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26 Días de Fe – Día 24

En esta lección hablaremos de la duda, una de las mayores armas que usa el diablo para robarnos las bendiciones que Dios nos dio. 

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Lección 24 – La Duda, Ladrón De Las Más Grandes Bendiciones De Dios

Textos Bíblicos: Marcos 14:22-31; Mateo 17:14-20; Marcos 4:35-40.

Verdad Central: La duda le robará al creyente lo mejor de Dios para su vida.

En la lección de hoy vamos a concentrarnos en algunos ejemplos de duda, los cuales encontramos en historias bíblicas conocidas.

Fe Para Caminar Sobre las Aguas

Mateo 14:22-31: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”.

En esta historia Jesús envió a sus discípulos al otro lado del mar mientras él iba solo a un monte a orar. A la cuarta vigilia de la noche (entre cuatro y seis de la mañana siguiente) los discípulos vieron a Jesús caminando hacia ellos sobre las aguas. Pensando que estaban viendo un fantasma, gritaron con miedo. Entonces Jesús les dijo: “Yo soy, no temáis“. El impetuoso Pedro gritó: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas“. Jesús le contestó con una palabra: “ven“.

Pedro comenzó con fe y mientras mantuvo sus ojos puestos en Jesús, le fue bien. Pero cuando quitó sus ojos de Jesús y miró a las circunstancias que le rodeaban; el viento batiendo el mar a su alrededor, le dio miedo y empezó a hundirse. “¡Señor, sálvame!”, le dijo a Jesús.

Jesús tomó la mano de Pedro y lo llevó a salvo de regreso a la barca, reprendiéndole con las palabras: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?“.

La fe es actuar sobre la Palabra de Dios. Mientras Pedro actuó sobre la Palabra que Jesús le había dicho, todo le fue bien. Pero cuando empezó a dudar porque tuvo miedo, dejó de actuar en las palabras de Jesús, comenzó a hundirse. Jesús no tenía la intención de que Pedro se hundiera. Él tenía la intención de que Pedro caminara de regreso a la barca con Él. La duda le robó a Pedro su bendición.

La duda y el temor van de mano a mano, pero la fe y el amor también van de mano a mano. “…El perfecto amor echa fuera el temor…” (1 Juan 4:18).

Fe Para Echar Fuera Demonios

Mateo 17:14-20: “Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo os he de soportar? ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús le dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará, y nada os será imposible”.

En el pasaje anterior de la escritura, ¿cuál fue la explicación de Jesús para el fracaso de los discípulos en sanar al muchacho poseído por un demonio? Fue por su duda o incredulidad (ver.20). ¿Pero tenían los discípulos en realidad el poder para echar fuera el demonio? Sí, de acuerdo con Mateo 10:1: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia“.

Qué a menudo escuchamos a cristianos decir que necesitan más poder para hacer más para Dios. Sin embargo, ese no es el problema. Si ellos tienen el Espíritu Santo, tienen el poder. Ellos piensan que si tuvieran más poder, obraría resultados automáticamente; pero obra por la fe. ¡El problema es la falta de fe, no la falta de poder!

La duda es la que está robándoles lo mejor de Dios. Jesús no les dijo a estos discípulos que no podían echar fuera al diablo porque no tenían el poder. Dijo que era por su incredulidad.

¿Cuánta fe se necesita para echar fuera demonios? Jesús dijo en el pasaje anterior que una fe no más grande que un grano de mostaza podía mover una montaña entera. Todo creyente lleno del Espíritu tiene dentro de él suficiente poder para reclamar lo mejor de Dios para su vida. Si él está viviendo debajo de sus privilegios, no es por falta de poder, sino por falta de dejar que este poder se suelte a través de la fe.

Fe Para Aplacar Una Tormenta

Marcos 4:35-40: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”.

Por la noche después de un día completo de predicar a multitudes que lo apretaban, Jesús le dijo a sus discípulos reunidos a su alrededor en una barca: “Pasemos al otro lado“. Como estaba tan cansado, fue a la popa de la barca donde pronto se durmió. Estaba tan dormido que no se percató de la tormenta que se levantaba. A pesar de que las olas golpeaban la pequeña embarcación, Jesús continuó durmiendo en completa paz. Sin embargo, Sus discípulos no estaban en paz. Mientras el rugiente viento aumentaba y la barca se llenaba de agua, los discípulos despertaron a Jesús diciéndole: “¿No tienes cuidado de que nuestra barca se hunde y moriremos?“. Ellos habían olvidado las palabras de Jesús cuando empezaron el viaje: “Pasemos al otro lado“.

Jesús se levantó, reprendió al viento y aplacó la tormenta hasta que el mar estuvo de nuevo en calma. Entonces se volvió a Sus discípulos y los reprendió, “¿Por qué dudasteis de mí? ¿Por qué estáis llenos de temor? ¿Dónde está vuestra fe? ¿No os dije al comienzo de este viaje que cruzaríamos a la otra orilla? ¿Por qué no me creísteis?”

