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E. W. Kenyon – Dos Clases de Conocimiento – 1

Dos clases de conocimiento 1

Introducción

¿Sabías tú que podemos ser científicos en el conocimiento bíblico?

¿Sabias que hay un Conocimiento Revelado que te inyecta el verdadero Conocimiento Superior?

¿Cuáles fueron los límites y errores de la  teoría de Darwin, la filosofía de Hegel, las limitaciones de la metafísica, de los humanistas y de los ateos?

¿Sabes cómo derrotar a la Nueva Era?

MODO  DE ACERCARSE

“No, yo nunca he podido aceptar la Biblia como una Revelación.” —“¿Por qué?”—“Porque es un libro de milagros; promueve los milagros; cada uno de los personajes que hacían sanidades eran obradores de milagros, hasta que finalmente llegamos a Jesús… yo le reconozco como el producto más sobresaliente de la familia humana, pero no puedo aceptarlo como concebido independientemente de la generación natural y no puedo comprender tampoco una resurrección. Ambas cosas son contrarias a la experiencia humana y al raciocinio. No pueden existir tales cosas como los milagros.”—  —“Pero, ¿No cree usted que hay un Dios?”—

 —“Creo que hay una fuerza que no podemos comprender, que está fuera del alcance del conocimiento humano, pero, en cuanto a la existencia de un Dios personal, no tengo ninguna evidencia de Él. He dedicado 40 años a la investigación científica en física, química y biología, pero no puedo encontrar a Dios.”—

 —“¿Le gustaría creer que hay un Dios, si pudiera probarle que Él existe y que es un Dios inteligente y lleno de amor?”—

 —“Si, me gustaría, pero no hay manera de encontrarlo. He buscado por todas las avenidas de la investigación humana, y Él no está allí.”—

—“Si yo le dijera, doctor, que hay una manera de encontrarlo, ¿Le parecería a usted creíble? Pero, primero, permítame mostrarle por qué toma usted la actitud mental que tiene. Usted sabe que todo el conocimiento que hoy tenemos en los campos de la mecánica, de la química, de la metalurgia y de la ciencia en general ha venido de una fuente.”—

 Aquí el doctor pareció muy interesado. Sus ojos penetrantes e inteligentes se ensancharon: —“Sí, reconozco eso”—dijo— “Todo este conocimiento viene de nuestros cinco sentidos: el oído, el olfato, el gusto, el tacto y la vista. Ellos son las puertas del cerebro.”—

 —“Sí, doctor, pero no podemos menospreciar a esos servidores. Ellos han dado al mundo conocimientos que parecen increíbles. Cuando usted era niño, el tranvía eléctrico apenas comenzaba. El hombre empezaba a escribir apenas sobre el tren de vapor; la electricidad, como la vemos el día de hoy era casi desconocida. Usted ha vivido a través de la era inventiva y creadora más grande de la Historia humana. Todo el conocimiento que se ha ganado en estos últimos cien años ha sido adquirido por conducto de estos cinco sentidos. A todo el conocimiento, que se imparte en las academias, escuelas, tecnológicos y universidades es a lo que vamos a llamar el conocimiento sensorial.”—

 El doctor habló de nuevo. Esta vez su voz era en tono bajo y vibrando con sentimiento: “Hay limitaciones a este conocimiento sensorial, como usted lo llama, serias limitaciones.” El otro le contestó: “No podemos conocer a Dios a través de los sentidos. De haberlo podido encontrar, las cosas hubieran sido distintas. Tampoco podemos conocer las causas para la creación, ni la razón para la existencia del hombre. No podemos encontrar en toda nuestra búsqueda, la fuente de la luz, de la vida, del movimiento, de la gravitación y de un centenar de cosas más, ante las cuales el mundo permanece atónito y sorprendido.”

 “Como ve usted doctor, El conocimiento sensorial, no ha podido explicar el designio aparente de la creación, mientras que cada necesidad de esta era científica y mecánica está siendo resuelta con los metales, con las sustancias químicas, con los vegetales, con el aire y con el agua que resultaron de ella. Este solo hecho prueba que alguien lo planeó, alguien supo que la era de la mecánica y de la química, venía y preparó todo para ello.”

    El doctor se concretó a afirmar.

 Su amigo dijo: “Usted ha notado entonces, las limitaciones. Ahora me gustaría sugerirle la solución a este problema, deseo mostrarle el puente que cruza al abismo al que se enfrenta el conocimiento sensorial.”

 “Usted sabe que cuando el hombre ha alcanzado el límite del conocimiento sensorial, inmediatamente se vuelve filósofo o adivino.”

 —El doctor sonrió y dijo: “La mayoría de nuestros libros científicos son hermosas adivinanzas. Y no sé de otro adivino de la categoría de Darwin” – Luego su rostro se puso serio y preguntó: “¿Cuál es la solución?”

 Su amigo contestó: “Es otra clase de conocimiento, es el Conocimiento Revelado, si podemos llamarlo así. Para ayudar a este diálogo, supongamos, por un momento, que hay un Dios y que nuestra tierra maravillosa fue ideada, diseñada y creada por ese Dios. Hagamos una suposición más: el hombre aparece en escena como la razón de ser de la creación de esta tierra. Dios creó esta tierra para Su hombre, quien ya venía. Esto nos daría la razón para la creación y la razón para la existencia del hombre, y nos sugiere también Su Naturaleza; es decir, el hombre sería un espíritu en la misma categoría que el Dios que la creó, para ser Su compañero. Luego, sería la cosa más natural del mundo que Dios quisiera comunicarse con este hombre y, si habría de comunicarse con él, tendría necesidad de colocarse al nivel del hombre. Tendría que ser una comunicación que los sentidos entendieran, tendría que ser en el reino del conocimiento sensorial; tendría que ser escrita por hombres a quienes el dominara, que se doblegaran ante su influencia y escribieran según Él les dictara.” El doctor levantó la vista y dijo: “podría creerse, pero sería un milagro.”

