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Como ser Dirigido por el Espíritu Santo (Estudio Bíblico)

Guiados por el Espíritu

En ese estudio aprenderemos  como ser guiados por el Espíritu Santo en cada lección aprenderemos que es el hombre, como se conecta con el Espíritu Santo y las maneras en que nos conectamos con él y podemos oír su voz.

Haz click en cada enlace para ir a la lección respectiva.

Cómo ser Dirigido por el Espíritu Santo – Clase 1

Cómo ser Dirigido por el Espíritu Santo – Clase 2

Como ser Dirigido por el Espíritu Santo – Clase 3

Como ser Dirigido por el Espíritu Santo – Clase 4

Como Ser Dirigido Por El Espíritu Santo – Clase 5

Como Ser Dirigido Por El Espíritu Santo – Clase 6

Como Ser Dirigido Por El Espíritu Santo – Clase 7

Como Ser Dirigido Por el Espíritu Santo – Clase 8

Como Ser Dirigido Por el Espíritu Santo – Clase 9

Como Ser Dirigido por el Espíritu Santo – Clase 10

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26 Días de Fe – Día 26

Cerrando esta serie de enseñanzas aquí les dejo una muy importante para nuestra vida de fe, como entrenar nuestro espíritu, de modo que podamos ser guiados por Dios en cada área de nuestra vida.

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Lección 26 – Cómo Entrenar El Espíritu Humano

Textos Bíblicos: Josué 1:8; Santiago 1:22; Proverbios 4:20-22.

Verdad Central: Dios usará nuestros propios espíritus para guiamos.

Así como la mente humana puede ser educada y entrenada intelectualmente, también el espíritu puede ser entrenado espiritualmente. Puede ser edificado en tu espíritu al igual que en tu cuerpo. En esta lección veremos las cuatro maneras por las cuales se puede alcanzar esto.

  1. Meditando en la Palabra de Dios.
  2. Practicando la Palabra de Dios.
  3. Dándole a la Palabra de Dios el primer lugar.
  4. Obedeciendo instantáneamente la voz de nuestro espíritu.

Aplicando estos cuatro principios a nuestra vida diaria, podemos llegar a conocer la voluntad de Dios aun en los menores detalles de la vida

Dios se comunica con nuestro espíritu y no con nuestras facultades de razonamiento. Al obedecer instantáneamente a nuestro espíritu, encontraremos que le estamos obedeciendo al Espíritu Santo. Dios dijo en Su Palabra: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón” (Proverbios 20:27). Esto significa que Dios usará nuestro propio espíritu para guiarnos. El espíritu del hombre es la lámpara del Señor.

Regla 1 – Meditando en la Palabra de Dios

Josué 1:8 dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.

Después de la muerte de Moisés, cuando Dios ungió a Josué para guiar a los hijos de Israel, Dios le dijo al principio de su ministerio la importancia de meditar en la Palabra. Otra traducción de la última frase de Josué 1:8, citado anteriormente dice: “Tú podrás tratar sabiamente en las cosas de la vida“. Ciertamente, no tendríamos éxito si no pudiéramos tratar sabiamente en las cosas de la vida. Dios le dijo a Josué que meditara en la Palabra, y que si lo hacía, Dios haría prosperar su camino y todo le saldría bien.

Los hombres y mujeres más profundamente espirituales que he conocido son los que dedican tiempo a la meditación. Uno no puede desarrollar sabiduría espiritual sin meditar en la Palabra de Dios.

Un pastor una vez me dijo que él había estado tratando de hacer de su iglesia un éxito. Voló por todas partes de la nación visitando muchas de las iglesias más grandes, estudiando sus métodos y tratando de averiguar qué era lo que las hacía triunfar. Traía a su iglesia sus programas e ideas, pero parecía que no funcionaban.

Después de oírme enseñar sobre la meditación en la Palabra de Dios, decidió tratarlo. En vez de pedirle a Dios por nada, diariamente dedicaba un tiempo para meditar en la Palabra de Dios. Después de treinta días, al final de su sermón matinal del domingo, un gran número de almas acudieron al altar. Más personas fueron salvas en ese culto, que las que habían sido salvas en los últimos dos o tres años en esa iglesia. Su gente recibió un avivamiento y el pastor empezó a tener buen éxito.

