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El Apóstol Pablo Enseñó Hipergracia

hipergracia

Una cosa impactante al estudiar la Biblia es que cuando vamos al idioma original podemos ver que nuestras versiones, a pesar de ser muy buenas, no nos dan todo el sentido de lo que está escrito.

En este artículo voy a mostrar tres pasajes que prueban que Pablo enseñó la hipergracia.

Vamos a nuestro primer pasaje:

Efesios 2:7 (RVR1960)
7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Veamos este pasaje en griego para entender mejor:

Efesios 2:7
(ἵνα1 hina G2443 C) para (ἐνδείξηται2 endeixêtai G1731 VAMS3S) mostrar (ἐν3 en G1722 P) en (τοῖς4 tois G3588 DDPM) los (αἰῶσι5 aiôsi G165 NDPM) siglos (‹ τοῖς6 ἐπερχομένοις7 › tois eperchomenois G3588 G1904 DDPM VPUP-PDM) venideros (τὸν8 ton G3588 DASM) las (ὑπερβάλλοντα9 hyperballonta G5235 VPAP-SAM) abundantes (πλοῦτον10 plouton G4149 NASM) riquezas (► 12) de (αὐτοῦ13 autou G846 RP-GSM) su (‹ τῆς11 χάριτος12 › tês) charitos (G3588 G5485 DGSF NGSF) gracia….

En el griego la palabra “abundantes” es “hiperballo”, que según Vine significa: “ὑπερβάλλω G5235) arrojar sobre o más allá (hiper, sobre; balo, arrojar). Se traduce «más eminente» en 2Co_3:10; «superabundante» en 2Co_9:14; «supereminente» en Eph_1:19; 2.7: «abundantes»; 3.19: «que excede».

Veamos nuestro segundo pasaje:

Romanos 5:20 (RVR1960)
20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia

Romanos 5:20
… (περεπερίσσευσεν13 hypereperisseusen G5248 VAAI3S) sobreabundó (ἡ14 hê G3588 DNSF) la (χάρις15 charis G5485 NNSF) gracia.

En el griego la palabra sobreabundo es hiperperisseusen, que significa según Vine: “hiperperisseuo (ὑπερπερισσεύω G5248) abundar más inmensamente. Se emplea en Rom_5:20 «sobreabundó»”

Vincent dice que literalmente significa “por encima y más allá”.

Veamos nuestro tercer pasaje:

1 Timoteo 1:14 (RVR1960)
14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.

1 Timoteo 1:14
… la (χάρις4 charis G5485 NNSF) gracia (► 6) de (ἡμῶν7 hêmôn G2257 RP1GP) nuestro (‹ τοῦ5 Κυρίου6 › tou Kyriou G3588 G2962 DGSM NGSM) Señor → fue → más (ὑπερεπλεόνασε1 hyperepleonase G5250 VAAI3S) abundante….

Vine lo traduce: “hiperpleonazo (ὑπερπλεονάζω G5250) forma intensificada del Nº 3, que significa abundar en gran manera, se utiliza en 1Ti_1:14, de la gracia de Dios.”

Vincent traduce hiperpleonnazo como: “Abundó excesivamente.”

De estas 3 palabras compuestas que uso Pablo en estos tres pasajes podemos ver que Pablo enseñó hipergracia.

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26 Días de Fe – Día 18

Una de las verdades más importantes de la Biblia es que hemos sido justificados; es decir, Dios nos declaró inocentes y nos hizo justos por la obra de Jesucristo en la cruz. 

En esta clase veremos que si queremos tener la clase más elevada de fe debemos entender nuestra justicia en Cristo

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Lección 18 – Siete Pasos Hacia La Clase Más Elevada De Fe (Parte 3)

Textos Bíblicos: 2 Corintios 6:14-16; Romanos 3:23-26; Salmos 32:1-2.

Verdad Central: Podemos acercarnos a Dios con completa seguridad porque hemos sido hechos la justicia de Dios en Cristo Jesús.

Esta lección nos trae al paso 6 en nuestro estudio de la clase más elevada de fe. En ella queremos ayudarte a ganar una nueva comprensión dentro del significado de las palabras “justo” y “justicia“, tal y como se muestra en las Escrituras.

Paso 6 – La Realidad De Nuestra Justicia En Cristo

En 2 Corintios 6:14-16 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

Leyendo la escritura anterior, mucha gente ve en ella solamente la enseñanza de la separación del mundo. Y ellos inmediatamente practican la segregación pensando que eso es lo que la separación quiere decir. Piensan que no pueden tener nada que ver con el mundo o con nadie del mundo. Hasta se segregan de otros cristianos si no están completamente de acuerdo con ellos. Sin embargo, Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Para poder ser la sal y la luz del mundo, debemos permanecer en el mundo, haciendo nuestro trabajo para el Señor.

Quiero que notes algo más en esta escritura, igualmente importante: los creyentes son llamados “creyentes” y los incrédulos son llamados “incrédulos“. El creyente es llamado “justicia” y el incrédulo es referido como a “injusticia“. El creyente es llamado “luz” y el incrédulo “tinieblas“. Para muchos, la idea de llamarse a sí mismos “justicia” suena egoísta. Aún así estas mismas personas no objetan a llamarse a sí mismas “creyentes” o “luz“. Esta escritura usa los tres términos para referirse a los creyentes. En el versículo 15 vemos a la iglesia, a los creyentes, referidos como a Cristo, porque Él es la Cabeza y nosotros somos el cuerpo. Y por supuesto, la cabeza no va a ser llamada por un nombre, y el cuerpo por otro. La iglesia es Cristo, y nosotros somos el cuerpo de Cristo.

