El Pacto de Sangre – Capítulo 15


pacto de sangre 15

Capítulo 15

La redención es a través de Dios

Cuando nos aferramos a la horrible imagen de la obra terminada de Satanás, nuestro corazón clama: “¿Quién puede? ¿Quién tiene la capacidad de suplir la necesidad del hombre en una situación tan difícil como esta?”.

Gracias a Dios, existe una respuesta.

Cuando Dios vio la condición de la humanidad, inmediatamente comenzó a preparar una provisión para nuestra redención.

Él sabía que la humanidad no podría redimirse a sí misma; sabía que la humanidad no tenía la capacidad de llegar hasta su trono.

Por eso, primero Dios le dio a la humanidad el pacto abrahámico. Después, cuando los descendientes de Abraham se convirtieron en una nación, Dios les dio la ley del pacto, la cual incluía el sacerdocio, la expiación y los sacrificios y ofrendas del pacto. Todas esas cosas le fueron dadas a Israel como preparación de lo que vendría, porque de esta nación vendría el DiosHombre encarnado, que haría dos cosas:

En primer lugar, rompería el poder de Satanás, para redimir a la humanidad de su esclavitud y restaurarla a una plena justicia, por medio de la cual podría estar en la presencia del Padre del mismo modo en que lo estaba Adán antes de la caída. Esto quitaría la conciencia de culpabilidad y pecado permanentes de la humanidad.

En segundo lugar, rompería el dominio de Satanás y redimiría a la humanidad de forma tan completa que el hombre o la mujer más débil participarían de la justicia restaurada de tal forma que él o ella podrían vivir una vida de victoria total sobre el diablo.

Este Dios-Hombre (encarnado) haría un sacrificio tan completo y perfecto que Dios no sólo restauraría legalmente la justicia perdida de la humanidad, sino que también le daría a la humanidad un acceso pleno a todo su poder y su fuerza, haciendo con ello de la humanidad una creación totalmente nueva.

Así es, cuando Dios hace de la humanidad una nueva creación, imparte en ellos su propia naturaleza, sacando de ellos cualquier temor y pecado que pudiera haber. Esto está completo hasta que la humanidad puede estar en la presencia misma de Dios, soportando la radiante luz de su gracia y amor.

Una vez redimidos, podemos florecer, como lo hace una rosa bajo el sol, hasta que la plenitud del amor de Cristo venga inundando nuestro ser antes de regresar de nuevo a Él. Somos sus hijos amados.

Lector, se encuentra usted en presencia del milagro de milagros, la gracia de Dios, la cual está restaurando a la raza humana perdida, sacándola de su órbita de egoísmo, debilidad y temor y llevándola a la esfera de la fe, el amor y la vida de Dios.

Dios no sólo nos restaurará legalmente la justicia, nos redimirá y nos hará nuevas criaturas, sino que también nos dará su Espíritu Santo. El Espíritu grande y poderoso que resucitó a Jesús de los muertos vendrá a nuestros cuerpos y hará de ellos su hogar.

Y no sólo hace eso, sino que también nos da derecho legal a usar su nombre para echar fuera demonios, imponer manos sobre los enfermos para que sanen y derrotar los propósitos de Satanás.

Oh, tenemos ese nombre. Ese nombre nos hace ser como Él.

Cuando usted vive por ese nombre y camina en ese nombre, el diablo no puede distinguirle de Jesús. Tiene el nombre de Él estampado en usted.

Ah, pero Él hizo algo más.

También nos dio la revelación. Lo llamamos la Palabra, y es la Palabra del Espíritu.

Si usted ha sido redimido, el Espíritu grande y poderoso que resucitó a Jesús de los muertos ha llegado a su vida. Ahora, a través de los labios humanos, el Espíritu Santo blande esa Palabra y vence a los grandes ejércitos del infierno.

Usted es un hijo de Dios, llamado a tener comunión con Jesucristo con una justicia y libertad restauradas. Es una nueva criatura en la que habita el Espíritu Santo con la Palabra viva de Dios.

Tiene usted una comunión tan rica como jamás Adán soñó tener.

Y cuando Jesús vuelva, este cuerpo que fue hecho mortal por Satanás y el pecado recibirá inmortalidad y nunca volverá a morir. La muerte no puede amenazarnos ni llenarnos de temor. Ahora, permanecemos en toda la plenitud de su obra terminada.

Imagínese lo que será cuando las puertas de perlas se abran y nosotros, sus súbditos de amor, sus eternamente redimidos, contemplemos a nuestro Señor sentado en el trono de los siglos.

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Archivado bajo Amor, Cristologia, Favor, Fe, gracia, jesus, kenyon, pacto de sangre, redención

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