen contra ti fuerzas naturales, no pueden derrotarte, porque no hay suficientes fuerzas naturales en todo el mundo que puedan vencer al Espíritu Santo que mora en ti. “Mayor es El que está en ti que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). ¡Tú eres fortalecido desde adentro!

Yo he aprendido como poner al que es Mayor a trabajar a mi favor. No solamente soy nacido de Dios, copartícipe de Su amor, sino que mora en mí el Espíritu de Aquel que levantó a Jesús de los muertos.

Yo tengo la sabiduría, la fuerza y la habilidad de Dios en mí. Estoy aprendiendo a permitirle a esa sabiduría gobernar mi intelecto. Le estoy permitiendo gobernar mi mente y hablar a través de mis labios. Me estoy atreviendo a pensar los pensamientos de Dios después de Él. Me estoy atreviendo a decir en presencia de todos mis enemigos: “Dios es mi habilidad”. “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos” (Salmo 23:5). “El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿de quién temeré?” (Salmo 27:1). Dios me ha hecho mayor que mis enemigos. Dios me ha hecho aplastar el cuello de la debilidad, el temor y la inhabilidad.

La fortaleza de Dios es mía. Yo no estoy confiando en mi propia fortaleza porque la Biblia no dice ni una palabra acerca de ser fuerte en mí mismo. Dice que Dios es mi fortaleza.

Hay tanta gente luchando y tratando de hacer algo por sí solos. Se levantan a testificar y piden a todos que oren por ellos para poder “resistir hasta el final“. Pero Dios no quiere que resistas así. Él quiere que le permitas hacerlo. ¡Envuélvete en las promesas de Dios!

Una vez oí la historia de un hombre que estaba caminando por la vía del tren con un bulto en sus espaldas. Cuando llegó a una sección donde estaban reparando la vía él pensó que el capataz le iba a decir que se saliera de la vía férrea, así que le mostró el billete que tenía. El capataz le dijo que ese boleto no le daba el derecho de caminar por la vía del tren.

Muchas personas son así, están en la vía correcta, pero deberían estar viajando en tren en vez de ir caminando. También, deberían registrar su equipaje porque no tienen por qué cargarlo. La Biblia dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Texto Para Memorizar: “Hermanos míos, ¿de qué aprovecha si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?” (Santiago 2:14).

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26 Días de Fe – Día 21

En esta clase aprenderemos acerca de la clase de fe de Dios, que es y como aplicarla a nuestra vida.

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Lección 21 – La Clase De Fe De Dios

Textos Bíblicos: Marcos 11:12-14,20-24; Romanos 10:13-14,17.

Verdad Central: La clase de fe que habló trayendo al universo a la existencia es repartida a nuestros corazones.

Hay dos cosas que se deben notar acerca de la clase de fe de Dios. Primero, el hombre cree en su corazón. Segundo, él cree con sus palabras. No es suficiente el creer con el corazón. Para conseguir que Dios obre para ti, tienes que creer con tus palabras también. Jesús dijo: “Cualquiera que dijere…y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice; lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23). Esta es la inalterable ley de la fe.

Marcos 11:12-14,20-24 dice: “Al día siguiente cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera; nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos… Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.  Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá”.

Vamos a enfocar nuestra atención en la afirmación, “Tened fe en Dios“, o como dice al margen, “tened la fe de Dios“. Los eruditos del griego nos dicen que esto debería traducirse: “Tened la clase de fe de Dios“. Jesús demostró que tenía la clase de fe de Dios. De lejos, Jesús vio que la higuera tenía hojas. Pero cuando se acercó, buscando fruto, vio que era estéril. Algunos preguntan por qué buscó Jesús higos en este árbol cuando no era tiempo para que tuviera fruto. Sin embargo, en aquel lugar, los árboles que retenían sus hojas generalmente también tenían fruto.

Al no encontrar fruto en el árbol, Jesús dijo: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“.

Al día siguiente, cuando Jesús y Sus discípulos pasaron otra vez por ahí encontraron el árbol seco desde las raíces. Sorprendido Pedro dijo: “Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.” Fue entonces cuando Jesús hizo la afirmación, “Tened fe (tened la fe de Dios, o la clase de fe de Dios). Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (vs. 22-23).

Después de decirles a sus discípulos que tuvieran la clase de fe de Dios, Jesús prosiguió explicando en el versículo 23, lo que eso significaba: la clase de fe de Dios es la clase de fe en la cual un hombre cree con su corazón y dice con su boca lo que cree en su corazón, y sucede.

Jesús mostró que tenía esa clase de fe, porque creyó que lo que dijo sucedería. Él dijo a la higuera: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“. Esta es la clase de fe que habló al mundo a existir. “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). ¿Cómo lo hizo? Dios creyó que lo que dijo sucedería. Él habló la Palabra y se hizo la tierra. Él habló al reino vegetal para que exista. Habló al reino animal para que exista. Habló para que existan los cielos así como también la tierra, la luna, el sol, las estrellas y el universo. Él lo dijo y fue así. Esa es la clase de fe de Dios. El creyó que lo que dijo sucedería y sucedió.

La Medida De Fe

Jesús demostró la clase de fe de Dios a sus discípulos, y entonces les dijo que ellos también tenían esa clase de fe; la fe que un hombre cree con su corazón, dice con su boca lo que cree, y sucede. Alguien puede decir: “Yo quiero esa clase de fe. Voy a orar para que Dios me la dé“. Sin embargo, no necesitas orar por eso; tú ya la tienes. “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí mismo que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

Nota que Pablo escribió esto a creyentes, porque él dice: “A cada cual que está entre vosotros“. La epístola a los Romanos no fue escrita a los pecadores en el mundo, es una carta para los cristianos. Él dirige esta carta “A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos” (Romanos 1:7). Y en ella les dice que Dios ha dado a “cada uno la medida de fe“. Pablo también dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Pablo está diciendo aquí que esta fe no es tuya. Él no se estaba refiriendo a la gracia, porque todos saben que la gracia es de Dios. Él está diciendo que la fe por la cual somos salvos no es nuestra. No es una fe humana natural. Fue dada por Dios a los pecadores. Y ¿cómo le dio Dios fe a los pecadores para ser salvos? Romanos 10:17 dice: “Así que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios“. En estos versículos Pablo ha dicho que la fe: (1) es dada, (2) es repartida, y (3) viene.

Creer y Decir – La Clave Para La Fe

Nota otra vez las palabras de Romanos 10:8: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos“. ¿Cómo se compara esto con las palabras de Jesús en Marcos 11:23?  Los escritos de Pablo a los Romanos concuerdan exactamente con lo que Jesús les dijo a sus discípulos cuando dijo: “Cualquiera que diga…y no dudare en su corazón, sino creyere…lo que diga le será hecho“. Vemos aquí el principio básico inherente a la clase de fe de Dios: el creer con el corazón y decirlo con la boca. Jesús lo creyó y lo dijo. Dios lo creyó y lo dijo, creando la tierra en existencia a través de palabras.

Los versículos 9 y 10 de este mismo capítulo 10 de Romanos dice: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Una medida de fe es repartida al pecador por el oír de la Palabra. Entonces él la usa para crear la realidad de la salvación en su propia vida.

Cuando se les pregunta a los cristianos: “¿Cuándo fuiste salvo?“, con frecuencia, contestan algo así: “Alrededor de las nueve de la noche del 10 de Julio“. Están equivocados, sin embargo, porque Dios los salvó hace cerca de 2,000 años. Sólo se volvió una realidad cuando ellos lo creyeron y lo confesaron. La salvación le pertenece a todos. Todo hombre y mujer en este mundo tiene derecho legal a la salvación. Jesús murió por todo el mundo, no solo por ti y por mí. Cuando la verdad es predicada al pecador, esto causa que la fe venga. Cuando él cree y confiesa, él crea la realidad de ello en su propia vida a través de su fe.

Romanos 10:13-14,17 dice: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”.

