El Pacto de Sangre – Capítulo 5


pacto de sangre 5

Capítulo 5

El sacrificio de Abraham

Y [Dios] dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Génesis 22:2)

Este fue el mandamiento más aterrador de Dios que Abraham recibió mientras estaba paralizado en la presencia de Dios. No hubo vacilación por parte de Abraham.

Piense en lo que eso significaba para él. Abraham y Sara eran ancianos. Abraham tenía casi cien años de edad, y Sara tenía noventa años. Según la ciencia y la biología, era imposible que ellos pudieran convertirse en padres de un niño. Incluso la Escritura confirmaba esto: “Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres” (Génesis 18:11).

Pero, como parte de su pacto, Dios le había prometido a Abraham un hijo.

A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?… Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. (Génesis 17:15–17, 19)

El apóstol Pablo escribió:

Y [Abraham] no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:19–21)

Abraham “tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe”. Abraham creyó a Dios.

Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. (Génesis 21:1–3)

El niño creció y se convirtió en un joven, hasta que un día, Dios lo pidió.

Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Génesis 22:2)

Abraham no dudó, aunque eso significaba renunciar a lo que tanto había querido, pero emprendió con el joven un viaje de tres días y tres noches.

Al llegar al monte Moriah, construyeron juntos el altar.

Abraham puso a Isaac sobre el altar y alzó un cuchillo para sacrificarle justamente cuando el ángel del Señor intervino, diciendo: “Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho” (Génesis 22:11–12).

Dios había encontrado a un hombre que guardó el pacto.

Después, el ángel volvió a hablar, diciendo:

Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. (versículos 16–17)

Observe que Dios dijo: “Por mí mismo he jurado”. Esto es lo más solemne que un hombre puede imaginar.

Abraham había demostrado ser digno de la confianza de Dios.

El Dios que guarda el pacto

Antes de que esto ocurriera, cuando Dios estaba a punto de destruir Sodoma y Gomorra, Abraham apeló al Creador de una manera que deja estupefacta a la imaginación. Abraham preguntó: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25).

Después, Abraham comenzó a rogar por cualquier justo que pudiera haber en la ciudad. Dios permitió que Abraham, sobre la base de su relación de pacto de sangre, se convirtiera en un intercesor por las ciudades malvadas de Sodoma y Gomorra.

Cuando Abraham entró en el pacto, obtuvo el derecho a arbitrar entre los hombres malos de la tierra y el Dios de toda la creación.

Abraham estableció un precedente de intercesión sobre la base del pacto de sangre, un precedente que se ha mantenido a lo largo de los siglos.

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