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El Pacto de Sangre – Capítulo 12

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Capítulo 12

El ministerio actual de Cristo

El ministerio actual de Cristo es un tema que muchos cristianos han descuidado. Innumerables personas, cuando piensan en que Jesús entregó su vida, piensan sólo en su muerte y resurrección. Muchos no saben que cuando Él se sentó a la diestra del Padre, comenzó a vivir por nosotros de manera tan real como cuando murió por nosotros.

Él ya no es el humilde hombre de Galilea, ya no es el Hijo hecho pecado por nosotros, olvidado de Dios.

Él es Señor de todo. Él ha vencido a Satanás, el pecado y la enfermedad. Él ha vencido a la muerte.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. (Mateo 28:18)

Él posee toda autoridad en el cielo y la tierra. Podemos actuar sin temor sobre la base de su Palabra, porque Él la respalda. Él es nuestra fianza, o garantía de ello. “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto” (Hebreos 7:22).

Jesús, nuestro Sumo Sacerdote

El sumo sacerdote del antiguo pacto era simbólico de Cristo, el Sumo Sacerdote del nuevo pacto.

Cristo entró en el cielo mismo con su propia sangre, habiendo obtenido la redención eterna que los sacrificios sacerdotales nunca hubieran podido obtener.

Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. (Hebreos 10:11)

Cuando Dios aceptó la sangre de Jesucristo, dio a entender que se habían cumplido las demandas de la justicia, y que el hombre podía salir legalmente de la autoridad de Satanás y ser restaurado para volver a tener comunión con Él.

Mediante su sacrificio, Cristo quitó de en medio el pecado.

Mediante su sacrificio, Cristo santificó a la humanidad.

Santificar significa “apartar”, o “separar”. Cristo apartó al hombre del reino y la familia de Satanás.

Cuando Cristo se encontró con María después de su resurrección, dijo: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17). Enseguida, se dirigió al Padre con su propia sangre, una señal del castigo que había pagado. Sin embargo, su ministerio como Sumo Sacerdote no terminó cuando llevó su sangre al Lugar Santísimo del cielo. Él sigue siendo el Ministro del santuario.

Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.(Hebreos 8:1–2)

La palabra griega traducida como “santuario” también significa “cosas santas”. Jesús sigue ministrando en las “cosas santas”, las cuales incluyen nuestras oraciones y adoración. No siempre sabemos cómo adorarle como debiéramos, pero Él toma nuestras a menudo crudas peticiones y adoración y hace de ellas algo hermoso para el Padre.

Cada oración y acto de adoración es aceptado por el Padre cuando se presenta en el nombre de Jesús. Él es un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel. Él siente los sentimientos de nuestras debilidades.

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.(Hebreos 4:14–16) Jesús es Sumo Sacerdote para siempre (véase Hebreos 6:20).

Jesús, el Mediador

Cuando Cristo se sentó a la diestra del Padre, satisfizo las demandas de la justicia y se convirtió en Mediador entre Dios y el hombre.

Jesús es el Mediador del hombre por dos razones: por lo que Él es y por lo que ha hecho.

Primero, Jesús es el Mediador del hombre por lo que Él es: la unión de Dios y el hombre.

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. (Filipenses 2:8–9)

Jesús existe en igualdad con Dios pero también tomó condición de hombre, y unió con ello la brecha que existía entre Dios y el hombre. Él es igual a Dios e igual al hombre. Él representa la humanidad delante de Dios.

Sin embargo, esto no era suficiente para mediar entre Dios y el hombre. El hombre era un delincuente eterno ante Dios. El hombre estaba separado de Dios y bajo el juicio de Satanás. Esto nos lleva al segundo hecho: Jesús es el Mediador del hombre debido a lo que Él ha hecho.

… Ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él. (Colosenses 1:21–22)

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.(2 Corintios 5:18)

No podría haber habido Mediador entre Dios y el hombre si no hubiera habido primero una reconciliación entre Dios y el hombre. El hombre era injusto y estaba en una condición de muerte espiritual. Estando en esa condición, la humanidad no podía acercarse a Dios, y tampoco ningún otro mediador podría haberse acercado a Dios en representación de la humanidad.

Cristo nos reconcilió con Dios a través de su muerte en la cruz para poder ahora presentar al hombre delante de Dios como santo y sin mancha. Después de la ascensión de Cristo a la diestra de Dios, el hombre recibió el derecho a acercarse al trono a través de Jesús, su Mediador. Desde la caída del hombre hasta que Jesús se sentó a la diestra de Dios, ningún hombre había podido acercarse a Dios, salvo a través del sacrificio de sangre ofrecido por los sacerdotes o mediante una visitación angelical o sueño.

Gracias a la ofrenda sacerdotal de su propia sangre, Jesús llevó a cabo nuestra redención; satisfizo las demandas de la justicia e hizo posible que Dios legalmente le diera vida eterna al hombre, haciendo al hombre justo y dándole la posición de un hijo.

Cristo es el Mediador del nuevo pacto (véase Hebreos 9:15).

Él es el Mediator sacerdotal que ha presentado a los hombres perdidos ante Dios.

El hombre no puede acercarse a Dios si no es mediante su nuevo Mediador.

Por un sacrificio, Cristo quitó de en medio el pecado, y mediante un acto llevó su sangre al Lugar Santísimo.

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo.(Hebreos 10:19)

Por ese hecho, Cristo declaró que todos podían entrar con confianza a través del velo hasta la presencia misma del Padre, para poder estar allí sin condenación.

Oh, si pudiéramos hacer que la iglesia entendiera esta bendita verdad. Se enseña mucho la conciencia de pecado en la iglesia y muy poco la conciencia de la obra terminada de Cristo.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:16)

Me parece como si el apóstol Pablo estuviera diciendo: “Dejen de llorar, dejen de gemir y entren con gozo al trono de amor, donde podrán llenar su cesta de bendiciones”.

Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. (Hebreos 10:12–13)

El sacrificio único de la propia sangre de Cristo ha hecho que todo esto esté disponible para aquellos que le aceptan como Señor y Salvador. Su obra está terminada. En la mente del Padre, nuestra redención está completa.

Jesús, el Intercesor

Como Sumo Sacerdote, Jesús llevó su sangre al Lugar Santísimo, satisfaciendo las demandas de la justicia que se disponían contra el hombre natural.

Como Mediador, Él presenta a Dios al hombre no salvo.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Jesús es el único camino a Dios. Nadie puede acercarse a Dios si no es a través de Él. En el momento en que el hombre acepta a Cristo, se convierte en hijo de Dios. Entonces, Cristo comienza su obra intercesora por él.

Jesús es Mediador para el pecador, pero es Intercesor para el cristiano.

La primera pregunta que se nos plantea es: ¿Por qué necesita el hijo de Dios alguien que interceda?

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.  (Romanos 12:2)

En el nuevo nacimiento, nuestro espíritu recibe la vida de Dios. Nuestra siguiente necesidad es renovar nuestra mente.

