26 Dias de Fe – Día 10


En esta lección empezaremos a definir lo que es la confesión de la Palabra de Dios

Lección 10 – La Confesión: Llave Para Abrir La Fe

Textos Bíblicos: Mateo 3:5-6; Juan 16:7-11; Mateo 10:32-33.

Verdad Central: La confesión del Señorío de Jesucristo es el verdadero corazón del evangelio.

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Muy pocos cristianos se dan cuenta del lugar que la confesión ocupa en el esquema de las cosas de Dios. Y es deplorable el hecho de que cada vez que usamos la palabra “confesión“, invariablemente la gente piensa en la confesión de pecados, debilidades y fracasos. Ese es el lado negativo de la confesión, pero hay un lado positivo. Y la Biblia dice más acerca de los aspectos positivos de la confesión que de los negativos.

El diccionario dice que confesar es “admitir o apropiarse, admitir la fe interna“. Confesar, de acuerdo con el diccionario, significa hacer confesión de las culpas de uno.

Hay cuatro clases de confesiones de las que se habla en el Nuevo Testamento: (1) Las enseñanzas de Juan el Bautista acerca de la confesión de pecados de los judíos; (2) La confesión del pecador de hoy en día; (3) La confesión de Pecados del creyente cuando está fuera de comunión con Dios; y (4) La confesión de nuestra fe en la Palabra de Dios.

La Confesión de los Pecados De Los Judíos.

Es importante que sepamos distinguir entre los pecados de los judíos bajo el primer pacto, a quienes Jesús y Juan el Bautista estaban hablando, y los pecados del no creyente de hoy, quien nunca ha conocido a Cristo.

Mateo 3:5-6: “Y salía a él Jerusalén y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán. Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”.

Aquí tenemos un cuadro del pacto de Dios confesando sus pecados y siendo bautizados por Juan. Este no es el bautismo del cristiano. Jesús no había muerto y resucitado. Juan no bautizaba en el nombre del Padre. Esta gente eran judíos bajo la Ley.

La Confesión Del Pecador De Hoy.

Juan 16:7-11: “Pero yo os digo la verdad: Oí; conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere os lo enviaré. Y mando él venga, convencerá el mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mi; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más. Y de juicio, por manto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

Observa las palabras de Jesús en el versículo 9: “De pecado, por cuanto no creen en mí“. Jesús nos muestra que el pecador será convencido por el Espíritu Santo de un solo pecado, y ese es “por cuanto no creen en mí“. Cuántas veces hemos insistido en que el pecador confesara todos los pecados que había cometido para poder ser salvo. Sin embargo, no podía confesar todos los pecados que había cometido. No podía recordar todo lo que había hecho. La principal confesión que el pecador puede hacer es el señorío de Jesús.

En Hechos 19:18 leemos, “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos“. Estos eran gentiles. No dice lo que confesaron, pero es evidente según el versículo siguiente que ellos estaban confesando las artes mágicas que practicaban. “Asimismo, muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos...” (v. 19). No estaban confesando estas cosas para ser salvos, porque ellos ya eran salvos. Las trajeron porque eran salvos. Después de ser salvos, fue más fácil hacerlo. Muchas veces la gente ha tomado la carreta antes que el caballo. Le dicen a la gente que todavía no es salva, “tú vas a tener que dejar esto y vas a tener que renunciar esto o aquello antes que puedas ser salva“. Pero lo más importante es que acepten el señorío de Jesús. Entonces esas cosas se ocuparán de sí mismas.

Había una familia en la última iglesia que pastoreé, en la que la esposa era salva pero el esposo no. Cuando les visité e invité al esposo a venir a la iglesia, me dijo, “no, no quiero ir a la iglesia, porque cuando lo hago me siento incómodo. Me siento bajo culpabilidad. Recientemente esta mañana, mi esposa me preguntó por qué no dejaba esto o aquello para ser salvo. Ella no lo sabe, pero hace semanas que llevo tratando de dejar estas cosas, pero siempre vuelvo a ellas. Lo he intentado, y he fallado. No tiene sentido que yo vaya a la iglesia. Simplemente no puedo vivirlo“.

