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El Pacto de Sangre – Capítulo 6

pacto de sangre 6

Capítulo 6

El pacto abrahámico

El pacto abrahámico fue la razón de que Israel existiera. No habría existido la nación de Israel si Dios no hubiera entrado en pacto con ellos.

Isaac, nacido mucho después de la edad en que Sara podía tener hijos, fue un niño milagro. Cuando los hijos de Isaac crecieron hasta ser adultos, la nación de Israel fue hasta Egipto escapando de una hambruna, y terminaron siendo esclavizados allí. Después de haber soportado la esclavitud durante más de trescientos años, Dios los liberó de Egipto. Ninguna otra nación ha sido jamás liberada como Israel lo fue. Fue una nación milagro, librados porque eran el pueblo del pacto de sangre de Dios.

En Éxodo 2 leemos:

… y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios. (versículos 23–25)

Dios escuchó el gemido de Israel en Egipto y se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob. No podía romper el pacto. No podía olvidarse de él o ignorarlo. Él es un Dios que guarda el pacto. Por tanto, envió a Moisés para liberar y sacar de Egipto a los descendientes de Abraham con señales y maravillas que asombraron a todos los que las vieron. Dios les preservó como nación porque eran su pueblo de pacto.

Moisés sacó a Israel de Egipto a través de un desierto estéril donde, sobre la base del pacto, Dios suplió maná para comer y agua para beber para todo el pueblo, así como para su ganado.

Dios e Israel estaban atados entre sí. Mientras Israel guardó el pacto, no hubo personas enfermas entre ellos, nunca hubo una mujer estéril, no murió ningún bebé, ningún hombre o mujer joven moría a menos que rompieran el pacto. Cuando Dios dijo: “Porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26), significaba que Él era el único médico de Israel.

Y Dios no sólo era su Médico; también era su Protector. Mientras ellos guardaron el pacto, no hubo suficientes ejércitos en todo el mundo que pudieran conquistar ni la aldea israelita más pequeña.

Finalmente, Israel recibió revelaciones de Dios, que incluían la ley, los profetas, el contenido de los libros de los Salmos y Proverbios, y todas las Escrituras que hoy componen el Antiguo Testamento.

Y por último, Dios envió al Mesías, Jesús, a Israel porque era su pueblo de pacto de sangre. Entonces Jesús se convirtió en el fundador de un nuevo pacto. Nosotros tenemos el nuevo pacto debido al antiguo pacto: el pacto abrahámico. Cuando aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador, participamos de las mismas bendiciones que tuvo Israel, pero las nuestras son mucho mejores debido al nuevo pacto, sellado por el regalo sacrificial de Jesucristo.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 5

pacto de sangre 5

Capítulo 5

El sacrificio de Abraham

Y [Dios] dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Génesis 22:2)

Este fue el mandamiento más aterrador de Dios que Abraham recibió mientras estaba paralizado en la presencia de Dios. No hubo vacilación por parte de Abraham.

Piense en lo que eso significaba para él. Abraham y Sara eran ancianos. Abraham tenía casi cien años de edad, y Sara tenía noventa años. Según la ciencia y la biología, era imposible que ellos pudieran convertirse en padres de un niño. Incluso la Escritura confirmaba esto: “Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres” (Génesis 18:11).

Pero, como parte de su pacto, Dios le había prometido a Abraham un hijo.

A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?… Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. (Génesis 17:15–17, 19)

El apóstol Pablo escribió:

Y [Abraham] no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:19–21)

Abraham “tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe”. Abraham creyó a Dios.

Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. (Génesis 21:1–3)

El niño creció y se convirtió en un joven, hasta que un día, Dios lo pidió.

Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Génesis 22:2)

Abraham no dudó, aunque eso significaba renunciar a lo que tanto había querido, pero emprendió con el joven un viaje de tres días y tres noches.

Al llegar al monte Moriah, construyeron juntos el altar.

Abraham puso a Isaac sobre el altar y alzó un cuchillo para sacrificarle justamente cuando el ángel del Señor intervino, diciendo: “Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho” (Génesis 22:11–12).

