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26 Días de Fe – Día 22

No basta tener fe, debemos actuar en lo que creemos, la fe siempre actúa en las cosas que hemos creído.

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Lección 22 – Acciones Que Corresponden Con La Fe

Textos Bíblicos: Santiago 2:14-22; Mateo 7:24-27.

Verdad Central: Las acciones de un hacedor de la Palabra coinciden con su confesión.

Uno de los errores más grandes que muchos creyentes cometen es confesar su fe en la Palabra de Dios y al mismo tiempo contradecir su confesión con acciones incorrectas.

Decimos que estamos confiando en que Dios provee para nuestras necesidades financieras, pero al mismo tiempo nos estamos preocupando de cómo vamos a pagar nuestras cuentas. En un momento confesamos que la Palabra de Dios es verdadera, y el minuto siguiente repudiamos todo lo que dijimos con acciones incorrectas. Nuestras acciones tienen que corresponder con nuestro creer, si hemos de recibir de Dios.

La Fe Hecha Perfecta

Santiago 2:14-22 dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovecha si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras y que la fe se perfeccionó por las obras?”.

La traducción de Weymouth de los versículos 14 y 22 dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si un hombre profesa tener fe y, sin embargo, sus acciones no corresponden?…Notas que su fe estaba cooperando con sus acciones, y por sus acciones su fe fue perfeccionada“.

Algunos han pensado que el libro de Santiago fue escrito acerca de la salvación y dirigido al no creyente. Sin embargo, Santiago no estaba escribiendo a los que no eran salvos, sino a los creyentes, él dijo: “¿De qué aprovechará, HERMANOS MIOS…“. Él estaba escribiendo a sus hermanos y hermanas en Cristo, señalando que la fe sin las correspondientes acciones no funcionará para ellos, aunque sean creyentes.

Santiago también dijo: “Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). Otra traducción dice: “…burlándoos a vosotros mismos“.

Hay muchos que se engañan a sí mismos y le achacan sus problemas al diablo o a algunos individuos, cuando realmente ellos se engañan a sí mismos. Esto es porque ellos no son hacedores de la Palabra.

¡Las acciones de un hacedor de la Palabra coinciden con su confesión!

Las Tormentas De La Vida

Mateo 7:24-27: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplan vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.

Las tormentas de la vida nos vienen a todos. Pueden ser tormentas de enfermedad, dificultad financiera, problemas familiares, o cualquier otra prueba. No son las tormentas de la vida las que nos derrotan, sin embargo. Si las tormentas fueran las que nos derrotaran, derrotarían a todo el mundo. No, es nuestra reacción a las tormentas lo que nos derrota.

Los vientos soplan y las inundaciones llegan pero aquel que es un hacedor de la Palabra se aferrará a su confesión de fe, porque él sabe que Dios no puede fallar. Si la enfermedad viene, se mantiene firme y rehúsa aceptarla. Otros pueden ser derrotados con la misma prueba.

Aquellos que no son derrotados por las tormentas de la vida actúan según la Palabra de Dios. Aquellos que son derrotados, pueden ser verdaderamente salvos, pero sus acciones no corresponden con su fe.

El mismo viento y la misma tormenta vinieron contra las dos casas de nuestro texto. La razón por la cual una fue destruida y la otra no, es que el hombre sabio fue hacedor de la Palabra, y el insensato no.

Muchos profesan a Cristo y declaran que creen en la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, pero no son hacedores de la Palabra. Son habladores de la Palabra. Eso es diferente.

Los “habladores” han asentido mentalmente simplemente que la Palabra de Dios es verdad, pero no les hace ningún bien, porque no la están haciendo suya. No están reclamando sus promesas.

Confiar en Dios es Confiar en Su Palabra

La manera de hacer la Palabra de Dios tuya es actuando sobre ella. Haz lo que ella dice. “Confía en el Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5).

No puedes confiar en el Señor sin confiar en Su Palabra. Dios y Su Palabra son uno, así como tú y tu palabra son uno. Si tu palabra no puede confiarse, entonces tú tampoco. Si la Palabra de Dios no sirve, El tampoco. Pero Su Palabra es de confiar. El vigila sobre Su Palabra. “Entonces me dijo el Señor: Bien has visto; porque yo apresuro mi Palabra para ponerla por obra” (Jeremías 1:12). Otra versión lee: “Yo vigilo sobre mi Palabra para ponerla por obra“.

Si no tomas la Palabra y la haces tuya, Él no tiene nada para poder usar para traer bien a tu vida. Él quiere que tengas lo que Su Palabra promete. Pero si no actúas sobre Su Palabra, entonces Él no tiene nada con lo que trabajar para traer bien a tu vida.

Cuando confío en la Palabra con todo mi corazón y dejo de apoyarme en razonamientos humanos y dejo de mirar a la gente para recibir liberación, entonces tengo acciones que corresponden con mi fe. Mis acciones están en completa comunión con mi confesión de fe.

A algunos de nosotros nos ha costado mucho tiempo aprender esto; y a otros les costará más tiempo porque han estado caminando en el camino equivocado. Sus mentes están tan estancadas con razonamientos humanos que les costará algún tiempo renovar sus mentes con la Palabra de Dios hasta que tengan acciones que correspondan con su confesión de fe.