Antes de formar parte de la familia de Dios, caminábamos como hombres y mujeres naturales. Satanás gobernaba nuestra mente. Ahora que nuestro espíritu ha recibido la vida de Dios, nuestra mente debe ser renovada para que podamos conocer nuestros privilegios y responsabilidades como hijos de Dios.

El nuevo nacimiento es instantáneo, pero la renovación de nuestra mente es un proceso gradual. Su progreso depende del tiempo que pasemos estudiando y meditando la Palabra de Dios.

Durante este periodo, necesitamos la intercesión de Cristo.

A menudo, rompemos nuestra comunión con el Padre haciendo cosas que a Él no le agradan. En esas ocasiones, necesitamos la intercesión de Cristo debido a la persecución demoniaca que lucha contra nosotros.

Los demonios nos persiguen por causa de la justicia. Ellos nos odian y nos temen porque Dios nos ha declarado justos. Debido a que no hemos entendido del todo nuestra autoridad en Cristo, esos demonios pueden hacernos tropezar. A pesar de esto, Jesús “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. (Romanos 8:33–34)

Nadie puede acusar a un hijo de Dios, porque hemos sido declarados justos. Nadie puede condenarnos. Jesús vive para interceder por nosotros.

Jesús, el Abogado

Acudimos al Padre a través de Cristo, nuestro Mediador.

Hemos sentido la dulce influencia de Cristo el Intercesor por nosotros.

Ahora, también debemos conocerle como nuestro Abogado ante el Padre.

Muchos cristianos que viven con una relación rota con Dios podrían vivir vidas victoriosas en Cristo hoy mismo si tan sólo supieran que Jesús es su Abogado.

Debido a nuestras mentes no renovadas y a la persecución satánica, a veces pecamos, haciendo que nuestra relación con el Padre se rompa. Cada hijo de Dios que rompe su comunión con el Padre queda bajo condenación. Si no tuviera abogado que presentara su caso ante el Padre, quedaría en una triste y lamentable situación.

Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1)

Piense en el significado de la palabra “abogado”. En el diccionario se define como “alguien que presenta la causa de otro ante un tribunal o sala judicial… alguien que defiende o mantiene una causa o proposición… alguien que apoya o promueve los intereses de otro”.

Cristo es nuestro Defensor, nuestro Promotor. Él siempre está ahí, a la diestra de Dios, listo para ayudarnos e interceder por nosotros.

Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.(1 Juan 1:9)

Este es el método de Dios para mantener nuestra comunión con Él. Si nuestra comunión se rompe debido a nuestro pecado, podemos renovar esa comunión confesando nuestro pecado. Jesús no puede actuar como nuestro Abogado a menos que confesemos nuestros pecados. Cuando los confesamos, Él defiende nuestro caso ante el Padre.

La Palabra declara que cuando confesamos nuestros pecados, Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Él los borra como si nunca hubieran estado ahí.

Ningún cristiano debería permanecer en una comunión rota durante más tiempo que el necesario para pedir perdón.

Cuando el Padre perdona, olvida. Un hijo suyo nunca debería deshonrar su Palabra pensando una y otra vez en sus pecados.

Jesús, la Garantía

Jesús es nuestra fianza personal, o nuestra garantía. Este quizá sea el más vital de todos los ministerios de Jesús a la diestra del Padre.

Bajo el antiguo pacto, el sumo sacerdote era la garantía del hombre. Si fallaba, interrumpía la relación entre Dios e Israel. La sangre de la expiación perdía su eficacia.

Bajo el nuevo pacto, Jesús es el sumo sacerdote y la garantía del nuevo pacto. Nuestra posición ante el Padre es totalmente segura.

Durante todo el tiempo que pasemos ante el trono de Dios, sabemos que tenemos un Hombre a la diestra de Dios que está ahí para ayudarnos. Nos representa ante el Padre. Siempre tiene una buena posición con el Padre, siempre, independientemente de cuál sea nuestra posición. Tenemos alguien que nos representa ante el Padre.

Nuestra posición está segura.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 11

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Capítulo 11

El sacrificio único

Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios. (Hebreos 10:12)

El sacrificio único de Jesús lo cambió todo para los creyentes judíos.

Este nuevo pacto significaba un cambio en el sacerdocio que probablemente dejó a muchos israelitas sintiéndose como “sin techo” al salir de la seguridad y la tradición del templo para predicar en las calles o asistir a pequeñas reuniones en las casas.

El nuevo pacto puso fin al sacrificio de animales como sacrificios de sangre en el Lugar Santísimo. Fue el final del día de la expiación, el día anual de humillación y expiación por los pecados de la nación, cuando el sumo sacerdote apartaba sus ornamentos oficiales y llevaba consigo la sangre sacrificial al Lugar Santísimo para hacer sacrificios por él mismo, por el sacerdocio y por todo el pueblo.

Fue el final de la práctica de seleccionar dos machos cabríos, uno para sacrificarlo a Jehová y otro para convertirlo en el chivo expiatorio que llevaría los pecados del pueblo al desierto.

Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. (Marcos 15:37–38)

Cuando Jesús murió, el velo que separaba el Lugar Santísimo, donde se derramaba la sangre sacrificial sobre el propiciatorio, del resto del templo, se rasgó en dos. Ese fue el final de la existencia del Lugar Santísimo en la tierra. Fue el comienzo de un nuevo pacto en la sangre de Jesús.

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hechos 20:28)

Aquí, el apóstol Pablo dejó claro que la sangre de Jesús también era la sangre de Dios.

Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. (Hebreos 9:11–12)

Jesús llevó esta sangre divina al Lugar Santísimo en un nuevo tabernáculo, uno no hecho a mano sino en el cielo. Fue un sacrificio único.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 8

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Capítulo 8

El nuevo pacto

Ese es el trasfondo histórico cuando llegamos al Nuevo Testamento.

Cuando Jesús se reunió con sus discípulos la noche antes de su crucifixión, dijo:

¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!… Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. (Lucas 22:15, 19–20)

El antiguo pacto de sangre fue la base sobre la que se fundó el nuevo pacto. Ahora podrá entender que cuando Jesús dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”, los discípulos supieran lo que Él quería decir. Ellos conocían el significado del antiguo pacto de sangre; sabían que cuando cortaron el pacto con Jesús en ese aposento alto, habían entrado en el pacto más fuerte y sagrado que el corazón humano conoce.

Jesús, la fianza

Jesús nos da un nuevo pacto, habiendo reemplazado y cumplido el antiguo pacto (véase Hebreos 10:9). Así como el antiguo pacto fue sellado con la circuncisión, el nuevo pacto queda sellado con el nuevo nacimiento. El antiguo pacto tenía el sacerdocio levítico. Ahora el nuevo pacto tiene a Jesús como nuestro Sumo Sacerdote. Somos su sacerdocio real y santo.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. (1 Pedro 2:9–10)

El primer sacerdocio tenía un templo en el que Dios moraba en el Lugar Santísimo con el arca del pacto. En el nuevo pacto, nuestros cuerpos son el templo de Dios. Su Espíritu mora en nosotros.

Jehová era la fianza (o garantía) del antiguo pacto.