Dios había encontrado a un hombre que guardó el pacto.

Después, el ángel volvió a hablar, diciendo:

Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. (versículos 16–17)

Observe que Dios dijo: “Por mí mismo he jurado”. Esto es lo más solemne que un hombre puede imaginar.

Abraham había demostrado ser digno de la confianza de Dios.

El Dios que guarda el pacto

Antes de que esto ocurriera, cuando Dios estaba a punto de destruir Sodoma y Gomorra, Abraham apeló al Creador de una manera que deja estupefacta a la imaginación. Abraham preguntó: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25).

Después, Abraham comenzó a rogar por cualquier justo que pudiera haber en la ciudad. Dios permitió que Abraham, sobre la base de su relación de pacto de sangre, se convirtiera en un intercesor por las ciudades malvadas de Sodoma y Gomorra.

Cuando Abraham entró en el pacto, obtuvo el derecho a arbitrar entre los hombres malos de la tierra y el Dios de toda la creación.

Abraham estableció un precedente de intercesión sobre la base del pacto de sangre, un precedente que se ha mantenido a lo largo de los siglos.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 4

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Capítulo 4

Jehová corta el pacto con Abram

Antes de que Dios entrara en un pacto formal con Abram, había hecho una promesa.

Y [Dios] lo llevó fuera [a Abram], y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. (Génesis 15:5–6, énfasis añadido)

La palabra “creyó” significa que Abram hizo un compromiso incondicional de sí mismo, de todo lo que era y podría llegar a ser, a Dios. En hebreo, la palabra traducida como “creyó” significa “estar firme, confiar”, pero también significa “establecer, ser fiel, llevar a cabo, hacer firme”. Abram se entregó a Dios en un abandono total de sí mismo. Después, Dios le pidió que hiciera un sacrificio animal, un sacrificio de sangre (véase versículo 9). Abram obedeció.

Cortar el pacto

El pacto abrahámico, que es la base tanto del judaísmo como del cristianismo, es quizá el contrato más maravilloso que jamás se haya promulgado. Ató a Abram (o Abraham, tras su cambio de nombre) y a sus descendientes con ataduras indisolubles con Jehová, y ató a Jehová y a Abraham y sus descendientes con la misma solemnidad.

Cuando Dios entró en un pacto formal con Abram, ocurrieron varias cosas sorprendentes. La Escritura dice que cuando Abraham tenía noventa y nueve años de edad, Dios se le apareció como “Dios Todopoderoso” (en hebreo, El Shaddai), y le dijo: “anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera” (Génesis 17:1–2).

Entonces, Abraham se postró sobre su rostro mientras Dios seguía hablándole, diciendo: “He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (versículos 4–5).

Este pacto fue para todo Israel, los hijos de Abraham, y tras de él estaban la promesa y el juramento de Dios. “Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones” (versículos 8–9).

Finalmente, Dios estableció su pacto, diciendo: “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (versículos 10–11).

Cuando eso fue hecho, Dios y Abraham habían entrado en pacto.

Significaba que todo lo que Abraham poseía (o llegaría a tener) había sido puesto sobre el altar. También significaba que Dios sostendría y protegería a Abraham y a sus descendientes mientras vivieran cumpliendo el pacto.

Algunos hechos del pacto

El sello del pacto entre Dios y Abraham fue la circuncisión. Todo niño varón fue circuncidado a los ocho días de edad, simbolizando la entrada en el pacto abrahámico. Cuando un niño entraba en el pacto, se convertía en heredero de todo lo relacionado con el pacto. Si el padre y la madre del niño morían, otro israelita estaba obligado a cuidar de ese niño. Si sólo el padre moría, entonces otro israelita cuidaría de la viuda. Esto era parte de la ley del pacto.

Obligaciones del pacto

Y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. (Génesis 17:13)

La marca de la circuncisión en sus cuerpos era el sello de su lugar en el pacto. Mientras Israel guardara este pacto, que se volvió a renovar con Moisés, ningún enemigo extranjero en todo el mundo podía conquistar ni tan siquiera una de sus aldeas.