Hasta que haya acciones correspondientes, habrá continuo fracaso en la vida. Yo puedo confesar y decir que Dios es la fortaleza de mi vida, pero si al mismo tiempo continúo hablando acerca de mi debilidad y falta de fe, seré derrotado porque no hay acción correspondiente. El acudir a métodos humanos en vez de confiar en el Señor, trae confusión a mi espíritu. Trae debilidad y derrota a mi vida. Solamente hay una cosa que podemos hacer: Volver a la Palabra de Dios y actuar sobre ella.

Nuestro peor enemigo es la carne. La carne y el razonamiento humano natural nos limitarán a nuestra propia habilidad. Vemos las circunstancias, los problemas, las pruebas y tormentas y decimos que no podemos. El lenguaje de la duda, la carne y los sentidos es: “No puedo, no tengo la habilidad, la oportunidad o la fortaleza. Estoy limitado“. Pero el lenguaje de la fe dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Pablo no dijo que podía hacerlo todo porque era un apóstol y tenía poder especial o gracia. Él dijo: “Todo lo puedo en Cristo…” y nosotros tenemos el mismo acceso a Cristo, Pablo dijo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Tú eres una nueva criatura en Cristo también. Cristo no le pertenece más a Pablo de lo que te pertenece a ti.

El lenguaje de la fe dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Nuestro Padre me fortalece. No puedo ser conquistado y no puedo ser derrotado“.

Si vienen contra ti fuerzas naturales, no pueden derrotarte, porque no hay suficientes fuerzas naturales en todo el mundo que puedan vencer al Espíritu Santo que mora en ti. “Mayor es El que está en ti que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). ¡Tú eres fortalecido desde adentro!

Yo he aprendido como poner al que es Mayor a trabajar a mi favor. No solamente soy nacido de Dios, copartícipe de Su amor, sino que mora en mí el Espíritu de Aquel que levantó a Jesús de los muertos.

Yo tengo la sabiduría, la fuerza y la habilidad de Dios en mí. Estoy aprendiendo a permitirle a esa sabiduría gobernar mi intelecto. Le estoy permitiendo gobernar mi mente y hablar a través de mis labios. Me estoy atreviendo a pensar los pensamientos de Dios después de Él. Me estoy atreviendo a decir en presencia de todos mis enemigos: “Dios es mi habilidad”. “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos” (Salmo 23:5). “El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿de quién temeré?” (Salmo 27:1). Dios me ha hecho mayor que mis enemigos. Dios me ha hecho aplastar el cuello de la debilidad, el temor y la inhabilidad.

La fortaleza de Dios es mía. Yo no estoy confiando en mi propia fortaleza porque la Biblia no dice ni una palabra acerca de ser fuerte en mí mismo. Dice que Dios es mi fortaleza.

Hay tanta gente luchando y tratando de hacer algo por sí solos. Se levantan a testificar y piden a todos que oren por ellos para poder “resistir hasta el final“. Pero Dios no quiere que resistas así. Él quiere que le permitas hacerlo. ¡Envuélvete en las promesas de Dios!

Una vez oí la historia de un hombre que estaba caminando por la vía del tren con un bulto en sus espaldas. Cuando llegó a una sección donde estaban reparando la vía él pensó que el capataz le iba a decir que se saliera de la vía férrea, así que le mostró el billete que tenía. El capataz le dijo que ese boleto no le daba el derecho de caminar por la vía del tren.

Muchas personas son así, están en la vía correcta, pero deberían estar viajando en tren en vez de ir caminando. También, deberían registrar su equipaje porque no tienen por qué cargarlo. La Biblia dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Texto Para Memorizar: “Hermanos míos, ¿de qué aprovecha si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?” (Santiago 2:14).

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26 Días de Fe – Día 20

En esta enseñanza veremos los 6 enemigos de la fe.

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Lección 20 – Seis Enemigos De La Fe

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:17,21; Juan 16:23-24; Romanos 10:10; Marcos 11:23-24

Verdad Central: Cuando nosotros “peleamos la buena batalla de la fe“, podemos salir del angosto lugar del fracaso y entrar al infinito poder de Dios.

Nuestra lección hoy trata con “la buena batalla de la fe“, como menciona 1°Timoteo 6:12. Yo algunas veces he oído a algunos decir que van a pelear contra el diablo. Yo no sé por qué, porque en primer lugar no podrían. En segundo lugar, Jesús ya ha derrotado al diablo a nuestro favor. Jesús fue nuestro sustituto. También he oído a algunas personas decir que van a pelear contra el pecado. Yo no voy a pelear contra el pecado, voy a predicar la cura para el pecado. Jesús es la cura.

La única batalla que el creyente está llamado a pelear es la “buena batalla de la fe“. Y si hay una pelea, entonces debe haber enemigos o estorbos para la fe. Si no hubiera enemigos de la fe, no habría pelea. En esta lección trataremos con seis enemigos de la fe.

Enemigo No. 1 – Falta De Entender Lo Que Significa Ser una Nueva Criatura En Cristo

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La falta de entendimiento de lo que significa ser una nueva criatura obstaculiza nuestra vida de fe. Mucha gente no se da cuenta que ellos son realmente nuevas criaturas; piensan que cuando fueron salvos, Dios solamente los perdonó de sus pecados. Les sería de poco provecho si esto fuera todo lo que el pecador recibiera, porque es un hijo del diablo y todavía iría al infierno. Él tiene que nacer de nuevo. Él tiene que convertirse en una nueva criatura dejando todos sus viejos caminos pecaminosos. No, nosotros no sólo somos pecadores perdonados. No somos meros miembros de iglesia viviendo con las justas. No estamos viviendo al final de la cuadra en la calle “Luchando para llegar al Cielo“, contiguo al callejón “queja“. ¡Eso no es para nosotros! Somos nuevas criaturas, creadas por Dios en Cristo Jesús con la misma vida y naturaleza de Dios en nuestros espíritus. Somos los niños de Dios, hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús.

