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El Pacto de Sangre – Capítulo 15

pacto de sangre 15

Capítulo 15

La redención es a través de Dios

Cuando nos aferramos a la horrible imagen de la obra terminada de Satanás, nuestro corazón clama: “¿Quién puede? ¿Quién tiene la capacidad de suplir la necesidad del hombre en una situación tan difícil como esta?”.

Gracias a Dios, existe una respuesta.

Cuando Dios vio la condición de la humanidad, inmediatamente comenzó a preparar una provisión para nuestra redención.

Él sabía que la humanidad no podría redimirse a sí misma; sabía que la humanidad no tenía la capacidad de llegar hasta su trono.

Por eso, primero Dios le dio a la humanidad el pacto abrahámico. Después, cuando los descendientes de Abraham se convirtieron en una nación, Dios les dio la ley del pacto, la cual incluía el sacerdocio, la expiación y los sacrificios y ofrendas del pacto. Todas esas cosas le fueron dadas a Israel como preparación de lo que vendría, porque de esta nación vendría el DiosHombre encarnado, que haría dos cosas:

En primer lugar, rompería el poder de Satanás, para redimir a la humanidad de su esclavitud y restaurarla a una plena justicia, por medio de la cual podría estar en la presencia del Padre del mismo modo en que lo estaba Adán antes de la caída. Esto quitaría la conciencia de culpabilidad y pecado permanentes de la humanidad.

En segundo lugar, rompería el dominio de Satanás y redimiría a la humanidad de forma tan completa que el hombre o la mujer más débil participarían de la justicia restaurada de tal forma que él o ella podrían vivir una vida de victoria total sobre el diablo.

Este Dios-Hombre (encarnado) haría un sacrificio tan completo y perfecto que Dios no sólo restauraría legalmente la justicia perdida de la humanidad, sino que también le daría a la humanidad un acceso pleno a todo su poder y su fuerza, haciendo con ello de la humanidad una creación totalmente nueva.

Así es, cuando Dios hace de la humanidad una nueva creación, imparte en ellos su propia naturaleza, sacando de ellos cualquier temor y pecado que pudiera haber. Esto está completo hasta que la humanidad puede estar en la presencia misma de Dios, soportando la radiante luz de su gracia y amor.

Una vez redimidos, podemos florecer, como lo hace una rosa bajo el sol, hasta que la plenitud del amor de Cristo venga inundando nuestro ser antes de regresar de nuevo a Él. Somos sus hijos amados.

Lector, se encuentra usted en presencia del milagro de milagros, la gracia de Dios, la cual está restaurando a la raza humana perdida, sacándola de su órbita de egoísmo, debilidad y temor y llevándola a la esfera de la fe, el amor y la vida de Dios.

Dios no sólo nos restaurará legalmente la justicia, nos redimirá y nos hará nuevas criaturas, sino que también nos dará su Espíritu Santo. El Espíritu grande y poderoso que resucitó a Jesús de los muertos vendrá a nuestros cuerpos y hará de ellos su hogar.

Y no sólo hace eso, sino que también nos da derecho legal a usar su nombre para echar fuera demonios, imponer manos sobre los enfermos para que sanen y derrotar los propósitos de Satanás.

Oh, tenemos ese nombre. Ese nombre nos hace ser como Él.

Cuando usted vive por ese nombre y camina en ese nombre, el diablo no puede distinguirle de Jesús. Tiene el nombre de Él estampado en usted.

Ah, pero Él hizo algo más.

También nos dio la revelación. Lo llamamos la Palabra, y es la Palabra del Espíritu.

Si usted ha sido redimido, el Espíritu grande y poderoso que resucitó a Jesús de los muertos ha llegado a su vida. Ahora, a través de los labios humanos, el Espíritu Santo blande esa Palabra y vence a los grandes ejércitos del infierno.

Usted es un hijo de Dios, llamado a tener comunión con Jesucristo con una justicia y libertad restauradas. Es una nueva criatura en la que habita el Espíritu Santo con la Palabra viva de Dios.

Tiene usted una comunión tan rica como jamás Adán soñó tener.

Y cuando Jesús vuelva, este cuerpo que fue hecho mortal por Satanás y el pecado recibirá inmortalidad y nunca volverá a morir. La muerte no puede amenazarnos ni llenarnos de temor. Ahora, permanecemos en toda la plenitud de su obra terminada.

Imagínese lo que será cuando las puertas de perlas se abran y nosotros, sus súbditos de amor, sus eternamente redimidos, contemplemos a nuestro Señor sentado en el trono de los siglos.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 5

pacto de sangre 5

Capítulo 5

El sacrificio de Abraham

Y [Dios] dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Génesis 22:2)

Este fue el mandamiento más aterrador de Dios que Abraham recibió mientras estaba paralizado en la presencia de Dios. No hubo vacilación por parte de Abraham.

Piense en lo que eso significaba para él. Abraham y Sara eran ancianos. Abraham tenía casi cien años de edad, y Sara tenía noventa años. Según la ciencia y la biología, era imposible que ellos pudieran convertirse en padres de un niño. Incluso la Escritura confirmaba esto: “Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres” (Génesis 18:11).

Pero, como parte de su pacto, Dios le había prometido a Abraham un hijo.

A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?… Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. (Génesis 17:15–17, 19)

El apóstol Pablo escribió:

Y [Abraham] no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:19–21)

Abraham “tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe”. Abraham creyó a Dios.

Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. (Génesis 21:1–3)

El niño creció y se convirtió en un joven, hasta que un día, Dios lo pidió.

Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Génesis 22:2)

Abraham no dudó, aunque eso significaba renunciar a lo que tanto había querido, pero emprendió con el joven un viaje de tres días y tres noches.

Al llegar al monte Moriah, construyeron juntos el altar.

Abraham puso a Isaac sobre el altar y alzó un cuchillo para sacrificarle justamente cuando el ángel del Señor intervino, diciendo: “Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho” (Génesis 22:11–12).

Dios había encontrado a un hombre que guardó el pacto.

Después, el ángel volvió a hablar, diciendo:

Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. (versículos 16–17)

Observe que Dios dijo: “Por mí mismo he jurado”. Esto es lo más solemne que un hombre puede imaginar.

Abraham había demostrado ser digno de la confianza de Dios.

El Dios que guarda el pacto

Antes de que esto ocurriera, cuando Dios estaba a punto de destruir Sodoma y Gomorra, Abraham apeló al Creador de una manera que deja estupefacta a la imaginación. Abraham preguntó: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25).

Después, Abraham comenzó a rogar por cualquier justo que pudiera haber en la ciudad. Dios permitió que Abraham, sobre la base de su relación de pacto de sangre, se convirtiera en un intercesor por las ciudades malvadas de Sodoma y Gomorra.

Cuando Abraham entró en el pacto, obtuvo el derecho a arbitrar entre los hombres malos de la tierra y el Dios de toda la creación.

Abraham estableció un precedente de intercesión sobre la base del pacto de sangre, un precedente que se ha mantenido a lo largo de los siglos.

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Hemos creído y conocido Su amor

hemos creido y conocido el amor

En 1 Juan 4:16 dice: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor….”

Estas palabras encierran una gran verdad, Dios nos ama; el no está enojado con nosotros, Dios es amor y nos ama. Su misma naturaleza, Su misma esencia es el amor y eso es lo que Él tiene por nosotros.

En Juan 3:16 vemos la mayor manifestación del amor de Dios por nosotros: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Esta frase, “de tal manera“, nos muestra la intensidad y grandeza de su amor por nosotros.

He escuchado predicadores de condenación “famosos“,  Juanetes Bautistas del Siglo XXI, decir: “Dios odia el pecado y odia al pecador.” Me pregunto si es que han leído Romanos 5:8 donde dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

¿Pueden imaginarse esto? Nosotros eramos pecadores, pero aún así Dios nos amo y envió a Jesús, Su hijo unigénito para morir por la humanidad.

