Conociendo Nuestro Pacto – Tercera Parte


La ley en si no es mala pero no fue dada para justificarnos, pues nadie puede cumplirla debido a que exige un cumplimiento total. La ley era como un ayo o instructor (paidagogos) que nos lleva a Cristo.

Paidagogos significa “Un guía, un guardián o entrenador de niños; literalmente un líder de niños, un tutor. El paidagogos no era un instructor de niños, pues, su propósito no era la impartición de conocimiento sino el entrenamiento y la disciplina, así que ejercía una supervisión general sobre el niño, y era responsable de su bienestar moral y físico.”

La ley no es lo que nos justifica delante de Dios sino la promesa que se recibe por medio de la fe en Cristo.

Por ese motivo es que las bendiciones de Abraham las recibimos por medio de la fe en Jesucristo.

Hebreos 8:6

6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas

Ahora estamos en un mejor pacto porque recibimos la promesa por medio de la fe y no por medio de las obras de la ley; es decir, no es por medio de nuestras acciones que recibimos la promesa, sino por las acciones de otro, es decir de Jesucristo

Romanos 4:1-16

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.

3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.

Abraham mismo recibió las promesas por medio de la fe y no por medio de las obras

4 Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;

5 mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

No podemos esperar justificarnos ante Dios por medio de las obras para alcanzar justicia, porque en ese caso recibiríamos la justicia como un salario por nuestras obras, mas es por fe, para que sea por gracia de Dios.

6 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,

7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Aquí vemos que David también habló de una justificación gratuita, no por las obras que se hagan sino por el favor de Dios.

9 ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

¿Para quién es esta bendición? ¿Para los de la ley, o para los de la fe?

10 ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia;

Vemos que Abraham recibió la circuncisión, que es la señal del pacto, como consecuencia de la fe que tuvo cuando era incircunciso.

12 y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.


Y vemos que Abraham no solo es padre de los judíos, que son os que se circuncidan según la carne, sino también padre de los que seguimos sus pisadas de fe, es decir de aquellos que hemos creído en el Señor Jesucristo.

13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

La promesa que recibió Abraham de ser heredero del mundo no vino por medio de la ley sino por medio de la fe.

14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.

15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

Si la ley nos diese la promesa, tendríamos que ganarla por medio de nuestras buenas acciones y la fe de nada valdría.

16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.

La promesa es por medio de la fe para que pueda ser firme para los que somos de la fe de Abraham; y por ser hijos de Abraham podemos decir: “Las bendiciones de Abraham son mías.”

Así que aprendamos a disfrutar de la herencia que nos pertenece por el hecho de ser hijos de Abraham por la fe.

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