Enemigo No. 2 – Falta De Entender Nuestro Lugar En Cristo

Dondequiera que voy sugiero que los cristianos vayan a través del Nuevo Testamento, particularmente las epístolas, y escriban las frases “en Cristo“, “en quien“, y “en El“. El escribirlas ayudará a recordarlas. Hay aproximadamente 140 de estas expresiones en el Nuevo Testamento. Si lees y meditas en estas escrituras hasta que se vuelvan una parte de ti, la vida se te hará diferente. A medida que leas estos versículos, dite a ti mismo: “Esto es lo que soy. Esto es lo que tengo en Cristo Jesús“.

En una iglesia que yo visité había una mujer a quien el pastor describió como una de las trabajadoras cristianas más sobresalientes que había conocido. Ella se había graduado en un seminario de líderes con un grado en educación cristiana, y prestaba sus servicios a la iglesia gratuitamente. Durante nuestro avivamiento en ese lugar, yo urgí a la gente para que comenzaran a memorizar y a reclamar estos versículos. Después de un tiempo esta mujer se me acercó y me dijo que había estado confesando veinticinco de estas escrituras, y que se había convertido en una persona completamente diferente. Se dio cuenta de que ya no se preocupaba más. Ella me dijo que pensaba y actuaba de diferente manera. Se sentía diferente. Estaba sorprendida de ella misma. Yo le dije que estaba comenzando ahora a andar en la luz de lo que siempre había tenido: Ella, como muchos cristianos, no había llegado a comprender lo que Cristo era en su vida. Esto obstaculizaba su fe. El recibir ese entendimiento la curó de su hábito de la preocupación.

Enemigo No. 3 – Falta De Entender La Justicia

2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos la justicia de Dios en El”.

La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Por lo tanto por el nuevo nacimiento nos volvemos una nueva criatura justa.

Sabemos que Dios no hizo ninguna nueva criatura injusta. Somos creados por Dios en Cristo Jesús. Él hizo una nueva criatura justa. Somos hijos e hijas de Dios como si nunca hubiéramos pecado. Podemos estar en Su presencia sin conciencia de pecado, sin ningún sentimiento de culpa o vergüenza. No tenemos que estar paralizados por el temor. Podemos venir a la presencia de Dios porque ahí pertenecemos. Cuando nacimos de nuevo, nuestros pecados fueron perdonados porque nuestra vida pasada dejó de existir. Dios dijo que no recordaría nuestras transgresiones (Jeremías 31:34). Y si Él no las recuerda, ¿por qué debemos hacerlo nosotros?

Algunos pueden preguntar: “Pero yo he cometido pecados desde que me hice cristiano, ¿cómo puedo ser justo?” La respuesta a esta pregunta se encuentra en 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad“. Cuando el creyente que ha pecado confiesa su pecado y pide perdón, el Señor hace dos cosas: Primero, lo perdona. Segundo, lo limpia de toda maldad.

Cuando hemos pecado nos sentimos culpables y tenemos una sensación de injusticia. Nos sentimos indignos de venir a la presencia del Señor. Pero cuando confesamos nuestro pecado. El perdona y también limpia. Ganamos de nuevo nuestra posición correcta con Él.

La palabra “injusticia” es la palabra “justicia” con el prefijo “in” por delante, significando “no” o “no-justicia“. Si somos limpios de “no-justicia“, entonces somos justos otra vez.

Enemigo No. 4 – Falta De Entender Nuestro Derecho A Usar El Nombre De Jesús

Juan 16:23-24 dice: “…Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido”.

Cuando nos damos cuenta del poder del nombre de Jesús, cuando entendemos lo que ese nombre hará, entonces podemos derrotar a Satanás y disfrutar la victoria.

En el capítulo 16 de Marcos, Jesús les dijo a sus discípulos, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen…” (Marcos 16:15-17). A aquellos que creen este evangelio, estas señales les seguirán; no solamente a la iglesia primitiva, no solamente a los apóstoles, no solamente a los predicadores. Todos los creyentes pueden echar fuera demonios en Su nombre. Todo cristiano tiene autoridad sobre los demonios y espíritus malignos en el nombre de Jesús. En Su nombre ellos hablarán con nuevas lenguas. En Su nombre impondrán las manos sobre los enfermos y sanarán.

¡El nombre de Jesús tiene autoridad y poder hoy, y ese nombre nos pertenece!

Enemigo No. 5 – Falta De Actuar Sobre La Palabra

Si sabemos que la Palabra de Dios es verdad, y actuamos como que es verdad, entonces se convierte en una realidad en nuestras vidas. La Biblia dice: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5). Todo lo que es necesario que sepamos es “¿Qué dice la Palabra de Dios?“.

La gente con frecuencia me pregunta por qué no reciben sanidad. Ellos citan escrituras como “…El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17), y “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuisteis sanados” (1°Pedro 2:24). Ellos me dicen que creen estas escrituras. Entonces les pregunto: “Pero, ¿han actuado ustedes como que estos versículos son verdad?