Romanos 3:23-26 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué nos está enseñando Dios a través de esta escritura? Que Dios a través de Jesús declaró Su justicia. Que Dios mismo es justo, y que Dios es mi justicia. Él es “el que justifica“, o la justicia del que es de la fe de Jesús.

Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La mayoría de la gente ha pensado que justicia es algo que uno logra viviendo correctamente. La justicia, sí quiere decir rectitud, o recto, pero esta escritura dice que es un don, no algo que podamos ganar haciendo buenas obras y viviendo limpiamente. Un don es algo que nosotros recibimos instantáneamente; un estado de desarrollo espiritual es el fruto. Si la justicia fuera un fruto, la escritura leería: “Y del fruto de la justicia“. Sin embargo, dice: “Y del don de la justicia“.

Cada uno de los amados hijos de Dios tiene la misma justicia y el mismo derecho para con Dios. El no ama a uno más que a otro. El no escuchará las oraciones de uno más que las de otro. Cuando esta verdad te haya penetrado completamente, ¡Tus oraciones obrarán resultado! ¡Tus oraciones serán contestadas!

Mucha gente lucha en el terreno de la autocondenación, dejando que el enemigo les robe la herencia que es de ellos en Cristo Jesús. Creen que sus oraciones no obrarán resultado y que Dios no los escuchará. Piensan que si pudieran encontrar a un hombre justo para orar por ellos, las oraciones de él sí que obrarían resultados.

Qué triste es que ellos no hayan visto la verdad en las escrituras que acabamos de leer. Dios es nuestra justicia. Él se convirtió en nuestra justicia cuando nos impartió su naturaleza, su vida eterna, cuando nacimos de nuevo. Él se volvió nuestra justicia en el momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y lo confesamos como Señor.

Yo descubrí las verdades de estas escrituras por primera vez siendo un joven cristiano, cuando por 16 meses pasé acostado en cama sin poder moverme de ella por mí mismo. No las entendí entonces. Al principio eran como un rayito de luz en una esquina obscura. Estaba sosteniendo las mismas luchas que muchos de ustedes sostienen para salir de algún problema en su vida o para obtener salud.

Leyendo mi Biblia me encontró un día con la escritura en Santiago 5:14-15, “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados le serán perdonados“. Pero mientras leía, cualquier fe que momentáneamente flameara, era extinguida rápidamente por el pensamiento de que yo sabía que mi iglesia no creía en sanidad o en la unción con aceite. Yo no tenía a nadie a quien llamar para oración, como decía esta escritura.

Entonces el Señor me habló y me dijo, “Es la oración de fe la que sana a los enfermos. Tú puedes hacer esa oración tú mismo como cualquier otro podría hacerlo“.

Yo era simplemente un bebé en Cristo. Sólo tenía 16 años de edad, y hacía pocos meses que había sido salvo, ¡aún así el Señor me dijo que yo podía hacer esa oración de fe! Inmediatamente mi pensar erróneo me derrotó. Pensé: “Sí, podría; si fuera justo” (Yo me daba cuenta de todos mis errores y sabía que no era justo, por lo menos según mi entendimiento de la Palabra). Leyendo más adelante en el libro de Santiago, leí donde Elías es puesto como ejemplo de un hombre justo orando: “Elías era un hombre sujeto a pasiones como nosotros, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Santiago 5:17).

Al estudiar acerca de Elías, determiné que él no era mi idea de hombre justo. Cuando la mano del Señor estaba sobre él, podía correr más rápidamente que el carro del rey. Pero cuando se dio cuenta que la reina Jezabel lo quería matar, corrió y se escondió debajo de un árbol de enebro y le rogó al Señor que lo dejara morirse. Entonces gimió al Señor: “Todos han apostatado, menos yo. Yo soy el único que te está sirviendo, Señor“. Semejante inconsistencia no podía ser la marca de un hombre justo, yo pensé, “¿Cómo pudo Santiago haberlo puesto como ejemplo de un hombre justo orando? ¡Él no era más justo que yo!

Entonces recordé que Santiago dijo que Elías era un “hombre sujeto a pasiones como nosotros“. Y no solamente estaba sujeto a estas pasiones, sino que también se rindió a ellas. Aunque permitió que el desánimo dominara sus acciones, fue llamado un hombre justo.

Un Mejor Pacto

Salmos 32:1-2 dice: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.

Bajo el antiguo pacto, la sangre de animales inocentes cubría el pecado. Dios no le atribuyó iniquidad a la gente aunque habían hecho maldad. Él lo encubrió y lo perdonó y les imputó justicia. Ante El ellos eran justos. “Y veré la sangre, y pasaré de vosotros…” (Éxodo 12:13). Si Dios hizo esto por sus hijos bajo el pacto de le Ley, ¿cuánto más hará lo el por nosotros? Bajo la gracia tenemos un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. La sangre de Jesucristo no solamente cubre nuestros pecados, sino que nos limpia “de toda maldad“. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5).

