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26 Días de Fe – Día 20

En esta enseñanza veremos los 6 enemigos de la fe.

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Lección 20 – Seis Enemigos De La Fe

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:17,21; Juan 16:23-24; Romanos 10:10; Marcos 11:23-24

Verdad Central: Cuando nosotros “peleamos la buena batalla de la fe“, podemos salir del angosto lugar del fracaso y entrar al infinito poder de Dios.

Nuestra lección hoy trata con “la buena batalla de la fe“, como menciona 1°Timoteo 6:12. Yo algunas veces he oído a algunos decir que van a pelear contra el diablo. Yo no sé por qué, porque en primer lugar no podrían. En segundo lugar, Jesús ya ha derrotado al diablo a nuestro favor. Jesús fue nuestro sustituto. También he oído a algunas personas decir que van a pelear contra el pecado. Yo no voy a pelear contra el pecado, voy a predicar la cura para el pecado. Jesús es la cura.

La única batalla que el creyente está llamado a pelear es la “buena batalla de la fe“. Y si hay una pelea, entonces debe haber enemigos o estorbos para la fe. Si no hubiera enemigos de la fe, no habría pelea. En esta lección trataremos con seis enemigos de la fe.

Enemigo No. 1 – Falta De Entender Lo Que Significa Ser una Nueva Criatura En Cristo

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La falta de entendimiento de lo que significa ser una nueva criatura obstaculiza nuestra vida de fe. Mucha gente no se da cuenta que ellos son realmente nuevas criaturas; piensan que cuando fueron salvos, Dios solamente los perdonó de sus pecados. Les sería de poco provecho si esto fuera todo lo que el pecador recibiera, porque es un hijo del diablo y todavía iría al infierno. Él tiene que nacer de nuevo. Él tiene que convertirse en una nueva criatura dejando todos sus viejos caminos pecaminosos. No, nosotros no sólo somos pecadores perdonados. No somos meros miembros de iglesia viviendo con las justas. No estamos viviendo al final de la cuadra en la calle “Luchando para llegar al Cielo“, contiguo al callejón “queja“. ¡Eso no es para nosotros! Somos nuevas criaturas, creadas por Dios en Cristo Jesús con la misma vida y naturaleza de Dios en nuestros espíritus. Somos los niños de Dios, hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús.

Enemigo No. 2 – Falta De Entender Nuestro Lugar En Cristo

Dondequiera que voy sugiero que los cristianos vayan a través del Nuevo Testamento, particularmente las epístolas, y escriban las frases “en Cristo“, “en quien“, y “en El“. El escribirlas ayudará a recordarlas. Hay aproximadamente 140 de estas expresiones en el Nuevo Testamento. Si lees y meditas en estas escrituras hasta que se vuelvan una parte de ti, la vida se te hará diferente. A medida que leas estos versículos, dite a ti mismo: “Esto es lo que soy. Esto es lo que tengo en Cristo Jesús“.

En una iglesia que yo visité había una mujer a quien el pastor describió como una de las trabajadoras cristianas más sobresalientes que había conocido. Ella se había graduado en un seminario de líderes con un grado en educación cristiana, y prestaba sus servicios a la iglesia gratuitamente. Durante nuestro avivamiento en ese lugar, yo urgí a la gente para que comenzaran a memorizar y a reclamar estos versículos. Después de un tiempo esta mujer se me acercó y me dijo que había estado confesando veinticinco de estas escrituras, y que se había convertido en una persona completamente diferente. Se dio cuenta de que ya no se preocupaba más. Ella me dijo que pensaba y actuaba de diferente manera. Se sentía diferente. Estaba sorprendida de ella misma. Yo le dije que estaba comenzando ahora a andar en la luz de lo que siempre había tenido: Ella, como muchos cristianos, no había llegado a comprender lo que Cristo era en su vida. Esto obstaculizaba su fe. El recibir ese entendimiento la curó de su hábito de la preocupación.

Enemigo No. 3 – Falta De Entender La Justicia

2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos la justicia de Dios en El”.

La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Por lo tanto por el nuevo nacimiento nos volvemos una nueva criatura justa.

Sabemos que Dios no hizo ninguna nueva criatura injusta. Somos creados por Dios en Cristo Jesús. Él hizo una nueva criatura justa. Somos hijos e hijas de Dios como si nunca hubiéramos pecado. Podemos estar en Su presencia sin conciencia de pecado, sin ningún sentimiento de culpa o vergüenza. No tenemos que estar paralizados por el temor. Podemos venir a la presencia de Dios porque ahí pertenecemos. Cuando nacimos de nuevo, nuestros pecados fueron perdonados porque nuestra vida pasada dejó de existir. Dios dijo que no recordaría nuestras transgresiones (Jeremías 31:34). Y si Él no las recuerda, ¿por qué debemos hacerlo nosotros?

