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26 Días de Fe – Día 25

En esta lección veremos la importancia de nuestras palabras, como es que ellas muestran lo que creemos y de ese modo pueden llevarnos a la derrota o a la victoria.

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Lección 25 – Tú Puedes Tener Lo Que Dices

Textos Bíblicos: Marcos 11:23; Números 13:17-18, 25, 27-28,30-32; Números 14:6-9.

Verdad Central: No fueron los gigantes de la tierra de Canaán los que mantuvieron a los israelitas afuera, sino los gigantes del temor en sus corazones.

Nuestro texto para esta lección, Marcos 11:23, es uno que hemos usado muchas veces en nuestra serie de estudios acerca de la fe, porque en él vemos la “fórmula de la fe” para mover cualquier montaña que se presente en nuestras vidas. Ya sea que tu montaña particular sea enfermedad, seres queridos inconversos, dificultad financiera o problemas familiares, puedes encontrar la solución en este versículo de escritura.

Marcos 11:23 dice: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

La última frase de nuestro texto dice: “…lo que diga le será hecho“. En otras palabras, puedes tener lo que tú dices que puedes tener. Lo que dices es tu fe hablando. Esto obra en una forma negativa así como en una forma positiva, como vemos en la historia del Antiguo Testamento de los doce espías que fueron enviados a Canaán a reconocer la tierra.

Un Reporte De Temor

Números 13:17-18,25,27-28,30-32 dice: “Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso… y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días… Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac… Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.Y hablaron mal entre los hijos de Israel de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de gran estatura”.

De los doce espías que fueron a Canaán a reconocer la tierra, solamente dos, Caleb y Josué eran hombres de fe y visión. Ellos dijeron: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella, porque más podremos nosotros que ellos“.

Los otros diez regresaron con un reporte negativo, lleno de temor de los gigantes de la tierra. La Biblia dice de su reporte, que “…hablaron mal…” ¿Por qué? Porque era un reporte de duda y de temor. ¿Cuál es entonces un buen reporte? Un reporte de fe.

Los diez espías temerosos eran la mayoría y el pueblo de Israel aceptó el informe de la mayoría. Al hacerlo, ellos estaban diciendo que no podrían tomar la tierra. Y obtuvieron exactamente lo que dijeron. Estos espías y el resto de aquella generación de los israelitas, con excepción de Josué y Caleb, nunca vieron la Tierra Prometida. Creyeron que no podrían tomarla y no lo hicieron. Anduvieron en el desierto hasta que murieron. ¡Lo que dijeron, sucedió!

El de ellos, es un ejemplo de fe al revés. Después de todo, ¡aun cuando dudas, estás creyendo algo! Estás creyendo en derrota. Estás creyendo en lo incorrecto.

Siempre obtienes en tu vida aquello por lo que crees y lo que dices. Si no lo que estás diciendo, entonces no debes decirlo, porque si continúas diciendo algo durante un tiempo suficientemente largo, esas palabras eventualmente se registrarán en tu espíritu. Y una vez que estén registradas en tu espíritu, controlarán tu vida.

Un Reporte De Fe

Números 14:6-9: “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare en nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis el pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis”.

Nota el buen informe de Josué y Caleb. Su confianza estaba en el Señor y sus corazones estaban llenos con la fe que Dios era capaz de llevarlos a la tierra que les había prometido a sus padres. Dos veces en el versículo nueve, ellos amonestaron a la gente para que no tuvieran temor. ¿Y cuál fue el resultado de su informe de fe? ¡Ellos fueron los únicos dos hombres de su generación que entraron a la Tierra Prometida! Tú puedes tener lo que dices.

Muchas personas me preguntan por qué no se pueden sanar. Yo siempre sonrío y le digo que ya han dicho que no pueden. Sus palabras les delatan. Puedes ubicar a la gente por lo que dice.

Antes de orar por la gente, generalmente trato de que hagan algún tipo de confesión de fe. Les pregunto si serán sanos cuando imponga mis manos sobre ellos y ore. Si ellos contestan que esperan que sí, yo les digo que no se sanarán, porque ellos están en esperanza y no en fe.

Otros hacen una confesión con alguna vacilación, pero esa vacilación los derrota. Aquellos que tienen una pronta confesión llena de fe reciben casi instantáneamente (Son las “pequeñas zorras las que dañan las viñas“).

No es algo grande lo que impide que los hijos de Dios sean sanos. No fueron los gigantes de la tierra de Canaán los que mantuvieron a los hijos de Israel afuera. No fueron los gigantes los que los derrotaron. Si hubieran sido los gigantes, éstos hubieran derrotado a Josué y Caleb también. La gente se derrotó a sí misma por su propio pensamiento, su propia incredulidad, su propia declaración de incredulidad.

No son los gigantes en la vida los que te derrotan. No son las tormentas de la vida las que te derrotan. Si eres derrotado, es porque tú mismo te has derrotado. Te has derrotado a ti mismo con el pensar erróneo. Te has derrotado a ti mismo con el hablar erróneo. Tú puedes tener lo que digas.

Caleb y Josué dijeron que ellos eran capaces de vencer a los gigantes. Después de cuarenta años de vagar en el desierto, y que toda la gente de esa generación que habían aceptado el informe maligno de los diez espías se murieron, Josué se convirtió en el líder de la gente, y él y Caleb los guiaron a la victoria.

Cuando Caleb vino a Josué y dijo “Dame esta montaña“, Josué miró hacia atrás varios años, y se dio cuenta que su hablar correcto les había hecho ganar la victoria antes. Él quería ubicar a Caleb, así que le preguntó si era capaz de tomar la montaña. Josué quería oír su confesión de fe. Le dijo a Caleb que había gigantes en la montaña. Pero Caleb, lleno de fe, dijo que él era capaz de tomarla; y lo hizo.

Muchas cosas pasan porque esperamos que pasen de cierta manera. Pasan porque las creemos y las hablamos, hasta que suceden. Yo he encontrado que esto es verdad en mi propia experiencia. Hace algún tiempo leí acerca de un científico que dijo que cuando uno se envejece, las arterias del cerebro no son tan suaves como cuando uno era joven; se van endureciendo gradualmente. Había llegado al lugar donde no podía recordar cosas tan bien como una vez lo hice. Seguí así por un tiempo hasta que me di cuenta que no había necesidad de esto. La mente es parte de mi ser interior y espíritu, y nunca se envejece. El mismo momento en que empecé a creer correctamente y a hablar correctamente, pude citar todas las escrituras que siempre había sabido, y mi memoria en realidad mejoró. Fallamos muchas veces porque nos preparamos a perder. Nos disponemos a perder. Lo pensamos y lo creemos y entonces lo hacemos. Como creyentes, sin embargo, no tenemos por qué hablar duda o derrota.

 

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

 

Tomado y editado del Capítulo 25 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 22

No basta tener fe, debemos actuar en lo que creemos, la fe siempre actúa en las cosas que hemos creído.

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Lección 22 – Acciones Que Corresponden Con La Fe

Textos Bíblicos: Santiago 2:14-22; Mateo 7:24-27.

Verdad Central: Las acciones de un hacedor de la Palabra coinciden con su confesión.

Uno de los errores más grandes que muchos creyentes cometen es confesar su fe en la Palabra de Dios y al mismo tiempo contradecir su confesión con acciones incorrectas.

Decimos que estamos confiando en que Dios provee para nuestras necesidades financieras, pero al mismo tiempo nos estamos preocupando de cómo vamos a pagar nuestras cuentas. En un momento confesamos que la Palabra de Dios es verdadera, y el minuto siguiente repudiamos todo lo que dijimos con acciones incorrectas. Nuestras acciones tienen que corresponder con nuestro creer, si hemos de recibir de Dios.

La Fe Hecha Perfecta

Santiago 2:14-22 dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovecha si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras y que la fe se perfeccionó por las obras?”.

La traducción de Weymouth de los versículos 14 y 22 dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si un hombre profesa tener fe y, sin embargo, sus acciones no corresponden?…Notas que su fe estaba cooperando con sus acciones, y por sus acciones su fe fue perfeccionada“.

Algunos han pensado que el libro de Santiago fue escrito acerca de la salvación y dirigido al no creyente. Sin embargo, Santiago no estaba escribiendo a los que no eran salvos, sino a los creyentes, él dijo: “¿De qué aprovechará, HERMANOS MIOS…“. Él estaba escribiendo a sus hermanos y hermanas en Cristo, señalando que la fe sin las correspondientes acciones no funcionará para ellos, aunque sean creyentes.

Santiago también dijo: “Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). Otra traducción dice: “…burlándoos a vosotros mismos“.

Hay muchos que se engañan a sí mismos y le achacan sus problemas al diablo o a algunos individuos, cuando realmente ellos se engañan a sí mismos. Esto es porque ellos no son hacedores de la Palabra.

¡Las acciones de un hacedor de la Palabra coinciden con su confesión!

Las Tormentas De La Vida

Mateo 7:24-27: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplan vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.

Las tormentas de la vida nos vienen a todos. Pueden ser tormentas de enfermedad, dificultad financiera, problemas familiares, o cualquier otra prueba. No son las tormentas de la vida las que nos derrotan, sin embargo. Si las tormentas fueran las que nos derrotaran, derrotarían a todo el mundo. No, es nuestra reacción a las tormentas lo que nos derrota.

Los vientos soplan y las inundaciones llegan pero aquel que es un hacedor de la Palabra se aferrará a su confesión de fe, porque él sabe que Dios no puede fallar. Si la enfermedad viene, se mantiene firme y rehúsa aceptarla. Otros pueden ser derrotados con la misma prueba.

Aquellos que no son derrotados por las tormentas de la vida actúan según la Palabra de Dios. Aquellos que son derrotados, pueden ser verdaderamente salvos, pero sus acciones no corresponden con su fe.

El mismo viento y la misma tormenta vinieron contra las dos casas de nuestro texto. La razón por la cual una fue destruida y la otra no, es que el hombre sabio fue hacedor de la Palabra, y el insensato no.

Muchos profesan a Cristo y declaran que creen en la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, pero no son hacedores de la Palabra. Son habladores de la Palabra. Eso es diferente.

Los “habladores” han asentido mentalmente simplemente que la Palabra de Dios es verdad, pero no les hace ningún bien, porque no la están haciendo suya. No están reclamando sus promesas.

Confiar en Dios es Confiar en Su Palabra

La manera de hacer la Palabra de Dios tuya es actuando sobre ella. Haz lo que ella dice. “Confía en el Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5).

No puedes confiar en el Señor sin confiar en Su Palabra. Dios y Su Palabra son uno, así como tú y tu palabra son uno. Si tu palabra no puede confiarse, entonces tú tampoco. Si la Palabra de Dios no sirve, El tampoco. Pero Su Palabra es de confiar. El vigila sobre Su Palabra. “Entonces me dijo el Señor: Bien has visto; porque yo apresuro mi Palabra para ponerla por obra” (Jeremías 1:12). Otra versión lee: “Yo vigilo sobre mi Palabra para ponerla por obra“.

Si no tomas la Palabra y la haces tuya, Él no tiene nada para poder usar para traer bien a tu vida. Él quiere que tengas lo que Su Palabra promete. Pero si no actúas sobre Su Palabra, entonces Él no tiene nada con lo que trabajar para traer bien a tu vida.