Jesús respalda cada frase en el nuevo pacto. “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto” (Hebreos 7:22). Él es el gran Intercesor del nuevo pacto.

[Jesús] puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (versículo 25)

Dios mismo se ató con un juramento como la fianza del antiguo pacto. El día en que Abraham ofreció a su precioso hijo Isaac como sacrificio, Dios dijo: “Por mí mismo he jurado” (Génesis 22:16).

Así como Dios respaldó el antiguo pacto como su garantía, de igual modo Jesús es la garantía de cada palabra del nuevo pacto.

¡Qué fe tan fuerte debiera ser edificada sobre este fundamento! Los recursos del cielo respaldan a Jesús y a nuestro nuevo pacto.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 7

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Capítulo 7

Israel, el pueblo del pacto de sangre

Quiero que preste atención a varias cosas milagrosas que tienen conexión con Israel, el pueblo del pacto de sangre.

Como ya he mencionado, este pacto garantizaba la protección física de Israel, protección tanto de sus enemigos como de la pestilencia y la enfermedad.

Israel viajó a Egipto y, a pesar de su esclavitud, se convirtió en una gran nación de más de tres millones de personas. Dios les sacó mediante una serie de milagros que hace temblar la razón humana. Lo hizo porque estaba en una relación de pacto de sangre con Israel; Él había prometido protegerles.

Cuando los israelitas estaban a orillas del mar Rojo después de haber sido liberados de su esclavitud, Dios dijo: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26).

Dios era su Médico de pacto de sangre. A nosotros nos cuesta entender del todo lo que esto significaba. Sabemos que tras la liberación de Israel de Egipto, vagaron por el desierto durante cuarenta años. Durante ese periodo, Dios les dio una columna de nube para protegerles del ardiente sol del desierto y una columna de fuego durante la noche para darles luz y calor (véase Éxodo 13:21). Les dio comida y agua, y suplió todas sus necesidades.

La ley y el sacerdocio

Después, Dios les dio la ley de pacto de sangre. Lo llamamos la ley mosaica porque Moisés fue el instrumento mediante el cual llegó a Israel. Esta ley era para separarles de todas las demás naciones de la tierra. Era para hacerles un “especial tesoro” (Éxodo 19:5) sobre el que Dios pudiera derramar bendiciones poco frecuentes, todo ello sobre la base de su pacto de sangre.

El pacto era el centro sobre el que giraba toda la vida israelita.

Por supuesto, la ley fue quebrantada casi en el mismo instante en que fue dada. Así, se estableció el sacerdocio. Antes de ello, Israel nunca había tenido un sacerdocio señalado de forma divina; pero ahora, Dios escogió a los sacerdotes, y un sumo sacerdote que les guiara. Junto con el sacerdocio llegaron también las ofrendas de expiación. Nunca antes Israel había experimentado un día de la expiación.

Todas las ofrendas que Israel había conocido habían sido ofrendas de paz u ofrendas de holocaustos. Ahora, Dios señaló un sacrificio especial en el cual la sangre actuaría como una cubierta de protección por haber quebrantado la ley. Era una cubierta para la nación que les permitía habitar con Dios en medio de ellos.

En hebreo, la palabra usada para expiación significa “cubrir”. Debido a su desobediencia al quebrantar la ley, Israel no era apta para estar al descubierto en la presencia de Dios. Por tanto, Él les dio el concepto de la expiación, simbolizado por la ofrenda de sangre que servía como una cobertura para el estado de muerte espiritual de la nación.

Una vez al año, el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo para hacer expiación, situándose entre Dios y su pueblo como una garantía del pacto. A menos que se produjera un pecado de extrema gravedad entre el pueblo, esta era la función principal del oficio de sumo sacerdote. En el día de la expiación, él depositaba los pecados del pueblo sobre dos machos cabríos. Uno de ellos era sacrificado, y el otro (el chivo expiatorio) era liberado en el desierto para ser destruido.

El oficio de sumo sacerdote se hizo necesario para poder mantener la comunión de Israel y su posición correcta delante de Dios y para asegurar su protección.

Con la expiación y el sacerdocio llegaron también otros sacrificios de pacto de sangre. Las cinco grandes ofrendas mencionadas en los primeros siete capítulos de Levítico son: los holocaustos, la ofrenda de comida, la ofrenda de paz, ofrendas por el pecado y la ofrenda expiatoria. Estas ofrendas tenían que ver con la comunión y la ruptura de la comunión con Dios. Tenían que ver con la vida cotidiana del pueblo.

Cuando un israelita estaba en comunión, podía llevar el holocausto, la ofrenda de comida o la ofrenda de paz. Otras ofrendas tenían que ver con las relaciones rotas. Cuando un hombre había pecado contra su hermano, tenía que llevar una ofrenda por el pecado. Cuando había pecado contra las cosas santas de Dios, llevaba una ofrenda de expiación.

Para mantener una buena posición con las distintas obligaciones y privilegios, los sacrificios de pacto de sangre de Israel se convirtieron en una práctica continua de su fe.

Bendición del pacto

Dios tenía ciertas obligaciones que cumplir como parte de su pacto. Tenía la obligación de proteger a Israel de los ejércitos de las naciones que les rodeaban, de hacer que su tierra produjera cosechas, y de asegurarse de que sus rebaños crecieran y se multiplicarán.

La mano de Dios estaba sobre el pueblo de Israel dando bendición. Ellos crecieron en estatura y en riquezas. Se irrigaron sus montes; sus valles se llenaron de materias primas muy valiosas. No había ninguna otra nación como ellos. Dios era su Dios; ellos eran su pueblo de pacto. Él era su Conquistador y Protector.

Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo. (Josué 23:9–10).

Otro ejemplo de protección se encuentra en uno de los mayores guerreros que jamás ha existido en el mundo. Sansón tenía protección divina, así como una gran fortaleza física y destreza.

Y Sansón descendió… a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él. Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. (Jueces 14:5–6)

Se decía que uno de los hombres fuertes del rey David fue capaz de matar a ochocientos enemigos en un solo combate (véase 2 Samuel 23:8).

Israel era el “especial tesoro” de Dios. Era el tesoro del corazón de Dios.

El juicio

Uno de los eventos más trágicos en la historia de la humanidad fue la destrucción de la ciudad de Jerusalén, cuando la mayor parte de la nación de Israel fue llevada en cautiverio a Babilonia por haber pecado contra el pacto.

Dios les había advertido de las maldiciones que vendrían sobre ellos si rompían el pacto con Él.

Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas. Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra.(Deuteronomio 28:22–25)

Jerusalén estaba en ruinas, y el templo fue destruido por completo, todo debido a que Israel había roto su relación de pacto de sangre con Dios.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 6

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Capítulo 6

El pacto abrahámico

El pacto abrahámico fue la razón de que Israel existiera. No habría existido la nación de Israel si Dios no hubiera entrado en pacto con ellos.

