26 Días de Fe – Día 3


En este tercer día veremos la diferencia entre lo que es la fe y la esperanza.

Mucha gente no recibe de Dios porque cree que está en fe cuando en realidad está en esperanza; ¿cómo poder diferenciarlas?

Leamos esta lección para saberlo:

dia3

Lección 3 – La Fe Contra la Esperanza

Textos Bíblicos: 1°Corintios 13:13; Efesios 2:8-9; Romanos 10:9-10,13.

Verdad Central: Se requiere una fe positiva – una fe de ahora – para obtener resultados positivos.

Cuando Pablo, escribiendo a los corintios, dijo: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1°Corintios 13:13), él no estaba diciendo que la esperanza y la fe no son importantes. Cada una tiene su lugar, y una no puede ser sustituida por la otra. No podemos sustituir el amor por la esperanza. Tampoco podemos sustituir la esperanza por la fe. Sin embargo, muchas personas tratan de recibir de Dios basados en la esperanza en vez de en la fe.

La Fe Es Ahora

La esperanza mira hacia el futuro. Está siempre en tiempo futuro. La fe es ahora. La fe dice: “Recibiré la respuesta ahora mismo. La tengo ahora“. No es por el esperar que el trabajo es hecho, sino por el creer. Alguien dijo: “Bueno, yo creo algún día que recibiré mi sanidad“. Eso no es fe, eso es esperanza, porque está viendo a un tiempo futuro indefinido. La fe dice: “Recibo mi sanidad; ¡ahora!“. En una traducción moderna del Nuevo Testamento, el conocido versículo Hebreos 11:1 dice “La fe es dar sustancia…a las cosas esperadas”. Si necesitas sanidad, no la quieres en el futuro; la quieres ahora mismo, especialmente si padeces dolor. Si estás buscando el Bautismo del Espíritu Santo, quieres recibirlo ahora; no en un tiempo futuro indefinido. Si necesitas salvación, no la puedes dejar para el futuro, porque entonces puede ser demasiado tarde. He hablado con gente que me decían que esperaban ser salvos. Sin embargo, algunos de ellos están muertos. Dejaron el mundo sin ser salvos, porque la salvación que está basada en esperanza nunca se realiza.

Efesios 2:8-9 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe”.

Romanos 10:9-10,13: “Que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación… Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

Los versículos anteriormente citados apuntan al hombre hacia el plan de salvación. Vemos que es por la fe; no por la esperanza, que somos salvos. Jesús prometió que no echaría fuera a nadie que viniera a Él, sino que salvaría a todo aquel que “invocare el nombre del Señor“. Por lo tanto, no necesitamos esperar que Él nos salvará. Él dijo que lo hará

¿Cómo Obtenemos Fe?

La fe, sabemos, nace de la Palabra de Dios. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Otra traducción de este versículo dice: “La fe es la garantía de que lo que has estado esperando tanto es finalmente tuyo“.

La fe es “la convicción de lo que no se ve“, como leemos en Hebreos 11:1. Para ilustrar, tú puedes esperar conseguir dinero para cumplir con cierta deuda, pero la fe te da la seguridad de que tendrás el dinero cuando lo necesites. Puedes esperar obtener fortaleza física para hacer un trabajo que debes hacer, pero la fe dice: “El Señor es la fortaleza de mi vida” (Salmos 27:1). En otras palabras, la fe dice lo mismo que la Palabra de Dios dice.

La incredulidad en realidad es el tomar lugar contra de la Palabra de Dios. Hay algunos que hablan incredulidad y toman el lugar contra de la Palabra de Dios y luego se preguntan por qué la Palabra de Dios no funciona para ellos. Si queremos que la Palabra de Dios trabaje para nosotros, tenemos que estar del mismo lado que ella.

Muchas veces cuando le pregunto a la gente que viene por oración a mis reuniones, si ellos creen que serán sanados, responden: “Bueno, yo espero que sí“. Yo simplemente les digo que no se sanarán porque nosotros recibirnos de Dios por fe, y no a través de la esperanza. Inclusive otros contestan a mi pregunta diciendo: “Bueno, yo quiero“. Pero yo les digo: “Podrías querer un Cadillac nuevo, pero eso no significa que lo tendrás. Verás, el querer solamente, no producirá resultado”.

No es por esperar o por querer, es la fe la que hace la obra. Tú no recibirás de Dios porque tengas esperanza. En ninguna parte de la Biblia dice que cuando oremos, recibiremos aquello que tenemos esperanza de recibir. Sin embargo, la Palabra de Dios dice: “Todo lo que pidiereis en oración, CREED que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). Jesús también dijo, “Y todo lo que pidiereis en oración, CREYENDO, lo recibiréis” (Mateo 21:22). No esperando, sino creyendo.