En la oración de Efesios 3, Pablo nos anima a conocer más y más de ese amor:

14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;
17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,
21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

Cuando era joven en el Señor cantábamos la canción “El amor de Dios es maravilloso”; el coro de esta canción decía: “Tan alto que no puedes estar más alto que él, tan bajo que no puedes estar debajo de él tan ancho que no puedes estar afuera de él, grande es el amor de Dios.”

El amor de Dios es como una burbuja que nos rodea de la que no podemos salir por más que lo intentemos, Dios está ahí con nosotros cuidándonos, protegiéndonos, amándonos.

En Romanos 8 vemos más de ese amor maravilloso de Dios por nosotros:

31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.
37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Ese amor tan grande se manifestó cuando Cristo vino al mundo a morir por nosotros; y Pablo no hace reflexionar, al decir que si Dios no escatimo en dar a Su hijo unigénito por la salvación del mundo, ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?

Pero va más allá al decirnos que no hay nada que pueda separarnos de ese amor de ese amor tan grande e inmenso que Dios tiene por nosotros, nada ni nadie, ni siquiera nosotros mismos, porque Dios nos ama.

Algunos creyentes se condenan pensando que sus pecados los alejan de Dios, pero nos se dan cuenta la verdad que encierra 2 Corintios 5;19; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, si Dios antes que lo conocieras no tomaba en cuenta tus pecados, ¿qué te hace pensar que lo hace ahora?

En 2 Corintios 5:21 dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Dios no toma en cuenta tus pecados porque los puso en Cristo, Él tomó tu lugar, Él se hizo pecado por ti, Él sufrió el castigo del pecado por ti, al morir en la cruz y descendiendo a las partes más bajas de la tierra por ti. Lo hizo para que no tengas que pasar por ello.

Por eso debemos ir a las Escrituras para conocer y entender Su amor por nosotros, y recibir todos los beneficios de ese amor.

Ya que has conocido de Su amor, empieza a creer que Dios te ama.

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Andrew Wommack – Cómo Seguir la Voluntad de Dios

En esta segunda lección Andrew Wommack nos muestra de que manera podemos seguir la voluntad de Dios

andrew wommack - como seguir la voluntad de Dios

Cómo seguir la voluntad de Dios

Por Andrew Wommack

He pasado por tiempos difíciles desde 1968, cuando comencé por primera vez en el ministerio. A menudo he sentido ganas de rendirme. De hecho, muchas personas que yo conocía en aquellos días pensaban que debía hacerlo. Pero Jamie y yo continuamos, y ahora vemos innumerables vidas cambiadas a través del mensaje del amor incondicional y la gracia de Dios. Queremos compartir contigo algunas de las cosas que el Señor nos enseñó para mantenernos en el camino, y oramos que haga lo mismo por ti.

Aunque conocimos la voluntad general de Dios para nosotros desde el principio, no teníamos ni idea de cómo llevarla a cabo. Tuvimos que aprender a permanecer totalmente dependientes de Él y escuchar su voz pequeña y tranquila paso-a-paso para la revelación de Su plan. Cuando lo buscamos diligentemente, cada paso se hizo claro y el ministerio creció.

Un paso muy importante que Dios nos llevó a tomar fue regalar nuestras cintas y CDs a aquellos que no podían pagarlos. La mayoría de la gente no entendía por qué lo hicimos, pero funcionó. En retrospectiva, esta fue una de las cosas más inteligentes que he hecho. Si no hubiéramos seguido la dirección de Dios en esto, no habríamos crecido como lo hicimos. Dejamos de contar hace años, después de regalar más de seis millones de cintas, CD, folletos y otros recursos. Ahora, cada día, hay un promedio de más de 22.000 visitas a nuestro sitio web y miles de descargas. ¡Aleluya! ¡La Palabra está saliendo!

Regalar nuestros materiales fue una decisión importante y un gran paso para nosotros, pero desde entonces, ha habido muchas más decisiones y pasos. Muchas de las cosas que Dios nos ha dicho que debemos hacer nos han ayudado a evitar las trampas y han producido Sus abundantes bendiciones.

Aprendimos que no basta con conocer la voluntad de Dios; Tuvimos que aprender a seguirla también. Algunas personas obtienen una revelación de la voluntad de Dios, pero luego dejan de buscarle dirección sobre cómo llevarla a cabo. Conocer la voluntad de Dios es crítico, pero es sólo el primer paso. Después de eso, debes aprender a seguir Su voluntad y cooperar con Él para llevarlo a cabo.

Un gran ejemplo bíblico de esto es la historia de Moisés. Aquí está alguien que sabía la voluntad de Dios para su vida, sin embargo, perdió completamente el tiempo y el plan de Dios.

Éxodo 2 nos da un resumen de los primeros cuarenta años de la vida de Moisés.

Es absolutamente milagroso cómo el Señor usó al mismo que ordenó la muerte de Moisés para levantarlo y llevarlo a la grandeza. Pero Moisés necesitaba más que una educación egipcia privilegiada.

Moisés cometió un error crítico, el cual fue registrado en Éxodo 2:11-12: “En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.”

Debido a que Éxodo 2 no proporciona muchos detalles, algunos asumen que Moisés simplemente defendió el hebreo porque era lo correcto, no porque Moisés se diera cuenta de que él mismo era un hebreo.

Hechos 7:23-25, sin embargo, contradice este pensamiento: “Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así.

A través de estos versículos, está claro que Moisés sabía que Dios lo llamó para traer la liberación a los hebreos. Aunque Moisés conocía la voluntad de Dios, pensó que su propia fuerza e influencia lo llevarían a cabo. Él tomó las cosas en sus propias manos y mató al egipcio, por eso falló totalmente el plan de Dios y el calendario para la liberación de los israelitas. Terminó costando a Moisés cuarenta años en el desierto, que no era el plan original de Dios.

Por mi registro de la Escritura y la profecía que Dios le dio a Abraham acerca de cuándo los hijos de Israel saldrían de Egipto, Moisés fue al menos diez años prematuro en tratar de cumplir la voluntad de Dios (Génesis 15:13 con Éxodo 12:40) .

Los relatos seculares que he leído sobre la vida de Moisés dicen que él era un líder poderoso e influyente. Es probable que Moisés supiera que, como sabía que Dios quería que él fuera el libertador de los israelitas, ¿por qué esperar? Podía hacerlo por su cuenta. Su impaciencia costó a los israelitas treinta años de esclavitud adicional y Moisés cuarenta años en el desierto.

Muchas personas en el cuerpo de Cristo están cayendo en la misma trampa que Moisés hizo. Tropiezan con la voluntad de Dios para sus vidas, pero luego deciden que pueden llevar a cabo Su voluntad por sus propios talentos o fuerzas naturales. Ellos piensan que tienen el plan de Dios todo resuelto, y no toman tiempo para descubrir cómo es que Él quiere lograr Su voluntad a través de ellos.

A menudo, la gente no toma tiempo para prepararse para que la voluntad de Dios se cumpla. Se mueven por la necesidad que está a su alrededor, y se sienten presionados a apurarse para hacer que el plan de Dios suceda. No puedes acelerar las cosas de Dios, pero ciertamente puedes retrasarlas. Moisés encontró esto de la manera más difícil y terminó retrasando el plan de Dios por treinta años.

Los cristianos que han sido llamados al ministerio piensan que no tienen tiempo para ir a la escuela bíblica o ser entrenados. Piensan que tienen que salir en ese momento y empezar a cumplir el llamado de Dios. Razonan que si no comienzan en sus ministerios, la gente puede sufrir mientras están ocupados preparándose. Pero lo que no piensan son las personas que sufrirán si entran en sus ministerios sin preparación.

A través de la Biblia, vemos ejemplos de Dios preparando a Su pueblo para el ministerio al que los llamó. Él nunca ungió a la gente y luego los envió al día siguiente a predicar. David esperó trece años desde el momento en que fue ungido para ser rey hasta que llegó a ser rey. Después que Samuel lo ungió, ¿qué hizo David? Volvió a los campos y cuidó las ovejas. (Mira 1 Samuel 16:13-19.)