Cuando leí esta escritura vi que cuando nací de nuevo todos mis pecados fueron perdonados y mi vida pasada dejó de ser. Vi que me había convertido en nueva criatura en Cristo, y yo sabía que Él nunca hacía nuevas criaturas no justas.

Inmediatamente el diablo estaba ahí diciéndome: “Eso no puede ser verdad, pero, ¿y desde entonces? No hace mucho tiempo te enojaste mucho. Esa ciertamente no es la manera de actuar de un hombre justo“. Hizo que mirara a lo natural de nuevo en vez de a la Palabra de Dios.

Entonces leí 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (Esta escritura no fue escrita a pecadores, sino a creyentes). Esto significaba que yo me había convertido en la justicia de Dios en Cristo cuando nací de nuevo. Si había pecado desde entonces; y lo había hecho, sólo tenía que confesar mis pecados y Él me perdonaba y limpiaba de toda maldad (Si estoy limpio de maldad, entonces soy justo de nuevo).

Antes, cuando había leído Santiago 5:16: “La oración del justo puede mucho” había pensado que si algún día me pudiera volver justo, entonces sí tendría una vida de oración tremenda y vería respuestas prominentes a mis oraciones. Ahora yo veía que mis oraciones obrarían resultado, porque Dios me escucharía tan pronto como Él escucha a cualquier otro. En mi Biblia al lado de esta escritura en Santiago 5:16 escribí estas palabras: “Yo soy ese hombre justo“. Esto no es jactarme de nada que yo haya hecho, es jactarme de lo que soy en Cristo. Es alabar a Dios por lo que Él ha hecho posible para nosotros en Cristo.

Esto significa que podemos estar en la presencia de Dios sin ningún sentimiento de culpa, condenación o inferioridad. Esto quiere decir que el problema de la oración está resuelto. Ya no necesitamos ir ante su presencia con la lengua atada por la condenación o llenos de temor por la ignorancia. Podemos entrar en su presencia en completa seguridad porque hemos sido hechos justicia a través de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Texto Para Memorizar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21).

Tomado y editado del Capítulo 18 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 DÍAS DE FE – DÍA 2

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26 Días de Fe – Día 5

En esta lección veremos como la fe se manifiesta a través de nuestras acciones. La fe siempre actúa en lo que cree.

26diasdefe5

Lección 5 – La Fe En Acción (Parte 1)

Textos Bíblicos: Josué 6:2-5,16,20; Lucas 5:18-20;24,25.

Verdad Central: Grandes milagros son realizados por aquellos que actúan en la Palabra de Dios.

En ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento vemos ejemplos de cómo el pueblo de Dios, poniendo su fe en acción, fueron capaces de realizar hechos grandiosos. Grandes milagros fueron llevados a cabo por hombres humildes, quienes en simple fe crédula, actuaron en la Palabra de Dios.

La Fe En Acción En El Antiguo ‘Testamento

Josué 6:2-5,16,20: “Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero, delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá, entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante… Y cuando los sacerdotes tocaron las la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad… Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron”.

En el versículo 2 leemos que Dios le dijo a Josué que Él había entregado la ciudad de Jericó “en su mano”. Esto no significaba, sin embargo, que Josué y el pueblo de Israel podían sentarse y relajarse mientras la ciudad automáticamente llegaba a ser suya. Tuvieron que hacer algo.

Dios les dio instrucciones específicas de cómo ir a tomar posesión de la tierra que Él ya les había dado, pero ellos tenían que creer esa Palabra y actuar en ella. Su actuación en la Palabra fue su fe en acción.

Tenían que marchar alrededor de los muros de la ciudad una vez al día por seis días. En el séptimo día, tenían que marchar alrededor de la ciudad siete veces. Luego cuando los instrumentos musicales sonaran, tenían que gritar. Observa que ellos gritaron mientras los muros todavía estaban en pie. Cualquiera puede gritar cuando los muros se han derrumbado; para hacer eso no se necesita fe. Pero ellos pusieron su fe en acción. Ellos “gritaron con gran vocerío“, y el muro se derrumbó.

Muchísimas personas están sentadas esperando que algo les suceda. Ellos están más o menos inertes con una fe pasiva en vez de una fe activa, esperando que algo suceda. Conocí a un hombre así hace algunos años en Colorado. No tenía trabajo. Tenía una esposa y cinco hijos, y estaba esperando que algo sucediera. Pero lo único que sucedía eran más cuentas que pagar. El necesitaba ponerse a trabajar. Todos tenemos ciertas obligaciones y no podemos quedarnos en casa y esperar que algo nos venga a nosotros. Pero si oramos, creemos y entonces actuamos, algo sucederá.

La Fe En Acción En El Nuevo Testamento

Lucas 5:18-20,24-25: “Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados… Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios”.

Mientras Jesús estaba en una casa enseñando, unos hombres trajeron a su amigo donde Jesús para que lo sanara. El hombre era paralítico y estaba postrado en cama. La multitud era tan grande que estos hombres no podían llegar donde Jesús estaba. Pero en vez de rendirse, ellos tomaron la determinación de encontrar un medio de llevar a su amigo a Jesús. Se subieron al techo y por una abertura del tejado, bajaron al hombre con el lecho dentro del cuarto delante del Señor.

