El Espíritu de Fe – Parte 3


Estaba escuchando hace unos días a un hermano que estaba compartiendo de Santiago 3 y hablaba que la lengua es como un timón que gobierno un barco que donde lo guía, allí lo dirige.

Tu barco, que es tu vida, se dirige al lugar que estás hablando.

Y puede que al principio las cosas estén yendo al revés, que no estén yendo al lugar que  estás hablando, pero el barco dará la vuelta.

Hace años, un amigo mío que es pastor ahora, él estaba bajando por la costa verde y se le vaciaron los frenos, y el carro se iba directamente hacia el cerro, iba a chocar, y el dijo: “En el nombre de Jesús este carro no choca”; y en el aire se volteó el carro, se metió a la pista y se arreglaron los frenos.

Sus palabras le salvaron la vida, estaba destina a irse al cielo antes de tiempo, o por lo menos a quedar en muy mal estado en esta tierra, pero el declaró en el nombre de Jesús y el curso de su barco cambió.

Tú tienes el poder de cambiar el curso de tu vida; tu puedes cambiar el destino de tu vida con tus palabras, lo que tu hablas el día de hoy es lo que vas a tener el día de mañana, y tú estás teniendo el día de hoy lo que hablaste ayer.

Recuerda cuantas cosas has hablado y mira donde estás ahora; pero tu puedes cambiar hoy el curso de tu vida e ir donde tu quieres ir.

Tú eres el profeta de tu vida, tú profetizas, tú hablas, tú declaras a donde vas; tú declaras lo que eres, tú declaras lo que tienes, tú declaras en tu vida las cosas que van a suceder.

Si hablas correctamente, recibes cosas buenas.

Hace unos años nos llegó la noticia de que nuestro hijo José se iba a morir, le vino un acceso bronquial tan fuerte que la doctora lo vio y dijo “va ha morir”. La noticia la escuchó mi esposa y le dijo: “No, no va ha morir, él va ha vivir.” Y declaró lo que iba a pasar en mi hijo. Y cuando yo fui y la vi, me puse de acuerdo con ella: “Él va ha vivir y no va ha morir.” Y de pronto su cuerpo cambió, como estaba en emergencia, no quisimos que se hospitalice porque sabíamos que ya estaba sano; habíamos declarado, habíamos hablado, y había empezado el cambio, y fuimos a la casa, él estaba sano por las llagas de Jesús.

Lo que determinó el caso fueron nuestras palabras, nuestras palabras nos dicen donde vamos, nuestras palabras nos dicen lo que va ha suceder.

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