Como ya hemos visto, Moisés tuvo que esperar diez años. Pablo tuvo que esperar catorce. Y luego estaba Abraham, que tuvo que esperar veinticinco años. A los 100 años, vio que la profecía de Dios de ser un “padre de muchas naciones” se cumplió. Dios hizo que todos estos hombres esperaran para prepararlos. Quería estar seguro de que tendrían éxito en lo que Él los llamó a hacer.

Un peligro que vemos hoy en el cuerpo de Cristo está introduciendo a los nuevos cristianos en el centro de atención del ministerio antes de que estén listos. Esto se ha vuelto especialmente popular entre las celebridades recién convertidas, como atletas o estrellas de cine. Los ponemos en posiciones de liderazgo antes de que estén listos, pensando que su estatus de celebridad atraerá a otros a Jesús. Primera Timoteo 3: 6 nos advierte acerca de esto mismo. Pero muchos ignoran la advertencia de Dios, y la gente termina siendo herida por eso.

Dios siempre te llama a hacer algo totalmente más allá de tu propia habilidad, porque Él quiere que dependas de Él. Es importante que esperes y hagas las cosas a Su manera y en Su tiempo, no sólo para ti, sino también para aquellos a los que Dios te ha llamado a alcanzar. No puedes simplemente salir corriendo e intentar sobrevivir sin la constante instrucción de Él.

Jesús habló de esto en Juan 15: 5, que dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer“.

Solamente cuando permanecemos conectados con el Señor a través de la Palabra y la oración-buscando Su dirección- traemos mucho fruto. Si no lo hacemos, no lograremos nada. ¡No vas a conseguir nada más claro que eso! La clave es permanecer en Él; mantenerte en comunión con Él, y no salir por nuestra cuenta tan pronto como creamos que sabemos lo que Él quiere que hagamos.

Algunos de ustedes pueden pensar que han estropeado Sus planes para sus vidas tan mal que no hay manera de recuperarse. Pero Dios puede cambiar cualquier cosa. Si te humillas  y pides Su liderazgo, Él te llevará de vuelta al camino. Moisés salió de la voluntad de Dios, pero Dios todavía lo usó de una manera poderosa. Si le preguntas, Él te mostrará qué hacer.

No hay fórmulas con Dios. Él quiere llevarteo con una relación personal y viva. Necesitas Su dirección diaria para evitar errores y permanecer en el camino que Él tiene para ti. Arrepiéntete de hacer las cosas en tu propia fuerza. Luego pregúntale por Su tiempo y plan perfecto.

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Andrew Wommack – Cómo encontrar la voluntad de Dios

Encontré una serie de enseñanzas de Andrew Wommack que son realmente tan buenas que las voy a ir traduciendo y colocándolas en el blog.

Voy a empezar con una serie de tres artículos acerca de conocer la voluntad de Dios para tu vida. En esta primera clase veremos: “Cómo encontrar la voluntad de Dios

 

andrew wommack - como encontrar la voluntad de Dios

Cómo encontrar la voluntad de Dios

Por Andrew Wommack

Recientemente uno de mis empleados me habló de un hombre que conoció en un negocio cerca de nuestra oficina. Cuando el hombre descubrió que este empleado trabajaba para mí, dijo que hace unos treinta años, había dado una de mis cintas a su sobrina que estaba viviendo un estilo de vida muy impío. Después de escuchar la cinta, volvió su vida al Señor y finalmente se convirtió en una misionera, totalmente dedicado a la voluntad de Dios para su vida.

¡Alabado sea Dios por este testimonio! Pero ¿qué pasaría si no hubiera estado caminando en la voluntad de Dios y predicado el Evangelio? Una posibilidad es que su vida nunca hubiera cambiado. Por supuesto, Dios podría haber usado a alguien más para llegar a ella, pero ¿quién sabe cuánto tiempo habría tardado o cuán lejos de Dios se habría extraviado mientras tanto? Esta historia ilustra cuán importante es para cada uno de nosotros hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer.

¿Estás cumpliendo con tu llamado? ¿Sabes lo que Dios ha ordenado para tu vida? Si no, ciertamente no estás solo.

Recientemente ministré en un Seminario de la Verdad del Evangelio en Orlando, Florida, sobre el tema de encontrar la voluntad de Dios. Dos terceras partes de la audiencia se levantaron cuando les pedí que se levantaran quienes no sabían si estaban caminando en la voluntad de Dios. No tener certeza del plan de Dios para nuestras vidas es común entre los cristianos. Pero no debe ser (Efesios 5:17). ¿Cómo podemos esperar construir el reino de Dios si no conocemos nuestra parte?

El lugar para comenzar es darse cuenta de que el Señor tiene un plan específico y único para ti. Él tenía este plan en mente antes de que nacieras.

El Salmo 139:15-16 dice: “Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación” (Nueva Versión Internacional).

Dios tenía todos tus días escritos antes de que nacieras. Tú no eres un error que en algún lugar iba ha suceder. No has sido puesto en esta tierra por casualidad. Donde y cuando naciste, los padres que Dios te dio, tu personalidad y todo lo demás sobre ti fue orquestado por Dios con un propósito específico.

Sin embargo, no puedes asumir que la voluntad de Dios automáticamente va a pasar en tu vida. No lo hará. La voluntad de Dios no siempre sucede. Tome la salvación, por ejemplo.

Segunda Pedro 3:9 nos dice: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento“.

Está claro en esta escritura que Dios quiere que todos lleguen al arrepentimiento y sean salvos, pero sabemos que no todos lo hacen. Dios también quiere que todo el mundo sea sanado, pero la gente todavía vive con la enfermedad en sus cuerpos. Del mismo modo, Dios quiere que todos encuentren y anden en el propósito que El ha ordenado para ellos, pero no todos lo harán. Pero eso no es culpa de Dios.

Una vez que te das cuenta de que eres el responsable de descubrir la voluntad de Dios, el siguiente paso es comenzar a buscar a Dios por ello. Él no está escondiendo Su voluntad de ti. Pero vas a tener que hacer algo buscando encontrarlo.

Jeremías 29: 12-13 nos dice cómo necesitamos buscar a Dios: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”

Observe el énfasis en buscar con todo su corazón. Mientras puedas vivir sin conocer la voluntad de Dios para tu vida, lo harás. Pero cuando buscan con todo su corazón, la encontrarán (Mateo 7: 7).

Cuando era estudiante de último año en la escuela secundaria, me enfrenté con el tener que saber cuál era la voluntad de Dios para mi vida. No lo había pensado mucho antes, porque durante doce años yo sólo era un estudiante. Pero en ese momento, necesitaba saber si debía ir a la universidad o qué camino quería Dios que tomara.

Le pregunté a la gente de mi iglesia cómo encontrar la voluntad de Dios. Nadie podía decirme qué hacer. Así que decidí empezar a leer la Biblia. Pensé que la Palabra de Dios podría darme el conocimiento que necesitaba, así que me quedé hasta las dos y tres cada noche, leyendo. Aunque terminé leyendo la Biblia dos o tres veces durante mi último año, todavía no tenía ninguna dirección específica del Señor. Pero de repente, un pasaje de la Escritura, Romanos 12:1-2, vino vivo a mí: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Durante los siguientes cuatro meses medité en esas escrituras. Fue poco después de eso cuando tuve el encuentro con Dios que cambió mi vida. Como resultado de ese encuentro, comencé a ver que Dios me había llamado para ser un ministro a tiempo completo. No creo que haya sido un accidente que Dios apareciera de manera tan milagrosa en mi vida en ese momento. Fue porque lo había buscado diligentemente, deseando conocer el camino que tenía para mí.

Un error que la gente suele hacer en la búsqueda del propósito de Dios es que ellos asumen que en lo que son buenos en lo natural debe ser lo que Dios quiere que ellos hagan. Así que si son naturalmente buenos en hablar en público, creen que Dios debe haberlos llamado a un ministerio de algún tipo en que se hable. No creo que esto sea siempre cierto. En realidad no fue cierto en mi caso. Tenía miedo de hablar frente a la gente.

