Un Perdón Gratuito (D. L. Moody)


En su libro “La Gracia Soberana“, D. L. Moody nos cuenta una maravillosa historia de lo que nos da la gracia de Dios, un perdón gratuito.

No te la puedes perder.

Abraham_Lincoln_November_1863

UN PERDÓN GRATUITO

Yo estaba predicando hace unos años en los Estados del sur; y el pastor llamó mi atención sobre uno de los ancianos en su Iglesia. Él me dijo:

Cuando la guerra civil estalló, ese hombre estaba en uno de los lejanos Estados del sur, y se alistó en el ejército del sur. Él fue seleccionado por el General sureño como un espía, y lo envió a espiar al ejército norteño.

Como usted sabe, los ejércitos no tienen misericordia con los espías, si ellos pueden capturarlos. Este hombre fue capturado.

Él fue procesado por consejo de guerra, y destinado para ser fusilado.

Mientras él estaba en la celda, antes del tiempo de la ejecución, los soldados Norteños le traían sus raciones. Cada vez que ellos venían a su celda él llamaba a Abraham Lincoln con toda clase de epítetos viles en los que él podía pensar. Parecía como si pasara las noches despierto intentando estudiar tales palabras.

Finalmente los soldados se pusieron tan enfadados que dijeron que se alegrarían cuando la bala traspasara su corazón. Algunos de ellos incluso dijeron que les gustaría tirarle una bala; y que si no les obligaran por orden del ejército a alimentarlo, le dejarían hambrear en la prisión.

Ellos pensaron que eso era lo que se merecía por hablar tan injustamente de Lincoln.

Un día mientras él estaba en la prisión, esperando ser llevado afuera para la ejecución, un oficial norteño vino a la celda. El prisionero, lleno de rabia, pensó que había llegado su tiempo para ser fusilado.

¡El oficial abrió la puerta de la prisión, y le entregó un perdón gratuito de Abraham Lincoln! ¡Le dijo que estaba en libertad; y que él podría ir con su esposa y sus hijos!

El hombre que había antes estado tan lleno de amargura, malicia, y rabia, de repente se tranquilizó, y le dijo, “¡Cómo! ¿me ha perdonado Abraham Lincoln? ¿Por qué? Yo nunca dije una palabra buena sobre él”.

El oficial dijo, “Si usted tuviera lo que se merece se le fusilaría. Pero alguien intercedió por usted en Washington y obtuvo su perdón; usted está ahora en libertad”.

El pastor, según me explicó, dijo que este acto de bondad inmerecida quebrantó completamente el corazón del hombre y le llevó a su conversión.

El pastor me dijo: “Usted deje a cualquier hombre hablar una palabra ahora contra Abraham Lincoln a oídos de ese hombre, y verá lo que pasará. No hay un hombre en toda la República de América, yo creo, que tenga un sentimiento más amable hacia nuestro fallecido Presidente que él”.

Pues eso es la gracia.

El hombre no merece un perdón. Pero esto es exactamente lo que la gracia es: misericordia inmerecida.

Usted puede haber sido un rebelde contra Dios hasta esta misma hora; pero si usted reconoce su rebelión, y está deseoso de tomar la misericordia que Dios le ofrece, usted puede tenerla libremente. Ella está allí para cada alma sobre la superficie de la tierra.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

¡Gracias a Dios por eso! La salvación a través de la gracia es para todos los hombres. Si nosotros estamos perdidos, no será porque Dios no ha proporcionado a un Salvador, sino porque nosotros rechazamos con desprecio el regalo de Dios; porque arrojamos de nosotros la copa de la salvación.

¿Qué dice Cristo? Usted recuerda que cuando Él estaba en la tierra, vinieron a Él y le preguntaron lo que debían hacer para obrar las obras de Dios. Él había estado diciéndoles que no trabajaran por el pan que perece, sino por la comida que permanece para la vida eterna.

Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? (Juan 6:28).

¿Qué les dijo Jesús que hicieran? ¿Les dijo Él, id y alimentad al hambriento, a vestir al desnudo, a visitar a la viuda y el huérfano en su aflicción? Quizás usted puede decir que, según la Escritura, eso es “la religión pura y sin mácula” (Santiago 1:27).

Concedido; pero algo viene antes de eso. Todo eso es correcto y necesario en su lugar.

Pero cuando estos hombres quisieron saber lo que ellos tenían que hacer para heredar la vida eterna, Jesús les dijo: “ÉSTA ES LA OBRA DE DIOS, QUE CREÁIS EN EL QUE ÉL HA ENVIADO” (Juan 6:29).

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