Su testimonio puede ser el de cualquier creyente que siga su ejemplo y dedique tiempo a meditar en la Palabra de Dios. Enciérrate solo con tu espíritu, y deja al mundo afuera. Si tienes ambiciones de hacer algo que valga la pena, te sugiero que empieces tomando diez o quince minutos diariamente para meditación. Comienza a desarrollar tu espíritu.

Regla 2 – Practicando la Palabra de Dios

Santiago 1:22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”.

El practicar la Palabra es lo que Santiago llamó ser un “hacedor de la Palabra“. Algunas personas piensan que ser un hacedor de la Palabra es seguir los Diez Mandamientos. Sin embargo, bajo el nuevo pacto tenemos un mandamiento; el mandamiento del amor. Si amas a alguien, no le robarás. No dirás mentiras acerca de él. Pablo dijo que el amor es el cumplimiento de la ley. Si andas en amor, no quebrantarás ninguna ley que haya sido dada para restringir al pecado.

En este versículo, Santiago estaba incitando a los creyentes a hacer primeramente lo que está escrito en las epístolas, a actuar en la Palabra. Por ejemplo, Pablo les escribió a los Filipenses: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6). La Versión Amplificada en inglés dice: “No te preocupes ni tengas ansiedad por nada. Sino que en todas las cosas deja que sean conocidas delante de Dios tus peticiones por oración y mego, con acción de gracias“. Generalmente practicamos solamente parte de esto. No nos importa practicar la parte que nos dice que oremos, pero si solamente practicamos una parte y no la otra, no estamos practicando la Palabra. No somos hacedores de la Palabra.

Primero que nada, el Señor dijo que no nos preocupáramos. Si vamos a preocuparnos y a tener ansiedades, entonces no nos hará ningún bien hacer peticiones. Si Dios dijo que no nos preocupáramos, entonces esto quiere decir que podemos abstenernos de hacerlo. Dios es un Dios justo y Él no nos va a pedir que hagamos algo que no podamos hacer.

Hubo un tiempo en el que yo creía que podía hacer mis peticiones conocidas delante de Dios, pero tenía dificultad en creer que no podía dejar de preocuparme. Sin embargo, Dios dijo que no tenemos que preocuparnos. Así que digo: “Yo rehúso preocuparme o tener alguna ansiedad por cualquier cosa“. Le traigo al Señor mis peticiones, y luego le doy las gracias. Esto apacigua y pacifica el espíritu preocupado que el diablo trata de que yo tenga. Si este malestar interno persiste, simplemente regreso a este versículo y lo leo otra vez. Continúo reclamándolo.

Si seguimos el consejo de Pablo y “no nos preocupamos ni tenemos ninguna ansiedad por nada“, podemos creer en Dios por la promesa del versículo que sigue: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Mucha gente quiere lo que dice este versículo siete, pero no quieren hacer lo que el versículo seis dice hacer para alcanzarlo. Sin embargo, para recibir esta “paz…que sobrepasa todo entendimiento“, tenemos que hacer lo que dice el v.6. “Por nada estéis afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (versículo 6).

La paz de Dios…fortificará y montará guardia“, es la versión amplificada de este versículo siete. Mantendrá guardia sobre tu corazón y sobre tu espíritu.

La educación de nuestros espíritus viene al practicar la Palabra de Dios. ¿Puedes recibir los resultados y tener paz sin ser un hacedor de la Palabra? No, realmente no podemos. Sé un hacedor de la Palabra y crecerás espiritualmente.

Regla 3 – Dando el Primer Lugar a la Palabra

Proverbios 4:20-22 dice: “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”.

Con tantas voces diferentes rodeándonos, es a menudo difícil detenernos y oír la voz de la palabra de Dios. La familia y los amigos están siempre listos para darnos sus opiniones y consejos. Sin embargo, parte esencial del entrenamiento del hombre espiritual es aprender a escuchar lo que la Palabra de Dios nos dice a nosotros. Es dar el primer lugar a la Palabra en nuestras vidas.