Isaac, nacido mucho después de la edad en que Sara podía tener hijos, fue un niño milagro. Cuando los hijos de Isaac crecieron hasta ser adultos, la nación de Israel fue hasta Egipto escapando de una hambruna, y terminaron siendo esclavizados allí. Después de haber soportado la esclavitud durante más de trescientos años, Dios los liberó de Egipto. Ninguna otra nación ha sido jamás liberada como Israel lo fue. Fue una nación milagro, librados porque eran el pueblo del pacto de sangre de Dios.

En Éxodo 2 leemos:

… y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios. (versículos 23–25)

Dios escuchó el gemido de Israel en Egipto y se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob. No podía romper el pacto. No podía olvidarse de él o ignorarlo. Él es un Dios que guarda el pacto. Por tanto, envió a Moisés para liberar y sacar de Egipto a los descendientes de Abraham con señales y maravillas que asombraron a todos los que las vieron. Dios les preservó como nación porque eran su pueblo de pacto.

Moisés sacó a Israel de Egipto a través de un desierto estéril donde, sobre la base del pacto, Dios suplió maná para comer y agua para beber para todo el pueblo, así como para su ganado.

Dios e Israel estaban atados entre sí. Mientras Israel guardó el pacto, no hubo personas enfermas entre ellos, nunca hubo una mujer estéril, no murió ningún bebé, ningún hombre o mujer joven moría a menos que rompieran el pacto. Cuando Dios dijo: “Porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26), significaba que Él era el único médico de Israel.

Y Dios no sólo era su Médico; también era su Protector. Mientras ellos guardaron el pacto, no hubo suficientes ejércitos en todo el mundo que pudieran conquistar ni la aldea israelita más pequeña.

Finalmente, Israel recibió revelaciones de Dios, que incluían la ley, los profetas, el contenido de los libros de los Salmos y Proverbios, y todas las Escrituras que hoy componen el Antiguo Testamento.

Y por último, Dios envió al Mesías, Jesús, a Israel porque era su pueblo de pacto de sangre. Entonces Jesús se convirtió en el fundador de un nuevo pacto. Nosotros tenemos el nuevo pacto debido al antiguo pacto: el pacto abrahámico. Cuando aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador, participamos de las mismas bendiciones que tuvo Israel, pero las nuestras son mucho mejores debido al nuevo pacto, sellado por el regalo sacrificial de Jesucristo.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 4

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Capítulo 4

Jehová corta el pacto con Abram

Antes de que Dios entrara en un pacto formal con Abram, había hecho una promesa.

Y [Dios] lo llevó fuera [a Abram], y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. (Génesis 15:5–6, énfasis añadido)

La palabra “creyó” significa que Abram hizo un compromiso incondicional de sí mismo, de todo lo que era y podría llegar a ser, a Dios. En hebreo, la palabra traducida como “creyó” significa “estar firme, confiar”, pero también significa “establecer, ser fiel, llevar a cabo, hacer firme”. Abram se entregó a Dios en un abandono total de sí mismo. Después, Dios le pidió que hiciera un sacrificio animal, un sacrificio de sangre (véase versículo 9). Abram obedeció.

Cortar el pacto

El pacto abrahámico, que es la base tanto del judaísmo como del cristianismo, es quizá el contrato más maravilloso que jamás se haya promulgado. Ató a Abram (o Abraham, tras su cambio de nombre) y a sus descendientes con ataduras indisolubles con Jehová, y ató a Jehová y a Abraham y sus descendientes con la misma solemnidad.

Cuando Dios entró en un pacto formal con Abram, ocurrieron varias cosas sorprendentes. La Escritura dice que cuando Abraham tenía noventa y nueve años de edad, Dios se le apareció como “Dios Todopoderoso” (en hebreo, El Shaddai), y le dijo: “anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera” (Génesis 17:1–2).

Entonces, Abraham se postró sobre su rostro mientras Dios seguía hablándole, diciendo: “He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (versículos 4–5).

Este pacto fue para todo Israel, los hijos de Abraham, y tras de él estaban la promesa y el juramento de Dios. “Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones” (versículos 8–9).

Finalmente, Dios estableció su pacto, diciendo: “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (versículos 10–11).

Cuando eso fue hecho, Dios y Abraham habían entrado en pacto.

Significaba que todo lo que Abraham poseía (o llegaría a tener) había sido puesto sobre el altar. También significaba que Dios sostendría y protegería a Abraham y a sus descendientes mientras vivieran cumpliendo el pacto.

Algunos hechos del pacto

El sello del pacto entre Dios y Abraham fue la circuncisión. Todo niño varón fue circuncidado a los ocho días de edad, simbolizando la entrada en el pacto abrahámico. Cuando un niño entraba en el pacto, se convertía en heredero de todo lo relacionado con el pacto. Si el padre y la madre del niño morían, otro israelita estaba obligado a cuidar de ese niño. Si sólo el padre moría, entonces otro israelita cuidaría de la viuda. Esto era parte de la ley del pacto.

Obligaciones del pacto

Y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. (Génesis 17:13)

La marca de la circuncisión en sus cuerpos era el sello de su lugar en el pacto. Mientras Israel guardara este pacto, que se volvió a renovar con Moisés, ningún enemigo extranjero en todo el mundo podía conquistar ni tan siquiera una de sus aldeas.

Cuando Dios sacó a Israel de Egipto, no tenían ni ley ni sacerdocio. Finalmente, Dios les dio los Diez Mandamientos, el sacerdocio, la expiación, los sacrificios y ofrendas en el templo, el chivo expiatorio y la adoración en el templo. Todo estaba disponible para Israel a través del pacto.

Este pacto no provino de los Diez Mandamientos, como insisten algunos de los cristianos contemporáneos. Por el contrario, el pacto fue la razón de que existieran los mandamientos y la ley.

Cuando Dios cortó el pacto con Abraham, la nación israelita se convirtió en un “pueblo de pacto”.

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El Pacto de Sangre – Capítulo 3

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Capítulo 3

El pacto en África

Una ilustración de Henry Stanley podría ayudarnos a entender el significado del pacto.

Cuando Stanley estaba buscando a Livingstone, contactó con una poderosa tribu africana. Eran agresivos y guerreros, y Stanley no estaba en condición de luchar contra ellos. Finalmente, el intérprete de Stanley preguntó por qué simplemente no hacía un pacto con ellos. Le dijeron que eso conllevaba beber la sangre el uno del otro. A Stanley no le agradaba mucho una práctica así, pero sus circunstancias seguían empeorando hasta que finalmente el intérprete le volvió a preguntar una vez más por qué no cortaba el pacto con el jefe de la tribu.

Cuando Stanley preguntó cuáles serían los resultados de hacer un pacto así, el intérprete le respondió: “Todo lo que tiene el jefe será tuyo si lo necesitas”.

Esto llamó la atención de Stanley, y decidió investigar más.

Tras varios días de negociaciones, Stanley y el jefe llegaron al pacto. Primero hubo una consulta en la que el jefe le preguntó a Stanley cuáles eran sus motivos y su posición, así como su capacidad para cumplir el pacto. Después, hubo un intercambio de regalos. El jefe quería la cabra blanca de Stanley. Stanley había tenido una salud delicada, y la leche de cabra era lo único que podía tomar para alimentarse, así que fue muy difícil para él tener que entregarla, pero el jefe era insistente. Finalmente, Stanley le entregó la cabra, y el jefe le ofreció a cambio su gran lanza de cobre de más de dos metros. Stanley supuso que había salido perdiendo en el intercambio, pero más adelante descubrió que dondequiera que iba en África con esa lanza, todos se postraban y se sometían a él.