Cuando Dios sacó a Israel de Egipto, no tenían ni ley ni sacerdocio. Finalmente, Dios les dio los Diez Mandamientos, el sacerdocio, la expiación, los sacrificios y ofrendas en el templo, el chivo expiatorio y la adoración en el templo. Todo estaba disponible para Israel a través del pacto.

Este pacto no provino de los Diez Mandamientos, como insisten algunos de los cristianos contemporáneos. Por el contrario, el pacto fue la razón de que existieran los mandamientos y la ley.

Cuando Dios cortó el pacto con Abraham, la nación israelita se convirtió en un “pueblo de pacto”.

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Una Nueva Forma de Ver las Cosas

abraham creyó a Dios
Romanos 4:1-5 (Biblia Expandida de Fe)
1 ¿Y desde el punto de vista humano qué diremos que halló Abraham, nuestro antepasado y padre según la carne?
2 Si él hubiera sido justificado (declarado inocente y hecho justo) por las obras tendría de qué enorgullecerse y jactarse, pero no delante de Dios.
3 Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham le creyó a Dios y esto le fue atribuido, imputado y tomado en cuenta como justicia (fue declarado inocente y hecho justo).
4 Ahora bien, al que trabaja no se le paga el salario como un regalo, sino como una obligación que se le debe, es decir, no se le reconoce como gracia sino como deuda.
5 En cambio, al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica (declara inocente y hace justo) al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación (ser declarado inocente y hecho justo).
En este pasaje encontramos una gran realidad en cuanto a la gracia de Dios y es que es gratis.
Pablo pregunta: “¿Que consiguió Abraham con la carne o sus propios esfuerzos humanos?
La Biblia The Message (El Mensaje) lo pone así: “Entonces, ¿cómo encajamos lo que conocemos de Abraham, nuestro primer padre en la fe, en esta nueva forma de ver las cosas?”
El hombre esta acostumbrado a conseguir las cosas por sus propios esfuerzos; inclusive la salvación la intentan obtener por un sistema de obras a través de la ley o las buenas acciones.
Pero que nos muestra Abraham con esta “nueva forma de ver las cosas.”
Si él se hubiera justificado ante Dios por su propio esfuerzo, hubiera conseguido la salvación por sus propios méritos y podría jactarse de haberlo logrado por si mismo.
Pero como vemos en Efesios 2:9: “No por obras para que nadie se gloríe.”
 
En la parábola del fariseo y el publicano vemos esto más claramente:
Lucas 18:9-14
9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
El fariseo pensaba que el cumplimiento de la ley y sus propios esfuerzos le darían los méritos necesarios para ser justificado; pero el justificado fue el publicano que no se acercó basado en sus propios méritos sino en la justificación que solo Dios puede dar.
La justificación no depende de nosotros sino de Dios.
¿Que dice la Biblia? “Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia.”
Luego nos da una analogía del trabajo; ninguno de los que trabajamos lo hacemos gratis, esperamos recibir el sueldo pactado con el empleador.
Si la salvación fuera por nuestras obras entonces lo que recibiríamos sería un pago de Dios por nuestras buenas acciones; y si pudiéramos pagar por nuestra salvación, ¿por qué murió Cristo?
Ya no sería salvación por gracia sino salvación por deuda.
El versículo 5 dice: En cambio, al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica (declara inocente y hace justo) al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación (ser declarado inocente y hecho justo).”
En esta nueva forma de ver las cosas que nos muestra Abraham, no tenemos que hacer nada para ser justificado; no tenemos que cumplir la ley ni seguir un sistema de obras para ser justificados, lo único que tenemos que hacer es lo que hizo Abraham, sencillamente creerle a Dios.
Nuestras acciones no nos dan mérito ante Dios, lo que nos da mérito es la obra de otra persona, la de Jesús.
Jesús tomo nuestro lugar en esa cruz como nuestros sustituto; se hizo pecado por nosotros, aunque nunca había pecado, y ahora nosotros podemos recibir la salvación sin que tengamos que hacer nada, de pura gracia.
Una nueva forma de ver las cosas, no es lo que tu haces, es lo que Dios hizo por ti por medio de la obra terminada de Cristo.