Cuando confío en la Palabra con todo mi corazón y dejo de apoyarme en razonamientos humanos y dejo de mirar a la gente para recibir liberación, entonces tengo acciones que corresponden con mi fe. Mis acciones están en completa comunión con mi confesión de fe.

A algunos de nosotros nos ha costado mucho tiempo aprender esto; y a otros les costará más tiempo porque han estado caminando en el camino equivocado. Sus mentes están tan estancadas con razonamientos humanos que les costará algún tiempo renovar sus mentes con la Palabra de Dios hasta que tengan acciones que correspondan con su confesión de fe.

Hasta que haya acciones correspondientes, habrá continuo fracaso en la vida. Yo puedo confesar y decir que Dios es la fortaleza de mi vida, pero si al mismo tiempo continúo hablando acerca de mi debilidad y falta de fe, seré derrotado porque no hay acción correspondiente. El acudir a métodos humanos en vez de confiar en el Señor, trae confusión a mi espíritu. Trae debilidad y derrota a mi vida. Solamente hay una cosa que podemos hacer: Volver a la Palabra de Dios y actuar sobre ella.

Nuestro peor enemigo es la carne. La carne y el razonamiento humano natural nos limitarán a nuestra propia habilidad. Vemos las circunstancias, los problemas, las pruebas y tormentas y decimos que no podemos. El lenguaje de la duda, la carne y los sentidos es: “No puedo, no tengo la habilidad, la oportunidad o la fortaleza. Estoy limitado“. Pero el lenguaje de la fe dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Pablo no dijo que podía hacerlo todo porque era un apóstol y tenía poder especial o gracia. Él dijo: “Todo lo puedo en Cristo…” y nosotros tenemos el mismo acceso a Cristo, Pablo dijo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Tú eres una nueva criatura en Cristo también. Cristo no le pertenece más a Pablo de lo que te pertenece a ti.

El lenguaje de la fe dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Nuestro Padre me fortalece. No puedo ser conquistado y no puedo ser derrotado“.

Si vienen contra ti fuerzas naturales, no pueden derrotarte, porque no hay suficientes fuerzas naturales en todo el mundo que puedan vencer al Espíritu Santo que mora en ti. “Mayor es El que está en ti que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). ¡Tú eres fortalecido desde adentro!

Yo he aprendido como poner al que es Mayor a trabajar a mi favor. No solamente soy nacido de Dios, copartícipe de Su amor, sino que mora en mí el Espíritu de Aquel que levantó a Jesús de los muertos.

Yo tengo la sabiduría, la fuerza y la habilidad de Dios en mí. Estoy aprendiendo a permitirle a esa sabiduría gobernar mi intelecto. Le estoy permitiendo gobernar mi mente y hablar a través de mis labios. Me estoy atreviendo a pensar los pensamientos de Dios después de Él. Me estoy atreviendo a decir en presencia de todos mis enemigos: “Dios es mi habilidad”. “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos” (Salmo 23:5). “El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿de quién temeré?” (Salmo 27:1). Dios me ha hecho mayor que mis enemigos. Dios me ha hecho aplastar el cuello de la debilidad, el temor y la inhabilidad.

La fortaleza de Dios es mía. Yo no estoy confiando en mi propia fortaleza porque la Biblia no dice ni una palabra acerca de ser fuerte en mí mismo. Dice que Dios es mi fortaleza.

Hay tanta gente luchando y tratando de hacer algo por sí solos. Se levantan a testificar y piden a todos que oren por ellos para poder “resistir hasta el final“. Pero Dios no quiere que resistas así. Él quiere que le permitas hacerlo. ¡Envuélvete en las promesas de Dios!

Una vez oí la historia de un hombre que estaba caminando por la vía del tren con un bulto en sus espaldas. Cuando llegó a una sección donde estaban reparando la vía él pensó que el capataz le iba a decir que se saliera de la vía férrea, así que le mostró el billete que tenía. El capataz le dijo que ese boleto no le daba el derecho de caminar por la vía del tren.

Muchas personas son así, están en la vía correcta, pero deberían estar viajando en tren en vez de ir caminando. También, deberían registrar su equipaje porque no tienen por qué cargarlo. La Biblia dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Texto Para Memorizar: “Hermanos míos, ¿de qué aprovecha si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?” (Santiago 2:14).

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26 Días de Fe – Día 21

En esta clase aprenderemos acerca de la clase de fe de Dios, que es y como aplicarla a nuestra vida.

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Lección 21 – La Clase De Fe De Dios

Textos Bíblicos: Marcos 11:12-14,20-24; Romanos 10:13-14,17.

Verdad Central: La clase de fe que habló trayendo al universo a la existencia es repartida a nuestros corazones.

Hay dos cosas que se deben notar acerca de la clase de fe de Dios. Primero, el hombre cree en su corazón. Segundo, él cree con sus palabras. No es suficiente el creer con el corazón. Para conseguir que Dios obre para ti, tienes que creer con tus palabras también. Jesús dijo: “Cualquiera que dijere…y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice; lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23). Esta es la inalterable ley de la fe.

Marcos 11:12-14,20-24 dice: “Al día siguiente cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera; nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos… Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.  Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá”.

Vamos a enfocar nuestra atención en la afirmación, “Tened fe en Dios“, o como dice al margen, “tened la fe de Dios“. Los eruditos del griego nos dicen que esto debería traducirse: “Tened la clase de fe de Dios“. Jesús demostró que tenía la clase de fe de Dios. De lejos, Jesús vio que la higuera tenía hojas. Pero cuando se acercó, buscando fruto, vio que era estéril. Algunos preguntan por qué buscó Jesús higos en este árbol cuando no era tiempo para que tuviera fruto. Sin embargo, en aquel lugar, los árboles que retenían sus hojas generalmente también tenían fruto.

Al no encontrar fruto en el árbol, Jesús dijo: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“.

Al día siguiente, cuando Jesús y Sus discípulos pasaron otra vez por ahí encontraron el árbol seco desde las raíces. Sorprendido Pedro dijo: “Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.” Fue entonces cuando Jesús hizo la afirmación, “Tened fe (tened la fe de Dios, o la clase de fe de Dios). Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (vs. 22-23).

Después de decirles a sus discípulos que tuvieran la clase de fe de Dios, Jesús prosiguió explicando en el versículo 23, lo que eso significaba: la clase de fe de Dios es la clase de fe en la cual un hombre cree con su corazón y dice con su boca lo que cree en su corazón, y sucede.

Jesús mostró que tenía esa clase de fe, porque creyó que lo que dijo sucedería. Él dijo a la higuera: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“. Esta es la clase de fe que habló al mundo a existir. “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). ¿Cómo lo hizo? Dios creyó que lo que dijo sucedería. Él habló la Palabra y se hizo la tierra. Él habló al reino vegetal para que exista. Habló al reino animal para que exista. Habló para que existan los cielos así como también la tierra, la luna, el sol, las estrellas y el universo. Él lo dijo y fue así. Esa es la clase de fe de Dios. El creyó que lo que dijo sucedería y sucedió.

La Medida De Fe

Jesús demostró la clase de fe de Dios a sus discípulos, y entonces les dijo que ellos también tenían esa clase de fe; la fe que un hombre cree con su corazón, dice con su boca lo que cree, y sucede. Alguien puede decir: “Yo quiero esa clase de fe. Voy a orar para que Dios me la dé“. Sin embargo, no necesitas orar por eso; tú ya la tienes. “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí mismo que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

Nota que Pablo escribió esto a creyentes, porque él dice: “A cada cual que está entre vosotros“. La epístola a los Romanos no fue escrita a los pecadores en el mundo, es una carta para los cristianos. Él dirige esta carta “A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos” (Romanos 1:7). Y en ella les dice que Dios ha dado a “cada uno la medida de fe“. Pablo también dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Pablo está diciendo aquí que esta fe no es tuya. Él no se estaba refiriendo a la gracia, porque todos saben que la gracia es de Dios. Él está diciendo que la fe por la cual somos salvos no es nuestra. No es una fe humana natural. Fue dada por Dios a los pecadores. Y ¿cómo le dio Dios fe a los pecadores para ser salvos? Romanos 10:17 dice: “Así que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios“. En estos versículos Pablo ha dicho que la fe: (1) es dada, (2) es repartida, y (3) viene.

Creer y Decir – La Clave Para La Fe

Nota otra vez las palabras de Romanos 10:8: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos“. ¿Cómo se compara esto con las palabras de Jesús en Marcos 11:23?  Los escritos de Pablo a los Romanos concuerdan exactamente con lo que Jesús les dijo a sus discípulos cuando dijo: “Cualquiera que diga…y no dudare en su corazón, sino creyere…lo que diga le será hecho“. Vemos aquí el principio básico inherente a la clase de fe de Dios: el creer con el corazón y decirlo con la boca. Jesús lo creyó y lo dijo. Dios lo creyó y lo dijo, creando la tierra en existencia a través de palabras.

Los versículos 9 y 10 de este mismo capítulo 10 de Romanos dice: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Una medida de fe es repartida al pecador por el oír de la Palabra. Entonces él la usa para crear la realidad de la salvación en su propia vida.

Cuando se les pregunta a los cristianos: “¿Cuándo fuiste salvo?“, con frecuencia, contestan algo así: “Alrededor de las nueve de la noche del 10 de Julio“. Están equivocados, sin embargo, porque Dios los salvó hace cerca de 2,000 años. Sólo se volvió una realidad cuando ellos lo creyeron y lo confesaron. La salvación le pertenece a todos. Todo hombre y mujer en este mundo tiene derecho legal a la salvación. Jesús murió por todo el mundo, no solo por ti y por mí. Cuando la verdad es predicada al pecador, esto causa que la fe venga. Cuando él cree y confiesa, él crea la realidad de ello en su propia vida a través de su fe.

Romanos 10:13-14,17 dice: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”.

Así como la fe viene por el oír la Palabra de Dios, es también con todo lo que recibimos de Dios. La clase de fe de Dios viene por el oír la Palabra de Dios. En otras palabras, Dios hace que la clase de fe de Dios venga a los corazones de aquellos que la oyen. Con razón Jesús dijo: “Mirad pues, como oís” (Lucas 8:18). No puedes dejarlo entrar por un oído y salir por el otro, porque eso no haría ningún bien. La fe no vendrá así. Si actúas como si la Palabra de Dios fuera una leyenda, la fe no va a venir así. Pero cuando la aceptas reverentemente, cuando actúas sobre ella, la fe viene.

Pablo escribió a la iglesia de Corinto: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito. Creí por lo tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Corintios 4:13).