 “Pero vea usted doctor: las cosas espirituales son tan reales, como las cosas materiales, y hay realidades espirituales así como hay realidades materiales. Dios es un espíritu; el hombre también es un espíritu, y vive en un cuerpo. El hombre tiene un alma compuesta de facultades de razonamiento y facultades  intelectuales”

 “La cosa que llamamos mente subconsciente no es otra cosa más que el espíritu, el verdadero hombre. Sería la cosa más normal que Dios se comunicara con este hombre y que el hombre, a su vez,  pudiera comunicarse con Dios. Así que, como usted ve, el libro que llamamos la Biblia es una cosa razonable; una cosa natural y una cosa que el hombre en verdad demanda. Usted sabe que todos los hombres son religiosos. Ésta es el hambre que el espíritu del hombre tiene por Dios; el hombre realmente tiene hambre de Dios. Esto es porque fue creado para ser el compañero de Dios y el hombre siente nostalgia por ese Dios. Usted mismo tiene que admitir que es usted un buscador de Dios.”

 La magnífica y hermosa cabeza del doctor estaba inclinada, apoyándose sobre sus manos. No contestó. Hubo silencio por unos momentos, luego dijo: “quisiera saber si esto es cierto; si esta Biblia, es una Revelación, resolvería el problema humano.”

Permanecieron en silencio nuevamente, luego el doctor, hablando más para él mismo que para su compañero, dijo: “ese libro nos habla de la razón para la creación, su origen, la fuente de la vida y de la luz. Ahora puedo ver cómo el Conocimiento Revelado es necesario para el conocimiento sensorial. Ellos nunca deben estar separados el uno del otro.” Esta conversación tuvo lugar en el vestíbulo de un hotel y nos sirve para ilustrar la actitud mental de los principales cerebros del mundo escolástico y nos servirá de introducción al tema de este pequeño pero substancioso libro.

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El Pacto de Sangre – Conclusión

pacto de sangre 19

Conclusión

La necesidad de la hora

Estoy convencido de que este es el mensaje de la undécima hora, un mensaje para la iglesia hoy.

En los difíciles tiempos que tenemos por delante, vamos a necesitar todo lo que Dios pueda darnos, todo lo que Él pueda ser para nosotros, para poder estar firmes.

Verán, hermanos, esta enseñanza del pacto de sangre, esta enseñanza de relación, esta capacidad de usar el nombre de Jesús, es un mensaje para los tiempos que vienen. Nos permitirá estar firmes contra las fuerzas de las tinieblas.

En la Gran Comisión, en el evangelio de Marcos, Jesús dijo: “En mi nombre echarán fuera demonios” (Marcos 16:17). Creo que en los últimos tiempos los demonios van a ser mucho más prominentes.

Satanás sabe que sus días están limitados. Vamos a pasar a un periodo de conflicto espiritual como nunca antes ha conocido la iglesia. Esto no sólo incluirá persecución, sino también que los demonios romperán y aplastarán el espíritu de muchos cristianos.

La iglesia debe aprender el secreto de estar firme contra los ejércitos de las tinieblas en el nombre de Jesús.

El Pacto de Sangre

Tengo derecho a la gracia en el lugar más difícil,
sobre la base del pacto de sangre.
Tengo derecho a una paz que nunca puede cesar,
sobre la base del pacto de sangre.
Tengo derecho a un gozo que nunca puede empalagar,
sobre la base del pacto de sangre.
Tengo derecho al poder, sí, en esta misma hora,
sobre la base del pacto de sangre.
Tengo derecho a la sanidad mediante las riquezas de mi Padre,
sobre la base del pacto de sangre.
Cuando acepto mi sanidad, el poder de Satanás se tiene que romper,
sobre la base del pacto de sangre.
Tengo un derecho legal ahora, para ganar esta batalla,
sobre la base del pacto de sangre.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 18

pacto de sangre 18

Capítulo 18

Lo que enseña la comunión

Hay dos características destacadas de Dios Padre y de Jesús. De hecho, son mucho más que características; son parte de su carácter.

Amor

Dios es amor. No sólo es un Dios amoroso, sino que también es Dios Padre. Él habló, y se formó el universo. Cuando la humanidad se desvió, Dios creyó que podía hacerle regresar, que el desafío del amor le alcanzaría. Creyó que la humanidad podía convertirse en nueva criatura, y continúa creyendo que las personas pueden vivir en victoria hoy.

Dios es Dios Padre; Jesús es como su Padre. Jesús vino al mundo para presentarnos a su Padre y el amor de su Padre. Fue una presentación de un nuevo tipo de amor para una humanidad rota y a la deriva.

El amor es el único atractivo universal para el hombre. El amor es un atractivo para el corazón del hombre. La fe es un atractivo para la imaginación del hombre, pero el amor es el verdadero atractivo.

Porque de tal manera amor Dios al mundo, que ha dado a su Dijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.(Juan 3:16)

Jesús nos amó tanto que dio su vida por nosotros.

Fe

Jesús creyó como el Padre creyó. Jesús actuó en base a su fe. Creyó que si se convertía en nuestro sustituto, nosotros responderíamos. Creyó que si le demostraba al mundo que nos amaba tanto como para sufrir tormentos y morir por nosotros, habría una respuesta.

Actuó en base a su fe. Él tiene fe en la humanidad actualmente. Tiene fe en la iglesia. Tiene fe en que su propia Palabra viva vencerá. Tiene fe en el amor.

Cuando participamos de la comunión, es una confesión de nuestra fe y lealtad al amor, así como la entrega del Padre de Jesús fue una confesión de su amor. El que Jesús viniera y se diera a sí mismo por nosotros fue una confesión de su amor.

Ambos fueron leales al amor.

Así, pues, todas las veces que comer es este pan, y de viereis esta copa, la muerte del Señor anuncia es hasta que el venga. (1 Corintios 11:26)

Fue un pacto. Cuando usted come el pan y bebe de la copa, está ratificando este pacto. Es un pacto de amor.

Primero, es su lealtad y amor por Jesús.

Segundo, es su lealtad y amor por su cuerpo:la iglesia.

Es una confesión de su amor los unos por los otros. Es una confesión de que come y bebe con ellos, y ahora, llevará usted sus cargas.

Usted se identifica con los demás, así como Jesucristo se identificó con usted en su encarnación y sustitución.

Esta es la actitud del Maestro en cuanto a la Mesa del Señor.