Dios me llamó para hacer lo que estaba más allá de mi habilidad natural para que yo tuviera que confiar en Él para lograrlo. Por eso la voluntad de Dios no tiene nada que ver con tus dones naturales. Si puedes hacer algo por tu cuenta, naturalmente, no necesitarás el empoderamiento de Dios. A veces los talentos de las personas pueden ser una indicación de lo que es la voluntad de Dios, pero muchos tienen dones y talentos que ni siquiera saben que existen.

Pablo dijo que Dios lo había separado del vientre de su madre y lo llamó por Su gracia (Gálatas 1:15). Dios se propuso que Pablo fuese ministro del Evangelio antes de que naciera. No miró los talentos de Pablo una vez que creció y luego decidió que podría usarlo. Su vida había sido predestinada, igual que la tuya. Así que si solo miras lo que eres bueno para determinar tu propósito, te lo puedes perder totalmente.

Creo que la mayoría de las personas no están cumpliendo lo que Dios les ha llamado a hacer. Pueden estar haciendo buenas obras, pero eso no significa necesariamente que están caminando en el propósito de Dios para sus vidas. No todo lo que es bueno es Dios.

Créanme, vale la pena encontrar la perfecta voluntad de Dios. La paz sobrenatural y la alegría vienen cuando estás en el centro de Su voluntad. Y la bendición y la unción de Dios siempre estarán en tu trabajo cuando estás haciendo lo que Él te ha llamado a hacer.

¿Te sientes insatisfecho o inquieto con tu vida? ¿Estás cansado de ir al trabajo, volver a casa, ver la televisión, ir a la cama, luego levantarte y hacerlo de nuevo? Si es así, puede ser Dios quien ha colocado una santa insatisfacción dentro de ti con la esperanza de provocarte a comenzar a buscar Su perfecta voluntad. No esperes otro día para comenzar la búsqueda de la voluntad de Dios en tu vida.

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Gracia y Fe, Dios y el Hombre Trabajando Juntos

Romanos 4:13-16
13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.
14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.
15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.
16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.

Es sorprendente como la gente separa la fe y la gracia como si fueran dos grandes enemigos.

La fe y la gracia no están divorciadas, es por fe para que sea por gracia.

Cuando hablamos de la salvación vemos como trabajan juntas.

Efesios 2:8-9
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Vemos aquí que la salvación es un regalo de Dios. Ese regalo viene de la gracia de Dios y lo recibimos por medio de la fe.

La gracia es el amor de Dios sin límites hacia nosotros, es Su favor inmerecido.

La salvación viene de parte de Dios por la obra terminada de Jesucristo.

La fe viene por el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17).

Entonces vemos que la gracia y la fe van de la mano para recibir la salvación que viene de Dios.

Romanos 5:1-2
5 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;
2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

La fe en Jesucristo es la que nos da entrada a la gracia que ya fue provista para nosotros.

En el gran e inmenso amor de Dios por nosotros, que es Su gracia, Dios ya nos dio todas las cosas las cuales las recibimos por la fe.

La parte de Dios es la gracia, pero nuestra parte es creerle, tal como hizo Abraham, le creyó a Dios y le fue contado por justicia.

Y nuevamente en Romanos 4:16: “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.”

Creámosle a Dios y disfrutemos de las ricas bendiciones que Él por Su Gracia.

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26 Días de Fe – Día 24

En esta lección hablaremos de la duda, una de las mayores armas que usa el diablo para robarnos las bendiciones que Dios nos dio. 

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Lección 24 – La Duda, Ladrón De Las Más Grandes Bendiciones De Dios

Textos Bíblicos: Marcos 14:22-31; Mateo 17:14-20; Marcos 4:35-40.

Verdad Central: La duda le robará al creyente lo mejor de Dios para su vida.

En la lección de hoy vamos a concentrarnos en algunos ejemplos de duda, los cuales encontramos en historias bíblicas conocidas.

Fe Para Caminar Sobre las Aguas

Mateo 14:22-31: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”.

En esta historia Jesús envió a sus discípulos al otro lado del mar mientras él iba solo a un monte a orar. A la cuarta vigilia de la noche (entre cuatro y seis de la mañana siguiente) los discípulos vieron a Jesús caminando hacia ellos sobre las aguas. Pensando que estaban viendo un fantasma, gritaron con miedo. Entonces Jesús les dijo: “Yo soy, no temáis“. El impetuoso Pedro gritó: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas“. Jesús le contestó con una palabra: “ven“.

Pedro comenzó con fe y mientras mantuvo sus ojos puestos en Jesús, le fue bien. Pero cuando quitó sus ojos de Jesús y miró a las circunstancias que le rodeaban; el viento batiendo el mar a su alrededor, le dio miedo y empezó a hundirse. “¡Señor, sálvame!”, le dijo a Jesús.

Jesús tomó la mano de Pedro y lo llevó a salvo de regreso a la barca, reprendiéndole con las palabras: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?“.

La fe es actuar sobre la Palabra de Dios. Mientras Pedro actuó sobre la Palabra que Jesús le había dicho, todo le fue bien. Pero cuando empezó a dudar porque tuvo miedo, dejó de actuar en las palabras de Jesús, comenzó a hundirse. Jesús no tenía la intención de que Pedro se hundiera. Él tenía la intención de que Pedro caminara de regreso a la barca con Él. La duda le robó a Pedro su bendición.

La duda y el temor van de mano a mano, pero la fe y el amor también van de mano a mano. “…El perfecto amor echa fuera el temor…” (1 Juan 4:18).

Fe Para Echar Fuera Demonios

Mateo 17:14-20: “Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo os he de soportar? ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús le dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará, y nada os será imposible”.

En el pasaje anterior de la escritura, ¿cuál fue la explicación de Jesús para el fracaso de los discípulos en sanar al muchacho poseído por un demonio? Fue por su duda o incredulidad (ver.20). ¿Pero tenían los discípulos en realidad el poder para echar fuera el demonio? Sí, de acuerdo con Mateo 10:1: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia“.

Qué a menudo escuchamos a cristianos decir que necesitan más poder para hacer más para Dios. Sin embargo, ese no es el problema. Si ellos tienen el Espíritu Santo, tienen el poder. Ellos piensan que si tuvieran más poder, obraría resultados automáticamente; pero obra por la fe. ¡El problema es la falta de fe, no la falta de poder!

La duda es la que está robándoles lo mejor de Dios. Jesús no les dijo a estos discípulos que no podían echar fuera al diablo porque no tenían el poder. Dijo que era por su incredulidad.

¿Cuánta fe se necesita para echar fuera demonios? Jesús dijo en el pasaje anterior que una fe no más grande que un grano de mostaza podía mover una montaña entera. Todo creyente lleno del Espíritu tiene dentro de él suficiente poder para reclamar lo mejor de Dios para su vida. Si él está viviendo debajo de sus privilegios, no es por falta de poder, sino por falta de dejar que este poder se suelte a través de la fe.

Fe Para Aplacar Una Tormenta

Marcos 4:35-40: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”.

Por la noche después de un día completo de predicar a multitudes que lo apretaban, Jesús le dijo a sus discípulos reunidos a su alrededor en una barca: “Pasemos al otro lado“. Como estaba tan cansado, fue a la popa de la barca donde pronto se durmió. Estaba tan dormido que no se percató de la tormenta que se levantaba. A pesar de que las olas golpeaban la pequeña embarcación, Jesús continuó durmiendo en completa paz. Sin embargo, Sus discípulos no estaban en paz. Mientras el rugiente viento aumentaba y la barca se llenaba de agua, los discípulos despertaron a Jesús diciéndole: “¿No tienes cuidado de que nuestra barca se hunde y moriremos?“. Ellos habían olvidado las palabras de Jesús cuando empezaron el viaje: “Pasemos al otro lado“.

Jesús se levantó, reprendió al viento y aplacó la tormenta hasta que el mar estuvo de nuevo en calma. Entonces se volvió a Sus discípulos y los reprendió, “¿Por qué dudasteis de mí? ¿Por qué estáis llenos de temor? ¿Dónde está vuestra fe? ¿No os dije al comienzo de este viaje que cruzaríamos a la otra orilla? ¿Por qué no me creísteis?”