Después el jefe trajo a uno de sus príncipes. De igual forma, Stanley trajo a uno de sus hombres de Inglaterra. Un sacerdote avanzó con una copa de vino, hizo una incisión en la muñeca del príncipe y dejó que unas gotas de su sangre cayeran en la copa de vino. De igual modo, hizo una incisión en la muñeca del joven inglés y dejó que unas gotas de su sangre cayeran en el cáliz. Removió el vino, mezclándolo con la sangre. El sacerdote le entregó la copa al inglés, quien bebió una parte. Después se la entregó al príncipe, el cual se terminó lo que quedaba. Después, los dos hombres juntaron sus muñecas para mezclar sus sangres.

Ahora, se habían convertido en hermanos de sangre. Esos dos hombres sirvieron como sustitutos, pero habían atado a Stanley y al jefe de la tribu, así como a los hombres de Stanley y a los soldados del jefe, en una hermandad de sangre que sería indisoluble.

Frotaron con pólvora sus heridas para que quedara una marca negra al cicatrizar, indicando con ello a todo el que los viera que eran hombres de pacto. Esas heridas servían como una tarjeta de visita de su pacto.

Finalmente, se plantaron árboles que eran conocidos por su larga vida.

El monumento conmemorativo

Parece que siempre que se celebra un pacto de sangre en un país donde crecen árboles, se realiza algún tipo de ceremonia de plantación. A menudo, se les llama “árboles del pacto”.

En lugares donde no crecen árboles, se suele alzar una montaña de piedras o un monumento para recordar tanto a las partes implicadas en el pacto como a todos sus descendientes su contrato indisoluble.

Cuando Abraham y Abimelec hicieron un pacto, Abraham apartó siete corderas.

Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos pacto. Entonces puso Abraham siete corderas del rebaño aparte. Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has puesto aparte? Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo. (Génesis 21:27–30)

Estas corderas eran el monumento conmemorativo. Al crecer y reproducirse, los rebaños serían un recordatorio continuo del pacto que habían cortado estos dos hombres.

Después de plantar los árboles en la ceremonia del corte del pacto entre Stanley y el jefe, el jefe dio un paso al frente y gritó: “Vengan, compren y vendan con Stanley, porque es nuestro hermano de sangre”.

Unas horas antes, los hombres de Stanley habían estado en un continuo estado de alerta para proteger sus balas de prendas de algodón y baratijas de los miembros de la tribu. Ahora, Stanley pudo abrir las balas y dejarlas en la calle sin protección alguna, ya que nadie las tocaría. Si alguien decidiera robarle algo a Stanley, ahora un hermano de sangre, tal delito traería con él la pena de muerte.

Ahora, el jefe haría cualquier cosa por su nuevo hermano. Stanley no llegó a entender del todo lo sagrado que era ese pacto. Incluso años después, aún seguía dándole vueltas. En el momento que se solemniza un pacto de sangre, todo lo que cada una de las partes del pacto posee en el mundo queda a disposición de su hermano de sangre. Al mismo tiempo, este hermano nunca pediría nada a menos que se viese absolutamente forzado a necesitarlo.

Algunas de las historias más bellas que conozco en el mundo son historias de hermanos de pacto de sangre.

Maldiciones y bendiciones

Hay un detalle importante que no he incluido en el relato de esta ceremonia. En el momento en que los dos sustitutos bebieron de la copa que contenía la sangre del otro, un sacerdote procedió a anunciar las maldiciones más horribles que Stanley jamás había oído, maldiciones que le ocurrirían a cualquiera de las partes que rompiera el pacto.

Cuando Moisés repartió la tierra a las diferentes tribus de Israel, les hizo ver las montañas de bendiciones y de maldiciones que recaerían sobre ellos si dejaban de permanecer en su pacto con Dios (véase Deuteronomio 11:27). Entonces Dios proclamó que cada año tenían que pronunciar las bendiciones desde el monte Gerizim y las maldiciones desde el monte Ebal (véase Deuteronomio 11:29).

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Andrew Wommack – Cómo Cumplir La Voluntad De Dios

En esta enseñanza Andrew Wommack nos dice como es que podemos cumplir con el plan de Dios para nuestras vidas

andrew wommack - como cumplir la voluntad de dios

Cómo Cumplir La Voluntad De Dios

Por Andrew Wommack

Muchos de ustedes probablemente conocen la historia de Elías y la viuda de Sarepta. Me gustaría señalar algo en esta historia que puede ser que no te hallas dado cuenta. Es una llave para cumplir la voluntad de Dios para tu vida.

La historia comienza en 1 Reyes 17, donde Elías entregó una palabra profética del Señor al rey Acab.

Elías … dijo a Acab … no habrá rocío ni lluvia estos años, sino conforme a mi palabra” (1 Reyes 17: 1).

Elías escuchó de Dios, y obedeció Su palabra, diciéndole a Acab que la sequía vendría. Esto era peligroso porque Acab había prohibido adorar a Dios y había salido para matar a todos sus profetas. Desde el punto de vista natural, este no fue un movimiento inteligente para Elías.

Elías podría muy fácilmente haber racionalizado esto y simplemente quedarse en su armario de oración para orar por la sequía. Pero no lo hizo, y por eso, se convirtió en el hombre más poderoso de la nación. Cuando la sequía vino, probando que sus palabras eran verdaderas, le dieron la fuerza para decirle al rey lo que debía hacer, y el rey procedió a hacerlo (1 Reyes 17: 17-20).

Ese único paso de obediencia, tan ilógico como parecía en lo natural, lo inició en el camino hacia el cumplimiento de la voluntad de Dios. Aquí es donde tantos cristianos fracasan. Descubrieron la voluntad de Dios para sus vidas al buscarlo y no se apoyan en su propio entendimiento (Proverbios 3: 5). Entonces, cuando Dios les da pasos específicos, ellos vienen con un millón de excusas de por qué no pueden hacerlo.

Veo esto una y otra vez con los futuros estudiantes universitarios bíblicos. Tantos me han dicho que saben que Dios quería que ellos vinieran a nuestra universidad hace años, pero por cualquier razón-padres, hijos, mascotas, puedes nombrarla; no vinieron. La verdad es que si esperas que todo en tu vida se alinee perfectamente antes de obedecer a Dios, nunca lo harás.

Después de que Elías le dijo a Acab acerca de la sequía, Dios volvió a hablar con Elías:

Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.” (1 Reyes 17: 2-4).

Dios le dijo a Elías exactamente qué hacer, y luego le dijo dónde encontrar su provisión. Pero nota, esta palabra de provisión no vino; no pudo venir, hasta que Elías obedeció a la primera palabra de Dios. Tantas veces, queremos que Dios presente todo Su plan para nuestras vidas, pero Él no opera de esa manera. ¿Por qué debería darnos el paso número diez cuando no hemos obedecido los pasos uno al nueve?