Cuando parto el pan y bebo de la copa, confieso mi lealtad no sólo a Él, sino también a cada miembro del cuerpo de Cristo que participa del pan y bebe de la copa conmigo. Si soy fuerte, llevo las cargas del débil. Adquiero su debilidad.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 17

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Capítulo 17

“En mi nombre”

Estamos entrando en la era del dominio ligado a la omnipotencia, llena de Aquel que es mayor que el que está en el mundo, llena de la sabiduría de Aquel que habló y se formó el universo, y llena con un derecho legal a usar su nombre en cada situación difícil de nuestra vida.

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. (Juan 14:13)

Esto no es una oración, sino una promesa del uso de su nombre en la oración. Es el nombre que usó Pedro cuando sanó al mendigo en el templo.

Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Más pero dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.(Hechos 3:2–9)

Pedro uso el nombre. Dijo: “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. De repente, este hombre que había sido cojo de nacimiento se puso en pie, perfectamente bien y fuerte.

Jesús dijo: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré”.

En cierta ocasión se me acercó una mujer con cáncer de mama. Era algo que llevaba allí más de un año, y durante ese tiempo la mujer había sufrido un dolor constante y muy agudo. En el nombre de Jesús, ordené al cáncer que dejara de existir. Al día siguiente, ella regresó diciéndome que el cáncer había desaparecido. Era libre del dolor.

Otra mujer vino a mí con un tumor cancerígeno. También fue sana en el nombre de Jesús.

Casos de tuberculosis, artritis y cáncer son derrotados usando el nombre de Jesucristo. Ninguna enfermedad o dolencia puede permanecer ante ese nombre. Jesús dijo: “En mi nombre echarán fuera demonios” (Marcos 16:17).

Satanás sabe que está derrotado. Sabe que cuando usamos el nombre de Jesucristo, se tiene que ir.

Para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, el os lo dé. (Juan 15:16)

En griego, la palabra traducida como “pidiereis” significa “exigir”. Usted no está exigiéndole nada a Dios. Les está exigiendo a esas fuerzas malvadas e injuriosas que sean rotas, que las enfermedades sean destruidas, que las circunstancias cambiarán y que el dinero llegará.

Jesús se ocupará de eso que usted está exigiendo en su nombre.

Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. (Juan 16:24–27)

Lea cuidadosamente estos versículos, y tendrá una idea de su derecho legal a usar el nombre de Jesús. “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”.

Estamos en la familia de Dios. Como estamos en la familia de Dios, tenemos derecho legal a estas cosas.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. (Efesios 1:3)

Lo que hizo Jesús fue para nosotros.

Cómo usar el nombre

El nombre de Jesús se usa de dos formas principales.

Primero, se usa cuando oramos al Padre.

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.(Juan 16:23)

Debemos orar al Padre en el nombre de Jesús; no debemos hacerlo al dirigirnos al Espíritu Santo o a Cristo. Este es el orden divino. Su idea o mi idea, o la idea de cualquier otro hombre, no tienen validez.

Jesús está entre nosotros y el Padre en su ministerio mediador de Sumo Sacerdote para hacer que ocurra, y declara que cualquier cosa que pidamos en ese nombre, el Padre nos lo dará.

Es definitivo. Es absoluto.

Cuando uso su nombre, puedo imponer mis manos sobre una persona y decir algo así: “En el nombre de Jesucristo, cuerpo, obedece la Palabra. La Palabra declara que por su llaga has sido sanado. Te ordeno, espíritu de enfermedad, ¡que abandones este cuerpo ahora”. Proceda a nombrar la enfermedad concreta, como cáncer, tuberculosis o cualquier otro mal.

El demonio de enfermedad se irá, y la persona será sanada.

Uso del nombre en la actualidad

Quizá se pregunte por qué la iglesia no usa mucho el nombre de Jesús en estos días. Creo que Satanás nos ha mantenido cegados a su uso.

En mi ciudad de Seattle, casi ninguna de las iglesias usa el nombre de Él en sus ministerios diarios. Los enfermos se llevan al hospital para que los doctores los atiendan.

Sin embargo, en nuestra propia congregación, es un hecho notable que prácticamente no tengamos enfermedades. Cuando surge la enfermedad, las personas oran unos por otros, y se producen sanidades.

En Hechos 4:13–20 encontramos un relato de una prueba de Pedro y Juan, donde les acusaron de sanar a un hombre en el nombre de Jesús.

Y viendo al hombre que había sido sanado, estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra… Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. (versículos 14, 17)

¿Por qué les dirían las autoridades a Pedro y a Juan que dejaran de usar el nombre de Jesús? Pusieron objeciones al uso del nombre de Jesús porque tenían envidia del poder de sanidad que había en él.

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (Hebreos 13:8)

Hay tanto poder en el nombre actualmente como lo había entonces. Nuestro problema no tiene que ver con la fe; tiene que ver con la obediencia, con atrevernos a imponer las manos sobre los enfermos y verles sanar.

Es un problema de no atrevernos a orar al Padre en el nombre de Jesús para que se produzcan milagros.

Permanezca firme en sus derechos del pacto de sangre. ¡Atrévase a usar el nombre!

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El Pacto de Sangre – Capítulo 16

pacto de sangre 16

Capítulo 16

Bajo sus pies

Este es el clímax de la obra redentora de Cristo:

Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.(Efesios 1:19–23)

Hemos visto a Jesús después de la resurrección, exaltado en el trono más alto del universo con todo dominio, autoridad y poder bajo sus pies. Todo lo que está bajo sus pies está bajo los nuestros. Su victoria es nuestra victoria.

No tiene sentido que Cristo viniera y sufriera esa tremenda lucha por nuestra redención a menos que fuera para nosotros. No necesitaba hacerlo para Él mismo. Lo que hizo para nosotros es nuestro. Lo único que tenemos que hacer es tomarlo. Él no hizo ese trabajo para bloquearlo y mantenerlo lejos de nosotros, repartiéndolo sólo a unos pocos.

Por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en el. (2 Corintios 5:21)

En su redención recibimos una justicia perfecta. Esta justicia nos permite entrar confiadamente al trono de gracia. Esta justicia nos permite disfrutar de la plenitud de nuestros derechos en Cristo.