¿Por la fe de quién se realizó este milagro – el hombre en el lecho, o los amigos que lo trajeron a Jesús?  La escritura dice, “al ver él la fe DE ELLOS…“. La palabra “ellos” es plural. Fue la fe de todos ellos. Hubiera sido fácil para los amigos del hombre, al ver la gran multitud rodeando a Jesús, haberse encogido de hombros, rendirse y haber regresado a casa diciendo, “Bueno, por lo menos hemos tratado. Hicimos lo que pudimos“. Pero ellos no se dieron por vencidos tan fácilmente. Ellos encontraron una manera de llevar a su amigo a Jesús.

El hombre enfermo demostró tener una gran fe también, porque ¿cuántos inválidos permitirían ser subidos a un tejado? Más aun, cuando Jesús le dijo que se levantara y caminara, él no estaba mejor. Él estaba ahí acostado tan indefenso como siempre. Pudo haber dicho: “¿Levántate y anda? ¿Es que no has visto que estos hombres me han traído hasta aquí? Yo no me puedo levantar. Tendrás que sanarme primero“. Pero no, cuando Jesús le dijo que se levantara, él comenzó a moverse y al hacerlo, el resultado fue la sanidad. Si él se hubiera negado a actuar en la Palabra del Maestro, no hubiera recibido la sanidad. Pero como actuó, recibió.

La Fe En Acción En El Siglo Veinte

En los tempranos días del movimiento pentecostal, una mujer evangelista estaba ministrando a cuatro personas en sillas de ruedas. En un tono muy bajo les dijo: “Levántense y anden en el Nombre de Jesús“. Tres de ellos se levantaron y caminaron. El cuarto dijo, “No puedo caminar“.

Los otros no podían caminar tampoco“, dijo la evangelista, “pero lo hicieron“. “Ya sé que lo hicieron“, dijo la mujer inválida, “pero yo no puedo. Hace años que no he caminado“. Y la evangelista tuvo que irse y dejarla allí sentada. Los otros actuaron su fe y cosecharon los resultados.

En una iglesia donde yo estaba ministrando había un hombre que se había quemado la parte inferior de su cuerpo, quedando imposibilitado para caminar. Sólo deslizaba los pies sobre el suelo. Durante el servicio de sanidad una noche este hombre pasó adelante para recibir oración. El Señor me había dicho qué hacer, y cuando llegué a él le dije: “¿Puedes correr?” Sorprendido ante tal pregunta, me dijo: “Oh no, ni siquiera puedo caminar, mucho menos correr“.

Entonces le dije: “El Señor me ha dicho que te diga que corras“. El hombre no lo pensó dos veces, se dio la vuelta y empezó a deslizarse por el pasillo tan rápidamente como pudo. Hizo esto tres o cuatro veces alrededor de la iglesia, y cuando regresó al frente estaba caminando normalmente. ¡El hombre estaba perfectamente curado! El activó su fe.

En el servicio de la noche siguiente vimos otro milagro como resultado del primero. Dos caballeros ancianos respondieron a la invitación para ser salvos algo que no se ve con frecuencia. Supe más tarde que esos hombres eran hermanos, de setenta y dos y setenta y cuatro años de edad. Parece que estos hermanos eran vecinos del hombre que había sido sanado la noche anterior. Cuando vieron al hombre inválido afuera trabajando en su jardín el día siguiente, pensaron que había salido afuera a gatas. Pero entonces lo vieron levantarse en pie y derecho, y caminar alrededor de la casa. Se apresuraron para ver lo que había sucedido, y él les contó sobre la sanidad y lo que el Señor había hecho por él. Como resultado los dos hombres vinieron al servicio esa noche y dieron sus corazones al Señor.

Una de las mejores definiciones de la fe es: Si crees, vas a actuar. Si crees la Palabra de Dios, actuarás como si fuera verdad. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe es dar sustancia a las cosas por las que se espera.

Texto Para Memorizar: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Tomado y editado del Capítulo 5 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 3

En este tercer día veremos la diferencia entre lo que es la fe y la esperanza.

Mucha gente no recibe de Dios porque cree que está en fe cuando en realidad está en esperanza; ¿cómo poder diferenciarlas?

Leamos esta lección para saberlo:

dia3

Lección 3 – La Fe Contra la Esperanza

Textos Bíblicos: 1°Corintios 13:13; Efesios 2:8-9; Romanos 10:9-10,13.

Verdad Central: Se requiere una fe positiva – una fe de ahora – para obtener resultados positivos.

Cuando Pablo, escribiendo a los corintios, dijo: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1°Corintios 13:13), él no estaba diciendo que la esperanza y la fe no son importantes. Cada una tiene su lugar, y una no puede ser sustituida por la otra. No podemos sustituir el amor por la esperanza. Tampoco podemos sustituir la esperanza por la fe. Sin embargo, muchas personas tratan de recibir de Dios basados en la esperanza en vez de en la fe.

