26 Días de Fe – Día 20


En esta enseñanza veremos los 6 enemigos de la fe.

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Lección 20 – Seis Enemigos De La Fe

Textos Bíblicos: 2 Corintios 5:17,21; Juan 16:23-24; Romanos 10:10; Marcos 11:23-24

Verdad Central: Cuando nosotros “peleamos la buena batalla de la fe“, podemos salir del angosto lugar del fracaso y entrar al infinito poder de Dios.

Nuestra lección hoy trata con “la buena batalla de la fe“, como menciona 1°Timoteo 6:12. Yo algunas veces he oído a algunos decir que van a pelear contra el diablo. Yo no sé por qué, porque en primer lugar no podrían. En segundo lugar, Jesús ya ha derrotado al diablo a nuestro favor. Jesús fue nuestro sustituto. También he oído a algunas personas decir que van a pelear contra el pecado. Yo no voy a pelear contra el pecado, voy a predicar la cura para el pecado. Jesús es la cura.

La única batalla que el creyente está llamado a pelear es la “buena batalla de la fe“. Y si hay una pelea, entonces debe haber enemigos o estorbos para la fe. Si no hubiera enemigos de la fe, no habría pelea. En esta lección trataremos con seis enemigos de la fe.

Enemigo No. 1 – Falta De Entender Lo Que Significa Ser una Nueva Criatura En Cristo

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La falta de entendimiento de lo que significa ser una nueva criatura obstaculiza nuestra vida de fe. Mucha gente no se da cuenta que ellos son realmente nuevas criaturas; piensan que cuando fueron salvos, Dios solamente los perdonó de sus pecados. Les sería de poco provecho si esto fuera todo lo que el pecador recibiera, porque es un hijo del diablo y todavía iría al infierno. Él tiene que nacer de nuevo. Él tiene que convertirse en una nueva criatura dejando todos sus viejos caminos pecaminosos. No, nosotros no sólo somos pecadores perdonados. No somos meros miembros de iglesia viviendo con las justas. No estamos viviendo al final de la cuadra en la calle “Luchando para llegar al Cielo“, contiguo al callejón “queja“. ¡Eso no es para nosotros! Somos nuevas criaturas, creadas por Dios en Cristo Jesús con la misma vida y naturaleza de Dios en nuestros espíritus. Somos los niños de Dios, hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús.

Enemigo No. 2 – Falta De Entender Nuestro Lugar En Cristo

Dondequiera que voy sugiero que los cristianos vayan a través del Nuevo Testamento, particularmente las epístolas, y escriban las frases “en Cristo“, “en quien“, y “en El“. El escribirlas ayudará a recordarlas. Hay aproximadamente 140 de estas expresiones en el Nuevo Testamento. Si lees y meditas en estas escrituras hasta que se vuelvan una parte de ti, la vida se te hará diferente. A medida que leas estos versículos, dite a ti mismo: “Esto es lo que soy. Esto es lo que tengo en Cristo Jesús“.

En una iglesia que yo visité había una mujer a quien el pastor describió como una de las trabajadoras cristianas más sobresalientes que había conocido. Ella se había graduado en un seminario de líderes con un grado en educación cristiana, y prestaba sus servicios a la iglesia gratuitamente. Durante nuestro avivamiento en ese lugar, yo urgí a la gente para que comenzaran a memorizar y a reclamar estos versículos. Después de un tiempo esta mujer se me acercó y me dijo que había estado confesando veinticinco de estas escrituras, y que se había convertido en una persona completamente diferente. Se dio cuenta de que ya no se preocupaba más. Ella me dijo que pensaba y actuaba de diferente manera. Se sentía diferente. Estaba sorprendida de ella misma. Yo le dije que estaba comenzando ahora a andar en la luz de lo que siempre había tenido: Ella, como muchos cristianos, no había llegado a comprender lo que Cristo era en su vida. Esto obstaculizaba su fe. El recibir ese entendimiento la curó de su hábito de la preocupación.

Enemigo No. 3 – Falta De Entender La Justicia

2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos la justicia de Dios en El”.