Algunos pueden preguntar: “Pero yo he cometido pecados desde que me hice cristiano, ¿cómo puedo ser justo?” La respuesta a esta pregunta se encuentra en 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad“. Cuando el creyente que ha pecado confiesa su pecado y pide perdón, el Señor hace dos cosas: Primero, lo perdona. Segundo, lo limpia de toda maldad.

Cuando hemos pecado nos sentimos culpables y tenemos una sensación de injusticia. Nos sentimos indignos de venir a la presencia del Señor. Pero cuando confesamos nuestro pecado. El perdona y también limpia. Ganamos de nuevo nuestra posición correcta con Él.

La palabra “injusticia” es la palabra “justicia” con el prefijo “in” por delante, significando “no” o “no-justicia“. Si somos limpios de “no-justicia“, entonces somos justos otra vez.

Enemigo No. 4 – Falta De Entender Nuestro Derecho A Usar El Nombre De Jesús

Juan 16:23-24 dice: “…Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido”.

Cuando nos damos cuenta del poder del nombre de Jesús, cuando entendemos lo que ese nombre hará, entonces podemos derrotar a Satanás y disfrutar la victoria.

En el capítulo 16 de Marcos, Jesús les dijo a sus discípulos, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen…” (Marcos 16:15-17). A aquellos que creen este evangelio, estas señales les seguirán; no solamente a la iglesia primitiva, no solamente a los apóstoles, no solamente a los predicadores. Todos los creyentes pueden echar fuera demonios en Su nombre. Todo cristiano tiene autoridad sobre los demonios y espíritus malignos en el nombre de Jesús. En Su nombre ellos hablarán con nuevas lenguas. En Su nombre impondrán las manos sobre los enfermos y sanarán.

¡El nombre de Jesús tiene autoridad y poder hoy, y ese nombre nos pertenece!

Enemigo No. 5 – Falta De Actuar Sobre La Palabra

Si sabemos que la Palabra de Dios es verdad, y actuamos como que es verdad, entonces se convierte en una realidad en nuestras vidas. La Biblia dice: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5). Todo lo que es necesario que sepamos es “¿Qué dice la Palabra de Dios?“.

La gente con frecuencia me pregunta por qué no reciben sanidad. Ellos citan escrituras como “…El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17), y “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuisteis sanados” (1°Pedro 2:24). Ellos me dicen que creen estas escrituras. Entonces les pregunto: “Pero, ¿han actuado ustedes como que estos versículos son verdad?

A la edad de 46 años, al Doctor A.B. Simpson, un ministro Presbiteriano que más tarde fundó la Alianza Misionera Cristiana, le dijeron que estaba muriendo de una condición del corazón y que solamente tenía seis meses de vida. Tomó vacaciones y se fue a su granja para poder tener tiempo para estudiar la Palabra de Dios sobre el tema de la sanidad divina, un tema que había adquirido su interés. El escribió en el libro titulado El Evangelio de la Sanidad: “…durante aquel verano oí a varias personas dando testimonio de su sanidad por el simple hecho de confiar en la Palabra de Cristo, tal y como lo hicieron para recibir su salvación. Esto me llevó a estudiar la Biblia. Determiné que debía resolver este asunto una vez por todas.

Me alegro de no haber acudido a ningún hombre“, continuó. “A Sus pies, solamente, con la Biblia abierta, y con nadie para ayudarme o guiarme, me convencí de que esta era parte del Glorioso Evangelio de Cristo para un mundo pecador y sufriente, y que era parte de Su Compra en la Bendita Cruz, para todo aquel que creyere y recibiese Su Palabra”.

Simpson le prometió solemnemente a Dios que aceptaba la sanidad sin ninguna cuestión, que recibía a Jesús como su Sanador; y que predicaría y ministraría la sanidad en cualquier forma que Dios se lo pidiera.

Dos días después, Simpson fue invitado a predicar en una reunión en New Hampshire. Todo lo que le vino a la mente para hablar fueron las palabras “Él mismo” en Mateo 8:17. Así que El abrió su Biblia, leyó el versículo y les dijo a la audiencia que quería enfocar su atención a esas palabras. Entonces dio su testimonio acerca de cómo había estado escudriñando la Biblia y había llegado a la conclusión de que Jesús todavía sana hoy.