La Fe Es Ahora

La esperanza mira hacia el futuro. Está siempre en tiempo futuro. La fe es ahora. La fe dice: “Recibiré la respuesta ahora mismo. La tengo ahora“. No es por el esperar que el trabajo es hecho, sino por el creer. Alguien dijo: “Bueno, yo creo algún día que recibiré mi sanidad“. Eso no es fe, eso es esperanza, porque está viendo a un tiempo futuro indefinido. La fe dice: “Recibo mi sanidad; ¡ahora!“. En una traducción moderna del Nuevo Testamento, el conocido versículo Hebreos 11:1 dice “La fe es dar sustancia…a las cosas esperadas”. Si necesitas sanidad, no la quieres en el futuro; la quieres ahora mismo, especialmente si padeces dolor. Si estás buscando el Bautismo del Espíritu Santo, quieres recibirlo ahora; no en un tiempo futuro indefinido. Si necesitas salvación, no la puedes dejar para el futuro, porque entonces puede ser demasiado tarde. He hablado con gente que me decían que esperaban ser salvos. Sin embargo, algunos de ellos están muertos. Dejaron el mundo sin ser salvos, porque la salvación que está basada en esperanza nunca se realiza.

Efesios 2:8-9 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe”.

Romanos 10:9-10,13: “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación… Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

Los versículos anteriormente citados apuntan al hombre hacia el plan de salvación. Vemos que es por la fe; no por la esperanza, que somos salvos. Jesús prometió que no echaría fuera a nadie que viniera a Él, sino que salvaría a todo aquel que “invocare el nombre del Señor“. Por lo tanto, no necesitamos esperar que Él nos salvará. Él dijo que lo hará

¿Cómo Obtenemos Fe?

La fe, sabemos, nace de la Palabra de Dios. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Otra traducción de este versículo dice: “La fe es la garantía de que lo que has estado esperando tanto es finalmente tuyo“.

La fe es “la convicción de lo que no se ve“, como leemos en Hebreos 11:1. Para ilustrar, tú puedes esperar conseguir dinero para cumplir con cierta deuda, pero la fe te da la seguridad de que tendrás el dinero cuando lo necesites. Puedes esperar obtener fortaleza física para hacer un trabajo que debes hacer, pero la fe dice: “El Señor es la fortaleza de mi vida” (Salmos 27:1). En otras palabras, la fe dice lo mismo que la Palabra de Dios dice.

La incredulidad en realidad es el tomar lugar contra de la Palabra de Dios. Hay algunos que hablan incredulidad y toman el lugar contra de la Palabra de Dios y luego se preguntan por qué la Palabra de Dios no funciona para ellos. Si queremos que la Palabra de Dios trabaje para nosotros, tenemos que estar del mismo lado que ella.

Muchas veces cuando le pregunto a la gente que viene por oración a mis reuniones, si ellos creen que serán sanados, responden: “Bueno, yo espero que sí“. Yo simplemente les digo que no se sanarán porque nosotros recibirnos de Dios por fe, y no a través de la esperanza. Inclusive otros contestan a mi pregunta diciendo: “Bueno, yo quiero“. Pero yo les digo: “Podrías querer un Cadillac nuevo, pero eso no significa que lo tendrás. Verás, el querer solamente, no producirá resultado”.

No es por esperar o por querer, es la fe la que hace la obra. Tú no recibirás de Dios porque tengas esperanza. En ninguna parte de la Biblia dice que cuando oremos, recibiremos aquello que tenemos esperanza de recibir. Sin embargo, la Palabra de Dios dice: “Todo lo que pidiereis en oración, CREED que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). Jesús también dijo, “Y todo lo que pidiereis en oración, CREYENDO, lo recibiréis” (Mateo 21:22). No esperando, sino creyendo.

Mira la definición de fe en Hebreos 11:1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve“. El verbo usado está en tiempo presente. Recuerda, si no es ahora, no es fe. La fe es tiempo presente; la esperanza es tiempo futuro, entonces no está creyendo, está esperando. Para que obre resultado, debe estar en el tiempo correcto; el tiempo presente. Algunas personas siempre están creyendo que Dios hará algo por ellas, pero la fe cree que Él ya lo ha hecho, y que lo está haciendo.

Hace algunos años mientras estaba predicando en el estado de Oklahoma, una mujer que no había dado un paso en cuatro años, fue traída al servicio una noche por oración. Ella era una mujer mayor de unos setenta y tantos años, y los doctores le habían dicho que no volvería a andar. Al terminar el culto, cuando nos preparamos para orar por los enfermos, sus amigos la trajeron al frente y la sentaron en el altar. Me arrodillé en frente de ella, puse mis manos sobre ella y oré. Entonces le dije: “Ahora levántate y anda en el nombre del Señor Jesucristo“.

Ella hizo lo que pudo para levantarse, pero todo el tiempo estuvo llorando y orando, “Oh, querido Jesús, por favor, sáname, por favor, déjame caminar, ¡oh, por favor…por favor!“. Ella continuó de esa manera por algún tiempo hasta que por fin pude hacer que callara lo suficiente para hablarle. Le pregunté: “Hermana, ¿sabías que estás sana?

Sorprendida, me miró y me dijo: “Oh, ¿lo estoy?

“, le dije, “estás sana, y te lo probaré en la Biblia“. Entonces abrí mi Biblia en 1 Pedro 2:24, se la di y le pedí que leyera el versículo en voz alta. Ella leyó: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuisteis sanados“.

Entonces le pregunté, “¿’Fuisteis’ es tiempo pasado, tiempo futuro, o tiempo presente?

Es tiempo pasado“, contestó.