En los versículos citados anteriormente, Dios nos dice que hagamos tres cosas con Su Palabra: (1) Escucharla; (2) leerla; y (3) memorizaría. En el versículo 20 leemos, “…inclina tu oído a mis razones“. Siempre que la Biblia es leída en voz alta; en la iglesia, en los devocionales familiares, el evangelio radiado o televisado, dale especial atención a Sus palabras.

El versículo 21 nos dice: “No se aparten de tus ojos…”. En otras palabras, dedica tiempo a la lectura de la Palabra, permite que se meta dentro de tus pensamientos y en tu corazón. Memorízala, como la segunda parte del versículo 21 dice: “…guárdalas en medio de tu corazón“.

Si hacemos estas tres cosas encontraremos que la Palabra de Dios es “…vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo” (versículo 22). Entraremos en una vida más abundante en Cristo Jesús. Encontraremos sanidad física para nuestros cuerpos. Todo lo que necesitamos hacer es darle a la Palabra de Dios el primer lugar en nuestras vidas.

Regla 4 – Obedeciendo Instantáneamente a la Voz de Nuestro Espíritu

El espíritu humano tiene una voz. Nosotros le llamamos a esa voz, la conciencia. Algunas veces se le llama intuición. O le llamamos una voz interior que nos guía. Es nuestro espíritu hablándonos.

El espíritu de todos los hombres tiene una voz, ya sean salvos o no. Pero el nuevo nacimiento es un renacer del espíritu humano. Tu espíritu recibe información a medida que meditas en la Palabra de Dios. Aprende a obedecer a tu espíritu.

Tu espíritu tiene la vida y la naturaleza de Dios en él, porque el Espíritu Santo mora dentro de ti. El diablo no puede estar dándote la información porque él no está en ti. Él está fuera de ti. Dios tiene que comunicarse contigo a través de tu espíritu porque ahí es donde está. Tu espíritu obtiene su información a través de él. Aprende a obedecer a tu espíritu.

Algunos dicen que la conciencia no es una guía segura, pero eso no es siempre cierto. La conciencia es una guía segura en el creyente lleno del Espíritu Santo porque Dios está morando dentro de él. La conciencia del creyente, la voz de su espíritu, se vuelve la voz de Dios. Dios le está hablando. Pablo dijo que él obedecía a su conciencia (Hechos 23:1).

Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre…” (Proverbios 20:27). Dios usará tu espíritu para guiarte. Lo usará para alumbrarte. A medida que tu espíritu se alimente y medite en la Palabra, se convertirá más y más en una guía segura; está entrenado en la Palabra.

El Espíritu Santo habla un poquito diferente con aquellos de nosotros que tenemos ciertos dones del ministerio. Pero como regla en las vidas de los creyentes, la voz interior es la voz del espíritu hablando; no el Espíritu Santo. El Espíritu Santo con frecuencia me habla acerca de otros, pero nunca lo oigo para mi propio beneficio. El ministerio de un profeta no le es dado a uno para su propio beneficio, sino para el beneficio de otros. Yo tengo que recibir guía para mí mismo a través de mi propia voz interior.

Cuando aprendamos a oír la voz de nuestro espíritu, llegaremos al lugar donde sabremos qué hacer en todas las fases de la vida. El Señor nos guiará. “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:6).

Texto Para Memorizar: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón” (Proverbios 20:27).

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26 Días de Fe – Día 9

En esta lección continuamos viendo lo que significa el creer con el corazón; que es sencillamente creer de nuestro espíritu en lugar de creer con nuestra alma o con lo que nos dicen nuestros sentidos físicos.

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Lección 9 – Lo Que Significa Creer Con El Corazón (Parte 2)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:1,6-8; Proverbios 3:5-7.

Verdad Central: Creer con todo el corazón es creer con nuestro espíritu, creer independientemente de nuestra mente o nuestro cuerpo.

Las cosas espirituales son tan reales como las cosas materiales. Dios es una persona tan real como si tuviera cuerpo físico, aunque no lo tiene. Él es Espíritu. Jesús tiene un cuerpo físico ahora, un cuerpo de carne y hueso, pero no carne y sangre. Después de la resurrección, se apareció a sus discípulos, y ellos pensaron que era un espíritu (o un fantasma). Jesús les dijo. “…palpad y ved…porque un espíritu no tiene carne ni huesos…” (Lucas 24:39).