Pablo dijo que tenemos el mismo espíritu de fe. Y lo que le perteneció a la iglesia de Corinto, le pertenece a la iglesia de hoy. En ninguna ocasión Pablo o alguno de los apóstoles escribieron para animar a la gente a creer; nunca les dijeron que tuvieran fe. Nuestra necesidad de animar a los creyentes a creer o a tener fe es resultado directo de que la Palabra de Dios ha perdido su realidad en nosotros. ¡Somos creyentes! Cuando nuestros hijos están lejos, no tenemos que decirles: “Acuérdense de continuar respirando“. Ellos seguirán respirando mientras estén vivos. Tampoco tenemos que animar a los creyentes a creer porque esto es lo que son; creyentes. ¿Cuántos de nosotros nos damos cuenta de que nuestras palabras nos dominan? “Te has enlazado con las palabras de tu boca…” (Proverbios 6:2). Otra versión dice: “Vosotros habéis sido tomados cautivos con las palabras de vuestra boca“. Un joven una vez me dijo que nunca fue vencido hasta que confesó que lo era. Un ministro bautista lo puso de esta manera: “Dijiste que no tenías fe y la duda se levantó como un gigante y te ató. Eres aprisionado con tus propias palabras. Tú hablas fracaso y el fracaso te mantiene en cautiverio“.

La derrota y el fracaso no le pertenecen al hijo de Dios. ¡Dios nunca hizo un fracaso! Dios nos hizo nuevas criaturas. No somos nacidos de la voluntad de la carne o del hombre, sino de la voluntad de Dios. Somos creados en Cristo Jesús. Los fracasos son hechos por el hombre. Son hechos por el creer erróneo y el pensar erróneo. 1 Juan 4:4 dice: “Mayor es El que está en ti, que el que está en el mundo“. Aprende a confiar en el que es Mayor que está en ti. Él es más poderoso que cualquiera en el mundo.

¡Dios creó el universo con palabras! Las palabras llenas de fe son las cosas más poderosas del mundo.

La clave para la clase de fe de Dios es creer con el corazón y confesar con la boca.

Nuestros labios pueden hacernos millonarios o mantenernos pobres.

Nuestros labios nos pueden hacernos vencedores o mantenernos cautivos.

Podemos llenar nuestras palabras con fe o podemos llenar nuestras palabras con duda.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que derretirá el corazón más frío, o podemos llenar nuestras palabras con odio y veneno.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que ayudará al desanimado y al de corazón quebrantado, con fe que conmoverá el cielo.

Podemos hacer nuestras palabras respirar la misma atmósfera del cielo.

Nuestra fe nunca se levantará por encima de las palabras de nuestros labios. Jesús dijo a la mujer con el flujo de sangre que su fe la había hecho salva.

Pueden venir pensamientos y persistir en quedarse. Pero si rehusamos poner esos pensamientos en palabras, ¡se mueren sin haber nacido!

Cultiva el hábito de pensar en cosas grandes. Aprende a usar palabras que reaccionarán sobre tu propio espíritu.

Las confesiones de fe crean realidades. La realización sigue a la confesión. La confesión precede a la posesión.

Texto Para Memorizar: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Romanos 10:8).

Tomado y editado del Capítulo 21 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 20

En esta enseñanza veremos los 6 enemigos de la fe.

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Lección 20 – Seis Enemigos De La Fe

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:17,21; Juan 16:23-24; Romanos 10:10; Marcos 11:23-24

Verdad Central: Cuando nosotros “peleamos la buena batalla de la fe“, podemos salir del angosto lugar del fracaso y entrar al infinito poder de Dios.

Nuestra lección hoy trata con “la buena batalla de la fe“, como menciona 1°Timoteo 6:12. Yo algunas veces he oído a algunos decir que van a pelear contra el diablo. Yo no sé por qué, porque en primer lugar no podrían. En segundo lugar, Jesús ya ha derrotado al diablo a nuestro favor. Jesús fue nuestro sustituto. También he oído a algunas personas decir que van a pelear contra el pecado. Yo no voy a pelear contra el pecado, voy a predicar la cura para el pecado. Jesús es la cura.

La única batalla que el creyente está llamado a pelear es la “buena batalla de la fe“. Y si hay una pelea, entonces debe haber enemigos o estorbos para la fe. Si no hubiera enemigos de la fe, no habría pelea. En esta lección trataremos con seis enemigos de la fe.

Enemigo No. 1 – Falta De Entender Lo Que Significa Ser una Nueva Criatura En Cristo

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La falta de entendimiento de lo que significa ser una nueva criatura obstaculiza nuestra vida de fe. Mucha gente no se da cuenta que ellos son realmente nuevas criaturas; piensan que cuando fueron salvos, Dios solamente los perdonó de sus pecados. Les sería de poco provecho si esto fuera todo lo que el pecador recibiera, porque es un hijo del diablo y todavía iría al infierno. Él tiene que nacer de nuevo. Él tiene que convertirse en una nueva criatura dejando todos sus viejos caminos pecaminosos. No, nosotros no sólo somos pecadores perdonados. No somos meros miembros de iglesia viviendo con las justas. No estamos viviendo al final de la cuadra en la calle “Luchando para llegar al Cielo“, contiguo al callejón “queja“. ¡Eso no es para nosotros! Somos nuevas criaturas, creadas por Dios en Cristo Jesús con la misma vida y naturaleza de Dios en nuestros espíritus. Somos los niños de Dios, hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús.

Enemigo No. 2 – Falta De Entender Nuestro Lugar En Cristo

Dondequiera que voy sugiero que los cristianos vayan a través del Nuevo Testamento, particularmente las epístolas, y escriban las frases “en Cristo“, “en quien“, y “en El“. El escribirlas ayudará a recordarlas. Hay aproximadamente 140 de estas expresiones en el Nuevo Testamento. Si lees y meditas en estas escrituras hasta que se vuelvan una parte de ti, la vida se te hará diferente. A medida que leas estos versículos, dite a ti mismo: “Esto es lo que soy. Esto es lo que tengo en Cristo Jesús“.

En una iglesia que yo visité había una mujer a quien el pastor describió como una de las trabajadoras cristianas más sobresalientes que había conocido. Ella se había graduado en un seminario de líderes con un grado en educación cristiana, y prestaba sus servicios a la iglesia gratuitamente. Durante nuestro avivamiento en ese lugar, yo urgí a la gente para que comenzaran a memorizar y a reclamar estos versículos. Después de un tiempo esta mujer se me acercó y me dijo que había estado confesando veinticinco de estas escrituras, y que se había convertido en una persona completamente diferente. Se dio cuenta de que ya no se preocupaba más. Ella me dijo que pensaba y actuaba de diferente manera. Se sentía diferente. Estaba sorprendida de ella misma. Yo le dije que estaba comenzando ahora a andar en la luz de lo que siempre había tenido: Ella, como muchos cristianos, no había llegado a comprender lo que Cristo era en su vida. Esto obstaculizaba su fe. El recibir ese entendimiento la curó de su hábito de la preocupación.

Enemigo No. 3 – Falta De Entender La Justicia

2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos la justicia de Dios en El”.

La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Por lo tanto por el nuevo nacimiento nos volvemos una nueva criatura justa.

Sabemos que Dios no hizo ninguna nueva criatura injusta. Somos creados por Dios en Cristo Jesús. Él hizo una nueva criatura justa. Somos hijos e hijas de Dios como si nunca hubiéramos pecado. Podemos estar en Su presencia sin conciencia de pecado, sin ningún sentimiento de culpa o vergüenza. No tenemos que estar paralizados por el temor. Podemos venir a la presencia de Dios porque ahí pertenecemos. Cuando nacimos de nuevo, nuestros pecados fueron perdonados porque nuestra vida pasada dejó de existir. Dios dijo que no recordaría nuestras transgresiones (Jeremías 31:34). Y si Él no las recuerda, ¿por qué debemos hacerlo nosotros?

Algunos pueden preguntar: “Pero yo he cometido pecados desde que me hice cristiano, ¿cómo puedo ser justo?” La respuesta a esta pregunta se encuentra en 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad“. Cuando el creyente que ha pecado confiesa su pecado y pide perdón, el Señor hace dos cosas: Primero, lo perdona. Segundo, lo limpia de toda maldad.

Cuando hemos pecado nos sentimos culpables y tenemos una sensación de injusticia. Nos sentimos indignos de venir a la presencia del Señor. Pero cuando confesamos nuestro pecado. El perdona y también limpia. Ganamos de nuevo nuestra posición correcta con Él.

La palabra “injusticia” es la palabra “justicia” con el prefijo “in” por delante, significando “no” o “no-justicia“. Si somos limpios de “no-justicia“, entonces somos justos otra vez.

Enemigo No. 4 – Falta De Entender Nuestro Derecho A Usar El Nombre De Jesús

Juan 16:23-24 dice: “…Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido”.

Cuando nos damos cuenta del poder del nombre de Jesús, cuando entendemos lo que ese nombre hará, entonces podemos derrotar a Satanás y disfrutar la victoria.

En el capítulo 16 de Marcos, Jesús les dijo a sus discípulos, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen…” (Marcos 16:15-17). A aquellos que creen este evangelio, estas señales les seguirán; no solamente a la iglesia primitiva, no solamente a los apóstoles, no solamente a los predicadores. Todos los creyentes pueden echar fuera demonios en Su nombre. Todo cristiano tiene autoridad sobre los demonios y espíritus malignos en el nombre de Jesús. En Su nombre ellos hablarán con nuevas lenguas. En Su nombre impondrán las manos sobre los enfermos y sanarán.

¡El nombre de Jesús tiene autoridad y poder hoy, y ese nombre nos pertenece!

Enemigo No. 5 – Falta De Actuar Sobre La Palabra

Si sabemos que la Palabra de Dios es verdad, y actuamos como que es verdad, entonces se convierte en una realidad en nuestras vidas. La Biblia dice: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5). Todo lo que es necesario que sepamos es “¿Qué dice la Palabra de Dios?“.

La gente con frecuencia me pregunta por qué no reciben sanidad. Ellos citan escrituras como “…El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17), y “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuisteis sanados” (1°Pedro 2:24). Ellos me dicen que creen estas escrituras. Entonces les pregunto: “Pero, ¿han actuado ustedes como que estos versículos son verdad?

A la edad de 46 años, al Doctor A.B. Simpson, un ministro Presbiteriano que más tarde fundó la Alianza Misionera Cristiana, le dijeron que estaba muriendo de una condición del corazón y que solamente tenía seis meses de vida. Tomó vacaciones y se fue a su granja para poder tener tiempo para estudiar la Palabra de Dios sobre el tema de la sanidad divina, un tema que había adquirido su interés. El escribió en el libro titulado El Evangelio de la Sanidad: “…durante aquel verano oí a varias personas dando testimonio de su sanidad por el simple hecho de confiar en la Palabra de Cristo, tal y como lo hicieron para recibir su salvación. Esto me llevó a estudiar la Biblia. Determiné que debía resolver este asunto una vez por todas.

Me alegro de no haber acudido a ningún hombre“, continuó. “A Sus pies, solamente, con la Biblia abierta, y con nadie para ayudarme o guiarme, me convencí de que esta era parte del Glorioso Evangelio de Cristo para un mundo pecador y sufriente, y que era parte de Su Compra en la Bendita Cruz, para todo aquel que creyere y recibiese Su Palabra”.

Simpson le prometió solemnemente a Dios que aceptaba la sanidad sin ninguna cuestión, que recibía a Jesús como su Sanador; y que predicaría y ministraría la sanidad en cualquier forma que Dios se lo pidiera.

