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26 Días de Fe – Día 24

En esta lección hablaremos de la duda, una de las mayores armas que usa el diablo para robarnos las bendiciones que Dios nos dio. 

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Lección 24 – La Duda, Ladrón De Las Más Grandes Bendiciones De Dios

Textos Bíblicos: Marcos 14:22-31; Mateo 17:14-20; Marcos 4:35-40.

Verdad Central: La duda le robará al creyente lo mejor de Dios para su vida.

En la lección de hoy vamos a concentrarnos en algunos ejemplos de duda, los cuales encontramos en historias bíblicas conocidas.

Fe Para Caminar Sobre las Aguas

Mateo 14:22-31: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”.

En esta historia Jesús envió a sus discípulos al otro lado del mar mientras él iba solo a un monte a orar. A la cuarta vigilia de la noche (entre cuatro y seis de la mañana siguiente) los discípulos vieron a Jesús caminando hacia ellos sobre las aguas. Pensando que estaban viendo un fantasma, gritaron con miedo. Entonces Jesús les dijo: “Yo soy, no temáis“. El impetuoso Pedro gritó: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas“. Jesús le contestó con una palabra: “ven“.

Pedro comenzó con fe y mientras mantuvo sus ojos puestos en Jesús, le fue bien. Pero cuando quitó sus ojos de Jesús y miró a las circunstancias que le rodeaban; el viento batiendo el mar a su alrededor, le dio miedo y empezó a hundirse. “¡Señor, sálvame!”, le dijo a Jesús.

Jesús tomó la mano de Pedro y lo llevó a salvo de regreso a la barca, reprendiéndole con las palabras: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?“.

La fe es actuar sobre la Palabra de Dios. Mientras Pedro actuó sobre la Palabra que Jesús le había dicho, todo le fue bien. Pero cuando empezó a dudar porque tuvo miedo, dejó de actuar en las palabras de Jesús, comenzó a hundirse. Jesús no tenía la intención de que Pedro se hundiera. Él tenía la intención de que Pedro caminara de regreso a la barca con Él. La duda le robó a Pedro su bendición.

La duda y el temor van de mano a mano, pero la fe y el amor también van de mano a mano. “…El perfecto amor echa fuera el temor…” (1 Juan 4:18).

Fe Para Echar Fuera Demonios

Mateo 17:14-20: “Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo os he de soportar? ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús le dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará, y nada os será imposible”.

En el pasaje anterior de la escritura, ¿cuál fue la explicación de Jesús para el fracaso de los discípulos en sanar al muchacho poseído por un demonio? Fue por su duda o incredulidad (ver.20). ¿Pero tenían los discípulos en realidad el poder para echar fuera el demonio? Sí, de acuerdo con Mateo 10:1: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia“.

Qué a menudo escuchamos a cristianos decir que necesitan más poder para hacer más para Dios. Sin embargo, ese no es el problema. Si ellos tienen el Espíritu Santo, tienen el poder. Ellos piensan que si tuvieran más poder, obraría resultados automáticamente; pero obra por la fe. ¡El problema es la falta de fe, no la falta de poder!

La duda es la que está robándoles lo mejor de Dios. Jesús no les dijo a estos discípulos que no podían echar fuera al diablo porque no tenían el poder. Dijo que era por su incredulidad.

¿Cuánta fe se necesita para echar fuera demonios? Jesús dijo en el pasaje anterior que una fe no más grande que un grano de mostaza podía mover una montaña entera. Todo creyente lleno del Espíritu tiene dentro de él suficiente poder para reclamar lo mejor de Dios para su vida. Si él está viviendo debajo de sus privilegios, no es por falta de poder, sino por falta de dejar que este poder se suelte a través de la fe.

Fe Para Aplacar Una Tormenta

Marcos 4:35-40: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”.

Por la noche después de un día completo de predicar a multitudes que lo apretaban, Jesús le dijo a sus discípulos reunidos a su alrededor en una barca: “Pasemos al otro lado“. Como estaba tan cansado, fue a la popa de la barca donde pronto se durmió. Estaba tan dormido que no se percató de la tormenta que se levantaba. A pesar de que las olas golpeaban la pequeña embarcación, Jesús continuó durmiendo en completa paz. Sin embargo, Sus discípulos no estaban en paz. Mientras el rugiente viento aumentaba y la barca se llenaba de agua, los discípulos despertaron a Jesús diciéndole: “¿No tienes cuidado de que nuestra barca se hunde y moriremos?“. Ellos habían olvidado las palabras de Jesús cuando empezaron el viaje: “Pasemos al otro lado“.

Jesús se levantó, reprendió al viento y aplacó la tormenta hasta que el mar estuvo de nuevo en calma. Entonces se volvió a Sus discípulos y los reprendió, “¿Por qué dudasteis de mí? ¿Por qué estáis llenos de temor? ¿Dónde está vuestra fe? ¿No os dije al comienzo de este viaje que cruzaríamos a la otra orilla? ¿Por qué no me creísteis?”

Los discípulos permitieron que la duda y el temor entraran a sus corazones, llevándose la fe en la promesa de Jesús de que llegarían a salvo al otro lado. Una vez más el ladrón llamado duda había triunfado.

Notemos las similitudes de estas tres ilustraciones bíblicas. En cada una Jesús reprendió a los discípulos por su incredulidad. (Mateo 14:31; Mateo 17:20; Marcos 4:40), y en cada ocasión Jesús resolvió el problema que los discípulos, a través de su falta de fe, habían fallado en resolver.

En cada ocasión el ladrón de la duda privó a los discípulos de recibir lo mejor que Dios tenía para ellos. Lo más alto y lo mejor de Él para sus vidas era que ellos lo recibieran por la fe.

Si nosotros, al igual, utilizamos el poder que está en nosotros y actuamos en la Palabra de Dios, obtendremos las más grandes bendiciones que Dios ha planeado para nuestras vidas.

Texto Para Memorizar:Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 24 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 19

En esta clase veremos la importancia de entender que el Espíritu Santo vive en nosotros para tener una fe fuerte.

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Lección 19 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 4)

Textos Bíblicos: 1 Corintios 6:19-20; 2 Corintios 6:16; Hechos 8:14-15; 9:17; 19:1-2

Verdad Central: Dios mismo, en la persona del Espíritu Santo, habita en el creyente.

Muy a menudo, aquellos que han sido llenos del Espíritu Santo piensan de ellos mismos como que acaban de recibir una bendición maravillosa o algún tipo de experiencia espiritual rica. Y dejan pasar la enseñanza de la Palabra por completo. 1 Juan 4:4 dice: “Mayor es El que está en vosotros que el que está en el mundo“.

La plenitud del Espíritu Santo significa que Él; el Espíritu Santo, viene a morar en nosotros. Jesús dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, PARA QUE ESTE CON VOSOTROS PARA SIEMPRE” (Juan 14:16).

Por lo tanto, el séptimo; y extremadamente vital, paso en nuestra búsqueda de la clase más elevada de fe, es darnos cuenta de que nuestro cuerpo es el templo de Dios. ¡Dios mismo, en la persona del Espíritu Santo habita en nosotros!

Paso 7 – La Realidad del Espíritu Morador

En los tiempos del Antiguo Testamento, el lugar donde Dios moraba en la tierra era el tabernáculo o el templo. Pero después que Cristo murió en la cruz, se levantó otra vez y regresó al cielo, enviando al Espíritu Santo sobre los creyentes en el día de Pentecostés; Él no habita más en el Lugar Santísimo hecho por hombres. Nuestros cuerpos se han vuelto Su templo.

1 Corintios 6:19-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestros espíritus, los cuales son de Dios”.

2 Corintios 6:16: “…Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo, habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

En toda crisis de nuestra vida debemos instintivamente decir: “Soy más que vencedor. Soy más que victorioso, porque el Creador habita en mí. El más grande vive en mí. Él puede hacerme triunfar. Él me puede hacer un éxito. No puedo fracasar“. Esto no es jactancia en uno mismo. Es jactarse en El que está en ti. Sin embargo, muy frecuentemente los creyentes llenos del Espíritu Santo tiemblan ante las pruebas de la vida, y sin haber necesidad le permiten al diablo que los derrote.