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26 Días de Fe – Día 15

En esta lección veremos como es que hemos sido prosperados porque Cristo pago el precio para nuestra prosperidad.

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Lección 15 – Fe Para Prosperidad

Textos Bíblicos: Gálatas 3:13-14,29; Deuteronomio 28:1-8,11-12.

Verdad Central: Como creyentes nacidos de nuevo, somos redimidos de la maldición de la Ley y somos herederos de las bendiciones de Abraham y de las promesas de prosperidad de Dios.

Durante muchos años no podía entender que la voluntad de Dios es que Sus hijos prosperen. Yo pensaba como muchos hacen que la pobreza era una característica de la humildad, y que para ser humilde uno debe ser pobre. Yo pensaba que un hombre justo no podía ser rico y que un hombre rico no podía ser justo. Pensaba que cualquier promesa en las escrituras sobre bendición financiera se refería solamente a los judíos. Desde entonces he aprendido, a través del estudio de la Palabra de Dios y su aplicación en mi propia vida, que Dios quiere que Sus hijos sean “prosperados en todas las cosas, y que tengan salud, así como prospera su alma” (3 Juan 2).

Pero“, alguien puede decir, “la Biblia dice que el dinero es la raíz de todos los males“. Sin embargo, la Biblia no dice eso. 1 Timoteo 6:10 dice: “Porque raíz de todos los males ES EL AMOR AL DINERO, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores“.

Una persona puede ser culpable de ese pecado y no tener ni diez centavos. He oído a la gente decir: “Bueno, creo que debo ser otro Job“. Alguna gente piensa que el pobre Job se pasó la vida agobiado por la pobreza, enfermo y afligido. Sin embargo, el libro entero de Job sucedió en un período de nueve meses, y el último capítulo dice que Dios quitó la aflicción de Job, y que “el Señor aumentó al doble las cosas que hablan sido de Job” (Job 42:10).

Cuando los ladrones entraron y robaron las cosas de Job, él estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando el fuego cayó y quemó sus rebaños, estaba bajo la aflicción de Satanás. Cuando vino la tormenta y azotó su casa y ésta cayó sobre sus hijos y los mató; cuando Job fue herido con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la cabeza, cuando su esposa se volvió a él y le dijo, “maldice a Dios y muérete,” Job estaba bajo la aflicción de Satanás. Pero Dios quitó la aflicción de Job.

Si tú piensas que eres otro Job, eso quiere decir que serás uno de los hombres más ricos de los alrededores. Tendrás el doble de lo que tenías antes, y serás sano y vivirás hasta ser viejo. Job vivió ciento cuarenta años después de los acontecimientos escritos en la Biblia. Si tú eres otro Job, vas a prosperar.

Redimido De La Maldición De La Ley

Gálatas 3:13-14,29 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu… Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

Las escrituras recién mencionadas nos dicen que Cristo nos ha redimido de la maldición de la Ley. ¿Qué, pues, es la maldición de la Ley? Para encontrar esta respuesta volvamos a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, referidos como el Pentateuco, o los libros de la Ley. Ahí aprenderemos que la maldición o castigo por quebrantar la Ley de Dios, es tripartita: la pobreza, la enfermedad, y la segunda muerte. Cristo nos ha redimido de la maldición de la pobreza. Él nos ha redimido de la maldición de la enfermedad. Él nos ha redimido de la maldición de la muerte de la muerte espiritual ahora y de la muerte física cuando Jesús venga de nuevo. No debemos tener miedo de la segunda muerte.