Dos días después, Simpson fue invitado a predicar en una reunión en New Hampshire. Todo lo que le vino a la mente para hablar fueron las palabras “Él mismo” en Mateo 8:17. Así que El abrió su Biblia, leyó el versículo y les dijo a la audiencia que quería enfocar su atención a esas palabras. Entonces dio su testimonio acerca de cómo había estado escudriñando la Biblia y había llegado a la conclusión de que Jesús todavía sana hoy.

El día siguiente fue invitado a ir a escalar montañas. Su primera reacción fue que no podía ir por la condición de su corazón. Entonces recordó que había declarado su sanidad, así que aceptó la invitación. Hasta ese punto él no había sentido realmente su sanidad sino que solamente la había declarado. Luchó todo el camino montaña arriba. Cada vez que quitaba su mente de la escritura comenzaba a sentir dolor, y miedo. Pero a medida que venció estos sentimientos y reclamaba su sanidad, los síntomas se iban. El peleó esa batalla todo el camino hasta llegar a la cima de la montaña, pero salió victorioso. Prosiguió llevando una vida energética y activa en el servicio de Dios sin ningún tipo de síntomas. “Yo necesitaba tomar ese paso y reclamar mi victoria“, concluyó diciendo.

La fe real es hija del conocimiento de la Palabra de Dios. Simpson actuó en la Palabra y obtuvo fe real de ella. En vez de tratar de creer, él actuó sobre la Palabra.

Enemigo No. 6 – Falta de Asirnos Bien De Nuestra Confesión De Fe

Romanos 10:10 dice: “Porque con el corazón se cree para justicia; pero con la boca se confiesa para salvación”.

Marcos 11:23-24 dice: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte, quítate y échate en el mar; y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo, todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

Un joven ministro en San Luis, una vez me dijo, “Tengo treinta y dos años. Los doctores han dicho que es imposible que mi esposa tenga hijos. ¿Hablarás y orarás con nosotros?” A medida que hablábamos y orábamos juntos, su esposa dijo que ella confesaría que tendrían un hijo. En el pasado había dicho que a ella le gustaría tener un niño. Ahora diría que ellos tendrían un hijo. Doce meses más tarde recibí una carta diciendo que tenían una bebé robusta. Todo lo que ellos necesitaban hacer era actuar sobre la Palabra. La fe es medida por nuestra confesión. Nuestra utilidad para el Señor es medida por nuestra confesión. Eventualmente nos convertimos en lo que confesamos para bien o para mal. Hay una confesión de nuestro corazón y una confesión de nuestros labios, y cuando estas dos armonizan, nos volvemos poderosos en nuestra vida de oración. La razón por la que muchos cristianos son derrotados es porque hacen una confesión negativa. Siempre están hablando de sus debilidades y fracasos, e invariablemente se hunden al nivel de su confesión.

Hay una ley en las escrituras que yo descubrí de los labios de Jesús en Marcos 11:23-24, la cual fue citada anteriormente. Esta es la ley que dice que nuestras confesiones nos gobiernan. Somos lo que decimos. La mujer con el flujo de sangre, cuya historia encontramos en Marcos 5:25-34 dijo: “Si tocare solamente su manto, seré salva“. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote“. Lo que ella dijo era su fe hablando; y así sucedió.

Cuando nosotros peleemos “la buena batalla de la fe“, como el apóstol Pablo nos exhorta, podemos salir del angosto lugar del fracaso y la debilidad en el que vivimos y entrar al infinito poder de Dios.

Texto Para Memorizar: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12).

Tomado y editado del Capítulo 20 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 16

En esta lección empezaremos a ver la enseñanza “Siete Pasos Hacia la Clase más Elevada de Fe”.

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Lección 16 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 1)

Textos Bíblicos: Colosenses 1:12-14; 1°Corintios 6:19-20.

Verdad Central: Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos liberados del poder de las tinieblas, y somos trasladados al Reino de Su amado Hijo.

En esta próxima serie de lecciones de fe tengo un doble propósito en mente. Ya hemos cubierto la mayoría de estos siguientes puntos en una forma u otra, pero quise ponerlos juntos para que puedas ver el progreso que estás haciendo. Si has estudiado estas lecciones de fe y ellas han formado parte de tu vida, el diablo va a tratar de vencerte. El Señor quiere que estés preparado para el futuro, y a través del poder de la Palabra de Dios puedes estar listo para cualquier emergencia que se presente.

Paso 1 – La Integridad De La Palabra De Dios

Lo primero que necesitamos saber es que la Palabra de Dios es realmente lo que declara ser. Es una revelación de Dios a nosotros. Es Dios hablándonos ahora, No es solamente un libro del pasado y un libro del futuro, es también un libro del ahora. Este libro tiene el aliento de Dios, es habitado por Dios, y es un mensaje inspirado por Dios. “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). La traducción de Moffat de este versículo (traducida del inglés) dice así, “Porque la Palabra de Dios es una cosa viviente“. La Palabra de Dios está viva. Pero solamente se hará viva para ti cuando la uses y actúes en ella.

Así que vemos que el primer paso hacia la clase más elevada de fe es aceptar y entender la integridad de la Palabra de Dios. La Palabra es de gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les da gran importancia. Algunas veces las personas piensan que Dios no les ha hablado a ellos a menos que tengan un mensaje en lenguas o profecía. Pero la Palabra de Dios es Dios hablándonos. El don de profecía, lenguas e interpretación de lenguas no sobrepasan a la Palabra. La Palabra viene primero. Estos dones orales inspiracionales nos son dados para inspirarnos en línea con la Palabra de Dios, pero si dicen algo aparte de la Palabra, no es el Espíritu Santo el que está hablando; esa persona está hablando de su propio pensamiento. Siempre debemos juzgar estas cosas a la luz de la Palabra de Dios.

También hay algunos que tratan de hacer que la Palabra diga ciertas cosas porque quieren que diga lo que ellos creen. Están tratando de adaptar la Palabra a sus propias creencias en vez de adaptar sus creencias a la Palabra. Algunas gentes tratan de pasar desapercibidos ciertos pasajes o explicarlos de manera que les roban su valor. Pero debemos aceptarlos por lo que dicen y caminar en su luz. Debemos creer lo que la Palabra dice, no lo que pensamos que dice. Cuando empieces a estudiar la Palabra en esta luz, aceptándola como es, te sorprenderás al darte cuenta que algunas de las cosas que siempre has creído no se encontraban en la Palabra. Te preguntarás por qué creíste algunas cosas como lo hiciste.

Esto ocurrió en mi propia experiencia. Mientras pasé muchos meses en el lecho de aflicción, estudié la Biblia y vi en ella verdades de la fe y de la sanidad. Pero mientras más estudiaba la Palabra de Dios, más vela que era verdad.

A pesar de las enseñanzas de mi iglesia, decidí que iba a andar a la luz de la Palabra de Dios porque creí que esta Palabra era Dios hablándonos a nosotros hoy en día. Cuando tomé ese paso, la mayor parte de la batalla fue ganada.

Para creer realmente la Palabra de Dios tuve que ir en contra, no solo de las enseñanzas de mi iglesia, sino también de mi familia. Es sorprendente como podemos hacerle más caso a lo que enseñan en una iglesia que a la misma Biblia. Y algunas veces nuestros amados, pensando que ellos saben lo que mejor nos conviene, se opondrán a que caminemos en la luz completa de la Palabra de Dios. Aun así, yo tomé la determinación de seguir la Palabra de Dios, sabiendo que ésta es Dios hablándome a mí hoy.

Paso 2 – Nuestra Redención En Cristo

Lo segundo que necesitamos saber es la realidad de nuestra redención en Cristo; no como doctrina, filosofía o credo de algún tipo, sino como una redención real de la autoridad de Satanás. Por el nuevo nacimiento hemos sido trasladados al reino de Su Hijo, al reino de Dios. En otras palabras, hemos nacido dentro de la misma familia de Dios.

Colosenses 1:12-14 dice: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

Qué maravilloso que podemos entrar a nuestra herencia en Cristo. Dios nos ha capacitado para poder tener parte de esta herencia, como acabamos de leer.

El versículo 13 continúa diciendo, “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. La palabra griega traducida “potestad” aquí, quiere decir “autoridad“. “El cual nos ha librado de la AUTORIDAD de las tinieblas…”. Se refiere al reino de Satanás. Nota también que la escritura no dice que Él nos va a librar. Dice, “El cual nos HA librado…”.

El versículo 14 nos dice el precio de la redención. “En quien tenemos redención por su sangre…”. En conexión con esta escritura leemos en Apocalipsis 12:11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…”. La versión revisada Americana de este versículo dice: “por la sangre del Cordero y por la palabra del su testimonio”.

La sangre de Jesús es la base de nuestra victoria. Pero tenemos que agregarle nuestro testimonio, nuestra confesión. Tenemos que defender nuestra posición en contra del enemigo. Ya que Satanás es el dios de este mundo, él tratará de ejercer autoridad sobre ti. Pero no tiene que ser el que gane, porque tú has sido librado a través de la sangre de Jesucristo del poder de las tinieblas, de la autoridad de Satanás. Por la virtud del nuevo nacimiento has sido trasladado al reino de Su amado Hijo. En toda batalla con Satanás puedes ganar, no importa la clase de prueba que sea, porque tienes redención a través de la sangre del Cordero y por la palabra de tu testimonio.

¡Hay Poder En Su Sangre!

El dominio de Satanás sobre nosotros como nuevas criaturas en Cristo terminó. Jesús es el Señor y Cabeza de este nuevo cuerpo. Las escrituras se refieren a Él como a la Cabeza de la Iglesia. La Iglesia, la cual es todos los creyentes nacidos de nuevo, es llamada el Cuerpo de Cristo. Satanás no tiene derecho de gobernar sobre el Cuerpo de Cristo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo. Él es quien debe gobernar y dominar el Cuerpo.

Algunas personas aceptan la derrota en la vida porque no entienden la Palabra en su plenitud. Ellos me han dicho que no triunfaron porque no era la voluntad de Dios. Me han dicho: “Nuestros espíritus pertenecen al Señor, pero nuestros cuerpos no han sido redimidos todavía. Por eso, ahora debemos sufrir enfermedades en el terreno físico. Pero viene el tiempo cuando no tendremos que hacerlo”. En respuesta a esto vayamos a 1 Corintios 6.

1 Corintios 6:19-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Este pasaje nos dice que no solamente nuestro espíritu, sino nuestro cuerpo también fue comprado por un precio. Por lo tanto, debes “glorificar a Dios en tu cuerpo y en tu espíritu, los cuales son de Dios“. ¿Recibe Dios alguna gloria cuando Satanás nos domina físicamente? ¿Podría Dios obtener alguna gloria de un cuerpo, templo del Espíritu Santo, que está deformado o desfigurado con enfermedad? Ciertamente que no. Necesitamos entender esto claramente y aprender a tomar una posición firme contra el diablo cuando ataca nuestros cuerpos; tal y como lo haríamos cuando ataca nuestros espíritus.