Andan de un lado a otro llorando en los hombros de otro, orando oraciones débiles y sin poder, preguntándose por qué no les llega la victoria. Sin embargo la ayuda estaba presente todo el tiempo; porque el Espíritu Santo está dentro de ellos listo para ayudarles.

El Revestimiento de Poder en la Iglesia Primitiva

En la iglesia del Nuevo Testamento era una excepción y no una regla que hubiera algún creyente que no hubiera recibido la plenitud del Espíritu Santo con la señal sobrenatural de hablar en otras lenguas. Los apóstoles reconocieron la necesidad del Espíritu de Dios morando en el interior, y enfatizaron esto en sus enseñanzas a los nuevos convertidos.

Hechos 8:14-15 dice: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo”.

Hechos 9:17 dice: “Fue entonces Ananías y entró en la case y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la viste y seas lleno del Espíritu Santo”.

Hechos 19:1-2 dice: “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hablando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”.

Ciertamente la iglesia de hoy no tiene menor necesidad de este revestimiento de poder.

El apóstol Pablo dijo: “No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16). La Versión Amplificada de este versículo dice: “¿No disciernen y entienden que ustedes (toda la iglesia en Corinto) son templo de Dios (Su Santuario), y que el Espíritu de Dios tiene habitación permanente en ustedes, para estar en Su hogar en ustedes (colectivamente como una iglesia, y también individualmente)?”. Somos el templo de Dios. Dios habita en nosotros, no sólo como un cuerpo, sino como individuos.

Observa la expresión: “estar en Su hogar en ti“. Dios está realmente haciendo Su hogar en nuestros cuerpos. Ya no habita más en un lugar Santísimo hecho por hombre, como en los tiempos del Antiguo Testamento. Entonces era requerido que cada varón se presentara, por lo menos una vez al año en Jerusalén ante Dios. Los varones tenían que viajar a Jerusalén, ya que la presencia de Dios estaba solamente en el Lugar Santísimo. Nadie se atrevía a acercarse a la presencia Santa excepto el Sumo Sacerdote, y él solamente con gran precaución. Cualquier otro que se metiera al Lugar Santo caía muerto instantáneamente.

Pero ahora todo esto ha pasado y podemos “acercamos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Poco antes de que Jesús muriera dijo: “Consumado es“. Él no se estaba refiriendo al plan de redención, porque aún no estaba terminado cuando El murió. Él tuvo que levantarse de los muertos y ascender al Lugar Santísimo en los Cielos con su propia sangre como sacrificio para obtener nuestra redención. Después tuvo que ascender hasta lo Alto para sentarse a la diestra del Padre y empezar Su intermediaria intercesión, para ser el mediador entre Dios y los hombres. Hasta entonces el Nuevo Pacto no había entrado en vigor. Cuando Jesús dijo en la cruz, “Consumado es“, se estaba refiriendo a la terminación del Antiguo Pacto.

Cuando esto sucedió, el velo o cortina que separaba al Lugar Santísimo fue rasgado en dos desde arriba abajo.

Los historiadores judíos nos dicen que esta cortina tenía 40 pies de anchura, 20 pies de altura y 4 pulgadas de grosor. ¡Imagínate que difícil sería para un hombre rasgar en dos algo de estas dimensiones! Pero nota que las escrituras no dicen que la cortina fue rasgada de abajo para arriba. Sino “…el velo del templo se rasgó en dos, DE ARRIBA ABAJO...” (Mateo 27:51). Esto significó que fue Dios y no el hombre quien rasgó la cortina, la barrera que separaba al hombre de Dios.

La presencia de Dios se fue del Lugar Santísimo hecho por hombre y nunca más habitó allí. Ahora Su presencia divina habita en nosotros.

El ser lleno del Espíritu Santo es mucho más que solamente una experiencia estremecedora. ¡El Espíritu Santo, la divina personalidad, realmente viene a vivir en ti! “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo, HABITARE Y ANDARE ENTRE ELLOS, y seré su Dios. Y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16). Pero ¿cuántos de nosotros nos damos cuenta completa de esta maravillosa verdad? ¿Cuántos de nosotros reconocemos el hecho de que en nosotros, listo para nuestro uso, está todo el poder que necesitaremos para triunfar en la vida?

Si comenzamos a creer lo que la Biblia dice, a confesar lo que la Palabra de Dios dice, entonces el Espíritu Santo se levantará dentro de nosotros y dará iluminación a nuestras mentes. El dará dirección a nuestros espíritus, salud a nuestros cuerpos y ayuda en cada aspecto de la vida. Podemos estar conscientes de Su presencia moradora a cada momento.

Veamos otra vez la traducción Amplificada de 1 Corintios 3:16, “…El Espíritu de Dios tiene su residencia permanente en ti, para estar en Su hogar en ti“.

Muy pocos de nosotros estamos conscientes de que Dios vive en nuestros cuerpos, porque no podemos estar conscientes de que Él vive en nosotros y ¡todavía hablar como lo hacemos! Por ejemplo, cuando se nos pide hacer alguna cosa difícil, que prontos somos para decir: “No, no puedo hacer eso“. ¿Por qué hacemos esto? Es porque estamos confiando en nosotros mismos para hacerlo y sabemos que no tenemos la habilidad. Pero si sabemos que Él está en nosotros, sabemos que Él tiene la habilidad. Entonces cambiamos el “no puedo” por “yo puedo“, porque estamos confiando en Él. Decimos “yo puedo, porque Él está en mí. “Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo“. No importa qué imposibilidades estemos afrontando, podemos decir: “Él me hará ser un éxito, porque mora en mí“.

Esta clase de creencia, esta manera de hablar es hablar con fe, y lo pondrá a Él a obrar a tu favor.

Algunos tienen un concepto erróneo del papel del Espíritu Santo en su vida. Piensan que El entrará, tomará posesión y se ocupará de todo. Esperan que se convierta en algo así como un gran jefe, sin que ellos tengan que hacer nada. Sin embargo, el Espíritu Santo es un caballero. Él nos guiará y nos dirigirá, pero nunca nos obligará o controlará nuestra vida. Los demonios y los espíritus malignos controlarán a aquellos en quienes entren, forzándolos a hacer cosas que ellos no quieren hacer. Pero el Espíritu Santo gentilmente nos dirige y nos guía. Él no hará nada hasta que nosotros lo pongamos a trabajar para nosotros, porque ha sido enviado para ser nuestro ayudador. Él no es enviado para hacer el trabajo, pero para ayudarnos a hacerlo: “…Porque Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré, de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6).

La Versión Amplificada de Efesios 3:16-17 dice: “Que él te dé de los ricos tesoros de Su gloria, que seas esforzado y reforzado con superpoder en el hombre interior por el Espíritu Mismo morando en lo más profundo de tu ser y personalidad. Pueda Cristo a través de tu fe realmente morar, establecerse, habitar y hacer hogar en vuestros corazones. Puedas tú ser enraizado profundamente en el amor, y cimentado muy seguro sobre el amor“. En este pasaje de escritura Pablo estaba escribiéndoles a aquellos que ya habían nacido de nuevo y eran llenos del Espíritu Santo. ¿Cómo habita Dios en nuestros corazones? A través de nuestra fe. Cristo quiere morar en nuestros corazones, reinar como Rey en el trono de nuestros corazones. Pero muy pocos le hemos permitido que lo haga.

La gente espera que Dios haga algo independientemente de ellos, cantan “Pasa por aquí, Señor, pasa por aquí” (Pensamos que si tan solo pudiéramos hacerlo pasar por aquí, quizás haría algo por nosotros). Luego cantamos, “alarga tus brazos y toca al Señor cuando pase“. Pero esto es todo un conocimiento de los sentidos. Está todo fuera, es todo físico. Alguien puede discutir: “Pero en la Biblia, la mujer con el flujo de sangre, ¿no alargó ella los brazos y tocó al Señor?” Sí, pero eso fue cuando Él estaba aquí en la tierra con forma física. Ahora Él no está con nosotros, está en nosotros. No tenemos que alargar nuestros brazos y tocarlo, Él está siempre en nosotros. Pero esto no te servirá de nada a menos que lo sepas y lo creas, porque el Espíritu Santo no se levantará y tomará control. Cuando sabemos que Él está ahí dentro y actuamos sobre la Palabra de Dios inteligentemente, entonces El obrará a través de ti.