El día siguiente fue invitado a ir a escalar montañas. Su primera reacción fue que no podía ir por la condición de su corazón. Entonces recordó que había declarado su sanidad, así que aceptó la invitación. Hasta ese punto él no había sentido realmente su sanidad sino que solamente la había declarado. Luchó todo el camino montaña arriba. Cada vez que quitaba su mente de la escritura comenzaba a sentir dolor, y miedo. Pero a medida que venció estos sentimientos y reclamaba su sanidad, los síntomas se iban. El peleó esa batalla todo el camino hasta llegar a la cima de la montaña, pero salió victorioso. Prosiguió llevando una vida energética y activa en el servicio de Dios sin ningún tipo de síntomas. “Yo necesitaba tomar ese paso y reclamar mi victoria“, concluyó diciendo.

La fe real es hija del conocimiento de la Palabra de Dios. Simpson actuó en la Palabra y obtuvo fe real de ella. En vez de tratar de creer, él actuó sobre la Palabra.

Enemigo No. 6 – Falta de Asirnos Bien De Nuestra Confesión De Fe

Romanos 10:10 dice: “Porque con el corazón se cree para justicia; pero con la boca se confiesa para salvación”.

Marcos 11:23-24 dice: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte, quítate y échate en el mar; y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo, todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

Un joven ministro en San Luis, una vez me dijo, “Tengo treinta y dos años. Los doctores han dicho que es imposible que mi esposa tenga hijos. ¿Hablarás y orarás con nosotros?” A medida que hablábamos y orábamos juntos, su esposa dijo que ella confesaría que tendrían un hijo. En el pasado había dicho que a ella le gustaría tener un niño. Ahora diría que ellos tendrían un hijo. Doce meses más tarde recibí una carta diciendo que tenían una bebé robusta. Todo lo que ellos necesitaban hacer era actuar sobre la Palabra. La fe es medida por nuestra confesión. Nuestra utilidad para el Señor es medida por nuestra confesión. Eventualmente nos convertimos en lo que confesamos para bien o para mal. Hay una confesión de nuestro corazón y una confesión de nuestros labios, y cuando estas dos armonizan, nos volvemos poderosos en nuestra vida de oración. La razón por la que muchos cristianos son derrotados es porque hacen una confesión negativa. Siempre están hablando de sus debilidades y fracasos, e invariablemente se hunden al nivel de su confesión.

Hay una ley en las escrituras que yo descubrí de los labios de Jesús en Marcos 11:23-24, la cual fue citada anteriormente. Esta es la ley que dice que nuestras confesiones nos gobiernan. Somos lo que decimos. La mujer con el flujo de sangre, cuya historia encontramos en Marcos 5:25-34 dijo: “Si tocare solamente su manto, seré salva“. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote“. Lo que ella dijo era su fe hablando; y así sucedió.

Cuando nosotros peleemos “la buena batalla de la fe“, como el apóstol Pablo nos exhorta, podemos salir del angosto lugar del fracaso y la debilidad en el que vivimos y entrar al infinito poder de Dios.

Texto Para Memorizar: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12).

Tomado y editado del Capítulo 20 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 15

En esta lección veremos como es que hemos sido prosperados porque Cristo pago el precio para nuestra prosperidad.

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Lección 15 – Fe Para Prosperidad

Textos Bíblicos: Gálatas 3:13-14,29; Deuteronomio 28:1-8,11-12.

Verdad Central: Como creyentes nacidos de nuevo, somos redimidos de la maldición de la Ley y somos herederos de las bendiciones de Abraham y de las promesas de prosperidad de Dios.

Durante muchos años no podía entender que la voluntad de Dios es que Sus hijos prosperen. Yo pensaba como muchos hacen que la pobreza era una característica de la humildad, y que para ser humilde uno debe ser pobre. Yo pensaba que un hombre justo no podía ser rico y que un hombre rico no podía ser justo. Pensaba que cualquier promesa en las escrituras sobre bendición financiera se refería solamente a los judíos. Desde entonces he aprendido, a través del estudio de la Palabra de Dios y su aplicación en mi propia vida, que Dios quiere que Sus hijos sean “prosperados en todas las cosas, y que tengan salud, así como prospera su alma” (3 Juan 2).

Pero“, alguien puede decir, “la Biblia dice que el dinero es la raíz de todos los males“. Sin embargo, la Biblia no dice eso. 1 Timoteo 6:10 dice: “Porque raíz de todos los males ES EL AMOR AL DINERO, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores“.

Una persona puede ser culpable de ese pecado y no tener ni diez centavos. He oído a la gente decir: “Bueno, creo que debo ser otro Job“. Alguna gente piensa que el pobre Job se pasó la vida agobiado por la pobreza, enfermo y afligido. Sin embargo, el libro entero de Job sucedió en un período de nueve meses, y el último capítulo dice que Dios quitó la aflicción de Job, y que “el Señor aumentó al doble las cosas que hablan sido de Job” (Job 42:10).