Así como la fe viene por el oír la Palabra de Dios, es también con todo lo que recibimos de Dios. La clase de fe de Dios viene por el oír la Palabra de Dios. En otras palabras, Dios hace que la clase de fe de Dios venga a los corazones de aquellos que la oyen. Con razón Jesús dijo: “Mirad pues, como oís” (Lucas 8:18). No puedes dejarlo entrar por un oído y salir por el otro, porque eso no haría ningún bien. La fe no vendrá así. Si actúas como si la Palabra de Dios fuera una leyenda, la fe no va a venir así. Pero cuando la aceptas reverentemente, cuando actúas sobre ella, la fe viene.

Pablo escribió a la iglesia de Corinto: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito. Creí por lo tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Corintios 4:13).

Pablo dijo que tenemos el mismo espíritu de fe. Y lo que le perteneció a la iglesia de Corinto, le pertenece a la iglesia de hoy. En ninguna ocasión Pablo o alguno de los apóstoles escribieron para animar a la gente a creer; nunca les dijeron que tuvieran fe. Nuestra necesidad de animar a los creyentes a creer o a tener fe es resultado directo de que la Palabra de Dios ha perdido su realidad en nosotros. ¡Somos creyentes! Cuando nuestros hijos están lejos, no tenemos que decirles: “Acuérdense de continuar respirando“. Ellos seguirán respirando mientras estén vivos. Tampoco tenemos que animar a los creyentes a creer porque esto es lo que son; creyentes. ¿Cuántos de nosotros nos damos cuenta de que nuestras palabras nos dominan? “Te has enlazado con las palabras de tu boca…” (Proverbios 6:2). Otra versión dice: “Vosotros habéis sido tomados cautivos con las palabras de vuestra boca“. Un joven una vez me dijo que nunca fue vencido hasta que confesó que lo era. Un ministro bautista lo puso de esta manera: “Dijiste que no tenías fe y la duda se levantó como un gigante y te ató. Eres aprisionado con tus propias palabras. Tú hablas fracaso y el fracaso te mantiene en cautiverio“.

La derrota y el fracaso no le pertenecen al hijo de Dios. ¡Dios nunca hizo un fracaso! Dios nos hizo nuevas criaturas. No somos nacidos de la voluntad de la carne o del hombre, sino de la voluntad de Dios. Somos creados en Cristo Jesús. Los fracasos son hechos por el hombre. Son hechos por el creer erróneo y el pensar erróneo. 1 Juan 4:4 dice: “Mayor es El que está en ti, que el que está en el mundo“. Aprende a confiar en el que es Mayor que está en ti. Él es más poderoso que cualquiera en el mundo.

¡Dios creó el universo con palabras! Las palabras llenas de fe son las cosas más poderosas del mundo.

La clave para la clase de fe de Dios es creer con el corazón y confesar con la boca.

Nuestros labios pueden hacernos millonarios o mantenernos pobres.

Nuestros labios nos pueden hacernos vencedores o mantenernos cautivos.

Podemos llenar nuestras palabras con fe o podemos llenar nuestras palabras con duda.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que derretirá el corazón más frío, o podemos llenar nuestras palabras con odio y veneno.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que ayudará al desanimado y al de corazón quebrantado, con fe que conmoverá el cielo.

Podemos hacer nuestras palabras respirar la misma atmósfera del cielo.

Nuestra fe nunca se levantará por encima de las palabras de nuestros labios. Jesús dijo a la mujer con el flujo de sangre que su fe la había hecho salva.

Pueden venir pensamientos y persistir en quedarse. Pero si rehusamos poner esos pensamientos en palabras, ¡se mueren sin haber nacido!

Cultiva el hábito de pensar en cosas grandes. Aprende a usar palabras que reaccionarán sobre tu propio espíritu.

Las confesiones de fe crean realidades. La realización sigue a la confesión. La confesión precede a la posesión.

Texto Para Memorizar: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Romanos 10:8).

Tomado y editado del Capítulo 21 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 19

En esta clase veremos la importancia de entender que el Espíritu Santo vive en nosotros para tener una fe fuerte.

26diasdefe19

Lección 19 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 4)

Textos Bíblicos: 1 Corintios 6:19-20; 2 Corintios 6:16; Hechos 8:14-15; 9:17; 19:1-2

Verdad Central: Dios mismo, en la persona del Espíritu Santo, habita en el creyente.

Muy a menudo, aquellos que han sido llenos del Espíritu Santo piensan de ellos mismos como que acaban de recibir una bendición maravillosa o algún tipo de experiencia espiritual rica. Y dejan pasar la enseñanza de la Palabra por completo. 1 Juan 4:4 dice: “Mayor es El que está en vosotros que el que está en el mundo“.

La plenitud del Espíritu Santo significa que Él; el Espíritu Santo, viene a morar en nosotros. Jesús dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, PARA QUE ESTE CON VOSOTROS PARA SIEMPRE” (Juan 14:16).

Por lo tanto, el séptimo; y extremadamente vital, paso en nuestra búsqueda de la clase más elevada de fe, es darnos cuenta de que nuestro cuerpo es el templo de Dios. ¡Dios mismo, en la persona del Espíritu Santo habita en nosotros!

Paso 7 – La Realidad del Espíritu Morador

En los tiempos del Antiguo Testamento, el lugar donde Dios moraba en la tierra era el tabernáculo o el templo. Pero después que Cristo murió en la cruz, se levantó otra vez y regresó al cielo, enviando al Espíritu Santo sobre los creyentes en el día de Pentecostés; Él no habita más en el Lugar Santísimo hecho por hombres. Nuestros cuerpos se han vuelto Su templo.

1 Corintios 6:19-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestros espíritus, los cuales son de Dios”.

2 Corintios 6:16: “…Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo, habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

En toda crisis de nuestra vida debemos instintivamente decir: “Soy más que vencedor. Soy más que victorioso, porque el Creador habita en mí. El más grande vive en mí. Él puede hacerme triunfar. Él me puede hacer un éxito. No puedo fracasar“. Esto no es jactancia en uno mismo. Es jactarse en El que está en ti. Sin embargo, muy frecuentemente los creyentes llenos del Espíritu Santo tiemblan ante las pruebas de la vida, y sin haber necesidad le permiten al diablo que los derrote.

Andan de un lado a otro llorando en los hombros de otro, orando oraciones débiles y sin poder, preguntándose por qué no les llega la victoria. Sin embargo la ayuda estaba presente todo el tiempo; porque el Espíritu Santo está dentro de ellos listo para ayudarles.

El Revestimiento de Poder en la Iglesia Primitiva

En la iglesia del Nuevo Testamento era una excepción y no una regla que hubiera algún creyente que no hubiera recibido la plenitud del Espíritu Santo con la señal sobrenatural de hablar en otras lenguas. Los apóstoles reconocieron la necesidad del Espíritu de Dios morando en el interior, y enfatizaron esto en sus enseñanzas a los nuevos convertidos.

Hechos 8:14-15 dice: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo”.

Hechos 9:17 dice: “Fue entonces Ananías y entró en la case y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la viste y seas lleno del Espíritu Santo”.

Hechos 19:1-2 dice: “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hablando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”.

Ciertamente la iglesia de hoy no tiene menor necesidad de este revestimiento de poder.

El apóstol Pablo dijo: “No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16). La Versión Amplificada de este versículo dice: “¿No disciernen y entienden que ustedes (toda la iglesia en Corinto) son templo de Dios (Su Santuario), y que el Espíritu de Dios tiene habitación permanente en ustedes, para estar en Su hogar en ustedes (colectivamente como una iglesia, y también individualmente)?”. Somos el templo de Dios. Dios habita en nosotros, no sólo como un cuerpo, sino como individuos.

Observa la expresión: “estar en Su hogar en ti“. Dios está realmente haciendo Su hogar en nuestros cuerpos. Ya no habita más en un lugar Santísimo hecho por hombre, como en los tiempos del Antiguo Testamento. Entonces era requerido que cada varón se presentara, por lo menos una vez al año en Jerusalén ante Dios. Los varones tenían que viajar a Jerusalén, ya que la presencia de Dios estaba solamente en el Lugar Santísimo. Nadie se atrevía a acercarse a la presencia Santa excepto el Sumo Sacerdote, y él solamente con gran precaución. Cualquier otro que se metiera al Lugar Santo caía muerto instantáneamente.