A la edad de 46 años, al Doctor A.B. Simpson, un ministro Presbiteriano que más tarde fundó la Alianza Misionera Cristiana, le dijeron que estaba muriendo de una condición del corazón y que solamente tenía seis meses de vida. Tomó vacaciones y se fue a su granja para poder tener tiempo para estudiar la Palabra de Dios sobre el tema de la sanidad divina, un tema que había adquirido su interés. El escribió en el libro titulado El Evangelio de la Sanidad: “…durante aquel verano oí a varias personas dando testimonio de su sanidad por el simple hecho de confiar en la Palabra de Cristo, tal y como lo hicieron para recibir su salvación. Esto me llevó a estudiar la Biblia. Determiné que debía resolver este asunto una vez por todas.

Me alegro de no haber acudido a ningún hombre“, continuó. “A Sus pies, solamente, con la Biblia abierta, y con nadie para ayudarme o guiarme, me convencí de que esta era parte del Glorioso Evangelio de Cristo para un mundo pecador y sufriente, y que era parte de Su Compra en la Bendita Cruz, para todo aquel que creyere y recibiese Su Palabra”.

Simpson le prometió solemnemente a Dios que aceptaba la sanidad sin ninguna cuestión, que recibía a Jesús como su Sanador; y que predicaría y ministraría la sanidad en cualquier forma que Dios se lo pidiera.

Dos días después, Simpson fue invitado a predicar en una reunión en New Hampshire. Todo lo que le vino a la mente para hablar fueron las palabras “Él mismo” en Mateo 8:17. Así que El abrió su Biblia, leyó el versículo y les dijo a la audiencia que quería enfocar su atención a esas palabras. Entonces dio su testimonio acerca de cómo había estado escudriñando la Biblia y había llegado a la conclusión de que Jesús todavía sana hoy.

El día siguiente fue invitado a ir a escalar montañas. Su primera reacción fue que no podía ir por la condición de su corazón. Entonces recordó que había declarado su sanidad, así que aceptó la invitación. Hasta ese punto él no había sentido realmente su sanidad sino que solamente la había declarado. Luchó todo el camino montaña arriba. Cada vez que quitaba su mente de la escritura comenzaba a sentir dolor, y miedo. Pero a medida que venció estos sentimientos y reclamaba su sanidad, los síntomas se iban. El peleó esa batalla todo el camino hasta llegar a la cima de la montaña, pero salió victorioso. Prosiguió llevando una vida energética y activa en el servicio de Dios sin ningún tipo de síntomas. “Yo necesitaba tomar ese paso y reclamar mi victoria“, concluyó diciendo.

La fe real es hija del conocimiento de la Palabra de Dios. Simpson actuó en la Palabra y obtuvo fe real de ella. En vez de tratar de creer, él actuó sobre la Palabra.

Enemigo No. 6 – Falta de Asirnos Bien De Nuestra Confesión De Fe

Romanos 10:10 dice: “Porque con el corazón se cree para justicia; pero con la boca se confiesa para salvación”.

Marcos 11:23-24 dice: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte, quítate y échate en el mar; y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo, todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

Un joven ministro en San Luis, una vez me dijo, “Tengo treinta y dos años. Los doctores han dicho que es imposible que mi esposa tenga hijos. ¿Hablarás y orarás con nosotros?” A medida que hablábamos y orábamos juntos, su esposa dijo que ella confesaría que tendrían un hijo. En el pasado había dicho que a ella le gustaría tener un niño. Ahora diría que ellos tendrían un hijo. Doce meses más tarde recibí una carta diciendo que tenían una bebé robusta. Todo lo que ellos necesitaban hacer era actuar sobre la Palabra. La fe es medida por nuestra confesión. Nuestra utilidad para el Señor es medida por nuestra confesión. Eventualmente nos convertimos en lo que confesamos para bien o para mal. Hay una confesión de nuestro corazón y una confesión de nuestros labios, y cuando estas dos armonizan, nos volvemos poderosos en nuestra vida de oración. La razón por la que muchos cristianos son derrotados es porque hacen una confesión negativa. Siempre están hablando de sus debilidades y fracasos, e invariablemente se hunden al nivel de su confesión.

Hay una ley en las escrituras que yo descubrí de los labios de Jesús en Marcos 11:23-24, la cual fue citada anteriormente. Esta es la ley que dice que nuestras confesiones nos gobiernan. Somos lo que decimos. La mujer con el flujo de sangre, cuya historia encontramos en Marcos 5:25-34 dijo: “Si tocare solamente su manto, seré salva“. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote“. Lo que ella dijo era su fe hablando; y así sucedió.

Cuando nosotros peleemos “la buena batalla de la fe“, como el apóstol Pablo nos exhorta, podemos salir del angosto lugar del fracaso y la debilidad en el que vivimos y entrar al infinito poder de Dios.

Texto Para Memorizar: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12).

Tomado y editado del Capítulo 20 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Dias de Fe – Día 6

En esta clase veremos como se relacionan nuestras acciones de fe con el hecho de recibir el bautismo con el Espíritu Santo.

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Lección 6 – La Fe En Acción (Parte 2)

Textos Bíblicos: Hechos 19:1-6; 1°Corintios 14:14

Verdad Central: La fórmula de la fe en acción puede aplicarse para recibir el Espíritu Santo al igual que para recibir cualquier don de Dios.

