26 Días de Fe – Día 21


En esta clase aprenderemos acerca de la clase de fe de Dios, que es y como aplicarla a nuestra vida.

26diasdefe21

Lección 21 – La Clase De Fe De Dios

Textos Bíblicos: Marcos 11:12-14,20-24; Romanos 10:13-14,17.

Verdad Central: La clase de fe que habló trayendo al universo a la existencia es repartida a nuestros corazones.

Hay dos cosas que se deben notar acerca de la clase de fe de Dios. Primero, el hombre cree en su corazón. Segundo, él cree con sus palabras. No es suficiente el creer con el corazón. Para conseguir que Dios obre para ti, tienes que creer con tus palabras también. Jesús dijo: “Cualquiera que dijere…y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice; lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23). Esta es la inalterable ley de la fe.

Marcos 11:12-14,20-24 dice: “Al día siguiente cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera; nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos… Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.  Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá”.

Vamos a enfocar nuestra atención en la afirmación, “Tened fe en Dios“, o como dice al margen, “tened la fe de Dios“. Los eruditos del griego nos dicen que esto debería traducirse: “Tened la clase de fe de Dios“. Jesús demostró que tenía la clase de fe de Dios. De lejos, Jesús vio que la higuera tenía hojas. Pero cuando se acercó, buscando fruto, vio que era estéril. Algunos preguntan por qué buscó Jesús higos en este árbol cuando no era tiempo para que tuviera fruto. Sin embargo, en aquel lugar, los árboles que retenían sus hojas generalmente también tenían fruto.

Al no encontrar fruto en el árbol, Jesús dijo: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“.

Al día siguiente, cuando Jesús y Sus discípulos pasaron otra vez por ahí encontraron el árbol seco desde las raíces. Sorprendido Pedro dijo: “Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.” Fue entonces cuando Jesús hizo la afirmación, “Tened fe (tened la fe de Dios, o la clase de fe de Dios). Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (vs. 22-23).

Después de decirles a sus discípulos que tuvieran la clase de fe de Dios, Jesús prosiguió explicando en el versículo 23, lo que eso significaba: la clase de fe de Dios es la clase de fe en la cual un hombre cree con su corazón y dice con su boca lo que cree en su corazón, y sucede.

Jesús mostró que tenía esa clase de fe, porque creyó que lo que dijo sucedería. Él dijo a la higuera: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti“. Esta es la clase de fe que habló al mundo a existir. “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). ¿Cómo lo hizo? Dios creyó que lo que dijo sucedería. Él habló la Palabra y se hizo la tierra. Él habló al reino vegetal para que exista. Habló al reino animal para que exista. Habló para que existan los cielos así como también la tierra, la luna, el sol, las estrellas y el universo. Él lo dijo y fue así. Esa es la clase de fe de Dios. El creyó que lo que dijo sucedería y sucedió.

La Medida De Fe

Jesús demostró la clase de fe de Dios a sus discípulos, y entonces les dijo que ellos también tenían esa clase de fe; la fe que un hombre cree con su corazón, dice con su boca lo que cree, y sucede. Alguien puede decir: “Yo quiero esa clase de fe. Voy a orar para que Dios me la dé“. Sin embargo, no necesitas orar por eso; tú ya la tienes. “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí mismo que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

Nota que Pablo escribió esto a creyentes, porque él dice: “A cada cual que está entre vosotros“. La epístola a los Romanos no fue escrita a los pecadores en el mundo, es una carta para los cristianos. Él dirige esta carta “A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos” (Romanos 1:7). Y en ella les dice que Dios ha dado a “cada uno la medida de fe“. Pablo también dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Pablo está diciendo aquí que esta fe no es tuya. Él no se estaba refiriendo a la gracia, porque todos saben que la gracia es de Dios. Él está diciendo que la fe por la cual somos salvos no es nuestra. No es una fe humana natural. Fue dada por Dios a los pecadores. Y ¿cómo le dio Dios fe a los pecadores para ser salvos? Romanos 10:17 dice: “Así que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios“. En estos versículos Pablo ha dicho que la fe: (1) es dada, (2) es repartida, y (3) viene.

Creer y Decir – La Clave Para La Fe

Nota otra vez las palabras de Romanos 10:8: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos“. ¿Cómo se compara esto con las palabras de Jesús en Marcos 11:23?  Los escritos de Pablo a los Romanos concuerdan exactamente con lo que Jesús les dijo a sus discípulos cuando dijo: “Cualquiera que diga…y no dudare en su corazón, sino creyere…lo que diga le será hecho“. Vemos aquí el principio básico inherente a la clase de fe de Dios: el creer con el corazón y decirlo con la boca. Jesús lo creyó y lo dijo. Dios lo creyó y lo dijo, creando la tierra en existencia a través de palabras.