Los discípulos permitieron que la duda y el temor entraran a sus corazones, llevándose la fe en la promesa de Jesús de que llegarían a salvo al otro lado. Una vez más el ladrón llamado duda había triunfado.

Notemos las similitudes de estas tres ilustraciones bíblicas. En cada una Jesús reprendió a los discípulos por su incredulidad. (Mateo 14:31; Mateo 17:20; Marcos 4:40), y en cada ocasión Jesús resolvió el problema que los discípulos, a través de su falta de fe, habían fallado en resolver.

En cada ocasión el ladrón de la duda privó a los discípulos de recibir lo mejor que Dios tenía para ellos. Lo más alto y lo mejor de Él para sus vidas era que ellos lo recibieran por la fe.

Si nosotros, al igual, utilizamos el poder que está en nosotros y actuamos en la Palabra de Dios, obtendremos las más grandes bendiciones que Dios ha planeado para nuestras vidas.

Texto Para Memorizar:Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 24 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 14

En esta lección veremos la importancia de hablar correctamente, no hablar nuestras dudas y temores sino hablar lo que la Palabra de Dios dice de nosotros, sin importar que la circunstancias sean adversas, porque el declarar lo que Dios dice nos hará pasar por encima de ellas y nos llevará a la victoria.

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Lección 14 – La Confesión Correcta E Incorrecta

Textos Bíblicos: 2 Timoteo 1:7; 1 Pedro 2:24; Mateo 8:17

Verdad Central: La confesión de nuestros labios dará el dominio sobre nosotros a Dios o a Satanás.

La Biblia es la Palabra de Dios y contiene los pensamientos de Dios. Y por supuesto, los pensamientos de Dios son diferentes de los pensamientos de los hombres. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. Porque como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9). A medida que vamos estudiando la Palabra de Dios y conociendo sus pensamientos, podemos atrevemos a pensar los pensamientos de Dios poniendo nuestro pensar en línea con Su Palabra.

Estudiando acerca de la confesión hemos aprendido que si nuestra confesión es incorrecta es porque nuestro creer es incorrecto.  Si nuestro creer es incorrecto es porque nuestro pensar es incorrecto. Y si nuestro pensar es incorrecto, es porque nuestra mente no ha sido aún renovada con la Palabra de Dios.

Algunas veces las enseñanzas de la Palabra de Dios no le parecen razonables al hombre natural, pero eso es porque su mente no ha sido renovada por la Palabra. Marcos 11:22-24 dice: “…Tened fe en Dios (o la clase de fe que Dios tiene). Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere…y no dudare en su corazón sino creyere…lo que diga le será hecho. Por tanto os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. La versión amplificada de este versículo dice, “Por esta razón os digo, cualquier cosa que pidiereis en oración, creed – confiad y estar seguros – de que se os ha otorgado, y lo obtendréis“.

Las cosas más grandiosas que le sucederán a un cristiano ocurrirán cuando se mueva en ese ámbito o reino espiritual. Su intelecto y los sentidos físicos se le pondrán a cada paso del camino para evitar que entre en ese ámbito, porque, si la mente natural no ha sido renovada por la Palabra de Dios, lo querrá mantener en el terreno natural. Pero hay un terreno espiritual, y este es realmente el terreno del cristiano.

La Confesión Correcta E Incorrecta

Mirando dentro del asunto del pensar incorrecto, el creer incorrecto y la confesión incorrecta, hagamos la pregunta, ¿Qué es exactamente la confesión incorrecta? La confesión incorrecta es una confesión de derrota y fracaso, y de la supremacía de Satanás. El hablar de cómo el diablo le está impidiendo triunfar, manteniéndole en cautiverio, o manteniéndole enfermo, es una confesión de derrota. Y una confesión como esa, simplemente glorifica al diablo.

Como hemos dicho en las lecciones anteriores, la confesión es dar testimonio de una verdad que hemos abrazado, testificar de algo que sabemos, y afirmar algo que creemos. Muchas veces nuestras confesiones, en vez de dar testimonio de lo que la Palabra de Dios tiene que decir acerca de determinado asunto, admiten nuestra derrota y glorifican al diablo en vez de a Dios. Algunos de nosotros somos como la querida anciana que se puso en pie en la iglesia para testificar: “El diablo ha estado detrás de mí toda la semana, bendito sea su nombre“. Pero muchos de nuestros testimonios testifican más de la supremacía de Satanás en nuestras vidas que del dominio de Cristo. Cuando testificamos de lo que Dios ha hecho por nosotros, lo estamos glorificando; de la misma manera, cuando hablamos de lo que el diablo está haciendo, de nuestras derrotas y fracasos, estamos glorificando al diablo.