En la lección anterior hablamos de cómo la fe es un hecho, es poner la Palabra de Dios en práctica. Muchos milagros de sanidad han sucedido cuando la gente ha actuado en fe, han dado un paso en las promesas de Dios, y han recibido de Dios. Lo mismo es aplicable para recibir el Bautismo con el Espíritu Santo. Para recibir esta potente dotación del poder de Dios debemos también dar un paso en fe y reclamar la promesa del Padre.

El Don Del Espíritu Santo: Ya Fue Dado

Hechos 19-1-6: “Y aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban”.

A medida que estudiamos el libro de los Hechos, notamos que después del día de Pentecostés, los discípulos siempre les hacían a los creyentes la pregunta: “¿Has recibido el Espíritu Santo?” Ellos no decían, “¿Te ha dado Dios el Espíritu Santo?” Dios no te va a dar el Espíritu Santo. Según Él, ya te lo ha dado. Depende de ti el recibirlo. Eso es algo que tú mismo haces.

Algunos dicen: “Como me gustaría que recibir el Bautismo del Espíritu Santo fuera tan fácil como tú lo dices“. Pero ¿qué difícil es recibir un regalo? Si un hombre me pidiera un libro que tuviera en mis manos, se lo daría. Le estaría dando el libro de regalo. Pero supongamos que él entonces empezara a llorar y a suplicar “Por favor, oh, por favor, hermano Hagin, ¡por favor, démelo!” Por supuesto, la gente pensaría que aquel hombre no estaba bien. La gente pensaría y se preguntaría por qué no extendía la mano y lo tomaba.

Las cosas espirituales son tan reales como las cosas materiales, Dios nos ofrece el don del Espíritu Santo. No tenemos que llorar y suplicar que nos lo dé. Dios dice: “Aquí está el don del Espíritu Santo. ¡Si eres nacido de nuevo, no tienes que esperar, estás listo para recibir ahora mismo al Espíritu Santo!” “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17).

Tenemos Su promesa en la Palabra. La fe es actuar en la Palabra

Durante una reunión que estaba dirigiendo en un pueblo en Texas, una señora pasó adelante para recibir oración para recibir el Espíritu Santo. Le impuse las manos y oré, el Espíritu santo vino sobre ella, pero ella no respondió. Abrí mi Biblia en Hechos 2:4, y le pedí que leyera ese versículo de escritura en voz alta. Ella leyó “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen“.

“¿Quién dice esta escritura que habló en lenguas?” le pregunté.

Dice que el Espíritu Santo lo hizo“, contestó ella.

Le dije que lo leyera otra vez. Por fin, después de leerlo cuatro veces, ella vio lo que no había visto antes. Sorprendida, me miró y dijo, “Caramba, ¡ellos hablaron en lenguas! Yo siempre pensé que el Espíritu Santo fue el que habló“. Entonces le dije: “Vamos a leer otras escrituras para no tomar solamente ésta“, y le señalé Hechos 10:44-46, “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios“.

Luego leímos en Hechos 19:6, “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban“.

Ahora quiero hacerle una pregunta“, le dije, “Cuando yo le impuse las manos, ¿vino sobre usted el Espíritu Santo? ¿Sintió el poder de Dios sobre usted?

Absolutamente“, contestó.

“¿Quería su lengua decir algo que no era en inglés?” le pregunté. ““, me dijo ella: “Casi no podía mantenerme sin hacerlo“.

Usted no debe mantenerse sin hacerlo“, le dije, “debe cooperar con ello“. Algunos parecen pensar que deben luchar contra esa necesidad tanto como puedan y finalmente el Espíritu se apoderará de ellos. Cuando el Espíritu Santo te da lenguaje, debes tener fe para actuar.

Hace algún tiempo yo estaba hablando con un hombre que había estado esperando recibir durante unos quince años. Él me dijo, “Yo sé todo lo que hay que saber acerca de buscar a Dios“. Él sabía todo acerca de buscar, pero nada acerca de recibir. Y hay una gran diferencia entre las dos cosas.

Un ministro amigo mío me contó acerca de un hombre que le dijo: “He estado buscando el Espíritu Santo durante diecinueve años“. El ministro le respondió: “Tú no has hecho eso. Jesús dijo, ‘buscad, y hallaréis’ (Mateo 7:7). Si hubieras estado buscando, habrías encontrado. Todo lo que has estado haciendo, ha sido solamente ir al altar“. Parece que esto es todo lo que muchos hacen. Es hora ya de dejar de perder el tiempo y empezar a actuar en la Palabra de Dios, porque la fe es actuar.

El Don Del Espíritu Santo: Una Experiencia Espiritual

En 1 Corintios 14:14 dice: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto”.

El recibir el Espíritu Santo es una experiencia espiritual, no una experiencia mental o física. El Espíritu Santo viene a morar en tu espíritu y tu cuerpo se convierte en el templo del Espíritu Santo. La razón por la cual tu cuerpo se convierte en el templo del Espíritu Santo, es porque tu cuerpo es el templo o la casa de tu propio espíritu. El Espíritu Santo está morando en tu espíritu. Tú no puedes establecer contacto con Dios con tu mente. Dios no es una mente. Números 23:19 dice: “Dios no es hombre…” que quiere decir que no es un ser físico. Él es un espíritu.