La Bendición De Abraham

Así como la maldición es tripartita, la bendición de Abraham también lo es. Primero, fue una bendición material, financiera. Segundo, fue una bendición física. Tercero, fue una bendición espiritual. La escritura del Nuevo Testamento, 3 Juan 2, está de acuerdo en que Dios quiere que tengamos prosperidad material, física y espiritual, porque dice: “Amado, deseo que seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma“. Muchísima gente tiene la impresión que todas las promesas de bendición material y de prosperidad en la Biblia, se refieren únicamente a los judíos. Sin embargo, este versículo fue escrito para cristianos neotestamentarios.

La palabra “judío” es un término corto o un sobrenombre para “Judá“. Los israelitas nunca fueron llamados judíos hasta después de la división de las tribus. Judá no tenía más promesas de bendición material y financiera que las que tenían las otras tribus de Israel. Ellos recibieron y heredaron la bendición a través de su padre Jacob. Jacob heredó la bendición a través de su padre Abraham. Así que no es la bendición o promesa de los judíos. No es la bendición de Israel. Es la bendición de Abraham. Y esa bendición es mía.

Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu…” (Gálatas 3:14). En este tercer capítulo de Gálatas, también leemos en el versículo 7: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham“. Al ser cristianos nacidos de nuevo: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

Después que estas escrituras se me hicieron claras y vi lo que me pertenecía como Hijo de Dios, a través de la fe en Él, otras escrituras empezaron a abrirse. Todo le pertenece a Dios y está a su disposición. “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados…porque mío es el mundo y su plenitud” (Salmos 50:10-12). “De Jehová es la tierra y su plenitud...” (Salmos 24:1). Dios creó todo, entonces hizo al hombre, Adán, y le dio dominio sobre todo. Dios lo hizo todo para su hombre Adán. Le dio a Adán dominio sobre los animales de los millares de collados, sobre la plata y el oro, sobre el mundo y su plenitud. En otras palabras, Adán era el dios de este mundo.

Pero Adán cometió alta traición y se lo entregó a Satanás. Así Satanás llegó a ser el dios de este mundo. Jesús, sin embargo, vino a redimirnos del poder de Satanás y de su dominio sobre nosotros. Romanos 5:17 dice: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia“. La versión amplificada de esta escritura se lee así: “Ellos reinarán como reyes en vida, por uno, Jesucristo“. Nosotros vamos a reinar como reyes en vida. Eso quiere decir que nosotros tenemos dominio sobre nuestras vidas. Vamos a dominar, no ser dominados. Las circunstancias no van a dominarte. Tú vas a dominar las circunstancias. La pobreza no va a gobernar y reinar sobre ti. Tú vas a gobernar y reinar sobre la pobreza. Las enfermedades no van a gobernar y reinar sobre ti. Tú debes gobernar y reinar sobre las enfermedades. Vamos a reinar como reyes en vida por Cristo Jesús, en quien tenemos nuestra redención.

Deuteronomio 28:1-8,11-12 dice: “Acontecerá que si oyeres, atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tu en la ciudad, y bendito tu en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaron contra ti; por un camino saldrán contra ti y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da… Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia”.

La primera parte de Deuteronomio 28 enumera todas las maneras en que el Señor bendeciría a su pueblo si ellos le obedecían. El prometió bendecir a sus hijos, sus tierras y sus animales. El prometió bendecirlos y protegerlos en las batalla. El prometió hacerlos “sobreabundar en bienes“, y bendecirlos en “todo aquello sobre lo que pusieren su mano”.

Esta bendición lo incluía todo, pero también era condicional. Ellos debían guardar todos los mandamientos de Dios. Debían ser gente santa, que no lo dejaran a Él para irse detrás de otros dioses, sino que lo sirvieran a Él con todo su corazón. El resto de este capítulo, versículos 15 a 68, da una lista de las maldiciones que caerían sobre su pueblo si no guardaban sus mandamientos.