Pero ahora todo esto ha pasado y podemos “acercamos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Poco antes de que Jesús muriera dijo: “Consumado es“. Él no se estaba refiriendo al plan de redención, porque aún no estaba terminado cuando El murió. Él tuvo que levantarse de los muertos y ascender al Lugar Santísimo en los Cielos con su propia sangre como sacrificio para obtener nuestra redención. Después tuvo que ascender hasta lo Alto para sentarse a la diestra del Padre y empezar Su intermediaria intercesión, para ser el mediador entre Dios y los hombres. Hasta entonces el Nuevo Pacto no había entrado en vigor. Cuando Jesús dijo en la cruz, “Consumado es“, se estaba refiriendo a la terminación del Antiguo Pacto.

Cuando esto sucedió, el velo o cortina que separaba al Lugar Santísimo fue rasgado en dos desde arriba abajo.

Los historiadores judíos nos dicen que esta cortina tenía 40 pies de anchura, 20 pies de altura y 4 pulgadas de grosor. ¡Imagínate que difícil sería para un hombre rasgar en dos algo de estas dimensiones! Pero nota que las escrituras no dicen que la cortina fue rasgada de abajo para arriba. Sino “…el velo del templo se rasgó en dos, DE ARRIBA ABAJO...” (Mateo 27:51). Esto significó que fue Dios y no el hombre quien rasgó la cortina, la barrera que separaba al hombre de Dios.

La presencia de Dios se fue del Lugar Santísimo hecho por hombre y nunca más habitó allí. Ahora Su presencia divina habita en nosotros.

El ser lleno del Espíritu Santo es mucho más que solamente una experiencia estremecedora. ¡El Espíritu Santo, la divina personalidad, realmente viene a vivir en ti! “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo, HABITARE Y ANDARE ENTRE ELLOS, y seré su Dios. Y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16). Pero ¿cuántos de nosotros nos damos cuenta completa de esta maravillosa verdad? ¿Cuántos de nosotros reconocemos el hecho de que en nosotros, listo para nuestro uso, está todo el poder que necesitaremos para triunfar en la vida?

Si comenzamos a creer lo que la Biblia dice, a confesar lo que la Palabra de Dios dice, entonces el Espíritu Santo se levantará dentro de nosotros y dará iluminación a nuestras mentes. El dará dirección a nuestros espíritus, salud a nuestros cuerpos y ayuda en cada aspecto de la vida. Podemos estar conscientes de Su presencia moradora a cada momento.

Veamos otra vez la traducción Amplificada de 1 Corintios 3:16, “…El Espíritu de Dios tiene su residencia permanente en ti, para estar en Su hogar en ti“.

Muy pocos de nosotros estamos conscientes de que Dios vive en nuestros cuerpos, porque no podemos estar conscientes de que Él vive en nosotros y ¡todavía hablar como lo hacemos! Por ejemplo, cuando se nos pide hacer alguna cosa difícil, que prontos somos para decir: “No, no puedo hacer eso“. ¿Por qué hacemos esto? Es porque estamos confiando en nosotros mismos para hacerlo y sabemos que no tenemos la habilidad. Pero si sabemos que Él está en nosotros, sabemos que Él tiene la habilidad. Entonces cambiamos el “no puedo” por “yo puedo“, porque estamos confiando en Él. Decimos “yo puedo, porque Él está en mí. “Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo“. No importa qué imposibilidades estemos afrontando, podemos decir: “Él me hará ser un éxito, porque mora en mí“.

Esta clase de creencia, esta manera de hablar es hablar con fe, y lo pondrá a Él a obrar a tu favor.

Algunos tienen un concepto erróneo del papel del Espíritu Santo en su vida. Piensan que El entrará, tomará posesión y se ocupará de todo. Esperan que se convierta en algo así como un gran jefe, sin que ellos tengan que hacer nada. Sin embargo, el Espíritu Santo es un caballero. Él nos guiará y nos dirigirá, pero nunca nos obligará o controlará nuestra vida. Los demonios y los espíritus malignos controlarán a aquellos en quienes entren, forzándolos a hacer cosas que ellos no quieren hacer. Pero el Espíritu Santo gentilmente nos dirige y nos guía. Él no hará nada hasta que nosotros lo pongamos a trabajar para nosotros, porque ha sido enviado para ser nuestro ayudador. Él no es enviado para hacer el trabajo, pero para ayudarnos a hacerlo: “…Porque Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré, de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6).

La Versión Amplificada de Efesios 3:16-17 dice: “Que él te dé de los ricos tesoros de Su gloria, que seas esforzado y reforzado con superpoder en el hombre interior por el Espíritu Mismo morando en lo más profundo de tu ser y personalidad. Pueda Cristo a través de tu fe realmente morar, establecerse, habitar y hacer hogar en vuestros corazones. Puedas tú ser enraizado profundamente en el amor, y cimentado muy seguro sobre el amor“. En este pasaje de escritura Pablo estaba escribiéndoles a aquellos que ya habían nacido de nuevo y eran llenos del Espíritu Santo. ¿Cómo habita Dios en nuestros corazones? A través de nuestra fe. Cristo quiere morar en nuestros corazones, reinar como Rey en el trono de nuestros corazones. Pero muy pocos le hemos permitido que lo haga.

La gente espera que Dios haga algo independientemente de ellos, cantan “Pasa por aquí, Señor, pasa por aquí” (Pensamos que si tan solo pudiéramos hacerlo pasar por aquí, quizás haría algo por nosotros). Luego cantamos, “alarga tus brazos y toca al Señor cuando pase“. Pero esto es todo un conocimiento de los sentidos. Está todo fuera, es todo físico. Alguien puede discutir: “Pero en la Biblia, la mujer con el flujo de sangre, ¿no alargó ella los brazos y tocó al Señor?” Sí, pero eso fue cuando Él estaba aquí en la tierra con forma física. Ahora Él no está con nosotros, está en nosotros. No tenemos que alargar nuestros brazos y tocarlo, Él está siempre en nosotros. Pero esto no te servirá de nada a menos que lo sepas y lo creas, porque el Espíritu Santo no se levantará y tomará control. Cuando sabemos que Él está ahí dentro y actuamos sobre la Palabra de Dios inteligentemente, entonces El obrará a través de ti.

Podemos decir: “Mayor es El que está en mí que el que está en el mundo. El más grande está en mí. Estoy dependiendo en Él. Me hará triunfar, me hará tener éxito, porque Él está en mí. El Maestro de la creación está haciendo Su hogar en mi cuerpo“.

Texto Para Memorizar: “…Mayor es El que está en mí que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

Tomado y editado del Capítulo 19 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 18

Una de las verdades más importantes de la Biblia es que hemos sido justificados; es decir, Dios nos declaró inocentes y nos hizo justos por la obra de Jesucristo en la cruz. 

En esta clase veremos que si queremos tener la clase más elevada de fe debemos entender nuestra justicia en Cristo

26diasdefe18

Lección 18 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 3)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 6:14-16; Romanos 3:23-26; Salmos 32:1-2.

Verdad Central: Podemos acercarnos a Dios con completa seguridad porque hemos sido hechos la justicia de Dios en Cristo Jesús.

Esta lección nos trae al paso 6 en nuestro estudio de la clase más elevada de fe. En ella queremos ayudarte a ganar una nueva comprensión dentro del significado de las palabras “justo” y “justicia“, tal y como se muestra en las Escrituras.

Paso 6 – La Realidad De Nuestra Justicia En Cristo

En 2 Corintios 6:14-16 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

Leyendo la escritura anterior, mucha gente ve en ella solamente la enseñanza de la separación del mundo. Y ellos inmediatamente practican la segregación pensando que eso es lo que la separación quiere decir. Piensan que no pueden tener nada que ver con el mundo o con nadie del mundo. Hasta se segregan de otros cristianos si no están completamente de acuerdo con ellos. Sin embargo, Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Para poder ser la sal y la luz del mundo, debemos permanecer en el mundo, haciendo nuestro trabajo para el Señor.