Podemos decir: “Mayor es El que está en mí que el que está en el mundo. El más grande está en mí. Estoy dependiendo en Él. Me hará triunfar, me hará tener éxito, porque Él está en mí. El Maestro de la creación está haciendo Su hogar en mi cuerpo“.

Texto Para Memorizar: “…Mayor es El que está en mí que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

Tomado y editado del Capítulo 19 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 18

Una de las verdades más importantes de la Biblia es que hemos sido justificados; es decir, Dios nos declaró inocentes y nos hizo justos por la obra de Jesucristo en la cruz. 

En esta clase veremos que si queremos tener la clase más elevada de fe debemos entender nuestra justicia en Cristo

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Lección 18 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 3)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 6:14-16; Romanos 3:23-26; Salmos 32:1-2.

Verdad Central: Podemos acercarnos a Dios con completa seguridad porque hemos sido hechos la justicia de Dios en Cristo Jesús.

Esta lección nos trae al paso 6 en nuestro estudio de la clase más elevada de fe. En ella queremos ayudarte a ganar una nueva comprensión dentro del significado de las palabras “justo” y “justicia“, tal y como se muestra en las Escrituras.

Paso 6 – La Realidad De Nuestra Justicia En Cristo

En 2 Corintios 6:14-16 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

Leyendo la escritura anterior, mucha gente ve en ella solamente la enseñanza de la separación del mundo. Y ellos inmediatamente practican la segregación pensando que eso es lo que la separación quiere decir. Piensan que no pueden tener nada que ver con el mundo o con nadie del mundo. Hasta se segregan de otros cristianos si no están completamente de acuerdo con ellos. Sin embargo, Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Para poder ser la sal y la luz del mundo, debemos permanecer en el mundo, haciendo nuestro trabajo para el Señor.

Quiero que notes algo más en esta escritura, igualmente importante: los creyentes son llamados “creyentes” y los incrédulos son llamados “incrédulos“. El creyente es llamado “justicia” y el incrédulo es referido como a “injusticia“. El creyente es llamado “luz” y el incrédulo “tinieblas“. Para muchos, la idea de llamarse a sí mismos “justicia” suena egoísta. Aún así estas mismas personas no objetan a llamarse a sí mismas “creyentes” o “luz“. Esta escritura usa los tres términos para referirse a los creyentes. En el versículo 15 vemos a la iglesia, a los creyentes, referidos como a Cristo, porque Él es la Cabeza y nosotros somos el cuerpo. Y por supuesto, la cabeza no va a ser llamada por un nombre, y el cuerpo por otro. La iglesia es Cristo, y nosotros somos el cuerpo de Cristo.

Romanos 3:23-26 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué nos está enseñando Dios a través de esta escritura? Que Dios a través de Jesús declaró Su justicia. Que Dios mismo es justo, y que Dios es mi justicia. Él es “el que justifica“, o la justicia del que es de la fe de Jesús.

Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La mayoría de la gente ha pensado que justicia es algo que uno logra viviendo correctamente. La justicia, sí quiere decir rectitud, o recto, pero esta escritura dice que es un don, no algo que podamos ganar haciendo buenas obras y viviendo limpiamente. Un don es algo que nosotros recibimos instantáneamente; un estado de desarrollo espiritual es el fruto. Si la justicia fuera un fruto, la escritura leería: “Y del fruto de la justicia“. Sin embargo, dice: “Y del don de la justicia“.

Cada uno de los amados hijos de Dios tiene la misma justicia y el mismo derecho para con Dios. El no ama a uno más que a otro. El no escuchará las oraciones de uno más que las de otro. Cuando esta verdad te haya penetrado completamente, ¡Tus oraciones obrarán resultado! ¡Tus oraciones serán contestadas!

Mucha gente lucha en el terreno de la autocondenación, dejando que el enemigo les robe la herencia que es de ellos en Cristo Jesús. Creen que sus oraciones no obrarán resultado y que Dios no los escuchará. Piensan que si pudieran encontrar a un hombre justo para orar por ellos, las oraciones de él sí que obrarían resultados.

Qué triste es que ellos no hayan visto la verdad en las escrituras que acabamos de leer. Dios es nuestra justicia. Él se convirtió en nuestra justicia cuando nos impartió su naturaleza, su vida eterna, cuando nacimos de nuevo. Él se volvió nuestra justicia en el momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y lo confesamos como Señor.

Yo descubrí las verdades de estas escrituras por primera vez siendo un joven cristiano, cuando por 16 meses pasé acostado en cama sin poder moverme de ella por mí mismo. No las entendí entonces. Al principio eran como un rayito de luz en una esquina obscura. Estaba sosteniendo las mismas luchas que muchos de ustedes sostienen para salir de algún problema en su vida o para obtener salud.

Leyendo mi Biblia me encontró un día con la escritura en Santiago 5:14-15, “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados le serán perdonados“. Pero mientras leía, cualquier fe que momentáneamente flameara, era extinguida rápidamente por el pensamiento de que yo sabía que mi iglesia no creía en sanidad o en la unción con aceite. Yo no tenía a nadie a quien llamar para oración, como decía esta escritura.

Entonces el Señor me habló y me dijo, “Es la oración de fe la que sana a los enfermos. Tú puedes hacer esa oración tú mismo como cualquier otro podría hacerlo“.

Yo era simplemente un bebé en Cristo. Sólo tenía 16 años de edad, y hacía pocos meses que había sido salvo, ¡aún así el Señor me dijo que yo podía hacer esa oración de fe! Inmediatamente mi pensar erróneo me derrotó. Pensé: “Sí, podría; si fuera justo” (Yo me daba cuenta de todos mis errores y sabía que no era justo, por lo menos según mi entendimiento de la Palabra). Leyendo más adelante en el libro de Santiago, leí donde Elías es puesto como ejemplo de un hombre justo orando: “Elías era un hombre sujeto a pasiones como nosotros, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Santiago 5:17).

Al estudiar acerca de Elías, determiné que él no era mi idea de hombre justo. Cuando la mano del Señor estaba sobre él, podía correr más rápidamente que el carro del rey. Pero cuando se dio cuenta que la reina Jezabel lo quería matar, corrió y se escondió debajo de un árbol de enebro y le rogó al Señor que lo dejara morirse. Entonces gimió al Señor: “Todos han apostatado, menos yo. Yo soy el único que te está sirviendo, Señor“. Semejante inconsistencia no podía ser la marca de un hombre justo, yo pensé, “¿Cómo pudo Santiago haberlo puesto como ejemplo de un hombre justo orando? ¡Él no era más justo que yo!

Entonces recordé que Santiago dijo que Elías era un “hombre sujeto a pasiones como nosotros“. Y no solamente estaba sujeto a estas pasiones, sino que también se rindió a ellas. Aunque permitió que el desánimo dominara sus acciones, fue llamado un hombre justo.

Un Mejor Pacto

Salmos 32:1-2 dice: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.

Bajo el antiguo pacto, la sangre de animales inocentes cubría el pecado. Dios no le atribuyó iniquidad a la gente aunque habían hecho maldad. Él lo encubrió y lo perdonó y les imputó justicia. Ante El ellos eran justos. “Y veré la sangre, y pasaré de vosotros…” (Éxodo 12:13). Si Dios hizo esto por sus hijos bajo el pacto de le Ley, ¿cuánto más hará lo el por nosotros? Bajo la gracia tenemos un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. La sangre de Jesucristo no solamente cubre nuestros pecados, sino que nos limpia “de toda maldad“. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5).

Cuando leí esta escritura vi que cuando nací de nuevo todos mis pecados fueron perdonados y mi vida pasada dejó de ser. Vi que me había convertido en nueva criatura en Cristo, y yo sabía que Él nunca hacía nuevas criaturas no justas.

Inmediatamente el diablo estaba ahí diciéndome: “Eso no puede ser verdad, pero, ¿y desde entonces? No hace mucho tiempo te enojaste mucho. Esa ciertamente no es la manera de actuar de un hombre justo“. Hizo que mirara a lo natural de nuevo en vez de a la Palabra de Dios.

Entonces leí 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (Esta escritura no fue escrita a pecadores, sino a creyentes). Esto significaba que yo me había convertido en la justicia de Dios en Cristo cuando nací de nuevo. Si había pecado desde entonces; y lo había hecho, sólo tenía que confesar mis pecados y Él me perdonaba y limpiaba de toda maldad (Si estoy limpio de maldad, entonces soy justo de nuevo).