Veamos de nuevo Colosenses 1:12, “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz“. Esto es parte de tu herencia como hijo de Dios cuando andas en la luz. Tenemos autoridad sobre el diablo a través de la sangre de Jesús. Es por la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio que vencemos a Satanás, que somos librados del poder de las tinieblas y somos trasladados al reino de su amado Hijo.

Observa las palabras, “Dando gracias al Padre, que nos hizo APTOS para participar de la herencia…”. Puedo tomar de mi herencia ahora mismo. No tenemos que relegarla al futuro. Tenemos una herencia ahora. Estamos libres de la autoridad de las tinieblas ahora. Hemos sido trasladados al reino de Su amado Hijo ahora. Tenemos libertad y redención de la mano de Satanás ahora Podemos vencerlo ahora por la sangre del Cordero y por la palabra de nuestro testimonio. Podemos glorificar a Dios ahora en nuestros cuerpos y en nuestros espíritus, los cuales son de Dios.

Texto Para Memorizar: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…” (Apocalipsis 12:11).

Tomado y editado del Capítulo 16 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 14

En esta lección veremos la importancia de hablar correctamente, no hablar nuestras dudas y temores sino hablar lo que la Palabra de Dios dice de nosotros, sin importar que la circunstancias sean adversas, porque el declarar lo que Dios dice nos hará pasar por encima de ellas y nos llevará a la victoria.

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Lección 14 – La Confesión Correcta E Incorrecta

Textos Bíblicos: 2 Timoteo 1:7; 1 Pedro 2:24; Mateo 8:17

Verdad Central: La confesión de nuestros labios dará el dominio sobre nosotros a Dios o a Satanás.

La Biblia es la Palabra de Dios y contiene los pensamientos de Dios. Y por supuesto, los pensamientos de Dios son diferentes de los pensamientos de los hombres. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. Porque como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9). A medida que vamos estudiando la Palabra de Dios y conociendo sus pensamientos, podemos atrevemos a pensar los pensamientos de Dios poniendo nuestro pensar en línea con Su Palabra.

Estudiando acerca de la confesión hemos aprendido que si nuestra confesión es incorrecta es porque nuestro creer es incorrecto.  Si nuestro creer es incorrecto es porque nuestro pensar es incorrecto. Y si nuestro pensar es incorrecto, es porque nuestra mente no ha sido aún renovada con la Palabra de Dios.

Algunas veces las enseñanzas de la Palabra de Dios no le parecen razonables al hombre natural, pero eso es porque su mente no ha sido renovada por la Palabra. Marcos 11:22-24 dice: “…Tened fe en Dios (o la clase de fe que Dios tiene). Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere…y no dudare en su corazón sino creyere…lo que diga le será hecho. Por tanto os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. La versión amplificada de este versículo dice, “Por esta razón os digo, cualquier cosa que pidiereis en oración, creed – confiad y estar seguros – de que se os ha otorgado, y lo obtendréis“.

Las cosas más grandiosas que le sucederán a un cristiano ocurrirán cuando se mueva en ese ámbito o reino espiritual. Su intelecto y los sentidos físicos se le pondrán a cada paso del camino para evitar que entre en ese ámbito, porque, si la mente natural no ha sido renovada por la Palabra de Dios, lo querrá mantener en el terreno natural. Pero hay un terreno espiritual, y este es realmente el terreno del cristiano.

La Confesión Correcta E Incorrecta

Mirando dentro del asunto del pensar incorrecto, el creer incorrecto y la confesión incorrecta, hagamos la pregunta, ¿Qué es exactamente la confesión incorrecta? La confesión incorrecta es una confesión de derrota y fracaso, y de la supremacía de Satanás. El hablar de cómo el diablo le está impidiendo triunfar, manteniéndole en cautiverio, o manteniéndole enfermo, es una confesión de derrota. Y una confesión como esa, simplemente glorifica al diablo.

Como hemos dicho en las lecciones anteriores, la confesión es dar testimonio de una verdad que hemos abrazado, testificar de algo que sabemos, y afirmar algo que creemos. Muchas veces nuestras confesiones, en vez de dar testimonio de lo que la Palabra de Dios tiene que decir acerca de determinado asunto, admiten nuestra derrota y glorifican al diablo en vez de a Dios. Algunos de nosotros somos como la querida anciana que se puso en pie en la iglesia para testificar: “El diablo ha estado detrás de mí toda la semana, bendito sea su nombre“. Pero muchos de nuestros testimonios testifican más de la supremacía de Satanás en nuestras vidas que del dominio de Cristo. Cuando testificamos de lo que Dios ha hecho por nosotros, lo estamos glorificando; de la misma manera, cuando hablamos de lo que el diablo está haciendo, de nuestras derrotas y fracasos, estamos glorificando al diablo.

Mucha gente pierde la bendición que Dios tiene para ellos solo por hacer la confesión incorrecta. Están derrotados y la vida es solamente un continuo roce para ellos.

¡En realidad, una confesión que glorifica al diablo es una declaración inconsciente de que Dios es un fracaso!  Una confesión como ésa destruye nuestra fe y nos mantiene en cautiverio. La confesión de la habilidad del diablo para estancarnos y evitar que triunfemos le da dominio a él sobre nosotros. Por lo tanto, con tu boca, vas a darle a Dios dominio sobre ti o a Satanás. La confesión de tus labios que ha crecido de la fe en tu corazón va a derrotar absolutamente al diablo en cada combate.

Cuando somos salvos, confesamos el Señorío de Jesús. El comienza a tener dominio sobre nosotros y a gobernar nuestra vida. Pero cuando confesamos la capacidad de Satanás para estancarnos y evitarnos triunfar, entonces, aunque seamos cristianos, le estarnos dando a Satanás dominio sobre nuestras vidas. Él es el dios de este mundo, y tomará lugar porque nosotros se lo permitimos. Aunque puede ser un permiso hecho por ignorancia o un consentimiento inconsciente, sin embargo, es un consentimiento. Y cuando Satanás tiene dominio, estamos llenos de debilidad y temor.

Venciendo El Temor Y La Duda

2 Timoteo 1:7 dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía (temor), sino de poder, de amor y de dominio propio”.

Aunque en lo natural podemos algunas veces sentir miedo, nunca debemos confesar temor. El temor no es de Dios. La escritura anterior dice que Dios no nos ha dado un espíritu de temor, “sino de poder, de amor, y de dominio propio“. El temor no es algo que viene de dentro de ti. Es algo que viene de afuera, tratando de dominarte. Es del enemigo. No debemos confesar temor, debemos confesar poder, amor y dominio propio.

Lo mismo es cierto sobre la duda. No confieses tus dudas. Esto no quiere decir que no debes admitir duda si la tienes. Únicamente que no digas nada acerca de ella. La duda es del diablo. La duda es un artículo de contrabando. La duda es mala. El cristiano no tiene nada que ver con la duda, porque no le pertenece a él. Mucha gente piensa que está siendo sincera cuando confiesa que duda. Puedes haber sido tentado a dudar, pero puedes hacer que el diablo huya, resistiéndolo.

Así que no confieses duda, confiesa fe. Empieza a hablar de quien eres en Cristo. Tú eres un creyente. Eres una nueva criatura. Habla eso, cree eso, piensa eso. Y si eres tentado; y ninguno de nosotros está exento de ser tentado, “resistid al diablo y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Niégate a dudar en el nombre del Señor Jesucristo y la duda te dejará.

Confesando La Palabra De Dios

En vez de confesar tus dudas y temores, confiesa lo que la Palabra de Dios dice. Dios dijo: “No temas, porque yo estoy contigo…” (Isaías 41:10). Por lo tanto puedes decir: “Yo no tengo miedo. Yo soy un hijo de Dios y Él está conmigo. Él no me ha dado un espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio. No soy un desconfiado, soy un creyente“.

Deja de hablar el lenguaje del diablo de duda y temor. Empieza a hablar el lenguaje de Dios. Dios es un Dios de fe. Nosotros somos hijos de fe de un Dios de fe.

En una de nuestras reuniones una mujer me dijo acerca de su hermana, quien estaba en una institución mental: “Ella no está muy mal, pero sí necesita los cuidados de una institución mental. Ella entiende lo que se le dice. En ocasiones puedo traerla a casa por períodos de dos semanas. La traeré a casa ahora para que pueda asistir a estas reuniones. Creo que le ayudarán“.

Yo no oré por la mujer enferma durante esas dos semanas, pero estuvo en cada reunión. Sólo por escuchar la Palabra, su mente se volvió clara y nunca tuvo que volver a la institución mental. Los doctores le dieron por alta, dándole una tarjeta limpia de salud. En el pasado ella había estado confesando derrota, temor y duda hasta que se volvieron parte de ella. Pero a medida que escuchó la Palabra de Dios predicada vio donde había fallado, comenzó a confesar lo correcto y fue sanada.

Viendo la notable recuperación de esta mujer, otra señora en la iglesia fue inspirada para traer a su vecina, quien había sido asignada al hospital mental del estado pero todavía no se había ido. Ni esta mujer ni su esposo eran cristianos, pero él consintió en dejarla asistir a nuestras reuniones con su vecina. En una semana, la mujer fue salva, sana y llena del Espíritu Santo, y nunca tuvo que ir al hospital mental.

La gente se puede enfermar mentalmente así como físicamente, y Dios puede sanar enfermedades mentales tan fácilmente como puede sanar las físicas. Tenemos que reconocer que Dios no nos ha dado un espíritu de temor. Necesitamos aprender a estar firmes contra el enemigo.

Recuerda, la confesión de temor, le da al temor dominio sobre ti. Tus temores se vuelven más fuertes y te metes más dentro del cautiverio del enemigo. Pero si confiesas el cuidado que tu Padre tiene de ti, confiesas Su protección, confiesas Su Palabra, y declaras con denuedo que lo que dice Dios acerca de ti es cierto, confiesas que mayor es Él que está en ti que el que está en el mundo, te levantarás por encima de la influencia satánica en toda ocasión.

Cuando confiesas tus dudas y temores, tus debilidades y enfermedades, estás confesando abiertamente que la Palabra de Dios no es verdad y que Dios ha fracasado en hacer las cosas bien. Su Palabra declara que por sus llagas fuiste sanado.

1 Pedro 2:24 dice: “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.

Mateo 8:17 dice: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.

Si en vez de confesar que “Jesús tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias“, declaramos que todavía las tenemos, permaneceremos enfermos. Pero cuando empezamos a confesar que Él ha hecho algo con respecto a nuestras enfermedades, entonces recibiremos sanidad. Muchísimas tomamos el testimonio de nuestros sentidos físicos en vez de tomar el testimonio de la Palabra de Dios. Tenemos que practicar la Palabra de Dios, para que pueda obrar a nuestro favor.

Texto Para Memorizar: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía sino de poder, de amor, y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

Tomado y editado del Capítulo 14 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 13

En esta clase aprenderemos la importancia de conocer y confesar los privilegios que tenemos por el hecho de estar en Cristo.

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Lección 13 – La Confesión Del Creyente De Sus Privilegios En Cristo

Textos Bíblicos: 2°Corintios 5:17; Efesios 1:7-8; Hechos 17:28.

Verdad Central: Cuando sabemos lo que somos en Cristo y pensamos de acuerdo con ello; cuando lo creemos y lo confesamos, entonces no pueden haber fracasos para nosotros.