La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Por lo tanto por el nuevo nacimiento nos volvemos una nueva criatura justa.

Sabemos que Dios no hizo ninguna nueva criatura injusta. Somos creados por Dios en Cristo Jesús. Él hizo una nueva criatura justa. Somos hijos e hijas de Dios como si nunca hubiéramos pecado. Podemos estar en Su presencia sin conciencia de pecado, sin ningún sentimiento de culpa o vergüenza. No tenemos que estar paralizados por el temor. Podemos venir a la presencia de Dios porque ahí pertenecemos. Cuando nacimos de nuevo, nuestros pecados fueron perdonados porque nuestra vida pasada dejó de existir. Dios dijo que no recordaría nuestras transgresiones (Jeremías 31:34). Y si Él no las recuerda, ¿por qué debemos hacerlo nosotros?

Algunos pueden preguntar: “Pero yo he cometido pecados desde que me hice cristiano, ¿cómo puedo ser justo?” La respuesta a esta pregunta se encuentra en 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad“. Cuando el creyente que ha pecado confiesa su pecado y pide perdón, el Señor hace dos cosas: Primero, lo perdona. Segundo, lo limpia de toda maldad.

Cuando hemos pecado nos sentimos culpables y tenemos una sensación de injusticia. Nos sentimos indignos de venir a la presencia del Señor. Pero cuando confesamos nuestro pecado. El perdona y también limpia. Ganamos de nuevo nuestra posición correcta con Él.

La palabra “injusticia” es la palabra “justicia” con el prefijo “in” por delante, significando “no” o “no-justicia“. Si somos limpios de “no-justicia“, entonces somos justos otra vez.

Enemigo No. 4 – Falta De Entender Nuestro Derecho A Usar El Nombre De Jesús

Juan 16:23-24 dice: “…Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido”.

Cuando nos damos cuenta del poder del nombre de Jesús, cuando entendemos lo que ese nombre hará, entonces podemos derrotar a Satanás y disfrutar la victoria.

En el capítulo 16 de Marcos, Jesús les dijo a sus discípulos, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen…” (Marcos 16:15-17). A aquellos que creen este evangelio, estas señales les seguirán; no solamente a la iglesia primitiva, no solamente a los apóstoles, no solamente a los predicadores. Todos los creyentes pueden echar fuera demonios en Su nombre. Todo cristiano tiene autoridad sobre los demonios y espíritus malignos en el nombre de Jesús. En Su nombre ellos hablarán con nuevas lenguas. En Su nombre impondrán las manos sobre los enfermos y sanarán.

¡El nombre de Jesús tiene autoridad y poder hoy, y ese nombre nos pertenece!

Enemigo No. 5 – Falta De Actuar Sobre La Palabra

Si sabemos que la Palabra de Dios es verdad, y actuamos como que es verdad, entonces se convierte en una realidad en nuestras vidas. La Biblia dice: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5). Todo lo que es necesario que sepamos es “¿Qué dice la Palabra de Dios?“.

La gente con frecuencia me pregunta por qué no reciben sanidad. Ellos citan escrituras como “…El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17), y “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuisteis sanados” (1°Pedro 2:24). Ellos me dicen que creen estas escrituras. Entonces les pregunto: “Pero, ¿han actuado ustedes como que estos versículos son verdad?

A la edad de 46 años, al Doctor A.B. Simpson, un ministro Presbiteriano que más tarde fundó la Alianza Misionera Cristiana, le dijeron que estaba muriendo de una condición del corazón y que solamente tenía seis meses de vida. Tomó vacaciones y se fue a su granja para poder tener tiempo para estudiar la Palabra de Dios sobre el tema de la sanidad divina, un tema que había adquirido su interés. El escribió en el libro titulado El Evangelio de la Sanidad: “…durante aquel verano oí a varias personas dando testimonio de su sanidad por el simple hecho de confiar en la Palabra de Cristo, tal y como lo hicieron para recibir su salvación. Esto me llevó a estudiar la Biblia. Determiné que debía resolver este asunto una vez por todas.