Los discípulos permitieron que la duda y el temor entraran a sus corazones, llevándose la fe en la promesa de Jesús de que llegarían a salvo al otro lado. Una vez más el ladrón llamado duda había triunfado.

Notemos las similitudes de estas tres ilustraciones bíblicas. En cada una Jesús reprendió a los discípulos por su incredulidad. (Mateo 14:31; Mateo 17:20; Marcos 4:40), y en cada ocasión Jesús resolvió el problema que los discípulos, a través de su falta de fe, habían fallado en resolver.

En cada ocasión el ladrón de la duda privó a los discípulos de recibir lo mejor que Dios tenía para ellos. Lo más alto y lo mejor de Él para sus vidas era que ellos lo recibieran por la fe.

Si nosotros, al igual, utilizamos el poder que está en nosotros y actuamos en la Palabra de Dios, obtendremos las más grandes bendiciones que Dios ha planeado para nuestras vidas.

Texto Para Memorizar:Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 24 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 19

En esta clase veremos la importancia de entender que el Espíritu Santo vive en nosotros para tener una fe fuerte.

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Lección 19 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 4)

Textos Bíblicos: 1 Corintios 6:19-20; 2 Corintios 6:16; Hechos 8:14-15; 9:17; 19:1-2

Verdad Central: Dios mismo, en la persona del Espíritu Santo, habita en el creyente.

Muy a menudo, aquellos que han sido llenos del Espíritu Santo piensan de ellos mismos como que acaban de recibir una bendición maravillosa o algún tipo de experiencia espiritual rica. Y dejan pasar la enseñanza de la Palabra por completo. 1 Juan 4:4 dice: “Mayor es El que está en vosotros que el que está en el mundo“.

La plenitud del Espíritu Santo significa que Él; el Espíritu Santo, viene a morar en nosotros. Jesús dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, PARA QUE ESTE CON VOSOTROS PARA SIEMPRE” (Juan 14:16).

Por lo tanto, el séptimo; y extremadamente vital, paso en nuestra búsqueda de la clase más elevada de fe, es darnos cuenta de que nuestro cuerpo es el templo de Dios. ¡Dios mismo, en la persona del Espíritu Santo habita en nosotros!

Paso 7 – La Realidad del Espíritu Morador

En los tiempos del Antiguo Testamento, el lugar donde Dios moraba en la tierra era el tabernáculo o el templo. Pero después que Cristo murió en la cruz, se levantó otra vez y regresó al cielo, enviando al Espíritu Santo sobre los creyentes en el día de Pentecostés; Él no habita más en el Lugar Santísimo hecho por hombres. Nuestros cuerpos se han vuelto Su templo.

1 Corintios 6:19-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestros espíritus, los cuales son de Dios”.

2 Corintios 6:16: “…Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo, habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

En toda crisis de nuestra vida debemos instintivamente decir: “Soy más que vencedor. Soy más que victorioso, porque el Creador habita en mí. El más grande vive en mí. Él puede hacerme triunfar. Él me puede hacer un éxito. No puedo fracasar“. Esto no es jactancia en uno mismo. Es jactarse en El que está en ti. Sin embargo, muy frecuentemente los creyentes llenos del Espíritu Santo tiemblan ante las pruebas de la vida, y sin haber necesidad le permiten al diablo que los derrote.

Andan de un lado a otro llorando en los hombros de otro, orando oraciones débiles y sin poder, preguntándose por qué no les llega la victoria. Sin embargo la ayuda estaba presente todo el tiempo; porque el Espíritu Santo está dentro de ellos listo para ayudarles.

El Revestimiento de Poder en la Iglesia Primitiva

En la iglesia del Nuevo Testamento era una excepción y no una regla que hubiera algún creyente que no hubiera recibido la plenitud del Espíritu Santo con la señal sobrenatural de hablar en otras lenguas. Los apóstoles reconocieron la necesidad del Espíritu de Dios morando en el interior, y enfatizaron esto en sus enseñanzas a los nuevos convertidos.

Hechos 8:14-15 dice: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo”.

Hechos 9:17 dice: “Fue entonces Ananías y entró en la case y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la viste y seas lleno del Espíritu Santo”.

Hechos 19:1-2 dice: “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hablando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”.

Ciertamente la iglesia de hoy no tiene menor necesidad de este revestimiento de poder.

El apóstol Pablo dijo: “No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16). La Versión Amplificada de este versículo dice: “¿No disciernen y entienden que ustedes (toda la iglesia en Corinto) son templo de Dios (Su Santuario), y que el Espíritu de Dios tiene habitación permanente en ustedes, para estar en Su hogar en ustedes (colectivamente como una iglesia, y también individualmente)?”. Somos el templo de Dios. Dios habita en nosotros, no sólo como un cuerpo, sino como individuos.

Observa la expresión: “estar en Su hogar en ti“. Dios está realmente haciendo Su hogar en nuestros cuerpos. Ya no habita más en un lugar Santísimo hecho por hombre, como en los tiempos del Antiguo Testamento. Entonces era requerido que cada varón se presentara, por lo menos una vez al año en Jerusalén ante Dios. Los varones tenían que viajar a Jerusalén, ya que la presencia de Dios estaba solamente en el Lugar Santísimo. Nadie se atrevía a acercarse a la presencia Santa excepto el Sumo Sacerdote, y él solamente con gran precaución. Cualquier otro que se metiera al Lugar Santo caía muerto instantáneamente.

Pero ahora todo esto ha pasado y podemos “acercamos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Poco antes de que Jesús muriera dijo: “Consumado es“. Él no se estaba refiriendo al plan de redención, porque aún no estaba terminado cuando El murió. Él tuvo que levantarse de los muertos y ascender al Lugar Santísimo en los Cielos con su propia sangre como sacrificio para obtener nuestra redención. Después tuvo que ascender hasta lo Alto para sentarse a la diestra del Padre y empezar Su intermediaria intercesión, para ser el mediador entre Dios y los hombres. Hasta entonces el Nuevo Pacto no había entrado en vigor. Cuando Jesús dijo en la cruz, “Consumado es“, se estaba refiriendo a la terminación del Antiguo Pacto.

Cuando esto sucedió, el velo o cortina que separaba al Lugar Santísimo fue rasgado en dos desde arriba abajo.

Los historiadores judíos nos dicen que esta cortina tenía 40 pies de anchura, 20 pies de altura y 4 pulgadas de grosor. ¡Imagínate que difícil sería para un hombre rasgar en dos algo de estas dimensiones! Pero nota que las escrituras no dicen que la cortina fue rasgada de abajo para arriba. Sino “…el velo del templo se rasgó en dos, DE ARRIBA ABAJO...” (Mateo 27:51). Esto significó que fue Dios y no el hombre quien rasgó la cortina, la barrera que separaba al hombre de Dios.

La presencia de Dios se fue del Lugar Santísimo hecho por hombre y nunca más habitó allí. Ahora Su presencia divina habita en nosotros.

El ser lleno del Espíritu Santo es mucho más que solamente una experiencia estremecedora. ¡El Espíritu Santo, la divina personalidad, realmente viene a vivir en ti! “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo, HABITARE Y ANDARE ENTRE ELLOS, y seré su Dios. Y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16). Pero ¿cuántos de nosotros nos damos cuenta completa de esta maravillosa verdad? ¿Cuántos de nosotros reconocemos el hecho de que en nosotros, listo para nuestro uso, está todo el poder que necesitaremos para triunfar en la vida?

Si comenzamos a creer lo que la Biblia dice, a confesar lo que la Palabra de Dios dice, entonces el Espíritu Santo se levantará dentro de nosotros y dará iluminación a nuestras mentes. El dará dirección a nuestros espíritus, salud a nuestros cuerpos y ayuda en cada aspecto de la vida. Podemos estar conscientes de Su presencia moradora a cada momento.

Veamos otra vez la traducción Amplificada de 1 Corintios 3:16, “…El Espíritu de Dios tiene su residencia permanente en ti, para estar en Su hogar en ti“.