Mucha gente pierde la bendición que Dios tiene para ellos solo por hacer la confesión incorrecta. Están derrotados y la vida es solamente un continuo roce para ellos.

¡En realidad, una confesión que glorifica al diablo es una declaración inconsciente de que Dios es un fracaso!  Una confesión como ésa destruye nuestra fe y nos mantiene en cautiverio. La confesión de la habilidad del diablo para estancarnos y evitar que triunfemos le da dominio a él sobre nosotros. Por lo tanto, con tu boca, vas a darle a Dios dominio sobre ti o a Satanás. La confesión de tus labios que ha crecido de la fe en tu corazón va a derrotar absolutamente al diablo en cada combate.

Cuando somos salvos, confesamos el Señorío de Jesús. El comienza a tener dominio sobre nosotros y a gobernar nuestra vida. Pero cuando confesamos la capacidad de Satanás para estancarnos y evitarnos triunfar, entonces, aunque seamos cristianos, le estarnos dando a Satanás dominio sobre nuestras vidas. Él es el dios de este mundo, y tomará lugar porque nosotros se lo permitimos. Aunque puede ser un permiso hecho por ignorancia o un consentimiento inconsciente, sin embargo, es un consentimiento. Y cuando Satanás tiene dominio, estamos llenos de debilidad y temor.

Venciendo El Temor Y La Duda

2 Timoteo 1:7 dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía (temor), sino de poder, de amor y de dominio propio”.

Aunque en lo natural podemos algunas veces sentir miedo, nunca debemos confesar temor. El temor no es de Dios. La escritura anterior dice que Dios no nos ha dado un espíritu de temor, “sino de poder, de amor, y de dominio propio“. El temor no es algo que viene de dentro de ti. Es algo que viene de afuera, tratando de dominarte. Es del enemigo. No debemos confesar temor, debemos confesar poder, amor y dominio propio.

Lo mismo es cierto sobre la duda. No confieses tus dudas. Esto no quiere decir que no debes admitir duda si la tienes. Únicamente que no digas nada acerca de ella. La duda es del diablo. La duda es un artículo de contrabando. La duda es mala. El cristiano no tiene nada que ver con la duda, porque no le pertenece a él. Mucha gente piensa que está siendo sincera cuando confiesa que duda. Puedes haber sido tentado a dudar, pero puedes hacer que el diablo huya, resistiéndolo.

Así que no confieses duda, confiesa fe. Empieza a hablar de quien eres en Cristo. Tú eres un creyente. Eres una nueva criatura. Habla eso, cree eso, piensa eso. Y si eres tentado; y ninguno de nosotros está exento de ser tentado, “resistid al diablo y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Niégate a dudar en el nombre del Señor Jesucristo y la duda te dejará.

Confesando La Palabra De Dios

En vez de confesar tus dudas y temores, confiesa lo que la Palabra de Dios dice. Dios dijo: “No temas, porque yo estoy contigo…” (Isaías 41:10). Por lo tanto puedes decir: “Yo no tengo miedo. Yo soy un hijo de Dios y Él está conmigo. Él no me ha dado un espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio. No soy un desconfiado, soy un creyente“.

Deja de hablar el lenguaje del diablo de duda y temor. Empieza a hablar el lenguaje de Dios. Dios es un Dios de fe. Nosotros somos hijos de fe de un Dios de fe.

En una de nuestras reuniones una mujer me dijo acerca de su hermana, quien estaba en una institución mental: “Ella no está muy mal, pero sí necesita los cuidados de una institución mental. Ella entiende lo que se le dice. En ocasiones puedo traerla a casa por períodos de dos semanas. La traeré a casa ahora para que pueda asistir a estas reuniones. Creo que le ayudarán“.

Yo no oré por la mujer enferma durante esas dos semanas, pero estuvo en cada reunión. Sólo por escuchar la Palabra, su mente se volvió clara y nunca tuvo que volver a la institución mental. Los doctores le dieron por alta, dándole una tarjeta limpia de salud. En el pasado ella había estado confesando derrota, temor y duda hasta que se volvieron parte de ella. Pero a medida que escuchó la Palabra de Dios predicada vio donde había fallado, comenzó a confesar lo correcto y fue sanada.

Viendo la notable recuperación de esta mujer, otra señora en la iglesia fue inspirada para traer a su vecina, quien había sido asignada al hospital mental del estado pero todavía no se había ido. Ni esta mujer ni su esposo eran cristianos, pero él consintió en dejarla asistir a nuestras reuniones con su vecina. En una semana, la mujer fue salva, sana y llena del Espíritu Santo, y nunca tuvo que ir al hospital mental.

La gente se puede enfermar mentalmente así como físicamente, y Dios puede sanar enfermedades mentales tan fácilmente como puede sanar las físicas. Tenemos que reconocer que Dios no nos ha dado un espíritu de temor. Necesitamos aprender a estar firmes contra el enemigo.