Quiero que notes algo más en esta escritura, igualmente importante: los creyentes son llamados “creyentes” y los incrédulos son llamados “incrédulos“. El creyente es llamado “justicia” y el incrédulo es referido como a “injusticia“. El creyente es llamado “luz” y el incrédulo “tinieblas“. Para muchos, la idea de llamarse a sí mismos “justicia” suena egoísta. Aún así estas mismas personas no objetan a llamarse a sí mismas “creyentes” o “luz“. Esta escritura usa los tres términos para referirse a los creyentes. En el versículo 15 vemos a la iglesia, a los creyentes, referidos como a Cristo, porque Él es la Cabeza y nosotros somos el cuerpo. Y por supuesto, la cabeza no va a ser llamada por un nombre, y el cuerpo por otro. La iglesia es Cristo, y nosotros somos el cuerpo de Cristo.

Romanos 3:23-26 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué nos está enseñando Dios a través de esta escritura? Que Dios a través de Jesús declaró Su justicia. Que Dios mismo es justo, y que Dios es mi justicia. Él es “el que justifica“, o la justicia del que es de la fe de Jesús.

Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La mayoría de la gente ha pensado que justicia es algo que uno logra viviendo correctamente. La justicia, sí quiere decir rectitud, o recto, pero esta escritura dice que es un don, no algo que podamos ganar haciendo buenas obras y viviendo limpiamente. Un don es algo que nosotros recibimos instantáneamente; un estado de desarrollo espiritual es el fruto. Si la justicia fuera un fruto, la escritura leería: “Y del fruto de la justicia“. Sin embargo, dice: “Y del don de la justicia“.

Cada uno de los amados hijos de Dios tiene la misma justicia y el mismo derecho para con Dios. El no ama a uno más que a otro. El no escuchará las oraciones de uno más que las de otro. Cuando esta verdad te haya penetrado completamente, ¡Tus oraciones obrarán resultado! ¡Tus oraciones serán contestadas!

Mucha gente lucha en el terreno de la autocondenación, dejando que el enemigo les robe la herencia que es de ellos en Cristo Jesús. Creen que sus oraciones no obrarán resultado y que Dios no los escuchará. Piensan que si pudieran encontrar a un hombre justo para orar por ellos, las oraciones de él sí que obrarían resultados.

Qué triste es que ellos no hayan visto la verdad en las escrituras que acabamos de leer. Dios es nuestra justicia. Él se convirtió en nuestra justicia cuando nos impartió su naturaleza, su vida eterna, cuando nacimos de nuevo. Él se volvió nuestra justicia en el momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y lo confesamos como Señor.

Yo descubrí las verdades de estas escrituras por primera vez siendo un joven cristiano, cuando por 16 meses pasé acostado en cama sin poder moverme de ella por mí mismo. No las entendí entonces. Al principio eran como un rayito de luz en una esquina obscura. Estaba sosteniendo las mismas luchas que muchos de ustedes sostienen para salir de algún problema en su vida o para obtener salud.

Leyendo mi Biblia me encontró un día con la escritura en Santiago 5:14-15, “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados le serán perdonados“. Pero mientras leía, cualquier fe que momentáneamente flameara, era extinguida rápidamente por el pensamiento de que yo sabía que mi iglesia no creía en sanidad o en la unción con aceite. Yo no tenía a nadie a quien llamar para oración, como decía esta escritura.

Entonces el Señor me habló y me dijo, “Es la oración de fe la que sana a los enfermos. Tú puedes hacer esa oración tú mismo como cualquier otro podría hacerlo“.

Yo era simplemente un bebé en Cristo. Sólo tenía 16 años de edad, y hacía pocos meses que había sido salvo, ¡aún así el Señor me dijo que yo podía hacer esa oración de fe! Inmediatamente mi pensar erróneo me derrotó. Pensé: “Sí, podría; si fuera justo” (Yo me daba cuenta de todos mis errores y sabía que no era justo, por lo menos según mi entendimiento de la Palabra). Leyendo más adelante en el libro de Santiago, leí donde Elías es puesto como ejemplo de un hombre justo orando: “Elías era un hombre sujeto a pasiones como nosotros, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Santiago 5:17).

Al estudiar acerca de Elías, determiné que él no era mi idea de hombre justo. Cuando la mano del Señor estaba sobre él, podía correr más rápidamente que el carro del rey. Pero cuando se dio cuenta que la reina Jezabel lo quería matar, corrió y se escondió debajo de un árbol de enebro y le rogó al Señor que lo dejara morirse. Entonces gimió al Señor: “Todos han apostatado, menos yo. Yo soy el único que te está sirviendo, Señor“. Semejante inconsistencia no podía ser la marca de un hombre justo, yo pensé, “¿Cómo pudo Santiago haberlo puesto como ejemplo de un hombre justo orando? ¡Él no era más justo que yo!

Entonces recordé que Santiago dijo que Elías era un “hombre sujeto a pasiones como nosotros“. Y no solamente estaba sujeto a estas pasiones, sino que también se rindió a ellas. Aunque permitió que el desánimo dominara sus acciones, fue llamado un hombre justo.

Un Mejor Pacto

Salmos 32:1-2 dice: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.

Bajo el antiguo pacto, la sangre de animales inocentes cubría el pecado. Dios no le atribuyó iniquidad a la gente aunque habían hecho maldad. Él lo encubrió y lo perdonó y les imputó justicia. Ante El ellos eran justos. “Y veré la sangre, y pasaré de vosotros…” (Éxodo 12:13). Si Dios hizo esto por sus hijos bajo el pacto de le Ley, ¿cuánto más hará lo el por nosotros? Bajo la gracia tenemos un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. La sangre de Jesucristo no solamente cubre nuestros pecados, sino que nos limpia “de toda maldad“. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5).

Cuando leí esta escritura vi que cuando nací de nuevo todos mis pecados fueron perdonados y mi vida pasada dejó de ser. Vi que me había convertido en nueva criatura en Cristo, y yo sabía que Él nunca hacía nuevas criaturas no justas.

Inmediatamente el diablo estaba ahí diciéndome: “Eso no puede ser verdad, pero, ¿y desde entonces? No hace mucho tiempo te enojaste mucho. Esa ciertamente no es la manera de actuar de un hombre justo“. Hizo que mirara a lo natural de nuevo en vez de a la Palabra de Dios.

Entonces leí 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (Esta escritura no fue escrita a pecadores, sino a creyentes). Esto significaba que yo me había convertido en la justicia de Dios en Cristo cuando nací de nuevo. Si había pecado desde entonces; y lo había hecho, sólo tenía que confesar mis pecados y Él me perdonaba y limpiaba de toda maldad (Si estoy limpio de maldad, entonces soy justo de nuevo).

Antes, cuando había leído Santiago 5:16: “La oración del justo puede mucho” había pensado que si algún día me pudiera volver justo, entonces sí tendría una vida de oración tremenda y vería respuestas prominentes a mis oraciones. Ahora yo veía que mis oraciones obrarían resultado, porque Dios me escucharía tan pronto como Él escucha a cualquier otro. En mi Biblia al lado de esta escritura en Santiago 5:16 escribí estas palabras: “Yo soy ese hombre justo“. Esto no es jactarme de nada que yo haya hecho, es jactarme de lo que soy en Cristo. Es alabar a Dios por lo que Él ha hecho posible para nosotros en Cristo.

Esto significa que podemos estar en la presencia de Dios sin ningún sentimiento de culpa, condenación o inferioridad. Esto quiere decir que el problema de la oración está resuelto. Ya no necesitamos ir ante su presencia con la lengua atada por la condenación o llenos de temor por la ignorancia. Podemos entrar en su presencia en completa seguridad porque hemos sido hechos justicia a través de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Texto Para Memorizar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21).