Si fuiste sanada por la herida de Jesús, entonces estás sana ahora, ¿no es verdad?“, le dije. Una sonrisa se extendió en su rostro y sus ojos se iluminaron con un nuevo entendimiento. Entonces le dije: “Levanta las manos y míralo a Él. Comienza a alabarlo porque estás sana, en el tiempo presente. Porque estás sana; no es que vas estarlo, lo estás ahora“.

Con fe como la de un niño, miró hacia arriba y dijo “Querido Señor Jesús, estoy tan contenta de estar sana“. No había dado un paso, y por lo tanto no tenía evidencia física de sanidad. Aun así dijo: “Estoy tan feliz de estar sana“.

Di la vuelta hacia ella y le dije: “Ahora mi hermana, levántate y camina en el Nombre de Jesús“. Inmediatamente ella saltó del altar como si tuviera dieciséis años, y caminó, saltó, corrió y alabó a Dios.

Ves, tuvimos que ayudarla a ponerse en el tiempo correcto; porque la fe es tiempo presente. Mientras estemos luchando para poder recibir, esperando ver la respuesta algún día, no resultará. Eso es solamente esperanza. La fe dice: “Es mío, lo tengo ahora“.

La esperanza, por supuesto, usada apropiadamente es muy bendecida y bella. Tenemos una esperanza bendita en el pronto regreso de nuestro Señor Jesucristo, la resurrección de los justos muertos, el rapto de los santos en vida, la esperanza del cielo, la esperanza de ver a nuestros seres amados y amigos. Damos gracias a Dios por esa esperanza. Pero todo eso es en tiempo futuro. Jesús viene, lo creamos o no. El viene porque la Palabra lo dice. La resurrección se llevará a cabo tengamos fe en ello o no. Los muertos en Cristo se levantarán para unirse con Él en aire, lo creamos o no. Nuestra fe, o falta de fe, no afectará estos acontecimientos. Jesús viene otra vez, porque la Palabra lo dice. Esta es la esperanza bendita que todos los cristianos esperamos.

Pero es la fe, no la esperanza, la que puede cambiar lo imposible a lo posible. Es la fe, no la esperanza, la que trae sanidad y victoria.

La esperanza es buena en esperar, pero pobre en recibir. Muchas veces he oído gente decir: “Estoy esperando y orando…” o “Todo lo que podemos hacer es esperar y orar“. Si eso es todo lo que estás haciendo, estás derrotado. Se necesita una fe positiva; una fe de ahora, para obtener resultados positivos.

Texto Para Memorizar: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1°Corintios 13:13).

Tomado del Capítulo 3 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 2

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La Verdad Acerca de los Apóstoles del Siglo XXI – Estudio Bíblico

¿Que hay de cierto en esta gran aparición de apóstoles del Siglo XXI? ¿Como reconocer los que son verdaderos y son falsos? ¿Hay solo 12 apóstoles en la Biblia? Estas y otras preguntas las responderemos en este estudio bíblico.

Definiendo al Apóstol

En esta entrada definiremos al apóstol.

En Efesios 4:11 dice: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.”

La palabra deriva directamente del término griego apostolos, que significa alguien que es enviado con un mensaje o una comisión especial; puede referirse a un embajador o representante de otro.

En 1 Corintios 12:28 dice: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros,  después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.”

Aquí Pablo nos da dos listas de ministerios donde nombra en primer lugar a los apóstoles; no por cuestión de jerarquía, debido a que los dones del ministerio son horizontales y no verticales, sino por cuestión de su aparición.

La palabra que se utiliza para primeramente es proton, que significa según Thayer, primero en tiempo o lugar.

Strong lo traduce como: “primeramente (en tiempo, lugar, orden, o importancia):- lugar, primero, primera, primeramente, principio, vez.”

Podemos decir que el primer ministerio que apareció en la iglesia es el del apóstol.

En Lucas 6:13 vemos la aparición de los apóstoles: “Y cuando era de día, llamó a sus discípulos,  y escogió a doce de ellos,  a los cuales también llamó apóstoles.”

Más adelante en el libro de Hechos podemos ver cómo es que los apóstoles fueron los primeros en predicar el Evangelio tanto a los judíos como a los no gentiles.

Podemos ver que en Hechos 2 y 10 un apóstol, Pedro fue el primero en predicarle el evangelio tanto a judíos como a gentiles. Y toda la segunda mitad del libro de Hechos vemos a otro apóstol, Pablo, abriendo brecha y llegando a nuevos lugares donde nadie antes había llegado.

Pablo dice acerca de su ministerio pionero en Romanos:

Romanos 15:18-21

18  Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles,  con la palabra y con las obras,

19  con potencia de señales y prodigios,  en el poder del Espíritu de Dios;  de manera que desde Jerusalén,  y por los alrededores hasta Ilírico,  todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

20  Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio,  no donde Cristo ya hubiese sido nombrado,  para no edificar sobre fundamento ajeno,

21  sino,  como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él,  verán;  y los que nunca han oído de él,  entenderán.

Vemos entonces que el ministerio apostólico de Pablo fue un ministerio pionero, el que iba a lugares donde nadie hubiese ido antes.

Y esa es la función principal del apóstol, abrir campos nuevos, llegar a lugares donde nadie fue antes, empezar nuevas conquistas para el Evangelio.

Pero definamos lo que es un apóstol.

Según Thayer, la palabra apóstol viene de la griega apóstolos que significa: “un delegado, un mensajero uno que es enviado a salir con órdenes”.