Elías tuvo que dar un paso de fe y obedecer esta palabra de Dios. Tenía que confiar plenamente en que Dios iba a pasar por él. No puedes permitir que el miedo y la duda te impidan cumplir la voluntad de Dios para tu vida.

Si Dios te ha dicho que hagas algo, no trates de averiguar cómo funcionará o de dónde vendrá la provisión. Dios le dijo a Elías que fuera y que Él le proveería cuando llegara allí. (Tengo una enseñanza sobre esto, llamada “Un lugar llamado allí.“) Elías tuvo que actuar con fe e ir al arroyo si quería ver la provisión de Dios.

Es como el fútbol. Los buenos quarterbacks no lanzan la pelota directamente a los receptores; Lo lanzan hacia delante, donde se supone que los receptores están cuando la bola llega a ellos. Dios no enviará nuestra provisión hasta que nos movamos y actuemos en Su Palabra. Él enviará Su provisión donde Él nos dijo y espera que vayamos. Podemos esperar hasta que tengamos la provisión en la mano antes de obedecer a Dios, pero Dios dice: “Obedéceme, y la provisión estará allí“.

Vemos en 1 Reyes 17: 5 que Elías volvió a obedecer a Dios:

Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán“. Y como antes, una vez que obedeció, Dios le mostró el siguiente paso:

Levántate, vete a Sarepta… He mandado allí a una viuda para sostenerte” (1 Reyes 17: 9).

Este fue el siguiente lugar de Elías llamado allí. También era el lugar de la viuda llamado allí. Ella también tuvo que salir en fe y obedecer la palabra de Dios a través del profeta para ver Su provisión. Porque ella y Elías ambos obedecieron, ella recibió provisión sobrenatural, su hijo resucitó de entre los muertos, y un avivamiento estalló (1 Reyes 17: 10-18: 39).

Perderás mucho si no obedeces a Dios. Si quieres terminar tu carrera fuerte y hacer todo lo que Dios ha planeado para ti, debes obedecer los pasos que Dios te da. ¡No hay atajos!

Ahora, quiero aclarar esto diciendo que si no obedeces, Dios todavía te amará. Seguirás siendo Su hijo, todavía lo lograrás ir al cielo, y Él te seguirá usando en Su reino.

Ninguno de nosotros es perfecto. Siempre habrá momentos en que no obedecemos y seguimos perfectamente. Eso no cambia la gracia de Dios hacia nosotros ni su amor por nosotros.

Sin embargo, lo que la desobediencia es abrir la puerta a Satanás para matar, robar, destruir y tomar ventaja de nosotros. Romanos 6:16 nos dice que cualquier cosa que obedezcamos finalmente nos dominará.

Dice:

¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

Si desobedecemos a Dios, estamos abriendo la puerta para que Satanás nos controle, y no podremos cumplir completamente lo que Dios nos ha llamado a hacer.

Si queréis y obedecéis, comeréis el bien de la tierra” (Is 1:19).

Para que podamos caminar en la plenitud de lo que Dios tiene para nosotros; el bien de la tierra- debemos obedecer todo lo que Él nos dice que hagamos.

Esto se aplica no sólo a las instrucciones específicas que Él puede dar, sino también a los principios generales encontrados en Su Palabra. Por ejemplo, la Palabra de Dios tiene mucho que decir acerca de dar.

Una de estas escrituras es Proverbios 3:9, que dice:

Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos.

Para mí, no hay nada más claro que eso. Sin embargo, muchas personas optan por ser más influenciados por sus saldos en la chequera que la Biblia cuando se trata de dar. Si tienen más, pueden dar a Dios, pero si el dinero está apretado, van a ignorar lo que Dios dice y optar por pagar por otras cosas que consideran más importantes. Eso es un error enorme. No puede simplemente ignorar la Palabra de Dios y esperar cumplir Su voluntad.

Otros principios generales que posiblemente escogemos no obedecer son perdonar a otros (Colosenses 3:13), caminar en amor (Efesios 5: 2), ser estudiantes de la Palabra (2 Timoteo 2:15), y así sucesivamente. Dios aun nos amará si no obedecemos, pero nos estamos obstaculizando y cediendo al diablo desobedeciendo Su Palabra.

Muchos de ustedes tienen algo que Dios ha puesto en sus corazones para que hagan, y por cualquier razón, simplemente no lo han hecho. ¡Deja de dar excusas y empieza! Si no sabes exactamente cómo hacerlo, ora y pídele a Dios que te dé sabiduría (Santiago 1:5-8).

Es como dirigir un barco: No tienes que ir a toda velocidad si no estás exactamente seguro de hacia dónde te diriges, pero tienes que empezar a moverte en alguna dirección antes de que el timón entre en vigor. Entonces el barco se puede girar en la dirección correcta. Cuando comiences a moverse, Él te dará instrucciones más claras. Recuerda que la fe sin obras está muerta (Santiago 2:20 y 26).

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Andrew Wommack – Cómo Seguir la Voluntad de Dios

En esta segunda lección Andrew Wommack nos muestra de que manera podemos seguir la voluntad de Dios

andrew wommack - como seguir la voluntad de Dios

Cómo seguir la voluntad de Dios

Por Andrew Wommack

He pasado por tiempos difíciles desde 1968, cuando comencé por primera vez en el ministerio. A menudo he sentido ganas de rendirme. De hecho, muchas personas que yo conocía en aquellos días pensaban que debía hacerlo. Pero Jamie y yo continuamos, y ahora vemos innumerables vidas cambiadas a través del mensaje del amor incondicional y la gracia de Dios. Queremos compartir contigo algunas de las cosas que el Señor nos enseñó para mantenernos en el camino, y oramos que haga lo mismo por ti.

Aunque conocimos la voluntad general de Dios para nosotros desde el principio, no teníamos ni idea de cómo llevarla a cabo. Tuvimos que aprender a permanecer totalmente dependientes de Él y escuchar su voz pequeña y tranquila paso-a-paso para la revelación de Su plan. Cuando lo buscamos diligentemente, cada paso se hizo claro y el ministerio creció.

Un paso muy importante que Dios nos llevó a tomar fue regalar nuestras cintas y CDs a aquellos que no podían pagarlos. La mayoría de la gente no entendía por qué lo hicimos, pero funcionó. En retrospectiva, esta fue una de las cosas más inteligentes que he hecho. Si no hubiéramos seguido la dirección de Dios en esto, no habríamos crecido como lo hicimos. Dejamos de contar hace años, después de regalar más de seis millones de cintas, CD, folletos y otros recursos. Ahora, cada día, hay un promedio de más de 22.000 visitas a nuestro sitio web y miles de descargas. ¡Aleluya! ¡La Palabra está saliendo!

Regalar nuestros materiales fue una decisión importante y un gran paso para nosotros, pero desde entonces, ha habido muchas más decisiones y pasos. Muchas de las cosas que Dios nos ha dicho que debemos hacer nos han ayudado a evitar las trampas y han producido Sus abundantes bendiciones.