Cuando los ladrones entraron y robaron las cosas de Job, él estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando el fuego cayó y quemó sus rebaños, estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando vino la tormenta y azotó su casa y ésta cayó sobre sus hijos y los mató; cuando Job fue herido con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la cabeza, cuando su esposa se volvió a él y le dijo, “maldice a Dios y muérete,” Job estaba bajo la aflicción de Satanás. Pero Dios quitó la aflicción de Job.

Si tú piensas que eres otro Job, eso quiere decir que serás uno de los hombres más ricos de los alrededores. Tendrás el doble de lo que tenías antes, y serás sano y vivirás hasta ser viejo. Job vivió ciento cuarenta años después de los acontecimientos escritos en la Biblia. Si tú eres otro Job, vas a prosperar.

Redimido De La Maldición De La Ley

Gálatas 3:13-14,29 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu… Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

Las escrituras recién mencionadas nos dicen que Cristo nos ha redimido de la maldición de la Ley. ¿Qué, pues, es la maldición de la Ley? Para encontrar esta respuesta volvamos a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, referidos como el Pentateuco, o los libros de la Ley. Ahí aprenderemos que la maldición o castigo por quebrantar la Ley de Dios, es tripartita: la pobreza, la enfermedad, y la segunda muerte. Cristo nos ha redimido de la maldición de la pobreza. Él nos ha redimido de la maldición de la enfermedad. Él nos ha redimido de la maldición de la muerte de la muerte espiritual ahora y de la muerte física cuando Jesús venga de nuevo. No debemos tener miedo de la segunda muerte.

La Bendición De Abraham

Así como la maldición es tripartita, la bendición de Abraham también lo es. Primero, fue una bendición material, financiera. Segundo, fue una bendición física. Tercero, fue una bendición espiritual. La escritura del Nuevo Testamento, 3 Juan 2, está de acuerdo en que Dios quiere que tengamos prosperidad material, física y espiritual, porque dice: “Amado, deseo que seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma“. Muchísima gente tiene la impresión que todas las promesas de bendición material y de prosperidad en la Biblia, se refieren únicamente a los judíos. Sin embargo, este versículo fue escrito para cristianos neotestamentarios.

La palabra “judío” es un término corto o un sobrenombre para “Judá“. Los israelitas nunca fueron llamados judíos hasta después de la división de las tribus. Judá no tenía más promesas de bendición material y financiera que las que tenían las otras tribus de Israel. Ellos recibieron y heredaron la bendición a través de su padre Jacob. Jacob heredó la bendición a través de su padre Abraham. Así que no es la bendición o promesa de los judíos. No es la bendición de Israel. Es la bendición de Abraham. Y esa bendición es mía.

Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu…” (Gálatas 3:14). En este tercer capítulo de Gálatas, también leemos en el versículo 7: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham“. Al ser cristianos nacidos de nuevo: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

Después que estas escrituras se me hicieron claras y vi lo que me pertenecía como Hijo de Dios, a través de la fe en Él, otras escrituras empezaron a abrirse. Todo le pertenece a Dios y está a su disposición. “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados…porque mío es el mundo y su plenitud” (Salmos 50:10-12). “De Jehová es la tierra y su plenitud...” (Salmos 24:1). Dios creó todo, entonces hizo al hombre, Adán, y le dio dominio sobre todo. Dios lo hizo todo para su hombre Adán. Le dio a Adán dominio sobre los animales de los millares de collados, sobre la plata y el oro, sobre el mundo y su plenitud. En otras palabras, Adán era el dios de este mundo.

Pero Adán cometió alta traición y se lo entregó a Satanás. Así Satanás llegó a ser el dios de este mundo. Jesús, sin embargo, vino a redimirnos del poder de Satanás y de su dominio sobre nosotros. Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La versión amplificada de esta escritura se lee así: “Ellos reinarán como reyes en vida, por uno, Jesucristo“. Nosotros vamos a reinar como reyes en vida. Eso quiere decir que nosotros tenemos dominio sobre nuestras vidas. Vamos a dominar, no ser dominados. Las circunstancias no van a dominarte. Tú vas a dominar las circunstancias. La pobreza no va a gobernar y reinar sobre ti. Tú vas a gobernar y reinar sobre la pobreza. Las enfermedades no van a gobernar y reinar sobre ti. Tú debes gobernar y reinar sobre las enfermedades. Vamos a reinar como reyes en vida por Cristo Jesús, en quien tenemos nuestra redención.

Deuteronomio 28:1-8,11-12 dice: “Acontecerá que si oyeres, atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tu en la ciudad, y bendito tu en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaron contra ti; por un camino saldrán contra ti y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da… Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia”.