Tomado y editado del Capítulo 18 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 17

En esta lección seguiremos compartiendo 7 pasos para alcanzar la clase más elevada de fe.

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Lección 17 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 2)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:17; 1 Juan 1:3-4,7; Juan 14:13-14.

Verdad Central: La comunión es la madre de la fe. Es la madre del gozo. Es la fuente de la victoria.

A medida que perseveramos en nuestro estudio de la Palabra de Dios hacia un entendimiento más profundo del significado de la fe, en esta lección veremos tres pasos más hacia la clase más elevada de fe. Estos pasos van a imprimir en nosotros la realidad de (1) la nueva creación, (2) nuestra comunión con el Padre, y (3) la autoridad del nombre de Jesús.

Paso 3 – La Realidad De La Nueva Creación

2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Para lograr la clase más elevada de es necesario que sepamos la realidad de la nueva creación. Necesitamos saber que en la mente de Dios, fuimos creados en Cristo Jesús cuando Él fue hecho pecado como nuestro sustituto. Deberíamos saber que en el momento en que aceptamos a Cristo como a nuestro Salvador y lo confesamos como Señor, fuimos recreados. Ahí es cuando el aspecto legal se volvió una realidad en nuestra vida.

Tenemos hoy en nuestros espíritus la misma vida y naturaleza de Dios. Esto no es una experiencia, no es una religión, no es unirse a una iglesia. Es un nacimiento real de nuestro espíritu. Somos los hijos e hijas de Dios. Él es nuestro Padre. Sabemos que hemos pasado del dominio de Satanás y muerte espiritual al reino de la vida a través de Jesucristo. “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14). Sabemos que estamos en la familia de Dios, somos hijos de Dios. Uno no puede unirse a esta familia, debe nacer dentro de ella.

¿Cómo nos afecta esto en la vida diaria? Si Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos. Tenemos tanta libertad y comunión con el Padre como tuvo Jesús en su andar sobre la tierra, ¡porque el Padre nos ama tanto como amó a Jesús! “Para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos COMO TAMBIEN A MI ME HAS AMADO“.

Colosenses 1:18 dice: “Y Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia: El que es el principio, el primogénito de los muertos; para que en todo tenga la preeminencia“. Jesús es el primogénito, pero nosotros también hemos nacido de los muertos. Pedro dijo, “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Somos engendrados por Dios, somos nacidos de Dios. Somos hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo.

Cuando decimos esto, no nos estamos magnificando a nosotros mismos, estamos magnificando a Dios y lo que Él ha hecho por nosotros a través del Señor Jesús. No nos hicimos nosotros mismos nuevas criaturas. Él es el autor y consumador de nuestra fe. “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras...” (Efesios 2:10). Nosotros mismos no nos hicimos quienes y lo que somos, Dios lo hizo.

Cuando una persona se achica a sí misma, en realidad está achicando la misma hechura de Dios. Está criticando algo que el Señor ha hecho. Debemos dejar de mirarnos desde un punto natural y mirarnos como Dios nos ve, como creados en Cristo Jesús. El Padre no nos ve como cualquier otro nos ve, Él nos ve en Cristo. Muchos cristianos son derrotados porque se ven a sí mismos desde el punto de vista natural cuando podrían ser victoriosos mirándose a sí mismos como Dios lo hace.

Un cristiano que estaba teniendo serios problemas en su vida me dijo una vez: “Creo que estoy pagando por la vida que viví antes de ser salvo. Fui tan pecador“. Sin embargo, cuando nacemos de nuevo, somos redimidos no solamente del pecado, sino también de la paga del pecado. No tenemos que pagar por nuestros pecados porque Cristo ya lo ha hecho por nosotros. Ni siquiera nos es posible pagar por ellos.

Muchas personas no saben la diferencia entre el arrepentimiento y el hacer penitencia. Si los acusaras de seguir las enseñanzas de cierta otra religión, lo negarían acaloradamente. Pero eso es exactamente lo que están haciendo; están tratando de hacer penitencia por su vida pasada.

Cuando un hombre se arrepiente entonces Dios no tiene conocimiento de que ese hombre haya hecho algo malo alguna vez. “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mi mismo, y NO ME ACORDARE DE TUS PECADOS” (Isaías 43:25). Si Dios no se acuerda, ¿por qué debes hacerlo tú?

Si después de ser salvo un hombre tuviera que cosechar lo que había sembrado como pecador, entonces tendría que ir al infierno al morir, porque eso también es parte de la pena. Si va a cosechar cualquier parte de la pena, va a cosecharla toda completa. Pero, somos redimidos no solo del, poder, sino también de la paga del pecado. Jesús tomó nuestro lugar. El sufrió la paga de nuestro pecado. Él nos ha capacitado para disfrutar de la herencia de los santos en luz, como vimos en nuestra última lección.

Paso 4 – La Realidad De Nuestra Comunión Con El Padre

La razón principal de la redención es la comunión. “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9). Nota que fuimos llamados a “la comunión con su Hijo”.

1 Juan 1:3-4,7: “Lo que hemos visto y oído, eso anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido… Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.

El honor más alto que el Señor nos ha conferido es el de tener comunión con El, con Su Hijo, y con el Espíritu Santo en la realización de su sueño de la redención de la raza humana. La relación sin comunión es una cosa insípida. Es como un matrimonio sin amor o sin compañerismo. La comunión es la madre de la fe. Es la madre del gozo. Es la fuente de la victoria. Y Él nos ha llamado individualmente para tener comunión con su Hijo.

Si tenemos comunión con Él y andamos en luz, entonces la oración se convierte en uno de los privilegios más dulces y grandiosos que heredamos en Cristo. Al oír a algunas personas hablar, uno pensaría que la oración es un trabajo penoso. Los oímos hablar de luchar y pelear; de tratar de creer. Pero nunca ha sido un problema o una lucha para mí el orar. El orar nunca me ha sacado algo, más bien ha puesto algo en mí. Yo a menudo oro cinco horas o más al día.

El problema con la gente que tiene tal dificultad con la oración es que en vez de dejar que el Espíritu Santo los ayude y ore a través de ellos, están tratando de hacer todo por sí mismos, con su propia energía. Naturalmente esto los va a extenuar. Dios quiere que vengamos al lugar de descanso en El. “Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo. A los cuales Él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio” (Isaías 28:11-12). Podemos encontrar un tiempo de refrigerio en el Señor mientras oramos en otras lenguas.

Paso 5 – La Realidad De La Autoridad Del Nombre De Jesús

Juan 14:13-14 dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.

Supón que un hombre rico te diera un documento firmado diciendo que te ha conferido el derecho para usar su nombre y así recibir cualquier cosa que necesites para vivir cómodamente. Supón que ése fuera un documento legal, dado ante testigos, por el cual cada una de tus necesidades pudieran ser suplidas para el resto de tu vida. ¿Suena esto demasiado bueno para ser verdad? ¡Lo más maravilloso de ello es que es verdad!

Dios nos ha hecho “apoderados” para usar el nombre de Jesús para suplir toda necesidad; espiritual, física o financiera. Él nos ha dado poder sobre las fuerzas satánicas. Él ha dicho que “todo lo que pidiereis en mi nombre” nos lo dará. Tenemos autoridad para usar su nombre. El hecho de que muchos no lo hagan no es por falta de fe, sino por no saber cuáles son sus derechos legales en Cristo. Debemos tomar el lugar de hijo o hija y aprovecharnos de nuestros derechos como hijos de Dios. Debemos saber lo que nos pertenece y hacer lo que la Palabra dice.

Texto Para Memorizar:Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9).

Tomado y editado del Capítulo 17 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 16

En esta lección empezaremos a ver la enseñanza “Siete Pasos Hacia la Clase más Elevada de Fe”.

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Lección 16 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 1)

Textos Bíblicos: Colosenses 1:12-14; 1°Corintios 6:19-20.

Verdad Central: Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos liberados del poder de las tinieblas, y somos trasladados al Reino de Su amado Hijo.