Antes, cuando había leído Santiago 5:16: “La oración del justo puede mucho” había pensado que si algún día me pudiera volver justo, entonces sí tendría una vida de oración tremenda y vería respuestas prominentes a mis oraciones. Ahora yo veía que mis oraciones obrarían resultado, porque Dios me escucharía tan pronto como Él escucha a cualquier otro. En mi Biblia al lado de esta escritura en Santiago 5:16 escribí estas palabras: “Yo soy ese hombre justo“. Esto no es jactarme de nada que yo haya hecho, es jactarme de lo que soy en Cristo. Es alabar a Dios por lo que Él ha hecho posible para nosotros en Cristo.

Esto significa que podemos estar en la presencia de Dios sin ningún sentimiento de culpa, condenación o inferioridad. Esto quiere decir que el problema de la oración está resuelto. Ya no necesitamos ir ante su presencia con la lengua atada por la condenación o llenos de temor por la ignorancia. Podemos entrar en su presencia en completa seguridad porque hemos sido hechos justicia a través de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Texto Para Memorizar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21).

Tomado y editado del Capítulo 18 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 15

En esta lección veremos como es que hemos sido prosperados porque Cristo pago el precio para nuestra prosperidad.

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Lección 15 – Fe Para Prosperidad

Textos Bíblicos: Gálatas 3:13-14,29; Deuteronomio 28:1-8,11-12.

Verdad Central: Como creyentes nacidos de nuevo, somos redimidos de la maldición de la Ley y somos herederos de las bendiciones de Abraham y de las promesas de prosperidad de Dios.

Durante muchos años no podía entender que la voluntad de Dios es que Sus hijos prosperen. Yo pensaba como muchos hacen que la pobreza era una característica de la humildad, y que para ser humilde uno debe ser pobre. Yo pensaba que un hombre justo no podía ser rico y que un hombre rico no podía ser justo. Pensaba que cualquier promesa en las escrituras sobre bendición financiera se refería solamente a los judíos. Desde entonces he aprendido, a través del estudio de la Palabra de Dios y su aplicación en mi propia vida, que Dios quiere que Sus hijos sean “prosperados en todas las cosas, y que tengan salud, así como prospera su alma” (3 Juan 2).

Pero“, alguien puede decir, “la Biblia dice que el dinero es la raíz de todos los males“. Sin embargo, la Biblia no dice eso. 1 Timoteo 6:10 dice: “Porque raíz de todos los males ES EL AMOR AL DINERO, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores“.

Una persona puede ser culpable de ese pecado y no tener ni diez centavos. He oído a la gente decir: “Bueno, creo que debo ser otro Job“. Alguna gente piensa que el pobre Job se pasó la vida agobiado por la pobreza, enfermo y afligido. Sin embargo, el libro entero de Job sucedió en un período de nueve meses, y el último capítulo dice que Dios quitó la aflicción de Job, y que “el Señor aumentó al doble las cosas que hablan sido de Job” (Job 42:10).

Cuando los ladrones entraron y robaron las cosas de Job, él estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando el fuego cayó y quemó sus rebaños, estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando vino la tormenta y azotó su casa y ésta cayó sobre sus hijos y los mató; cuando Job fue herido con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la cabeza, cuando su esposa se volvió a él y le dijo, “maldice a Dios y muérete,” Job estaba bajo la aflicción de Satanás. Pero Dios quitó la aflicción de Job.

Si tú piensas que eres otro Job, eso quiere decir que serás uno de los hombres más ricos de los alrededores. Tendrás el doble de lo que tenías antes, y serás sano y vivirás hasta ser viejo. Job vivió ciento cuarenta años después de los acontecimientos escritos en la Biblia. Si tú eres otro Job, vas a prosperar.

Redimido De La Maldición De La Ley

Gálatas 3:13-14,29 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu… Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

Las escrituras recién mencionadas nos dicen que Cristo nos ha redimido de la maldición de la Ley. ¿Qué, pues, es la maldición de la Ley? Para encontrar esta respuesta volvamos a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, referidos como el Pentateuco, o los libros de la Ley. Ahí aprenderemos que la maldición o castigo por quebrantar la Ley de Dios, es tripartita: la pobreza, la enfermedad, y la segunda muerte. Cristo nos ha redimido de la maldición de la pobreza. Él nos ha redimido de la maldición de la enfermedad. Él nos ha redimido de la maldición de la muerte de la muerte espiritual ahora y de la muerte física cuando Jesús venga de nuevo. No debemos tener miedo de la segunda muerte.

La Bendición De Abraham

Así como la maldición es tripartita, la bendición de Abraham también lo es. Primero, fue una bendición material, financiera. Segundo, fue una bendición física. Tercero, fue una bendición espiritual. La escritura del Nuevo Testamento, 3 Juan 2, está de acuerdo en que Dios quiere que tengamos prosperidad material, física y espiritual, porque dice: “Amado, deseo que seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma“. Muchísima gente tiene la impresión que todas las promesas de bendición material y de prosperidad en la Biblia, se refieren únicamente a los judíos. Sin embargo, este versículo fue escrito para cristianos neotestamentarios.

La palabra “judío” es un término corto o un sobrenombre para “Judá“. Los israelitas nunca fueron llamados judíos hasta después de la división de las tribus. Judá no tenía más promesas de bendición material y financiera que las que tenían las otras tribus de Israel. Ellos recibieron y heredaron la bendición a través de su padre Jacob. Jacob heredó la bendición a través de su padre Abraham. Así que no es la bendición o promesa de los judíos. No es la bendición de Israel. Es la bendición de Abraham. Y esa bendición es mía.

Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu…” (Gálatas 3:14). En este tercer capítulo de Gálatas, también leemos en el versículo 7: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham“. Al ser cristianos nacidos de nuevo: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

Después que estas escrituras se me hicieron claras y vi lo que me pertenecía como Hijo de Dios, a través de la fe en Él, otras escrituras empezaron a abrirse. Todo le pertenece a Dios y está a su disposición. “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados…porque mío es el mundo y su plenitud” (Salmos 50:10-12). “De Jehová es la tierra y su plenitud...” (Salmos 24:1). Dios creó todo, entonces hizo al hombre, Adán, y le dio dominio sobre todo. Dios lo hizo todo para su hombre Adán. Le dio a Adán dominio sobre los animales de los millares de collados, sobre la plata y el oro, sobre el mundo y su plenitud. En otras palabras, Adán era el dios de este mundo.

Pero Adán cometió alta traición y se lo entregó a Satanás. Así Satanás llegó a ser el dios de este mundo. Jesús, sin embargo, vino a redimirnos del poder de Satanás y de su dominio sobre nosotros. Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La versión amplificada de esta escritura se lee así: “Ellos reinarán como reyes en vida, por uno, Jesucristo“. Nosotros vamos a reinar como reyes en vida. Eso quiere decir que nosotros tenemos dominio sobre nuestras vidas. Vamos a dominar, no ser dominados. Las circunstancias no van a dominarte. Tú vas a dominar las circunstancias. La pobreza no va a gobernar y reinar sobre ti. Tú vas a gobernar y reinar sobre la pobreza. Las enfermedades no van a gobernar y reinar sobre ti. Tú debes gobernar y reinar sobre las enfermedades. Vamos a reinar como reyes en vida por Cristo Jesús, en quien tenemos nuestra redención.

Deuteronomio 28:1-8,11-12 dice: “Acontecerá que si oyeres, atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tu en la ciudad, y bendito tu en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaron contra ti; por un camino saldrán contra ti y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da… Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia”.

La primera parte de Deuteronomio 28 enumera todas las maneras en que el Señor bendeciría a su pueblo si ellos le obedecían. El prometió bendecir a sus hijos, sus tierras y sus animales. El prometió bendecirlos y protegerlos en las batalla. El prometió hacerlos “sobreabundar en bienes“, y bendecirlos en “todo aquello sobre lo que pusieren su mano”.

Esta bendición lo incluía todo, pero también era condicional. Ellos debían guardar todos los mandamientos de Dios. Debían ser gente santa, que no lo dejaran a Él para irse detrás de otros dioses, sino que lo sirvieran a Él con todo su corazón. El resto de este capítulo, versículos 15 a 68, da una lista de las maldiciones que caerían sobre su pueblo si no guardaban sus mandamientos.