Recuerda, la confesión de temor, le da al temor dominio sobre ti. Tus temores se vuelven más fuertes y te metes más dentro del cautiverio del enemigo. Pero si confiesas el cuidado que tu Padre tiene de ti, confiesas Su protección, confiesas Su Palabra, y declaras con denuedo que lo que dice Dios acerca de ti es cierto, confiesas que mayor es Él que está en ti que el que está en el mundo, te levantarás por encima de la influencia satánica en toda ocasión.

Cuando confiesas tus dudas y temores, tus debilidades y enfermedades, estás confesando abiertamente que la Palabra de Dios no es verdad y que Dios ha fracasado en hacer las cosas bien. Su Palabra declara que por sus llagas fuiste sanado.

1 Pedro 2:24 dice: “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.

Mateo 8:17 dice: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.

Si en vez de confesar que “Jesús tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias“, declaramos que todavía las tenemos, permaneceremos enfermos. Pero cuando empezamos a confesar que Él ha hecho algo con respecto a nuestras enfermedades, entonces recibiremos sanidad. Muchísimas tomamos el testimonio de nuestros sentidos físicos en vez de tomar el testimonio de la Palabra de Dios. Tenemos que practicar la Palabra de Dios, para que pueda obrar a nuestro favor.

Texto Para Memorizar: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía sino de poder, de amor, y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

Tomado y editado del Capítulo 14 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 2

En este segundo día de fe veremos lo que es la fe.

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Lección 2 – ¿Qué Es La Fe?

Textos Bíblicos: Hebreos 11:1; Marcos 11:23-24; Juan 20:24-29; Romanos 4:17-21.

Verdad Central: La fe es apoderarse de las irrealidades de la esperanza y traerlas al reino de la realidad.

Un versículo clave en el estudio de la fe es uno familiar encontrado en Hebreos 11: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve“. La traducción de Moffatt de este versículo dice, “Ahora, la fe significa que estamos seguros de lo que esperamos, convencidos de lo que no vemos“. Otra traducción dice, “La fe es dar substancia a las cosas que se esperan“. Todavía otra traducción dice, “La fe es el hecho de garantía de que las cosas que hemos esperado son finalmente nuestras“. Aquí Dios nos está diciendo lo que es la fe.

Hay muchas clases de fe. Toda persona, salva o no salva, tiene una fe humana natural. La escritura de arriba, sin embargo, está hablando de una fe sobrenatural – una fe que cree con el corazón en vez de creer lo que sus sentidos físicos le puedan decir. La fe, en otras palabras, es apoderarse de las irrealidades de la esperanza, y traerlas al reino de la realidad. Y la fe nace de la Palabra de Dios.

Nuestro texto describe la fe como “la evidencia de las cosas que no se ven“. Por ejemplo: Tú esperas tener el dinero para cumplir con las obligaciones que tienes. La fe te da la seguridad de que tendrás el dinero cuando lo necesites. Tú esperas tener la fortaleza física para hacer el trabajo que debes hacer. La fe dice, “El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿de quién temeré?” (Salmos 27:1). La fe dirá de sí misma lo que la Palabra diga, porque la fe en Dios es simplemente fe en su Palabra.

Aprendí una importante lección de fe poco después de ser levantado del lecho de aflicción hace muchos años. Necesitaba trabajo, y como esto sucedió durante la depresión, no era fácil encontrar trabajo. Pude conseguir uno en un vivero ayudando a talar árboles de melocotón. Con otro muchacho en el otro extremo del árbol, juntos arrancábamos esos árboles de dos años para llenar los encargos que llegaban. Este era un trabajo duro – especialmente ya que yo había estado dieciséis meses postrado en cama y en aquel tiempo apenas habían pasado unos pocos meses desde que me había levantado.

Cada día el número de trabajadores disminuía, y cada día alguien me decía, “Bueno, no pensaba que vendrías hoy. ¿Sabes? dos o tres renunciaron ayer“.

Si no fuera por el Señor yo no estaría aquí“, contestaba, “porque ves, Su fortaleza es mi fortaleza. La Biblia dice, ‘El Señor es la fortaleza de mi vida…‘. Mi vida consiste de lo físico tanto como también de lo espiritual, y el Señor es la fortaleza de mi vida“. Si me hubiera dejado llevar por mis sentidos no habría salido de la cama. Actué en la Palabra porque sabía lo que era la fe. Nunca recibí ninguna fortaleza hasta que empecé a trabajar. Mucha gente quiere recibir y entonces creer que lo tienen. Así no funciona. Tienes que creer primero, y entonces recibirás. Así que me sacaba de la cama todas las mañanas y me iba a trabajar, ganando fortaleza mientras iba confiando en la Palabra de Dios. Aunque yo era el más débil y el más delgado entre ese grupo de hombres, fui el último que me quedé en el trabajo.