Aprendimos que no basta con conocer la voluntad de Dios; Tuvimos que aprender a seguirla también. Algunas personas obtienen una revelación de la voluntad de Dios, pero luego dejan de buscarle dirección sobre cómo llevarla a cabo. Conocer la voluntad de Dios es crítico, pero es sólo el primer paso. Después de eso, debes aprender a seguir Su voluntad y cooperar con Él para llevarlo a cabo.

Un gran ejemplo bíblico de esto es la historia de Moisés. Aquí está alguien que sabía la voluntad de Dios para su vida, sin embargo, perdió completamente el tiempo y el plan de Dios.

Éxodo 2 nos da un resumen de los primeros cuarenta años de la vida de Moisés.

Es absolutamente milagroso cómo el Señor usó al mismo que ordenó la muerte de Moisés para levantarlo y llevarlo a la grandeza. Pero Moisés necesitaba más que una educación egipcia privilegiada.

Moisés cometió un error crítico, el cual fue registrado en Éxodo 2:11-12: “En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.”

Debido a que Éxodo 2 no proporciona muchos detalles, algunos asumen que Moisés simplemente defendió el hebreo porque era lo correcto, no porque Moisés se diera cuenta de que él mismo era un hebreo.

Hechos 7:23-25, sin embargo, contradice este pensamiento: “Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así.

A través de estos versículos, está claro que Moisés sabía que Dios lo llamó para traer la liberación a los hebreos. Aunque Moisés conocía la voluntad de Dios, pensó que su propia fuerza e influencia lo llevarían a cabo. Él tomó las cosas en sus propias manos y mató al egipcio, por eso falló totalmente el plan de Dios y el calendario para la liberación de los israelitas. Terminó costando a Moisés cuarenta años en el desierto, que no era el plan original de Dios.

Por mi registro de la Escritura y la profecía que Dios le dio a Abraham acerca de cuándo los hijos de Israel saldrían de Egipto, Moisés fue al menos diez años prematuro en tratar de cumplir la voluntad de Dios (Génesis 15:13 con Éxodo 12:40) .

Los relatos seculares que he leído sobre la vida de Moisés dicen que él era un líder poderoso e influyente. Es probable que Moisés supiera que, como sabía que Dios quería que él fuera el libertador de los israelitas, ¿por qué esperar? Podía hacerlo por su cuenta. Su impaciencia costó a los israelitas treinta años de esclavitud adicional y Moisés cuarenta años en el desierto.

Muchas personas en el cuerpo de Cristo están cayendo en la misma trampa que Moisés hizo. Tropiezan con la voluntad de Dios para sus vidas, pero luego deciden que pueden llevar a cabo Su voluntad por sus propios talentos o fuerzas naturales. Ellos piensan que tienen el plan de Dios todo resuelto, y no toman tiempo para descubrir cómo es que Él quiere lograr Su voluntad a través de ellos.

A menudo, la gente no toma tiempo para prepararse para que la voluntad de Dios se cumpla. Se mueven por la necesidad que está a su alrededor, y se sienten presionados a apurarse para hacer que el plan de Dios suceda. No puedes acelerar las cosas de Dios, pero ciertamente puedes retrasarlas. Moisés encontró esto de la manera más difícil y terminó retrasando el plan de Dios por treinta años.

Los cristianos que han sido llamados al ministerio piensan que no tienen tiempo para ir a la escuela bíblica o ser entrenados. Piensan que tienen que salir en ese momento y empezar a cumplir el llamado de Dios. Razonan que si no comienzan en sus ministerios, la gente puede sufrir mientras están ocupados preparándose. Pero lo que no piensan son las personas que sufrirán si entran en sus ministerios sin preparación.

A través de la Biblia, vemos ejemplos de Dios preparando a Su pueblo para el ministerio al que los llamó. Él nunca ungió a la gente y luego los envió al día siguiente a predicar. David esperó trece años desde el momento en que fue ungido para ser rey hasta que llegó a ser rey. Después que Samuel lo ungió, ¿qué hizo David? Volvió a los campos y cuidó las ovejas. (Mira 1 Samuel 16:13-19.)

Como ya hemos visto, Moisés tuvo que esperar diez años. Pablo tuvo que esperar catorce. Y luego estaba Abraham, que tuvo que esperar veinticinco años. A los 100 años, vio que la profecía de Dios de ser un “padre de muchas naciones” se cumplió. Dios hizo que todos estos hombres esperaran para prepararlos. Quería estar seguro de que tendrían éxito en lo que Él los llamó a hacer.

Un peligro que vemos hoy en el cuerpo de Cristo está introduciendo a los nuevos cristianos en el centro de atención del ministerio antes de que estén listos. Esto se ha vuelto especialmente popular entre las celebridades recién convertidas, como atletas o estrellas de cine. Los ponemos en posiciones de liderazgo antes de que estén listos, pensando que su estatus de celebridad atraerá a otros a Jesús. Primera Timoteo 3: 6 nos advierte acerca de esto mismo. Pero muchos ignoran la advertencia de Dios, y la gente termina siendo herida por eso.

Dios siempre te llama a hacer algo totalmente más allá de tu propia habilidad, porque Él quiere que dependas de Él. Es importante que esperes y hagas las cosas a Su manera y en Su tiempo, no sólo para ti, sino también para aquellos a los que Dios te ha llamado a alcanzar. No puedes simplemente salir corriendo e intentar sobrevivir sin la constante instrucción de Él.

Jesús habló de esto en Juan 15: 5, que dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer“.

Solamente cuando permanecemos conectados con el Señor a través de la Palabra y la oración-buscando Su dirección- traemos mucho fruto. Si no lo hacemos, no lograremos nada. ¡No vas a conseguir nada más claro que eso! La clave es permanecer en Él; mantenerte en comunión con Él, y no salir por nuestra cuenta tan pronto como creamos que sabemos lo que Él quiere que hagamos.

Algunos de ustedes pueden pensar que han estropeado Sus planes para sus vidas tan mal que no hay manera de recuperarse. Pero Dios puede cambiar cualquier cosa. Si te humillas  y pides Su liderazgo, Él te llevará de vuelta al camino. Moisés salió de la voluntad de Dios, pero Dios todavía lo usó de una manera poderosa. Si le preguntas, Él te mostrará qué hacer.

No hay fórmulas con Dios. Él quiere llevarteo con una relación personal y viva. Necesitas Su dirección diaria para evitar errores y permanecer en el camino que Él tiene para ti. Arrepiéntete de hacer las cosas en tu propia fuerza. Luego pregúntale por Su tiempo y plan perfecto.

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Andrew Wommack – Cómo encontrar la voluntad de Dios

Encontré una serie de enseñanzas de Andrew Wommack que son realmente tan buenas que las voy a ir traduciendo y colocándolas en el blog.