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:1)

Esta es la base de nuestra justicia. Mediante su obra en la cruz, su muerte y su resurrección, Jesús consiguió la paz. Resucitó porque había conquistado a nuestros enemigos, había derrotado a los que nos tenían esclavos.

Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses :15)

Sabemos que el Padre planeó nuestra redención (véase Juan 3:16).

Sabemos que Jesús llevó a cabo ese plan (véase Efesios 1:7; 1 Pedro 2:24).

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene la vida eterna. (Juan 6:47)

Creo que este plan fue llevado a cabo y que tengo vida eterna. Creo que por su llaga soy sanado (véase Isaías 53:5), y creo que por su gracia soy más que vencedor (véase Romanos 8:37).

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.(1 Juan 5:13)

Si tengo vida eterna, tengo sanidad.

Tengo todas mis necesidades cubiertas, así que “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

No necesito batallar; no tengo que hacer largas y agónicas oraciones; no necesito ayunar para sentirme digno.

¡Es mío!

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual. (Efesios 1:3)

¿Cómo obtengo estas bendiciones?

Lo único que tiene que hacer es pedir y luego darle gracias a Él por ellas.

El agradecimiento abre la puerta; la alabanza la mantiene abierta.

Durante años nos han enseñado que debemos luchar, sufrir y clamar para recibir la respuesta. Todo eso es el trabajo de la incredulidad. Se desarrolla debido a nuestra ignorancia de la Palabra y de nuestros derechos en Cristo.

Así que, ninguno se gloria en los hombres; porque todo es vuestro. (1 Corintios 3:21)

Y vosotros estáis completos en el, que es la cabeza de todo principado y potestad. (Colosenses 2:10)

Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia. (Efesios 1:22)

Satanás ha sido vencido. Somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. No tenemos necesidad de rogar y llorar. Hacerlo deshonra al Padre.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 15

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Capítulo 15

La redención es a través de Dios

Cuando nos aferramos a la horrible imagen de la obra terminada de Satanás, nuestro corazón clama: “¿Quién puede? ¿Quién tiene la capacidad de suplir la necesidad del hombre en una situación tan difícil como esta?”.

Gracias a Dios, existe una respuesta.

Cuando Dios vio la condición de la humanidad, inmediatamente comenzó a preparar una provisión para nuestra redención.

Él sabía que la humanidad no podría redimirse a sí misma; sabía que la humanidad no tenía la capacidad de llegar hasta su trono.

Por eso, primero Dios le dio a la humanidad el pacto abrahámico. Después, cuando los descendientes de Abraham se convirtieron en una nación, Dios les dio la ley del pacto, la cual incluía el sacerdocio, la expiación y los sacrificios y ofrendas del pacto. Todas esas cosas le fueron dadas a Israel como preparación de lo que vendría, porque de esta nación vendría el DiosHombre encarnado, que haría dos cosas:

En primer lugar, rompería el poder de Satanás, para redimir a la humanidad de su esclavitud y restaurarla a una plena justicia, por medio de la cual podría estar en la presencia del Padre del mismo modo en que lo estaba Adán antes de la caída. Esto quitaría la conciencia de culpabilidad y pecado permanentes de la humanidad.

En segundo lugar, rompería el dominio de Satanás y redimiría a la humanidad de forma tan completa que el hombre o la mujer más débil participarían de la justicia restaurada de tal forma que él o ella podrían vivir una vida de victoria total sobre el diablo.

Este Dios-Hombre (encarnado) haría un sacrificio tan completo y perfecto que Dios no sólo restauraría legalmente la justicia perdida de la humanidad, sino que también le daría a la humanidad un acceso pleno a todo su poder y su fuerza, haciendo con ello de la humanidad una creación totalmente nueva.

Así es, cuando Dios hace de la humanidad una nueva creación, imparte en ellos su propia naturaleza, sacando de ellos cualquier temor y pecado que pudiera haber. Esto está completo hasta que la humanidad puede estar en la presencia misma de Dios, soportando la radiante luz de su gracia y amor.

Una vez redimidos, podemos florecer, como lo hace una rosa bajo el sol, hasta que la plenitud del amor de Cristo venga inundando nuestro ser antes de regresar de nuevo a Él. Somos sus hijos amados.

Lector, se encuentra usted en presencia del milagro de milagros, la gracia de Dios, la cual está restaurando a la raza humana perdida, sacándola de su órbita de egoísmo, debilidad y temor y llevándola a la esfera de la fe, el amor y la vida de Dios.

Dios no sólo nos restaurará legalmente la justicia, nos redimirá y nos hará nuevas criaturas, sino que también nos dará su Espíritu Santo. El Espíritu grande y poderoso que resucitó a Jesús de los muertos vendrá a nuestros cuerpos y hará de ellos su hogar.

Y no sólo hace eso, sino que también nos da derecho legal a usar su nombre para echar fuera demonios, imponer manos sobre los enfermos para que sanen y derrotar los propósitos de Satanás.

Oh, tenemos ese nombre. Ese nombre nos hace ser como Él.

Cuando usted vive por ese nombre y camina en ese nombre, el diablo no puede distinguirle de Jesús. Tiene el nombre de Él estampado en usted.

Ah, pero Él hizo algo más.

También nos dio la revelación. Lo llamamos la Palabra, y es la Palabra del Espíritu.

Si usted ha sido redimido, el Espíritu grande y poderoso que resucitó a Jesús de los muertos ha llegado a su vida. Ahora, a través de los labios humanos, el Espíritu Santo blande esa Palabra y vence a los grandes ejércitos del infierno.

Usted es un hijo de Dios, llamado a tener comunión con Jesucristo con una justicia y libertad restauradas. Es una nueva criatura en la que habita el Espíritu Santo con la Palabra viva de Dios.

Tiene usted una comunión tan rica como jamás Adán soñó tener.

Y cuando Jesús vuelva, este cuerpo que fue hecho mortal por Satanás y el pecado recibirá inmortalidad y nunca volverá a morir. La muerte no puede amenazarnos ni llenarnos de temor. Ahora, permanecemos en toda la plenitud de su obra terminada.

Imagínese lo que será cuando las puertas de perlas se abran y nosotros, sus súbditos de amor, sus eternamente redimidos, contemplemos a nuestro Señor sentado en el trono de los siglos.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 14

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Capítulo 14

Las tres bendiciones

Encontramos tres maravillosas bendiciones en el nuevo pacto.