Los versículos 9 y 10 de este mismo capítulo 10 de Romanos dice: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación“. Una medida de fe es repartida al pecador por el oír de la Palabra. Entonces él la usa para crear la realidad de la salvación en su propia vida.

Cuando se les pregunta a los cristianos: “¿Cuándo fuiste salvo?“, con frecuencia, contestan algo así: “Alrededor de las nueve de la noche del 10 de Julio“. Están equivocados, sin embargo, porque Dios los salvó hace cerca de 2,000 años. Sólo se volvió una realidad cuando ellos lo creyeron y lo confesaron. La salvación le pertenece a todos. Todo hombre y mujer en este mundo tiene derecho legal a la salvación. Jesús murió por todo el mundo, no solo por ti y por mí. Cuando la verdad es predicada al pecador, esto causa que la fe venga. Cuando él cree y confiesa, él crea la realidad de ello en su propia vida a través de su fe.

Romanos 10:13-14,17 dice: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”.

Así como la fe viene por el oír la Palabra de Dios, es también con todo lo que recibimos de Dios. La clase de fe de Dios viene por el oír la Palabra de Dios. En otras palabras, Dios hace que la clase de fe de Dios venga a los corazones de aquellos que la oyen. Con razón Jesús dijo: “Mirad pues, como oís” (Lucas 8:18). No puedes dejarlo entrar por un oído y salir por el otro, porque eso no haría ningún bien. La fe no vendrá así. Si actúas como si la Palabra de Dios fuera una leyenda, la fe no va a venir así. Pero cuando la aceptas reverentemente, cuando actúas sobre ella, la fe viene.

Pablo escribió a la iglesia de Corinto: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito. Creí por lo tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Corintios 4:13).

Pablo dijo que tenemos el mismo espíritu de fe. Y lo que le perteneció a la iglesia de Corinto, le pertenece a la iglesia de hoy. En ninguna ocasión Pablo o alguno de los apóstoles escribieron para animar a la gente a creer; nunca les dijeron que tuvieran fe. Nuestra necesidad de animar a los creyentes a creer o a tener fe es resultado directo de que la Palabra de Dios ha perdido su realidad en nosotros. ¡Somos creyentes! Cuando nuestros hijos están lejos, no tenemos que decirles: “Acuérdense de continuar respirando“. Ellos seguirán respirando mientras estén vivos. Tampoco tenemos que animar a los creyentes a creer porque esto es lo que son; creyentes. ¿Cuántos de nosotros nos damos cuenta de que nuestras palabras nos dominan? “Te has enlazado con las palabras de tu boca…” (Proverbios 6:2). Otra versión dice: “Vosotros habéis sido tomados cautivos con las palabras de vuestra boca“. Un joven una vez me dijo que nunca fue vencido hasta que confesó que lo era. Un ministro bautista lo puso de esta manera: “Dijiste que no tenías fe y la duda se levantó como un gigante y te ató. Eres aprisionado con tus propias palabras. Tú hablas fracaso y el fracaso te mantiene en cautiverio“.

La derrota y el fracaso no le pertenecen al hijo de Dios. ¡Dios nunca hizo un fracaso! Dios nos hizo nuevas criaturas. No somos nacidos de la voluntad de la carne o del hombre, sino de la voluntad de Dios. Somos creados en Cristo Jesús. Los fracasos son hechos por el hombre. Son hechos por el creer erróneo y el pensar erróneo. 1 Juan 4:4 dice: “Mayor es El que está en ti, que el que está en el mundo“. Aprende a confiar en el que es Mayor que está en ti. Él es más poderoso que cualquiera en el mundo.

¡Dios creó el universo con palabras! Las palabras llenas de fe son las cosas más poderosas del mundo.

La clave para la clase de fe de Dios es creer con el corazón y confesar con la boca.

Nuestros labios pueden hacernos millonarios o mantenernos pobres.

Nuestros labios nos pueden hacernos vencedores o mantenernos cautivos.

Podemos llenar nuestras palabras con fe o podemos llenar nuestras palabras con duda.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que derretirá el corazón más frío, o podemos llenar nuestras palabras con odio y veneno.

Podemos llenar nuestras palabras con amor que ayudará al desanimado y al de corazón quebrantado, con fe que conmoverá el cielo.

Podemos hacer nuestras palabras respirar la misma atmósfera del cielo.

Nuestra fe nunca se levantará por encima de las palabras de nuestros labios. Jesús dijo a la mujer con el flujo de sangre que su fe la había hecho salva.

Pueden venir pensamientos y persistir en quedarse. Pero si rehusamos poner esos pensamientos en palabras, ¡se mueren sin haber nacido!

Cultiva el hábito de pensar en cosas grandes. Aprende a usar palabras que reaccionarán sobre tu propio espíritu.

Las confesiones de fe crean realidades. La realización sigue a la confesión. La confesión precede a la posesión.

Texto Para Memorizar: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Romanos 10:8).

Tomado y editado del Capítulo 21 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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