Esta figura la vemos claramente con Epafrodito: “Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito,  mi hermano y colaborador y compañero de milicia,  vuestro mensajero,  y ministrador de mis necesidades” (Filipenses 2:25).

Aquí el término mensajero es en realidad apostolon, que significa apóstol. Epafrodito era un apóstol enviado por los filipenses con el propósito de ministrar las necesidades económicas de Pablo.

En Filipenses 4:18 podemos ver nuevamente en qué consistió el apostolado de Epafrodito: “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.” La iglesia en Filipos preparaba una ofrenda misionera la cual era llevada a Pablo que estaba en prisión por manos de su mensajero o apóstol que era Epafrodito.

Strong define la palabra apóstol de esta manera: “delegado; específicamente embajador del evangelio; oficialmente comisionado de Cristo [«apóstol»] (con poderes milagrosos):- apóstol, enviado, enviar, mensajero.”

Pablo habla de su ministerio de esta manera:

1 Corintios 9:16-17

16  Pues si anuncio el evangelio,  no tengo por qué gloriarme;  porque me es impuesta necesidad;  y  ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!

17  Por lo cual,  si lo hago de buena voluntad,  recompensa tendré;  pero si de mala voluntad,  la comisión me ha sido encomendada.

Pablo había recibido la comisión de predicar el evangelio a las gentiles convirtiéndose en el apóstol de ellos.

Vine define al apóstol de esta manera: “literalmente: uno enviado [apo, de (partitivo); stello, enviar].”

Vemos que en su sentido más simple un apóstol es uno que es enviado; de ahí uno que es enviado oficialmente para salir con una comisión.

Jesús al enviar a sus doce apóstoles les dio una comisión:

Mateo 10:1-5

1  Entonces llamando a sus doce discípulos,  les dio autoridad sobre los espíritus inmundos,  para que los echasen fuera,  y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

2  Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;

3  Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,

4  Simón el cananista,  y Judas Iscariote,  el que también le entregó.

5  A estos doce envió Jesús,  y les dio instrucciones,  diciendo. . . .

Vemos como Jesús comisionó oficialmente a sus doce discípulos a los cuales llamo apóstoles. También podemos ver que no solo los envió sino que les dio el poder y la autoridad para realizar la obra encomendada.

En Juan 20:21 vemos otra vez como es que Jesús envió a los apóstoles:“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.”

Un apóstol es alguien que es enviado. Podemos ver esta misma verdad en el ministerio de Pablo:

Hechos 13:1-4

1  Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía,  profetas y maestros:  Bernabé,  Simón el que se llamaba Niger,  Lucio de Cirene,  Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca,  y Saulo.

2  Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

3  Entonces,  habiendo ayunado y orado,  les impusieron las manos y los despidieron.

4  Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.

Vemos aquí como Pablo y Bernabé, que eran profetas y/o maestros, entran a su ministerio como apóstoles una vez que son enviados por el Espíritu Santo.

Un apóstol es una persona enviada por Dios para cumplir una misión.

 

Para ver el estudio completo del ministerio del apóstol sigue los siguientes enlaces de mi blog Dones del Ministerio

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La Verdadera Guerra Espiritual – Estudio Bíblico Completo

armaduradedios

Recientemente coloque en mi blog La Palabra de Fe una serie de enseñanzas acerca de la Armadura de Dios, que son mis notas cuando enseño ese curso.

Aquí les dejo los enlaces para que puedan utilizarlos no solo en su estudio personal sino para compartirlos con otros.

Peleando la Buena Batalla de la Fe

¡Redimidos!

El Día Que Satanás Perdió Su Autoridad

Reconociendo a Nuestro Enemigo

Resistiendo en el Día Malo

El Cinturón de la Verdad

La Coraza de la Justicia

El Calzado de la Predicación del Evangelio de la Paz

El Escudo de la Fe

El Yelmo de la Salvación

La Espada del Espíritu

Orando en Todo Tiempo

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Estudio Bíblico Completo – La Historia de la Biblia

En este Estudio Bíblico estaremos hablando acerca de la Biblia, su origen, el canon, como se transmitió, su estructura, los libros apócrifos y los libros de los padres apostólicos.

Te invito a que sigas los enlaces  y disfrutes de este estudio

 

 

 

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Historia de Jesucristo (Curso Completo)

En este curso veremos la vida de Jesús, desde su preexistencia hasta su resurrección.

Siga  los enlaces para poder ver cada una de las clases

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El Espíritu Santo es una Persona Porque en la Biblia se le Trata Como una Persona

En la Biblia se le Trata Como una Persona

Una de las razonas por las que podemos decir que el Espíritu Santo es una persona es porque en la Biblia se le trata como una persona.