Nótese que Él no es “espíritu“, sino que Él es “un espíritu“. La palabra “espíritu” para muchas personas significa una influencia o una atmósfera. Pero Dios no es espíritu. Jesús dijo: “Dios es un Espíritu…” (Juan 4:24 Biblia King James). Él es una personalidad divina. No podemos establecer contacto con Dios con nuestras mentes; tampoco podemos hacerlo con nuestros cuerpos. Nos ponemos en contacto con Dios a través de nuestro espíritu, porque Él es espíritu. Y aquí es donde muchos tienen dificultad tratando de recibir el Espíritu Santo. Tratan de recibir el Espíritu Santo mentalmente o físicamente. Quieren una experiencia física, y es una experiencia espiritual. La única parte física de ello es el hecho de hablar en lenguas. Él te dará el denuedo, pero ese denuedo sale de tu espíritu, y tú hablas las palabras.

Pablo dijo: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto” (1 Corintios 14:14). La traducción Amplificada dice: “Mi espíritu (por el Espíritu Santo en mí) ora“. En otras palabras, es el Espíritu Santo dentro de ti quien te da la habilidad para hablar en otras lenguas.

Jesús dijo, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). El viene a vivir y a morar en ti, y tú debes aprender a responderle. Él te dará el lenguaje. Muchas veces las personas fallan aquí porque confían sus sentidos naturales; lo que pueden ver, oír o sentir. No creen que tienen el Espíritu Santo hasta que hablan en lenguas. Sin embargo, uno cree y recibe el Espíritu Santo primero, luego habla en otras lenguas como resultado de haberlo recibido.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo…” (Hechos 2:4). Observa que esta escritura dice que ellos fueron llenos. Entonces después que fueron llenos, comenzaron a hablar en otras lenguas. Esta es la cosa con la que mucha gente tropieza. Quieren hablar en lenguas primero, y después creer que tienen el Espíritu Santo. Pero tienes que creer primero. Para recibir el don del Espíritu Santo, así como para recibir cualquier cosa de Dios, tienes que dar un paso en fe poniendo tu fe a trabajar. Entonces tendrás fe en acción.

Texto Para Memorizar: “…Vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban“. (Hechos 19:6).

Tomado y editado del Capítulo 6 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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26 Días de Fe – Día 5

En esta lección veremos como la fe se manifiesta a través de nuestras acciones. La fe siempre actúa en lo que cree.

26diasdefe5

Lección 5 – La Fe En Acción (Parte 1)

Textos Bíblicos: Josué 6:2-5,16,20; Lucas 5:18-20;24,25.

Verdad Central: Grandes milagros son realizados por aquellos que actúan en la Palabra de Dios.

En ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento vemos ejemplos de cómo el pueblo de Dios, poniendo su fe en acción, fueron capaces de realizar hechos grandiosos. Grandes milagros fueron llevados a cabo por hombres humildes, quienes en simple fe crédula, actuaron en la Palabra de Dios.

La Fe En Acción En El Antiguo ‘Testamento

Josué 6:2-5,16,20: “Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero, delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá, entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante… Y cuando los sacerdotes tocaron las la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad… Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron”.

En el versículo 2 leemos que Dios le dijo a Josué que Él había entregado la ciudad de Jericó “en su mano”. Esto no significaba, sin embargo, que Josué y el pueblo de Israel podían sentarse y relajarse mientras la ciudad automáticamente llegaba a ser suya. Tuvieron que hacer algo.

Dios les dio instrucciones específicas de cómo ir a tomar posesión de la tierra que Él ya les había dado, pero ellos tenían que creer esa Palabra y actuar en ella. Su actuación en la Palabra fue su fe en acción.

Tenían que marchar alrededor de los muros de la ciudad una vez al día por seis días. En el séptimo día, tenían que marchar alrededor de la ciudad siete veces. Luego cuando los instrumentos musicales sonaran, tenían que gritar. Observa que ellos gritaron mientras los muros todavía estaban en pie. Cualquiera puede gritar cuando los muros se han derrumbado; para hacer eso no se necesita fe. Pero ellos pusieron su fe en acción. Ellos “gritaron con gran vocerío“, y el muro se derrumbó.

Muchísimas personas están sentadas esperando que algo les suceda. Ellos están más o menos inertes con una fe pasiva en vez de una fe activa, esperando que algo suceda. Conocí a un hombre así hace algunos años en Colorado. No tenía trabajo. Tenía una esposa y cinco hijos, y estaba esperando que algo sucediera. Pero lo único que sucedía eran más cuentas que pagar. El necesitaba ponerse a trabajar. Todos tenemos ciertas obligaciones y no podemos quedarnos en casa y esperar que algo nos venga a nosotros. Pero si oramos, creemos y entonces actuamos, algo sucederá.

La Fe En Acción En El Nuevo Testamento

Lucas 5:18-20,24-25: “Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados… Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios”.

Mientras Jesús estaba en una casa enseñando, unos hombres trajeron a su amigo donde Jesús para que lo sanara. El hombre era paralítico y estaba postrado en cama. La multitud era tan grande que estos hombres no podían llegar donde Jesús estaba. Pero en vez de rendirse, ellos tomaron la determinación de encontrar un medio de llevar a su amigo a Jesús. Se subieron al techo y por una abertura del tejado, bajaron al hombre con el lecho dentro del cuarto delante del Señor.