Brevemente tocamos las cinco partes de la confesión en nuestra última lección, pero lo veremos con más detalle en nuestro estudio de hoy para intentar aprender más acerca de lo que debemos confesar. Nuestra confesión se centra alrededor de estas cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de la Palabra y del Espíritu Santo, ha creado para nosotros en el nuevo nacimiento y la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo ahora a la diestra del Padre, donde El vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer a través nuestro, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

Descubriendo Nuestros Privilegios En Cristo.

Como dijimos, la confesión es testificar de algo que nosotros sabemos. Es imposible testificar de algo que no sabemos. Y es lo que sabemos personalmente acerca del Señor Jesucristo y lo que somos en Él lo que cuenta. Primero que nada, lo podemos conocer a Él personalmente. Es de primordial importancia el ser nacido de nuevo. Pero solamente porque alguien ha nacido de nuevo, no significa necesariamente que es un cristiano victorioso. También debe saber quién es él en Cristo Jesús. Cuando sabemos lo que somos en Él y pensamos de acuerdo con ello, lo creemos y lo confesamos, entonces no hay fracaso para nosotros.

Para descubrir lo que somos en Cristo, debemos mirar a la Palabra de Dios. Ve al Nuevo Testamento, especialmente las epístolas escritas a la iglesia y subraya con lápiz rojo cada una de las escrituras que tengan la expresión “en El”, “En Cristo”, y “En Quien“. Aún mejor, toma varias hojas de papel y escribe todas estas escrituras.

En el momento en que las encuentres, empieza a confesar que esto es lo que eres y lo que tienes en Cristo. Si haces esto, yo te garantizo que tu vida será diferente dentro de unos cuantos días.

Ya que ni tiempo, ni espacio nos permiten ver todas estas escrituras aquí, veamos algunas de ellas.

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Nota la expresión “en Cristo“. ¡Qué cosa más revolucionaria es para los creyentes creer y confesar!

Somos nuevas criaturas en Cristo Jesús. No solamente somos pecadores perdonados. No somos débiles, pobres, vacilantes, viviendo con las justas, miembros de iglesia. Somos nuevas criaturas, creados por Dios en Cristo Jesús. Somos nuevas criaturas con la vida de Dios, la naturaleza de Dios y la habilidad de Dios en nosotros.

Siendo un nuevo convertido a la edad de 17 años, nunca tuve los problemas que muchos tienen porque era pronto a decirles a todos, “soy una nueva criatura“. Era pronto a dar testimonio de la gracia salvadera de Jesús en mi vida, dondequiera que iba. Encontré que mientras más hablaba de ello, más real se volvía para mí la nueva creación, porque eso es lo que somos y quienes somos.

Yo era activo en salvar almas predicando en las cárceles, en las calles y trabajando en la iglesia. Mientras estaba parado en la esquina de una calle, un día, un chico que conocía se me acercó y me pidió que le hiciera un favor. “No te pediría que hicieras esto,” me explicó, “pero ya se me ha hecho tarde y le prometí a mi novia que le traería un amigo para su prima, quien ha venido de otra ciudad a visitarla. ¿Vendrías conmigo y me ayudarías a salir de esa dificultad? Te estaré agradecido para siempre, y te prometo que no estaremos más de 30 o 40 minutos, y que no fumaremos, beberemos, ni bailaremos mientras tu estés ahí“. Vacilando un poco fui con él para sacarle de ese aprieto.

Cuando llegamos a la casa de su novia, ella me presentó a su prima. Acabábamos de sentarnos cuando pusieron un disco en el fonógrafo y empezaron a bailar. Cuando la prima de la novia de mi amigo me pidió que bailara, le dije, “no, gracias, yo no bailo“.

Ella me miró como si yo acabara de venir de Marte y me dijo: “¿No bailas? ¿Por qué?” “Porque soy una nueva criatura”, le contesté. “¿Qué quieres decir con que eres una nueva criatura?” Entonces le cité 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Hubo un tiempo cuando yo estaba interesado en cosas como el bailar, pero ahora mi vida es diferente. He sido hecho una nueva criatura en Cristo, con nuevos intereses y nuevos deseos“. Mientras el disco continuaba tocando y la otra pareja bailaba, yo seguí dándole a la chica mi testimonio de fe en Cristo. Las palabras empezaron a golpear su corazón con convicción y empezó a llorar. Cuando el disco terminó, el chico vio lo que estaba pasando. Él se dio la vuelta hacia mí y me dijo, “vámonos“, y me llevó a mi casa.

No importaba donde estuviera; en las cárceles, en las calles, en la escuela o en la iglesia, siempre estaba listo para dar mi testimonio a toda persona con la que tuviera contacto, de que había nacido de nuevo y que era una nueva criatura en Cristo Jesús. Y si confesamos esto, hará una gran diferencia en nuestras vidas. Yo no era tentado por las cosas del mundo porque constantemente confesaba que era una nueva criatura en Cristo Jesús.

Redención De La Maldición De La Ley.

En Efesios 1:7-8 dice: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia”.

Observa las palabras “en quien tenemos redención…“. Qué agradecidos debemos estar porque no estamos tratando de alcanzarla, ya la tenemos. No la tendremos algún día, sino que ya la tenemos. El dominio de Satanás ha sido roto, él perdió su dominio sobre nuestras vidas en el mismo momento en que nos volvimos nuevas criaturas. Recibirnos un nuevo Señor. Jesucristo reina sobre nosotros. Satanás era nuestro Señor, pero ahora Jesús es nuestro Señor (Romanos 10:9 dice, “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor...” o a Jesús como Señor). El dominio de Satanás terminó, el dominio de Jesús empezó en el momento en que lo aceptamos como Señor y nacimos de nuevo.

¿De qué y de quién somos redimidos? Cuando esta pregunta es hecha, mucha gente dice: “Soy redimido del pecado“. Y esa es parte de la respuesta, pero ni siquiera está cerca de ser toda la respuesta. Gálatas 3:13 dice, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)“. Somos redimidos de la maldición de la Ley. Para averiguar qué es la maldición de la ley, debemos regresar a los cinco primeros libros de la Biblia. Ahí vemos que la maldición de la ley o el castigo por quebrantar la Ley de Dios es tripartita: pobreza, enfermedad y la segunda muerte. Dios nos ha redimido de la maldición de la pobreza, de la maldición de la enfermedad, y de la maldición de la muerta; de la muerte espiritual ahora y de la muerte física cuando Jesús venga otra vez. No debemos temer de la muerte segunda.

Hechos 17:28 dice: “Porque en El vivimos, y nos movemos, y somos…”.

¡Qué almacén tan vasto de poder pasamos desapercibido muchas veces! En Él, en Cristo nuestro Salvador y Señor, tenemos vida, energía, fuerza para las tareas imposibles. No dice que podemos hacer estas cosas en nosotros mismos, sino a través de Él, a través de Su poder, porque “en El vivimos, y nos movemos, y somos”.

Liberación Del Poder De Satanás.

Vamos a ver dos escrituras que, aunque no contienen las palabras “en Él”, “en quien” o “en Cristo“, llevan algo del mismo mensaje de lo que tenemos en Él. “Quien (Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y tras al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Este versículo dice que somos libres de la autoridad de las tinieblas, del poder de Satanás.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). La contraparte de este versículo en el Antiguo Testamento se encuentra en Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia“.

Luego en el Nuevo Testamento encontramos, “Qué, pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Podemos tomar esto como un mensaje personal para nosotros. Porque estamos bajo el nuevo pacto, podemos decir, “Gracias a Dios. Él está en nosotros“. Esta es la mejor razón en la que puedo pensar para no tener miedo.

Una mujer me dijo: “Pero no es así en mi vida, yo sé que no lo es“.

Yo le respondí: “Dios dice que es así; tú dices que no. Por lo tanto, o tu o Dios está mintiendo al respecto. Si tú fueras a pararte delante de tu madre y la llamaras mentirosa, te sentirías muy mal, ¿no es así? Entonces, ¿cómo puedes esperar sentirte bien cuando te paras delante de Dios y dices: ‘Tu Palabra no es verdad, no es cierta. Tú eres un mentiroso’? Para remediar esta situación tienes que empezar a confesar que es así, aunque pienses que no es así en tu vida. Entonces se volverá una realidad“.

Tenemos que poner nuestro pensar en línea con la Palabra de Dios, entonces nuestro creer será correcto. Cuando nuestro creer sea correcto, podremos empezar a confesar; decir, afirmar, dar testimonio, testificar, de la Palabra de Dios. Entonces tendremos éxito. ¡Entonces la vida será diferente para nosotros!

Texto Para Memorizar: “Porque en El vivimos, y nos movemos, y somos…” (Hechos 17:18)

Tomado y editado del Capítulo 13 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 12

En esta lección veremos como la confesión de la Palabra de Dios edifica nuestra fe, pues declara lo que la Palabra de Dios dice de nosotros.

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Lección 12 – La Confesión De La Palabra de Dios Edifica La Fe

Textos Bíblicos: Marcos 16:15-20; Isaías 41:10; Salmos 119:28,130.

Verdad Central: La confesión es el modo que la fe tiene de expresarse. La confesión de la fe crea realidades.

Siempre es posible saber si una persona está creyendo de forma correcta por lo que dice. Si su confesión es incorrecta, su creer es incorrecto, si su creer es incorrecto, su manera de pensar es incorrecta. Si su pensar es incorrecto, es porque su mente aún no ha sido renovada con la Palabra de Dios. Los tres; creer, pensar, decir, van juntos. Dios nos ha dado Su Palabra para corregir nuestro pensar. Nosotros podemos pensar de acuerdo con la Palabra de Dios.

En nuestros estudios sobre el tema de la confesión hemos tratado con tres tipos de confesión: la confesión de los pecados de los judíos, la confesión del pecador de hoy, y la confesión del creyente que está fuera de comunión con Dios. En esta lección veremos la confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

Como ya lo mencionamos en una de las lecciones previas, siempre que la palabra “confesión” es usada, nosotros instintivamente pensamos en el pecado y en el fracaso. Pero ese es el lado negativo. Eso es importante en su lugar, claro, pero hay un lado positivo y la Biblia tiene mucho más que decir acerca del lado positivo que del negativo.

Las Cinco Partes De La Confesión

Confesar es afirmar algo que creemos. Es testificar de algo que nosotros sabemos. Es dar testimonio de una verdad que nosotros hemos abrazado. Nuestra confesión debe centrarse en cinco cosas:

1) Lo que Dios en Cristo ha provisto para nosotros en su plan de redención.

2) Lo que Dios, a través de Su Palabra y del Espíritu Santo, ha creado en nosotros en el nuevo nacimiento y en la plenitud del Espíritu Santo.

3) Lo que somos para Dios Padre en Cristo Jesús.

4) Lo que Jesús está haciendo por nosotros ahora a la diestra del Padre donde vive siempre intercediendo por nosotros.

5) Lo que Dios puede hacer por nosotros, o lo que Su Palabra puede hacer a través de nuestros labios.

La Confesión En Marcha – Predicando La Palabra

Marcos 16:15-20: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas. Tomarán en las manos serpientes y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”.