En otra ocasión mientras Pedro y algunos de los otros discípulos estaban pescando, ellos vieron a Jesús en la ribera. Él los llamó, y ellos fueron donde estaba y comieron con Él el pescado que había cocinado en el fuego. Así que Él tiene un cuerpo físico ahora, un cuerpo de carne y hueso, resucitado. Y Jesús, quien está ahora en el cielo con su cuerpo físico, no es más real que el Espíritu Santo o que Dios el Padre.

Observa que no decimos que Dios es espíritu, pero sí que es un Espíritu. Algunos piensan que Dios es espíritu, tomándolo como cierta influencia impersonal. Aunque decimos que Dios es un Espíritu, eso no quiere decir que no tenga una figura o forma en el terreno espiritual, porque sí lo tiene. Los ángeles son espíritus, aun así los ángeles tienen forma o un cuerpo espiritual.

En una ocasión cuando los israelitas habían sido sitiados por el ejército sirio, el sirviente del profeta Eliseo estaba lleno de temor al ver las huestes enemigas de caballos y carros, rodeando la ciudad. Eliseo simplemente le dijo: “No temas: Porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos. Y Eliseo oró, y dijo, Señor abre sus ojos, para que él pueda ver. Y el Señor abrió los ojos del joven y él vio: y, he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo“. (2 Reyes 6:16-17). Algunas veces, según Dios lo quiera, ángeles pueden tomar una forma en el terreno material donde pueden ser vistos.

En Éxodo 33 leemos que Dios habló con Moisés “cara a cara” (versículo 11), aunque Moisés no vio la cara de Dios porque había una nube. “No podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre, y vivirá” (v. 20). Entonces le dijo Dios a Moisés: “Y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano y verás mis espaldas, mas no se verá mi rostro“. Aunque Dios es un Espíritu, nosotros sabemos que tiene rostro y manos; algún tipo de forma, Él no es menos real por ser un Espíritu, de lo que sería si tuviera un cuerpo físico. Las cosas espirituales son tan reales como las materiales.

2 Corintios 5:1,6-8 dice: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciera, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos… Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor. (Porque por fe andamos, no por vista). Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes en el Señor”.

Cuando nuestro cuerpo es puesto en la tumba, todavía tenemos un edificio de Dios, no hecho de manos y viviremos eternamente en los cielos. ¿Quién estará ausente del cuerpo? Nosotros; el hombre real, el hombre interior.

En 1 Pedro 3:4 nuestro espíritu es llamado “el interno, el del corazón“. Aquí vemos la palabra “corazón” otra vez. El hombre interior, nuestro espíritu, es llamado el interno. Él es un hombre del corazón, del espíritu. Es interno del hombre físico o natural. En Romanos 7:22 el espíritu es llamado el “hombre interior” (“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios“). Así que este “hombre interior” cómo el “hombre interno” nos dan la definición de Dios del espíritu humano.

El hombre real es espíritu, tiene un cuerpo y un alma. Con su espíritu hace contacto con el mundo espiritual. Con el alma hace contacto con el área intelectual. No podemos hacer contacto con Dios con nuestra mente. Tampoco podemos tener contacto con Dios con nuestro cuerpo. Podemos tener contacto con Dios solamente con nuestro espíritu.

La Palabra De Dios – Llave Para La Fe Del Corazón

Cuando oímos la Palabra de Dios predicada, la oímos con nuestra mente natural (Antes de ser cristianos, el Espíritu Santo, a través de la Palabra, habló a nuestro corazón o nuestro espíritu). Leemos en 1 Corintios 2:14, “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios…”. Una traducción dice: “El hombre natural o la mente natural no puede entender las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son tontería. Tampoco puede saberlas porque son discernidas espiritualmente“.

No entendemos la Biblia con la mente, la entendemos espiritualmente. La entendemos con el espíritu o corazón. Esta es la razón por la que podemos leer ciertos pasajes docenas de veces y no entender su significado verdadero. Luego un día de repente vemos lo que Dios nos está mostrando a través de Su Palabra. Es en ese momento que lo entendemos con el corazón. Tenemos que tener la revelación de la Palabra de Dios en nuestro corazón. Por eso, tenemos que depender del Espíritu de Dios para que nos abra y nos descubra el velo de la Palabra.