La primera parte de Deuteronomio 28 enumera todas las maneras en que el Señor bendeciría a su pueblo si ellos le obedecían. El prometió bendecir a sus hijos, sus tierras y sus animales. El prometió bendecirlos y protegerlos en las batalla. El prometió hacerlos “sobreabundar en bienes“, y bendecirlos en “todo aquello sobre lo que pusieren su mano”.

Esta bendición lo incluía todo, pero también era condicional. Ellos debían guardar todos los mandamientos de Dios. Debían ser gente santa, que no lo dejaran a Él para irse detrás de otros dioses, sino que lo sirvieran a Él con todo su corazón. El resto de este capítulo, versículos 15 a 68, da una lista de las maldiciones que caerían sobre su pueblo si no guardaban sus mandamientos.

Cuando me di cuenta por primera vez de esta verdad, y vi la prosperidad, material y espiritual que Dios ha planeado para su pueblo, y que todo creyente nacido de nuevo en Cristo es un heredero de esta promesa, casi no podía contener mi gozo. Me conmoví al darme cuenta que estaba redimido de la maldición de la Ley, de la maldición de la pobreza, y que la bendición de Abraham era mía. Nosotros como cristianos no tenemos que padecer retrasos financieros, no tenemos que estar cautivos de la pobreza o de la enfermedad Dios ha provisto sanidad y prosperidad para sus hijos si ellos obedecen sus mandamientos.

Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, Él dijo: “Si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, CUANTO MAS vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a quienes le pidan” (Mateo 7:11). ¿Cuántos de nosotros que somos padres queremos que nuestros hijos pasen por la vida hambrientos, enfermos o afligidos, nunca teniendo suficiente? Ningún padre quiere eso. De hecho, trabajamos y nos sacrificamos para tratar de que nuestros hijos alcancen una mejor educación que la que nosotros tuvimos para que reciban mayor remuneración.

Dios puso todos los animales aquí, todo el oro y la plata. ¿Es razonable el pensar que hizo todo esto solo para los que no creen en Dios? Ciertamente El ama al pecador, pero, ¿ama El más al pecador que a su propios hijos? No. Dios puso todas estas cosas aquí para Su pueblo. Él le dijo a Israel: “Si quisierais y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Isaías 1:19). Y si Dios quiere que sus hijos coman lo mejor, Él quiere que ellos usen la mejor ropa, Él quiere que ellos conduzcan los mejores autos, y Él quiere que ellos tengan lo mejor de todo.

Probado A Través De Experiencia Personal

Cuando esta verdad se volvió real en mi corazón, el Señor me habló y me dijo: “No ores más por dinero. Tú tienes autoridad a través de mi nombre para reclamar prosperidad. Yo ya he puesto oro, plata, y ganado sobre millares de collados para mi hombre Adán, y yo le di dominio sobre ellos. Después que él le entregó todo a Satanás, el segundo Adán, Jesucristo, vino a redimirte de la mano del enemigo y a liberarte de la maldición de la ley. Ahora en vez de orar que yo lo haga, ya que yo he hecho provisiones para tus necesidades, todo lo que tienes que hacer es decir, ‘Satanás, quita tus manos de mi dinero’. Solamente reclama lo que necesitas. Tú reinas en vida por Cristo Jesús”.

Durante este tiempo en mi vida yo era un evangelista. A la siguiente iglesia donde fui dije: “Señor, si consigo lo que necesito aquí, esto tendrá que funcionar. La última vez que estuve aquí recibí solamente $60.00 por semana. Voy a reclamar $150.00 para esta semana“. Entonces dije, “Satanás, quita tus manos de mi dinero, en el nombre del Señor Jesucristo“. Ves, nunca se cree por lo posible, se cree por lo imposible. Se suponía que yo iba a estar en esta iglesia solo por una semana, pero resultó que estuve diez días. Entonces reclamé $200.00 por esos diez días. El pastor no suplicó por dinero para nada, simplemente pasó los platillos de la ofrenda, y cuando la ofrenda fue contada yo recibí $240.00.

Después de eso cuando iba a iglesias a tener reuniones, el dinero venía fácilmente y muchas veces el pastor decía con sorpresa: “Esta es la ofrenda más grande que esta iglesia le ha dado a un evangelista“. Y no había pedido ningún favor. Yo tenía la llave que abre la puerta.

¡Gracias a Dios, no estamos bajo la maldición, porque Jesús nos ha liberado! “En vez de enfermedad, tengo salud; en vez de pobreza, riqueza; ya que Jesús ha pagado mi rescate“.