Podemos decir que sabemos que la Palabra de Dios es verdadera, pero no lo sabremos hasta que hayamos actuado en ella y hayamos cosechado sus resultados. La fe es darle substancia a las cosas que se esperan. Yo me fui a trabajar, actué en la Palabra de Dios. Esperé fortaleza física para hacer el trabajo que sabía que tenía que hacer, y actuando en la Palabra de Dios mi fe le dio substancia a aquello por lo que yo esperaba. “Lo tendré alguna vez“, dice la esperanza. La fe dice, “Lo tengo ahora“.

La Fe de la Cabeza contra La Fe del Corazón

John Wesley dijo una vez que el diablo le ha dado a la iglesia un substituto para la fe, uno que se parece y suena mucho como la fe, tanto que algunas personas no pueden ver la diferencia. Le llamó a este substituto “asentimiento mental“. Mucha gente lee la Palabra de Dios y está de acuerdo en que es verdad, pero solamente están de acuerdo con sus mentes. Y eso no es lo que produce resultados. La fe del corazón es la que recibe de Dios.

Marcos 11:23-24: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis (cuando oréis), y os vendrá”.

¿Cómo podemos decir si tenemos esta fe del corazón o si solamente estamos de acuerdo mentalmente? El asentimiento mental dice: “Yo sé que la Palabra de Dios es verdad. Yo sé que Dios ha prometido sanidad, pero por alguna razón yo no la puedo obtener; no lo entiendo“. Sin embargo, la fe verdadera en la Palabra de Dios dice: “Si la Palabra de Dios lo dice, entonces así es. Es mío. Lo tengo ahora“. La fe dice: “Lo tengo aunque no lo pueda ver“.

He oído a algunas personas decir: “Pero todavía no ha sucedido aquello por lo que he estado orando“. Si ya lo tuvieras, no tendrías que creerlo porque ya lo sabrías. Tienes que dar ese paso de creer para llegar al lugar de saber. Demasiadas personas quieren saberlo desde el punto de vista en el que ya ha sucedido, y entonces creerlo. Tenemos que creerlo porque la Palabra de Dios dice que es nuestro, entonces se materializa.

Nótese en el versículo citado anteriormente que el recibir viene después del creer. “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis (al orar), y os vendrá“. Jesús estaba diciendo simplemente, “Tienes que creer que lo tienes antes de que lo puedas recibir“.

Yo nunca he podido recibir sanidad física para mí mismo sin creer primero que la tengo, mientras todos los síntomas en mi cuerpo están gritando: “No lo tienes“. Yo simplemente me mantengo firme en lo que la Palabra de Dios dice acerca de mi sanidad y continúo diciendo que estoy sano. Entonces más adelante vienen los resultados. Pero si yo me sentara quejándome y gimiendo, acongojado y lamentándome, esperando que todos los síntomas se vayan y que mis sentidos correspondan con mi fe antes de creer, nunca llegaría muy lejos, Porque “la fe es…la evidencia de las cosas no vistas“.

La Fe De Abraham contra La Fe De Tomás

Demasiados cristianos tienen una “fe como la de Tomás” cuando deberían tener “una fe como la de Abraham“. Tomás dijo, “Si no veo, no creo“, mientras que Abraham “no dudó ante la promesa de Dios …sino que se fortaleció en fe“.

En Juan 20:24-29 dice: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron”.

¿Por qué fue tan difícil para Tomás creer que Jesús estaba vivo? Tomás había visto los clavos traspasar las manos de Jesús y la lanza atravesar su costado. Sus sentidos físicos le decían que Jesús estaba muerto. Tomás estaba usando el conocimiento mental, en vez de la fe del corazón.

Compara ahora la fe de Abraham:

Romanos 4:17-21: “(Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. Plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”.

Note la diferencia entre la fe de Tomás y la fe de Abraham. Tomás solamente tenía una fe humana natural, la cual decía: “No creeré a menos que sienta y vea“. Abraham, sin embargo, creyó la Palabra de Dios, no considerando su propio cuerpo; sus propios sentidos naturales. Si Abraham no consideró su conocimiento físico o sus sentidos, ¿entonces qué consideró? (La Palabra de Dios).

Hace muchos años cuando fui sanado de un problema en el corazón, yo estuve luchando con algunas de esas enseñanzas de fe como mucha gente hace. Los alarmantes síntomas del corazón regresaban. Mientras oraba y me mantenía en las promesas de Dios, aun mientras padecía un severo dolor, el Señor me recordaba a Abraham quien “no consideró su propio cuerpo“. El me mostró que no debía considerar mi propio cuerpo, sino que en vez de eso debía considerar Su Palabra. A medida que hice eso, repitiendo para mí mismo alguna de las promesas de Dios en las escrituras acerca de la sanidad, como por ejemplo: “Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores“, todos los síntomas se iban. Muchas veces enfocamos nuestra atención en lo incorrecto. Consideramos nuestro cuerpo físico y los síntomas en vez de mirar a la Palabra de Dios.