Por lo tanto, creer con el corazón significa creer con el espíritu. ¿Cómo es que nuestro espíritu alcanza fe que nuestro intelecto no puede obtener? La respuesta es: a través de la Palabra. Cuando Jesús dijo: “…No sólo de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4), estaba hablando de alimento espiritual. El usó un término natural para enseñar un pensamiento espiritual. Nuestros espíritus se llenan de seguridad y confianza a medida que meditamos en la Palabra. La Palabra es el alimento del espíritu y de la fe. La Palabra de Dios es el alimento que fortalece nuestros espíritus.

Creer con el corazón significa creer sin tomar en cuenta lo que nuestro cuerpo físico nos pueda decir o lo que nuestros sentidos físicos puedan indicar. Esto es porque el hombre físico cree lo que ve con sus ojos físicos o lo que oye con sus oídos físicos, o lo que su sentir físico le diga. Pero el espíritu, o corazón, cree en la Palabra sin prestar atención a lo visto, oído o sentido.

Proverbios 3:5-7 dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal”.

La mayoría practica el versículo 5, pero lo hace al revés. Ellos se fían de toda su prudencia y no se apoyan en su propio corazón. Santiago 1:19 dice: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse“. Este es otro versículo que estamos inclinados a practicar al revés. Somos prontos a hablar, prontos para airarnos, pero tardos para escuchar.

Luego el versículo 6 en el pasaje de escritura mencionado anteriormente dice: “No seas sabio en tu propia opinión“. En otras palabras: “No seas sabio con conocimiento humano natural, el cual te hará actuar independientemente de la Palabra de Dios“.

En el Nuevo Testamento encontramos la contraparte de esta escritura. “Porque las armas de nuestra milicia no son camales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos (razonamientos) y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4-5).

Paz – Un Resultado De La Fe Del Corazón

Si queremos andar por fe, la Palabra debe estar por encima de cualquier otra cosa. Y mientras confiamos en Dios con todo nuestro corazón, una tranquilidad y paz vienen a nuestro espíritu. “Pero los que hemos creído entramos en el reposo…” (Hebreos 4:3). “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Sabemos en nuestro espíritu que todo lo que necesitamos será suplido. No nos preocupamos. No tenemos ansiedad. Si nos estamos preocupando, entonces no estamos creyendo. Nuestro corazón se llena de valor al leer la Palabra. A medida que vamos meditando en esta Palabra, nuestra seguridad se hace más profunda. Esta seguridad en nuestro espíritu es independiente de nuestro razonamiento humano o evidencia física. Pero creer en Dios con el corazón significa creer aparte de nuestro cuerpo.

La doctora Lilian Yeomans dijo: “Dios se deleita cuando Sus hijos atraviesan el doloroso vacío sin nada más debajo de sus pies que la Palabra de Dios“.

La razón por la que muchas personas son vencidas es que lo aceptan. Pero la Palabra de Dios dice: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). El Espíritu Santo se levanta dentro de nosotros y sabemos que no podemos ser vencidos. ¡Nosotros sabemos porque creemos!

Texto Para Memorizar: “Fíate de Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).

Tomado y editado del Capítulo 9 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 8

En esta clase aprenderemos lo que es el hombre, veremos que el hombre es un espíritu, que posee un alma y habita en un cuerpo.

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Lección 8 – Lo Que Significa Creer Con El Corazón (Parte 1)

Textos Bíblicos: 1°Tesalonicenses 5:23; Romanos 12:1-2; Lucas 16:19-25.

Verdad Central: El hombre es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo.

Por años busqué una explicación satisfactoria de lo que significa creer con el corazón. Leí en Marcos 11:23 donde dice: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en SU CORAZON, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho“. Romanos 10:10 también habla de creer con el corazón. “Porque CON EL CORAZON se cree para justicia…“.