¿Por la fe de quién se realizó este milagro – el hombre en el lecho, o los amigos que lo trajeron a Jesús?  La escritura dice, “al ver él la fe DE ELLOS…“. La palabra “ellos” es plural. Fue la fe de todos ellos. Hubiera sido fácil para los amigos del hombre, al ver la gran multitud rodeando a Jesús, haberse encogido de hombros, rendirse y haber regresado a casa diciendo, “Bueno, por lo menos hemos tratado. Hicimos lo que pudimos“. Pero ellos no se dieron por vencidos tan fácilmente. Ellos encontraron una manera de llevar a su amigo a Jesús.

El hombre enfermo demostró tener una gran fe también, porque ¿cuántos inválidos permitirían ser subidos a un tejado? Más aun, cuando Jesús le dijo que se levantara y caminara, él no estaba mejor. Él estaba ahí acostado tan indefenso como siempre. Pudo haber dicho: “¿Levántate y anda? ¿Es que no has visto que estos hombres me han traído hasta aquí? Yo no me puedo levantar. Tendrás que sanarme primero“. Pero no, cuando Jesús le dijo que se levantara, él comenzó a moverse y al hacerlo, el resultado fue la sanidad. Si él se hubiera negado a actuar en la Palabra del Maestro, no hubiera recibido la sanidad. Pero como actuó, recibió.

La Fe En Acción En El Siglo Veinte

En los tempranos días del movimiento pentecostal, una mujer evangelista estaba ministrando a cuatro personas en sillas de ruedas. En un tono muy bajo les dijo: “Levántense y anden en el Nombre de Jesús“. Tres de ellos se levantaron y caminaron. El cuarto dijo, “No puedo caminar“.

Los otros no podían caminar tampoco“, dijo la evangelista, “pero lo hicieron“. “Ya sé que lo hicieron“, dijo la mujer inválida, “pero yo no puedo. Hace años que no he caminado“. Y la evangelista tuvo que irse y dejarla allí sentada. Los otros actuaron su fe y cosecharon los resultados.

En una iglesia donde yo estaba ministrando había un hombre que se había quemado la parte inferior de su cuerpo, quedando imposibilitado para caminar. Sólo deslizaba los pies sobre el suelo. Durante el servicio de sanidad una noche este hombre pasó adelante para recibir oración. El Señor me había dicho qué hacer, y cuando llegué a él le dije: “¿Puedes correr?” Sorprendido ante tal pregunta, me dijo: “Oh no, ni siquiera puedo caminar, mucho menos correr“.

Entonces le dije: “El Señor me ha dicho que te diga que corras“. El hombre no lo pensó dos veces, se dio la vuelta y empezó a deslizarse por el pasillo tan rápidamente como pudo. Hizo esto tres o cuatro veces alrededor de la iglesia, y cuando regresó al frente estaba caminando normalmente. ¡El hombre estaba perfectamente curado! El activó su fe.

En el servicio de la noche siguiente vimos otro milagro como resultado del primero. Dos caballeros ancianos respondieron a la invitación para ser salvos algo que no se ve con frecuencia. Supe más tarde que esos hombres eran hermanos, de setenta y dos y setenta y cuatro años de edad. Parece que estos hermanos eran vecinos del hombre que había sido sanado la noche anterior. Cuando vieron al hombre inválido afuera trabajando en su jardín el día siguiente, pensaron que había salido afuera a gatas. Pero entonces lo vieron levantarse en pie y derecho, y caminar alrededor de la casa. Se apresuraron para ver lo que había sucedido, y él les contó sobre la sanidad y lo que el Señor había hecho por él. Como resultado los dos hombres vinieron al servicio esa noche y dieron sus corazones al Señor.

Una de las mejores definiciones de la fe es: Si crees, vas a actuar. Si crees la Palabra de Dios, actuarás como si fuera verdad. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe es dar sustancia a las cosas por las que se espera.

Texto Para Memorizar: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Tomado y editado del Capítulo 5 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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La Superioridad Absoluta de la Fe en Jesucristo sobre la Ley (Estudio Completo de Gálatas 3)

En este estudio veremos el Capítulo 3 de Gálatas versículo por versículo.

En este capítulo Pablo nos muestra la insensatez de querer justificarse ante Dios por medio de la Ley cuando Dios nos dio justificación gratuita por medio de la redención que nos dio Cristo en la cruz.

Nos muestra también que los verdaderos hijos de Abraham y herederos según la promesa no son los de la ley sino los de la fe en Jesucristo.

Les invito a seguir los siguientes enlaces para que puedan ver este estudio

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Cambiando Tu Destino

Introducción

Marcos 5:25–34
25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,
26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,
27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y toco su manto.
28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.
29 Y enseguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
30 Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?
31 Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta y dices: ¿Quién me ha tocado?
32 Pero él miraba alrededor para ver quien había hecho esto.
33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad
34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote.
Esta es la historia de una mujer cuyo destino estaba escrito.
Era una mujer que tenia una enfermedad que la había empobrecido. Después de doce años de ir a los médicos y comprar todo tipo de medicinas había gastado todo lo que tenia.
Su cuerpo estaba debilitado, había sufrido mucho de muchos médicos y en lugar de mejorar había empeorado.
Era una persona rechazada por la sociedad. La ley decía que cada vez que se presentase delante de gente debía gritar ¡Soy inmunda!, para que la gente se aleje de ella.  El castigo por no hacerlo era el apedreamiento.
Estaba pobre, enferma y sin amigos; su destino era una muerte penosa.
Pero ella en lugar de dejarse morir, tomó ciertos pasos que la llevaron cambiar su destino.
Si tu sigues esos pasos, tu también podrás cambiarlo.
Sigue los siguientes enlaces para conocer los pasos a seguir

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Como Conectarse al Poder de Dios

Aconteció un día,  que él estaba enseñando,  y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley,  los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea,  y de Judea y Jerusalén;  y el poder del Señor estaba con él para sanar.

Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico,  procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud,  subieron encima de la casa,  y por el tejado le bajaron con el lecho,  poniéndole en medio,  delante de Jesús.

Al ver él la fe de ellos,  le dijo: Hombre,  tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias?  ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?

Jesús entonces,  conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil,  decir: Tus pecados te son perdonados,  o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados  (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate,  toma tu lecho,  y vete a tu casa.

Al instante,  levantándose en presencia de ellos,  y tomando el lecho en que estaba acostado,  se fue a su casa,  glorificando a Dios. Y todos,  sobrecogidos de asombro,  glorificaban a Dios;  y llenos de temor,  decían:  Hoy hemos visto maravillas.

Lucas 5:17-26

En el verso 17 dice que: “…el poder de Dios estaba con el presente para sanar”.

Hace unos años cuando iba a la ciudad de Calama, partiendo de Antofagasta, en Chile, pasamos por el negocio del hermano John, teníamos una sed bárbara y queríamos comprar algo para tomar.

Cuando bajamos lo vi cojeando y le pregunte si quería ser sanado, como el me dijo que si, le dije que corriese en medio de la calle, y mientras lo hizo recibió su milagro.

El tenía un pedazo hueso de la pierna que le faltaba y mientras corrió Dios le dio un hueso nuevo.

El poder de Dios estaba en la calle, el poder de Dios esta presente en todos lados.

En el relato de la mujer que tenía el flujo de sangre podemos ver esto más claramente.

Lucas 8:43-48

43  Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años,  y que había gastado en médicos todo cuanto tenía,  y por ninguno había podido ser curada,

44  se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;  y al instante se detuvo el flujo de su sangre.

45  Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado?  Y negando todos,  dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro,  la multitud te aprieta y oprime,  y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?

46  Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado;  porque yo he conocido que ha salido poder de mí.

47  Entonces,  cuando la mujer vio que no había quedado oculta,  vino temblando,  y postrándose a sus pies,  le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado,  y cómo al instante había sido sanada.

48  Y él le dijo: Hija,  tu fe te ha salvado;  ve en paz.

Jesús está aquí preguntando: “¿Quién me ha tocado?”; Pedro que siempre veía las cosas naturales se molesta y le dice: “Aquí hay una multitud, además estamos nosotros, cualquiera puede haberte tocado, como es que preguntas: ¿Quién me ha tocado?”

Jesús le respondió: “No Pedro, este toque es un toque diferente, es un toque que se ha conectado a mi poder y ha recibido un milagro.”

Mucha gente tocó a Jesús ese día pero solo una se conectó al poder sanador. Una mujer con un toque de fe activó el poder sanador de Dios.

Ese toque de fe que fueron su fe más sus acciones le trajeron ese día su sanidad.

Un pastor de Llay Llay, ciudad que queda en la cordillera central de Chile, me invitó a predicar a su iglesia luego de ver las sanidades que hubieron en una campaña en la que predique.

El le contó a su hija lo que vio y ella empezó a decir: “Hoy voy a recibir mi milagro, ¡este es mi día!”

Ella tenía displasia que es una enfermedad que hace que una pierna esté más corta que la otra. En su caso la diferencia era grande, pues eran más de cinco centímetros de diferencia.

En la tarde se encontró con su doctor quien le dijo: “¿Qué haces caminando? Tu debería ir en silla de ruedas sino tu daño será irreparable y te raerá complicaciones.” Ella le dijo, no doctor, mi Dios me sana hoy.”

La fe de esa joven se estaba expresando en sus palabras.

A la hora de ministrar ella pasó adelante y recibió su milagro, las dos piernas se igualaron delante de toda la congregación, varias personas recibieron a Jesús al ver una obra tan portentosa.

Ella se conectó al poder de Dios y recibió su milagro.

Esto fue lo que hicieron el paralítico y sus cuatro amigos.

En Lucas 5:20 dice que Jesús vio la fe de ellos.

¿Cómo es que pudo verla? Por medio de las acciones de ellos.

Ese día había tanta gente en la casa que era imposible entrar en ella, así que ellos hicieron un hueco en la pared y bajaron al paralitico por él. Además el paralítico debió tener fe para dejarse bajar por el techo.

La gente pudo ver la fe de ellos; algunos incluso la sintieron al caer pedazos de techo sobre sus cabezas.

Ese fue el momento en que el poder de Dios se activó; la acción provocó que el poder de Dios se activase y trajera la sanidad para el paralítico. La fe que había en ellos se demostró por medios de sus acciones y produjo el milagro que necesitaban.

Recibe hoy también tu milagro, conéctatele al poder de Dios por medio de la fe en la Palabra y actúa conforme has creído.

Y recibirás tu milagro hoy, tal como lo recibieron el paralítico y la mujer del flujo de sangre.

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