Cuando me di cuenta por primera vez de esta verdad, y vi la prosperidad, material y espiritual que Dios ha planeado para su pueblo, y que todo creyente nacido de nuevo en Cristo es un heredero de esta promesa, casi no podía contener mi gozo. Me conmoví al darme cuenta que estaba redimido de la maldición de la Ley, de la maldición de la pobreza, y que la bendición de Abraham era mía. Nosotros como cristianos no tenemos que padecer retrasos financieros, no tenemos que estar cautivos de la pobreza o de la enfermedad Dios ha provisto sanidad y prosperidad para sus hijos si ellos obedecen sus mandamientos.

Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, Él dijo: “Si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, CUANTO MAS vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a quienes le pidan” (Mateo 7:11). ¿Cuántos de nosotros que somos padres queremos que nuestros hijos pasen por la vida hambrientos, enfermos o afligidos, nunca teniendo suficiente? Ningún padre quiere eso. De hecho, trabajamos y nos sacrificamos para tratar de que nuestros hijos alcancen una mejor educación que la que nosotros tuvimos para que reciban mayor remuneración.

Dios puso todos los animales aquí, todo el oro y la plata. ¿Es razonable el pensar que hizo todo esto solo para los que no creen en Dios? Ciertamente El ama al pecador, pero, ¿ama El más al pecador que a su propios hijos? No. Dios puso todas estas cosas aquí para Su pueblo. Él le dijo a Israel: “Si quisierais y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Isaías 1:19). Y si Dios quiere que sus hijos coman lo mejor, Él quiere que ellos usen la mejor ropa, Él quiere que ellos conduzcan los mejores autos, y Él quiere que ellos tengan lo mejor de todo.

Probado A Través De Experiencia Personal

Cuando esta verdad se volvió real en mi corazón, el Señor me habló y me dijo: “No ores más por dinero. Tú tienes autoridad a través de mi nombre para reclamar prosperidad. Yo ya he puesto oro, plata, y ganado sobre millares de collados para mi hombre Adán, y yo le di dominio sobre ellos. Después que él le entregó todo a Satanás, el segundo Adán, Jesucristo, vino a redimirte de la mano del enemigo y a liberarte de la maldición de la ley. Ahora en vez de orar que yo lo haga, ya que yo he hecho provisiones para tus necesidades, todo lo que tienes que hacer es decir, ‘Satanás, quita tus manos de mi dinero’. Solamente reclama lo que necesitas. Tú reinas en vida por Cristo Jesús”.

Durante este tiempo en mi vida yo era un evangelista. A la siguiente iglesia donde fui dije: “Señor, si consigo lo que necesito aquí, esto tendrá que funcionar. La última vez que estuve aquí recibí solamente $60.00 por semana. Voy a reclamar $150.00 para esta semana“. Entonces dije, “Satanás, quita tus manos de mi dinero, en el nombre del Señor Jesucristo“. Ves, nunca se cree por lo posible, se cree por lo imposible. Se suponía que yo iba a estar en esta iglesia solo por una semana, pero resultó que estuve diez días. Entonces reclamé $200.00 por esos diez días. El pastor no suplicó por dinero para nada, simplemente pasó los platillos de la ofrenda, y cuando la ofrenda fue contada yo recibí $240.00.

Después de eso cuando iba a iglesias a tener reuniones, el dinero venía fácilmente y muchas veces el pastor decía con sorpresa: “Esta es la ofrenda más grande que esta iglesia le ha dado a un evangelista“. Y no había pedido ningún favor. Yo tenía la llave que abre la puerta.

¡Gracias a Dios, no estamos bajo la maldición, porque Jesús nos ha liberado! “En vez de enfermedad, tengo salud; en vez de pobreza, riqueza; ya que Jesús ha pagado mi rescate“.

Texto Para Memorizar: “Amados, deseo sobre todas las cosas que seas prosperado y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

Tomado y editado del Capítulo 15 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 12

En esta lección veremos como la confesión de la Palabra de Dios edifica nuestra fe, pues declara lo que la Palabra de Dios dice de nosotros.

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Lección 12 – La Confesión De La Palabra de Dios Edifica La Fe

Textos Bíblicos: Marcos 16:15-20; Isaías 41:10; Salmos 119:28,130.

Verdad Central: La confesión es el modo que la fe tiene de expresarse. La confesión de la fe crea realidades.

Siempre es posible saber si una persona está creyendo de forma correcta por lo que dice. Si su confesión es incorrecta, su creer es incorrecto, si su creer es incorrecto, su manera de pensar es incorrecta. Si su pensar es incorrecto, es porque su mente aún no ha sido renovada con la Palabra de Dios. Los tres; creer, pensar, decir, van juntos. Dios nos ha dado Su Palabra para corregir nuestro pensar. Nosotros podemos pensar de acuerdo con la Palabra de Dios.

En nuestros estudios sobre el tema de la confesión hemos tratado con tres tipos de confesión: la confesión de los pecados de los judíos, la confesión del pecador de hoy, y la confesión del creyente que está fuera de comunión con Dios. En esta lección veremos la confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

Como ya lo mencionamos en una de las lecciones previas, siempre que la palabra “confesión” es usada, nosotros instintivamente pensamos en el pecado y en el fracaso. Pero ese es el lado negativo. Eso es importante en su lugar, claro, pero hay un lado positivo y la Biblia tiene mucho más que decir acerca del lado positivo que del negativo.

Las Cinco Partes De La Confesión

Confesar es afirmar algo que creemos. Es testificar de algo que nosotros sabemos. Es dar testimonio de una verdad que nosotros hemos abrazado. Nuestra confesión debe centrarse en cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de Su Palabra y del Espíritu Santo, ha creado en nosotros en el nuevo nacimiento y en la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo por nosotros ahora a la diestra del Padre donde vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer por nosotros, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

La Confesión En Marcha – Predicando La Palabra

Marcos 16:15-20: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas. Tomarán en las manos serpientes y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”.

Dios obra a través de nosotros por su palabra a través de nuestros labios. Jesús dijo, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura“. Esa es la manera en que Dios obra a través nuestro. Nosotros llevamos la Palabra a los perdidos. Si no llevamos la Palabra al mundo, entonces perdemos el tiempo, orando para que Dios haga algo. En otras palabras, sería inútil orar por alguien que está perdido sino le lleváramos también el evangelio de la salvación. Si con solo orar pudiéramos conseguir que la gente se salvara, no tendríamos que mandar misioneros por todo el mundo. Sólo tendríamos que orar para que todos entraran al reino. Sin embargo, el Espíritu Santo obra solamente en conexión con la Palabra.

En obediencia al mandato de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el evangelio, los discípulos fueron predicando la Palabra por todas partes y el Señor trabajó con ellos y confirmó Su Palabra con señales. Dios no hizo nada hasta que los discípulos predicaron la Palabra. Entonces las señales les seguían.

Hablando de las señales que les seguían, éstas no siguen a un individuo, sino que siguen a la Palabra. Di la Palabra y las señales se encargarán de seguirla. Tú no sigues las señales, las señales siguen la Palabra.

En la última iglesia que pastoreé, llegué a preocuparme porque no sucedían muchas señales en mi ministerio. Me encerré a orar por varios días, pidiéndole a Dios por más señales. Finalmente el Señor me habló y dijo: “Tú has estado orando para que yo confirme mi Palabra y hayan señales. Pero todo lo que tienes que hacer es predicar la Palabra y yo la confirmaré. Si tú predicas la Palabra, las señales la seguirán. Si las señales no están sucediendo, entonces no estás predicando la Palabra”.

Yo me sorprendí de esto, pero al examinar más cuidadosamente mi predicación, descubrí que era cierto. Había mezclado mucha tradición y muchas opiniones personales en mis sermones. Y Dios no va a confirmar tradiciones con señales.

A medida que empecé a predicar más de la no diluida, pura Palabra de Dios, comencé a ver que seguían más señales. ¡Mientras más predicaba la Palabra más señales tenía!

Dios se mueve solamente de acuerdo con Su Palabra. Él ha magnificado Su Palabra por encima de Su nombre. Y no podemos esperar recibir ayuda de Dios si nos ponemos en contra de Su Palabra, aunque éste sea un acto inconsciente por nuestra parte. Deberíamos tratar la Palabra de Dios con la misma reverencia que le demostraríamos a Jesús si él estuviera presente en el mundo natural.