Aquí hay un ejemplo de confesión al revés. Él estaba tratando de limpiar su vida y dejar todos sus malos hábitos. Estaba tratando de hacerlo por sí mismo para poder alcanzar la salvación. Pero lo que él tenía que hacer era simplemente confesar el señorío de Jesús. “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

El pecador ha servido a Satanás. Es culpable solamente de un pecado ante los ojos de Dios y ése es el rechazar a Jesús como Salvador y Señor. Dios requiere que el pecador confiese el señorío de Jesús. El requerir que el pecador confiese sus pecados antes que Dios pueda hacerle una nueva criatura no tiene más sentido que si el gobernador de un estado le dijera a un convicto en prisión, “yo te absolveré si confiesas que estás en prisión“. Es un hecho autoevidente que está en la cárcel. Del mismo modo es un hecho autoevidente que el pecador es un hijo del diablo. Lo que debe confesar es el señorío de Cristo. Debe estar realmente arrepentido de los pecados del pasado y apartarse de ellos, abandonándolos por completo, y admitiendo su necesidad de un Salvador. Entonces debe permitir que Jesús domine su vida diaria.

Observe también las palabras, “Si confesores con tu boca...”. Tiene que haber una confesión oral. Los labios deben enmarcar las palabras. La confesión no es solamente algo que hacemos para nosotros, sino también para el mundo alrededor nuestro y para Satanás, quien ha gobernado nuestras vidas.

Mientras dirigía una reunión en Dallas, Texas, hace unos cuantos años, varios hombres en la iglesia se me acercaron pidiendo oración por cierto hombre que todavía no era salvo, aunque había estado viniendo a sus reuniones de oración matutinas cinco días por semana, durante seis meses.

Cuando lo conocí unas noches después en un estudio bíblico del sábado por la noche que yo estaba dirigiendo especialmente para los hombres que trabajaban y no podían asistir a nuestras reuniones diurnas, el Señor inmediatamente me habló al corazón y me mostró cual era el problema. Tuvimos algunos testimonios en esta reunión, entonces le pedí a este hombre que se levantara y diera su testimonio. Sorprendido, vaciló y dijo, “¿Por qué? Yo no puedo. Todavía no soy salvo“. Entonces le pedí que buscara en su Biblia Romanos 10:9-10 y leyera estos versículos en voz alta. El leyó, “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación”.

Cuando le pedí que leyera la última frase otra vez, él repitió, “Pero con la boca se confiesa para salvación“.

Yo dije, “Ciertamente usted no puede ser salvo hasta que confiese. Es con la boca que la confesión se hace para salvación, de acuerdo a las escrituras que usted acaba de leer. Ahora póngase en pie y confiese que usted es salvo“.

Pero yo no me siento que soy salvo“, respondió.

Tal vez no“, le dije, “pero usted ha estado viniendo a esta iglesia muy temprano cada mañana por seis meses orando para ser salvo“.

Sí, yo me he arrepentido y he orado, llorado y suplicado a Dios por perdón“, dijo él. “Entonces todo lo que le falta es mantenerse firme en este versículo“, le dije. Entonces, algo vacilante, él se puso en pie y dijo, “Bien, yo creo en estos versículos, que Jesús murió por mis pecados y fue resucitado de los muertos, y que Dios lo levantó para mi justificación. Así que lo tomo como mi Salvador y lo confieso como mi Señor“. Entonces rápidamente se sentó.

Para dirigir la atención lejos de él, llamé a otro hombre para testificar. Varios otros también testificaron.

Mirando de nuevo a aquel hombre noté que su rostro estaba brillando con la gloria de Dios. Me volví a él y le dije, “¿Ahora le gustaría testificar otra vez?”

El saltó sobre sus pies y dijo, “Cuando hice aquella declaración, cuando confesé a Jesús como mi Señor, algo pasó dentro de mí“, y continuó alabando al Señor con gozo.

Yo le dije, “¡Claro que algo le pasó a usted! Vida eterna fue impartida a su espíritu!”

Confesión En Público.

Mateo 10:32-33: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Observe que en estos versículos Jesús establece que nuestra confesión debe ser pública. La confesión pública es realmente el rompimiento con el mundo. Define nuestra posición. Muestra nuestro cambio de señorío. La confesión del señorío de Jesús nos pone inmediatamente bajo supervisión, cuidado y protección. Antes de esto Satanás era nuestro señor, pero ahora Jesús es nuestro Señor. No solamente nos confesamos esto a nosotros mismos y al mundo, sino que se lo confesamos al diablo. De esta manera nos salimos de su sujeción y obtenemos la victoria a través de Jesús.

Texto Para Memorizar: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Tomado y editado del Capítulo 10 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

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