Mira la definición de fe en Hebreos 11:1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve“. El verbo usado está en tiempo presente. Recuerda, si no es ahora, no es fe. La fe es tiempo presente; la esperanza es tiempo futuro, entonces no está creyendo, está esperando. Para que obre resultado, debe estar en el tiempo correcto; el tiempo presente. Algunas personas siempre están creyendo que Dios hará algo por ellas, pero la fe cree que Él ya lo ha hecho, y que lo está haciendo.

Hace algunos años mientras estaba predicando en el estado de Oklahoma, una mujer que no había dado un paso en cuatro años, fue traída al servicio una noche por oración. Ella era una mujer mayor de unos setenta y tantos años, y los doctores le habían dicho que no volvería a andar. Al terminar el culto, cuando nos preparamos para orar por los enfermos, sus amigos la trajeron al frente y la sentaron en el altar. Me arrodillé en frente de ella, puse mis manos sobre ella y oré. Entonces le dije: “Ahora levántate y anda en el nombre del Señor Jesucristo“.

Ella hizo lo que pudo para levantarse, pero todo el tiempo estuvo llorando y orando, “Oh, querido Jesús, por favor, sáname, por favor, déjame caminar, ¡oh, por favor…por favor!“. Ella continuó de esa manera por algún tiempo hasta que por fin pude hacer que callara lo suficiente para hablarle. Le pregunté: “Hermana, ¿sabías que estás sana?

Sorprendida, me miró y me dijo: “Oh, ¿lo estoy?

“, le dije, “estás sana, y te lo probaré en la Biblia“. Entonces abrí mi Biblia en 1 Pedro 2:24, se la di y le pedí que leyera el versículo en voz alta. Ella leyó: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuisteis sanados“.

Entonces le pregunté, “¿’Fuisteis’ es tiempo pasado, tiempo futuro, o tiempo presente?

Es tiempo pasado“, contestó.

Si fuiste sanada por la herida de Jesús, entonces estás sana ahora, ¿no es verdad?“, le dije. Una sonrisa se extendió en su rostro y sus ojos se iluminaron con un nuevo entendimiento. Entonces le dije: “Levanta las manos y míralo a Él. Comienza a alabarlo porque estás sana, en el tiempo presente. Porque estás sana; no es que vas estarlo, lo estás ahora“.

Con fe como la de un niño, miró hacia arriba y dijo “Querido Señor Jesús, estoy tan contenta de estar sana“. No había dado un paso, y por lo tanto no tenía evidencia física de sanidad. Aun así dijo: “Estoy tan feliz de estar sana“.

Di la vuelta hacia ella y le dije: “Ahora mi hermana, levántate y camina en el Nombre de Jesús“. Inmediatamente ella saltó del altar como si tuviera dieciséis años, y caminó, saltó, corrió y alabó a Dios.

Ves, tuvimos que ayudarla a ponerse en el tiempo correcto; porque la fe es tiempo presente. Mientras estemos luchando para poder recibir, esperando ver la respuesta algún día, no resultará. Eso es solamente esperanza. La fe dice: “Es mío, lo tengo ahora“.

La esperanza, por supuesto, usada apropiadamente es muy bendecida y bella. Tenemos una esperanza bendita en el pronto regreso de nuestro Señor Jesucristo, la resurrección de los justos muertos, el rapto de los santos en vida, la esperanza del cielo, la esperanza de ver a nuestros seres amados y amigos. Damos gracias a Dios por esa esperanza. Pero todo eso es en tiempo futuro. Jesús viene, lo creamos o no. El viene porque la Palabra lo dice. La resurrección se llevará a cabo tengamos fe en ello o no. Los muertos en Cristo se levantarán para unirse con Él en aire, lo creamos o no. Nuestra fe, o falta de fe, no afectará estos acontecimientos. Jesús viene otra vez, porque la Palabra lo dice. Esta es la esperanza bendita que todos los cristianos esperamos.

Pero es la fe, no la esperanza, la que puede cambiar lo imposible a lo posible. Es la fe, no la esperanza, la que trae sanidad y victoria.

La esperanza es buena en esperar, pero pobre en recibir. Muchas veces he oído gente decir: “Estoy esperando y orando…” o “Todo lo que podemos hacer es esperar y orar“. Si eso es todo lo que estás haciendo, estás derrotado. Se necesita una fe positiva; una fe de ahora, para obtener resultados positivos.

Texto Para Memorizar: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1°Corintios 13:13).

Tomado del Capítulo 3 del libro Nuevos Umbrales de Fe de Kenneth E. Hagin

Lee también:

26 Días de Fe – Día 2

26 Días de Fe – Día 1

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