Justicia

En primer lugar, está la justicia que Dios imparte a cada cristiano como miembro del nuevo pacto.

Cuando usted acepta a Jesucristo como su Salvador, Dios le imparte la justicia de Cristo en el mismo instante en que nace de nuevo. Esto le da una posición en la presencia del Padre idéntica a la posición de Jesús.

Como nunca hemos conocido una libertad así, tendemos a retirarnos de esta nueva justicia que hemos encontrado. Pero después de un tiempo, toma posesión de usted. Usted comienza a ver a otros hombres y mujeres que se levantan y actúan como Jesús. Parece que no tienen conciencia de inferioridad ante el Padre, porque no tienen conciencia de pecado.

Si usted cree la Biblia (que Jesús es su justicia y que es una nueva criatura en Él), tampoco tendrá conciencia de pecado. Jesús retira el pecado por el sacrificio de sí mismo, y la única conciencia de pecado que usted tiene que tener será cuando haga algo que no es correcto. Cuando eso ocurra, puede usar la sangre y la defensa de Jesucristo.

Desgraciadamente, desde la Reforma protestante las iglesias han tenido tendencia a magnificar la conciencia de pecado. Hemos predicado del diablo; hemos predicado de nuestras propias debilidades e injusticia; hemos mantenido el pecado de las personas delante de ellas de forma tan continua, ¡que se ven a sí mismos como unas pobres y débiles lombrices de tierra!

Demasiados evangelistas vienen a nuestras iglesias queriendo lograr resultados. Predican con la intención de hacer que la congregación entera caiga bajo condenación y acuda al altar, todo para edificar su reputación ante el predicador como “gran evangelista”. Al hacerlo ¡han enseñado incredulidad! Han enseñado todo menos el evangelio de Cristo.

¿Qué es el evangelio? Es esto: que Jesús, gracias a su sacrificio sustitutorio, puede declarar que Él mismo es nuestra justicia desde el momento en que creemos en Él. Este es el milagro más sorprendente que podemos concebir: que Dios Padre imparte justicia a los creyentes en el momento en que aceptan al Señor Jesucristo como Salvador.

Para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe. (Filipenses 3:8–9)

Cuando usted aprenda a caminar como Jesús caminó, sin ninguna conciencia de inferioridad ante Dios o Satanás, ¡desarrollará una fe que asombrará al mundo!

¿Sabe lo que obstaculiza nuestra fe en la actualidad? Que antes de acudir ante el Señor, escuchamos al diablo. Por tanto, acudimos a Dios con un sentimiento de inferioridad ¡con el mensaje del diablo resonando aún en nuestros oídos! Demasiados cristianos viven en un temor continuo a Satanás. No se atreven a declarar que son libres; no se atreven a hacerle frente al diablo.

La justicia que Dios Padre nos ha impartido debería hacer que no tuviéramos temor en presencia de Satanás. Cuando dudamos de la integridad de la Palabra de Dios, le robamos a la obra de Jesucristo su eficacia, y nos quedamos sin poder ante el adversario.

La justicia de Dios nos ha sido impartida no como una “experiencia” sino como un hecho legal. Esta es la verdad más tremenda que Dios nos ha dado en la revelación paulina. El corazón del nuevo pacto es el hecho de que Dios Padre nos hace semejantes a Él.

¿Acaso no fue usted creado a su imagen y semejanza? (Véase Génesis 1:27). Esa imagen es una imagen de justicia. Si Dios declara que usted es justo, ¿qué hace usted condenándose a sí mismo?

Unión

Otra bendición que trae el pacto es su unión con Dios. Cuando Abraham y Dios cortaron el pacto, se hicieron uno. Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él” (Juan 15:5).

¿Es usted un compañero de Cristo? ¿Habita, o mora, en Cristo? ¿Habita Él en usted?

Pablo dijo: “Y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

El término teológico encarnación literalmente significa “hecho carne” o “adoptar carne”. Se refiere a Dios Padre viniendo a la tierra en la forma de un hombre, su Hijo, Jesucristo. La encarnación era Dios haciéndose uno con nosotros. El pacto de sangre le llevó a Pablo a renegar de sí mismo y adoptar profundamente a Cristo como su vida. Jesucristo dejó atrás la gloria para venir a la tierra y hacerse uno con nosotros, así como para darnos una manera de conseguir la salvación eterna.

¿No se enfrentó Jesús al diablo y le venció por nosotros? (Véase 1 Juan 3:8). ¿No le despojó Jesús de su autoridad? (Véase Colosenses 2:15) ¿No le quitó a Satanás su armadura? (Véase Lucas 11:20–22). Como cristiano, usted puede estar tan tranquilo y sin temor en la presencia del infierno mismo y del diablo mismo como lo estaría en presencia de cualquier otro ser inferior.

Porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.(1 Juan 4:4)

¿Por qué temer al diablo? ¿Por qué no estar ante el mundo como un conquistador? Usted está en una relación de pacto de sangre con el Dios Todopoderoso. Cuando nació de nuevo, entró en pacto con Él.

Los hombres fuertes de David eran símbolos de lo que podrían llegar a ser los cristianos. La Escritura nos dice que uno de sus hombres mató a ochocientos soldados enemigos en un sólo día (véase 2 Samuel 23:8).

¿Es usted partícipe de la naturaleza divina? Sí. (Véase 2 Pedro 1:4).

¿Es usted hijo de Dios? Sí. (Véase 1 Juan 3:2).

¿Le ha dado Dios Padre su justicia? Sí. (Véase Romanos 3:26).

¿Es Dios su justicia? Ciertamente. (Véase 2 Corintios 5:21).

¿Le ha dado Él derecho legal a usar el nombre de Jesús? Sin duda alguna. (Véase Juan 16:23).

¿Se da cuenta del tipo de hombre o mujer que es usted? Usted no es un enclenque. Póngase en pie como hijo de Dios que es.

Este es el reto: tenemos que vencer el efecto de las falsas enseñanzas.