La Confesión Dispersa El Temor

Isaías 41:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

¿Has notado alguna vez, al leer la Biblia cuántas veces Dios le dice a Sus hijos “No temas“? Cuando Jairo pidió a Jesús que sanara a su hija, el Señor le dijo, “…no temas. Cree solamente, y será salva” (Lucas 8:50). Cuando Cristo les estaba enseñando a Sus discípulos, les dijo, “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” (Lucas 12:32).

Cuando el Señor se le apareció a Isaac, renovando el pacto que había hecho con su padre Abraham, el Señor le dijo, “…No temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré…” (Génesis 26:24). Si Dios sólo hubiera dicho, “No temas“, y nos hubiera dejado ahí, podríamos decir ‘sí, pero no puedo evitar el tener miedo’, pero El no dijo solamente, “No temas”, también dijo, “Porque yo estoy contigo“. ¿Podemos creer que Él está con nosotros y aún tener miedo? No. Si tenemos miedo, es porque le estamos dudando. “Pero“, alguien podría decir, “yo soy tan débil“. Dios dijo, “Yo te esfuerzo“. “Pero soy tan indefenso“, alguien podría decir. Dios dijo, “Yo te sustentaré“.

Salmos 119:28,130: “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra… La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”.

Es cierto que en nosotros mismos podemos ser débiles e indefensos, cargados de ansiedades y problemas. Pero en nuestra debilidad miramos Su Palabra para recibir fuerzas, porque “La exposición de tus palabras alumbrar hace entender a los simples“.

Nuestra confesión puede ser, “Dios está conmigo“. Podemos decir, “Mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). “…Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Puedes estar enfrentándote a un problema que parece imposible. En vez de hablar acerca de lo imposible que es, míralo a Él, que está dentro de ti y di, “Dios está en mí ahora“. Te encontrarás con que tu confesión de fe hará que Él obre a tu favor. Él se levantará dentro de ti y te dará el éxito. ¡El Maestro de la Creación está en ti! Puedes enfrentarte a la vida sin temor porque sabes que mayor es el que está en ti, que cualquier fuerza que pueda ser organizada en contra tuya. Esta debería ser tu confesión continua.

La Confesión Aumenta La Fe

Sin confesión no hay fe. La confesión es el modo en que la fe se expresa a sí misma. La fe, como el amor, es del corazón, del espíritu. Y sabemos que no hay amor sin palabra o acción.

Con el razonamiento no podemos meter el amor dentro de las personas ni lo podemos sacar tampoco con el razonamiento. Es algo del corazón. Como la fe también es del espíritu o corazón, podemos decir con seguridad que no hay fe sin confesión. La fe crece con la confesión.

La confesión del creyente hace varias cosas en él. Primero, lo ubica. Segundo, arregla las fronteras de su vida. Nunca tendrás más de lo que confiesas.

Marcos 11:2 dice3: “Porque de cierto os digo que CUALQUIERA QUE DIJERE a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino CREYERE QUE SERA HECHO LO QUE DICE, LO QUE DICE LE SERA HECHO”.

Si decimos que no podemos hacer algo, entonces por supuesto no podemos. Pero si decimos que podemos, entonces podemos. De acuerdo con Marcos 11:23, podemos tener cualquier cosa que digamos, o confesemos, sea creencia o incredulidad, éxito o fracaso, enfermedad o salud.

La razón por la que la mayoría de los cristianos, aunque sean sinceros, son débiles, es que nunca se han atrevido a hacer una confesión de lo que son en Cristo. Deberían averiguar cómo los ve Dios y luego confesarlo. Estos privilegios se encuentran mayormente en las epístolas del Nuevo Testamento, ya que fueron escritas a la iglesia. Cuando tú descubras todo lo que Dios tiene para ti, entonces confiesa con confianza lo que la Palabra de Dios declara que eres en Cristo. A medida que hagas esto, tu fe va a abundar.

La razón por la cual tu fe es ahogada y detenida en cautiverio es porque nunca te has atrevido a confesar lo que Dios dice que eres. Recuerda, la fe nunca crece más allá de tu confesión. Tu confesión diaria de lo que el Padre es para ti, de lo que Jesús está haciendo por ti ahora a la diestra del Padre, y de lo que el Espíritu Santo está haciendo en ti edificará una vida sólida de fe positiva.

No tendrás temor de ninguna circunstancia. No tendrás temor de ninguna enfermedad. No le temerás a ninguna situación. Enfrentarás la vida sin temores, serás un vencedor. Y para ser un vencedor, debes confesar que lo eres. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Viendo de nuevo la escritura en Romanos 10:10, vemos en forma de cápsula la Ley de Dios de la fe: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Para conseguir algo de Dios, primero debemos creer en nuestro corazón lo que la Palabra dice. Luego debemos confesar con nuestra boca que es así. Por ejemplo, para ser salvo un hombre debe creer en su corazón y entonces confesar con su boca que Jesús murió por él de acuerdo a las Escrituras, y que fue levantado de los muertos para su justificación. Como resultado, recibirá (o verá) la respuesta a su oración. Creerlo, confesarlo, recibirlo. “…Cualquiera que CREYERE que será hecho lo que DICE, LO QUE DIGA LE SERA HECHO” (Marcos 11:23).

A medida que estudias la Palabra de Dios y aprendes lo que la Palabra dice que eres, quien eres, y lo que tienes en Jesucristo, aunque no te parezca real al principio, empieza a confesar, “Sí, es mío, de acuerdo a la Palabra de Dios“. Entonces averiguarás que la confesión de fe crea realidad.

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 8

En esta clase aprenderemos lo que es el hombre, veremos que el hombre es un espíritu, que posee un alma y habita en un cuerpo.

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Lección 8 – Lo Que Significa Creer Con El Corazón (Parte 1)

Textos Bíblicos: 1°Tesalonicenses 5:23; Romanos 12:1-2; Lucas 16:19-25.

Verdad Central: El hombre es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo.

Por años busqué una explicación satisfactoria de lo que significa creer con el corazón. Leí en Marcos 11:23 donde dice: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en SU CORAZON, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho“. Romanos 10:10 también habla de creer con el corazón. “Porque CON EL CORAZON se cree para justicia…“.

La palabra “corazón” que es usada en estas escrituras no se refiere al órgano físico que hace circular la sangre a través de nuestro cuerpo y nos mantiene vivos. Eso sería creer en Dios con nuestro cuerpo. No podríamos creer con nuestro corazón físico más de lo que podríamos creer con nuestra mano o nuestro dedo. La palabra “corazón” es usada para transmitir un pensamiento.

Nótese como usamos la palabra “corazón” hoy en día. Cuando hablamos del corazón de un árbol, nos referimos al centro, el mismo núcleo. Cuando hablamos del corazón de un tema, nos referimos a la parte más importante de ese tema, al mismo centro, la parte principal alrededor de la cual gira el resto del tema. Y cuando Dios habla del corazón del hombre, Él se está refiriendo a la parte principal de él, al mismo centro de su ser, el cual es su espíritu.

El Hombre Es Un Espíritu

1 Tesalonicenses 5:23 dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, ESPIRITU, ALMA y CUERPO, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Los términos, “espíritu del hombre” y “corazón del hombre“, son usados intercambiablemente en toda la Biblia. Sabemos que el hombre es un espíritu porque es hecho a la imagen y semejanza de Dios, y Jesús dijo: “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). Nuestros cuerpos físicos no son los que se asemejan a Dios, porque la Biblia dice que Dios no es un hombre. Recuerda que hay un hombre interior y un hombre exterior. El hombre es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo. Pablo dijo en su carta a los Romano: “Pues no es judío, el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la CIRCUNCISION ES LA DEL CORAZON, EN EL ESPIRITU, no en la letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28-29). Según este texto, el corazón es el espíritu.

Hablándole a Nicodemo, Jesús le dijo, “…Es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Nicodemo, siendo humano, sólo pudo pensar en lo natural, y por eso le preguntó: “… ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo siendo vicio? ¿Puede acaso entrar por segunda vez al vientre de su madre y nacer?” (Versículo 4). Jesús le contestó “Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (versículo 6). El nuevo nacimiento es un renacimiento del espíritu humano.