Hechos 5:1-10 (PDT)
1 Había un hombre llamado Ananías, su esposa se llamaba Safira. Él vendió un terreno que tenía,
2 pero entregó sólo una parte del dinero a los apóstoles y se quedó con el resto. Su esposa sabía lo que había hecho y estuvo de acuerdo.
3 Entonces Pedro dijo: -Ananías, ¿por qué permitiste que Satanás entrara en tu corazón? Mentiste y trataste de engañar al Espíritu Santo. Vendiste el terreno, pero ¿por qué te quedaste con parte del dinero?
4 El terreno era tuyo antes de venderlo, pudiste haber dispuesto del dinero a tu gusto. ¿Por qué se te ocurrió eso? ¡Le mentiste a Dios, no a los hombres!
5 Cuando Ananías escuchó esto, cayó muerto. Unos jóvenes vinieron y envolvieron su cuerpo, lo sacaron y lo enterraron. Todos los que supieron esto se asustaron mucho.
6 Cuando Ananías escuchó esto, cayó muerto. Unos jóvenes vinieron y envolvieron su cuerpo, lo sacaron y lo enterraron. Todos los que supieron esto se asustaron mucho.
7 Más o menos tres horas después, entró su esposa Safira, quien no sabía lo que le había pasado a su marido.
8 Pedro le dijo: -Dime, ¿cuánto recibieron por la venta del terreno? ¿Fue esta cantidad? Safira le respondió: Sí, eso fue lo que recibimos por la venta del terreno.
9 Pedro le dijo: -¿Por qué estuviste de acuerdo a la hora de probar al Espíritu del Señor? ¡Escucha! ¿Puedes oír esos pasos? Los hombres que acaban de enterrar a tu esposo están a la puerta y ahora van a hacer lo mismo contigo.
10 De inmediato Safira cayó muerta. Los jóvenes entraron y al darse cuenta de que estaba muerta, se la llevaron y la enterraron al lado de su esposo.

En este pasaje vemos como Ananías y Safira trataron de engañar, mentir y probar al Espíritu Santo.

Al hacer esto es porque consideraban al Espíritu Santo una persona.

Hechos 7:51 (Castillian)
51 ¡Tercos e infieles, duros de corazón y de oídos! ¿Hasta cuándo os vais a oponer al Espíritu Santo? ¡Bien se ve que sois dignos descendientes de vuestros antepasados!

Hechos 7:51 (RV60)
51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

Hechos 7:51 (Septuaginta)
51 Cuelliduros e incircuncisos de corazones y de las orejas, vosotros siempre al Espíritu, el Santo, combatís; como vuestros padres, también vosotros.

Hechos 7:51 (PDT)
51 Esteban continuó diciendo: -¡Ustedes son muy tercos! Son como los paganos en su forma de pensar y de entender. Siempre se rebelan contra el Espíritu Santo, igual que sus antepasados.

Hechos 7:51 (BLS)
51 Antes de terminar su discurso, Esteban les dijo a los de la Junta Suprema: ¡Ustedes son muy tercos! ¡No entienden el mensaje de Dios! Son igual que sus antepasados. Siempre han desobedecido al Espíritu Santo.

Mientas Esteban predicaba su discurso ante el Sumo Sacerdote y el pueblo de Israel les dijo que ellos se oponían, resistían, combatían, se rebelaban y desobedecían al Espíritu Santo.

Ellos si que lo trataban como a una persona.

Marcos 3:28-29 (RV60)
28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;
29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón,sino que es reo de juicio eterno.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), una blasfemia es una “Palabra gravemente injuriosa contra alguien.”

Según el Diccionario Strong’s en español, la palabra blasfemia se traduce como:

βλασφημία blasfemia; de G989; vilipendio (espec. contra Dios):-blasfemia, maldición, maledicencia.

Entonces el hecho que el Espíritu Santo pueda ser blasfemado, gravemente injuriado, vilipendiado y maldecido es porque se le trata como a una persona.

Hebreos 10:29 (RV60)
29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios,y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

Hebreos 10:29 (DHH)
29 Pues ¿no creen ustedes que mucho mayor castigo merecen los que pisotean al Hijo de Dios y desprecian su sangre, los que insultan al Espíritu del Dios que los ama? Esa sangre es la que confirma la alianza, y con ella han sido ellos consagrados.

Hebreos 10:29 (EUNSA)
29 ¿Qué castigo más grave pensáis que merecerá el que haya pisoteado al Hijo de Dios y haya considerado impura la sangre de la alianza en la que fue santificado y haya ultrajado al Espíritu de la gracia?

Existe la posibilidad de que un creyente llegue a afrentar, ultrajar e insultar de tal manera al Espíritu Santo que pueda incluso llegar a perder la salvación que había recibido por fe.

Como conclusión, el hecho que el Espíritu Santo pueda ser mentido, resistido, blasfemado y afrentado demuestra que en la Biblia se le trata como una persona.

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Estableciendo el Fundamento del Espíritu Santo

Hoy día en mi blog Cerca a la Medianoche coloqué un artículo acerca de una encuesta cristiana en la que muestra que el 63% de los estadounidenses cree que el Espíritu Santo es una fuerza, y el 15% no sabe que es, mientras que solo el 21% piensa como enseña la Biblia y la doctrina que se ha creído estos 2 milenios.

Ver Para no creer: El 63% de los Estadounidenses Cree que el Espíritu Santo es una Fuerza

Sabemos que esa doctrina destructora en cuanto al Espíritu Santo es la que enseñan sectas como Los Testigos de Jehova, los Unicitarios y varias otras sectas afines.

Por ese motivo es que a partir de esta semana estaré estableciendo un fundamento acerca de la persona del Espíritu Santo, su deidad, su parte en la Trinidad, lo que hace en el creyente entre otras cosas.

Es tiempo de volver a lo básico para no perdernos en el camino

 

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