El Diezmo: Una Mirada desde el Pasado


Una de las excusas para no diezmar es que solo se ha hablado del diezmo en los años recientes, pero veamos aquí a un autor del Siglo XIX hablando muy fuertemente a favor del diezmo.

Kenneth E. Hagin cita a T. S. Linscott en su libro el Toque de Midas:

Una de las enseñanzas más interesantes acerca del diezmo que he encontrado se viene de un libro titulado El Camino de las Riquezas, Publicado en 1888 por. El dice lo siguiente:

Es un hecho singular que todas las bendiciones que obtenemos, temporales y espirituales, vienen del Cielo. Hay tres cielos, uno donde vuelan los pajaros, o nuestra atmósfera; otro donde están el Sol, la Luna y las estrellas; y otro donde Dios habita. Todas nuestras bendiciones temporales; toda nuestra bendición nacional e individual, toda la riqueza material; en una palabra, todas nuestras riquezas vienen de la tierra y de los cielos, y mas aún, el rendimiento de la tierra depende totalmente del aire, del rocío, de la lluvia y de la luz del sol de los cielos, podemos decir prácticamente, que todas nuestras bendiciones temporales vienen del cielo. Ahora, Dios mismo se comprometió ha abrirnos las ventanas de los cielos derramar sobre nosotros las más divinas bendiciones, bendiciones desbordantes, “buenas, apretadas, remecidas y rebosando,” de las que “no exista tal habitación que las pueda recibir.”

Aquí Dios está haciendo un compromiso directo acerca de las bendiciones temporales, y yo soy lo suficientemente sencillo para creerle, e intento cumplir las condiciones y arriesgarme a las consecuencias. Es muy sencillo para Dios retener o conceder la prosperidad temporal. Almacenada en los cielos hay suficientes riquezas para que cada hombre vivo sea rico, y mi Dios, que tiene un compromiso conmigo, en todo momento puede abrir una pequeña ventana y dejar que me caiga una suave lluvia de bendiciones, quien proveerá para mí y los míos cada vez que necesitemos bienes temporales. “Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.” “Y el que saciare, él también será saciado.” “Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.” Estas son ricas y preciosas promesas, que se cumplirán solo cuando cumplamos con las condiciones y paguemos nuestros diezmos.

Una gran parte de nuestra predicación, nuestro pensar y aun de nuestro devocional, vaporiza o espiritualiza las promesas de Dios. Nuestra incredulidad natural tiende a poner el cumplimiento de ellas para cuando estemos en el cielo, o para algún tiempo en el futuro. La incredulidad odia las promesas literales y que están en el tiempo presente. Pero esas promesas son literales y materiales; son para aquí y para ahora, son para ser disfrutadas en la tierra, nos retan a hacer un contrato o un negocio con Dios. Como establecimos antes, Él promete dinero por dinero; Dios dice: tú me pagas la décima parte, y yo te daré bendiciones terrenales y materiales, Yo te daré habilidades manuales como la mecánica; inclinaré a los empleadores a tu favor, obtendrás los mayores salarios; las huelgas no te afectarán, Yo estoy contigo, y veré que tú estés provisto.

Te haré prosperar como negociante, te guiare donde puedas hacer buenos negocios, enviare gente que te compre, pero el hombre de la puerta al lado, quien rechaza mi causa, se irá a la bancarrota, esa maldición no te tocará a ti. Miraré por tus cuentas cuando toque pagarlas, veré que tu cuenta bancaria sea suficientemente grande; en una palabra, seré tu socio y miraré por los intereses de tus negocios.

Y a ustedes pensadores, que se ganan la vida por sus sesos, haré que sus pensamientos sean claros; y les daré el santo impulso de originar: “pensamientos inspirados, y palabras que quemen”; sus producciones levantarán los corazones de los hombres; su trabajo estará en demanda; haré que la gente compre las producciones de su corazón y cerebro; solo me pagarán su décima parte; y serán cuidados.

El tiempo de sembrar y cosechar nunca fallará para los granjeros, bendeciré sus cultivos; multiplicaré sus graneros; la plaga y el moho se alejarán de sus granjas; recuerda: Yo soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; Yo haré por ti lo que hice por ellos, solo reacuérdame como ellos.

Yo les daré salud a todos ustedes; la muerte no alcanzará a sus pequeños,  ellos vivirán hasta alcanzar una larga vida; yo abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre ustedes tales bendiciones que no habrá ninguna habitación suficientemente grande para recibirlas. Estas son bendiciones prometidas por Dios en la Biblia. ¿Quién de este grupo quiere dedicarle a Dios su décima parte?

Como le sugiero ahora, esta maravillosa bendición prometida en este pasaje de la Escritura, y en otros pasajes de ella, como recompensa de la obediencia, es más que una mera prosperidad temporal. Dios no solo abrirá las ventanas de los cielos de donde viene la riqueza material, sino que abrirá las ventanas mas altas del cielo donde Él habita, en el centro del universo, y de Su plenitud de gracia el derramará sobre los que son obedientes, bendiciones inexpresables y llenas de gloria.

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