Muy pocos de nosotros estamos conscientes de que Dios vive en nuestros cuerpos, porque no podemos estar conscientes de que Él vive en nosotros y ¡todavía hablar como lo hacemos! Por ejemplo, cuando se nos pide hacer alguna cosa difícil, que prontos somos para decir: “No, no puedo hacer eso“. ¿Por qué hacemos esto? Es porque estamos confiando en nosotros mismos para hacerlo y sabemos que no tenemos la habilidad. Pero si sabemos que Él está en nosotros, sabemos que Él tiene la habilidad. Entonces cambiamos el “no puedo” por “yo puedo“, porque estamos confiando en Él. Decimos “yo puedo, porque Él está en mí. “Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo“. No importa qué imposibilidades estemos afrontando, podemos decir: “Él me hará ser un éxito, porque mora en mí“.

Esta clase de creencia, esta manera de hablar es hablar con fe, y lo pondrá a Él a obrar a tu favor.

Algunos tienen un concepto erróneo del papel del Espíritu Santo en su vida. Piensan que El entrará, tomará posesión y se ocupará de todo. Esperan que se convierta en algo así como un gran jefe, sin que ellos tengan que hacer nada. Sin embargo, el Espíritu Santo es un caballero. Él nos guiará y nos dirigirá, pero nunca nos obligará o controlará nuestra vida. Los demonios y los espíritus malignos controlarán a aquellos en quienes entren, forzándolos a hacer cosas que ellos no quieren hacer. Pero el Espíritu Santo gentilmente nos dirige y nos guía. Él no hará nada hasta que nosotros lo pongamos a trabajar para nosotros, porque ha sido enviado para ser nuestro ayudador. Él no es enviado para hacer el trabajo, pero para ayudarnos a hacerlo: “…Porque Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré, de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6).

La Versión Amplificada de Efesios 3:16-17 dice: “Que él te dé de los ricos tesoros de Su gloria, que seas esforzado y reforzado con superpoder en el hombre interior por el Espíritu Mismo morando en lo más profundo de tu ser y personalidad. Pueda Cristo a través de tu fe realmente morar, establecerse, habitar y hacer hogar en vuestros corazones. Puedas tú ser enraizado profundamente en el amor, y cimentado muy seguro sobre el amor“. En este pasaje de escritura Pablo estaba escribiéndoles a aquellos que ya habían nacido de nuevo y eran llenos del Espíritu Santo. ¿Cómo habita Dios en nuestros corazones? A través de nuestra fe. Cristo quiere morar en nuestros corazones, reinar como Rey en el trono de nuestros corazones. Pero muy pocos le hemos permitido que lo haga.

La gente espera que Dios haga algo independientemente de ellos, cantan “Pasa por aquí, Señor, pasa por aquí” (Pensamos que si tan solo pudiéramos hacerlo pasar por aquí, quizás haría algo por nosotros). Luego cantamos, “alarga tus brazos y toca al Señor cuando pase“. Pero esto es todo un conocimiento de los sentidos. Está todo fuera, es todo físico. Alguien puede discutir: “Pero en la Biblia, la mujer con el flujo de sangre, ¿no alargó ella los brazos y tocó al Señor?” Sí, pero eso fue cuando Él estaba aquí en la tierra con forma física. Ahora Él no está con nosotros, está en nosotros. No tenemos que alargar nuestros brazos y tocarlo, Él está siempre en nosotros. Pero esto no te servirá de nada a menos que lo sepas y lo creas, porque el Espíritu Santo no se levantará y tomará control. Cuando sabemos que Él está ahí dentro y actuamos sobre la Palabra de Dios inteligentemente, entonces El obrará a través de ti.

Podemos decir: “Mayor es El que está en mí que el que está en el mundo. El más grande está en mí. Estoy dependiendo en Él. Me hará triunfar, me hará tener éxito, porque Él está en mí. El Maestro de la creación está haciendo Su hogar en mi cuerpo“.

Texto Para Memorizar: “…Mayor es El que está en mí que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

Tomado y editado del Capítulo 19 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 18

Una de las verdades más importantes de la Biblia es que hemos sido justificados; es decir, Dios nos declaró inocentes y nos hizo justos por la obra de Jesucristo en la cruz. 

En esta clase veremos que si queremos tener la clase más elevada de fe debemos entender nuestra justicia en Cristo

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Lección 18 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 3)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 6:14-16; Romanos 3:23-26; Salmos 32:1-2.

Verdad Central: Podemos acercarnos a Dios con completa seguridad porque hemos sido hechos la justicia de Dios en Cristo Jesús.

Esta lección nos trae al paso 6 en nuestro estudio de la clase más elevada de fe. En ella queremos ayudarte a ganar una nueva comprensión dentro del significado de las palabras “justo” y “justicia“, tal y como se muestra en las Escrituras.

Paso 6 – La Realidad De Nuestra Justicia En Cristo

En 2 Corintios 6:14-16 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

Leyendo la escritura anterior, mucha gente ve en ella solamente la enseñanza de la separación del mundo. Y ellos inmediatamente practican la segregación pensando que eso es lo que la separación quiere decir. Piensan que no pueden tener nada que ver con el mundo o con nadie del mundo. Hasta se segregan de otros cristianos si no están completamente de acuerdo con ellos. Sin embargo, Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Para poder ser la sal y la luz del mundo, debemos permanecer en el mundo, haciendo nuestro trabajo para el Señor.

Quiero que notes algo más en esta escritura, igualmente importante: los creyentes son llamados “creyentes” y los incrédulos son llamados “incrédulos“. El creyente es llamado “justicia” y el incrédulo es referido como a “injusticia“. El creyente es llamado “luz” y el incrédulo “tinieblas“. Para muchos, la idea de llamarse a sí mismos “justicia” suena egoísta. Aún así estas mismas personas no objetan a llamarse a sí mismas “creyentes” o “luz“. Esta escritura usa los tres términos para referirse a los creyentes. En el versículo 15 vemos a la iglesia, a los creyentes, referidos como a Cristo, porque Él es la Cabeza y nosotros somos el cuerpo. Y por supuesto, la cabeza no va a ser llamada por un nombre, y el cuerpo por otro. La iglesia es Cristo, y nosotros somos el cuerpo de Cristo.

Romanos 3:23-26 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué nos está enseñando Dios a través de esta escritura? Que Dios a través de Jesús declaró Su justicia. Que Dios mismo es justo, y que Dios es mi justicia. Él es “el que justifica“, o la justicia del que es de la fe de Jesús.

Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La mayoría de la gente ha pensado que justicia es algo que uno logra viviendo correctamente. La justicia, sí quiere decir rectitud, o recto, pero esta escritura dice que es un don, no algo que podamos ganar haciendo buenas obras y viviendo limpiamente. Un don es algo que nosotros recibimos instantáneamente; un estado de desarrollo espiritual es el fruto. Si la justicia fuera un fruto, la escritura leería: “Y del fruto de la justicia“. Sin embargo, dice: “Y del don de la justicia“.

Cada uno de los amados hijos de Dios tiene la misma justicia y el mismo derecho para con Dios. El no ama a uno más que a otro. El no escuchará las oraciones de uno más que las de otro. Cuando esta verdad te haya penetrado completamente, ¡Tus oraciones obrarán resultado! ¡Tus oraciones serán contestadas!

Mucha gente lucha en el terreno de la autocondenación, dejando que el enemigo les robe la herencia que es de ellos en Cristo Jesús. Creen que sus oraciones no obrarán resultado y que Dios no los escuchará. Piensan que si pudieran encontrar a un hombre justo para orar por ellos, las oraciones de él sí que obrarían resultados.

Qué triste es que ellos no hayan visto la verdad en las escrituras que acabamos de leer. Dios es nuestra justicia. Él se convirtió en nuestra justicia cuando nos impartió su naturaleza, su vida eterna, cuando nacimos de nuevo. Él se volvió nuestra justicia en el momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y lo confesamos como Señor.

Yo descubrí las verdades de estas escrituras por primera vez siendo un joven cristiano, cuando por 16 meses pasé acostado en cama sin poder moverme de ella por mí mismo. No las entendí entonces. Al principio eran como un rayito de luz en una esquina obscura. Estaba sosteniendo las mismas luchas que muchos de ustedes sostienen para salir de algún problema en su vida o para obtener salud.