Bueno, Dios no ha oído mi oración todavía. Me estoy poniendo peor, y creo que terminaré siendo operado“, gemía un hermano querido. Y lo será, mientras viaje en esa carretera de incredulidad. En una iglesia que visité, cierta mujer terminaba su testimonio regularmente con: “Oren por mí, creo que tengo cáncer“. Sin duda si sigue creyéndolo, lo tendrá. Jesús dijo: “Conforme a tu fe te sea hecho“. Otra persona solicitó oración diciendo, “Por favor, oren por mí. Creo que me estoy resfriando“. Si eso es lo que crees, mi oración no hará ningún bien, porque “conforme a tu fe te sea hecho” (Mateo 9:29). Necesitamos andar por la fe, y no por la vista.

Algunos han malentendido este tipo de enseñanza, pensando que les digo a las gentes que nieguen todo síntoma y que sigan como si ni estuvieran ahí. Piensan que estoy enseñando Ciencia Cristiana. Sin embargo, esto no es Ciencia Cristiana, esto es Sentido Cristiano. No negamos los dolores u otros síntomas, porque ellos son muy reales. En vez de eso, miramos más allá de ellos a las promesas de Dios.

La fe real en la Palabra dice: “Si Dios dice que es así, entonces es así. Si Él dice ‘Por sus llagas fuisteis curados’, entonces yo estoy sano. Si dice, ‘Dios suplirá todo lo que os falta’, entonces lo hace. Si dice, ‘El Señor es la fortaleza de mi vida’, entonces lo es“. En otras palabras, le fe verdadera simplemente dice de uno lo que la Palabra de Dios dice.

La fe verdadera es edificada en la Palabra. Debemos meditar en la Palabra; escudriñarla profundamente y alimentarnos de ella. Entonces la Palabra se volverá una parte de nosotros como cualquier comida natural se vuelve parte de nuestro cuerpo físico cuando comemos. Lo que la comida natural es a nuestro hombre físico, la Palabra de Dios es a nuestro hombre espiritual. La Palabra edifica en nosotros confianza y seguridad.

Texto Para Memorizar: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

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26 Días de Fe – Día 1

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10 Cosas indispensables al momento de orar

10 Cosas indispensables al momento de orar

 Nuestra vida de oración es un asunto que debemos tomar en serio, por eso te voy a dar una serie de pautas que no debes de olvidar al momento de orar.

Número 1

Debes saber lo que quieres recibir de Dios

Santiago 1:6-8
6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 
7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 
8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
Si no sabes lo que quieres es difícil que puedas recibir algo de Dios.
La palabra que se usa para dudar en este pasaje es diakrino, que significa: “separar entre dos” u “oscilar”.
Cuando era niño, mis abuelos tenían un reloj de péndulo en la sala de su casa; yo veía que marcaba el tiempo yendo de izquierda a derecha una y otra vez, sin parar. Muchos creyentes hacen lo mismo, están de un lado a otro, sin saber lo que quieren.
El hombre de doble ánimo es como el niño al que se le lleva a la juguetería, quiere todos los juguetes que hay, no sabe por cual decidirse, y al final el padre es el que escoge por el niño.
Debemos aprender a decidirnos.
Juan 15:7
7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
Al momento de orar debemos saber lo que queremos. Notemos que el verso dice: querer y no necesitar.
Mucha gente piensa que Dios solo quiere darnos las cosas que necesitamos; pero este verso dice que podemos pedir lo que queremos y Dios no los dará.
Marcos 10:46-52
46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 
47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 
48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 
49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. 
50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 
51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. 
52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
Veamos que en la sanidad de Bartimeo, Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Para poder recibir algo de Dios, Bartimeo necesitaba saber que quería.
Mucha gente no recibe nada de Dios porque no quieren nada.
Dios te pregunta hoy: ¿Qué quieres que haga por ti? Así que decide lo que quieres y se determinado en ello.

 
Número 2
Descubre lo que la Biblia dice acerca de lo que quieres recibir
Este punto si que es importante, si quieres recibir algo de Dios debes saber si Dios lo ofrece, y ¿que mejor lugar para conocer lo que Dios ofrece sino Su Palabra?
Si ya sabes lo que quieres necesitas tener el respaldo de los versículos que prometan lo que quieres recibir de Dios.
1 Juan 5:14-15
14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 
15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
Aquí encontramos la clave para la oración respondida, pedir de acuerdo a Su voluntad. Y, ¿dónde encontramos su voluntad? En Su Palabra.
Si queremos tener respuesta a nuestras oraciones siempre debemos orar basados en la Palabra de Dios.
Lucas 4:1-12
1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto 
2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. 
3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí a esta piedra que se convierta en pan. 
4 Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios. 
5 Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. 
6 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. 
7 Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. 
8 Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
9 Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; 
10 porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; 
11 y, En las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. 
12 Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Durante la tentación en el desierto Jesús usó tres veces la Palabra de Dios para derrotar al diablo.
La Palabra de Dios es lo que nos trae victoria en cualquier circunstancia en la que nos encontremos y nos da la respuesta deseada.
2 Pedro 1:3-4
3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 
4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
Todas las cosas que necesitamos y deseamos en esta vida ya han sido provistas por Dios. Así que nosotros podemos disfrutar de todas estas cosas.