Dios obra a través de nosotros por su palabra a través de nuestros labios. Jesús dijo, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura“. Esa es la manera en que Dios obra a través nuestro. Nosotros llevamos la Palabra a los perdidos. Si no llevamos la Palabra al mundo, entonces perdemos el tiempo, orando para que Dios haga algo. En otras palabras, sería inútil orar por alguien que está perdido sino le lleváramos también el evangelio de la salvación. Si con solo orar pudiéramos conseguir que la gente se salvara, no tendríamos que mandar misioneros por todo el mundo. Sólo tendríamos que orar para que todos entraran al reino. Sin embargo, el Espíritu Santo obra solamente en conexión con la Palabra.

En obediencia al mandato de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el evangelio, los discípulos fueron predicando la Palabra por todas partes y el Señor trabajó con ellos y confirmó Su Palabra con señales. Dios no hizo nada hasta que los discípulos predicaron la Palabra. Entonces las señales les seguían.

Hablando de las señales que les seguían, éstas no siguen a un individuo, sino que siguen a la Palabra. Di la Palabra y las señales se encargarán de seguirla. Tú no sigues las señales, las señales siguen la Palabra.

En la última iglesia que pastoreé, llegué a preocuparme porque no sucedían muchas señales en mi ministerio. Me encerré a orar por varios días, pidiéndole a Dios por más señales. Finalmente el Señor me habló y dijo: “Tú has estado orando para que yo confirme mi Palabra y hayan señales. Pero todo lo que tienes que hacer es predicar la Palabra y yo la confirmaré. Si tú predicas la Palabra, las señales la seguirán. Si las señales no están sucediendo, entonces no estás predicando la Palabra”.

Yo me sorprendí de esto, pero al examinar más cuidadosamente mi predicación, descubrí que era cierto. Había mezclado mucha tradición y muchas opiniones personales en mis sermones. Y Dios no va a confirmar tradiciones con señales.

A medida que empecé a predicar más de la no diluida, pura Palabra de Dios, comencé a ver que seguían más señales. ¡Mientras más predicaba la Palabra más señales tenía!

Dios se mueve solamente de acuerdo con Su Palabra. Él ha magnificado Su Palabra por encima de Su nombre. Y no podemos esperar recibir ayuda de Dios si nos ponemos en contra de Su Palabra, aunque éste sea un acto inconsciente por nuestra parte. Deberíamos tratar la Palabra de Dios con la misma reverencia que le demostraríamos a Jesús si él estuviera presente en el mundo natural.

La Confesión Dispersa El Temor

Isaías 41:10 dice: “No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

¿Has notado alguna vez, al leer la Biblia cuántas veces Dios le dice a Sus hijos “No temas“? Cuando Jairo pidió a Jesús que sanara a su hija, el Señor le dijo, “…no temas. Cree solamente, y será salva” (Lucas 8:50). Cuando Cristo les estaba enseñando a Sus discípulos, les dijo, “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” (Lucas 12:32).

Cuando el Señor se le apareció a Isaac, renovando el pacto que había hecho con su padre Abraham, el Señor le dijo, “…No temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré…” (Génesis 26:24). Si Dios sólo hubiera dicho, “No temas“, y nos hubiera dejado ahí, podríamos decir ‘sí, pero no puedo evitar el tener miedo’, pero El no dijo solamente, “No temas”, también dijo, “Porque yo estoy contigo“. ¿Podemos creer que Él está con nosotros y aún tener miedo? No. Si tenemos miedo, es porque le estamos dudando. “Pero“, alguien podría decir, “yo soy tan débil“. Dios dijo, “Yo te esfuerzo“. “Pero soy tan indefenso“, alguien podría decir. Dios dijo, “Yo te sustentaré“.

Salmos 119:28,130: “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra… La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”.

Es cierto que en nosotros mismos podemos ser débiles e indefensos, cargados de ansiedades y problemas. Pero en nuestra debilidad miramos Su Palabra para recibir fuerzas, porque “La exposición de tus palabras alumbrar hace entender a los simples“.

Nuestra confesión puede ser, “Dios está conmigo“. Podemos decir, “Mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). “…Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Puedes estar enfrentándote a un problema que parece imposible. En vez de hablar acerca de lo imposible que es, míralo a Él, que está dentro de ti y di, “Dios está en mí ahora“. Te encontrarás con que tu confesión de fe hará que Él obre a tu favor. Él se levantará dentro de ti y te dará el éxito. ¡El Maestro de la Creación está en ti! Puedes enfrentarte a la vida sin temor porque sabes que mayor es el que está en ti, que cualquier fuerza que pueda ser organizada en contra tuya. Esta debería ser tu confesión continua.

La Confesión Aumenta La Fe

Sin confesión no hay fe. La confesión es el modo en que la fe se expresa a sí misma. La fe, como el amor, es del corazón, del espíritu. Y sabemos que no hay amor sin palabra o acción.

Con el razonamiento no podemos meter el amor dentro de las personas ni lo podemos sacar tampoco con el razonamiento. Es algo del corazón. Como la fe también es del espíritu o corazón, podemos decir con seguridad que no hay fe sin confesión. La fe crece con la confesión.

La confesión del creyente hace varias cosas en él. Primero, lo ubica. Segundo, arregla las fronteras de su vida. Nunca tendrás más de lo que confiesas.

Marcos 11:2 dice3: “Porque de cierto os digo que CUALQUIERA QUE DIJERE a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino CREYERE QUE SERA HECHO LO QUE DICE, LO QUE DICE LE SERA HECHO”.

Si decimos que no podemos hacer algo, entonces por supuesto no podemos. Pero si decimos que podemos, entonces podemos. De acuerdo con Marcos 11:23, podemos tener cualquier cosa que digamos, o confesemos, sea creencia o incredulidad, éxito o fracaso, enfermedad o salud.

La razón por la que la mayoría de los cristianos, aunque sean sinceros, son débiles, es que nunca se han atrevido a hacer una confesión de lo que son en Cristo. Deberían averiguar cómo los ve Dios y luego confesarlo. Estos privilegios se encuentran mayormente en las epístolas del Nuevo Testamento, ya que fueron escritas a la iglesia. Cuando tú descubras todo lo que Dios tiene para ti, entonces confiesa con confianza lo que la Palabra de Dios declara que eres en Cristo. A medida que hagas esto, tu fe va a abundar.

La razón por la cual tu fe es ahogada y detenida en cautiverio es porque nunca te has atrevido a confesar lo que Dios dice que eres. Recuerda, la fe nunca crece más allá de tu confesión. Tu confesión diaria de lo que el Padre es para ti, de lo que Jesús está haciendo por ti ahora a la diestra del Padre, y de lo que el Espíritu Santo está haciendo en ti edificará una vida sólida de fe positiva.

No tendrás temor de ninguna circunstancia. No tendrás temor de ninguna enfermedad. No le temerás a ninguna situación. Enfrentarás la vida sin temores, serás un vencedor. Y para ser un vencedor, debes confesar que lo eres. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Viendo de nuevo la escritura en Romanos 10:10, vemos en forma de cápsula la Ley de Dios de la fe: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Para conseguir algo de Dios, primero debemos creer en nuestro corazón lo que la Palabra dice. Luego debemos confesar con nuestra boca que es así. Por ejemplo, para ser salvo un hombre debe creer en su corazón y entonces confesar con su boca que Jesús murió por él de acuerdo a las Escrituras, y que fue levantado de los muertos para su justificación. Como resultado, recibirá (o verá) la respuesta a su oración. Creerlo, confesarlo, recibirlo. “…Cualquiera que CREYERE que será hecho lo que DICE, LO QUE DIGA LE SERA HECHO” (Marcos 11:23).

A medida que estudias la Palabra de Dios y aprendes lo que la Palabra dice que eres, quien eres, y lo que tienes en Jesucristo, aunque no te parezca real al principio, empieza a confesar, “Sí, es mío, de acuerdo a la Palabra de Dios“. Entonces averiguarás que la confesión de fe crea realidad.

Texto Para Memorizar: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 11

Aunque no estoy muy de acuerdo en este punto con el autor del libro, aquí les dejo lo que escribió, en especial porque muchos creyentes piensan como él.

26diasdefe11

Lección 11 – La Confesión Restaura La Comunión Rota

Textos Bíblicos: Salmo 137:1-4; 1°Juan 1:3-10; Santiago 5:14-15; Hebreos 10:1-4

Verdad Central: La fe no tiene cántico cuando la comunión está rota.

En nuestros estudios sobre el tema de la Confesión hemos cubierto los primeros dos tipos: la confesión de los judíos, y la confesión del pecador de hoy en día. En esta lección trataremos sobre la confesión del creyente que está fuera de la comunión con Dios.

En el Salmo 137 vemos un ejemplo dramático de comunión rota. Como resultado del pecado, Israel había sido llevado a Babilonia.

El Salmo 137:1-4 dice: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos acordándonos de Sión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: cantadnos algunos de los cánticos de Sión. ¿Como cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?”.

En este pasaje Israel lamenta su cautividad. El pueblo de Dios recordaba a Sión, pero ahora están tristes y sus arpas estaban colgadas sobre los sauces. Ellos no podían cantar “cántico de Jehová en tierra de extraños“. La fe no tiene cántico cuando la comunión está rota. Nosotros perdemos nuestro testimonio en el mismo momento en que pecamos. El pecado siempre apaga la luz. La fe tiembla en la oscuridad de la comunión rota.

La Confesión Trae Perdón

1 Juan 1:3-10 dice: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él y os anunciamos: Dios es la luz y no hay ningunas tinieblas en El. Si decimos que tenemos comunión con El, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado le hacemos a El mentiroso, y su Palabra no está en nosotros”.

Observa que la palabra “comunión” es mencionada cuatro veces en estos versículos. Estas palabras, las cuales son escritas para el creyente y no para el pecador, fueron dadas, primero, como una advertencia contra la comunión perdida, y segundo, para mostrar el camino para regresar a la comunión con el Señor.

El versículo 6 dice: “Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad“. En otras palabras, si estamos fuera de comunión y declaramos que andamos bien, no estamos diciendo la verdad. Pero Él dice que si nosotros confesamos los pecados, Él es “fiel y justo para perdonar pecados, y para limpiamos de toda maldad“.

Un punto que debemos aclarar aquí es que si has pecado, lo sabrás. En el mismo instante en que hagas algo malo, algo dentro de ti te lo dirá. El Espíritu Santo, el cual habita dentro del creyente instantáneamente te hará saber que has cometido pecado. Si no damos en el blanco en alguna manera, es importante que no esperemos, que nos detengamos ahí mismo y pidamos al Señor Su perdón. Él nos perdonará, y continuaremos andando en comunión con Él.

El Perdón Restaura La Comunión

Cuando tú has confesado tus pecados, Él te perdona en ese mismo momento y tú estás ante Su presencia como si nunca hubieras pecado. No es necesario continuar confesando esos mismos pecados una y otra vez, porque esto acrecienta la debilidad, la duda y la conciencia de pecado dentro del espíritu.

Si lo confesaste una vez, Él lo perdonó y lo olvidó. Él no se acuerda de eso. “Yo, Yo soy el que borra tus rebeliones por amor de mi mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). Y en Jeremías 31:34 leemos: “…Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado“.