Durante generaciones, muchos pastores nos han hablado y tratado como pecadores. Muchos de los antiguos himnos comienzan de manera bella, pero antes de terminar quedamos como enclenques que viven bajo la esclavitud de nuestro pecado, y nos dejan así. En casos así, Cristo pasa casi inadvertido para nosotros.

Identidad

La tercera bendición que encontramos en el nuevo pacto es la identidad. El objeto de la revelación del nuevo pacto es que sepamos quiénes y qué somos en Jesucristo.

Quizá se pregunte: “Pero, Dr. Kenyon, si usted supiera lo débil que soy”.

¿Qué dice Dios? Piense en el argumento y conclusión del libro de Hebreos: “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2).

Mientras se mire sólo a usted, no conseguirá nada. Será como Pedro cuando intentó caminar sobre las olas con Jesús. Al principio no se hundía, pero en el instante en que apartó su mirada de Jesús y observó las olas, comenzó a hundirse (véase Mateo 14:25–31).

Usted está conectado al Dios Todopoderoso.

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. (1 Juan 5:13)

Esto es lo que le da su posición legal ante Dios Padre, su lugar en el pacto.

Si entiendo el evangelio del Señor Jesucristo, es esto: que toda la capacidad, gloria y fortaleza del cielo están a disposición del creyente. Este es el hecho más milagroso que el mundo ha conocido jamás.

Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. (1 Pedro 4:11) Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4:13)

Su desafío para nosotros

En los últimos tiempos, creo que habrá una demostración del poder de Dios que hará que multitudes se levanten y vivan.

Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.(Romanos 5:17)

Debemos reinar como reyes a través de Cristo y con Cristo.

¿Cómo? Sólo por fe.

¿Es Dios su justicia?

Quizá responda: “Estoy intentando hacerle mi justicia”.

¿Puede usted hacerle su justicia? Si cree en Jesucristo, entonces Él ya es su justicia.

Y si Él ya es su justicia, lo único que tiene que hacer es salir al mundo y actuar en consecuencia.

Atrévase a liberar a Dios en su vida.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 13

pacto de sangre 13

Capítulo 13

Tres grandes palabras

Remisión

Esta es una de las grandes palabras del nuevo pacto. Es limpiar algo de tal forma como si nunca hubiera ocurrido. Cuando se disuelve un ejército, queda remitido, deja de existir. Cuando Dios remite nuestros pecados, también son borrados, como si nunca hubieran sucedido.

La palabra remisión nunca se usa en las Escrituras a menos que sea en conexión con el nuevo nacimiento. Al convertirnos y hacernos cristianos, nuestros pecados fueron perdonados sobre la base de nuestra relación con Cristo y su intercesión por nosotros. Cuando acudimos a Cristo como pecadores, le aceptamos como Salvador y le confesamos como Señor, todos los pecados que hubiéramos cometido son borrados. En el nuevo nacimiento, todo lo que habíamos sido deja de ser y se produce una nueva creación en lugar de la antigua.

La palabra para remisión se traduce siete veces en las Epístolas como “perdón” o “redención”. En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. (Efesios 1:7, énfasis añadido)

Podemos encontrar casos similares en Lucas 24:47, Hechos 2:38; 26:18 y Colosenses 1:13–14.

La remisión de nuestros pecados toma el lugar del chivo expiatorio que desaparecía con los pecados de Israel una vez al año bajo el antiguo pacto.

Gracias a la sangre de Cristo, nuestros pecados son remitidos, y nosotros somos recreados.

Perdón

Perdón es una palabra de relación. Ahora estoy hablando desde el punto de vista de un nuevo pacto.

Cuando el pecador acepta a Cristo como Salvador, su espíritu es recreado y sus pecados son remitidos, pero si se es ignorante, se puede permanecer con una conciencia de pecado. Sobre la base de su relación como hijo de Dios, y sobre la base del ministerio de Jesús a la diestra del Padre, encontramos el fundamento para el perdón de cualquier pecado que hayamos cometido.

Los primeros dos capítulos de 1 Juan tratan este gran asunto del perdón. Cuando un hijo de Dios comete pecado, no rompe su relación con Dios; simplemente rompe la comunión, del mismo modo que lo hacen un esposo y una esposa cuando se dicen palabras hirientes. Se rompe la armonía del hogar pero no la relación de matrimonio. En la mayoría de los casos, esta ruptura se puede restaurar pidiendo perdón. Estamos tan constituidos legalmente que podemos perdonar.

Lo mismo es cierto entre un cristiano y Dios Padre.

En el momento en que pecamos, nuestra comunión con el Padre se rompe. Pero “si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1)

Esa notable expresión “el justo” está envuelta con el maravilloso don de la gracia.

Expiación

El antiguo pacto tenía la ley, la cual llamamos la ley mosaica (el sacerdocio, los sacrificios y las ordenanzas). Cuando se quebrantó la ley (como era obvio que sucedería, ya que Israel estaba espiritualmente muerta), se ordenó el sacerdocio para hacer una “expiación” (o una cobertura) para ellos.

Los israelitas no tenían vida eterna. Eso no llegaría hasta que Jesús los redimiera (y a nosotros) mediante su encarnación, crucifixión y resurrección. La llegada de la vida eterna es el mayor acontecimiento en la experiencia de cualquier ser humano.

En el gran día de la expiación ocurrían dos cosas destacadas.

En primer lugar, rodeado de extremas precauciones, el sumo sacerdote llevaba la sangre de un animal inocente al Lugar Santísimo, donde la rociaba sobre el propiciatorio que cubría el arca del pacto que contenía la ley quebrantada. Al hacerlo, hacía que Israel estuviera cubierta por la sangre durante otro año.

Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.(Levítico 17:11)

Era la vida de un animal inocente rociada sobre la espiritualmente muerta Israel.

En segundo lugar estaba el chivo expiatorio. Aarón traspasaba los pecados de Israel sobre la cabeza del chivo expiatorio, el cual era liberado al desierto para ser devorado por las bestias salvajes. Durante otro año, Israel era libre (cubierta por la sangre) y sus pecados eran borrados.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 12

pacto de sangre 12

Capítulo 12

El ministerio actual de Cristo

El ministerio actual de Cristo es un tema que muchos cristianos han descuidado. Innumerables personas, cuando piensan en que Jesús entregó su vida, piensan sólo en su muerte y resurrección. Muchos no saben que cuando Él se sentó a la diestra del Padre, comenzó a vivir por nosotros de manera tan real como cuando murió por nosotros.