Cuando me di cuenta por primera vez de esta verdad, y vi la prosperidad, material y espiritual que Dios ha planeado para su pueblo, y que todo creyente nacido de nuevo en Cristo es un heredero de esta promesa, casi no podía contener mi gozo. Me conmoví al darme cuenta que estaba redimido de la maldición de la Ley, de la maldición de la pobreza, y que la bendición de Abraham era mía. Nosotros como cristianos no tenemos que padecer retrasos financieros, no tenemos que estar cautivos de la pobreza o de la enfermedad Dios ha provisto sanidad y prosperidad para sus hijos si ellos obedecen sus mandamientos.

Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, Él dijo: “Si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, CUANTO MAS vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a quienes le pidan” (Mateo 7:11). ¿Cuántos de nosotros que somos padres queremos que nuestros hijos pasen por la vida hambrientos, enfermos o afligidos, nunca teniendo suficiente? Ningún padre quiere eso. De hecho, trabajamos y nos sacrificamos para tratar de que nuestros hijos alcancen una mejor educación que la que nosotros tuvimos para que reciban mayor remuneración.

Dios puso todos los animales aquí, todo el oro y la plata. ¿Es razonable el pensar que hizo todo esto solo para los que no creen en Dios? Ciertamente El ama al pecador, pero, ¿ama El más al pecador que a su propios hijos? No. Dios puso todas estas cosas aquí para Su pueblo. Él le dijo a Israel: “Si quisierais y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Isaías 1:19). Y si Dios quiere que sus hijos coman lo mejor, Él quiere que ellos usen la mejor ropa, Él quiere que ellos conduzcan los mejores autos, y Él quiere que ellos tengan lo mejor de todo.

Probado A Través De Experiencia Personal

Cuando esta verdad se volvió real en mi corazón, el Señor me habló y me dijo: “No ores más por dinero. Tú tienes autoridad a través de mi nombre para reclamar prosperidad. Yo ya he puesto oro, plata, y ganado sobre millares de collados para mi hombre Adán, y yo le di dominio sobre ellos. Después que él le entregó todo a Satanás, el segundo Adán, Jesucristo, vino a redimirte de la mano del enemigo y a liberarte de la maldición de la ley. Ahora en vez de orar que yo lo haga, ya que yo he hecho provisiones para tus necesidades, todo lo que tienes que hacer es decir, ‘Satanás, quita tus manos de mi dinero’. Solamente reclama lo que necesitas. Tú reinas en vida por Cristo Jesús”.

Durante este tiempo en mi vida yo era un evangelista. A la siguiente iglesia donde fui dije: “Señor, si consigo lo que necesito aquí, esto tendrá que funcionar. La última vez que estuve aquí recibí solamente $60.00 por semana. Voy a reclamar $150.00 para esta semana“. Entonces dije, “Satanás, quita tus manos de mi dinero, en el nombre del Señor Jesucristo“. Ves, nunca se cree por lo posible, se cree por lo imposible. Se suponía que yo iba a estar en esta iglesia solo por una semana, pero resultó que estuve diez días. Entonces reclamé $200.00 por esos diez días. El pastor no suplicó por dinero para nada, simplemente pasó los platillos de la ofrenda, y cuando la ofrenda fue contada yo recibí $240.00.

Después de eso cuando iba a iglesias a tener reuniones, el dinero venía fácilmente y muchas veces el pastor decía con sorpresa: “Esta es la ofrenda más grande que esta iglesia le ha dado a un evangelista“. Y no había pedido ningún favor. Yo tenía la llave que abre la puerta.

¡Gracias a Dios, no estamos bajo la maldición, porque Jesús nos ha liberado! “En vez de enfermedad, tengo salud; en vez de pobreza, riqueza; ya que Jesús ha pagado mi rescate“.

Texto Para Memorizar: “Amados, deseo sobre todas las cosas que seas prosperado y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

Tomado y editado del Capítulo 15 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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La Superioridad Absoluta de la Fe en Jesucristo sobre la Ley (Estudio Completo de Gálatas 3)

En este estudio veremos el Capítulo 3 de Gálatas versículo por versículo.