En el capítulo 4 del evangelio según San Juan también leemos donde Jesús le dijo a la mujer en el pozo de Samaria: “Dios es Espíritu, y los que le adoraran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). No podemos ponernos en contacto con Dios con nuestro cuerpo o con nuestra mente. Solamente podemos tener contacto con Dios con nuestro espíritu.

1 Corintios 14:14 dice: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto“. El espíritu no es la mente. Algunas personas creen erróneamente que la mente es el espíritu. Sin embargo, como lo indica este versículo sabemos que cuando hablamos en lenguas, esto no viene de nuestras mentes, o de nuestro propio pensar humano, sino de nuestro espíritu, de lo más profundo de nuestro ser, del Espíritu Santo en nuestro interior. Pablo siguió diciendo, “¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento…” (Versículo 15). En otras palabras, Pablo estaba diciendo que su espíritu era el verdadero él.

El Hombre Interior

Pablo también dijo: “Por tanto, no desmayamos, antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). Pablo señaló que hay un hombre exterior y un hombre interior. El hombre exterior es el cuerpo. El hombre interior es el espíritu, y el espíritu tiene un alma.

En 1 Corintios 9:27 Pablo dijo: “Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado“. Si el cuerpo fuera el hombre real, Pablo hubiera dicho: “Yo me golpeo y me pongo en servidumbre“. Él se refiere a su cuerpo como “lo“. “Yo” es el hombre de adentro, el hombre interior que ha renacido. Con nuestro cuerpo hacemos algo: lo ponemos en servidumbre. El hombre al que miramos no es el hombre verdadero, es solamente la casa donde vivimos.

Ahora podemos entender más fácilmente los escritos de Pablo a los santos en Roma:

Romanos 12:1-2 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

En esta epístola Pablo no les estaba escribiendo a los incrédulos sino a los creyentes. El dirige la carta de esta manera: “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos…” (Romanos 1:7). Aunque estaba escribiéndoles a hombres y mujeres nacidos de nuevo, él dijo que necesitaban hacer algo con sus cuerpos y sus mentes. El nuevo nacimiento no es un renacimiento del cuerpo humano sino un renacimiento del espíritu humano, y la plenitud del Espíritu Santo no es una experiencia física sino una experiencia espiritual.

Pablo dijo que tenemos que hacer algo con nuestros cuerpos físicos. Tenemos que presentarlos a Dios en sacrificio vivo. Tenemos que renovar nuestras mentes con la Palabra. Observa que esto es algo que nosotros hacemos, no Dios. Dios da vida eterna. Nos ofrece Su Espíritu. Pero Dios no hace nada con nuestro cuerpo. Si algo hay que hacer con nuestro cuerpo, tenemos que hacerlo nosotros. La Palabra dice que tú debes ser “transformado por medio de la renovación de tu entendimiento“. Nuestras mentes son renovadas a través de la Palabra de Dios.

Sabemos que el hombre es un espíritu, hecho a la imagen y semejanza de Dios. Algunas personas creen que el hombre solamente es un animal. Sin embargo, si eso fuera verdad, nos daría lo mismo matar a un hombre y comérnoslo que matar a una vaca y comérnosla. El hombre tiene un cuerpo físico en el que vive, pero no es un animal. Él es algo más que solamente una mente y un cuerpo. Él es espíritu, alma y cuerpo. Él es un espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo.

Los animales tienen almas, pero ellos no son espíritus. No hay nada en ellos que sea como Dios. Dios tomó algo de sí mismo y lo puso en el hombre. El hizo el cuerpo del hombre del polvo de la tierra, pero puso en las fosas nasales del hombre el aliento de la vida. La palabra “aliento“, significa en hebreo, aliento o espíritu, y es traducido “Espíritu Santo” muchas veces en el Antiguo Testamento. Dios es Espíritu, así que tomó algo de sí mismo, lo cual es espíritu, y lo puso dentro del hombre. Cuando hizo eso, el hombre se volvió alma viviente. No estaba vivo hasta entonces, pero se volvió un alma viviente. Se volvió consciente de sí mismo porque el cuerpo estaba muerto sin el espíritu.

El alma posee cualidades intelectuales y emocionales, y los animales las tienen. Pero cuando sus cuerpos físicos mueren, están muertos. Nuestras almas, nuestras cualidades intelectuales y emocionales, no están basadas en lo físico, sino en el espíritu, y cuando el cuerpo muere ellas todavía existen.

Lucas 16:19-25: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el hades alzó sus ojos, estando en tormento, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entones él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí y tu atormentado”.

En este pasaje de escritura tenemos una ilustración vívida de las tres partes del hombre – espíritu, alma y cuerpo. Observa que el versículo 22 dice, “…murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham“. ¿Quién fue llevado? (El mendigo. No su cuerpo, sino él) Su espíritu es la persona real. Su cuerpo fue puesto en la sepultura, pero él estaba en “el seno de Abraham“.

El hombre rico también murió, su cuerpo fue puesto en la sepultura, pero “en el hades alzó sus ojos“. Aunque el cuerpo de Abraham había estado en la tumba por muchos años, el hombre rico lo vio. También reconoció a Lázaro. Por lo tanto, en el reino espiritual, el aspecto del hombre es muy similar al de esta vida. El hombre rico le suplicó a Abraham: “Ten misericordia de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham dijo, hijo, recuerda…“. El hombre es un espíritu, y tiene un alma. Vemos en esta escritura que su alma está todavía intacta. Todavía puede recordar. Tiene emociones. Estaba atormentado. Estaba preocupado por sus cinco hermanos que aún vivían (versículos 27,28).

Dios es un espíritu. Él se volvió hombre, ya que Jesús era Dios manifestado en la carne, viviendo en un cuerpo humano. Él tomó un cuerpo físico y cuando lo hizo no fue menos Dios de lo que era antes.

Sabemos que el hombre deja su cuerpo físico cuando muere, y cuando lo hace, no es menos hombre de lo que era cuando tenía su cuerpo físico, como lo comprueba la historia del hombre rico y Lázaro.

No podemos conocer a Dios a través de nuestro conocimiento humano, a través de nuestra mente. Dios solamente se revela al hombre a través de su espíritu. Es el espíritu del hombre el que hace contacto con Dios, porque Dios es un Espíritu.

Texto Para Memorizar: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Tomado y editado del Capítulo 8 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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La Armadura de Dios – Estudio Biblico

armaduradedios

Recientemente coloque en mi blog La Palabra de Fe una serie de enseñanzas acerca de la Armadura de Dios, que son mis notas cuando enseño ese curso.

Aquí les dejo los enlaces para que puedan utilizarlos no solo en su estudio personal sino para compartirlos con otros.

Peleando la Buena Batalla de la Fe

¡Redimidos!

El Día Que Satanás Perdió Su Autoridad

Reconociendo a Nuestro Enemigo

Resistiendo en el Día Malo

El Cinturón de la Verdad

La Coraza de la Justicia

El Calzado de la Predicación del Evangelio de la Paz

El Escudo de la Fe

El Yelmo de la Salvación

La Espada del Espíritu

Orando en Todo Tiempo

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El Espíritu Santo es Dios – Parte 3

Quinta Razón

Sus Acciones Demuestran que es Dios

Debido a que posteriormente veremos otras cosas que el Espíritu Santo aquí veremos tres acciones que el Espíritu Santo hace.

2. El Nacimiento Virginal

Isaías 7:14 (RV60)

14  Por tanto,  el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá,  y dará a luz un hijo,  y llamará su nombre Emanuel.

En esta profecía del Antiguo Testamento vemos claramente que una joven virgen quedaría encinta y daría a luz un hijo; veamos su cumplimiento en el Nuevo Testamento.

Mateo 1:18-25 (RV60)

18  El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José,  antes que se juntasen,  se halló que había concebido del Espíritu Santo.

19  José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

20  Y pensando él en esto,  he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José,  hijo de David,  no temas recibir a María tu mujer,  porque lo que en ella es engendrado,  del Espíritu Santo es.

21  Y dará a luz un hijo,  y llamarás su nombre JESÚS,  porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

22  Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta,  cuando dijo:

23  He aquí,  una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

 Y llamarás su nombre Emanuel,

 que traducido es:  Dios con nosotros.