Texto Para Memorizar: “Amados, deseo sobre todas las cosas que seas prosperado y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

Tomado y editado del Capítulo 15 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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(Lecciones 1-10) Curso Avanzado de la Biblia – E. W. Kenyon

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E W Kenyon fue un gran maestro de la Biblia, fue pastor bautista y abrió varias Escuelas Bíblicas. Su influencia fue tal es que es considerado el padre de la doctrina de las Asambleas de Dios.

Recientemente empecé a traducir su libro Advanced Bible Course (Curso Avanzado de la Biblia) y empece a publicar las clases en mi blog La Palabra de Fe.

Este estudio es espectacular como para darlo en una escuela dominical, grupo de estudios o grupo celular, ya que no solo viene la clase sino una serie de preguntas que pueden ser discutidas al final.

Aquí te dejo los enlaces de las 10 primeras clases:

  1. LA INTEGRIDAD DE LA PALABRA
  2. LA PALABRA PREVALENTE
  3. ACTUANDO LA PALABRA
  4. LO QUE LA IGLESIA HA FALLADO EN VER
  5. LA PALABRA VIVIENDO EN NOSOTROS
  6. LA REALIDAD DE LA REDENCIÓN
  7. NUESTRO SÓLIDO FRENTE
  8. LA LEY DE LA PROSPERIDAD
  9. LA MENTE DIRIGIDA POR LOS SENTIDOS
  10. LA VICTORIA TRIPLE DE JESÚS SOBRE SATANÁS

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¿Realmente todo lo puedo en Cristo que me fortalece?

¿Realmente todo lo puedo en Cristo que me fortalece?

Desde que me convertí este ha sido uno de los versículos que más he escuchado, la gente decía una y otra vez: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Decían:
“Voy a dar un buen examen porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
 
“La comida me saldrá bien porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
 
“Voy a ganar el partido porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
 
“Voy a bajar de peso porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Por años y años he repetido esa muletilla mágica, inclusive en los que piensan que la confesión de la Palabra de Dios es del diablo.
Cuando reprobaban el examen, perdían el partido, se les quemaba la comida o subían de peso, se preguntaban ¿que había fallado?
Les voy a decir que fue lo que pasó, estaban creyendo en un versículo sacado de su contexto.
Veamos los versículo anteriores y posteriores para ver de que estaba hablando.
Filipenses 4:10-14
10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.
11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.
12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.
13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
14 Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación.
Pablo está en la cárcel en ese momento, y acaba de recibir la ofrenda que le enviaron los filipenses por manos de Epafrodito.
El les empieza a agradecer por la abundante ofrenda, luego les empieza a decir que no tenía escasez porque él había aprendido a tener contentamiento cualquiera sea su situación.
Después en el versículo anterior les dice: “Se vivir en abundancia se vivir en escasez… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Y al final vuelve en su agradecimiento: “Bien hicieron en acordarse de mi en medio de mi tribulación.”

 

Entonces, el “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, nos habla de algo totalmente diferente a lo que lo hemos aplicado por años, debemos aprender a contentarnos en la situación que estemos. Ni somos más por tener abundancia ni menos por tener escasez, pero podemos pasar esa situación porque todo lo podemos en Cristo que me fortalece.
¿Contentamiento significa abandonarnos en las situaciones de la vida? No, en absoluto, sino que estamos contentos porque sabemos que tenemos la victoria en Cristo.
Así que la próxima vez que usemos este pasaje, y todos los demás en la Biblia, veamos su contexto para saber que es lo que realmente dice.

 

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Somos la Nueva Creación en Cristo

Somos la Nueva Creación en Cristo

Somos la nueva creación en Cristo

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
– 2 Corintios 5:17
¿Qué es la nueva creación?
La nueva creación es la persona que nos convertimos cuando nacemos de nuevo; es la persona que somos por estar en Cristo. Es el resultado en nosotros de aceptar la obra completa de Cristo en la cruz.
Sigue los siguientes enlaces para ver esta serie de enseñanzas:

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La Provisión de Cristo para la Iglesia

Para entender el ministerio debemos entender la provisión de Cristo para su iglesia, que son los dones del ministerio.
Estos los encontramos en Efesios 4:8, 11-12 donde dice: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto,  llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres….Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”
En el versículo 8, Pablo usa una ilustración del Salmo 68 donde el líder regresa de la batalla con el botín obtenido en su victoria, y siendo exaltado delante de su pueblo, reparte generosamente su botín entre sus seguidores. Por su muerte y resurrección Jesús derrotó a Satanás, rescatando a los cautivos y dándoles dones para la edificación de su iglesia.

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El Arte Perdido de la Evangelización – Parte 1

Somos Embajadores de Cristo

2 Corintios 5:17-21

17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

1. El Ministerio de la Reconciliación

La palabra ministerio es un servicio o tarea encomendada, a los creyentes se nos encomendó el mensaje de la reconciliación.