Él ya no es el humilde hombre de Galilea, ya no es el Hijo hecho pecado por nosotros, olvidado de Dios.

Él es Señor de todo. Él ha vencido a Satanás, el pecado y la enfermedad. Él ha vencido a la muerte.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. (Mateo 28:18)

Él posee toda autoridad en el cielo y la tierra. Podemos actuar sin temor sobre la base de su Palabra, porque Él la respalda. Él es nuestra fianza, o garantía de ello. “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto” (Hebreos 7:22).

Jesús, nuestro Sumo Sacerdote

El sumo sacerdote del antiguo pacto era simbólico de Cristo, el Sumo Sacerdote del nuevo pacto.

Cristo entró en el cielo mismo con su propia sangre, habiendo obtenido la redención eterna que los sacrificios sacerdotales nunca hubieran podido obtener.

Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. (Hebreos 10:11)

Cuando Dios aceptó la sangre de Jesucristo, dio a entender que se habían cumplido las demandas de la justicia, y que el hombre podía salir legalmente de la autoridad de Satanás y ser restaurado para volver a tener comunión con Él.

Mediante su sacrificio, Cristo quitó de en medio el pecado.

Mediante su sacrificio, Cristo santificó a la humanidad.

Santificar significa “apartar”, o “separar”. Cristo apartó al hombre del reino y la familia de Satanás.

Cuando Cristo se encontró con María después de su resurrección, dijo: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17). Enseguida, se dirigió al Padre con su propia sangre, una señal del castigo que había pagado. Sin embargo, su ministerio como Sumo Sacerdote no terminó cuando llevó su sangre al Lugar Santísimo del cielo. Él sigue siendo el Ministro del santuario.

Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.(Hebreos 8:1–2)

La palabra griega traducida como “santuario” también significa “cosas santas”. Jesús sigue ministrando en las “cosas santas”, las cuales incluyen nuestras oraciones y adoración. No siempre sabemos cómo adorarle como debiéramos, pero Él toma nuestras a menudo crudas peticiones y adoración y hace de ellas algo hermoso para el Padre.

Cada oración y acto de adoración es aceptado por el Padre cuando se presenta en el nombre de Jesús. Él es un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel. Él siente los sentimientos de nuestras debilidades.

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.(Hebreos 4:14–16) Jesús es Sumo Sacerdote para siempre (véase Hebreos 6:20).

Jesús, el Mediador

Cuando Cristo se sentó a la diestra del Padre, satisfizo las demandas de la justicia y se convirtió en Mediador entre Dios y el hombre.

Jesús es el Mediador del hombre por dos razones: por lo que Él es y por lo que ha hecho.

Primero, Jesús es el Mediador del hombre por lo que Él es: la unión de Dios y el hombre.

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. (Filipenses 2:8–9)

Jesús existe en igualdad con Dios pero también tomó condición de hombre, y unió con ello la brecha que existía entre Dios y el hombre. Él es igual a Dios e igual al hombre. Él representa la humanidad delante de Dios.

Sin embargo, esto no era suficiente para mediar entre Dios y el hombre. El hombre era un delincuente eterno ante Dios. El hombre estaba separado de Dios y bajo el juicio de Satanás. Esto nos lleva al segundo hecho: Jesús es el Mediador del hombre debido a lo que Él ha hecho.

… Ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él. (Colosenses 1:21–22)

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.(2 Corintios 5:18)

No podría haber habido Mediador entre Dios y el hombre si no hubiera habido primero una reconciliación entre Dios y el hombre. El hombre era injusto y estaba en una condición de muerte espiritual. Estando en esa condición, la humanidad no podía acercarse a Dios, y tampoco ningún otro mediador podría haberse acercado a Dios en representación de la humanidad.

Cristo nos reconcilió con Dios a través de su muerte en la cruz para poder ahora presentar al hombre delante de Dios como santo y sin mancha. Después de la ascensión de Cristo a la diestra de Dios, el hombre recibió el derecho a acercarse al trono a través de Jesús, su Mediador. Desde la caída del hombre hasta que Jesús se sentó a la diestra de Dios, ningún hombre había podido acercarse a Dios, salvo a través del sacrificio de sangre ofrecido por los sacerdotes o mediante una visitación angelical o sueño.

Gracias a la ofrenda sacerdotal de su propia sangre, Jesús llevó a cabo nuestra redención; satisfizo las demandas de la justicia e hizo posible que Dios legalmente le diera vida eterna al hombre, haciendo al hombre justo y dándole la posición de un hijo.

Cristo es el Mediador del nuevo pacto (véase Hebreos 9:15).

Él es el Mediator sacerdotal que ha presentado a los hombres perdidos ante Dios.

El hombre no puede acercarse a Dios si no es mediante su nuevo Mediador.

Por un sacrificio, Cristo quitó de en medio el pecado, y mediante un acto llevó su sangre al Lugar Santísimo.

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo.(Hebreos 10:19)

Por ese hecho, Cristo declaró que todos podían entrar con confianza a través del velo hasta la presencia misma del Padre, para poder estar allí sin condenación.

Oh, si pudiéramos hacer que la iglesia entendiera esta bendita verdad. Se enseña mucho la conciencia de pecado en la iglesia y muy poco la conciencia de la obra terminada de Cristo.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:16)

Me parece como si el apóstol Pablo estuviera diciendo: “Dejen de llorar, dejen de gemir y entren con gozo al trono de amor, donde podrán llenar su cesta de bendiciones”.

Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. (Hebreos 10:12–13)

El sacrificio único de la propia sangre de Cristo ha hecho que todo esto esté disponible para aquellos que le aceptan como Señor y Salvador. Su obra está terminada. En la mente del Padre, nuestra redención está completa.

Jesús, el Intercesor

Como Sumo Sacerdote, Jesús llevó su sangre al Lugar Santísimo, satisfaciendo las demandas de la justicia que se disponían contra el hombre natural.

Como Mediador, Él presenta a Dios al hombre no salvo.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Jesús es el único camino a Dios. Nadie puede acercarse a Dios si no es a través de Él. En el momento en que el hombre acepta a Cristo, se convierte en hijo de Dios. Entonces, Cristo comienza su obra intercesora por él.