En este capítulo Pablo nos muestra la insensatez de querer justificarse ante Dios por medio de la Ley cuando Dios nos dio justificación gratuita por medio de la redención que nos dio Cristo en la cruz.

Nos muestra también que los verdaderos hijos de Abraham y herederos según la promesa no son los de la ley sino los de la fe en Jesucristo.

Les invito a seguir los siguientes enlaces para que puedan ver este estudio

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Conociendo Nuestro Pacto – Tercera Parte

La ley en si no es mala pero no fue dada para justificarnos, pues nadie puede cumplirla debido a que exige un cumplimiento total. La ley era como un ayo o instructor (paidagogos) que nos lleva a Cristo.

Paidagogos significa “Un guía, un guardián o entrenador de niños; literalmente un líder de niños, un tutor. El paidagogos no era un instructor de niños, pues, su propósito no era la impartición de conocimiento sino el entrenamiento y la disciplina, así que ejercía una supervisión general sobre el niño, y era responsable de su bienestar moral y físico.”

La ley no es lo que nos justifica delante de Dios sino la promesa que se recibe por medio de la fe en Cristo.

Por ese motivo es que las bendiciones de Abraham las recibimos por medio de la fe en Jesucristo.

Hebreos 8:6

6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas

Ahora estamos en un mejor pacto porque recibimos la promesa por medio de la fe y no por medio de las obras de la ley; es decir, no es por medio de nuestras acciones que recibimos la promesa, sino por las acciones de otro, es decir de Jesucristo

Romanos 4:1-16

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.

3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.

Abraham mismo recibió las promesas por medio de la fe y no por medio de las obras

4 Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;

5 mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

No podemos esperar justificarnos ante Dios por medio de las obras para alcanzar justicia, porque en ese caso recibiríamos la justicia como un salario por nuestras obras, mas es por fe, para que sea por gracia de Dios.

6 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,

7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Aquí vemos que David también habló de una justificación gratuita, no por las obras que se hagan sino por el favor de Dios.

9 ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

¿Para quién es esta bendición? ¿Para los de la ley, o para los de la fe?

10 ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia;

Vemos que Abraham recibió la circuncisión, que es la señal del pacto, como consecuencia de la fe que tuvo cuando era incircunciso.

12 y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.


Y vemos que Abraham no solo es padre de los judíos, que son os que se circuncidan según la carne, sino también padre de los que seguimos sus pisadas de fe, es decir de aquellos que hemos creído en el Señor Jesucristo.

13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

La promesa que recibió Abraham de ser heredero del mundo no vino por medio de la ley sino por medio de la fe.

14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.

15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

Si la ley nos diese la promesa, tendríamos que ganarla por medio de nuestras buenas acciones y la fe de nada valdría.

16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.

La promesa es por medio de la fe para que pueda ser firme para los que somos de la fe de Abraham; y por ser hijos de Abraham podemos decir: “Las bendiciones de Abraham son mías.”

Así que aprendamos a disfrutar de la herencia que nos pertenece por el hecho de ser hijos de Abraham por la fe.

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Conociendo Nuestro Pacto – Segunda Parte

Esto lo vemos desde el Antiguo Testamento:

Como dice en Habacuc 2:4: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”

En realidad, este verso es tan importante que se repite 4 veces en la Biblia: Habacuc 2:4, Romanos 1:17, Gálatas 3:11 y Hebreos 10:38, esto muestra que es de suma importancia que nos demos cuenta que recibimos nuestra justificación para con Dios por medio de la fe y no por medio de la ley o de las obras.