Número 3
Pídele a Dios las Cosas que Necesitas
Esto es tan obvio que ni siquiera debería mencionarlo; pero la verdad es que muchos creyentes no le piden a Dios las cosas que desean. Como dan por descontado que Dios les dará las cosas que  desean no se lo piden.
Mateo 7:7-11
7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 
8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 
9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 
10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 
11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 
El énfasis de Jesús está en que debemos pedir si es que queremos recibir.
Santiago 4:2
2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
Las personas no reciben las cosas que desean porque no las piden.
Es como una persona que va a un restaurante, se sienta en la mesa, lee el menú, se queda una hora y se va a su casa sin comer nada. ¿Por qué no comió nada? Porque no pidió nada.
 Si quieres algo debes ir y pedirle a Dios, que Él te responderá.

 
Número 4
Debes orar al Padre en el Nombre de Jesús

La oración de la iglesia no es el Padrenuestro, es una bella oración que Jesús enseñó, pero nuestra oración es al Padre en el nombre de Jesús.
 
Juan 16:23-24
23 En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. 
24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
Cuando Jesús dijo estas palabra, todavía estaba en la tierra. Como aún no había muerto, ni resucitado, de nada le hubiera servido a nadie orar en el nombre de Jesús.
Él estaba hablando de un nuevo día, en el cual sus seguidores podrían orar al Padre en su nombre. Este es el día en el que vivimos hoy.
En este día, todo lo que le pedimos al Padre en el nombre de Jesús nos lo da para que nuestro gozo sea cumplido.
Nuestro gozo no puede cumplirse si pasamos necesidades o si nuestro cuerpo está enfermo. Nuestro gozo se cumple cuando Dios nos da las cosas que necesitamos, cuando Dios responde nuestras oraciones.
La clave para esto la encontramos en el versículo 23: Pedir al Padre en el nombre de Jesús.

Número 5
Al orar debes creer que recibes
En Marcos 11 Jesús nos dijo esta importante verdad:
Marcos 11:23-24
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
En este verso vemos que debemos creer antes de recibir.
El verso 24 en la Versión Amplificada dice: “Cuando ores, ten confianza y cree que se te ha concedido, y lo tendrás.”
Mucha gente está esperando ver la respuesta para empezar a creer; pero si ya lo tienes no necesitas creer que lo tendrás.
Uno cree primero y después ve la respuesta.
Juan 20:24-29
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. 
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! 
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Aquí vemos a Tomás diciendo: “Ver para creer”.
Tomás es como mucha gente que está esperando ver primero para luego empezar a creer.
Pero la fe no funciona así, tu primero crees lo que has pedido y luego lo verás.
Notemos que Jesús llamó incrédulo a Tomás por decir “ver para creer”; y dijo además: “Bienaventurados los que no vieron y creyeron”.
¿Por qué? Porque él que cree antes de ver recibirá cualquier cosa que pida.
Muchas personas quieren recibir primero y luego creer; pero Jesús nos dijo que debemos hacer todo lo contrario.
Una hermana dijo: “No voy a creer que estoy sana hasta que lo sienta en mi cuerpo.” Su pastor le respondió: “Si ya tienes tu sanidad, no es necesario que creas por ella.”
Para poder recibir respuesta a nuestras oraciones debemos creer que Dios ya nos las concedió al momento de hacerlas.

Número 6
Saca la duda de tu mente
Uno de los mayores enemigos de la oración es la duda.
Santiago 1:6-7
6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 
7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 
Como vimos antes la palabra duda nos habla de oscilar.
El problema en la iglesia es que hay muchos “creyentes margaritas”. Son creyentes que hoy creen, mañana dudan, al día siguiente creen y luego vuelven a dudar. Están siempre a ambos lados del péndulo.
Son como el joven que deshojaba una margarita mientras pensaba en su novia y decía: “Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere…”.
Así están muchos creyentes: “Creo que recibo, no creo que recibo, creo que recibo, no creo que recibo…”. Ese tipo de persona nunca recibirá de Dios.
Mateo 14:22-32
22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 
23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. 
24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. 
25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. 
27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!
28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. 
30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! 
31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 
32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.
En este pasaje podemos ver un ejemplo de lo que es la duda.
Pedro estaba en la barco y cuando vio a Jesús le dijo: “Si eres tu manda que yo camine sobre las aguas”. Y Jesús le dijo: “Ven”.
Pedro salió de la barca y empezó a caminar sobre el agua. Mientras el camino sobre las palabras de Jesús, siguió caminando por encima de las aguas; pero cuando puso sus ojos en el mar, las olas y el viento empezó a hundirse.
La duda es sacar los ojos de la Palabra de Dios y ponerlos en las circunstancias.
Marcos 11:23
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 
Siempre habrán circunstancias que se levanten en contra de lo que estamos creyendo; pero nosotros debemos rehusar dudar y ordenarle a ese monte de circunstancias adversas que se mueva.