Este mensaje es bien sencillo, Dios reconcilió consigo mismo al mundo por medio de la obra de Cristo en la cruz; es decir, Dios ya no tiene nada contra el hombre, ahora el hombre tiene plena libertad para entrar a la presencia de Dios (Hebreos 10:19).

Como dice Romanos 5:8, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

2. El Creyente es un Embajador de Cristo (Ver 2 Corintios 5:20)

Un embajador es un ministro público que goza de varias preeminencias, en especial el hecho de que se le considera como representante de la persona misma del jefe del estado que lo envía y acredita cerca del de otra potencia extranjera.

En Romanos 10:14-15 dice: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”

Nuestro mensaje como embajadores de Cristo es el evangelio; que Jesús ya pagó el precio de nuestra paz en la cruz; Dios ya no estaba en guerra contra los pecadores; los pecadores ahora pueden creer y ser salvos.

3. Características del Embajador de Cristo

(1) Los embajadores son escogidos y Dios nos escogió en Cristo para ser sus representantes. En 1 Tesalonicenses 2:4 vemos que Dios nos ha confiado el Evangelio para que lo prediquemos. Somos representantes de Dios y tenemos una misión en la tierra.

(2) A los embajadores se les protege. Un embajador debe ser ciudadano de la nación que representa, y nosotros como cristianos somos ciudadanos del cielo (Filipenses 3.20). La nación suple a sus embajadores de todo lo necesario y está lista para protegerlos. De la misma manera Cristo suple todas nuestras necesidades y nos protege en todo momento (Hebreos 13:5-6).

(3) A los embajadores se les considera responsables. Los embajadores representan a sus países y dicen lo que se les instruye. Saben que un día deben rendir cuenta de su trabajo (Romanos 9:16-17).

(4) A los embajadores se les llama de regreso si se declara guerra. Dios todavía no ha declarado guerra a este perverso mundo, pero un día lo hará. Hay un día venidero de la ira (1 Tesalonicenses 1:10) que juzgará a los malos, pero los cristianos serán llevados a su hogar antes de que llegue ese día (1 Tesalonicenses 5.1–10). La Iglesia, los embajadores de Dios, no atravesarán la tribulación.

Conclusión

Nuestro mensaje como iglesia es de reconciliación: Dios reconcilió al mundo consigo mismo por Cristo en la cruz y está dispuesto a salvar a todos los que confían en su Hijo. Nuestro mensaje no es de reforma social sino de regeneración espiritual. Representamos a Cristo al invitar al perdido a que le reciba.

Todos los creyentes somos embajadores, sea que aceptemos la comisión o no. Como Cristo Dijo en Juan 20:21: “Como el Padre me envió, así también yo os envío;” así que tomemos nuestro lugar y anunciemos el Evangelio.

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La Unción en el Creyente

Veamos esta serie de enseñanzas que se hallan en el blog “La Palabra de Fe” y que nos hablan de la unción que tenemos como como creyentes en Cristo, el Ungido.

La Unción en el Creyente

La Unción en el Creyente – Parte 2

La Unción en el Creyente – Parte 3

La Unción en el Creyente – Parte 4

La Unción en el Creyente – Parte 5

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Conociendo Nuestro Pacto – Primera Parte

Una de las cosas que el creyente debe conocer son las bendiciones que tiene por medio del pacto que Dios hizo con Abraham y que nos alcanzan a nosotros por medio de Cristo.

Gálatas 3:6-14
6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Las bendiciones del pacto de Abraham son para nosotros, los creyentes, por medio de la fe en Jesucristo.

Cristo nos redimió de la maldición de la ley que nos imposibilitaba el recibir las promesas del pacto con Abraham para que de ese modo nos apropiásemos de ellas y además recibiésemos la promesa del Espíritu.

La promesa no la recibimos por medio de las obras de la Ley ya que la ley traía una maldición en si misma, “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas;” y como ningún hombre era capaz de cumplirla a su cabalidad, todos los hombres caían en la maldición.

Por eso es que ningún hombre podía justificarse por la ley, es más, en la Biblia está establecido que el justo vivirá por medio de la fe.