En esta próxima serie de lecciones de fe tengo un doble propósito en mente. Ya hemos cubierto la mayoría de estos siguientes puntos en una forma u otra, pero quise ponerlos juntos para que puedas ver el progreso que estás haciendo. Si has estudiado estas lecciones de fe y ellas han formado parte de tu vida, el diablo va a tratar de vencerte. El Señor quiere que estés preparado para el futuro, y a través del poder de la Palabra de Dios puedes estar listo para cualquier emergencia que se presente.

Paso 1 – La Integridad De La Palabra De Dios

Lo primero que necesitamos saber es que la Palabra de Dios es realmente lo que declara ser. Es una revelación de Dios a nosotros. Es Dios hablándonos ahora, No es solamente un libro del pasado y un libro del futuro, es también un libro del ahora. Este libro tiene el aliento de Dios, es habitado por Dios, y es un mensaje inspirado por Dios. “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). La traducción de Moffat de este versículo (traducida del inglés) dice así, “Porque la Palabra de Dios es una cosa viviente“. La Palabra de Dios está viva. Pero solamente se hará viva para ti cuando la uses y actúes en ella.

Así que vemos que el primer paso hacia la clase más elevada de fe es aceptar y entender la integridad de la Palabra de Dios. La Palabra es de gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les da gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les ha hablado a ellos a menos que tengan un mensaje en lenguas o profecía. Pero la Palabra de Dios es Dios hablándonos. El don de profecía, lenguas e interpretación de lenguas no sobrepasan a la Palabra. La Palabra viene primero. Estos dones orales inspiracionales nos son dados para inspirarnos en línea con la Palabra de Dios, pero si dicen algo aparte de la Palabra, no es el Espíritu Santo el que está hablando; esa persona está hablando de su propio pensamiento. Siempre debemos juzgar estas cosas a la luz de la Palabra de Dios.

También hay algunos que tratan de hacer que la Palabra diga ciertas cosas porque quieren que diga lo que ellos creen. Están tratando de adaptar la Palabra a sus propias creencias en vez de adaptar sus creencias a la Palabra. Algunas gentes tratan de pasar desapercibidos ciertos pasajes o explicarlos de manera que les roban su valor. Pero debemos aceptarlos por lo que dicen y caminar en su luz. Debemos creer lo que la Palabra dice, no lo que pensamos que dice. Cuando empieces a estudiar la Palabra en esta luz, aceptándola como es, te sorprenderás al darte cuenta que algunas de las cosas que siempre has creído no se encontraban en la Palabra. Te preguntarás por qué creíste algunas cosas como lo hiciste.

Esto ocurrió en mi propia experiencia. Mientras pasé muchos meses en el lecho de aflicción, estudié la Biblia y vi en ella verdades de la fe y de la sanidad. Pero mientras más estudiaba la Palabra de Dios, más vela que era verdad.

A pesar de las enseñanzas de mi iglesia, decidí que iba a andar a la luz de la Palabra de Dios porque creí que esta Palabra era Dios hablándonos a nosotros hoy en día. Cuando tomé ese paso, la mayor parte de la batalla fue ganada.

Para creer realmente la Palabra de Dios tuve que ir en contra, no solo de las enseñanzas de mi iglesia, sino también de mi familia. Es sorprendente como podemos hacerle más caso a lo que enseñan en una iglesia que a la misma Biblia. Y algunas veces nuestros amados, pensando que ellos saben lo que mejor nos conviene, se opondrán a que caminemos en la luz completa de la Palabra de Dios. Aun así, yo tomé la determinación de seguir la Palabra de Dios, sabiendo que ésta es Dios hablándome a mí hoy.

Paso 2 – Nuestra Redención En Cristo

Lo segundo que necesitamos saber es la realidad de nuestra redención en Cristo; no como doctrina, filosofía o credo de algún tipo, sino como una redención real de la autoridad de Satanás. Por el nuevo nacimiento hemos sido trasladados al reino de Su Hijo, al reino de Dios. En otras palabras, hemos nacido dentro de la misma familia de Dios.

Colosenses 1:12-14 dice: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

Qué maravilloso que podemos entrar a nuestra herencia en Cristo. Dios nos ha capacitado para poder tener parte de esta herencia, como acabamos de leer.

El versículo 13 continúa diciendo, “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. La palabra griega traducida “potestad” aquí, quiere decir “autoridad“. “El cual nos ha librado de la AUTORIDAD de las tinieblas…”. Se refiere al reino de Satanás. Nota también que la escritura no dice que Él nos va a librar. Dice, “El cual nos HA librado…”.

El versículo 14 nos dice el precio de la redención. “En quien tenemos redención por su sangre…”. En conexión con esta escritura leemos en Apocalipsis 12:11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…”. La versión revisada Americana de este versículo dice: “por la sangre del Cordero y por la palabra del su testimonio”.

La sangre de Jesús es la base de nuestra victoria. Pero tenemos que agregarle nuestro testimonio, nuestra confesión. Tenemos que defender nuestra posición en contra del enemigo. Ya que Satanás es el dios de este mundo, él tratará de ejercer autoridad sobre ti. Pero no tiene que ser el que gane, porque tú has sido librado a través de la sangre de Jesucristo del poder de las tinieblas, de la autoridad de Satanás. Por la virtud del nuevo nacimiento has sido trasladado al reino de Su amado Hijo. En toda batalla con Satanás puedes ganar, no importa la clase de prueba que sea, porque tienes redención a través de la sangre del Cordero y por la palabra de tu testimonio.

¡Hay Poder En Su Sangre!

El dominio de Satanás sobre nosotros como nuevas criaturas en Cristo terminó. Jesús es el Señor y Cabeza de este nuevo cuerpo. Las escrituras se refieren a Él como a la Cabeza de la Iglesia. La Iglesia, la cual es todos los creyentes nacidos de nuevo, es llamada el Cuerpo de Cristo. Satanás no tiene derecho de gobernar sobre el Cuerpo de Cristo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo. Él es quien debe gobernar y dominar el Cuerpo.

Algunas personas aceptan la derrota en la vida porque no entienden la Palabra en su plenitud. Ellos me han dicho que no triunfaron porque no era la voluntad de Dios. Me han dicho: “Nuestros espíritus pertenecen al Señor, pero nuestros cuerpos no han sido redimidos todavía. Por eso, ahora debemos sufrir enfermedades en el terreno físico. Pero viene el tiempo cuando no tendremos que hacerlo”. En respuesta a esto vayamos a 1 Corintios 6.

1 Corintios 6:19-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Este pasaje nos dice que no solamente nuestro espíritu, sino nuestro cuerpo también fue comprado por un precio. Por lo tanto, debes “glorificar a Dios en tu cuerpo y en tu espíritu, los cuales son de Dios“. ¿Recibe Dios alguna gloria cuando Satanás nos domina físicamente? ¿Podría Dios obtener alguna gloria de un cuerpo, templo del Espíritu Santo, que está deformado o desfigurado con enfermedad? Ciertamente que no. Necesitamos entender esto claramente y aprender a tomar una posición firme contra el diablo cuando ataca nuestros cuerpos; tal y como lo haríamos cuando ataca nuestros espíritus.

Veamos de nuevo Colosenses 1:12, “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz“. Esto es parte de tu herencia como hijo de Dios cuando andas en la luz. Tenemos autoridad sobre el diablo a través de la sangre de Jesús. Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos librados del poder de las tinieblas y somos trasladados al reino de su amado Hijo.

Observa las palabras, “Dando gracias al Padre, que nos hizo APTOS para participar de la herencia…”. Puedo tomar de mi herencia ahora mismo. No tenemos que relegarla al futuro. Tenemos una herencia ahora. Estamos libres de la autoridad de las tinieblas ahora. Hemos sido trasladados al reino de Su amado Hijo ahora. Tenemos libertad y redención de la mano de Satanás ahora Podemos vencerlo ahora por la sangre del Cordero y por la palabra de nuestro testimonio. Podemos glorificar a Dios ahora en nuestros cuerpos y en nuestros espíritus, los cuales son de Dios.