La palabra “corazón” que es usada en estas escrituras no se refiere al órgano físico que hace circular la sangre a través de nuestro cuerpo y nos mantiene vivos. Eso sería creer en Dios con nuestro cuerpo. No podríamos creer con nuestro corazón físico más de lo que podríamos creer con nuestra mano o nuestro dedo. La palabra “corazón” es usada para transmitir un pensamiento.

Nótese como usamos la palabra “corazón” hoy en día. Cuando hablamos del corazón de un árbol, nos referimos al centro, el mismo núcleo. Cuando hablamos del corazón de un tema, nos referimos a la parte más importante de ese tema, al mismo centro, la parte principal alrededor de la cual gira el resto del tema. Y cuando Dios habla del corazón del hombre, Él se está refiriendo a la parte principal de él, al mismo centro de su ser, el cual es su espíritu.

El Hombre Es Un Espíritu

1 Tesalonicenses 5:23 dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, ESPIRITU, ALMA y CUERPO, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Los términos, “espíritu del hombre” y “corazón del hombre“, son usados intercambiablemente en toda la Biblia. Sabemos que el hombre es un espíritu porque es hecho a la imagen y semejanza de Dios, y Jesús dijo: “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). Nuestros cuerpos físicos no son los que se asemejan a Dios, porque la Biblia dice que Dios no es un hombre. Recuerda que hay un hombre interior y un hombre exterior. El hombre es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo. Pablo dijo en su carta a los Romano: “Pues no es judío, el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la CIRCUNCISION ES LA DEL CORAZON, EN EL ESPIRITU, no en la letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28-29). Según este texto, el corazón es el espíritu.

Hablándole a Nicodemo, Jesús le dijo, “…Es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Nicodemo, siendo humano, sólo pudo pensar en lo natural, y por eso le preguntó: “… ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo siendo vicio? ¿Puede acaso entrar por segunda vez al vientre de su madre y nacer?” (Versículo 4). Jesús le contestó “Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (versículo 6). El nuevo nacimiento es un renacimiento del espíritu humano.

En el capítulo 4 del evangelio según San Juan también leemos donde Jesús le dijo a la mujer en el pozo de Samaria: “Dios es Espíritu, y los que le adoraran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). No podemos ponernos en contacto con Dios con nuestro cuerpo o con nuestra mente. Solamente podemos tener contacto con Dios con nuestro espíritu.

1 Corintios 14:14 dice: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto“. El espíritu no es la mente. Algunas personas creen erróneamente que la mente es el espíritu. Sin embargo, como lo indica este versículo sabemos que cuando hablamos en lenguas, esto no viene de nuestras mentes, o de nuestro propio pensar humano, sino de nuestro espíritu, de lo más profundo de nuestro ser, del Espíritu Santo en nuestro interior. Pablo siguió diciendo, “¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento…” (Versículo 15). En otras palabras, Pablo estaba diciendo que su espíritu era el verdadero él.

El Hombre Interior

Pablo también dijo: “Por tanto, no desmayamos, antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). Pablo señaló que hay un hombre exterior y un hombre interior. El hombre exterior es el cuerpo. El hombre interior es el espíritu, y el espíritu tiene un alma.

En 1 Corintios 9:27 Pablo dijo: “Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado“. Si el cuerpo fuera el hombre real, Pablo hubiera dicho: “Yo me golpeo y me pongo en servidumbre“. Él se refiere a su cuerpo como “lo“. “Yo” es el hombre de adentro, el hombre interior que ha renacido. Con nuestro cuerpo hacemos algo: lo ponemos en servidumbre. El hombre al que miramos no es el hombre verdadero, es solamente la casa donde vivimos.

Ahora podemos entender más fácilmente los escritos de Pablo a los santos en Roma:

Romanos 12:1-2 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

En esta epístola Pablo no les estaba escribiendo a los incrédulos sino a los creyentes. El dirige la carta de esta manera: “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos…” (Romanos 1:7). Aunque estaba escribiéndoles a hombres y mujeres nacidos de nuevo, él dijo que necesitaban hacer algo con sus cuerpos y sus mentes. El nuevo nacimiento no es un renacimiento del cuerpo humano sino un renacimiento del espíritu humano, y la plenitud del Espíritu Santo no es una experiencia física sino una experiencia espiritual.