Leyendo mi Biblia me encontró un día con la escritura en Santiago 5:14-15, “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados le serán perdonados“. Pero mientras leía, cualquier fe que momentáneamente flameara, era extinguida rápidamente por el pensamiento de que yo sabía que mi iglesia no creía en sanidad o en la unción con aceite. Yo no tenía a nadie a quien llamar para oración, como decía esta escritura.

Entonces el Señor me habló y me dijo, “Es la oración de fe la que sana a los enfermos. Tú puedes hacer esa oración tú mismo como cualquier otro podría hacerlo“.

Yo era simplemente un bebé en Cristo. Sólo tenía 16 años de edad, y hacía pocos meses que había sido salvo, ¡aún así el Señor me dijo que yo podía hacer esa oración de fe! Inmediatamente mi pensar erróneo me derrotó. Pensé: “Sí, podría; si fuera justo” (Yo me daba cuenta de todos mis errores y sabía que no era justo, por lo menos según mi entendimiento de la Palabra). Leyendo más adelante en el libro de Santiago, leí donde Elías es puesto como ejemplo de un hombre justo orando: “Elías era un hombre sujeto a pasiones como nosotros, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Santiago 5:17).

Al estudiar acerca de Elías, determiné que él no era mi idea de hombre justo. Cuando la mano del Señor estaba sobre él, podía correr más rápidamente que el carro del rey. Pero cuando se dio cuenta que la reina Jezabel lo quería matar, corrió y se escondió debajo de un árbol de enebro y le rogó al Señor que lo dejara morirse. Entonces gimió al Señor: “Todos han apostatado, menos yo. Yo soy el único que te está sirviendo, Señor“. Semejante inconsistencia no podía ser la marca de un hombre justo, yo pensé, “¿Cómo pudo Santiago haberlo puesto como ejemplo de un hombre justo orando? ¡Él no era más justo que yo!

Entonces recordé que Santiago dijo que Elías era un “hombre sujeto a pasiones como nosotros“. Y no solamente estaba sujeto a estas pasiones, sino que también se rindió a ellas. Aunque permitió que el desánimo dominara sus acciones, fue llamado un hombre justo.

Un Mejor Pacto

Salmos 32:1-2 dice: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.

Bajo el antiguo pacto, la sangre de animales inocentes cubría el pecado. Dios no le atribuyó iniquidad a la gente aunque habían hecho maldad. Él lo encubrió y lo perdonó y les imputó justicia. Ante El ellos eran justos. “Y veré la sangre, y pasaré de vosotros…” (Éxodo 12:13). Si Dios hizo esto por sus hijos bajo el pacto de le Ley, ¿cuánto más hará lo el por nosotros? Bajo la gracia tenemos un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. La sangre de Jesucristo no solamente cubre nuestros pecados, sino que nos limpia “de toda maldad“. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5).

Cuando leí esta escritura vi que cuando nací de nuevo todos mis pecados fueron perdonados y mi vida pasada dejó de ser. Vi que me había convertido en nueva criatura en Cristo, y yo sabía que Él nunca hacía nuevas criaturas no justas.

Inmediatamente el diablo estaba ahí diciéndome: “Eso no puede ser verdad, pero, ¿y desde entonces? No hace mucho tiempo te enojaste mucho. Esa ciertamente no es la manera de actuar de un hombre justo“. Hizo que mirara a lo natural de nuevo en vez de a la Palabra de Dios.

Entonces leí 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (Esta escritura no fue escrita a pecadores, sino a creyentes). Esto significaba que yo me había convertido en la justicia de Dios en Cristo cuando nací de nuevo. Si había pecado desde entonces; y lo había hecho, sólo tenía que confesar mis pecados y Él me perdonaba y limpiaba de toda maldad (Si estoy limpio de maldad, entonces soy justo de nuevo).

Antes, cuando había leído Santiago 5:16: “La oración del justo puede mucho” había pensado que si algún día me pudiera volver justo, entonces sí tendría una vida de oración tremenda y vería respuestas prominentes a mis oraciones. Ahora yo veía que mis oraciones obrarían resultado, porque Dios me escucharía tan pronto como Él escucha a cualquier otro. En mi Biblia al lado de esta escritura en Santiago 5:16 escribí estas palabras: “Yo soy ese hombre justo“. Esto no es jactarme de nada que yo haya hecho, es jactarme de lo que soy en Cristo. Es alabar a Dios por lo que Él ha hecho posible para nosotros en Cristo.

Esto significa que podemos estar en la presencia de Dios sin ningún sentimiento de culpa, condenación o inferioridad. Esto quiere decir que el problema de la oración está resuelto. Ya no necesitamos ir ante su presencia con la lengua atada por la condenación o llenos de temor por la ignorancia. Podemos entrar en su presencia en completa seguridad porque hemos sido hechos justicia a través de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Texto Para Memorizar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21).

Tomado y editado del Capítulo 18 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 15

En esta lección veremos como es que hemos sido prosperados porque Cristo pago el precio para nuestra prosperidad.

26diasdefe15

Lección 15 – Fe Para Prosperidad

Textos Bíblicos: Gálatas 3:13-14,29; Deuteronomio 28:1-8,11-12.

Verdad Central: Como creyentes nacidos de nuevo, somos redimidos de la maldición de la Ley y somos herederos de las bendiciones de Abraham y de las promesas de prosperidad de Dios.

Durante muchos años no podía entender que la voluntad de Dios es que Sus hijos prosperen. Yo pensaba como muchos hacen que la pobreza era una característica de la humildad, y que para ser humilde uno debe ser pobre. Yo pensaba que un hombre justo no podía ser rico y que un hombre rico no podía ser justo. Pensaba que cualquier promesa en las escrituras sobre bendición financiera se refería solamente a los judíos. Desde entonces he aprendido, a través del estudio de la Palabra de Dios y su aplicación en mi propia vida, que Dios quiere que Sus hijos sean “prosperados en todas las cosas, y que tengan salud, así como prospera su alma” (3 Juan 2).

Pero“, alguien puede decir, “la Biblia dice que el dinero es la raíz de todos los males“. Sin embargo, la Biblia no dice eso. 1 Timoteo 6:10 dice: “Porque raíz de todos los males ES EL AMOR AL DINERO, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores“.

Una persona puede ser culpable de ese pecado y no tener ni diez centavos. He oído a la gente decir: “Bueno, creo que debo ser otro Job“. Alguna gente piensa que el pobre Job se pasó la vida agobiado por la pobreza, enfermo y afligido. Sin embargo, el libro entero de Job sucedió en un período de nueve meses, y el último capítulo dice que Dios quitó la aflicción de Job, y que “el Señor aumentó al doble las cosas que hablan sido de Job” (Job 42:10).

Cuando los ladrones entraron y robaron las cosas de Job, él estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando el fuego cayó y quemó sus rebaños, estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando vino la tormenta y azotó su casa y ésta cayó sobre sus hijos y los mató; cuando Job fue herido con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la cabeza, cuando su esposa se volvió a él y le dijo, “maldice a Dios y muérete,” Job estaba bajo la aflicción de Satanás. Pero Dios quitó la aflicción de Job.

Si tú piensas que eres otro Job, eso quiere decir que serás uno de los hombres más ricos de los alrededores. Tendrás el doble de lo que tenías antes, y serás sano y vivirás hasta ser viejo. Job vivió ciento cuarenta años después de los acontecimientos escritos en la Biblia. Si tú eres otro Job, vas a prosperar.

Redimido De La Maldición De La Ley

Gálatas 3:13-14,29 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu… Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

Las escrituras recién mencionadas nos dicen que Cristo nos ha redimido de la maldición de la Ley. ¿Qué, pues, es la maldición de la Ley? Para encontrar esta respuesta volvamos a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, referidos como el Pentateuco, o los libros de la Ley. Ahí aprenderemos que la maldición o castigo por quebrantar la Ley de Dios, es tripartita: la pobreza, la enfermedad, y la segunda muerte. Cristo nos ha redimido de la maldición de la pobreza. Él nos ha redimido de la maldición de la enfermedad. Él nos ha redimido de la maldición de la muerte de la muerte espiritual ahora y de la muerte física cuando Jesús venga de nuevo. No debemos tener miedo de la segunda muerte.