Texto Para Memorizar: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…” (Apocalipsis 12:11).

Tomado y editado del Capítulo 16 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 12

En esta lección veremos como la confesión de la Palabra de Dios edifica nuestra fe, pues declara lo que la Palabra de Dios dice de nosotros.

26diasdefe12

Lección 12 – La Confesión De La Palabra de Dios Edifica La Fe

Textos Bíblicos: Marcos 16:15-20; Isaías 41:10; Salmos 119:28,130.

Verdad Central: La confesión es el modo que la fe tiene de expresarse. La confesión de la fe crea realidades.

Siempre es posible saber si una persona está creyendo de forma correcta por lo que dice. Si su confesión es incorrecta, su creer es incorrecto, si su creer es incorrecto, su manera de pensar es incorrecta. Si su pensar es incorrecto, es porque su mente aún no ha sido renovada con la Palabra de Dios. Los tres; creer, pensar, decir, van juntos. Dios nos ha dado Su Palabra para corregir nuestro pensar. Nosotros podemos pensar de acuerdo con la Palabra de Dios.

En nuestros estudios sobre el tema de la confesión hemos tratado con tres tipos de confesión: la confesión de los pecados de los judíos, la confesión del pecador de hoy, y la confesión del creyente que está fuera de comunión con Dios. En esta lección veremos la confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

Como ya lo mencionamos en una de las lecciones previas, siempre que la palabra “confesión” es usada, nosotros instintivamente pensamos en el pecado y en el fracaso. Pero ese es el lado negativo. Eso es importante en su lugar, claro, pero hay un lado positivo y la Biblia tiene mucho más que decir acerca del lado positivo que del negativo.

Las Cinco Partes De La Confesión

Confesar es afirmar algo que creemos. Es testificar de algo que nosotros sabemos. Es dar testimonio de una verdad que nosotros hemos abrazado. Nuestra confesión debe centrarse en cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de Su Palabra y del Espíritu Santo, ha creado en nosotros en el nuevo nacimiento y en la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo por nosotros ahora a la diestra del Padre donde vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer por nosotros, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

La Confesión En Marcha – Predicando La Palabra

Marcos 16:15-20: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas. Tomarán en las manos serpientes y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”.

Dios obra a través de nosotros por su palabra a través de nuestros labios. Jesús dijo, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura“. Esa es la manera en que Dios obra a través nuestro. Nosotros llevamos la Palabra a los perdidos. Si no llevamos la Palabra al mundo, entonces perdemos el tiempo, orando para que Dios haga algo. En otras palabras, sería inútil orar por alguien que está perdido sino le lleváramos también el evangelio de la salvación. Si con solo orar pudiéramos conseguir que la gente se salvara, no tendríamos que mandar misioneros por todo el mundo. Sólo tendríamos que orar para que todos entraran al reino. Sin embargo, el Espíritu Santo obra solamente en conexión con la Palabra.

En obediencia al mandato de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el evangelio, los discípulos fueron predicando la Palabra por todas partes y el Señor trabajó con ellos y confirmó Su Palabra con señales. Dios no hizo nada hasta que los discípulos predicaron la Palabra. Entonces las señales les seguían.

Hablando de las señales que les seguían, éstas no siguen a un individuo, sino que siguen a la Palabra. Di la Palabra y las señales se encargarán de seguirla. Tú no sigues las señales, las señales siguen la Palabra.

En la última iglesia que pastoreé, llegué a preocuparme porque no sucedían muchas señales en mi ministerio. Me encerré a orar por varios días, pidiéndole a Dios por más señales. Finalmente el Señor me habló y dijo: “Tú has estado orando para que yo confirme mi Palabra y hayan señales. Pero todo lo que tienes que hacer es predicar la Palabra y yo la confirmaré. Si tú predicas la Palabra, las señales la seguirán. Si las señales no están sucediendo, entonces no estás predicando la Palabra”.

Yo me sorprendí de esto, pero al examinar más cuidadosamente mi predicación, descubrí que era cierto. Había mezclado mucha tradición y muchas opiniones personales en mis sermones. Y Dios no va a confirmar tradiciones con señales.

A medida que empecé a predicar más de la no diluida, pura Palabra de Dios, comencé a ver que seguían más señales. ¡Mientras más predicaba la Palabra más señales tenía!

Dios se mueve solamente de acuerdo con Su Palabra. Él ha magnificado Su Palabra por encima de Su nombre. Y no podemos esperar recibir ayuda de Dios si nos ponemos en contra de Su Palabra, aunque éste sea un acto inconsciente por nuestra parte. Deberíamos tratar la Palabra de Dios con la misma reverencia que le demostraríamos a Jesús si él estuviera presente en el mundo natural.

La Confesión Dispersa El Temor

Isaías 41:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

¿Has notado alguna vez, al leer la Biblia cuántas veces Dios le dice a Sus hijos “No temas“? Cuando Jairo pidió a Jesús que sanara a su hija, el Señor le dijo, “…no temas. Cree solamente, y será salva” (Lucas 8:50). Cuando Cristo les estaba enseñando a Sus discípulos, les dijo, “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” (Lucas 12:32).

Cuando el Señor se le apareció a Isaac, renovando el pacto que había hecho con su padre Abraham, el Señor le dijo, “…No temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré…” (Génesis 26:24). Si Dios sólo hubiera dicho, “No temas“, y nos hubiera dejado ahí, podríamos decir ‘sí, pero no puedo evitar el tener miedo’, pero El no dijo solamente, “No temas”, también dijo, “Porque yo estoy contigo“. ¿Podemos creer que Él está con nosotros y aún tener miedo? No. Si tenemos miedo, es porque le estamos dudando. “Pero“, alguien podría decir, “yo soy tan débil“. Dios dijo, “Yo te esfuerzo“. “Pero soy tan indefenso“, alguien podría decir. Dios dijo, “Yo te sustentaré“.

Salmos 119:28,130: “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra… La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”.

Es cierto que en nosotros mismos podemos ser débiles e indefensos, cargados de ansiedades y problemas. Pero en nuestra debilidad miramos Su Palabra para recibir fuerzas, porque “La exposición de tus palabras alumbrar hace entender a los simples“.

Nuestra confesión puede ser, “Dios está conmigo“. Podemos decir, “Mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). “…Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Puedes estar enfrentándote a un problema que parece imposible. En vez de hablar acerca de lo imposible que es, míralo a Él, que está dentro de ti y di, “Dios está en mí ahora“. Te encontrarás con que tu confesión de fe hará que Él obre a tu favor. Él se levantará dentro de ti y te dará el éxito. ¡El Maestro de la Creación está en ti! Puedes enfrentarte a la vida sin temor porque sabes que mayor es el que está en ti, que cualquier fuerza que pueda ser organizada en contra tuya. Esta debería ser tu confesión continua.

La Confesión Aumenta La Fe

Sin confesión no hay fe. La confesión es el modo en que la fe se expresa a sí misma. La fe, como el amor, es del corazón, del espíritu. Y sabemos que no hay amor sin palabra o acción.

Con el razonamiento no podemos meter el amor dentro de las personas ni lo podemos sacar tampoco con el razonamiento. Es algo del corazón. Como la fe también es del espíritu o corazón, podemos decir con seguridad que no hay fe sin confesión. La fe crece con la confesión.

La confesión del creyente hace varias cosas en él. Primero, lo ubica. Segundo, arregla las fronteras de su vida. Nunca tendrás más de lo que confiesas.

Marcos 11:2 dice3: “Porque de cierto os digo que CUALQUIERA QUE DIJERE a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino CREYERE QUE SERA HECHO LO QUE DICE, LO QUE DICE LE SERA HECHO”.

Si decimos que no podemos hacer algo, entonces por supuesto no podemos. Pero si decimos que podemos, entonces podemos. De acuerdo con Marcos 11:23, podemos tener cualquier cosa que digamos, o confesemos, sea creencia o incredulidad, éxito o fracaso, enfermedad o salud.