La Biblia Expandida de Fe lo coloca de esta manera

Romanos 10:8-12 (Biblia Expandida de Fe)
8 Además,  la Escritura,  habiendo previsto que Dios justificaría (declararía y haría justos) por la fe a los Gentiles,  anunció (declaró, proclamó) de antemano el evangelio [, las buenas nuevas de un Salvador,] a Abraham, diciendo: “Por medio de ti serán bendecidas todas las naciones.”
9 De ese modo, los que son de la fe son bendecidos y reciben las mismas bendiciones que recibió Abraham, con el creyente (el hombre de fe).
10 En cambio, los que para salvarse se aferran a la Ley mosaica [pensando que podrán justificarse por obedecerla], están bajo la maldición de Dios, como dicen las Escrituras: “Maldito (separado y consagrado para la destrucción, condenado para el castigo eterno) todo aquel que no se mantenga cumpliendo y practicando [todas y] cada una de las disposiciones (preceptos y mandamientos) escritas en el libro de la Ley”.
11 Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado (declarado y hecho justo) delante de Dios,  porque  [la Escritura dice:] ” el [que es declarado y hecho] justo [por Dios] vivirá por la fe”.
12 Sin embargo, la Ley no se basa  en la fe [no procede de la fe, no da lugar a la fe, y es contraria a la fe];  sino que,  “el que practica estas cosas [que están prescritas en la Ley] vivirá por ellas”

De ahí podemos ver que no es por la ley que nos justificamos ante Dios ni recibimos las bendiciones del pacto sino por medio de la fe.

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Como Ayudar a Otros para ser Sanados

¿Cómo ayudar a una persona a ser sanada?

Porque a veces nos encontramos con gente enferma y no sabemos que hacer. Le decimos “te invito al culto el día domingo y nos encontramos en lunes.”

Y se te muere la persona durante la semana.

¿Que hacer para ayudar a una persona para que sea sanada?

Lo primero que que debes hacer es saber que estás en Cristo.

Tu estás en Cristo, si Cristo en ti tú estás en Él.

La palabra Cristo significa “el ungido” y si estás en Cristo significa que estás en el Ungido y en su unción.

En 1 Juan 2:20 y 27 dice que la unción está en tí.

1 Juan 2:20, 27

20 Pero vosotros tenéis la unción del Santo,  y conocéis todas las cosas.

27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros,  y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe;  así como la unción misma os enseña todas las cosas,  y es verdadera,  y no es mentira,  según ella os ha enseñado,  permaneced en él.

La unción del Espíritu Santo está sobre ti y la unción permanece. La unción no se va, la unción permanece en ti.

La unción está siempre contigo; si caminas para adelante la unción está contigo; si caminas para atrás la unción sigue contigo, si vas para el costado la unción continúa a tu lado. Si te acuestas la unción sigue ahí y cuando te levantas también.

En efesios 1:13-14 dice lo siguiente: “En él también vosotros,  habiendo oído la palabra de verdad,  el evangelio de vuestra salvación,  y habiendo creído en él,  fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida,  para alabanza de su gloria.”

Cuando tú recibiste a Jesús fuiste sellado con el Espíritu Santo de la promesa. Esto no es el bautismo con el Espíritu que recibiste posteriormente; sino que en ese momento recibiste a la persona del Espíritu Santo en tí.

Al nacer de nuevo el Espíritu Santo vino a morar en tí; y cuando vino el Espíritu Santo vino la unción sobre tí; por ese motivo es que tu y yo tenemos la unción.

Tu no tendrás la unción, ¡tú ya la tienes!

¿Que es la unción? Es el poder de Dios para hacer lo que no puedes hacer; el poder de Dios que te capacita para hacer algo.

La palabra unción es sinónima de la palabra untar.

A quien no le gusta el pan con mantequilla, es una de las cosas que más me gusta; me pueden colocar palta, jamón, pate o mermelada y mi preferida siempre será la mantequilla.

¿Qué sucede cuando colocamos la mantequilla a un pan? ¿Cómo queda la mantequilla? Quedan juntos, unidos, pegados.

Si le echamos mantequilla a un pan, ¿se la podemos quitar? no podremos hacerlo, por más que tratemos y tratemos la mantequilla siempre quedará pegada al pan.

Es lo ismop que pasa contigo; tú estás en Cristo; Cristo está en tí, su unción está pegada en ti.

Un predicador decía una vez: “El Espíritu Santo esta contigo cuando tú manejas, pero cuando empiezas a manejar a más de 100 kilómetros por hora se va.”

Eso es una gran falsedad; el Espíritu Santo sigue contigo; y si vas a 200 kilómetros por hora sigue contigo; y si aceleras a 300 kilómetros por hora sigue ahí, y si llegas a los 500 kilómetros por hora y te matas, y te vas al cielo; el Espíritu Santo estuvo contigo todo el tiempo, no se va en ningún momento.

El Espíritu Santo está morando en ti, la unción está sobre ti.

Ahora, lo que debemos entender es que la unción viene sobre nosotros y nos capacita para hacer algo. La unción no es solo para nosotros es también para llevarla a los demás. La unción que Dios te dio no es solo para tí sino también para que la lleves a otros lados; para poder ministrar a otras personas.

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