La Bendición De Abraham

Así como la maldición es tripartita, la bendición de Abraham también lo es. Primero, fue una bendición material, financiera. Segundo, fue una bendición física. Tercero, fue una bendición espiritual. La escritura del Nuevo Testamento, 3 Juan 2, está de acuerdo en que Dios quiere que tengamos prosperidad material, física y espiritual, porque dice: “Amado, deseo que seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma“. Muchísima gente tiene la impresión que todas las promesas de bendición material y de prosperidad en la Biblia, se refieren únicamente a los judíos. Sin embargo, este versículo fue escrito para cristianos neotestamentarios.

La palabra “judío” es un término corto o un sobrenombre para “Judá“. Los israelitas nunca fueron llamados judíos hasta después de la división de las tribus. Judá no tenía más promesas de bendición material y financiera que las que tenían las otras tribus de Israel. Ellos recibieron y heredaron la bendición a través de su padre Jacob. Jacob heredó la bendición a través de su padre Abraham. Así que no es la bendición o promesa de los judíos. No es la bendición de Israel. Es la bendición de Abraham. Y esa bendición es mía.

Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu…” (Gálatas 3:14). En este tercer capítulo de Gálatas, también leemos en el versículo 7: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham“. Al ser cristianos nacidos de nuevo: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

Después que estas escrituras se me hicieron claras y vi lo que me pertenecía como Hijo de Dios, a través de la fe en Él, otras escrituras empezaron a abrirse. Todo le pertenece a Dios y está a su disposición. “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados…porque mío es el mundo y su plenitud” (Salmos 50:10-12). “De Jehová es la tierra y su plenitud...” (Salmos 24:1). Dios creó todo, entonces hizo al hombre, Adán, y le dio dominio sobre todo. Dios lo hizo todo para su hombre Adán. Le dio a Adán dominio sobre los animales de los millares de collados, sobre la plata y el oro, sobre el mundo y su plenitud. En otras palabras, Adán era el dios de este mundo.

Pero Adán cometió alta traición y se lo entregó a Satanás. Así Satanás llegó a ser el dios de este mundo. Jesús, sin embargo, vino a redimirnos del poder de Satanás y de su dominio sobre nosotros. Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La versión amplificada de esta escritura se lee así: “Ellos reinarán como reyes en vida, por uno, Jesucristo“. Nosotros vamos a reinar como reyes en vida. Eso quiere decir que nosotros tenemos dominio sobre nuestras vidas. Vamos a dominar, no ser dominados. Las circunstancias no van a dominarte. Tú vas a dominar las circunstancias. La pobreza no va a gobernar y reinar sobre ti. Tú vas a gobernar y reinar sobre la pobreza. Las enfermedades no van a gobernar y reinar sobre ti. Tú debes gobernar y reinar sobre las enfermedades. Vamos a reinar como reyes en vida por Cristo Jesús, en quien tenemos nuestra redención.

Deuteronomio 28:1-8,11-12 dice: “Acontecerá que si oyeres, atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tu en la ciudad, y bendito tu en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaron contra ti; por un camino saldrán contra ti y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da… Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia”.

La primera parte de Deuteronomio 28 enumera todas las maneras en que el Señor bendeciría a su pueblo si ellos le obedecían. El prometió bendecir a sus hijos, sus tierras y sus animales. El prometió bendecirlos y protegerlos en las batalla. El prometió hacerlos “sobreabundar en bienes“, y bendecirlos en “todo aquello sobre lo que pusieren su mano”.

Esta bendición lo incluía todo, pero también era condicional. Ellos debían guardar todos los mandamientos de Dios. Debían ser gente santa, que no lo dejaran a Él para irse detrás de otros dioses, sino que lo sirvieran a Él con todo su corazón. El resto de este capítulo, versículos 15 a 68, da una lista de las maldiciones que caerían sobre su pueblo si no guardaban sus mandamientos.

Cuando me di cuenta por primera vez de esta verdad, y vi la prosperidad, material y espiritual que Dios ha planeado para su pueblo, y que todo creyente nacido de nuevo en Cristo es un heredero de esta promesa, casi no podía contener mi gozo. Me conmoví al darme cuenta que estaba redimido de la maldición de la Ley, de la maldición de la pobreza, y que la bendición de Abraham era mía. Nosotros como cristianos no tenemos que padecer retrasos financieros, no tenemos que estar cautivos de la pobreza o de la enfermedad Dios ha provisto sanidad y prosperidad para sus hijos si ellos obedecen sus mandamientos.

Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, Él dijo: “Si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, CUANTO MAS vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a quienes le pidan” (Mateo 7:11). ¿Cuántos de nosotros que somos padres queremos que nuestros hijos pasen por la vida hambrientos, enfermos o afligidos, nunca teniendo suficiente? Ningún padre quiere eso. De hecho, trabajamos y nos sacrificamos para tratar de que nuestros hijos alcancen una mejor educación que la que nosotros tuvimos para que reciban mayor remuneración.

Dios puso todos los animales aquí, todo el oro y la plata. ¿Es razonable el pensar que hizo todo esto solo para los que no creen en Dios? Ciertamente El ama al pecador, pero, ¿ama El más al pecador que a su propios hijos? No. Dios puso todas estas cosas aquí para Su pueblo. Él le dijo a Israel: “Si quisierais y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Isaías 1:19). Y si Dios quiere que sus hijos coman lo mejor, Él quiere que ellos usen la mejor ropa, Él quiere que ellos conduzcan los mejores autos, y Él quiere que ellos tengan lo mejor de todo.

Probado A Través De Experiencia Personal

Cuando esta verdad se volvió real en mi corazón, el Señor me habló y me dijo: “No ores más por dinero. Tú tienes autoridad a través de mi nombre para reclamar prosperidad. Yo ya he puesto oro, plata, y ganado sobre millares de collados para mi hombre Adán, y yo le di dominio sobre ellos. Después que él le entregó todo a Satanás, el segundo Adán, Jesucristo, vino a redimirte de la mano del enemigo y a liberarte de la maldición de la ley. Ahora en vez de orar que yo lo haga, ya que yo he hecho provisiones para tus necesidades, todo lo que tienes que hacer es decir, ‘Satanás, quita tus manos de mi dinero’. Solamente reclama lo que necesitas. Tú reinas en vida por Cristo Jesús”.

Durante este tiempo en mi vida yo era un evangelista. A la siguiente iglesia donde fui dije: “Señor, si consigo lo que necesito aquí, esto tendrá que funcionar. La última vez que estuve aquí recibí solamente $60.00 por semana. Voy a reclamar $150.00 para esta semana“. Entonces dije, “Satanás, quita tus manos de mi dinero, en el nombre del Señor Jesucristo“. Ves, nunca se cree por lo posible, se cree por lo imposible. Se suponía que yo iba a estar en esta iglesia solo por una semana, pero resultó que estuve diez días. Entonces reclamé $200.00 por esos diez días. El pastor no suplicó por dinero para nada, simplemente pasó los platillos de la ofrenda, y cuando la ofrenda fue contada yo recibí $240.00.

Después de eso cuando iba a iglesias a tener reuniones, el dinero venía fácilmente y muchas veces el pastor decía con sorpresa: “Esta es la ofrenda más grande que esta iglesia le ha dado a un evangelista“. Y no había pedido ningún favor. Yo tenía la llave que abre la puerta.

¡Gracias a Dios, no estamos bajo la maldición, porque Jesús nos ha liberado! “En vez de enfermedad, tengo salud; en vez de pobreza, riqueza; ya que Jesús ha pagado mi rescate“.

Texto Para Memorizar: “Amados, deseo sobre todas las cosas que seas prosperado y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

Tomado y editado del Capítulo 15 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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