Jesús es Mediador para el pecador, pero es Intercesor para el cristiano.

La primera pregunta que se nos plantea es: ¿Por qué necesita el hijo de Dios alguien que interceda?

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.  (Romanos 12:2)

En el nuevo nacimiento, nuestro espíritu recibe la vida de Dios. Nuestra siguiente necesidad es renovar nuestra mente.

Antes de formar parte de la familia de Dios, caminábamos como hombres y mujeres naturales. Satanás gobernaba nuestra mente. Ahora que nuestro espíritu ha recibido la vida de Dios, nuestra mente debe ser renovada para que podamos conocer nuestros privilegios y responsabilidades como hijos de Dios.

El nuevo nacimiento es instantáneo, pero la renovación de nuestra mente es un proceso gradual. Su progreso depende del tiempo que pasemos estudiando y meditando la Palabra de Dios.

Durante este periodo, necesitamos la intercesión de Cristo.

A menudo, rompemos nuestra comunión con el Padre haciendo cosas que a Él no le agradan. En esas ocasiones, necesitamos la intercesión de Cristo debido a la persecución demoniaca que lucha contra nosotros.

Los demonios nos persiguen por causa de la justicia. Ellos nos odian y nos temen porque Dios nos ha declarado justos. Debido a que no hemos entendido del todo nuestra autoridad en Cristo, esos demonios pueden hacernos tropezar. A pesar de esto, Jesús “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. (Romanos 8:33–34)

Nadie puede acusar a un hijo de Dios, porque hemos sido declarados justos. Nadie puede condenarnos. Jesús vive para interceder por nosotros.

Jesús, el Abogado

Acudimos al Padre a través de Cristo, nuestro Mediador.

Hemos sentido la dulce influencia de Cristo el Intercesor por nosotros.

Ahora, también debemos conocerle como nuestro Abogado ante el Padre.

Muchos cristianos que viven con una relación rota con Dios podrían vivir vidas victoriosas en Cristo hoy mismo si tan sólo supieran que Jesús es su Abogado.

Debido a nuestras mentes no renovadas y a la persecución satánica, a veces pecamos, haciendo que nuestra relación con el Padre se rompa. Cada hijo de Dios que rompe su comunión con el Padre queda bajo condenación. Si no tuviera abogado que presentara su caso ante el Padre, quedaría en una triste y lamentable situación.

Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1)

Piense en el significado de la palabra “abogado”. En el diccionario se define como “alguien que presenta la causa de otro ante un tribunal o sala judicial… alguien que defiende o mantiene una causa o proposición… alguien que apoya o promueve los intereses de otro”.

Cristo es nuestro Defensor, nuestro Promotor. Él siempre está ahí, a la diestra de Dios, listo para ayudarnos e interceder por nosotros.

Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.(1 Juan 1:9)

Este es el método de Dios para mantener nuestra comunión con Él. Si nuestra comunión se rompe debido a nuestro pecado, podemos renovar esa comunión confesando nuestro pecado. Jesús no puede actuar como nuestro Abogado a menos que confesemos nuestros pecados. Cuando los confesamos, Él defiende nuestro caso ante el Padre.

La Palabra declara que cuando confesamos nuestros pecados, Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Él los borra como si nunca hubieran estado ahí.

Ningún cristiano debería permanecer en una comunión rota durante más tiempo que el necesario para pedir perdón.

Cuando el Padre perdona, olvida. Un hijo suyo nunca debería deshonrar su Palabra pensando una y otra vez en sus pecados.

Jesús, la Garantía

Jesús es nuestra fianza personal, o nuestra garantía. Este quizá sea el más vital de todos los ministerios de Jesús a la diestra del Padre.

Bajo el antiguo pacto, el sumo sacerdote era la garantía del hombre. Si fallaba, interrumpía la relación entre Dios e Israel. La sangre de la expiación perdía su eficacia.

Bajo el nuevo pacto, Jesús es el sumo sacerdote y la garantía del nuevo pacto. Nuestra posición ante el Padre es totalmente segura.

Durante todo el tiempo que pasemos ante el trono de Dios, sabemos que tenemos un Hombre a la diestra de Dios que está ahí para ayudarnos. Nos representa ante el Padre. Siempre tiene una buena posición con el Padre, siempre, independientemente de cuál sea nuestra posición. Tenemos alguien que nos representa ante el Padre.

Nuestra posición está segura.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 11

pacto de sangre 11

Capítulo 11

El sacrificio único

Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios. (Hebreos 10:12)

El sacrificio único de Jesús lo cambió todo para los creyentes judíos.

Este nuevo pacto significaba un cambio en el sacerdocio que probablemente dejó a muchos israelitas sintiéndose como “sin techo” al salir de la seguridad y la tradición del templo para predicar en las calles o asistir a pequeñas reuniones en las casas.

El nuevo pacto puso fin al sacrificio de animales como sacrificios de sangre en el Lugar Santísimo. Fue el final del día de la expiación, el día anual de humillación y expiación por los pecados de la nación, cuando el sumo sacerdote apartaba sus ornamentos oficiales y llevaba consigo la sangre sacrificial al Lugar Santísimo para hacer sacrificios por él mismo, por el sacerdocio y por todo el pueblo.

Fue el final de la práctica de seleccionar dos machos cabríos, uno para sacrificarlo a Jehová y otro para convertirlo en el chivo expiatorio que llevaría los pecados del pueblo al desierto.

Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. (Marcos 15:37–38)

Cuando Jesús murió, el velo que separaba el Lugar Santísimo, donde se derramaba la sangre sacrificial sobre el propiciatorio, del resto del templo, se rasgó en dos. Ese fue el final de la existencia del Lugar Santísimo en la tierra. Fue el comienzo de un nuevo pacto en la sangre de Jesús.

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hechos 20:28)

Aquí, el apóstol Pablo dejó claro que la sangre de Jesús también era la sangre de Dios.

Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. (Hebreos 9:11–12)

Jesús llevó esta sangre divina al Lugar Santísimo en un nuevo tabernáculo, uno no hecho a mano sino en el cielo. Fue un sacrificio único.

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