Gálatas 3:15-18
15 Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
18 Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

Veamos este pasaje en la Biblia Expandida de Fe:

Gálatas 3:15-18 (Biblia Expandida de Fe)
15 Hermanos, voy a ponerles un ejemplo de la vida cotidiana (una práctica humana común y corriente), cuando dos personas hacen un pacto (un contrato, un acuerdo), y lo ratifican (respaldan) con su firma, no puede luego ser invalidado ni modificado (nadie puede anularlo ni agregarle nada).
16 Ahora bien, las promesas (los pactos, los acuerdos) se le hicieron a Abraham y a su descendencia (su simiente, su heredero). La Escritura no dice: “y a los descendientes”, como si hablara de muchos, sino: “y a tu descendencia (tu simiente, tu heredero”, dando a entender que es uno solo, que es Cristo (el Ungido).
17 Lo que les quiero decir es esto: la Ley que fue promulgada [y llegó] cuatrocientos treinta años después, no puede anular un testamento (pacto, contrato) formalmente establecido [y ratificado] por Dios para con Cristo, dejando así sin efecto (anulando, aboliendo) la promesa.
18 Porque si la herencia dependiera de la Ley [como los judaizantes quieren que ustedes crean], ya no procedería de la promesa, y sin embargo, Dios se la concedió gratuitamente a Abraham por medio de la promesa.

Debemos entender que Dios hizo con Abraham un pacto que fue muy anterior a la Ley y que establecido y ratificado por Dios para con Cristo, y por ese motivo esa Ley no puede anularlo ni abolirlo.

Y nosotros por estar en Cristo también estamos incluidos en ese pacto y por eso no es necesaria la Ley para que podamos recibir nuestra herencia.

Este pacto fue hecho por la fe y no por la ley; es decir, la herencia del pacto viene para aquellos que somos de la fe.

Así que como creyentes en Cristo tenemos todo el derecho recibir la herencia que Dios le concedió gratuitamente a Abraham por medio de la promesa.

Gálatas 3:19-29
19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.
20 Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. 21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

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Conociendo Nuestro Pacto – Primera Parte

Una de las cosas que el creyente debe conocer son las bendiciones que tiene por medio del pacto que Dios hizo con Abraham y que nos alcanzan a nosotros por medio de Cristo.

Gálatas 3:6-14
6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Las bendiciones del pacto de Abraham son para nosotros, los creyentes, por medio de la fe en Jesucristo.

Cristo nos redimió de la maldición de la ley que nos imposibilitaba el recibir las promesas del pacto con Abraham para que de ese modo nos apropiásemos de ellas y además recibiésemos la promesa del Espíritu.

La promesa no la recibimos por medio de las obras de la Ley ya que la ley traía una maldición en si misma, “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas;” y como ningún hombre era capaz de cumplirla a su cabalidad, todos los hombres caían en la maldición.

Por eso es que ningún hombre podía justificarse por la ley, es más, en la Biblia está establecido que el justo vivirá por medio de la fe.

La Biblia Expandida de Fe lo coloca de esta manera

Romanos 10:8-12 (Biblia Expandida de Fe)
8 Además,  la Escritura,  habiendo previsto que Dios justificaría (declararía y haría justos) por la fe a los Gentiles,  anunció (declaró, proclamó) de antemano el evangelio [, las buenas nuevas de un Salvador,] a Abraham, diciendo: “Por medio de ti serán bendecidas todas las naciones.”
9 De ese modo, los que son de la fe son bendecidos y reciben las mismas bendiciones que recibió Abraham, con el creyente (el hombre de fe).
10 En cambio, los que para salvarse se aferran a la Ley mosaica [pensando que podrán justificarse por obedecerla], están bajo la maldición de Dios, como dicen las Escrituras: “Maldito (separado y consagrado para la destrucción, condenado para el castigo eterno) todo aquel que no se mantenga cumpliendo y practicando [todas y] cada una de las disposiciones (preceptos y mandamientos) escritas en el libro de la Ley”.
11 Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado (declarado y hecho justo) delante de Dios,  porque  [la Escritura dice:] ” el [que es declarado y hecho] justo [por Dios] vivirá por la fe”.
12 Sin embargo, la Ley no se basa  en la fe [no procede de la fe, no da lugar a la fe, y es contraria a la fe];  sino que,  “el que practica estas cosas [que están prescritas en la Ley] vivirá por ellas”

De ahí podemos ver que no es por la ley que nos justificamos ante Dios ni recibimos las bendiciones del pacto sino por medio de la fe.

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