Número 7
Ten un corazón agradecido
Alguien dijo esta gran verdad: la alabanza es el nivel mas alto de fe; y yo lo creo, porque tu le estás dando gracias a Dios por la respuesta aunque todavía no hayas visto nada.
Romanos 4:20-22
20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 
21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 
22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia.
Eso fue lo que hizo Abraham; dio gracias de antemano, aún no había nacido Isaac, sin embargo, él daba gracias a Dios porque estaba plenamente convencido de que era capaz de hacer todo lo que había prometido.
Debemos mantenernos firmes alabando y dando gracias a Dios por respondernos aunque aun no se haya manifestado físicamente nuestra respuesta.
 
Filipenses 4:6
6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
De nada nos sirve afanarnos y orar una y otra vez la misma oración; pues al orar por segunda vez le estás diciendo a Dios que no te escuchó la primera vez.
Cambia el afán por la alabanza, dándole gloria a Dios porque Él es poderoso para hacer todo lo que ha prometido.
Dale las gracias porque ya respondió tu oración.

Número 8
Debes depender del Espíritu Santo en nuestra vida de oración
Debemos recordar que el Espíritu Santo es nuestro ayudador y precisamente es lo que hace por nosotros, ayudarnos.
Romanos 8:14
14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Los hijos de Dios somos guiados por el Espíritu Santo. Dios quiere que dependamos del Espíritu Santo en cada área de nuestras vidas y eso incluye nuestra vida de oración.
Romanos 8:26-27
26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 
27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
El Espíritu Santo nos ayuda a orar de manera eficaz.
A veces no sabemos como o por que orar, por eso necesitamos del Espíritu Santo para que nos enseñe el motivo y la manera en que debemos orar.
Juan 14:15-17
15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 
16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 
17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
La palabra Consolador es la palabra griega parakletos (parakletos), que entre otras cosas significa ayudador.
El Espíritu Santo es nuestro ayudador, es quien nos ayuda a tener oraciones exitosas.
Una traducción literal de Romanos 8:26 es esta: “El Espíritu mismo hace intercesión por nosotros en lenguaje que no puede expresarse con lenguaje articulado.”
1 Corintios 14:2,14-15
2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.
14 Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. 
15 ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.
En el verso 2 vemos que la persona que ora en lenguas esta orando misterios por el Espíritu Santo. Es decir habla por el Espíritu Santo.
Los versos 14 y 15 nos dicen que no debemos conformarnos con orar únicamente intelectualmente; debemos orar también con el Espíritu Santo.
Otro motivo para orar en lenguas lo encontramos en Romanos 8:26, donde dice que no sabemos pedir como conviene. Nosotros no sabemos, pero el Espíritu Santo si lo sabe y quiere ayudarnos a orar correctamente.
Dependamos del Espíritu Santo para poder orar de manera eficaz.

Número 9

No dejes de orar por otros

La oración de intercesión debe ser una parte importante de nuestra vida de oración.
1 Timoteo 2:1-4
1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; 
2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. 
3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 
4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
La oración de intercesión no es una oración que hacemos para nuestro beneficio personal, es una oración en beneficio de otras personas.
Cuando intercedemos tomamos el lugar de otro; te pones en medio de Dios y la persona, abogando a favor la persona.
Tu oración puede ser por salvación, sanidad o cualquier otro motivo.
Gálatas 6:2
2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
Al interceder tomas la carga de otro como si fuera tuya, para que así esa persona pueda alcanzar victoria.

Número 10
Aprende a edificarte orando en lenguas

La oración en lenguas es un medio importante que Dios nos dio para nuestra edificación personal.
Judas 20
20 Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo
 
1 Corintios 14:4
4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
El orar en lenguas nos ayuda espiritualmente, nos hace percibir la presencia del Espíritu Santo y nos edifica.
La palabra edificar es la misma que se usa para recargar.
Cada vez que a nuestro celular se le acaba la batería nosotros lo recargamos y vuelve a funcionar.
Lo mismo sucede con el hablar en lenguas; cuando sentimos como que algo nos falta, es tiempo de orar en lenguas y recargarnos del poder de Dios.
El orar en lenguas tiene un valor triple: Nos ayuda a orar por lo que no sabemos; nos ayuda a interceder y nos edifica espiritualmente.
Oremos continuamente en lenguas para estar siempre llenos del poder de Dios.
Tomado de mi blog “La Palabra de Fe”

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