Neutralizando la Gracia de Dios


Neutralizando la Gracia de Dios

Por Ricardo Botto

Gálatas 2:14-21

14 Pero cuando vi que no andaban rectamente en cuanto a la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo obligas a los gentiles a judaizar?

15 Nosotros, judíos por naturaleza, y no pecadores de entre los gentiles,

16 sabiendo que el hombre no es declarado justo por las obras de la Ley, sino por la fe de Jesucristo, también nosotros creímos en Cristo Jesús, para que fuéramos declarados justos por la fe de Cristo, y no por las obras de la Ley; porque por las obras de la Ley ninguna carne será declarada justa.

17 Y si buscando ser declarados justos en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? ¡En ninguna manera!

18 Porque si edifico otra vez las mismas cosas que destruí, yo mismo me demuestro trasgresor.

19 Porque yo, por medio de la Ley, a la Ley he muerto, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado,

20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a Sí mismo por mí.

21 No rechazo la gracia de Dios, porque si por la Ley fuera la justicia, entonces en vano murió Cristo.

Empecemos viendo el verso 21, donde dice:”No rechazo la gracia de Dios.”

El diccionario Strong define la palabra rechazo de la siguiente manera:

Adsetéo; poner a un lado, separar, (por implicación) desestimar, neutralizar o violar, desechar, invalidar.

De ahí nos encontramos que una de las palabras que se usa es neutralizar; el neutralizar es anular el efecto de algo sobre otra cosa.

Por ejemplo, la tapa de una gaseosa impide que el contenido de esta se salga de la botella y caiga al suelo; hay un efecto de neutralización.

Vemos entonces que la gracia puede ser neutralizada de nuestras vidas.

Podemos llegar a anular el efecto de la gracia sobre nuestras vidas.

Veamos lo que dice Wuest acerca de esta palabra “rechazo”. Rechazo viene de atheteo que significa “el alejarse de algo que hemos tirado, presentado o establecido, actuar en dirección a algo como si estuviera anulado, frustrar la eficacia de cualquier cosa para anularla, o  para inutilizarla. Todos estos significados pueden aplicarse al acto de añadir las obras de la ley a la fe como el método de la justificación del pecador. Uno puede predicar que Cristo murió por nuestros pecados, pero si añade obras a la fe como el medio para aceptar la salvación que Cristo proveyó para los pecadores perdidos en la cruz, ha anulado la eficacia de la gracia, porque el significado fundamental de la gracia es que se da gratuitamente, sin dinero ni precio. No hay salvación para el pecador que depende en lo más mínimo de sus buenas obras como un medio para recibir la aceptación de Dios.

De esto es lo que trata Efesios 2:8-9: “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no es de vosotros, es el don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe.”

La gracia de Dios puede ser neutralizada en nuestras vidas cuando cambiamos el método de recibirla, si tratamos de recibirla por las obras queda anulada ya que se recibe por medio de la fe.

Esto es lo que Pablo le estaba diciendo a Pedro en los versos 15 y 16: “Nosotros, judíos por naturaleza, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es declarado justo por las obras de la Ley, sino por la fe de Jesucristo, también nosotros creímos en Cristo Jesús, para que fuéramos declarados justos por la fe de Cristo, y no por las obras de la Ley; porque por las obras de la Ley ninguna carne será declarada justa.”

Entonces vemos que la persona no es declarada justa por el camino de las obras de la ley, es decir, todo intento que haga por tratar de ser declarado justo por Dios, sino que está haciendo lo contrario se está alejando de la gracia de Dios y anulando su poder sobre su vida.

Gálatas 2:20 es más que claro: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a Sí mismo por mí.”

No neutralicemos el efecto de la gracia de Dios en nuestras vidas tratando de justificarnos por medio de nuestras propias acciones; es por medio de la fe en la obra terminada de Cristo en la cruz que podemos recibir el efecto de la gracia de Dios en nuestras vidas.

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