Me alegro de no haber acudido a ningún hombre“, continuó. “A Sus pies, solamente, con la Biblia abierta, y con nadie para ayudarme o guiarme, me convencí de que esta era parte del Glorioso Evangelio de Cristo para un mundo pecador y sufriente, y que era parte de Su Compra en la Bendita Cruz, para todo aquel que creyere y recibiese Su Palabra”.

Simpson le prometió solemnemente a Dios que aceptaba la sanidad sin ninguna cuestión, que recibía a Jesús como su Sanador; y que predicaría y ministraría la sanidad en cualquier forma que Dios se lo pidiera.

Dos días después, Simpson fue invitado a predicar en una reunión en New Hampshire. Todo lo que le vino a la mente para hablar fueron las palabras “Él mismo” en Mateo 8:17. Así que El abrió su Biblia, leyó el versículo y les dijo a la audiencia que quería enfocar su atención a esas palabras. Entonces dio su testimonio acerca de cómo había estado escudriñando la Biblia y había llegado a la conclusión de que Jesús todavía sana hoy.

El día siguiente fue invitado a ir a escalar montañas. Su primera reacción fue que no podía ir por la condición de su corazón. Entonces recordó que había declarado su sanidad, así que aceptó la invitación. Hasta ese punto él no había sentido realmente su sanidad sino que solamente la había declarado. Luchó todo el camino montaña arriba. Cada vez que quitaba su mente de la escritura comenzaba a sentir dolor, y miedo. Pero a medida que venció estos sentimientos y reclamaba su sanidad, los síntomas se iban. El peleó esa batalla todo el camino hasta llegar a la cima de la montaña, pero salió victorioso. Prosiguió llevando una vida energética y activa en el servicio de Dios sin ningún tipo de síntomas. “Yo necesitaba tomar ese paso y reclamar mi victoria“, concluyó diciendo.

La fe real es hija del conocimiento de la Palabra de Dios. Simpson actuó en la Palabra y obtuvo fe real de ella. En vez de tratar de creer, él actuó sobre la Palabra.

Enemigo No. 6 – Falta de Asirnos Bien De Nuestra Confesión De Fe

Romanos 10:10 dice: “Porque con el corazón se cree para justicia; pero con la boca se confiesa para salvación”.

Marcos 11:23-24 dice: “Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte, quítate y échate en el mar; y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo, todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

Un joven ministro en San Luis, una vez me dijo, “Tengo treinta y dos años. Los doctores han dicho que es imposible que mi esposa tenga hijos. ¿Hablarás y orarás con nosotros?” A medida que hablábamos y orábamos juntos, su esposa dijo que ella confesaría que tendrían un hijo. En el pasado había dicho que a ella le gustaría tener un niño. Ahora diría que ellos tendrían un hijo. Doce meses más tarde recibí una carta diciendo que tenían una bebé robusta. Todo lo que ellos necesitaban hacer era actuar sobre la Palabra. La fe es medida por nuestra confesión. Nuestra utilidad para el Señor es medida por nuestra confesión. Eventualmente nos convertimos en lo que confesamos para bien o para mal. Hay una confesión de nuestro corazón y una confesión de nuestros labios, y cuando estas dos armonizan, nos volvemos poderosos en nuestra vida de oración. La razón por la que muchos cristianos son derrotados es porque hacen una confesión negativa. Siempre están hablando de sus debilidades y fracasos, e invariablemente se hunden al nivel de su confesión.

Hay una ley en las escrituras que yo descubrí de los labios de Jesús en Marcos 11:23-24, la cual fue citada anteriormente. Esta es la ley que dice que nuestras confesiones nos gobiernan. Somos lo que decimos. La mujer con el flujo de sangre, cuya historia encontramos en Marcos 5:25-34 dijo: “Si tocare solamente su manto, seré salva“. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote“. Lo que ella dijo era su fe hablando; y así sucedió.

Cuando nosotros peleemos “la buena batalla de la fe“, como el apóstol Pablo nos exhorta, podemos salir del angosto lugar del fracaso y la debilidad en el que vivimos y entrar al infinito poder de Dios.

Texto Para Memorizar: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12).

Tomado y editado del Capítulo 20 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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