24  Y despertando José del sueño,  hizo como el ángel del Señor le había mandado,  y recibió a su mujer.

25  Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito;  y le puso por nombre JESÚS.

En el cumplimiento de esta profecía vemos que Jesús fue engendrado en María por obra del Espíritu Santo.

Lo que es más, el verso 25 dice que José y María no tuvieron relaciones sexuales hasta después del nacimiento de Jesús.

El hecho de producir un embarazo con el nacimiento de un niño si la participación natural del hombre es una prueba de la deidad del Espíritu Santo.

2. Como Agente Inspirador de las Escrituras

 2 Samuel 23:2-3 (RV60)

2  El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua.

3  El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios.

David nos dice aquí que fue el Espíritu Santo quien puso palabras en su boca y habló por medio de él.

2 Pedro 1:19-21 (RV60)

19  Tenemos también la palabra profética más segura,  a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro,  hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

20  entendiendo primero esto,  que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,

21  porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana,  sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Pedro nos dice que el Espíritu Santo a los escritores del Antiguo Testamento.

Por ese motivo, el Espíritu Santo fue el agente por el cual fueron inspiradas las Escrituras.

3. En la Creación

Génesis 1:1-2 (RV60)

1  En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

2  Y la tierra estaba desordenada y vacía,  y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo,  y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Génesis 1:1-2 (NVI)

1  Dios,  en el principio, creó los cielos y la tierra.

2  La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios iba y venía sobre la superficie de las aguas.

Génesis 1:1-2 (Septuaginta)

1 En el principio creó Dios el cielo y la tierra.

2 Pero la tierra estaba desierta e informe; y tinieblas, sobre la faz del abismo; y el Espíritu de Dios flotando sobre la faz de las aguas.

En este pasaje vemos que el Espíritu Santo estuvo el día de la creación en la tierra.

Salmo 104:30 (RV60)

30  Envías tu Espíritu,  son creados, y renuevas la faz de la tierra.

Cuando Dios envía su Espíritu son creadas las cosas.

Job 33:4 (RV60)

4  El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida.

Job 33:4 (PDT)

4 El Espíritu de Dios me creó y el aliento del Todopoderoso me dio vida.

El Espíritu Santo estuvo en la creación del hombre y fue participante de ella.

Podemos decir que el Espíritu Santo estuvo en la creación como un participante activo.

 Conclusión

 Por estas cinco razones podemos concluir:

 1. El Espíritu Santo no es una criatura, como es eterno, entonces es eterno, nadie lo creo.

2. El hecho de ser la tercera persona de la trinidad no le da menor jerarquía debido a que en muchos pasajes se le iguala con el Padre y con el Hijo. Además el hecho de que varios pasajes del Nuevo Testamento interpretan al Espíritu Santo como el Jehová del Antiguo son una muestra de su igualdad.

3. Las 5 razones demuestran que el Espíritu Santo es Dios.

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El Espíritu Santo es Dios – Parte 2

Tercera Razón

Recibe el Título de Dios

Hechos 5:1-10 (EUNSA)

1 Un hombre que se llamaba Ananías, junto con su mujer Safira, vendió un campo.
2 De acuerdo con ella, se quedó con parte del precio y trayendo el resto lo puso a los pies de los apóstoles.
3 Entonces dijo Pedro: -Ananías, ¿por qué Satanás llenó tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo y te quedaras con parte del precio del campo?
4 ¿Acaso no era tuyo mientras lo tenías y, en cuanto lo vendiste, no permanecía el precio en tu poder? ¿Por qué has admitido esta acción en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
5 Al oír Ananías estas palabras cayó en tierra y expiró. Un gran temor sobrecogió a todos los que lo oyeron.
6 Se levantaron algunos jóvenes, lo amortajaron y lo llevaron a enterrar.
7 Pasaron unas tres horas y entró su mujer, que no sabía lo ocurrido.
8 Pedro se dirigió a ella: -Dime, ¿habéis vendido el campo por esa cantidad? Ella dijo: -Sí, por esa.
9 Pedro le replicó: -¿Cómo es que os pusisteis de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que han enterrado a tu marido están a la puerta, y te llevarán a ti.
10 Al instante cayó a sus pies y expiró. Al entrar los jóvenes la encontraron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido.

La historia de Ananías y Safira es una prueba concluyente de que el Espíritu Santo es Dios. En ella cuando se habla de mentirle a Dios se dice que le mintieron al Espíritu Santo.

Si mentirle a Dios es mentirle al Espíritu Santo entonces el Espíritu Santo es Dios

Cuarta Razón

Tiene Atributos Divinos

Dios tiene cuatro atributos: eternidad, omnisciencia, omnipresencia y omnipotencia; si el Espíritu Santo también las tiene es porque es Dios.

Hebreos 9:14 (RV60)
14 ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

Hebreos 9:14 (BLS)
14 Y si todo eso tiene poder, más poder tiene la sangre de Cristo. Pues por medio del Espíritu que vive para siempre, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio sin mancha ni pecado. Su sangre nos purifica para que estemos seguros de que hemos sido perdonados, y para que podamos servir a Dios, que vive para siempre.

Aquí vemos que el Espíritu Santo es eterno; es decir no tiene principio ni fin de días y vive para siempre porque siempre existió como Dios.

Entonces vemos que el Espíritu Santo tiene el atributo de Dios conocido como eternidad.

1 Corintios 2:10-13 (RV60)
10  Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;  porque el Espíritu todo lo escudriña,  aun lo profundo de Dios.
11  Porque  ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre,  sino el espíritu del hombre que está en él?  Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios,  sino el Espíritu de Dios.
12  Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,  sino el Espíritu que proviene de Dios,  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
13  lo cual también hablamos,  no con palabras enseñadas por sabiduría humana,  sino con las que enseña el Espíritu,  acomodando lo espiritual a lo espiritual.

De este pasaje podemos ver que el Espíritu Santo todo lo sabe.

Juan 14:26 (RV60)
26  Mas el Consolador,  el Espíritu Santo,  a quien el Padre enviará en mi nombre,  él os enseñará todas las cosas,  y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Jesús dijo que el Espíritu Santo nos enseñaría todas las cosas, y sabemos que no se puede enseñar algo que no se sabe; por tanto, el Espíritu Santo sabe todas las cosas.

Juan 16:12-13 (RV60)
12  Aún tengo muchas cosas que deciros,  pero ahora no las podéis sobrellevar.
13  Pero cuando venga el Espíritu de verdad,  él os guiará a toda la verdad;  porque no hablará por su propia cuenta,  sino que hablará todo lo que oyere,  y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Juan 16:12-13 (JER)
12 Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
13 Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.

Aquí vemos que el Espíritu Santo nos guiará a toda la verdad y nos hará saber las cosas que han de suceder; la única forma de saber la verdad completa es conociéndola completamente; además nos hará saber el futuro; lo cual demuestra que todo lo sabe.

Podemos concluir que el Espíritu Santo es omnisciente.

Lucas 1:35-37 (RV60)
35  Respondiendo el ángel,  le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti,  y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra;  por lo cual también el Santo Ser que nacerá,  será llamado Hijo de Dios.
36  Y he aquí tu parienta Elisabet,  ella también ha concebido hijo en su vejez;  y este es el sexto mes para ella,  la que llamaban estéril;
37  porque nada hay imposible para Dios.

Este pasaje nos muestra que el Espíritu Santo es una persona que lo puede hacer todo. Podemos lees de esta manera el verso 37 donde dice que no hay nada imposible para Dios: “Si el Espíritu Santo puede hacer que una virgen conciba, puede hacer cualquier cosa.”

Podemos concluir que el Espíritu Santo es omnipotente.

Salmo 139:7-10 (RV60)
7   ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8  Si subiere a los cielos,  allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado,  he aquí,  allí tú estás.
9  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar,
10  Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.

El hecho que no podamos escondernos del Espíritu Santo es una prueba de que esta en todos lados, es decir, es omnipresente.

Hemos visto que el Espíritu Santo tiene los cuatro atributos de Dios: eternidad, omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia, por lo que concluimos que es Dios.

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Lo que es la fe

Lo que es la fe

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

– Hebreos 11:1

Este es el versículo clave para entender lo que la fe es.

Les invito a lees esta serie de enseñanzas que te ayudarán a conocer lo que es la fe.

 

 

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