Archivo diario: junio 5, 2017

Un Perdón Gratuito (D. L. Moody)

En su libro “La Gracia Soberana“, D. L. Moody nos cuenta una maravillosa historia de lo que nos da la gracia de Dios, un perdón gratuito.

No te la puedes perder.

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UN PERDÓN GRATUITO

Yo estaba predicando hace unos años en los Estados del sur; y el pastor llamó mi atención sobre uno de los ancianos en su Iglesia. Él me dijo:

Cuando la guerra civil estalló, ese hombre estaba en uno de los lejanos Estados del sur, y se alistó en el ejército del sur. Él fue seleccionado por el General sureño como un espía, y lo envió a espiar al ejército norteño.

Como usted sabe, los ejércitos no tienen misericordia con los espías, si ellos pueden capturarlos. Este hombre fue capturado.

Él fue procesado por consejo de guerra, y destinado para ser fusilado.

Mientras él estaba en la celda, antes del tiempo de la ejecución, los soldados Norteños le traían sus raciones. Cada vez que ellos venían a su celda él llamaba a Abraham Lincoln con toda clase de epítetos viles en los que él podía pensar. Parecía como si pasara las noches despierto intentando estudiar tales palabras.

Finalmente los soldados se pusieron tan enfadados que dijeron que se alegrarían cuando la bala traspasara su corazón. Algunos de ellos incluso dijeron que les gustaría tirarle una bala; y que si no les obligaran por orden del ejército a alimentarlo, le dejarían hambrear en la prisión.

Ellos pensaron que eso era lo que se merecía por hablar tan injustamente de Lincoln.

Un día mientras él estaba en la prisión, esperando ser llevado afuera para la ejecución, un oficial norteño vino a la celda. El prisionero, lleno de rabia, pensó que había llegado su tiempo para ser fusilado.

¡El oficial abrió la puerta de la prisión, y le entregó un perdón gratuito de Abraham Lincoln! ¡Le dijo que estaba en libertad; y que él podría ir con su esposa y sus hijos!

El hombre que había antes estado tan lleno de amargura, malicia, y rabia, de repente se tranquilizó, y le dijo, “¡Cómo! ¿me ha perdonado Abraham Lincoln? ¿Por qué? Yo nunca dije una palabra buena sobre él”.

El oficial dijo, “Si usted tuviera lo que se merece se le fusilaría. Pero alguien intercedió por usted en Washington y obtuvo su perdón; usted está ahora en libertad”.

El pastor, según me explicó, dijo que este acto de bondad inmerecida quebrantó completamente el corazón del hombre y le llevó a su conversión.

El pastor me dijo: “Usted deje a cualquier hombre hablar una palabra ahora contra Abraham Lincoln a oídos de ese hombre, y verá lo que pasará. No hay un hombre en toda la República de América, yo creo, que tenga un sentimiento más amable hacia nuestro fallecido Presidente que él”.

Pues eso es la gracia.

El hombre no merece un perdón. Pero esto es exactamente lo que la gracia es: misericordia inmerecida.

Usted puede haber sido un rebelde contra Dios hasta esta misma hora; pero si usted reconoce su rebelión, y está deseoso de tomar la misericordia que Dios le ofrece, usted puede tenerla libremente. Ella está allí para cada alma sobre la superficie de la tierra.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

¡Gracias a Dios por eso! La salvación a través de la gracia es para todos los hombres. Si nosotros estamos perdidos, no será porque Dios no ha proporcionado a un Salvador, sino porque nosotros rechazamos con desprecio el regalo de Dios; porque arrojamos de nosotros la copa de la salvación.

¿Qué dice Cristo? Usted recuerda que cuando Él estaba en la tierra, vinieron a Él y le preguntaron lo que debían hacer para obrar las obras de Dios. Él había estado diciéndoles que no trabajaran por el pan que perece, sino por la comida que permanece para la vida eterna.

Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? (Juan 6:28).

¿Qué les dijo Jesús que hicieran? ¿Les dijo Él, id y alimentad al hambriento, a vestir al desnudo, a visitar a la viuda y el huérfano en su aflicción? Quizás usted puede decir que, según la Escritura, eso es “la religión pura y sin mácula” (Santiago 1:27).

Concedido; pero algo viene antes de eso. Todo eso es correcto y necesario en su lugar.

Pero cuando estos hombres quisieron saber lo que ellos tenían que hacer para heredar la vida eterna, Jesús les dijo: “ÉSTA ES LA OBRA DE DIOS, QUE CREÁIS EN EL QUE ÉL HA ENVIADO” (Juan 6:29).

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Estoy Desnudo

Estoy Desnudo

 Estoy desnudo
Filipenses 3:3-7
3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.
4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más:
5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;
6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.
7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.
8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,
9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte
Pablo tenia muchas cosas de que gloriarse, no solo su raza, su religión, su familia, su caminar intachable, cosas que aparentemente podían justificarlo ante Dios.
Pablo vivía en un sistema de obras por medio de las cuales intentaba agradar a Dios, pero como vemos eso lo tomó por basura a fin de conocer a Jesucristo.
Pablo tuvo que desnudarse de su propia justicia (que era por medio de sus obras) y vestirse de la justicia que viene por la fe de Jesucristo.
Efesios 2:8-9
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.
Nosotros tampoco podemos acercarnos a Dios por medio de nuestras acciones, no somos salvos por medio de nuestras obras, sino por la gracia de Dios.
Debemos dejar de lado el sistema de obras en el que hemos vivido toda nuestra vida para alcanzar el cielo.
He escuchado gente que me dice: “Estoy trabajando para mi salvación”; siempre les pregunto: “Y, ¿cuándo te jubilas?”
Ellos piensan que por medio de sus obras y buenas acciones lograran la salvación deseada, pero no lo consiguen, pues no es un asunto de obras sino de fe en Jesucristo.
Debemos entender que no somos nosotros sino Dios por medio de la obra de Cristo en la cruz
La salvación no depende de las cosas que haga el hombre, por muy buenas que sean, depende de la gracia de Dios que se manifestó por medio de la obra de Cristo en la cruz.
Así que desnudémonos de todas nuestras buenas obras y todo intento de agradar a Dios por medio de nuestras acciones y dependamos sencillamente de Dios, viniendo a Él por medio de la fe en Jesucristo.

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