La razón por la que la mayoría de los cristianos, aunque sean sinceros, son débiles, es que nunca se han atrevido a hacer una confesión de lo que son en Cristo. Deberían averiguar cómo los ve Dios y luego confesarlo. Estos privilegios se encuentran mayormente en las epístolas del Nuevo Testamento, ya que fueron escritas a la iglesia. Cuando tú descubras todo lo que Dios tiene para ti, entonces confiesa con confianza lo que la Palabra de Dios declara que eres en Cristo. A medida que hagas esto, tu fe va a abundar.

La razón por la cual tu fe es ahogada y detenida en cautiverio es porque nunca te has atrevido a confesar lo que Dios dice que eres. Recuerda, la fe nunca crece más allá de tu confesión. Tu confesión diaria de lo que el Padre es para ti, de lo que Jesús está haciendo por ti ahora a la diestra del Padre, y de lo que el Espíritu Santo está haciendo en ti edificará una vida sólida de fe positiva.

No tendrás temor de ninguna circunstancia. No tendrás temor de ninguna enfermedad. No le temerás a ninguna situación. Enfrentarás la vida sin temores, serás un vencedor. Y para ser un vencedor, debes confesar que lo eres. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Viendo de nuevo la escritura en Romanos 10:10, vemos en forma de cápsula la Ley de Dios de la fe: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Para conseguir algo de Dios, primero debemos creer en nuestro corazón lo que la Palabra dice. Luego debemos confesar con nuestra boca que es así. Por ejemplo, para ser salvo un hombre debe creer en su corazón y entonces confesar con su boca que Jesús murió por él de acuerdo a las Escrituras, y que fue levantado de los muertos para su justificación. Como resultado, recibirá (o verá) la respuesta a su oración. Creerlo, confesarlo, recibirlo. “…Cualquiera que CREYERE que será hecho lo que DICE, LO QUE DIGA LE SERA HECHO” (Marcos 11:23).

A medida que estudias la Palabra de Dios y aprendes lo que la Palabra dice que eres, quien eres, y lo que tienes en Jesucristo, aunque no te parezca real al principio, empieza a confesar, “Sí, es mío, de acuerdo a la Palabra de Dios“. Entonces averiguarás que la confesión de fe crea realidad.

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 11

Aunque no estoy muy de acuerdo en este punto con el autor del libro, aquí les dejo lo que escribió, en especial porque muchos creyentes piensan como él.

26diasdefe11

Lección 11 – La Confesión Restaura La Comunión Rota

Textos Bíblicos: Salmo 137:1-4; 1°Juan 1:3-10; Santiago 5:14-15; Hebreos 10:1-4

Verdad Central: La fe no tiene cántico cuando la comunión está rota.

En nuestros estudios sobre el tema de la Confesión hemos cubierto los primeros dos tipos: la confesión de los judíos, y la confesión del pecador de hoy en día. En esta lección trataremos sobre la confesión del creyente que está fuera de la comunión con Dios.

En el Salmo 137 vemos un ejemplo dramático de comunión rota. Como resultado del pecado, Israel había sido llevado a Babilonia.

El Salmo 137:1-4 dice: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos acordándonos de Sión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: cantadnos algunos de los cánticos de Sión. ¿Como cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?”.

En este pasaje Israel lamenta su cautividad. El pueblo de Dios recordaba a Sión, pero ahora están tristes y sus arpas estaban colgadas sobre los sauces. Ellos no podían cantar “cántico de Jehová en tierra de extraños“. La fe no tiene cántico cuando la comunión está rota. Nosotros perdemos nuestro testimonio en el mismo momento en que pecamos. El pecado siempre apaga la luz. La fe tiembla en la oscuridad de la comunión rota.

La Confesión Trae Perdón

1 Juan 1:3-10 dice: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él y os anunciamos: Dios es la luz y no hay ningunas tinieblas en El. Si decimos que tenemos comunión con El, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado le hacemos a El mentiroso, y su Palabra no está en nosotros”.

Observa que la palabra “comunión” es mencionada cuatro veces en estos versículos. Estas palabras, las cuales son escritas para el creyente y no para el pecador, fueron dadas, primero, como una advertencia contra la comunión perdida, y segundo, para mostrar el camino para regresar a la comunión con el Señor.

El versículo 6 dice: “Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad“. En otras palabras, si estamos fuera de comunión y declaramos que andamos bien, no estamos diciendo la verdad. Pero Él dice que si nosotros confesamos los pecados, Él es “fiel y justo para perdonar pecados, y para limpiamos de toda maldad“.

Un punto que debemos aclarar aquí es que si has pecado, lo sabrás. En el mismo instante en que hagas algo malo, algo dentro de ti te lo dirá. El Espíritu Santo, el cual habita dentro del creyente instantáneamente te hará saber que has cometido pecado. Si no damos en el blanco en alguna manera, es importante que no esperemos, que nos detengamos ahí mismo y pidamos al Señor Su perdón. Él nos perdonará, y continuaremos andando en comunión con Él.

El Perdón Restaura La Comunión

Cuando tú has confesado tus pecados, Él te perdona en ese mismo momento y tú estás ante Su presencia como si nunca hubieras pecado. No es necesario continuar confesando esos mismos pecados una y otra vez, porque esto acrecienta la debilidad, la duda y la conciencia de pecado dentro del espíritu.

Si lo confesaste una vez, Él lo perdonó y lo olvidó. Él no se acuerda de eso. “Yo, Yo soy el que borra tus rebeliones por amor de mi mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). Y en Jeremías 31:34 leemos: “…Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado“.

Si Dios no se acuerda más de ese pecado que rompió tu comunión con Él, ¿por qué debes recordarlo tú? No es el Espíritu Santo el que te está condenando. Es Satanás tratando de abusar de ti. El Salmo 103:1-3 dice: “Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios: Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias“.

Algunas veces hay personas que me piden que ore por ellas y dicen: “No sé si el Señor me va a oír o no, porque he pecado y fallado“. Sin embargo, si ellos le han pedido perdón a Dios, Él no se acuerda de que ellos hayan hecho algo malo. Así que, ¿por qué deben ellos recordarlo? Sin necesidad, se han hablado a sí mismos saliéndose de la fe. El creyente debe estar dispuesto a perdonarse a sí mismo, tal y como Dios desea perdonarle. Muchísimas personas se han robado de fe a sí mismas porque no estaban dispuestas a perdonarse a sí mismas.

El Perdón En Sanidad

Santiago 5:14-15: “¿Hay alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”.

Estos versículos son frecuentemente usados en conexión con la oración para sanidad y está bien. Pero no debemos pasar desapercibida la última parte: “…Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados“.

Muchas veces al ver que alguien se ha enfermado que nosotros sabemos está fuera de comunión con el Señor, pensamos: “Él ha hecho algo malo; ahora va a recibir los resultados de su mala actuación. Está enfermo por causa de su pecado“. Algunas veces la comunión rota causará enfermedad. Pero la Palabra de Dios dice: “Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados“.

Yo he conocido a personas quienes han pensado que tenían que quedarse en el lecho de aflicción indefinidamente y que habían fallado y pecado. Sin embargo, esto no es necesario porque la escritura dice: “La oración de fe salvara al enfermo, y el Señor lo levantará, Y SI HUBIERE COMETIDO PECADOS, LE SERAN PERDONADOS“. Hay Perdón en la sanidad.

Hebreos 10:1-4 dice: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”.

Esta es la historia del fracaso de la sangre de los toros cabríos para quitar los pecados. Su sangre solamente podía cubrirlos. El pecado lo dejaba en el corazón de los hombres. Y con el pecado había conciencia de pecado. Pero en nuestra redención en Cristo, Jesús nos ha redimido de la conciencia de pecado. “Si nosotros confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Tú no debes tener más conocimiento de tu pecado. Dios no lo tiene, ¿por qué deberías tenerlo tú? Así puedes ver con qué confianza y seguridad puedes acudir a él en oración, sabiendo con certeza que Él te escucha.

Texto Para Memorizar: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

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