El Pacto de Sangre – Capítulo 7


pacto de sangre 7

Capítulo 7

Israel, el pueblo del pacto de sangre

Quiero que preste atención a varias cosas milagrosas que tienen conexión con Israel, el pueblo del pacto de sangre.

Como ya he mencionado, este pacto garantizaba la protección física de Israel, protección tanto de sus enemigos como de la pestilencia y la enfermedad.

Israel viajó a Egipto y, a pesar de su esclavitud, se convirtió en una gran nación de más de tres millones de personas. Dios les sacó mediante una serie de milagros que hace temblar la razón humana. Lo hizo porque estaba en una relación de pacto de sangre con Israel; Él había prometido protegerles.

Cuando los israelitas estaban a orillas del mar Rojo después de haber sido liberados de su esclavitud, Dios dijo: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26).

Dios era su Médico de pacto de sangre. A nosotros nos cuesta entender del todo lo que esto significaba. Sabemos que tras la liberación de Israel de Egipto, vagaron por el desierto durante cuarenta años. Durante ese periodo, Dios les dio una columna de nube para protegerles del ardiente sol del desierto y una columna de fuego durante la noche para darles luz y calor (véase Éxodo 13:21). Les dio comida y agua, y suplió todas sus necesidades.

La ley y el sacerdocio

Después, Dios les dio la ley de pacto de sangre. Lo llamamos la ley mosaica porque Moisés fue el instrumento mediante el cual llegó a Israel. Esta ley era para separarles de todas las demás naciones de la tierra. Era para hacerles un “especial tesoro” (Éxodo 19:5) sobre el que Dios pudiera derramar bendiciones poco frecuentes, todo ello sobre la base de su pacto de sangre.

El pacto era el centro sobre el que giraba toda la vida israelita.

Por supuesto, la ley fue quebrantada casi en el mismo instante en que fue dada. Así, se estableció el sacerdocio. Antes de ello, Israel nunca había tenido un sacerdocio señalado de forma divina; pero ahora, Dios escogió a los sacerdotes, y un sumo sacerdote que les guiara. Junto con el sacerdocio llegaron también las ofrendas de expiación. Nunca antes Israel había experimentado un día de la expiación.

Todas las ofrendas que Israel había conocido habían sido ofrendas de paz u ofrendas de holocaustos. Ahora, Dios señaló un sacrificio especial en el cual la sangre actuaría como una cubierta de protección por haber quebrantado la ley. Era una cubierta para la nación que les permitía habitar con Dios en medio de ellos.

En hebreo, la palabra usada para expiación significa “cubrir”. Debido a su desobediencia al quebrantar la ley, Israel no era apta para estar al descubierto en la presencia de Dios. Por tanto, Él les dio el concepto de la expiación, simbolizado por la ofrenda de sangre que servía como una cobertura para el estado de muerte espiritual de la nación.

Una vez al año, el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo para hacer expiación, situándose entre Dios y su pueblo como una garantía del pacto. A menos que se produjera un pecado de extrema gravedad entre el pueblo, esta era la función principal del oficio de sumo sacerdote. En el día de la expiación, él depositaba los pecados del pueblo sobre dos machos cabríos. Uno de ellos era sacrificado, y el otro (el chivo expiatorio) era liberado en el desierto para ser destruido.

El oficio de sumo sacerdote se hizo necesario para poder mantener la comunión de Israel y su posición correcta delante de Dios y para asegurar su protección.

Con la expiación y el sacerdocio llegaron también otros sacrificios de pacto de sangre. Las cinco grandes ofrendas mencionadas en los primeros siete capítulos de Levítico son: los holocaustos, la ofrenda de comida, la ofrenda de paz, ofrendas por el pecado y la ofrenda expiatoria. Estas ofrendas tenían que ver con la comunión y la ruptura de la comunión con Dios. Tenían que ver con la vida cotidiana del pueblo.

Cuando un israelita estaba en comunión, podía llevar el holocausto, la ofrenda de comida o la ofrenda de paz. Otras ofrendas tenían que ver con las relaciones rotas. Cuando un hombre había pecado contra su hermano, tenía que llevar una ofrenda por el pecado. Cuando había pecado contra las cosas santas de Dios, llevaba una ofrenda de expiación.

Para mantener una buena posición con las distintas obligaciones y privilegios, los sacrificios de pacto de sangre de Israel se convirtieron en una práctica continua de su fe.

Bendición del pacto

Dios tenía ciertas obligaciones que cumplir como parte de su pacto. Tenía la obligación de proteger a Israel de los ejércitos de las naciones que les rodeaban, de hacer que su tierra produjera cosechas, y de asegurarse de que sus rebaños crecieran y se multiplicarán.

La mano de Dios estaba sobre el pueblo de Israel dando bendición. Ellos crecieron en estatura y en riquezas. Se irrigaron sus montes; sus valles se llenaron de materias primas muy valiosas. No había ninguna otra nación como ellos. Dios era su Dios; ellos eran su pueblo de pacto. Él era su Conquistador y Protector.

Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo. (Josué 23:9–10).

Otro ejemplo de protección se encuentra en uno de los mayores guerreros que jamás ha existido en el mundo. Sansón tenía protección divina, así como una gran fortaleza física y destreza.

Y Sansón descendió… a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él. Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. (Jueces 14:5–6)

Se decía que uno de los hombres fuertes del rey David fue capaz de matar a ochocientos enemigos en un solo combate (véase 2 Samuel 23:8).

Israel era el “especial tesoro” de Dios. Era el tesoro del corazón de Dios.

El juicio

Uno de los eventos más trágicos en la historia de la humanidad fue la destrucción de la ciudad de Jerusalén, cuando la mayor parte de la nación de Israel fue llevada en cautiverio a Babilonia por haber pecado contra el pacto.

Dios les había advertido de las maldiciones que vendrían sobre ellos si rompían el pacto con Él.

Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas. Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra.(Deuteronomio 28:22–25)

Jerusalén estaba en ruinas, y el templo fue destruido por completo, todo debido a que Israel había roto su relación de pacto de sangre con Dios.

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