Si Dios no se acuerda más de ese pecado que rompió tu comunión con Él, ¿por qué debes recordarlo tú? No es el Espíritu Santo el que te está condenando. Es Satanás tratando de abusar de ti. El Salmo 103:1-3 dice: “Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios: Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias“.

Algunas veces hay personas que me piden que ore por ellas y dicen: “No sé si el Señor me va a oír o no, porque he pecado y fallado“. Sin embargo, si ellos le han pedido perdón a Dios, Él no se acuerda de que ellos hayan hecho algo malo. Así que, ¿por qué deben ellos recordarlo? Sin necesidad, se han hablado a sí mismos saliéndose de la fe. El creyente debe estar dispuesto a perdonarse a sí mismo, tal y como Dios desea perdonarle. Muchísimas personas se han robado de fe a sí mismas porque no estaban dispuestas a perdonarse a sí mismas.

El Perdón En Sanidad

Santiago 5:14-15: “¿Hay alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”.

Estos versículos son frecuentemente usados en conexión con la oración para sanidad y está bien. Pero no debemos pasar desapercibida la última parte: “…Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados“.

Muchas veces al ver que alguien se ha enfermado que nosotros sabemos está fuera de comunión con el Señor, pensamos: “Él ha hecho algo malo; ahora va a recibir los resultados de su mala actuación. Está enfermo por causa de su pecado“. Algunas veces la comunión rota causará enfermedad. Pero la Palabra de Dios dice: “Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados“.

Yo he conocido a personas quienes han pensado que tenían que quedarse en el lecho de aflicción indefinidamente y que habían fallado y pecado. Sin embargo, esto no es necesario porque la escritura dice: “La oración de fe salvara al enfermo, y el Señor lo levantará, Y SI HUBIERE COMETIDO PECADOS, LE SERAN PERDONADOS“. Hay Perdón en la sanidad.

Hebreos 10:1-4 dice: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”.

Esta es la historia del fracaso de la sangre de los toros cabríos para quitar los pecados. Su sangre solamente podía cubrirlos. El pecado lo dejaba en el corazón de los hombres. Y con el pecado había conciencia de pecado. Pero en nuestra redención en Cristo, Jesús nos ha redimido de la conciencia de pecado. “Si nosotros confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Tú no debes tener más conocimiento de tu pecado. Dios no lo tiene, ¿por qué deberías tenerlo tú? Así puedes ver con qué confianza y seguridad puedes acudir a él en oración, sabiendo con certeza que Él te escucha.

Texto Para Memorizar: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

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26 Dias de Fe – Día 10

En esta lección empezaremos a definir lo que es la confesión de la Palabra de Dios

Lección 10 – La Confesión: Llave Para Abrir La Fe

Textos Bíblicos: Mateo 3:5-6; Juan 16:7-11; Mateo 10:32-33.

Verdad Central: La confesión del Señorío de Jesucristo es el verdadero corazón del evangelio.

26diasdefe10

Muy pocos cristianos se dan cuenta del lugar que la confesión ocupa en el esquema de las cosas de Dios. Y es deplorable el hecho de que cada vez que usamos la palabra “confesión“, invariablemente la gente piensa en la confesión de pecados, debilidades y fracasos. Ese es el lado negativo de la confesión, pero hay un lado positivo. Y la Biblia dice más acerca de los aspectos positivos de la confesión que de los negativos.

El diccionario dice que confesar es “admitir o apropiarse, admitir la fe interna“. Confesar, de acuerdo con el diccionario, significa hacer confesión de las culpas de uno.

Hay cuatro clases de confesiones de las que se habla en el Nuevo Testamento: (1) Las enseñanzas de Juan el Bautista acerca de la confesión de pecados de los judíos; (2) La confesión del pecador de hoy en día; (3) La confesión de Pecados del creyente cuando está fuera de comunión con Dios; y (4) La confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

La Confesión de los Pecados De Los Judíos.

Es importante que sepamos distinguir entre los pecados de los judíos bajo el primer pacto, a quienes Jesús y Juan el Bautista estaban hablando, y los pecados del no creyente de hoy, quien nunca ha conocido a Cristo.

Mateo 3:5-6: “Y salía a él Jerusalén y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán. Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”.

Aquí tenemos un cuadro del pacto de Dios confesando sus pecados y siendo bautizados por Juan. Este no es el bautismo del cristiano. Jesús no había muerto y resucitado. Juan no bautizaba en el nombre del Padre. Esta gente eran judíos bajo la Ley.

La Confesión Del Pecador De Hoy.

Juan 16:7-11: “Pero yo os digo la verdad: Oí; conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere os lo enviaré. Y mando él venga, convencerá el mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mi; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más. Y de juicio, por manto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

Observa las palabras de Jesús en el versículo 9: “De pecado, por cuanto no creen en mí“. Jesús nos muestra que el pecador será convencido por el Espíritu Santo de un solo pecado, y ese es “por cuanto no creen en mí“. Cuántas veces hemos insistido en que el pecador confesara todos los pecados que había cometido para poder ser salvo. Sin embargo, no podía confesar todos los pecados que había cometido. No podía recordar todo lo que había hecho. La principal confesión que el pecador puede hacer es el señorío de Jesús.

En Hechos 19:18 leemos, “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos“. Estos eran gentiles. No dice lo que confesaron, pero es evidente según el versículo siguiente que ellos estaban confesando las artes mágicas que practicaban. “Asimismo, muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos...” (v. 19). No estaban confesando estas cosas para ser salvos, porque ellos ya eran salvos. Las trajeron porque eran salvos. Después de ser salvos, fue más fácil hacerlo. Muchas veces la gente ha tomado la carreta antes que el caballo. Le dicen a la gente que todavía no es salva, “tú vas a tener que dejar esto y vas a tener que renunciar esto o aquello antes que puedas ser salva“. Pero lo más importante es que acepten el señorío de Jesús. Entonces esas cosas se ocuparán de sí mismas.

Había una familia en la última iglesia que pastoreé, en la que la esposa era salva pero el esposo no. Cuando les visité e invité al esposo a venir a la iglesia, me dijo, “no, no quiero ir a la iglesia, porque cuando lo hago me siento incómodo. Me siento bajo culpabilidad. Recientemente esta mañana, mi esposa me preguntó por qué no dejaba esto o aquello para ser salvo. Ella no lo sabe, pero hace semanas que llevo tratando de dejar estas cosas, pero siempre vuelvo a ellas. Lo he intentado, y he fallado. No tiene sentido que yo vaya a la iglesia. Simplemente no puedo vivirlo“.

Aquí hay un ejemplo de confesión al revés. Él estaba tratando de limpiar su vida y dejar todos sus malos hábitos. Estaba tratando de hacerlo por sí mismo para poder alcanzar la salvación. Pero lo que él tenía que hacer era simplemente confesar el señorío de Jesús. “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

El pecador ha servido a Satanás. Es culpable solamente de un pecado ante los ojos de Dios y ése es el rechazar a Jesús como Salvador y Señor. Dios requiere que el pecador confiese el señorío de Jesús. El requerir que el pecador confiese sus pecados antes que Dios pueda hacerle una nueva criatura no tiene más sentido que si el gobernador de un estado le dijera a un convicto en prisión, “yo te absolveré si confiesas que estás en prisión“. Es un hecho autoevidente que está en la cárcel. Del mismo modo es un hecho autoevidente que el pecador es un hijo del diablo. Lo que debe confesar es el señorío de Cristo. Debe estar realmente arrepentido de los pecados del pasado y apartarse de ellos, abandonándolos por completo, y admitiendo su necesidad de un Salvador. Entonces debe permitir que Jesús domine su vida diaria.

Observe también las palabras, “Si confesores con tu boca...”. Tiene que haber una confesión oral. Los labios deben enmarcar las palabras. La confesión no es solamente algo que hacemos para nosotros, sino también para el mundo alrededor nuestro y para Satanás, quien ha gobernado nuestras vidas.

Mientras dirigía una reunión en Dallas, Texas, hace unos cuantos años, varios hombres en la iglesia se me acercaron pidiendo oración por cierto hombre que todavía no era salvo, aunque había estado viniendo a sus reuniones de oración matutinas cinco días por semana, durante seis meses.

Cuando lo conocí unas noches después en un estudio bíblico del sábado por la noche que yo estaba dirigiendo especialmente para los hombres que trabajaban y no podían asistir a nuestras reuniones diurnas, el Señor inmediatamente me habló al corazón y me mostró cual era el problema. Tuvimos algunos testimonios en esta reunión, entonces le pedí a este hombre que se levantara y diera su testimonio. Sorprendido, vaciló y dijo, “¿Por qué? Yo no puedo. Todavía no soy salvo“. Entonces le pedí que buscara en su Biblia Romanos 10:9-10 y leyera estos versículos en voz alta. El leyó, “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación”.

Cuando le pedí que leyera la última frase otra vez, él repitió, “Pero con la boca se confiesa para salvación“.

Yo dije, “Ciertamente usted no puede ser salvo hasta que confiese. Es con la boca que la confesión se hace para salvación, de acuerdo a las escrituras que usted acaba de leer. Ahora póngase en pie y confiese que usted es salvo“.

Pero yo no me siento que soy salvo“, respondió.

Tal vez no“, le dije, “pero usted ha estado viniendo a esta iglesia muy temprano cada mañana por seis meses orando para ser salvo“.

Sí, yo me he arrepentido y he orado, llorado y suplicado a Dios por perdón“, dijo él. “Entonces todo lo que le falta es mantenerse firme en este versículo“, le dije. Entonces, algo vacilante, él se puso en pie y dijo, “Bien, yo creo en estos versículos, que Jesús murió por mis pecados y fue resucitado de los muertos, y que Dios lo levantó para mi justificación. Así que lo tomo como mi Salvador y lo confieso como mi Señor“. Entonces rápidamente se sentó.

Para dirigir la atención lejos de él, llamé a otro hombre para testificar. Varios otros también testificaron.

Mirando de nuevo a aquel hombre noté que su rostro estaba brillando con la gloria de Dios. Me volví a él y le dije, “¿Ahora le gustaría testificar otra vez?”

El saltó sobre sus pies y dijo, “Cuando hice aquella declaración, cuando confesé a Jesús como mi Señor, algo pasó dentro de mí“, y continuó alabando al Señor con gozo.

Yo le dije, “¡Claro que algo le pasó a usted! Vida eterna fue impartida a su espíritu!”

Confesión En Público.

Mateo 10:32-33: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Observe que en estos versículos Jesús establece que nuestra confesión debe ser pública. La confesión pública es realmente el rompimiento con el mundo. Define nuestra posición. Muestra nuestro cambio de señorío. La confesión del señorío de Jesús nos pone inmediatamente bajo supervisión, cuidado y protección. Antes de esto Satanás era nuestro señor, pero ahora Jesús es nuestro Señor. No solamente nos confesamos esto a nosotros mismos y al mundo, sino que se lo confesamos al diablo. De esta manera nos salimos de su sujeción y obtenemos la victoria a través de Jesús.

Texto Para Memorizar: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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