Voy a empezar con una serie de tres artículos acerca de conocer la voluntad de Dios para tu vida. En esta primera clase veremos: “Cómo encontrar la voluntad de Dios

 

andrew wommack - como encontrar la voluntad de Dios

Cómo encontrar la voluntad de Dios

Por Andrew Wommack

Recientemente uno de mis empleados me habló de un hombre que conoció en un negocio cerca de nuestra oficina. Cuando el hombre descubrió que este empleado trabajaba para mí, dijo que hace unos treinta años, había dado una de mis cintas a su sobrina que estaba viviendo un estilo de vida muy impío. Después de escuchar la cinta, volvió su vida al Señor y finalmente se convirtió en una misionera, totalmente dedicado a la voluntad de Dios para su vida.

¡Alabado sea Dios por este testimonio! Pero ¿qué pasaría si no hubiera estado caminando en la voluntad de Dios y predicado el Evangelio? Una posibilidad es que su vida nunca hubiera cambiado. Por supuesto, Dios podría haber usado a alguien más para llegar a ella, pero ¿quién sabe cuánto tiempo habría tardado o cuán lejos de Dios se habría extraviado mientras tanto? Esta historia ilustra cuán importante es para cada uno de nosotros hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer.

¿Estás cumpliendo con tu llamado? ¿Sabes lo que Dios ha ordenado para tu vida? Si no, ciertamente no estás solo.

Recientemente ministré en un Seminario de la Verdad del Evangelio en Orlando, Florida, sobre el tema de encontrar la voluntad de Dios. Dos terceras partes de la audiencia se levantaron cuando les pedí que se levantaran quienes no sabían si estaban caminando en la voluntad de Dios. No tener certeza del plan de Dios para nuestras vidas es común entre los cristianos. Pero no debe ser (Efesios 5:17). ¿Cómo podemos esperar construir el reino de Dios si no conocemos nuestra parte?

El lugar para comenzar es darse cuenta de que el Señor tiene un plan específico y único para ti. Él tenía este plan en mente antes de que nacieras.

El Salmo 139:15-16 dice: “Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación” (Nueva Versión Internacional).

Dios tenía todos tus días escritos antes de que nacieras. Tú no eres un error que en algún lugar iba ha suceder. No has sido puesto en esta tierra por casualidad. Donde y cuando naciste, los padres que Dios te dio, tu personalidad y todo lo demás sobre ti fue orquestado por Dios con un propósito específico.

Sin embargo, no puedes asumir que la voluntad de Dios automáticamente va a pasar en tu vida. No lo hará. La voluntad de Dios no siempre sucede. Tome la salvación, por ejemplo.

Segunda Pedro 3:9 nos dice: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento“.

Está claro en esta escritura que Dios quiere que todos lleguen al arrepentimiento y sean salvos, pero sabemos que no todos lo hacen. Dios también quiere que todo el mundo sea sanado, pero la gente todavía vive con la enfermedad en sus cuerpos. Del mismo modo, Dios quiere que todos encuentren y anden en el propósito que El ha ordenado para ellos, pero no todos lo harán. Pero eso no es culpa de Dios.

Una vez que te das cuenta de que eres el responsable de descubrir la voluntad de Dios, el siguiente paso es comenzar a buscar a Dios por ello. Él no está escondiendo Su voluntad de ti. Pero vas a tener que hacer algo buscando encontrarlo.

Jeremías 29: 12-13 nos dice cómo necesitamos buscar a Dios: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”

Observe el énfasis en buscar con todo su corazón. Mientras puedas vivir sin conocer la voluntad de Dios para tu vida, lo harás. Pero cuando buscan con todo su corazón, la encontrarán (Mateo 7: 7).

Cuando era estudiante de último año en la escuela secundaria, me enfrenté con el tener que saber cuál era la voluntad de Dios para mi vida. No lo había pensado mucho antes, porque durante doce años yo sólo era un estudiante. Pero en ese momento, necesitaba saber si debía ir a la universidad o qué camino quería Dios que tomara.

Le pregunté a la gente de mi iglesia cómo encontrar la voluntad de Dios. Nadie podía decirme qué hacer. Así que decidí empezar a leer la Biblia. Pensé que la Palabra de Dios podría darme el conocimiento que necesitaba, así que me quedé hasta las dos y tres cada noche, leyendo. Aunque terminé leyendo la Biblia dos o tres veces durante mi último año, todavía no tenía ninguna dirección específica del Señor. Pero de repente, un pasaje de la Escritura, Romanos 12:1-2, vino vivo a mí: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Durante los siguientes cuatro meses medité en esas escrituras. Fue poco después de eso cuando tuve el encuentro con Dios que cambió mi vida. Como resultado de ese encuentro, comencé a ver que Dios me había llamado para ser un ministro a tiempo completo. No creo que haya sido un accidente que Dios apareciera de manera tan milagrosa en mi vida en ese momento. Fue porque lo había buscado diligentemente, deseando conocer el camino que tenía para mí.

Un error que la gente suele hacer en la búsqueda del propósito de Dios es que ellos asumen que en lo que son buenos en lo natural debe ser lo que Dios quiere que ellos hagan. Así que si son naturalmente buenos en hablar en público, creen que Dios debe haberlos llamado a un ministerio de algún tipo en que se hable. No creo que esto sea siempre cierto. En realidad no fue cierto en mi caso. Tenía miedo de hablar frente a la gente.

Dios me llamó para hacer lo que estaba más allá de mi habilidad natural para que yo tuviera que confiar en Él para lograrlo. Por eso la voluntad de Dios no tiene nada que ver con tus dones naturales. Si puedes hacer algo por tu cuenta, naturalmente, no necesitarás el empoderamiento de Dios. A veces los talentos de las personas pueden ser una indicación de lo que es la voluntad de Dios, pero muchos tienen dones y talentos que ni siquiera saben que existen.

Pablo dijo que Dios lo había separado del vientre de su madre y lo llamó por Su gracia (Gálatas 1:15). Dios se propuso que Pablo fuese ministro del Evangelio antes de que naciera. No miró los talentos de Pablo una vez que creció y luego decidió que podría usarlo. Su vida había sido predestinada, igual que la tuya. Así que si solo miras lo que eres bueno para determinar tu propósito, te lo puedes perder totalmente.

Creo que la mayoría de las personas no están cumpliendo lo que Dios les ha llamado a hacer. Pueden estar haciendo buenas obras, pero eso no significa necesariamente que están caminando en el propósito de Dios para sus vidas. No todo lo que es bueno es Dios.

Créanme, vale la pena encontrar la perfecta voluntad de Dios. La paz sobrenatural y la alegría vienen cuando estás en el centro de Su voluntad. Y la bendición y la unción de Dios siempre estarán en tu trabajo cuando estás haciendo lo que Él te ha llamado a hacer.

¿Te sientes insatisfecho o inquieto con tu vida? ¿Estás cansado de ir al trabajo, volver a casa, ver la televisión, ir a la cama, luego levantarte y hacerlo de nuevo? Si es así, puede ser Dios quien ha colocado una santa insatisfacción dentro de ti con la esperanza de provocarte a comenzar a buscar Su perfecta voluntad. No esperes otro día para comenzar la búsqueda de la voluntad de Dios en tu vida.

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