Pablo dijo que tenemos que hacer algo con nuestros cuerpos físicos. Tenemos que presentarlos a Dios en sacrificio vivo. Tenemos que renovar nuestras mentes con la Palabra. Observa que esto es algo que nosotros hacemos, no Dios. Dios da vida eterna. Nos ofrece Su Espíritu. Pero Dios no hace nada con nuestro cuerpo. Si algo hay que hacer con nuestro cuerpo, tenemos que hacerlo nosotros. La Palabra dice que tú debes ser “transformado por medio de la renovación de tu entendimiento“. Nuestras mentes son renovadas a través de la Palabra de Dios.

Sabemos que el hombre es un espíritu, hecho a la imagen y semejanza de Dios. Algunas personas creen que el hombre solamente es un animal. Sin embargo, si eso fuera verdad, nos daría lo mismo matar a un hombre y comérnoslo que matar a una vaca y comérnosla. El hombre tiene un cuerpo físico en el que vive, pero no es un animal. Él es algo más que solamente una mente y un cuerpo. Él es espíritu, alma y cuerpo. Él es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo.

Los animales tienen almas, pero ellos no son espíritus. No hay nada en ellos que sea como Dios. Dios tomó algo de sí mismo y lo puso en el hombre. El hizo el cuerpo del hombre del polvo de la tierra, pero puso en las fosas nasales del hombre el aliento de la vida. La palabra “aliento“, significa en hebreo, aliento o espíritu, y es traducido “Espíritu Santo” muchas veces en el Antiguo Testamento. Dios es Espíritu, así que tomó algo de sí mismo, lo cual es espíritu, y lo puso dentro del hombre. Cuando hizo eso, el hombre se volvió alma viviente. No estaba vivo hasta entonces, pero se volvió un alma viviente. Se volvió consciente de sí mismo porque el cuerpo estaba muerto sin el espíritu.

El alma posee cualidades intelectuales y emocionales, y los animales las tienen. Pero cuando sus cuerpos físicos mueren, están muertos. Nuestras almas, nuestras cualidades intelectuales y emocionales, no están basadas en lo físico, sino en el espíritu, y cuando el cuerpo muere ellas todavía existen.

Lucas 16:19-25: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el hades alzó sus ojos, estando en tormento, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entones él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí y tu atormentado”.

En este pasaje de escritura tenemos una ilustración vívida de las tres partes del hombre – espíritu, alma y cuerpo. Observa que el versículo 22 dice, “…murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham“. ¿Quién fue llevado? (El mendigo. No su cuerpo, sino él) Su espíritu es la persona real. Su cuerpo fue puesto en la sepultura, pero él estaba en “el seno de Abraham“.

El hombre rico también murió, su cuerpo fue puesto en la sepultura, pero “en el hades alzó sus ojos“. Aunque el cuerpo de Abraham había estado en la tumba por muchos años, el hombre rico lo vio. También reconoció a Lázaro. Por lo tanto, en el reino espiritual, el aspecto del hombre es muy similar al de esta vida. El hombre rico le suplicó a Abraham: “Ten misericordia de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham dijo, hijo, recuerda…“. El hombre es un espíritu, y tiene un alma. Vemos en esta escritura que su alma está todavía intacta. Todavía puede recordar. Tiene emociones. Estaba atormentado. Estaba preocupado por sus cinco hermanos que aún vivían (versículos 27,28).

Dios es un espíritu. Él se volvió hombre, ya que Jesús era Dios manifestado en la carne, viviendo en un cuerpo humano. Él tomó un cuerpo físico y cuando lo hizo no fue menos Dios de lo que era antes.

Sabemos que el hombre deja su cuerpo físico cuando muere, y cuando lo hace, no es menos hombre de lo que era cuando tenía su cuerpo físico, como lo comprueba la historia del hombre rico y Lázaro.

No podemos conocer a Dios a través de nuestro conocimiento humano, a través de nuestra mente. Dios solamente se revela al hombre a través de su espíritu. Es el espíritu del hombre el que hace contacto con Dios, porque Dios es un Espíritu.

Texto Para Memorizar: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Tomado y editado del Capítulo 8 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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